Oligarquía o democracia

Por Ana Jaramillo*

Por esto parece que éstas son las más partes de la ciudad: los ricos y los pobres. Pero como generalmente acaece que los ricos sean los menos y los pobres los más, parece que estas dos partes de la República son contrarias entre sí y conforme a estas dos partes se suelen disponer los gobiernos públicos; Democracia y Oligarquía. ..entonces se dice ser gobierno popular o democracia, cuando los libres, aunque no ricos, siendo más en número, fueren señores del público gobierno, y oligarquía cuando lo fueren los ricos y los más nobles en linaje, siendo pocos en número.
Aristóteles1

El secreto-que diplomáticamente se denomina “discreción”, así como los arcana imperii, los misterios del gobierno-y el engaño, la deliberada falsedad y la mentira lisa y llana utilizados como medios legítimos para obtener fines políticos nos han acompañado desde el comienzo de la Historia conocida. La sinceridad nunca ha figurado entre las virtudes políticas y las mentiras siempre han sido consideradas como medios justificables.
Hannah Arendt2

Hace casi veinticuatro siglos nacía en Stagira, Aristóteles. Por eso se le dirá el estagirita. Mucha historia se realizó desde entonces y muchos ríos de sangre corrieron en disputas por poder y riqueza, así como por la libertad y la justicia social.

Sin embargo, la disputa interna dentro de las ciudades y posteriormente dentro de los Estados nacionales y entre los Estados sigue aún vigente por la distribución de los recursos económicos y naturales. No añade nada inventar neologismos o contradicciones secundarias para entender cual es la contradicción principal que seguirá siendo un modelo de país, una creencia, una ideología contrapuesta sobre la organización de la sociedad.

El estagirita nos enseñó, ya en esos tiempos, que había diversas formas o especies de democracia y también de oligarquías. La primer forma de oligarquía se determina cuando “las magistraturas dependen de rentas tan altas que no tienen acceso a ellas los pobres, siendo mayoría, y que es posible a quien las tiene acceder al gobierno”. La segunda forma se da cuando “las magistraturas dependen de elevadas rentas y ellos mismos eligen a los que faltan”. La tercer forma o clase de oligarquía se da “cuando un hijo sucede a su padre” y la cuarta forma es cuando “no gobierna la ley sino los magistrados3. Suelen llamar a esta especie de oligarquía como “señorío de gente poderosa” nos dijo Aristóteles.

Cuando creíamos haber recuperado la democracia, después de más de treinta años, muchos creemos y sentimos que con mentiras permanentes, hemos caído en una emboscada por la cual vemos los aspectos regresivos de la democracia y la aparición de la oligarquía. Tampoco estamos seguros cuando Arendt nos plantea su optimismo (para mí desde la teoría y no desde la política) diciendo que “El inconveniente de la mentira y del engaño es que su eficacia descansa completamente sobre una clara noción de verdad, que el que miente y engaña desea ocultar. En este sentido, la verdad, incluso si no prevalece en público, posee una inextirpable primacía sobre las falsedades.”4 Sería creer en el viejo dicho popular cuando sostiene que la mentira tiene patas cortas.

Si bien en 1924 en una conferencia en Oxford, publicada en 1926, Keynes sostuvo “el fin del laissez faire”, y que la mano invisible no tendría más credibilidad puesto que ya se había demostrado y desenmascarado que la mano no era invisible y que dejar la política y la economía en manos del mercado terminaba indefectiblemente en el gobierno de los poderosos y por lo tanto peligraría la democracia. Ahora se vuelve a mentir sobre el progreso que trae el gobierno oligárquico y dejar la economía en manos de sus propios dueños sirve para el progreso nacional y para que no haya corrupción, dado que estando en manos de los ricos, éstos no tendrían ambición de riquezas y sus pares o socios en el mercado internacional vendrían a invertir a nuestro país cuando ni siquiera los que gobiernan invierten sus capitales en su propio país.

Carlos de Cabo Marín5 nos plantea dos supuestos para analizar el constitucionalismo desde el pensamiento crítico y para explicar o entender que otro constitucionalismo es posible o contra- hegemónico. Los tiempos de ruptura aparecen cuando crujen las herramientas super-estructurales de explicación o construcción social simbólica y de sentido de las instituciones por su propia inadecuación a la realidad cambiante. De esa manera, las leyes, así como las instituciones, van perdiendo legitimidad social y epistemológica al mismo tiempo que se intentan forzar legislaciones, decretos o políticas públicas, desde el poder ejecutivo, al margen o contrarias a la Ley Suprema aún vigente, que es la constitución o programa o definiciones axiológicas de la voluntad política de nuestra Nación. El traje no se adecua al cuerpo o realidad social, por chico o grande, por ancho o angosto, por obsoleto o por cambio de sistema político, económico y/o cultural. Para Cabo Marín, un supuesto es el ético -epistemológico y el otro es la beligerancia jurídico- constitucional para encarar el constitucionalismo crítico. Para nosotros ambos supuestos constituyen campos de batalla simbólica, tanto el campo ético- epistemológico como el campo jurídico- constitucional.

