«Osvaldo Bayer, el rebelde esperanzado»

Por Gonzalo Magliano

El periodista e historiador Germán Ferrari encaró el tremendo desafío de realizar la primera biografía sobre Osvaldo Bayer, una de las referencias ineludibles del periodismo argentino junto a Rodolfo Walsh y Rogelio García Lupo. En una investigación que duró tres años, recorre la vida del autor de clásicos como “Severino Di Giovanni. El idealista de la violencia” que va desde su niñez en el barrio porteño de Belgrano hasta su cumpleaños 90.

No sólo reconstruye hechos ineludibles como las investigaciones míticas de la matanza de obreros en la Patagonia a comienzos de la década de 1920, sino también facetas poco conocidas como los casi 15 años de trabajo en Clarín, su experiencia sindical en el comienzo de los 60 o su faceta literaria. Infonews entrevistó a Ferrari en su casa y repasó los puntos más importantes de su monumental libro de 523 páginas editado por Sudamericana.

En la introducción del libro, Ferrari reconoce que la tarea de reconstruir la vida de Bayer lo desbordó y atrapó. No es para menos. Estamos hablando de más de seis décadas de periodismo y activismo político. En ese tiempo Bayer conoció a figuras trascendentes como el Che Guevara durante un encuentro en Cuba, pocos años después del triunfo de la Revolución, y realizó investigaciones históricas imprescindibles donde rescató a un sector clave y olvidado del movimiento obrero argentino: el anarquismo. También incursionó en el cine, tuvo que partir al exilio durante la última dictadura genocida y acompañó a las Madres de Plaza de Mayo y a los organismos de derechos humanos en su lucha por memoria y justicia. Recorrer la vida de Bayer es recorrer una mirada de la historia argentina desde los trabajadores, una mirada ética y esperanzada.

¿Por qué una biografía de Bayer ahora?

Porque no había. Hay sí trabajos de entrevistas largas en formato libro y me parecía fundamental rescatar no solamente su voz sino las voces de quienes lo conocieron y poder armar con ese conjunto de fuentes toda su trayectoria desde la niñez. Yo lo corté en el festejo de sus 90 años, que me parecía un hito fundamental para Osvaldo. A mí me movilizó poder profundizar en cuestiones que no estaban ahondadas en entrevistas largas. Me parecía que poder reunir todo el material en un volumen biográfico era, no solamente un homenaje en vida hacia él, sino una necesidad para poder entender la historia contemporánea argentina y la historia del periodismo argentino contemporáneo también. Y si queremos, hasta determinados hechos internacionales en los que Bayer estuvo presente o tuvo participación.

Encontramos en el libro que antes de las míticas investigaciones de la Patagonia trágica, Bayer tuvo una larga trayectoria periodística en la que cubre temáticas que a uno lo sorprenden ¿Te sorprendió?

Me sorprendió porque, si bien tenía alguna referencia de sus colaboraciones en la revista Continente (NdR: durante la década de 1950), en las que firmaba como Oswald Bayer, no sabía exactamente la multiplicidad de ejes que tocaba como la música, la situación político-social de la Alemania de posguerra, el cine. Luego, ya de regreso a Argentina, escribe sobre gremiales para un diario (Clarín) cuando él decía que quería hacer policiales; cuando se va al sur, a Esquel, a compenetrarse con la problemática de los pueblos originarios. Yo digo que tiene un espíritu renacentista porque tiene una diversidad de intereses múltiples que se va viendo a lo largo de toda su vida. Él recorre transita por la escritura periodística, la investigación histórica, el trabajo en el cine, sus participaciones cinematográficas como actor ya en la Patagonia Rebelde, y en otras.

Esto también se ve en los ’90 en sus contratapas en Página 12, que habla no solamente de los intereses que nos podemos imaginar sino también sobre fútbol, cuestiones culturales y artísticas o literarias. Entonces hay un hombre comprometido con una ética muy clara que tiene una curiosidad sin límites y eso lo hace muy fascinante para quien investiga su trayectoria.

¿En qué momento crees que Bayer se convierte en la figura que hoy conocemos?

