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NOTAS EN ESTA SECCION
Un militante
del deseo |
Homenaje a Néstor Perlongher
| Siglas, Néstor Perlongher |
Ser gay en los
70 | Príncipe y plebeyo,
Néstor Perlongher
Perlongher vive, por Claudio Zeiger
| La religión
de la Ayahuasca, por Néstor Perlongher |
Selección de textos |
Audio Cadáveres
La desaparición
de la homosexualidad, Néstor Perlongher, 1991 |
Matan a una marica, Néstor Perlongher,
1988
Todo el poder a Lady
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El cadáver |
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política, por María Moreno, Pagina12, 21/03/08
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Compilación de textos de la revista XUL
| Roxana Ybáñez - Evita
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Joseph Pierce - Posicionamiento del
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Mónica Cohendoz - Devenir Eva, la poética
corporal de N.P
Clelia
Moure - La escritura de Néstor Perlongher |
Un cartógrafo del éxtasis (Revista
Eñe, 20/12/09)
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Néstor
Perlongher: Un militante del deseo
Por Marcelo Manuel Benítez
Es curioso y particularmente injusto que, a su muerte, se oculte,
se silencie o, simplemente, se ignore el más importante aspecto
de la vida de Néstor Perlongher: su trayectoria política. Sobre
todo porque, quienes lo conocimos desde los viejos tiempos del Frente
de Liberación Homosexual, sabemos que Perlongher fue, esencialmente,
un hombre político, y un político de la homosexualidad o, mejor
dicho, de su homosexualidad.
Actualmente se hace difícil captar en todo su valor la experiencia
de lo que fuera el primer ensayo sudamericano de organización homosexual,
y ello responde al hecho de que la existencia y actividad del FLHA
se enmarcó en el contexto de una época totalmente diferente. Resulta
dificultoso comprender las consignas, los objetivos y las estrategias
del Frente y aún de Néstor Perlongher, completamente ligado a él,
si no se tiene pleno conocimiento de aquella filosofía de la "liberación"
que caracterizó las décadas del '60 y '70 en Argentina y en el resto
del mundo. Y se hace necesario comprenderla con todo lo que contenía
de heroico y todo lo que contenía de ilusoria en toda la extensión
de su vitalidad y su tragedia.
PERLONGHER Y SU MILITANCIA DE IZQUIERDA
Comenzaba la década de 1970 y el indestructible compromiso social
de Perlongher lo impulsó a militar desde el Partido Obrero, en el
campo estudiantil. Su infatigable capacidad de militancia lo llevó
pronto al triunfo: en pocos meses fue elegido por sus compañeros
de curso delegado ante la Asamblea Estudiantil.
Muy influenciados por el "Mayo Francés" y otras exteriorizaciones
de libertad juvenil, los estudiantes de entonces cuestionaban no
sólo las medidas represivas, selectivas y los planes de estudios
mediocres y serviles del gobierno militar, peleaban sobre todo contra
el principio autoritario mismo del cual derivaba todo lo demás:
una ideología victoriana, una mentalidad que anulaba la imaginación
y un conjunto de costumbres hipócritas que frustraba el goce de
la vida.
Fue una época en la que se dividió la comunidad de los hombres en dos bandos enfrentados: los opresores, por un lado, y los oprimidos, por el otro. Pero, a diferencia de otras experiencias anteriores, la división no partió de oscuras y ociosas minorías esclarecidas, sino de los mismos oprimidos. Resumiendo: se puso de moda cuestionar. Y así, obreros, villeros, mujeres, estudiantes, soldados, sacerdotes, lanzaron un mismo grito de libertad. Ya ellos, naturalmente, se sumaron los homosexuales.
Es este ámbito de activa movilización popular el que encuentra Perlongher al cumplir sus veinte años y se arroja a él habiendo comprendido mejor que nadie una de las principales consignas de los intelectuales de la época: comprometerse con la realidad. Pero contrariamente a lo que hizo la mayoría, su lucha no la encaró con un espíritu cristiano de salvación del mundo. En este sentido fue fiel a las primeras y por tanto más auténticas intenciones de este movimiento. Luchó consciente de que uniéndose a sus iguales lograba, al mismo tiempo, una liberación personal. Peleó siempre por lo que era (homosexual, estudiante, encuestador; y más adelante poeta, escritor, investigador y profesor universitario); y peleó, también, por todo lo que lo limitaba en la totalidad de su proyecto de vida.
Su poema
más conocido: Cadáveres, en su voz (Si no aparece el reproductor clic en Track
details).
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Pero
no transcurrió mucho tiempo sin que entrara en contradicción con
la dirección del Partido Obrero, que lo aprovechaba por su capacidad
de trabajo y sus éxitos como militante, pero miraba con repugnancia
su homosexualidad manifiesta. Con todo, y en tanto siguiera siendo
el único delegado estudiantil del Partido, las cosas hubieran seguido
invariables; pero Perlongher quiso que la estructura partidaria
aceptara y respetara públicamente su identidad homosexual, y se
empeñó de tal modo en su idea que la ruptura se tornó inevitable.
Perlongher, entonces, renunció al Partido Obrero, pero no sin dejar
constancia escrita de que se alejaba del activismo estudiantil,
no por cobardía o comodidad, sino porque el machismo y la mojigatería
reinante en el partido eran una contradicción con la meta de cambio
social por la que se luchaba.
Muchos años después, la izquierda revisaría su posición respecto
al homosexual, en el sentido de aceptarlo; pero ya era tarde porque,
ahora, Perlongher quería más. Una de sus frases favoritas en los
años '80 decía: Yo no quiero que me acepten, ni que me quieran ni
que me comprendan... Yo lo que quiero es que me cojan". Lo cual
precipitó, seguramente, una nueva ruptura con la izquierda.
PERLONGHER Y EL FRENTE DE LIBERACIÓN HOMOSEXUAL ARGENTINO
El FLHAA se creó, por iniciativa de un grupo de intelectuales, en
algún momento de 1971. Se tomó como modelo de organización la estructura
partidaria típica de la izquierda que se conocía con el nombre de
"centralismo democrático". El grupo fundador se constituyó como
la Dirección de la organización (o sea, el centralismo) y los miembros
que se le fueran sumando deberían ajustarse a las directivas del
grupo fundador (esto era lo democrático). Naturalmente, la idea
funcionó hasta que al año siguiente, ingresó Perlongher.
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Su experiencia en el Partido Obrero le sirvió para rechazar de inmediato ese proyecto de organización y se pusiera a trabajar con los ingresantes más recientes para, una vez constituido un movimiento firme de oposición, se repudiara la autoridad de la Dirección por originarse en una doctrina machista propia del mundo masculino que sometía a la mujer y repudiaba al homosexual. La forma de organización que surgió como alternativa fue la de grupos autónomos y confederados, con pleno acuerdo en unos pocos puntos básicos y total libertad para tomar decisiones y llevarlas a la acción.
Esta
iniciativa triunfó y los miembros de la Dirección huyeron espantados.
Así nació el Frente de Liberación Homosexual que conocemos, y los
grupos se hicieron numerosos. Perlongher, junto a algunos compañeros
creó el grupo Eros.
LA LUCHA HOMOSEXUAL DE LOS AÑOS '70
La tarea de llevar adelante una lucha homosexual, sin un modelo
previo en qué apoyarse, no fue fácil. Estaba, por un lado la derecha
que consideraba la homosexualidad una degeneración biológica; y
por el otro lado la izquierda (por entonces triunfante, en particular
la izquierda peronista) que la consideraba una lacra del capitalismo.
Hubo muchos avances y retrocesos, muchas discusiones, tanto en las
acciones a realizar como en la ideología a defender. Con todo, el
difícil equilibrio se mantuvo, mientras las condiciones políticas
del país lo permitieron, merced a esa organización en grupos autónomos,
que se respetaban mutuamente. Jamás hubo un reproche, un boicot,
ni la mezquindad de pretender imponerse a los demás. Los liderazgos
se originaban en las capacidades y el compromiso de cada uno; y
las glorias provenían del enfrentamiento con el enemigo común. Y
lo que realmente prevaleció fue la solidaridad y el compañerismo,
los que, naturalmente, muchas veces terminaban en la cama.
Pero, de todas las personalidades que se identificaron con los objetivos
del Frente, Perlongher fue, indiscutiblemente, el más brillante.
