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Una
respuesta a los grupos de la izquierda argentina despistada / Alberto J.
Franzoia
Lo que dice con prosa nueva Castillo no es más que la repetición hasta el hartazgo, de lo que viene sosteniendo esa izquierda despistada cada vez que los bloques históricos concretos que están en condiciones de formarse en América Latina se expresan. Cualquiera que tenga una vaga noción acerca de las diferencias existentes entre los países capitalistas dominantes y los dominados, podrá imaginar que recurrir a esquemas teóricos similares a los europeos (o de cualquier nación constituida en imperialista por el alto desarrollo de su capitalismo nacional) para analizar nuestra realidad política, sólo puede conducir a la mayor esterilidad práctica posible. ¿Cómo podría un profesional de la ciencia social y militante de esa izquierda, como Castillo, producir aportes concretos al cambio revolucionario en un país dominado históricamente por la oligarquía y el imperialismo si considera que aquí, donde la nación aún no ha sido posible, la contradicción principal se manifiesta entre capitalistas y anticapitalistas? En una nación dominante, con un capitalismo por lo tanto plenamente desarrollado, efectivamente la lucha es contra el capitalismo. Ahora, allí donde existe un bloque histórico oligárquico-imperialista (como en la mayoría de los países de nuestra América Latina), que justamente ha impedido a lo largo de nuestra historia la constitución de la nación, la primera lucha es definitivamente nacional y popular. Por lo tanto, en ella participan capitalistas nacionales y socialistas. Que profundizar dicha lucha para el triunfo total de la Nación requiera comenzar a recorrer en un momento determinado un camino socialista, de ninguna manera invalida lo primero. Pero una regla de la dialéctica materialista fundada por Marx y Engels, y continuada por Lenin, Gramsci, Trotsky o Mao, aconseja analizar las contradicciones a partir de contextos específicos. Eso es lo que diferencia una teoría general, y por lo tanto abstracta de la historia, de una teoría regional para la acción revolucionaria concreta.
Siguiendo la lógica que nos propone Castillo, mucho más formal que dialéctica,
Marx al abordar la guerra civil en EE.UU no tendría que haber apoyado ni al
Norte ni al Sur, ya que era una guerra entre capitalistas. Pero Marx, que era
mucho más concreto que Castillo sabía diferenciar el nivel de las
contradicciones, por lo que apoyó al capitalismo del Norte (que desde luego se
basaba en la producción y apropiación de plusvalía) ya que expresaba el progreso
histórico para EE.UU. Porque su capitalismo al ser nacional era el único que
podía, en ese momento concreto de la historia, gestar el desarrollo sostenido de
las fuerzas productivas ante el carácter reaccionario del capitalismo
dependiente (de Inglaterra) de los sureños. ¿Y que hubiera aconsejado León
Trotsky cuando una democracia civilizada y un dictadura semicolonial o bárbara
objetivamente se enfrentan si se hubiese guiado por la prosa de Castillo y de
sus maestros? ¿No fue Trotsky el que sostuvo que cualquier revolucionario del
mundo debe ponerse del lado de la dictadura semicolonial? ¿O acaso para hacerlo
le pedía al dictador que se enfrentaba objetivamente con el imperialismo
civilizado certificado de pertenencia al socialismo? Sinceramente uno esta
tentado con frecuencia a creer en no pocas ocasiones que muchos admiradores de
Marx y Trotsky no los leyeron, o sólo los conocen por fragmentos muy limitados
de su gran producción teórica, o se leyeron todo pero no entendieron casi nada.
Del escrito producido por Castillo se infiere sin dificultad que no ha
descubierto aún, desde su formación marxista abstracta, que los bloque
objetivamente enfrentados en Argentina, una vez más en este 2008, son el de las
fuerzas locales y extranjeras vinculadas a la dominación y explotación de países
como el nuestro y el de las fuerzas que (aún con sus debilidades y recientes
derrotas) manifiestan un intención de reconstruir el bloque nacional-popular. No
caben dudas de las debilidades y contradicciones están presentasen su seno, y
menos aún que en dicho bloque existan personajes de dudoso y poco confiable
pasado. Pero: ¿quiénes están del otro lado? No se trata de apoyar lo menos malo,
se trata de analizar la relación real de fuerzas (cosa que deberían hacer
cualquier lector asiduo de Gramsci) y evaluar con la mayor objetividad que
posibles desenlaces existen y cuáles potenciarían o en su defecto inhibirían el
avance de las fuerzas populares. Eso es ser un revolucionario concreto y no un
expositor de metafóricas abstracciones para tribunas poco pobladas.
Basta una breve recorrida por nuestra historia real para confirmar dónde estaba
el marxismo abstracto (y por lo tanto efectivamente antimarxista) en nuestra
Patria en 1930, 1945, 1955, 1973 e inclusive en 1976. Porque es evidente que una
vez más Marx, Trotsky y Gramsci son aplicados en ocasiones de tal manera, que el
efecto conseguido es exactamente contrario no sólo al fin perseguido por la
izquierda despistada de turno, sino inclusive en dirección contraria a la que
recorrían con su práctica los clásicos del marxismo a los que se pretende
expresar. Marx apoyó al Norte en la Guerra de Secesión de EE.UU., mientras
Trotsky se manifestaba favorable en caso de guerra, y ante una opción de hierro,
a las dictaduras semicoloniales o bárbaras y no a las democracias civilizadas e
imperialistas. Castillo nos dice, sin embargo, que en el enfrentamiento concreto
del gobierno de Cristina Fernández con la Sociedad Rural y los capitales
transnacionales invertidos en el agro, hay que alinearse en un tercera posición
(????). Vaya forma de resolver dialécticamente la contradicción. Claro que
Castillo nos podría señalar que esa es una falsa contradicción principal porque
los que se enfrentan son todos capitalistas. Pues bien, para ser rigurosos en
historia hay que ser concretos, y para ello basta con preguntarse: ¿si en 1955
había un enfrentamiento entre capitalistas, por qué causa los trabajadores
lucharon durante 18 años para que regresara al poder el representante de uno de
los bandos (“de explotadores”) en pugna?
Hay preguntas que merecen respuestas más serias que las generadas por esta
izquierda despistada: ¿cuando la relación de fuerzas para el socialismo no es
todavía la adecuada, da todo igual para los trabajadores? Me resisto por lo
tanto a creer en el rigor teórico de estas simplificaciones maniqueas que sólo
pueden promover derrotas reiteradas a modo de farsa histórica. Quizás por eso
resulta tan necesario para un socialista de América Latina comprender, si
realmente desea ser revolucionario, que la única izquierda posible para cambiar
nuestra sociedad se desarrollará en el seno del bloque nacional y popular.
Porque sólo allí, resolviendo contradicciones concretas, trabajando junto al
sujeto social del cambio, será posible gestar y consolidar la lucha por el
socialismo.
La Plata, julio de 2008
Lic. Alberto J. Franzoia
albertofranzoia@yahoo.com.ar
Director General del Cuaderno de la Izquierda Nacional
www.elortiba.org/in.html
Director General del Cuaderno de la Ciencia Social
www.elortiba.org/cs.html
“Campos” que no son los nuestros
[Artículo publicado en Página/12]