Perla Suez: la escritura de la violenta memoria

ZONA LITERARIA | EL TEXTO DE LA SEMANA

Por Adrián Ferrero*

El arte de narrar de la escritora argentina Perla Suez, radicada en Córdoba, Argentina, conoce dos vertientes pero que manifiestan una incuestionable unidad y similares principios estético/ideológicos de fondo. En efecto, una producción infantil que acude a la memoria histórica, bien del pueblo judío, bien de la condición humana en su carácter universal desde la narrativa de imaginación con bases incuestionablemente referenciales que aluden al pasado violento sobre todo. Permanecen en ella la instancia del sufrimiento y las tramas del dolor social, las persecuciones por distintas razones o los asaltos. Grupos o sujetos destructivos que suelen llegar para asolar poblaciones o regiones son un leitmotiv que retorna a la obra infantil de Suez como una instancia desgarradora que suele resolverse (digamos) exitosamente, pese a que siempre dejan el saldo del padecimiento y hasta probablemente del trauma. Pero también hay una obstinada determinación por preservar en todos los casos el sentimiento de libertad y plenitud, la autopreservación de inamovibles principios morales y la realización definitiva de los sujetos, tanto infantiles como adultos. Suele haber una mirada retrospectiva sobre dichos acontecimientos padecidos en la infancia más tarde superados que son recobrados narrativamente por los protagonistas siendo adultos quienes son los responsables de referirlos retrospectivamente como sucede, por solo citar un caso, en «Memorias de Vladimir», en el que en un pueblo de Rusia un niño judío y su abuelo son acosados y casi exterminados por los sicarios del Zar.

Puede o no introducirse el orden de lo maravilloso, pero no en lo sustantivo. Si, por ejemplo, en su libro álbum «Uma» irrumpe esta variable en la resolución que permite recién hacia el final de la trama que la protagonista logre burlar la persecución de un bando invasor pero que, por otro lado, constituye en sí mismo un episodio singular dentro de la historia. Ello se distingue del realismo no obstante planteado en nuevos términos de en los que suele regir la prosa de imaginación de Suez y que pinta con renovadoras pinceladas esenciales formas de concebir las leyes del universo.

Otra línea trabaja la dimensión de los vínculos o viajes que confluyen en hallazgos inesperados pero para lo cual los personajes mantenían un compás en el que acariciaban la esperanza secreta de que algo importante iba a tener lugar o modificarse en sus destinos. También hay retornos o regresos a lugares de los que se había partido a través de viajes en los que, luego de una serie de experiencias que movilizan internamente al sujeto, se reencuentran perspectivas por completo desconocidas de fenómenos antes inobservados. A partir de ese momento vuelven a cobrar un nuevo significado también social, no solo de orden privado. Hay casos (y en un sentido muy distinto de las ficciones de Kafka, porque no hay desesperación, paranoia ni angustia aquí, quizás más cerca de la novela «Zama»de Antonio Di Benedetto, tal como lo ha declarado la autora) nos encontramos con la espera. Una espera en la que se anhela o bien un cambio de circunstancias o bien, evidentemente, alguna clase de encuentro. Y ese encuentro tiene lugar bajo la forma más insospechada y la fisonomía de una felicidad que depara, por ejemplo, tramitar lo que parecía algo inevitable con una emoción como el encuentro con la alteridad sin embargo dentro de la consideración en tanto que semejante. Este hallazgo procura (y logra) alcanzar la plenitud del protagonista porque ese par no es sino un complemento para su propia identidad.

Hay, por último (dentro de las líneas dominantes de la producción infantil de Suez) una dimensión interesante que consiste en una apropiación en clave desviada de tradiciones populares o anónimas de cuentos folklóricos o bien de invención con firma de autor. Esto es: se acude o bien a frases o bien a personajes y situaciones de la memoria libresca en ocasiones, a ámbitos incluso en el marco de los cuales esos componentes de las ficciones tradiciones urden una novedosa poética. Esa poética consiste en hacer que las nuevas narraciones estén resignificadas por un nuevo uso literario y, por lo tanto, al servicio de otra clase de construcción en el orden de la representación y las perspectivas literarias. También en el plano ideológico. Con antiguos elementos se fragua una novedosa arquitectura pero también renovadoras formas expresivas. Un ejemplo paradigmático lo constituye «Lara y su lobo». Pero como para sintetizar esta dimensión de su poética podríamos decir que la memoria es reservorio de experiencias en ocasiones que dejan una huella de un dolor incluso angustioso que se ven afortunadamente reparadas. Y, por otro lado, las agresiones, logran ser burladas. En un país que ha conocido la barbarie y en una comunidad como la judía que ha conocido una que se le suma: la de la discriminación y el hostigamiento, estas ficciones no hacen sino especularmente devolvernos una imagen de lo que ha tenido lugar de modo constatable (quizás no de ese modo preciso y en esos mismos términos pero sí bastante similares) y también sus ficciones se erigen como testimonio de momentos de la Historia que no son ni fabulosos ni producto de la imaginación sino, en todo caso, constituyen representaciones literarias de esas experiencias aflictivas. Señalo para el presente caso que Perla Suez pertenece al pueblo judío porque no me parece ni un dato indiscreto ni un abordaje del acontecimiento poético biográfico o, en todo caso autobiográfico, sino porque pone en diálogo relatos que ella misma ha escuchado (tal como lo refiere en el paratexto de uno de sus libros) de la persecución así como de la discriminación. Así, resulta incuestionablemente ineludible hacer explícito una información que da cuenta de una experiencia que reenvía a esos relatos de manera que refuerza y repone su carácter denotativo.