Muchos fueron sus aportes: en la acción, fue el primero en insistir
con terquedad y en llevar a la práctica volanteadas y pegatinas.
No era fácil, en aquellos años, decidirse a repartir volantes y
pegar carteles en la vía pública como homosexual y con consignas
homosexuales. Muchos sentimientos afloraban: miedo, vergüenza, culpa,
desconfianza acerca de su efectividad; y la realidad daba muchas
veces la razón a los remisos. Con todo, y por la tenacidad y el
ejemplo de Perlongher el grupo Eros empezó la tarea. Tampoco la
necesidad de unir la lucha homosexual a la de las feministas se
tenía en cuenta, y fue Perlongher, otra vez, quién logró la adhesión
del FLHA a esa otra gran lucha de los '70, comenzándose tareas en
común con U.F.A. (Unión Feministas Argentinas) y el M.L.F (Movimiento
de Liberación Feminista); de lo que resultó la creación de un grupo
de discusión entre feministas, homosexuales y varones heterosexuales,
interesados en politizar el tema, hasta entonces privado, de la
sexualidad.
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Su obra poética publicada comprende seis libros: Austria-Hungría (Buenos Aires, Tierra Baldía, 1980), Alambres (Buenos Aires, Último Reino, 1987; Premio "Boris Vian" de Literatura Argentina), Hule (Buenos Aires, Último Reino, 1989), Parque Lezama (Buenos Aires, Sudamericana, 1990), Aguas aéreas (Buenos Aires, Último Reino, 1990) y El cuento de las iluminaciones (Caracas, Pequeña Venecia, 1992). Colaboró asiduamente en las revistas El Porteño, Alfonsina, Último Reino y Diario de Poesía. Preparó la antología Caribe transplantino. Poesía neobarroca cubana y rioplatense (San Pablo, Iluminuras, 1991), y publicó numerosos textos en prosa, entre los que se destacan El fantasma del SIDA (Buenos Aires, Puntosur, 1988) y La prostitución masculina (Buenos Aires, La Urraca, 1993). "Néstor Perlongher fue un escritor insaciable. Creó un estilo propio que apodó "neobarroso", en el que reunía contradictoriamente los bucles barrocos y el barro del Plata: es decir, él mismo ... la figura de Néstor Perlongher se fue agigantando de un modo tal que a esta altura aparece como una de las voces más necesarias de la última poesía argentina" (A.Schettini, La Nación). Militante del Frente de Liberación Homosexual, Néstor Perlongher murió de SIDA en San Pablo, el 26 de noviembre de 1992. |
Fue,
asimismo, por impulso de Perlongher aquella actitud permanente del
Frente de solidarizarse con todas las huelgas obreras, todas las
protestas estudiantiles, oponerse a cualquier intento golpista,
a toda filosofía pro-militar y antidemocrática; ya que Perlongher
entendía que la lucha homosexual era apenas una mínima porción de
una empresa liberacionista cuyas dimensiones abarcaba muchos otros
sectores. Se era consciente de que la rebelión homosexual era sólo
parte de una mayor y más profunda crisis social.
En cuanto a la ideología del FLHA, Perlongher también fue una figura
clave para la conformación de una nueva verdad que surgiera no de
la psiquiatría sino de los mismos interesados. En la persecución
de este objetivo que muchos despreciaban, Perlongher se instruyó
e instó a los demás a instruirse: organizó reuniones de estudio
y reflexión de las obras de Freud, Lacan, Reich, Masters y Johnson,
materiales feministas y los que enviaban otras organizaciones homosexuales
extranjeras como fue la colección de revistas del grupo italiano
FUORI (Frente Unito Omosessuale de la República Italiana). Pero,
por sobre todas las cosas, se exigió a sí mismo mayor lectura, más
investigación, mayor conocimiento, iniciando a sí ese camino de
pensador que lo llevaría, con el tiempo, a especulaciones teóricas
más brillantes y personales.
Dos grandes discusiones conmovieron al Frente, y en las que Perlongher
participó oponiendo siempre una idea libertaria: una fue con "la
izquierda progresista" quién afirmaba que los derechos homosexuales
sólo podían tener probabilidad de triunfo en una sociedad socialista,
por lo cual el homosexual debía esperar a que la clase obrera alcanzara
el poder, instaurando la "dictadura del proletariado". A esto, Perlongher
opuso los ejemplos lamentables de la URSS y Cuba, sosteniendo por
el contrario que los homosexuales de ninguna manera debían cruzarse
de brazos, ni postergar su lucha, confundiéndose con el conjunto
de la clase trabajadora; debía más bien, solidarizarse siempre con
ella pero emprendiendo al mismo tiempo una lucha paralela, que fuera
arrancando a las clases gobernantes, tanto en el campo laboral como
en el sexual, concesiones que acortaran el momento del triunfo final.
A la idea básica de la izquierda de que la lucha de los trabajadores
debía ser la lucha primordial, Perlongher subrayó la concepción
diferente de que la caída del mundo de la injusticia se lograría
mediante infinidad de luchas pequeñas aliadas.
La otra discusión fue interna, cupo principalmente a los homosexuales.
Se trata del vidrioso tema de la "marica". Un buen número de homosexuales
del Frente y de fuera del Frente, veía al hombre afeminado con recelo
y sobre él volcaba gran cantidad de improperios: se la culpaba de
frivolidad, degeneramiento, de atraer sobre el conjunto de los homosexuales
la represión policial, etc. Cerrándose la polémica con estas solemnes
palabras: "No por ser homosexual uno debe dejar de ser hombre":
Muy por el contrario, Perlongher veía en la "marica" al auténtico
homosexual rebelde, de ahí que fuera también el más perseguido.
La "marica" para el Perlongher de entonces, era el verdadero desafío
a los roles sexuales estereotipados y la más auténtica ruptura con
la cultura machista. Y por ello emprendió una campaña que rescatar
al hombre afeminado, creando así un antecedente para luego enmarcar
la discusión acerca del travesti y el transexual.
Finalmente, y también por iniciativa del grupo de Perlongher surgió
el proyecto de dejar impresas en papel las ideas homosexuales. Así
nacieron el documento "Sexo y Revolución" y la colección de la revista
"Somos", que serán para siempre testigo y testimonio de la voluntad
indeclinable de un conjunto de hombres que, en circunstancias muy
distintas a las actuales, lucharon por ser libres.
DEL FIN AL PRINCIPIO:
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En enero de 1976, la detención y enjuiciamiento de Néstor Perlongher también marca el fin de la actividad del FLHA. Y el comienzo de ese largo silencio de siete años que se instaura en la Argentina sobre el tema. Vendrán la represión, el asesinato a mansalva, el secuestro clandestino, la delincuencia en el Estado, de lo cual los homosexuales tampoco escaparían.
Su reclusión
no fue larga pero sí traumática. Y ya en 1981, la situación económica
de Perlongher se torna angustiante al presentar quiebra la empresa
para la que trabajaba (Perlongher siempre vivió de su trabajo de
encuestador, el que no dejó de brindarle cierto bienestar económico,
al menos hasta 1981), y toma la decisión de emigrar a la ciudad
brasileña de Sao Paulo. A partir de entonces su modus industriae
estará ligado hasta su muerte a la Universidad de Campina. Y tras
una corta experiencia Perlongher abandona, hacia 1984, definitivamente
la lucha homosexual organizada. Pero jamás dejará de sentirse parte
de ella. Como intelectual, como poeta, como investigador, como sociólogo,
siguió buscando imponer esa verdad que desujetara al ser humano
y en particular al oprimido por su sexualidad.
Influido, como siempre, por los autores y corrientes de pensamiento
más de avanzada (George Bataille, Deleuze, Guattari, Foucault),
con una nueva concepción del deseo, Perlongher seguiría emprendiendo
cruzadas liberadoras. Con una mirada más perspicaz, sus últimos
escritos muestran una preocupación por desenmascarar las trampas
enquistadas en el devenir y la identidad, la lucha por la dignidad
y el episodio de SIDA, alertando acerca del rol, ahora retardatario,
de mucho de los movimientos gays actuales.
Sus trabajos en prosa (El fantasma del SIDA, El negocio del misce,
escritos antes de padecer su enfermedad), todos sus poemas, y en
especial su monografía "La muerte de la homosexualidad", escrita
en plena tortura del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida, no
pretenden más que liberar, desentumecer, respirar y hacer respirar
un aire más puro y más libre.
