Pandemia y protesta social

Para Plutarco el desequilibrio entre ricos y pobres es la enfermedad más antigua y fatal de las repúblicas.

Por Mónica Peralta Ramos

Antes de morir aplastado contra el piso por la rodilla de un blanco, George Floyd murmuró: No puedo respirar. Este quejido desesperado se multiplicó en miles de gritos contra un sistema que perpetúa la esclavitud en tiempos modernos. Miles y miles de ciudadanos norteamericanos rompieron la cuarentena y se volcaron a las calles para expresar su repudio a un racismo y a una opresión que, corriendo por las venas institucionales del capitalismo global monopólico, encuentra en los Estados Unidos una de sus expresiones más acabadas.

No es la primera vez que el racismo arranca una vida y precipita una explosión social, ni será la última. Esta vez, sin embargo, la protesta social alcanza una capacidad disruptiva y una resonancia global inédita. Por primera vez ocurre en un mundo asolado por una pandemia y en circunstancias en que una crisis sistémica de magnitud e índole inéditas desnuda los pies de barro del capitalismo global monopólico. Esta crisis de múltiples dimensiones se suma a una brutal polarización política que, en vísperas de elecciones presidenciales, atraviesa a todos los sectores de la sociedad norteamericana y se replica al interior del Estado en las Sombras dando lugar a luchas y enfrentamientos cada vez más ásperos entre facciones políticas y entre grandes monopolios. La conjunción de todos estos elementos sobredetermina al racismo, e impone nuevos contenidos a la explosión social, transformándola en un fenómeno que, si bien está en plena gestación, tiene consecuencias tanto a nivel local como global. La alcaldesa negra de Washinton, Muriel Bowser, ordenó pintar en gigantescas letras amarillas, como las de las señales de tránsito, la consigna de las protestas por este y otros crimenes raciales: Black Lives Matter, en la avenida de acceso a la Casa Blanca, que fue rebautizada con ese mismo nombre.

Desde los orígenes del tiempo sabemos que sin oxígeno no hay vida humana y que esta solo es posible en sociedad. Desde un pasado penetrado por la bruma del olvido hasta un presente cada vez más frágil, la vigencia de un contrato social ha sido la savia que ha hecho posible la reproducción de la vida social en este planeta. Cuando ese contrato se ha roto los conflictos sociales han entrado en ebullición, llevando a las sociedades a enfrentar cambios y desintegración social. A lo largo del tiempo, y más allá de las diferencias de forma y contenido según las épocas y las culturas, la vigencia de los contratos sociales ha dependido de su capacidad para legitimar un orden social que reproduce una distribución desigual del poder y de los bienes.

Discurriendo sobre estos problemas en el siglo 1 D.C., Plutarco habría llegado a la conclusión de que el desequilibrio entre ricos y pobres es la enfermedad más antigua y fatal de las repúblicas. Muchos conflictos sociales y ríos de sangre han corrido desde ese entonces. Hoy vivimos en un mundo donde la concentración del poder, en todos los ámbitos de la vida social, ha llegado a niveles inéditos en la historia de la humanidad. En este contexto, el murmullo de George Floyd apela a la ruptura de un contrato social que esclaviza y fragmenta a los que poco y nada tienen y, encerrándolos en los confines de identidades rotas y fragmentadas, desactiva su cuestionamiento social. Hoy asistimos a la búsqueda de una recomposición de esas identidades fragmentadas y a la posibilidad de construcción de un nuevo contrato social basado en la solidaridad y la prevalencia del bien común.

 

Irrupción de la protesta social en los Estados Unidos

Luego del asesinato de George Floyd en Minneapolis, las protestas callejeras acompañadas de saqueos nocturnos se extendieron de un modo incontenible a diversas ciudades del país. Trump ignoró las demandas de justicia enarboladas por los manifestantes y enfrentó al conflicto social con una amenaza acuñada a lo largo de décadas de enfrentamiento racial en el país. Twitteando «cuando empieza el saqueo, llegan las balas» conminó a las autoridades civiles a reprimir con fuerza e inmediatamente. Advirtió que, de no hacerlo, haría intervenir a la Guardia Nacional. Hacia el viernes 29 de mayo las manifestaciones llegaban a Washington DC, sede del gobierno federal, y Trump debía recluirse en un bunker de la Casa Blanca mientras su Servicio Secreto trataba de impedir que los manifestantes volteasen la barrera de seguridad que rodeaba al edificio. Pocas horas después, un Trump iracundo responsabilizaba a la intendenta de Washington DC por lo acontecido. Elevando la temperatura política, aludía a la posibilidad de convocar a sus partidarios y conminaba a las autoridades civiles de las ciudades en conflicto a desplegar los 18.000 efectivos de la Guardia Nacional para controlar las calles del país (cnn.com 1 6 2020). Estas en cambio, respaldaban el derecho a protestar de los manifestantes y trataban de separarlos de los saqueos. Resistían el despliegue de fuerzas represivas ajenas a su territorio por considerar que esto escalaría el conflicto a niveles inéditos.