Yo creo que en los ’90 empieza a haber frente al menemismo y al neoliberalismo una reivindicación y un reconocimiento de la ética y el compromiso de Bayer en diferentes aspectos como los derechos humanos o la defensa de los pueblos originarios. Lo podemos pensar también, no como contracara, pero sí como una situación de tensión con otra figura icónica para otros sectores que es la de Ernesto Sábato, que también tenía un reconocimiento y un prestigio para sectores diferentes a los de Bayer.

A partir de ese periodo, de esa lucha en los ’90 con causas como el tema de la defensa de los pueblos originarios, llegamos al nuevo siglo con generaciones más jóvenes no necesariamente pertenecientes al mundo anarquista que encuentran en él un ejemplo a seguir, una figura con un peso fuerte dentro de lo que es el mundo intelectual. Un intelectual no que está alejado y que solamente mira a la distancia y analiza a la distancia las situaciones que ocurren en el país sino que está presente, que está en la calle, que se lo puede ir a visitar a la casa o llamar por teléfono, que tiene una relación de cercanía para con el común de la gente no habitual en una persona del prestigio y de la trayectoria de él. Y eso es reconocido por las nuevas generaciones. Fueron señales muy claras para que los jóvenes dijeran “éste es intelectual distinto, no es igual a los otros, o a muchos otros”.

Los 60. Sindicalismo, Clarín y el encuentro con el Che

Luego de su experiencia en el sur argentino, donde dirigió el diario Esquel, del cual fue echado por defender los derechos de los pueblos originarios de la zona, y fundó el periódico independiente La Chispa, cerrado por los mismos motivos, Bayer regresa a Buenos Aires en 1959. Ese año consigue trabajo en el diario Clarín y comienza una trayectoria que se extenderá hasta 1973. Durante ese tiempo terminó de consolidarse como periodista y desarrolló su pasión por la investigación histórica. También vivió momentos claves, como su experiencia sindical y su encuentro con Ernesto “Che” Guevara.

¿Cómo fue su experiencia gremial?

Fue muy intensa. Estuvo en dos momentos bastante interesantes del sindicalismo. A comienzos de la década del ’60 en un gremio muy politizado y movilizado, y sufriendo una situación del periodismo en general bastante caótica y traumática con cierres y clausuras de diarios. Estamos hablando del periodo de Frondizi (1958-1962) y Guido (1962-63), donde hubo persecución a los periodistas por ser tildados de izquierda, subversivos o frondizistas, en el periodo de Guido. De hecho, Osvaldo es encarcelado junto a la plana mayor del Sindicato de Prensa cuando es allanado en 1963.

Para él es una experiencia muy rica donde tuvo que pulsear con un sindicato que estaba hegemonizado por el Partido Comunista o por dirigentes comunistas y porque le permitió, por ejemplo, ir a hablar a la CGT sobre la experiencia cubana y el apoyo de la Revolución. Peleó paritarias. Tuvo una actividad bien interesante que cincuenta años después se cristaliza en el nacimiento de un nuevo sindicato. En 2010 encabezó el “Frente de Unidad” en las elecciones de la Unión de Trabajadores de Prensa Buenos Aires (UTPBA) para disputarle la conducción a la lista Celeste y Blanca. Y él acepta sabiendo que no a poder lograr la victoria. Ese fue el germen de lo que hoy es el Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SiPreBA).

Contás el famoso encuentro con el Che Guevara en La Habana, donde dice que ahí se dio cuenta que no era un revolucionario. ¿Crees que lo influyó para su visión política?

Yo creo que sí. Me imagino que cualquiera que se haya encontrado con el Che y haya podido intercambiar ideas le habrá marcado la vida. Me parece que ese encuentro con una Cuba previa a declararse socialista, donde está ese artículo tan lindo que publica en el órgano de sindicato en Gente de prensa, refleja en parte ese cambio porque una cosa es lo que pueden contar de Cuba las agencias internacionales, otra cosa es vivirlo de cerca. Más allá de que él ya tenía una concepción desde lo ideológico, pero creo que ese paso por Cuba no fue en vano.