El 26 de noviembre de 1992, Néstor Perlongher fallecía de una septicemia
generalizada producida por el SIDA que padecía desde hacía algunos
años. Murió con la misma dignidad y el mismo sentido del humor (no
exento de cierto patetismo) que lo caracterizó siempre. Su último
poema, escrito en su última semana de vida se titula "La muerte
en bicicleta". Pero no murió sólo un poeta, o un escritor, o un
pensador, murió uno de esos seres humanos dotados de una personalidad
muy especial cuya experiencia de vida, su talento y su audacia nos
servirá de guía y de modelo.
Se dirá que ha sido fruto de su época, que vivió en condiciones
políticas favorables, que su empresa fue facilitada por la suerte.
Sin embargo, lo único cierto será que Néstor Perlongher fue un hombre
sin miedo y sin prejuicios, que encaró la vida con el impulso del
deseo, el arma de la indignación y el camino de la inteligencia.
Por ello se transformó en un factor de lucha y de cambio.
Con todo, su muerte lo ha arrojado a la sociedad definitivamente.
Ahora nos pertenece. Ahora, verdaderamente, y en el comienzo mismo
de su descanso, Perlongher empieza a vivir con nosotros.
El
poema de Néstor Perlongher que publicamos a continuación, fue escrito
en 1973, o sea, en el momento en que su autor dirigió toda su energía
hacia la lucha por los derechos homosexuales. El texto se publicó
en la revista "Somos" (N° 2 de febrero de 1974) que editaba el Frente
de Liberación Homosexual (FLHA), y nunca fue incluido en los libros
que Perlongher editó más adelante, ni siquiera en el primero (Austria-Hungría).
Es pues una obra de militancia, pero que conserva la calidad que
caracterizó en todo momento la creación de este extraordinario artista.
Defensa de los homosexuales de Tenochtitlan y Tlatlexlolco
Mientras
los homosexuales se acarician en los baños
viejas arpías hilan largos largos echarpes
en lo alto de las ciudades
coloquian en torno a grandes lavarropas azules
sobre la representación de las tragedias griegas y los principios
de la catarsis
mientras que sus maridos los aztecas
cazan en sus oficinas para los sacrificios de la cena
los canarios duermen la siesta de los gusanos.
Cuando
les sea concedido el derecho a la caricia – qué cosas éstas –
saldrán de sus baños subterráneos con humeantes tazas de té entre
las manos
en donde proyecten celestes espacios aires istamdos de sofocantes
islas tropicales
pobladas de dulces nativos cimarrones devastados tímidos por el
inexplicable ataque de los cañones
ingleses, inexplicable!
rostros
en donde la solitaria humedad de los caracoles socialmente oprimidos
ha cultivado tristes flores de afeite
y labrado el sudor desfiladeros de baba en torno a sus pupilas
lluviosas como la conmoción del mar en los acantilados de Escocia
tal vez
-como quien desconoce el placer de los besos en los parques soleados-
quizás
-como
quien desconoce el placer de los besos en los parques soleados-
contemplan ásperamente desde sus colchones fermentados de ácidas
rancísimas emanaciones
con la indiferencia de las viejas perras sorprendidas en los zaguanes
acostumbradas como están a ver morir a sus hijos ahogados en las
ollas de guisado
donde las mujeres de los aztecas resuelven los sacrificios de la
cena.
Es demasiado tiempo
porque las Plazas de Toros están repletas
si descubrieran a un marica lo mandarían a las cuadras
donde los grandes campeones no pueden entender –qué cosas éstas-
la proyección de celestes espacios aires istmados de sofocantes
islas tropicales
pobladas de dulces nativos cimarrones devastados tímidos por el
inexplicable ataque de los cañones
ingleses, inexplicable!
como la proliferación de las agencias matrimoniales y los hoteles
alojamiento protegidos por el
Estado
cuyos policías recorren las cerraduras en busca de víctimas expiatorias
para los templos
del brazo de sus amantes las princesas rusas
mientras
los homosexuales se acarician en los baños
tienden sus cálidas manos hacia los villancicos de amor de las campiñas
sus gordos ojos
sueñan sueñan las islas
bellas extrañas islas inexistentes subjuntivas donde se mimetizan
con los plumajes exóticos de
grandes aves lujuriosas injustamente perseguidas
que abandonan durante la noche los zoológicos sitiados las fortalezas
las ciudades sitiadas que defienden los aztecas.
Fuente: www.icarodigital.com.ar
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Homenaje
a Néstor Perlongher
El chorro de Néstor
Por José Quiroga, Universidad George Washington
¿Para qué clasificar a Néstor Perlongher? ¿Por qué no hablar mejor,
como a él de seguro le hubiera gustado, de un "chorro Perlongher",
de un "devenir-Néstor"?
La obra de Perlongher está llena de cercas, fronteras, bordes desmoronándose
o a punto de caer, en una orgía de palabras que se deslizan, formas
que se desgarran, pañuelos que se deshilan. Dicho de otra forma,
el territorio Perlongher devora y despilfarra todo lo que encuentre
a su paso. La zona
territorial sobre la que trabaja es una zona que se borra al escribirse;
la zona linguística que elabora es cada vez más la de un portuñol
con visos retóricos del cubano Lezama; la zona histórica que le
interesa es una mezcla de pasado y presente: el sitio de Montevideo
por Rosas y la guera de las Malvinas. Y todo esto en un vocabulario
entre culto y gaucho, inventado y memoriado, que lleva a sus lectores
a fatigar diccionarios, o simplemente a dejarse arrastrar por el
devenir mismo del texto que se derrama. Todo un chorro.
Era antropólogo urbano y poeta exquisito. Le gustaba de seguro la
masturbación en el cine, y la segunda piel que forma la tela bien
ceñida al cuerpo. Hay en su poesía voluptuosidades. Pencas y gladiolos,
bacarat, braguetas de estibadores, labios despintados de rouge,
plumas de avestruz, dedos pringados, espesas gotas de semen.
Nació
el día de Navidad de 1945 en Avellaneda, provincia de Buenos Aires.
Terminó su licenciatura en sociología y se fue a vivir a San Pablo,
Brasil, en el 1982. Ya había publicado su primer libro, Austria-Hungría,
en 1980, y en 1985 fue nombrado profesor en la Universidad de Campinas,
donde había terminado una maestría en Antropología Social. Su segundo
libro, Alambres, es de 1987, y ganó el premio Boris Vian de literatura
argentina. Es aquí donde Perlongher publica su poema "Cadáveres"en
abierta referencia a los desaparecidos durante la guerra sucia argentina
de los setenta.
Ya su apasionamiento por la poesía barroca cubana de José Lezama
Lima era evidente para cuando publicó su tercer libro de poesía,
Parque Lezama, (1990), que remitía no sólo a un parque en concreto
en la ciudad de Buenos Aires, sino también al territorio marcado
por la poesía del maestro que Perlongher convirtió en toda una corriente
de poesía –llamada, por él, o más bien deslizándose hacia el significante:
"neobarrrosa". El desplazamiento en el significante ya en sí parte
del ajedrez poético que chorrea en su trabajo.
Sus
textos en prosa, coleccionados en el volumen titulado Prosa plebeya,
van desde "El fantasma del SIDA (1988) hasta La prostitución masculina
(1993)- su estudio del tema en las calles del centro de San Pablo.
Publicó en numerosas revistas de poesía: Alfonsina, Último Reino
y Diario de Poesia. Se destaca, en estas publicaciones, su feroz
ataque a grandes zonas de la esfera política de izquierdas y derechas
argentinas durante la guerra de las Malvinas, en un articulo titulado
"Todo el poder a Lady Di" publicado en una revista feminista de
escasa circulación titulada "Persona": "En medio de tanta insensatez",
señala Perlongher, "la salida más elegante es el humor." Pero era
un humor corrosivo en el que poco se podía esconder el hecho de
que "presuntas vanguardias del pueblo revelan su verdadera criminalidad
de servidores del Estado."
Trostskista, y deleuziano, más-que-vanguardista, Néstor Perlongher
murió de SIDA en San Pablo, el 26 de noviembre de 1992. Fue una
de las voces más abiertas cuando la realidad pacata quería esconder
los verdaderos estragos de la enfermedad.