Y en esa economía de la representación (en la cual se juega una política de la representación) a la que acabo de aludir en los libros de esta escritora, el dominio de lo imaginario corre tan parejo como lo evocado para una persona como para una comunidad de personas, que es me parece la construcción poética de un universo ideológico y material al que aspira Suez. Ni una imaginación que ignore el sufrimiento del pueblo judío (o el de la especie humana en general) ni una literatura de la pura memoria histórica que no se pueda despegar del histórico o referencial.

En lo que a la narrativa para adultos respecta está presente una constante que con resonancias una y otra vez retorna: la violencia. Los abusos, las agresiones intrafamiliares, la discriminación, los silencios (que también constituyen una forma velada de violencia por indiferencia de afecto o cuidados), nuevamente el antisemitismo. Existen asimismo ciertas faltas a la ética como las infidelidades o las deslealtades entre familiares próximos (entre hermanos, por citar un caso). Y de modo recurrente la violencia de género ejercida contra la mujer. Lo que la degrada y también deja letales huellas en su subjetividad o bien en su cuerpo mismo, por ejemplo traducida en embarazos prematuros no deseados (lo que trae ecos, por momentos, de la narrativa de Sara Gallardo, porque transcurren ambas en ámbitos rurales o semirrurales). El encierro o el confinamiento de sujetos por una disidencia por motivos relativos al orden del pensamiento político o social es otra zona erizada de conflictividad social que está presente en la producción ficcional de esta autora que no hace sino poner en evidencia la intolerancia política y social entre ideologías sociales en distintas etapas de la Historia argentina. Y, por supuesto, las atribuciones de las fuerzas de seguridad que mediante abusos se permiten avasallar los derechos de los ciudadanos de modo arbitrario e intrusivo. Este constituye un capítulo que su poética evoca con resonancias de la Historia argentina no solo reciente, eso lo doy por descontado, porque metaforiza en definitiva las notas de una cultura política que ha tenido mucho de esos ejes sémicos.

La vida en los pueblos con los chismes, los rumores, la maledicencia, la ignorancia y desencadenantes que pueden afectar la reputación de las personas producto desde enfermedades mentales hasta inmoralidades de toda índole constituyen otras constantes que pueden escucharse en la narrativa de Perla Suez. Inducir formas del desencanto en los sujetos así como de la perturbación. La explotación y el saqueo de zonas productivas por parte de inescrupulosos (incluso de países que se aprovechan mediante una suerte de imperialismo salvaje) que aspiran a concretar jugosas operaciones financieras que favorezcan no sólo a ellos sino perjudiquen al país, puede ser otro núcleo semántico al que acude que pone en evidencia el poder de unos pocos que logra poner en jaque el destino de muchos. Y, en particular, la gran estafa. Una estafa que constituye un factor ligado a la corrupción, rasgo muy recurrente en nuestro país (entre muchos otros de inmoralidad) pero que hemos tenido la desdicha de padecer de modo singular y perturbador del orden social además de ser recurrente. Y recursivo.

Por último, agregaría a todo ello el atropello de las culturas aborígenes, con lo que regreso una vez más al leitmotiv de la violencia y la memoria que Perla Suez atesora, pero restituye y visibiliza de modo persistente, así como lo había hecho con el pueblo judío.. Entonces, en ambas vertientes de su producción podemos encontrarnos con una ficción que tiende al mirar las heridas del pasado. La misma Perla Suez, en una entrevista que le realicé, me manifestó que en el acto mismo de escribir le resultaba sorprendente e imprevisible el modo como sus personajes desde su propia autonomía la iban conduciendo a crear en el plano espontáneo de la escritura la violencia. De este modo, acontecían circunstancias inesperadas, alcanzando límites de un alto voltaje agresivo. Llegados a este punto, por momentos pueden volverse difíciles de sobrellevar para un lector acostumbrado a ficciones ligeras o en las que la escritura tan solo ocupe su tiempo en referir tramas asociadas a momentos no diría siempre optimistas pero sí exentos de agravio social. En efecto, esa clase de lectores que al ser embestidos por ficciones de choque se hallan con personajes que protagonizan dramas (pero no melodramas) en los cuales los factores ligados no sólo a la violencia sino también a la humillación resultan inadmisibles. En tal sentido, podemos trazar una lectura de la poética de Perla Suez, si seguimos los meandros tanto de su ficción infantil como algunas pistas de su ficción para adultos, de un gran hilo que reconstruye la violencia de un país y de ciertas colectividades en las que ha habido víctimas y victimarios. En esas colectividades, tanto en el plano imaginario como en el eventualmente testimonial en la violencia radica una de las claves de la identidad de la Argentina (y del mundo). Precisamente una de sus constantes acontecida y que se puede leer desde sus tiempos fundacionales pero que no ha sido erradicada sino que antes bien podría decirse que se ha acentuado en muchos casos de modo virulento.