Patagonia rebelde y trágica. De Todo es Historia al cine

La pasión por la investigadora histórica fue una constante en Bayer, pero recién pudo empezar a desplegarla en la segunda mitad de los 60, gracias al espacio en la revista Todo es Historia que le brindó su director, Félix Luna. Ambos eran amigos y trabajaron juntos en el diario Clarín. En el número 4 de la publicación apareció el artículo de Bayer “Simón Radowitzky, ¿mártir o asesino?”, que fue el comienzo de una serie de investigaciones sobre el anarquismo. Luego siguieron otros temas como la vida de Severino Di Giovanni y “Los vengadores de la Patagonia trágica”. Este último tema es el más emblemático de Bayer. Tuvo tal repercusión que lo motivó a profundizar la investigación. El resultado fue un libro de cuatro tomos, el último publicado en Alemania, debido a la persecución que sufrió Bayer, primero por la Triple A y luego por la dictadura genocida de 1976.

Luego del segundo tomo, el director Héctor Olivera le propuso llevar la historia al cine. Bayer dudaba, entre otras cuestiones, por los antecedentes del cineasta -había filmado “Psexoanálisis” en 1968-. Sin embargo, aceptó con la condición de participar en el guión y la filmación. Además de la calidad, le preocupaba especialmente que se respetara la verdad histórica. No fue fácil la filmación y menos la exhibición. El proyecto se realizó en los 70, en la previa del terrorismo de Estado y los asesinatos de la Triple A. Después de muchas presiones y dilaciones, la película se estrenó en 1974 con intervención directa de Perón. Quizás sin ella no hubiera llegado a las salas. Los militares no toleraban un film que denunciaba la brutal represión y matanza que el ejército argentino desplegó contra trabajadores. Los hechos, ocurridos en 1921, parecían un antecedente directo lo que sucedería de manera sistemática a partir del 24 de marzo de 1976.

Cuando salió el libro “Los vengadores de la Patagonia trágica” ¿generó la repercusión que hoy tiene?

La repercusión es tan grande que un director de cine, Héctor Olivera, no ciertamente identificado con el cine político o social, ve en los dos primeros tomos una historia fascinante para ser llevada a la pantalla grande. Osvaldo duda precisamente por los antecedentes de Olivera pero acepta con la condición de participar. Él participa en el guión y tiene una presencia tan constante que viaja junto con el elenco para filmar las escenas en los lugares naturales en Santa Cruz. El poder trasladar esas investigaciones desde el papel escrito primero en publicaciones periódicas, después en libro, y llevarlas al cine era un salto enorme y era una llegada de una masividad que es la que hoy conocemos.

¿Sabían de los riesgos de filmar esta película?

Si, permanente. Tuvieron mucho apoyo del gobernador de Santa Cruz Jorge Cepernic (1973-1974), que pertenecía a la izquierda peronista, quien recibía presiones del ministro del Interior de la Nación, Benito Llambí, para que no se siga filmando. Sí, ellos sabían. Siempre mantuvieron el apoyo y el respaldo del gobernador de Santa Cruz y pudieron llevar a cabo toda la filmación tal cual lo habían previsto. Pero las presiones eran permanentes. Además porque durante la filmación se iban produciendo atentados en el país, situaciones donde empieza a tornarse más complicado. No perdamos de vista la trama de la película, que generaba rispideces en la historia oficial del Ejército.

La película desaparece de un día para el otro de cartel y ahí cuento cómo fue la presión que recibe Ayala, el productor, de Miguel Paulino Tato, que era el censor que se había hecho cargo del área de la censura del Instituto Nacional de Cinematografía. Para que no pasara a mayores levantaron la película e inmediatamente en ese mismo periodo empiezan a ser amenazados los diferentes actores. Se va Luis Brandoni, Héctor Alterio, no solamente por esa película, sino porque es cuando la Triple A empieza a actuar en forma directa. Y Osvaldo al año siguiente, a comienzos del 75, ante esta situación de amenaza permanente se va a Alemania durante un año. Cuando Isabel convoca a elecciones para el 76 ahí retorna y al poco tiempo es el Golpe de Estado del 24 de marzo y vuelve a partir al exilio.

*La entrevista con el autor fue publicada originalmente en Infonews en mayo pasado, junto a la salida de la biografìa.

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