Ese fin de semana las manifestaciones multirraciales y los saqueos nocturnos se multiplicaron en todo el país. Mientras el gobierno de Trump responsabilizaba a los anarquistas y al movimiento antifascista (antifa) al que declaro «organización terrorista», la oposición demócrata y las autoridades civiles adjudicaban los violentos incidentes al racismo blanco y a «extranjeros» infiltrados dentro de los manifestantes. Hacia el lunes de esta semana, las manifestaciones se desarrollaban en más de doscientas ciudades, ciento cuarenta habían sido víctimas de saqueos y destrozos y el toque de queda regía en cuarenta núcleos urbanos.

Esa mañana Trump acusó furiosamente a los gobernadores de Nueva York, Virginia, y Texas y a los intendentes de varias ciudades de ser «idiotas débiles» e incapaces de dominar las calles y comunicó la formación de un «Comando Central» para controlar la protesta en el país constituido por el general mayor Lee M. Ellis, titular de la Junta de Comandantes en Jefe, por Marl Esper, Secretario de Defensa y por el Procurador General (Attorney General) William Barr. Al mismo tiempo amenazó con hacer intervenir ya no solo a la Guardia Nacional sino también a las Fuerzas Armadas para controlar a la protesta social (zerohedge.com 1 6 2020).

Esa noche, mientras la Guardia Nacional se desplazaba por Washington DC, Trump mandó a desalojar por la fuerza a manifestantes que ocupaban las inmediaciones de una iglesia cercana a la Casa Blanca. Acto seguido, y rodeado de su Comando Central, se desplazó a pie hasta la iglesia donde se sacó una foto con la biblia en la mano. Buscaba así, enardecer a sectores religiosos de extrema derecha que se cuentan entre sus seguidores. Al día siguiente el Pentágono mandaba a la base Andrews en las afueras de Washington DC una tropa de 1.600 militares con el objetivo de participar en la represión callejer (zerohedge.com 2 5 2020).

 

Manejos del establishment político

La sumatoria de estos acontecimientos colmó la paciencia de sectores de un establishment político al que Trump prometió desplazar durante la campaña electoral de 2016. Desde ese entonces, estos impulsaron dos juicios políticos en el Congreso con el objetivo de destituir al Presidente. Habiendo fracasado en esos intentos, ahora enfrentan la arremetida de un Trump que, controlando al Departamento de Justicia y con el aval de los senadores republicanos, ha iniciado una investigación penal que busca incriminar a dirigentes demócratas y a funcionarios retirados y activos del gobierno federal y de las agencias de inteligencia acusándolos de haber fraguado la evidencia presentada en su contra para destituirlo. Al mismo tiempo que esta batalla arrecia en los Comités del Senado y en las reparticiones del Ministerio de Justicia, y se revelan documentos secretos que apuntan a la supuesta participación del ex Presidente Obama en la fabricación de evidencia contra Trump, el desborde de la protesta social parece brindar una nueva oportunidad para intentar desplazar a Trump del gobierno, esta vez con el apoyo de sectores del partido republicano.

El martes el ex Presidente George W. Bush expresó su preocupación por el descontrol de las manifestaciones y, reconociendo el carácter sistémico del racismo y su persistencia a lo largo de los gobiernos que se sucedieron en los últimos tiempos, se diferenció de Trump apelando a la unidad nacional para poner fin a la violencia y a los saqueos (cnbc.com 2 6 2020). Horas antes el ex Presidente Barack Obama convocaba a la juventud negra a realizar sus sueños de justicia incorporándose al sistema político y votando masivamente en las próximas elecciones. Reconocía así implícitamente, el drama de una juventud a la deriva, frustrada por promesas que su propio gobierno no fue capaz de cumplir. Asimismo Lindsey Graham, senador republicano de gran influencia, introdujo una cuña dentro del gobierno anunciando sus dudas sobre el rol del movimiento antifascista en los saqueos y el inicio de una investigación sobre el asesinato de Floyd, la brutalidad policial y las manifestaciones callejeras (washingtontimes.com 2 6 2020).