Y entre sus legados, toda la irrealidad gozosa, enjoyada, maquillada,
que se concentra en esa imagen que responde Perlongher a la imagen
de la madre lezamiana: la diosa puta que también es un pastiche,
un travesti, un punto de arranque efectivo para una lucha política
que sea toda superficie pulsante de inconcebibles identidades: Evita
Perón con aires de lupanar, diosa masturbatoria.
Fuente: www.habanaelegante.com
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Siglas
Poema bufo sobre la historia de la izquierda argentina en la década
del 60. Fue escrito en 1978 y publicado en Utopía nº 4, 1985.
Entonces confías en el FRP, junto a restos de la ARP, nostálgica
del PVP, del FPL y, por qué no, de la UP
Pero no conseguías olvidar las deliciosas reuniones del MALENA
-eran los tiempos en que el FRIP se fusionaba con Palabra Obrera
para formar el PRT- Secesiones sionistas fundarían PO
De paso por LIM -TAU fuiste a dar en el FA -y en esa noche de los
bastones largos optaste por EA- posteriormente EA (A)
Fanatizada por la guerrilla agraria partiste hacia Formosa y en
el camino un joven estudiante a la sazón contacto de LVR tanto te
entusiasmó con el PCCNRR (era una época en que el revolucionarismo
de los grupos se medía por el número de consonantes de sus siglas)
que te afiliaste a ARFYL; cuando llegó el momento de votar, en la
iglesia, te volcaste a la TERS, ¡porque sus críticas al programa
del UAP eran perfectas!
no tanto como para que en la ruptura de UPE -cuando lo de la OLAS-
te sumaras a EC -en Filo TAR-
Lo cual estuvo a punto de costarte la expulsión del MAVIET -apenas
te mantuvo tu amistad con el MAR- que, en cierto modo, te recordaba
al PSAV, antes LDA, cuando ni imaginabas que el ya descalabrado
PSA devendría a la larga PSP, PST, CSA
Acaso fue a partir de la lectura de un material del CyR -escrito
por un ex del EGP- que comenzaste a revalorizar el rol del MNRT,
cuando hasta ser del PEN era tenido por sospechosamente cómplice
del SUD, la CGU
Nadie pudo entender tu reivindicación del MLLFL -un grupo tan ridículo
como la UJ o la UPI
(Tan sólo algunos férreos militantes del PO (T), que levantaban,
desde hace tantos años, las consignas del POBS)
Por ello en la escisión de la CGTA
Se te vio tan afín a las 62 -anticipando, de alguna manera, tu adhesión
a la línea del JAEN- que más de uno te creyó cogida en las espesas
redes de la RF
(en el contexto algo tan siniestro
como montarse al MID en la fractura de UCRI)
Te hiciste tan compinche de los adolescentes de la UES, y, paralelamente,
tan adicta al FOEP
que no hubiera extrañado que llevaras los panfletos del PSIN al
mitin de LT
Fue allí, cuando por una disputa personal con un cuadro del MAP
tuviste esos desafortunados encuentros con VC
con que sólo lograste enemistarte tanto con los núcleos obreros
del PT
-cuyo apoyo bien te hubiera servido para enfrentar la desviación
del MARA-
que aquéllos prefirieron la postura de la JSA en la cuestión del
CAR antes de que la LIR, aliada al LUCHE, desbancara al TUPAC (cuando
ya se venía el apogeo del CEP, de la CA)
Pero con la derrota de SITRAC, recalaste en CENAP, definitivamente
hostil al PCR y, aún, al PRC
-no dejaste por eso de vigilar de cerca las intrigas del FRA ni
de atacar, oculta en el control de una acción del CD, los planteos
ultristas de TC respecto de las FAL-
y tan fiel al PB
que en lugar de treparte alegremente al camión del FREJULI -junto
al MNY y al PPC-
¡quisiste echar a gritos a un viejo carcamán del PCP de una UB de
las FAR!
-perdiendo así tus últimos enlaces con el MOR
Y, tras la disolución del CPL, se volvió tan difícil combinar tu
íntima simpatía por el GOR y, más, por la FR
con la loca aventura del PA aliado al 22
que aceptaste esas charlas ominosas con las bases de EO
en ese mismo bar donde tu compañero del PCML- que estaba haciendo
entrismo en LC-
rompió contigo, en medio de la crisis del FAS.
El autor
agradece la colaboración de las siguientes organizaciones:
Frente Revolucionario Peronista, Acción Revolucionaria Peronista,
Partido Vanguardia Popular, Fuerzas Populares de Liberación, Unión
Popular, Movimiento de Liberación Nacional, Frente Revolucionario
Indoamericano Popular, Palabra Obrera, Política Obrera, Partido
Revolucionario de los Trabajadores, Línea Independiente Mayoritaria,
Tendencia Antiimperialista Universitaria, Estudiantes Antiimperialistas,
Estudiantes Antiimperialistas (Auténticos), Lista Violeta Reformista,
Partido Comunista Comité Nacional de Recuperación Revolucionaria,
Acción Reformista de Filosofía y Letras, Tendencia Estudiantil Revolucionaria
Socialista, Unidad Antiimperialista Programática, Unidad Programática
Estudiantil, Organización Latinoamericana de Solidaridad, El Combatiente,
Tendencia Antiimperialista Revolucionaria, Movimiento Argentino
de Solidaridad con Vietnam, Movimiento de Acción Revolucionaria,
Partido Socialista Argentino de Vanguardia, Los de Abajo, Partido
Socialista Argentino, Partido Socialista Popular, Partido Socialista
de los Trabajadores, Confederación Socialista Argentina, Cristianismo
y Revolución, Ejército Guerrillero del Pueblo, Movimiento Nacionalista
Revolucionario Tacuara, Frente Estudiantil Nacional, Sindicato Universitario
de Derecho, Confederación General Universitaria, Movimiento Línea
Las Flores Luján, Unión de Jubilados, Unión de Propietarios de Inmuebles,
Partido Obrero (Trotskista), Partido Obrero Basado en los Sindicatos,
Confederación General del Trabajo de los Argentinos, 62 Organizaciones,
Juventudes Argentinas de Emancipación Nacional, Rama Femenina del
Partido Justicialista, Movimiento de Integración y Desarrollo, Unión
Cívica Radical Intransigente, Unión de Estudiantes Secundarios,
Frente Obrero Estudiantil Popular, Partido Socialista de Izquierda
Nacional, Liga Trotskista, Movimiento de Acción Programática, Vanguardia
Comunista, Partido del Trabajo, Movimiento Autónomo Radical de Avellaneda,
Juventud Socialista de Avanzada, Comandos de Acción Revolucionaria,
Línea Izquierdista Revolucionaria, Línea Universitaria Che Guevara,
Tendencia Universitaria Popular Antiimperialista Combatiente, Comandos
Estudiantiles Peronistas, Carta Abierta, Sindicato de Trabajadores
de Fiat Concord, Partido Comunista Revolucionario, Partido Revolucionario
Cristiano, Frente Revolucionario Antiacuerdista, Cuerpo de Delegados
de Filosofía y Letras, Tendencia Comunista, Fuerzas Armadas de Liberación,
Peronismo de Base, Frente Justicialista de Liberación, Movimiento
Nacional Yrigoyenista, Partido Popular Cristiano, Comandos Populares
de Liberación, Grupo Obrero Revolucionario, Fracción Roja, Partido
Auténtico, Ejército Revolucionario del Pueblo 22 de Agosto, El Obrero,
Partido Comunista Marxista Leninista, Liga Comunista, Frente Antiimperialista
por el Socialismo, Partido Conservador Popular, Unidades Básicas,
Fuerzas Armadas Revolucionarias, Movimiento de Orientación Reformista.
Fuente: Perlongher, Néstor, Prosa Plebeya: ensayos 1980-1992, Buenos
Aires, Colihue, 1997. Tomado de: www.golosinacanibal.blogspot.com
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Néstor
Perlongher: ser gay en los '70
Por Mario
Burgos
Néstor
Perlonger fue sucesiva y paralelamente científico social, poeta,
pensador
En los '70, por encima y detrás de estos avatares, Néstor era un
militante.
Desde la Carrera de Letras había llegado al ejecutivo del Cuerpo
de Delegados de Filosofía y Letras de la UBA y, sin gastar palabras
en discusiones que a veces llevaban días enteros, Néstor estaba
a cargo de una actividad: era responsable de la autodefensa de las
movilizaciones.
