Federales, la guardiana y octubre

Por José Massoni

Comienzo el comentario con una autorreferencia que se explica de seguido: fui muchos años juez nacional en lo penal, después, titular de la Oficina Anticorrupción cuando fue creada.

Los hechos que se suceden sin amaine y mi condición de viejo magistrado retirado me permite suponer que un núcleo de la corporación judicial –grupito que añade, a las lacras propias de esta condición general, una sempiterna y eficacísima asistencia a los poderes reales de la Argentina- en 2017 jugará aún más fuerte y sin pruritos “independentistas” para incidir en las elecciones legislativas de octubre. Son la mayoría de los jueces y fiscales federales penales de la ciudad capital federal y magistrados del fuero contencioso administrativo de la misma sede. El ranking de repulsión lo encabeza Bonadío; Ercolini, Lijo, Marijuan y Moldes han arremetido para alcanzarlo, varios otros los acosan en carrera rauda. Ocasionalmente, aparecen también jueces de otros fueros donde sus servicios espurios sean requeridos. Para este período, la tarea encomendada consiste en colocar al tope de la atención mediática, día a día, medidas de cualquier orden, por antijurídicas, disparatadas o bestiales que sean, en tanto distraigan a la población de los criminales actos de despojo en bienes, derechos y futuro que sufre sin cesar, en ominosa ignorancia. Para ese objetivo principal, las víctimas propiciatorias son los funcionarios del gobierno nacional anterior. Es táctica funcional en grado máximo: el kirchnerismo es, de todo el arco opositor, el eje insoslayable de la amplia coalición que podría frenar al gobierno. Conociendo el paño, no es de descartar que, sin abandonar en nada esa tarea, “aprieten” en algún caso a funcionarios de este gobierno maniobrando para que no sean diluidos sus poderes por algunas de las absurdos proyectos que –cabalgando sobre la constitucionalidad y pertinencia del objetivo- se le ordena proferir al ministro de Justicia acerca de la organización de los tribunales de la ciudad de Buenos Aires. La comisión de esas extorsiones colaterales no afectarían a estos jueces, porque ellos sirven puntualmente al gobierno, sino al centro del poder, esto es, la oligarquía, corporaciones nacionales e internacionales y los voceros/guías Clarín y La Nación.

En segundo lugar, como ex primer responsable de la Oficina Anticorrupción observo que jamás, en su breve historia –nació en diciembre de 1999- han sido ignorados o “saneados” tal cantidad de conflictos de intereses gravísimos, con entidad penal criminal, que involucran a casi –adverbio prudente por posibilidad de un cisne negro- todo el Poder Ejecutivo, cuyos miembros han violado groseramente la Ley de Ética Pública. En punto a corrupción, este gobierno es insuperable, no debe envidiar al menemismo. La hipocresía con que se manejan no tiene parangón histórico. Sobre sus criterios morales, más allá de que en Panamá “fue el papá”, o perdonarse deudas multimillonarias, remito a un novísimo ejemplo documental irrefutable y revelador de la entidad moral de las “razones” que se atreven a plasmar en documentos públicos: los argumentos de la actual titular de la OA para permitir que el abogado Juan Félix Marteau sea Coordinador Nacional para el Combate del Lavado de Activos y la Financiación del Terrorismo, a pesar de haber estado a cargo de la defensa del Grupo Clarín y de JP Morgan en la megacausa por lavado de dinero que tramita ante el juzgado federal del juez Sergio Torres por la fuga y lavado de 5 mil millones de dólares (no privarse de la lectura de la resolución del 20 de enero de 2017 en la página web de la oficina). El abogado de confianza de los ladrones más importantes del producido del trabajo argentino es legal depositario de la llave del tesoro Sólido aliado para consumar el saqueo general y que no se advierta, con descarada argumentación incluida.

Tal vez Laura Alonso ignore –tampoco le importaría, es evidente- que en 2000 el organismo a su cargo, obviamente sin aviso previo, denunció penalmente a un cuñado del Presidente en ejercicio –que había creado la Oficina- y resistió la personal y furibunda ira de éste. No es difícil, si se quiere (igual los “federales” ganaron: después de dieciséis años de tramitación la causa no llegó a juicio aún, por lo que cabe presumir que todos los implicados terminarán sobreseídos por prescripción de la acción penal, aunque no por inocentes).

Son estos dos temas en apariencia secundarios pero que es imprescindible llevar a la conciencia pública. Será útil para la pelea principal, que se da en el campo de la calidad de vida de los habitantes de este país, expoliados en sus trabajos –si los conservan- dependientes y no dependientes, en sus empresas pequeñas, medianas y hasta grandes en tanto no sean monopólicas o trasnacionales, en la educación, la ciencia, las artes, revolcados todos en la ignominia de pasar de ser un ejemplo mundial en derechos humanos a convertirse en un país xenófobo con sus hermanos y amigo tonto de los ingleses. Es la pobreza material e inmaterial que avanza rampante, pero ante todo es la autoestima de la dignidad de argentino libre la que está en juego, es toda nuestra cultura de dos siglos la que se proponen destruir.

2017 es un año crucial para el destino de la Argentina. Lleva razón Agustín Rossi cuando opina que si en octubre no se detiene al gobierno, será tarde. Avanza sin cesar, sin ningún escrúpulo, en la demolición de los derechos populares mediante la constante destrucción de la democracia, sus instituciones, perpetrando una corrupción integral y sin precedentes, burlándose de madres y abuelas de Plaza de Mayo, con Milagro Sala como símbolo del enemigo perfecto: presa política por mujer, mestiza, pobre, que se atrevió a movilizar políticamente a su gente y, lo peor, imperdonable, demostró que era posible construir colectivamente un mundo mejor al margen y contra los patrones feudales de su provincia. Todos estos –y tantos otros- meros medios para el objetivo real: apoderarse de la riqueza del país para la ínfima minoría a la que pertenecen, único resultado técnicamente posible del plan económico con ejes en bajar el precio del trabajo y endeudar el país hasta dejarlo exangüe y en manos del poder financiero internacional.

Como nunca antes, en estas elecciones se juega la patria independiente y democrática. Los descendientes de San Martín, Belgrano, Moreno, Castelli de su nacimiento; Irigoyen, Perón y Alfonsín del siglo XX, debemos aunar fuerzas a como dé lugar para recuperar la autoestima de seres independientes, trabajadores, creadores, de argentinos orgullosos de serlo, porque lo merecemos y nos la están destruyendo.

Todo cálculo particular, parcial o de grupo será letal si se pone por encima del fin de salvar la patria. Un gran frente ciudadano es obligación insoslayable, ningún agrupamiento popular y democrático deber ser excluido de él. Tanto menos tiene derecho a hacerlo.

* José Massoni, camarista penal retirado, ex titular de la Oficina Anticorrupción, miembro de Justicia Legítima

Revista Horizontes del Sur
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