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Legado
de San Martín en el bicentenario
Por Aritz Recalde *
En el año del bicentenario consideramos pertinente traer al lector algunas
concepciones que reconocemos como parte fundamental del legado histórico de José
de San Martín. Su figura es parte de un fuerte debate ya que y entre otras
cuestiones, fue apropiado como un símbolo por diversas corrientes de pensamiento
y de acción cultural y política en América Latina. Pese a dicha complejidad,
creemos oportuno recuperar 6 aspectos fundamentales de su obra que pueden
recuperarse como “legados sanmartinianos”.
1 - Los militares no interviene en las guerras civiles.
“El general san Martín jamás derramará sangre de sus compatriotas y sólo
desenvainara su espada contra los enemigos de independencia de Sud América”.
Manifiesto de San Martín, Valparaíso 27/7/1820
San Martín fue renuente a que los militares se involucren en las guerras civiles
y estableció que los ejércitos eran fuerzas anticoloniales y libertarias y nunca
policías internas. En este sentido y en el año 1819 San Martín actuó como
mediador entre Buenos Aires y los caudillos Estanislao López y Gervasio Artigas,
con la finalidad de impedir la guerra interna. A partir de aquí, se opuso a que
el Ejército de los Andes intervenga en el conflicto promovido por el gobierno
directorial de Pueyrredon contra el litoral. Dicha posición puede rastrearse en
su carta a Estanislao López donde estableció que “mi sable jamás saldrá de la
vaina por opiniones políticas”[1]. En esta línea, le escribe a Artigas y
establece que “cada gota de sangre americana que se vierte por nuestros
disgustos me llega al corazón. Paisano mío, hagamos un esfuerzo, transemos todo
y dediquémonos únicamente a la destrucción de los enemigos que quieren atacar
nuestra libertad”.[2] Con dicha acción evitó la participación de su ejército en
las guerras civiles y permitió consolidar la campaña de liberación del Perú.
Dicha práctica le valió la sospecha de “traición” por parte de los porteños y
tal cual lo relató José María Paz en sus Memorias “llegaron algunos a sospechar
que estuviese secretamente de acuerdo con los jefes disidentes (…) Venía a dar
cierto viso de probabilidad a esta sospecha la aversión que siempre había
mostrado dicho general a desenvainar su espada en la guerra civil, como después
lo ha cumplido rigurosamente”[3].
Su actitud de “desobediencia” a las órdenes porteñas es un importante
antecedente de la sublevación del Ejército del Norte en Arequito en el año 1820,
que se negó a reprimir a las montoneras federales. En dicha oportunidad, los
caudillos Ibarra de Santiago del Estero, Bustos de Córdoba y Heredia en Tucumán
apresaron al jefe de la expedición y se negaron a viajar a Buenos Aires para
defender al Director Supremo[4].
2 - La nación es América.
Es innegable la trascendencia histórica latinoamericanista del legado de San
Martin que infundió un fuerte sentido de pertenencia continental en nuestra
cultura política. San Martin fue un libertador americano y su campaña militar
incluyó además de la Argentina, a Chile y a Perú. Asimismo, es importante
resaltar el hecho de que su ejército se componía de oficiales de diversos países
y que y por tomar un ejemplo, el cruce de la cordillera hacia Chile se realizó
con la bandera del Ejército de los Andes y no con la de Argentina.
Un hecho de suma importancia que refleja el americanismo de San Martín puede
rastrearse en las acciones ejercidas como Protector del Perú. En este cuadro se
inscribe la promoción del tratado de unidad entre Colombia y Perú que se firmó
por intermedio de Bernardo Monteagudo y de Joaquín Mosquera el 1 de mayo de
1822[5].
3 - La liberación americana incluye como tarea impostergable la emancipación
popular.
“No varía un punto mi opinión respecto a la necesidad de una prontísima
transacción con los montoneros (…) Si Ud. y la Comisión consiguen que ambos
partidos se den la mano para defender la patria, será más glorioso para Ud. que
el triunfo de Chacabuco y Maipú”. Carta de Tomas Guido a San Martín, Chile,
17/03/1819.
San Martín promovió acciones para emancipar a sus pueblos ya que la lucha
anticolonial y la cuestión social, formaron parte de un mismo programa político.
Por ejemplo, auspició en el año 1812 las medidas del II Triunvirato que
implementó la libertad de vientres, eliminó formas de sujeción de los pueblos
originarios (mita o encomiendas) o que descartó los títulos de nobleza[6]. En
esta misma línea, se ubica la liberación de los esclavos en posesión de los
ciudadanos españoles y aquellos ubicados en la región de cuyo que fueron
reclutados al Ejercito de los Andes en el año 1815.
En su condición de Protector del Perú impulsó medidas como la eliminación de la
servidumbre de los indios, la libertad de vientres de los esclavos, la abolición
de la inquisición y de los castigos corporales, entre otras acciones[7].
La concepción popular de San Martín quedó expresada en su vinculación con las
montoneras y con los dirigentes del estilo de Martín de Güemes, de Gervasio de
Artigas, de Estanislao López, de Facundo Quiroga o de Juana Azurduy que movilizó
a los pueblos originarios en la lucha anticolonial contra España[8].
4 - La liberación nacional implica desarrollar el Estado interventor.
San Martín promovió la conformación de un Estado interventor e industrialista.
En el marco de la liberación americana, la voluntad del pueblo se organizó en
brazo armado y como un pilar fundamental de la industrialización para la guerra.