Molos, palos, grupos, objetivos, la Guardia de infantería y los
hidrantes eran su problema, y para resolverlo desplegaba un menú
tan monótono como eficaz: "fulano aquí, acá una pareja, en esta
esquina van cuatro, las molos van allá, estos cuidan en la peatonal
que nadie se queme, en la semana hay que ir a estos bares a ver
si sirven para hacer control".
Pero sería erróneo decir que Néstor era solo un militante. En un tiempo de sexo en blanco y negro, Néstor era un homosexual visible, explícito, provocador.
Se vestía,
hablaba y gesticulaba, como le parecía que podía dejar más clara
su elección sexual y cuando quedaban dudas las aclaraba. Si en algún
momento Maradona paseó un tapado blanco de piel en la ilusión de
que ningún símbolo de poder le quedaba chico, Néstor se reía de
la pacatería en el '70, cruzando Puente Alsina, también con un tapado
blanco, de piel sintética, a las 2 de la mañana, bancándose las
puteadas de canas, ociosos y laburantes hasta hacerse una figura
cotidiana.
Mucho antes que el resto de nosotros, Néstor había percibido que
en la década del cambio la argentina conservadora guardaba un reducto
casi inexpugnable: la revolución sexual no entraba en la disputa.
A contramano de su tiempo, tampoco fue un tipo digerible en el "mundo
homo", ya que percibía los mismo tics pero en versión ridícula.
"Es paradójico que para defender nuestro espacio debamos abrazar
la causa de la pareja monogámica burguesa como forma de unión, cuando
todo el mundo empieza a comprender su carga de cinismo y repetición".
Insatisfecho con la oferta de una militancia castrada o una homosexualidad
cortesana, Néstor tendía un puente de rebeldía entre sociedad y
sexo y nos provocaba con su coherencia.
Después vendrían la fundación del Frente de Liberación Homosexual,
el golpe y su partida, la Universidad de Campinas, el SIDA y su
muerte.
En el medio, poesías como aquella que, sin nombrar al Proceso, enumera
todo los quehaceres cotidianos de la gente y la ciudad para repetir
en cada pausa "hay cadáveres..."
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Por
Néstor Perlongher
Hemos sufrido mucho en estos largos años (y aún...) Dice Dante Panzeri
que el sufrimiento es muy grande antes de llegar al goce. ¿Pero
es que, en política, se está hablando de goce? Toda política es,
también, una política de la sexualidad. En la Argentina militar,
la política del Estado se ha dirigido a evitar la consumación –dificultar
el "acto" sexual–. Así, hacer el amor ha dejado de ser un pecado
para convertirse en un milagro.
Es cierto que esa represión explícita a la sexualidad –que ha llegado
a censurar la mínima alusión erótica– se encastra en una densa tradición
machista, machismo que muestra su poder castigando a los más débiles:
las mujeres, los maricas, los niños.
Pero este machismo –moralismo que también afecta a los machos en
sus andanzas extrafamiliares– no podría tal vez tan fácilmente vencer
si no contase con el auxilio de la Policía.
La policía puede, en la Argentina, detener a cualquier persona por
un plazo que oscila entre 2 y 7 días, con la excusa de "averiguación
de antecedentes". Ese expediente ha sido usado siempre –y con mayor
denuedo en los últimos años– para encarcelar, intimidar, ofender
a millares de personas.
Peor aún es la situación de los menores de 18 años, que por el solo
hecho de hallarse fuera de sus casas familiares, pueden ser internados
en reformatorios, verdaderos campos de concentración de niños.
Los llamados edictos policiales –que no son exactamente leyes sino
reglamentaciones internas de la policía– permiten detener a cualquier
persona sospechosa de prostitución, homosexualidad, vagancia, ebriedad,
etc., y recluirla sin intervención de la Justicia, en la cárcel
¡por plazos que oscilan entre los 30 días en Buenos Aires y los
90 en Córdoba!
Estas reglamentaciones no tienen nada que ver con el estado de sitio
que padece el país. Los edictos policiales vigentes en Buenos Aires
fueron introducidos bajo el gobierno de Perón en 1946. Un fallo
de la Corte Suprema los declara inconstitucionales en 1957 porque
no respetan el derecho de defensa. Pero eso no impide a Frondizi
aplicarlos con saña, gracias a los servicios del comisario Margaride
(jefe policial bajo las administraciones de Frondizi, Guido, Onganía,
Perón), que adoraba allanar hoteles alojamiento, detener a parejas
por besarse en los parques, organizar gigantescas razzias en subtes
y cines en busca de vagos y perversos.
El régimen actual se ha preocupado por dictar edictos policiales
en los lugares donde ellos no existían –como Mendoza y Córdoba–.
El Código de Contravenciones dictado en Córdoba en 1980, no precisa
para castigar "mujeres u homosexuales", otra prueba que...su permanencia
en un lugar público. Basta sólo "frecuentar (es decir, charlar)
con un menor, para ser encarcelado por tres meses. Se impone también
la internación y cura forzosa del enfermo venéreo, extendiendo a
los sifilíticos el tratamiento reservado a los "drogadictos" y a
los locos. Estos temas sexuales nunca han tenido que ver con la
política, porque la política suele ser un deseo de poder antes que
de goce. Pero miles de hombres, mujeres y niños han sido molestados
o secuestrados por la policía por no estar yendo "de la casa al
trabajo y del trabajo a casa".
Claro que al que soporta los estandartes de la normalidad le resulta
más fácil "eludir los patrulleros" que a quien no se los banca.
Pero es la libertad de circulación y comunicación, amorosa, cotidiana,
lo que estas prepotencias del poder cercenan.
La llamada "normalidad" se ha encargado de mostrar suficientemente
en la Argentina lo doloroso de su fracaso. Si para mantener a los
homosexuales fuera de las calles, es preciso llamar a la policía,
entonces queda evidente que esa "normalidad" no funciona por "naturalidad"
sino por el peso de las armas. Si la llamada "normalidad" precisa
de la dictadura para sobrevivir, entonces revélase ella misma anómala
(...)En este momento el lector abraza tiernamente a su esposa: yo
no tengo, gracias a Dios, nada que ver con la homosexualidad. ¿Está
usted seguro? ¿No será usted en su tibia normalidad, un cómplice
complaciente de ese reiterado escarnio? Su miedo a la sexualidad
¿no tendría que ver con la represión moral que familias y policías
inculcan desde pequeño?
Nos parece genial que cada cual haga lo que quiera con su cuerpo.
Reprimir a la homosexualidad le agrega a esa práctica erótica un
encanto subversivo del que ella, naturalmente, carece. Pero que
el goce pase por la tortura, la humillación y el secuestro, ya nos
parece excesivo. "Hasta la perversión –decía el Marqués de Sade–
exige cierto orden."
Si usted acostumbra dejar su sexualidad en manos de la policía,
es lógico que le va a acabar gustando. De ser así, entonces esto
"no se va a acabar".
–Derogación de los edictos policiales que reprimen la prostitución,
la homosexualidad, la vagancia, la "ebriedad y otras intoxicaciones",
etc.
–Fin de la "averiguación de antecedentes".
–Abolición de la censura.
–Libre circulación para menores, putas, taxiboys, travestis, homosexuales,
hombre y mujeres en general...
Deseamos que esas demandas sean levantadas en todos los lugares:
familias, partidos, grupos, bares, calles, instituciones, medios,
etc. No precisamos de la policía para saber cómo comportarnos. Nuestra
cotidianidad es un problema nuestro. Aprovechemos el momentáneo
"repliegue" del régimen para acabar también con el autoritarismo
y la prepotencia del poder.
Un beso.