Haría una mención especial de su más reciente novela, de 2019, que en clave de novela negra narra el atentado a la AMIA, Asociación Mutual Israelita Argentina, que tuviera lugar en 1994, mediante invisibles fuerzas que Suez visibiliza desde la constatación pero también desde un plano imaginario en el que la prosa de invención permite dar vuelo poético a una narrativa que despliega recursos literarios innovadores.

Un proyecto creador desafiante que, desde Córdoba, lanza como una piedra contra un vidrio, para utilizar palabras de la escritora también de origen cordobés Tununa Mercado, la posibilidad de pensar la condición humana desde sus aristas más devastadoras pero también según un sentido de la ética y también colaborativo entre semejantes que resulta ser la clave superadora de esos agravios. Así, considero que la llegada a esa suerte de optimismo de Suez siempre tiene los pies sobre la tierra y jamás deforma ni fuerza la esperanza a límites irrealizables. La posición activa frente a sucesos conflictivos denuncia el atropello de las personas con la perspectiva de revertir esa situación por parte de quienes las degradan. Esa descalificación con motivo de constituir una alteridad distinta a la que se aspira a sea la hegemónica, lastima. Y persigue castigar, lastimar, suprimir o eliminar. Entre su calificada y premiada narrativa podemos mencionar las novelas «Trilogía de Entre Ríos» (integrada por tres nouvelles, 2006), «Humo rojo» (2012) y «El país del diablo» (2015), y la citada «Furia de invierno» todas ellas para adultos. Y de entre su producción infantil destaco las ya citadas «Memorias de Vladimir» (1993), «El viaje de un cuis muy gris» (1991), «Uma» (libro álbum, 2016) y «Espero» (2015), entre muchas otras.

Licenciada en Letras Modernas por la Universidad Nacional de Córdoba, donde también realizó estudios de cinematografía, Perla Suez se revela como alguien de una vasta cultura, de una enorme plasticidad estética, como vemos, para interpelar diferentes lectorados y, por lo tanto, el abordaje de dispares formas literarias. Ganadora de la prestigiosa Beca Guggeheim de NY, becaria de los gobiernos de Francia y Canadá para perfeccionar el idioma francés, ganadora del Premio Sor Juana Inés de la Cruz, entre otras destacadas distinciones, traducida a numerosos idiomas, Perla Suez manifestaría yo que se caracteriza entonces por la defensa de los principios humanistas y libertarios más encomiables y los Derechos Humanos de naturaleza vinculada a la infancia pero cuya amplitud se ramifica hacia todo orden de la existencia humana en las vertientes más amplias de su dignidad. Comprometida con la dimensión de la escritura en su dimensión más transformadora y más profundamente dinámica porque acude a sus vertientes menos transitadas, Perla Suez muestra y confirma su compromiso con su país, con la colectividad a la que pertenece, con su literatura y con su lengua. Una lengua que trabaja hasta sus últimas consecuencias (rasgo del que uno se percata con sólo leer uno solo de sus libros), así como a través del uso de ciertas técnicas narrativas novedosas acertadas porque no aspiran a los grandes gestos teatrales sino más bien a, de manera modesta, recuperar el legado de otras más radicales y nuevamente desviarlas hacia el sistema de su poética, esto es, dotarlas de singularidad. Ello, en el marco del campo intelectual argentino, podría acercarla a escritores como Andrés Rivera, a quien ella declara es uno de sus maestros. En efectos, Suez narra acudiendo a recursos que no son los convencionales de la prosa de autor o autora sino que trabaja los silencios, los blancos de la página, los diálogos, los énfasis y una puntuación selectiva, reveladora y rigurosa. Ello es particularmente evidente en ciertos cuentos infantiles, en los cuales la fábula pareciera dictarla la puntuación y no la trama dictar el modo en que ha sido escrita. Como si la gramática (como en el resto de toda su poética) tuviera el poder de gravitar sobre los argumentos y sobre el acontecimiento de la lectura. Fundando, precisamente, nuevos pactos de lecturas.

Entre la tradición (que respeta y de la que se nutre) y la renovación (a la que aspira y que a su vez lleva adelante con su proyecto), mediadas ambas por una profunda reflexión sobre la ficción, como puente, la poética de Perla Suez manifiesta algunos de estos aspectos que acabo de señalar. Abre zonas insospechadas para proseguir sus búsquedas a través de sendas escriturarias nuevas y exhibe una permanente posición de indagación que es su auténtica nota dominante.

 

* Adrián Ferrero nació en La Plata en 1970. Es escritor, crítico literario, periodista cultural y Dr. en Letras por la Universidad Nacional de La Plata. Publicó libros de narrativa, poesía, entrevistas e investigación.

http://www.facebook.com/escritoradrianferrero

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