Estas acciones pueden rastrearse en su gestión en Mendoza en donde promovió la
conformación de fábricas militares por intermedio del teniente coronel Fray Luis
Beltrán. La economía organizada por San Martín en Cuyo produjo herraduras,
ponchos, camisas, mantas, uniformes, tiendas de campaña, pólvora, partes de
artillería, armas blancas o fusiles. Eduardo Astesano demostró como San Martín
encargó producir monturas en Tucumán y Catamarca, herraduras en Buenos Aires y
sables en Córdoba y Retiro[9].
En su condición de Protector del Perú San Martín promovió y entre otras
instituciones publicas, la apertura de una Dirección de Minería y un Banco.
Su obra de gobierno incluyó confiscaciones y el Estado aplicó la lógica del
interés común por sobre el egoísmo privado.
5 - La liberación nacional requiere de un Estado educador.
San Martín promovió la conformación de instituciones públicas para promover la
ciencia y la cultura. Entre sus acciones más emblemáticas en la materia, se debe
mencionar que abrió escuelas[10] en Mendoza o que enseñó matemática y teoría
militar a los oficiales del Ejército de los Andes. En Perú fundó instituciones
como la Escuela Normal o la Biblioteca Nacional.
6 - San Martín es antiimperialista y combate al colonialismo y al
neocolonialismo en todas sus formas.
“A su recibo ya sabía la acción de Obligado (…) de todos modos los interventores
habrán visto por este echantillon que los Argentinos no son empanadas que se
comen sin más trabajo que abrir la boca. A un tal proceder, no nos queda otro
partido que el de no mirar el porvenir y cumplir con el deber de hombres libres,
sea cual fuere la suerte que nos depare el destino; que por mi íntima
convicción, no sería un momento dudosa en nuestro favor, si todos los argentinos
se persuadiesen del deshonor que recaerá en esta contienda, que en mi opinión es
de tanta trascendencia como la de nuestra emancipación de España”. Carta de San
Martín a Tomas Guido, Grand Bourg, 10/05/1846.
La historiografía oficial difundió la lucha ejecutada por San Martín contra el
colonialismo español. No ocurrió lo mismo con su férrea denuncia ejecutada
contra las acciones del neocolonialismo francés y británico durante la gestión
de gobierno de Juan Manuel de Rosas. En esta línea, José de San Martín en Carta
a Rosas del 5 de Agosto de 1838 estableció que “He visto por los papeles
públicos de esta, el bloqueo que el gobierno Francés ha establecido contra
nuestro país; ignoro los resultados de esta medida; si son los de la guerra, yo
sé lo que mi deber me impone como americano; pero en mis circunstancias y la de
que no se fuese a creer que me supongo un hombre necesario, hacen, por un exceso
de delicadeza que Ud. sabrá valorar, si usted me cree de alguna utilidad, que
espere sus órdenes; tres días después de haberlas recibido me pondré en marcha
para servir a la patria honradamente, en cualquier clase que me destine”. En
Carta a Rosas del 24 de enero de 1839 y refiriéndose a las acciones de los
exiliados en Montevideo favorables al imperialismo sostuvo que “lo que no puedo
concebir es que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan
al extranjero para humillar su patria y reducirla a una condición peor que la
que sufríamos en tiempo de dominación española; una tal felonía ni el sepulcro
puede hacer desaparecer”.
Su vocación antiimperialista llevó a San Martín a entregar su sable a Rosas en
el testamento redactado el 23 de enero de 1844, ya que y en su opinión
testamentaria “El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la
independencia de la América del sud le será entregado al General de la República
Argentina Don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que como
argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la
República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de
humillarla”[11].
Bibliografía
· Astesano Eduardo (1961). San Martín y el origen del capitalismo argentino, Ed.
Coyoacan, Buenos Aires.
· Chávez Fermín (1991) Correspondencia de San Martín a Rosas, Ed. Tehoria, Bs.
As.
· Galasso Norberto (2007). Seamos Libres. Lo demás no importa nada. Ed. Colihue,
Buenos Aires
· Mitre Bartolomé (1950). Historia de San Martín, Ed. Sapasa Calpe, Buenos
Aires.
· Nadra Fernando (1974). San Martín, ed. Cartago, Buenos Aires
· O´ Donnell Pacho (1994). Juana Azurduy. La teniente coronela. Ed. Planeta,
Buenos Aires
· Ortega Exequiel (1978). San Martín Educador. Ed. Ministerio de Educación de la
Provincia de Buenos Aires.
· Paz José María (1979). Memorias (selección). Ed. Centro Editor de América
Latina, Buenos Aires.
[1] Carta de San Martín a Estanislao López del 13/3/1819.
[2] Carta de San Martín a José Gervasio Artigas del 13/3/1819.
[3] José María Paz (1979). Memorias (selección) Ed. Centro Editor de América
Latina, Buenos Aires. P 49.
[4] Norberto Galasso (2007). Seamos Libres. Lo demás no importa nada. Ed.
Colihue, Buenos Aires. P 318.
[5] Op. Cit. P 398.
[6] Fernando Nadra (1974). San Martín, ed. Cartago, Buenos Aires. P 34.
[7] Op. Cit. P 361.
[8] Pacho O´ Donnell (1994). Juana Azurduy. La teniente coronela. Ed. Planeta,
Buenos Aires.
[9] Eduardo Astesano (1961). San Martín y el origen del capitalismo argentino,
Ed. Coyoacan, Buenos Aires.
[10] Exequiel Ortega (1978). San Martín Educador, Ed. Ministerio de Educación de
la Provincia de Buenos Aires. P 98.
[11] Norberto Galasso (2007). P 545.
Agosto 2010
* Editor del blog
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