["Por una política sexual" fue escrito durante la dictadura militar
y distribuido por entonces de forma anónima y en fotocopia, se mantenía
inédito]
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Perlongher
vive
Por Claudio Zeiger
Este volumen que recopila obras de Néstor Perlongher se inscribe rápidamente en una continuidad de rescate y valorización que se viene produciendo desde hace aproximadamente diez años. Como lo señala en el prólogo el crítico Adrián Cangi (quien además se hizo cargo de la edición del libro junto a Reynaldo Jiménez), "Papeles insumisos continúa el trabajo de investigación iniciado por Christian Ferrer y Osvaldo Baigorria en Prosa plebeya, ensayos de Néstor Perlongher que abrió a los lectores una diversidad de materiales perseguidos con empeño en distintas tierras y publicados en medios siempre al borde de la desaparición, clandestinos y de cortas tiradas, en donde Perlongher gustaba descargar su pluma". Podrían agregarse también Lúmpenes peregrinaciones (artículos sobre Perlongher compilados por Cangi y Paula Siganevich) y la tercera parte de Fiestas, baños y exilios (Flavio Rapisardi y Alejandro Modarelli) donde se esboza una minibiografía de Perlongher. Y por qué no agregar los Poemas completos publicados por Seix Barral, edición prologada y al cuidado de Roberto Echavarren que puso los seis libros de poemas al alcance de un público bastante extendido (mucho más que la media de la poesía). Como sea, y a pesar de haber muerto en 1992, retomando la consigna convertida en título de su cuento maldito "Evita vive", Perlongher también "vive".
La revalorización no es sólo homenaje o ritual de amigos. Por cierto,
hay zonas muy controvertidas y discutidas de su obra y lejos está
de agotarse la posibilidad de interpretarla. Adrián Cangi, por ejemplo,
lo consideraperteneciente "al archipiélago de los pensadores libertarios
porque mantiene en su obra una actitud de insumisión política, ética
y estética". También se puede pensar su poética como una puesta
en acción del programa filosófico de Deleuze y Guattari, algo bastante
obvio en su trabajo sobre la prostitución masculina (la presencia
del deseo en lo social) pero no tan obvio en una poesía que privilegió
el trabajo extremo con el lenguaje en su fijación obsesionante con
el neobarroco, donde "lo social" reduce el espesor de su resonancia.
Pero quizás la clave la haya dado el propio Perlongher cuando analizaba
un poco esas tensiones que convivían en él desde el origen, entre
el plebeyo que aspira al lujo que no pudo tener en la infancia y
el príncipe que siente nostalgias del barro y sale a yirar por los
bajos fondos. "Yo tenía un espíritu plebeyo, de barrio de extramuros,
que me llevaba a sentir la poesía como algo muy bello. Mezclado
con los bestial, enchastrado, embarrado, pero lleno de brillos y
de lujos, feo jamás", explica Perlongher en una entrevista incluida
en este volumen. Y concluye con una de esas intuiciones geniales
que podía disparar en el momento menos pensado (como cuando escribe
en carta a Sarita Torres su hipótesis de que la guerra de Malvinas
fue porque "los milicos no podían soportar que una parte del territorio
del Estado no estuviera sembrado de cadáveres"): "Lo poético no
puede ser feo".
La poesía como lujo y derroche, y el deseo del fango social, son
las dos corrientes más visibles en Perlongher, a la vez príncipe
y plebeyo, que no necesariamente se identifican del todo con el
"ensayista" (supuesto plebeyo) y el "poeta" (supuesto príncipe).
De todas formas y sin necesidad de adscribir a esta hipótesis, Papeles
insumisos ofrece una cantidad de materiales que dan cuenta abundantemente
de lo principesco y lo plebeyo en Perlongher.
La correspondencia con su amiga Sarita Torres es de las zonas más
emocionantes y ricas del volumen: ahí está el derrotero desde su
exilio en San Pablo hasta los momentos finales de su vida, y cómo
la intensidad de escritura no cedía ni un ápice en la forma epistolar.
Las Malvinas, el peronismo, Evita, el Caribe trasplantino, Lezama,
Haroldo de Campos, los "michés" y las "bichas", Guattari, el nomadismo
y la desterritorialización son algunos de los clásicos tópicos perlongherianos
que orientarán al lector que venga de lecturas previas. Además,
hay que agregar la hipótesis de la insumisión de Cangi: leer a Perlongher
como a un revolucionario de los estilos y la vida cotidiana, un
militante que abre la puerta en medio del debate y sin saber de
qué va primero dice "yo me opongo", un activista que descree de
la poesía social, un homosexual que rechaza la "identidad gay".
Perlongher huía de las fijaciones y Papeles insumisos en su diversidad
de géneros y materiales heterodoxos, bien lejos está de sujetarlo.
Más bien, lo ayuda a seguir andando.
Correspondencias
Sao Paulo 3.7.82
Rainha:
(...) "Estábamos con la delicia de la Felicia Guattari. Realmente
su venida fue un gran éxito, y se formaron unas bandas de públicos
nómades que peregrinaban en pos de su fala, con todas las eclécticas
gamas de lo ‘alternativo' –que van desde un academicismo ligero
a los cultores de lo ‘psi'–. Me coloqué raudamente a la izquierda
de esas bandas.
El problema pasa, en gran parte, por la cuestión del PT (Lula).
Los elogios de Guattari a Solidaridad, creo, no se detenían en la
retórica revolucionaria que, por otro lado, usó a rabiar. Se sustentaban
en una constatación: los movimientos moleculares (minoritarios)
no podían seguir girando sobre sí mismos, so pena de resolverse
en la inacción y la microgrupusculización (momento, pero sumido
en un devir, de la fala guattariana. Ahí en ese medio Guattari colocaba
toda la carga de su retórica antiedípica y ahora ‘rizomática'. Pensar
en el rizoma: se opone a la representación arborescente (en forma
de árbol) que obliga a significar las cosas como con una raíz, un
tronco y unas ramas: no: el rizoma (el ejemplo botánico serían esos
tronquitos acuáticos que venden en Brasil) se desarrolla horizontalmente
y cualquier conexión puede producirse en cualquier parte, no hay
eje, no hay origen: pero el rizoma también puede endurecerse y tornarse
máquina de muerte. Yo estoy poetizando un poco la maquinilla de
esa fala, pero con licencia poética dígase que esas articulaciones
falantes perforaban una ‘transversalidad': te atravesaba de parte
a parte y te movía cosas (el encanto del devenir): y no dejó de
hablar del ‘devenir femme' todo el tiempo –aquí se dice devir mujer,
devir bicha (gay).
Hubo momentos brillantes y otros más opacos. Entre los primeros,
una multitudinaria reunión en la sede de una candidata a veredeara
‘autonomista' del PT (Katy), con las minorías. Guattari decía que
las minorías debían conectarse al PT, conservando su especificidad.
El PT, sabrás, es una alianza estilo ‘conexión polaca': curas progresistas,
sindicalistas influenciados por la Iglesia, y otros autónomos sin
ser libertarios, trotskystas, disidentes, libertarios de salón,
etc. Para algunos, ese pasaje ocasionaba la obsolescencia de la
pulsión molecular, la molarización del grupo: porque se burocratizaba,
se partidizaba. Y además, estaba la Iglesia de por medio. Yo di
el ejemplo de una bicha politizada que se dirige al ateo de suburbio
y le dice: No, m'hijo, ahora la Iglesia es bárbara, vamos a casarnos
de blanco...Un trotskysta dijo en ese debate que la consigna de
autonomía solía encubrir los manejos paralizantes de la Iglesia.
Guattari acusó de ‘pesimista' y de ‘militante profesional' a cada
una de esas posiciones. Asoció el pesimismo a la autoculpabilización.
A mí la idea de culpa me parece muy sentimental para funcionar en
ese esquema, pero en fin, algo de razón tiene: al menos en lo que
hace a la necesidad de alguna conexión con lo ‘macro', ya que el
aislamiento lleva a un narcicismo de grupo que se distancia de lo
real y de lo que pasa. Se estaba dando el ejemplo del derruido Movimiento
Homosexual paulista.
Fragmentos de ese movimiento lograron convocar, en la sede del grupo
Lésbico Feminista (peleadísimo con el Sos Mulher de la Teca, quien
empero concurrió), a una minirreunión de unas 30 personas con Guattari,
donde él estuvo espléndida hablando de su deseo de ser mujer...nos
encantó. La Felicia viene muy pesada: ella sí que se podría mandar
un flor de entrismo y hacerle la cabeza a Lula, la chica esa es
muy ambiciosa, quiere llevar el esperma de Lula en un frasquito
a Francia para mostrar que se lo pasó, y se encontró con él a solas,
en un hotel del centro...se dice de mí."