El miércoles, un general de cuatro estrellas: James Mattis, de activa participación en la estrategia seguida durante las guerras de Afganistán e Irak, y ex Secretario de Defensa de Trump hasta diciembre del 2018, le salió al paso convocando en una carta pública a las Fuerzas Armadas a desobedecer al Presidente, a rechazar su concepción de las ciudades como campos de batalla que pueden ser dominadas por la fuerza, y a recordar que los militares norteamericanos no adhieren a «la consigna nazi de dividir para conquistar» sino que su lema es «la unión hace a la fuerza». Acusó entonces a Trump de querer dividir a las Fuerzas Armadas y de ordenarles «violar los derechos constitucionales de los ciudadanos norteamericanos» y estableció diferencias entre las reivindicaciones legitimas de miles de ciudadanos protestando en la calle y las acciones violentas de unos pocos (theatlantic.com 3 6 2020). Paralelamente, otro importante dirigente de una organización (think tank) con mucho peso en la política exterior norteamericana convocaba a los militares «a desobedecer a un Comandante en Jefe que busca utilizarlos para provocar el caos» (theatlantic. como 3 6 2020).

Como consecuencia de este estrépito político, también Mark Esper, Secretario de Defensa y miembro del Comando Central creado el lunes por Trump, anunció su desacuerdo con la utilización de tropa militar para reprimir al conflicto social y sostuvo que la Guardia Nacional estaba bien equipada para realizar la tarea. Admitió además su participación con Trump en la foto con la biblia ante la Iglesia, pero sostuvo desconocer los fines políticos perseguidos por el Presidente (bloomberg.com 3 6 2020). Al día siguiente, las tropas militares enviadas a Washington DC por el Pentágono, volvían a sus bases de origen y la intendenta de Washington DC levantaba el toque de queda y despedía a las tropas de la Guardia Nacional llegadas desde distintos estados (zerohedge.com 4 6 2020)

Diez mil personas permanecían arrestadas esta semana en todo el país mientras sectores del partido demócrata y representantes de grandes empresas, muchas de ellas con locales saqueados en días anteriores, hacían una colecta para pagar por su excarcelación (zerohedge.com 3 6 2020). Mientras funcionarios de la CIA señalaban la similitud entre la temperatura política del momento y la degradación democrática en otros países del mundo (washingtonpost.com 3 6 2020), las manifestaciones lograban el procesamiento de todos los policías involucrados en el asesinato de Floyd y no sólo del que lo asfixió, y la introduccion de recortes del presupuesto y reformas en varios departamentos policiales del país.

 

La Reserva Federal encerrada en una trampa

La convocatoria de Trump a la represión militar de la protesta social parece haber actuado como un catalizador sobre el mercado financiero, cuyos precios volaron impulsados por el conflicto social. El lunes, después de los saqueos ampliamente documentados ese fin de semana, el precio de las acciones de los fabricantes de armas y municiones trepaba rápidamente (zerohedge.com 1 6 2020). Hacia el jueves el S&P500 registraba la mayor estampida ocurrida desde 1933 (zerohedge.com 4 6 2020). En otras notas hemos analizado la desconexión existente entre la severa recesión económica que ha sumido a más de cuarenta millones de personas en el desempleo y la rápida recuperación del precio de las acciones fogoneadas por una fuerte intervención de la Reserva Federal en los mercados financieros, comprando todo tipo de activos incluidos los bonos corporativos con alto riesgo de default.

El estallido de la protesta social desnuda ahora la trampa que encierra a una Reserva Federal obligada a inyectar dosis masivas de liquidez en el mercado financiero para mantener a flote los precios de los activos financieros y evitar el desencadenamiento de los defaults. Esta inyección de liquidez con tasas de interés cercanas a cero multiplica el endeudamiento generalizado y, como se ha constatado desde la crisis del 2008, no reactiva la demanda de consumo provocando en vez una transferencia masiva de ingresos desde la mayoría de la población que menos tiene hacia el 1% que concentra más del 80% de la tenencia de activos financieros. Es decir, si la Reserva Federal inyecta liquidez en el sistema financiero, multiplica la desigualdad económica y social y potencia la posibilidad de un estallido social. Si no hace nada, la falta de liquidez del mercado financiero detonará los defaults que amenazan a un sistema corporativo altamente endeudado.