En la batalla ético- epistemológica se debate entre hombres y mujeres de la cultura frente al poder mediático y los especialistas o consultoras dedicadas a la opinión pública o directamente a la manipulación de creencias e ideas del mercado. Nos queda claro cuando la propuesta gubernamental educativa pretende educar para el mercado, entendiendo la educación como mercancía y no para formar hombres y mujeres para la patria, al decir de Jauretche, que implica otra perspectiva ciudadana, social, política y cultural.

Por otra parte, la batalla jurídico constitucional la libran fundamentalmente los juristas y los abogados así como los legisladores frente a las instituciones públicas del poder ejecutivo o del poder judicial.

Para el constitucionalista Gustavo Zagrebelsky, con la globalización aparecen los factores demoledores de soberanía y para nosotros con el cuasi monopolio del poder mediático aparecen los factores de demolición de legitimidad social del Estado de derecho, de la democracia social o del estado de bienestar en América Latina, acusado de populismo o de modelo económico social obsoleto.

Para nosotros, como sintetizaba Mihailo Markovic, la filosofía es conciencia crítica. El filósofo yugoslavo decía: “el hombre se diferencia del resto de los seres vivientes, no sólo porque crea algo y porque modifica el entorno mediante su actividad, sino también porque se propone objetivos, porque él mismo determina la dirección y la escala de su actividad y, de ese modo, también se crea a sí mismo. El hombre es el único que puede tener un ideal: los ideales pueden ser de naturaleza personal o colectiva. Pueden ser parciales: políticos, económicos, científicos, artísticos. La filosofía es la expresión teórica del ideal total de una época histórica. La conciencia del ideal de sentido a cada suceso y toda la vida humana. Por otra parte, la conciencia del ideal hace que el hombre no puede soportar permanentemente la limitación relativa, la imperfección de cualquier forma determinada de su ser. Por ello procura transformar todo objeto existente, a fin de eliminar- y superar- aquello que ha reconocido como límite, como negativo 6.

Para Marcovic, en síntesis, la filosofía es “conciencia total, racional y crítica que el hombre tiene del mundo en el cual vive, y de los objetivos fundamentales de su actividad…Es racional, ya que armoniza los deseos, visiones y sueños del hombre con la conciencia total de lo que existe. Objeto suyo puede ser también lo irracional, emocional e instintivo, pero tratado de forma racional y conceptual”7.

Castoriadis nos dice que la política es la puesta en cuestión de las instituciones establecidas, mientras que la filosofía es la puesta en cuestión de los idola tribus, o sea de las representaciones comúnmente aceptadas. Por eso, caracteriza esta época, justamente, como de ruptura con cualquier autoridad que no justifique la validez del derecho de sus enunciados y define la política actual como “la actividad explícita y lúcida relativa a la instauración de las instituciones deseables, y la democracia como el régimen de auto institución explícita y lúcida en la medida que ello sea posible, de las instituciones sociales que dependen de una actividad colectiva y explícita”8.

La ruptura con el sentido aceptado o naturalizado, implica que todos tenemos la obligación de poner en cuestión cualquier jerarquía o poder que se base en un sentido que no surja de la actividad viva y la apertura de la cuestión de las mejores instituciones, que implicaría la apertura de la cuestión de la justicia en tanto cuestión consciente y explícita de la colectividad.

La cuestión de la justicia es la cuestión de la política, desde que la institución social ha dejado de ser sagrada o tradicional, siempre que no entendamos la democracia como procedimental. De esa manera se ponen en cuestión las reglas jurídicas existentes. Para el autor, es el imaginario social el que instituye la sociedad, es el que provee las significaciones y valores que tiene la potencia de instituir y es anterior a lo simbólico. El imaginario despliega lo social-histórico y por eso sociedad e historia son fenómenos de sentido.

El derecho positivo es una cosificación de los procesos históricos sociales de los cuales surgieron las necesidades de reglamentación de las sociedades, pero su ethos social se modifica a lo largo del tiempo así como es diverso en las distintas culturas. Por otra parte, dichas reglamentaciones legislativas surgen de los debates del poder político y económico que limita asimismo los alcances de la norma, así como dada la globalización del sistema capitalista finalmente se vuelve sistemática la violación del ethos social marcado por la Constitución.