[Fragmento de una carta a Sarita Torres fechada el 7/10/82]
Sao Paulo, 31.8.92
Querida Sarita:
Enorme alegría me causó tu llamado, conmovente. Preciso un poco
de mimo, porque en general me siento solo. Esta enfermedad provoca
un aislamiento progresivo porque uno no consigue acompañar el ritmo
de los otros y va quedando rezagado. En tu llamada sentí que nos
habíamos del todo reencontrado, después de ese furioso brote que
padecí, que –ahora lo sé– responde al nombre de manía, y es común
entre víctimas de este inexorable mal.
La desesperanza (desesperación) desanima, estoy apático, sin ganas.
Para peor pasé a tomar dos antidepresivos que me hunden en una amodorrada
somnolencia. Recetados por un psiquiatra que entiende bastante del
asunto. Me harté de la infinita charla psicológica.
Te reseñaré mis males.
Citomegalovirus: me hizo perder la visión de un ojo y resiste al
medicamento, obligado a tres mañanas semanales de inyección endovenosa
de variada estirpe.
Microbacterium: es terrible, parecida con la tuberculosis, exige
tomar cinco antibióticos, tres en ayunas y dos por las venas.
Diarrea permanente, ya no saben qué darme. No puedo apartarme un
milímetro de la pesada dieta: comí un pan integral y lo pagué con
creces (feces). Es intempestiva e imperiosa. Un absoluto escarnio.
Sarcoma: lo innombrable, no lo tratan porque la quimioterapia, siendo
inmunodepresora, temen que me bajen aun más las defensas.
Defensas: por el piso, mi t4 está ahora en 18 (lo normal es 1000).
Criptosporidium: un parásito intestinal tenaz, nada le hace mella.
Importé un carísimo medicamento americano que poco me hizo. El médico
experimenta...
Neuritis: dolor en el torso, en verdad en las terminaciones nerviosas;
el antidepresivo los sosiega.¡Gracias al alto cielo, no tengo fiebre!
A veces sudores nocturnos que obligan a cambiar las sábanas (para
lo cual precisaría un acompañante nocturno).
Ulcera: en la boca del estómago. Está pasando, pero cualquier cosa
más fuerte (un bife de lomo) la reactiva. Me dopo con litros de
buscapina (aquí llamada Buscopan; cántase: "Buscopan, no me dan,
buscoqueso y me dan hueso y me rompen el pescuezo" en las farmacias).
Aquí tengo una empleada que cocina. También contraté a un asistente
para ir al Bco, al correo, a buscar cosas en disparatados lugares.
Estoy tratando ansiosamente de mudarme a un departamento más grande
donde se pueda alojar a un acompañante sin atropellos. Pero sin
suerte, los departamentos se me escapan de las manos como una agüilla
triste y vaporosa. Ya van tres que pierdo, por despótica volubilidad
de los propietarios.
Hoy el médico me autorizó a viajar. Espero hacerlo en octubre. Tendré
que llevar vagones de medicamentos. Lo que más me preocupan son
las aplicaciones endovenosas, disolviendo drogas en el suero, que
deben hacerse en un hospital. Me gustaría, ya que estás en el tema,
que me averiguases:
dónde se puede hacer ese tratamiento aunque sea pagando.
si se consigue el medicamento Cipro. Endovenoso.
Son frascos voluminosos que exigirían una carretilla. Preguntale
a las chicas del Coinsida. Gracias.
Pensar en que voy a quedarme con vos, me hace feliz. Te lo agradezco
de alma.
Osvaldo B me llamó.
Te llamaré cuando tenga más clara la fecha del viaje que ahora se
me figura posible, concreto. Llamame que estoy con saudade extrema.
Un beso dunesco
Néstor Rosa
[Carta a Sarita Torres fechada el 31/08/92. Fuente: Radar, Página/12,
10/11/04]
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La
religión de la ayahuasca*
Néstor Perlongher (1949-1992)
"Nao creías nos mestres que le aparecen
E nem con eles o caminho queira andar
Creía somente en teu Jesús
Que ele é que tem para te dar
Meu mestre a Vós aquí eu peço
Para vos me guiar
Me guie no caminho da Santa Luz
Nao deixa nínguém me derribar
Segue sempre teu caminho
Deixa quem quiser falar
Recebe a tua Luz de Cristal
Te firma e te compõe em teu lugar
Recebe todos que chegar
Faz o que eu te mandar
Não deixa fazer o que eles querem
Espera até o dia que eu chegar"
Vibración de la luz (por momentos parece que las lamparitas del
templo estuviesen a punto de estallar), explosión multiforme de
colores, cenestesia de la música que todo lo impregna en flujos
de partículas iridiscentes, que hormiguean trazando arcos de acerado
resplandor en el volumen vaporoso del aire, un aire espeso, como
cristal delicuescente. La acre regurgitación del líquido sagrado
en las vísceras - pesadas, graves, casi grávidas- convierte en un
instante el dolor en goce, en éxtasis de goce que se siente como
una película de brillo incandescente clavada en la telilla de los
órganos o en el aura del alma, purpurina centelleante unciendo,
a la manera de un celofán untuoso, el cuerpo enfebrecido de emoción.
Estamos en una ceremonia de ingestión de ayahuasca, realizada en
una "iglesia" del Santo Daime. Los participantes de la ceremonia
-hombres de un lado, mujeres del otro, ataviados austeramente: camisa
blanca y pantalón azul, para los primeros; camisa y pollera de los
mismos colores para ellas; para las ceremonias de fiesta, coincidentes
con fechas religiosas u onomásticas, el uniforme es blanco con cintas
verdes y ellas lucen coronas; una estrella de seis puntas, con un
águila y una luna grabadas, orna los pechos de los fardados ("uniformados",
o sea, iniciados)- se disponen en forma de doble L en torno de una
mesa donde titilan velas y piedras transparentes en la blancura
de un mantel bordado: en el centro, yérguese imponente la Cruz de
Carayaca (la de dos maderos horizontales, simbolizando la segunda
venida de Cristo a la Tierra).
A los rezos, de inspiración cristiana con aportes espiritistas y
esotéricos, sigue la distribución de la ayahuasca, la bebida sagrada
preparada a partir de una complicada maceración de cierta liana
amazónica, el yagube. (Banisteriopsis caapi), en mixtura con la
chacrona o rainha (Psychotria viridis), un arbusto tropical, hecha
en un alto clima ritual. Mezclada a veces con otros elementos vegetales
-tal el poderoso toe; la temible datura o hierba del diablo (2)
- y objeto de una variedad de denominaciones (en el Santo Daime
ella es llamada simplemente Daime) y usos rituales según los grupos
que la toman, la bebida, ya era adorada por los incas que le dieron
el nombre de ayahuasca (literalmente, vino de las almas o vino de
los muertos, ya que a su influjo invócaselos).
Schultes y Hoffman, importantes estudiosos del asunto, destacan
el carácter mágico del yagé: "Al noroeste de América del Sud, existe
una planta mágica de la cual los indios piensan que libera el alma
del cuerpo, ella puede entonces errar libremente, sin trabas y retomar
su envoltura carnal cuando así lo desea. Esa planta emancipa a su
posesor de la sumisión a lo cotidiano y lo introduce en los reinos
maravillosos que los indios consideran la única realidad." (3) Considerado
sagrado y venerado como tal, el potente brebaje, capaz de producir
visiones celestes y desplazamientos cósmicos, es de uso inmemorial
entre los pueblos de la Amazonia Occidental, en territorios hoy
pertenecientes a Brasil, Perú, Colombia, Ecuador, Bolivia. Llama
la atención la expansión del consumo ritual de ayahuasca primero
a las áreas rurales y suburbanas de población mestiza (proceso verificado
sobre todo en el Perú (4) y actualmente al corazón de las grandes
ciudades brasileñas. Este pasaje de uso tribal a un uso urbano se
realiza, en el Brasil, a través de dos nuevas (aun cuando no incipientes)
formaciones religiosas: la Uniao do Vegetal y el Santo Daime.
Nuevas en el sentido de Marión Aubrée: "productos autóctonos de
mezclas innovadoras" (5), ambas religiones conservan lo esencial
de la práctica indígena: la preparación e ingestión de la bebida
sagrada, acompañada, en el caso del Santo Daime, de un ritual rítmico-musical.
