Un
giro a la derecha
Por Javier Cachés.
CongresoSe conoce como Termidor a aquel período moderado y conservador que
sucedió a la etapa de mayor radicalización de la revolución francesa,
enmarcada por la Convención Nacional y el interregno de los jacobinos. Como
está sucediendo en casi toda Europa, y prefigurando lo que puede pasar en
América latina, Argentina ha entrado el 28-J en su período Termidoriano.
Los resultados del pasado domingo han cristalizado una serie de errores del
oficialismo que comenzaron con el conflicto con el “campo” y que el Gobierno
ha pagado muy caro. Quizá el desacierto más grosero haya sido permitir que
la Federación Agraria de Buzzi se sentase en la misma mesa de negociación
que los Miguens y los Biolcati. Consolidada la mesa de Enlace, el “campo”
empezó a ser visto como un significante vacío a partir del cual el amplio
espacio de derecha articuló toda una serie de demandas insatisfechas que
poco tenían que ver con el conflicto agrario, y que, sin embargo,
encontraban en dicha consigna su unicidad e identidad. Al mismo tiempo, el
kirchnerismo se convirtió en el antagonista ideal desde el que se delineó
una frontera política interna que le posibilitó a la oposición, amparada en
la entelequia del “campo”, reforzar su propia identidad.
El Gobierno no pudo engarzar un relato que acompañase al paquete de medidas
llevadas a cabo y que, en términos generales, el espacio “progresista”
debería haber acompañado (me refiero sobre todo a la estatización de
aerolíneas y de los fondos de las AFJP). Cuando, sobre el final de la
campaña, el kirchnerismo intentó polarizar la elección presentando dos
modelos de país dicotómicos, ya era demasiado tarde. El Gobierno se había
recostado sobre lo más rancio del aparato del PJ (los barones del Conurbano)
y había perdido iniciativa frente a la porción de la clase media que supo
acompañar esta experiencia política.
La desabrida oposición, incapaz hasta hace poco tiempo de estructurar una
alternativa sólida de gobierno, vio el camino allanado, más por errores
ajenos que por virtudes propias. Sería sumamente simplista explicar el
formidable triunfo de De Narváez en la provincia de Buenos Aires a partir de
su despliegue de recursos económicos y mediáticos. El empresario colombiano
se inscribe dentro de una tendencia de la derecha a nivel mundial que
conjuga negocios y poder mediático y cuyo paradigma más fiel es Silvio
Berlusconi. Como Il Cavalieri, Mauricio Macri también cuenta en su
curriculum con el hecho de venir del mundo del deporte.
Esta nueva derecha es menos ideologizada y no proviene de los claustros
académicos como sí lo hicieron viejos exponentes de este espacio, como
Cavallo o López Murphy (de hecho, el nivel educativo de De Narváez es casi
primitivo). Hay, no obstante, una íntima certeza que está presente tanto en
el empresario recientemente consagrado en las urnas como en Macri; no se
puede ganar una elección sin al menos una fracción del aparato y los votos
peronistas. Por ello, y tal como lo explicara lúcidamente José Natanson, si
Menem hizo una prolija carrera dentro del PJ antes de volcarse a la derecha,
“los jefes de Unión Pro avanzan por el camino inverso: su plan es llegar al
peronismo desde la derecha y no a la derecha del peronismo. Menemismo por
otros medios”.
Por lo demás, el 28-J deja como saldo a Cobos y Reutemann como otros grandes
ganadores de la jornada, con la posibilidad latente de cara al 2011 de que
se estructure en torno a estos dos liderazgos un agro-bipartidismo. Aunque
para eso habría que desechar no sólo las candidaturas de Macri y Scioli,
sino también la de algún otro potencial emergente del peronismo, lo cual
resulta, por ahora, algo más que apresurado.
Mención especial para la excelente elección de Pino, quien, habiendo salido
segundo en Capital, recibió más elogios que la ganadora Michetti (31% parece
ser una magra cosecha para la mejor alumna de Bergoglio, en un distrito que
ha sabido prodigarle mejores resultados). La estrategia del cineasta de
plantear reivindicaciones altisonantes que están fuera de la agenda política
resultó altamente efectiva al momento de contar los votos. Quizá sea momento
de que Pino deje de hacer anti-kirchnerismo, sobre todo teniendo en cuenta
que después de dos mandatos “progresistas” como los del oficialismo, la
centro-izquierda no va a levantar sus flores, sino sus deudas.
Fuente: www.politicargentina.com
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