Así, el asesinato de Floyd, un incidente de neto corte racial, ha precipitado acontecimientos que lo desbordan haciendo retumbar los ecos de la advertencia que hace más de doscientos años formulara Thomas Jefferson a sus conciudadanos: «Los bancos son mas peligrosos para nuestras libertades que la ocupación del país por ejércitos profesionales» (monticello.org).

 

Las turbulencias en la Argentina

Covid-19 continúa su avance en la Capital Federal y en el Conurbano bonaerense. Se estima que, a este ritmo, en un mes podría colapsar la capacidad del sistema de salud ante la multiplicación de casos que requieren internación A pesar de ello, el intendente de la Capital Federal flexibilizó la cuarentena, seguramente presionado por los reclamos del sector mas duro del macrismo que busca provocar el caos social utilizando cualquier medio disponible: desde impulsar con sus militantes el alzamiento de comerciantes del Conurbano y otros distritos de la provincia de Buenos Aires contra la cuarentena (perfil.com 2 6 2020), hasta intentar aprovecharse de la incalificable represión ocurrida por estos días contra una familia Qom en Chaco y contra un campesino víctima de secuestro y muerte en Tucumán (infobae.com 3 6 2020). Estos hechos incalificables exponen un racismo insertado en la estructura institucional que viene de lejos y ha sido especialmente fomentado en la era Macri, plagada de atropellos de toda índole contra el Estado de Derecho. La actual abanderada de «la no violencia institucional» tuvo una destacada actuación durante los mismos. La investigación sobre la violencia y la discriminación enquistadas en las instituciones son materia pendiente de la democracia argentina. Este gobierno tiene el compromiso histórico de hacer una reforma judicial e investigar a fondo las violaciones del Estado de Derecho ocurridas durante la era Macri. La reciente apertura de nuevas causas contra el sistema de espionaje ilegal montado por el ex Presidente abre la oportunidad de avanzar en profundidad por este camino.

Otro hecho auspicioso, que sin embargo ha tenido una difusión mínima, ha sido la presentación de un plan para reactivar la economía firmado por los movimientos sociales y 103 organizaciones populares (infobae.com. 3 6 2020). Tal vez haya sido leído por el «periodismo de guerra», que ahora se abre las venas ante las «posibles ideas locas» que puedan «provenir de los K» en circunstancias en que la reactivación económica aparece en el horizonte (cronista.com 3 6 2020). La presentación de un proyecto para convertir a Vicentin en una empresa pública con participación de capital privado y estatal y gestión compartida ha creado temor sobre una posible injerencia del Estado sobre las empresas, especialmente las grandes «que puedan volcar» como resultado de una crisis que solo en un mes de cuarentena ha producido una caída del 33% de la producción industrial. En este contexto, aumenta la preocupación de los grandes empresarios ante la posibilidad de que el BCRA controle su acceso al mercado de cambios e interrumpa la fiesta especulativa de los últimos meses. Ante la disminución de sus reservas, el BCRA parece despertar de su letargo y ha anunciado nuevas medidas destinadas a controlar la especulación cambiaria con las divisas de importación. Solo entre abril y mayo se pagaron importaciones por un 30% mas del volumen efectivamente importado.

Esta semana, sin embargo, la presión conjunta de los grandes empresarios e importadores parece haber logrado que el gobierno flexibilice su postura y revise cada caso adaptando las medidas a las necesidades específicas. De ocurrir esto, se oscurecerá la transparencia de un proceso indispensable para la reactivación económica del país. Esto ocurre en el contexto de una caída del 40% en la liquidación de divisas del mes de abril en relación al mismo mes del año anterior. La creciente falta de liquidez de dólares que afecta al mercado financiero internacional se suma ahora a una situación de peligrosa disminución de las reservas del BCRA y augura mayor presión especulativa sobre el tipo de cambio, independientemente de cual sea el resultado final de la reestructuración de la deuda externa. En estas circunstancias, el gobierno tendría que protegerse de las maniobras de poderosos sectores económicos que desde hace décadas utilizan al Estado para reproducir con impunidad su control monopólico de las áreas estratégicas de la economía y fugar al mismo tiempo las riquezas del país. Esto implica avanzar con políticas económicas respaldadas por las organizaciones que representan a sus votantes, sembrando así las bases de un nuevo contrato social.

El Cohete a la Luna

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