El derecho en su positividad, por lo tanto, no es un universal abstracto y eterno. La justicia no responde a la lógica matemática, de la no contradicción, de la identidad y del tercero excluido. Los derechos en su subjetividad, también modifican la percepción colectiva de los mismos a lo largo de la historia y de las diversas culturas y los criterios de justicia son dinámicos, cambiantes, dúctiles o elásticos.

Entendemos que ni la razón pura, ni el formalismo procedimental, ni la lógica dan cuenta de la práctica social jurídica, ni de las relaciones jurídicas ni de las instituciones donde se esgrimen las cuestiones jurídico-políticas y menos aún de la relación entre el derecho y el ideal de justicia social marcado en la Constitución.

Las políticas de ajuste que pretenden muchas de las leyes violatorias de la Constitución, frente al sentido mentado, construido o mentido por los monopolios mediáticos, los que propugnamos los ideales de libertad y justicia social, debemos seguir dando las batallas ético-epistemológicas y jurídico- constitucionales, ya que coincidimos con Habermas en que “la disputa sobre la correcta interpretación paradigmática del sistema legal… es una disputa política y en una democracia constitucional, esta disputa concierne a todos los participantes y no debe ser conducida solamente como un discurso esotérico entre expertos, aparte del espacio público”.

Cuando se acusa aun de ideológicos a quienes proponen políticas contra-hegemónicas y el acercamiento a ciertos ideales de justicia social, parecen olvidar que el estatuto de las ciencias sociales como son el derecho, la filosofía o la sociología entre otras, impide la separación entre sujeto y objeto ya que estamos analizando la dignidad humana a la cual pertenecemos. Toda legislación que pretende modificar o violar la moral social general establecida por la Constitución también es ideológica, o sea, defiende o da razón y sentido a otra idea o modelo de sociedad. Hacer de las ciencias sociales, ciencias positivistas es desconocer la creatividad de la humanidad en la historia como hazaña de la libertad.

Recordando a Ortega y Gasset, reafirmamos que ideas tenemos, pero en las creencias estamos. Las creencias son ideas que somos. De esa manera, pensamos que la construcción simbólica de la realidad social puede ser un ejercicio lúdico de la razón especulativa y pura como si ésta fuera la certeza y verdad epistemológica, la razón científica. Pero también se construye simbólicamente la realidad desde la conciencia crítica cuando queremos transformar la realidad, como nos enseñó la onceava tesis sobre Feuerbach. De esa forma, las batallas ético-epistemológicas y jurídicas constitucionales se aúnan en dos criterios diversos. O conocemos a través de la razón pura creyendo hacer ciencia social o conocemos desde la voluntad de incidir en la realidad a través de la conciencia crítica. La historia humana no se hizo ni se hace con la razón pura y tampoco los criterios epistemológicos ni los vericuetos jurídicos procedimentales son neutros. La ética y las constituciones son planteamientos axiológicos explícitos actuales o referidos al futuro de una Nación.

Por eso seguimos creyendo en la conciencia jurídica popular que sale a defender sus derechos conculcados por aquellos que no creen en un estado de derecho que busca la justicia social, el buen vivir o el bienestar de sus habitantes en democracia. No queremos el señorío de gente poderosa, sino una democracia que respete la dignidad humana y la libertad.

Dado que sabemos que la democracia no se enseña a sí misma, seguiremos enseñando que si no participan los ciudadanos en las decisiones y normas que deberá respetar, no es una democracia real. Ya nos enseñó Aristóteles que “si la democracia es uno de los sistemas políticos, está claro que tal situación en la que todo se rige con decretos, ni siquiera es propiamente una democracia; pues ningún decreto puede tener un valor universal”9… y que el “estatuir que los más ricos de necesidad tengan autoridad para juntar concejo y hacer elección de magistrados excluyendo a los demás, todo esto tira a oligarquía o a gobierno de pocos, y el procurar que los más de los cargos públicos se den a los ricos y que los mayores cargos se den a los más ricos , también sabe a lo mismo”10.

1 Aristóteles: Política, Alianza Editorial, Madrid, 2017
2 Arendt, Hannah; Crisis de la República, El cuenco de plata, Bs.As, 2015
3 Aristóteles: op.cit.
4 ibidem
5 De Cabo Martín, Carlos: Pensamiento Crítico, constitucionalismo crítico, Trotta, Madrid, 2014
6 ibidem
7 Markovic: Dialéctica de la praxis, Amorrortu, BsAs, 1968
8 Castoriadis, Cornelius: “Intervención en el Congreso Internacional” de 1994, publicado en AAVV, La strategia democratica nella società che cambia, Roma, Datanews, 1995.
9 ibidem
10 Aristóteles: Política, Alianza Editorial, Madrid, 2017

* Doctora en Sociología y rectora de la Universidad Nacional de Lanús.

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