La importancia del canto entre los consumidores tradicionales es
impresionante: entre los Mai-Huna de la Amazonia Peruana, por ejemplo,
resulta inconcebible tomar yagé y permanecer mudo. (6)
El antropólogo Jean-Pierre Chaumeil, investigando entre los Yagua
del Nordeste Peruano, atribuye la extensión de los usos chamánicos
de la ayahuasca entre las poblaciones mestizas a que "el carácter
no dogmático e integrador del chamanismo facilita la incorporación
progresiva de nuevos modelos (...) en los cuadros conceptuales tradicionales".
Por no ser hostil a los cambios, "el chamanismo se presenta como
un sistema en perpetua adaptación con la realidad vivida." (7) Se
explica así la combinación entre las prácticas chamánicas, generalmente
con fines de cura, y un corpus religioso fuertemente impregnado
de catolicismo, fruto de varios siglos de prédica misionaria. En
las ceremonias clásicas el curandero bebe la bebida junto con el
paciente y ve el mal que le afecta y sus causas mágicas o espirituales
(8). Marlene Dobkin registra en Iquitos ritos similares durante
los cuales la ayahuasca es tomada como "filtro de amor" para protegerse
de abandonos y traiciones (9). Por su parte, los indios del valle
del Sibundoy recorren los centros urbanos de Colombia, Venezuela
y Panamá realizando rituales curativos y adivinatorios con base
en el yagé, a veces mezclado con datura 10; llevan así, al decir
de Taussig, "el poder mágico de un sitio al otro del país" (11).
Normalmente el uso colectivo de "alucinógenos" (la pertinencia del
término será rediscutida) es considerado característico de las sociedades
primitivas y en ellas exilado. Guattari, reconociendo que "la droga
ha jugado un rol fundamental en todas las sociedades, en todas las
áreas culturales y religiosas", distingue entre "la droga solitaria
del capitalismo" y "el modo colectivo, que era, por ejemplo, el
del chamanismo" (12). Lo interesante del Santo Daime es que se trata
de una ritualización religiosa moderna de un uso de plantas de poder
tenido por primitivo y tradicional. Al irrumpir en las modernas
sociedades urbanas, el Santo Daime rasgaría, con la firmeza de la
fe divina, el sórdido circuito de la droga. Al mismo tiempo, esta
experiencia contemporánea parece iluminar un elemento extático presente,
aun que borrado, en la cultura de la droga.
Si para William Burroughs -cuya experiencia con el yagé no fue precisamente
tranquila- ninguna religión podría ser construida sobre los opiáceos
(13), contraria mente todo en los llamados alucinógenos parece
predisponer al trance sobrenatural. "La experiencia alucinógena
-advierte Martine Xiberras (14)- se encuentra en efecto muy cercana
a una experimentación mística del mundo." La experiencia psicodélica
sería realmente "antirreligiosa": son las sustancias que la inducen,
según Furst (15), "fundadoras de toda revelación y por consecuencia,
de las religiones", encontrándose "en la fuente de la vida mística,
en la raíz de la práctica religiosa y en el origen del arte".
El propio Timothy Leary, profeta del LSD, reconoce y trata de explorar
ese lado religioso. Pero ¿cómo constituir una religión a partir
del hedonismo individualista? ¿Qué hacer con casos como el de Lisa
Lieberman, "sacerdote boo-boo neomarxista", que se proclama diosa
de la transgresión obscena, emergiendo desnuda en moto en los piringundines
del pseudoculto (16)?
Leary menciona la religión india del peyote, también con fuertes
componentes cristianos, pero no parece conocerla o comprenderla.
Hay notorias analogías con el Santo Daime (especialmente en lo que
respecta a la combinación de usos indígenas y fragmentos de doctrinas
cristianas, como con relación a la relativa juventud de ambos cultos:
la Iglesia Nativa Americana recién se constituye a fines del Siglo
XIX) y una severa diferencia: mientras que la Iglesia Nativa Americana
sería, según Lanternari (17), básicamente defensiva -instrumento
de defensa de la cultura indígena-, el Santo Daime no sería "defensivo"
sino "ofensivo", ya que no se trata meramente de una reivindicación
de la cultura tradicional, sino de la creación de una nueva cultura,
en un mesianismo irredentista presente tanto en el discurso (a veces
con algo de militar (18)) de expansión y extensión (aunque no haya
en verdad prácticas de predicación pública) como en la fundación
de aldeas en cumplimiento de un programa de construcción terrenal
del paraíso de connotaciones místicas y utópicas. Baste mencionar
la configuración de Império (se trata del Império Juramidam) que
asume el culto (19).
La religión del Santo Daime (literalmente, San Dadme: el nombre
proviene de invocaciones construidas a partir del verbo dar, del
tipo dadme - daime en portugués- paz, daime amor...) surge en la
década del 30 en el estratégico estado brasileño del Acre -un triángulo
tendido en la frontera del Brasil con Bolivia y Perú, que a principios
del siglo se "independizó" de las autoridades de La Paz para adherir
a las de Río de Janeiro.
Los orígenes de esta nueva religión, que conoce hoy en día una minoritaria
aunque barullenta expansión entre las capas medias de las grandes
ciudades brasileñas, se sitúan en el encuentro de masas desterritorializadas
de migrantes (20) provenientes del miserable nordeste brasileño,
que se lanzan a la conquista del caucho imbuidas de un ecléctico
catolicismo popular (en verdad, un culto de los santos (21)), y
chamanes (hechiceros) indígenas que usaban la ayahuasca con fines
de cura o celebración. Según el relato fundante, Raimundo Irineu
Serra, negro del maranhão -región de fuerte incidencia espiritual
afrobrasileña-, tomando la bebida con el peruano Crescencio Pizango,
quien la había heredado de los incas, recibe la anunciación de
Nuestra Señora de la Concepción, Reina de la Floresta -pero que
es también Iemanjá y Oxum, divinidades acuáticas africanas, y todas
las formas de la Divina Madre-, que le revela la doctrina (22) y
le ordena difundirla y realizarla (23) a la manera de un soldado
de Dios. En la cima de un complejo, rico y proliferante Olimpo nativo
-que se permite incluir, al lado de la Virgen María, a Buda, Krishna
y hasta Mahoma- se alza el Maestro Juramidam, suprema divinidad
forestal (24); el sincretismo tiene más de simultaneidad que de
jerarquía rígida.
En concreto el ritual toma la forma de una fiesta colectiva, con
matices de comunión dionisíaca, pero manteniendo un formalismo riguroso
y estético.
La ceremonia suele prolongarse la noche entera, hasta las primeras
luces del alba o más. Durante todo ese tiempo los adeptos cantan,
acompañados con música de guitarras escandidas por enérgicas maracas
y endulzados por acordeones, flautas, violines, lo más parecido
a un coro celestial, himnarios, o sea, poemas rimados de contenido
místico "recibidos", gracias a la inspiración divina, por los protagonistas
de este raro ritual, que danzan sincronizadamente el "bailado":
un vaivén monótono, mecido a cantos hipnóticos, de vaga resonancia
indígena, el que parece contribuir a una mejor distribución en el
cuerpo del líquido, cuyo poder emético y purgante puede llegar a
manifestarse, no es infrecuente, violentamente. También cantar,
por el movimiento del aire que implica, es común a todas las tribus
que toman ayahuasca.
"A través de ese movimiento rítmico -escribe Vera Froes (25) en
uno de los raros libros sobre el tema-, se desencadena una fuerte
corriente espiritual entre las personas". Las miraciones o marcaciones
-visiones celestes, vibraciones intensas, una especie de "alucinación"
(en gran medida constelaciones combinatorias de fosfenos) que, guiada,
no es sin embargo desvarío ni error- producidas por el efecto de
la ayahuasca en el cuerpo, son, por decirlo así, escandidas por
la música y la danza, configurando una singular experiencia de éxtasis.
Trátase de una verdadera doctrina musical, compuesta por "himnos
numinosos" (26) recibidos (suerte de deriva poética de cierto trance
glosolálico, oracular o mántico) por los adeptos gracias a la inspiración
divina, que funcionan como explicación y guía de la experiencia
inducida por el brebaje acíbar: intransferibles, inefables viajes
del alma. Alex Polari, ex-guerrillero y uno de los actuales padrinhos
del culto (comanda la iglesia de Visconde de Mauá, en las montañas
de Río de Janeiro), ve un Lago de Energía: "En algunos momentos
la superficie del lago encontraba una placidez traslúcida. Una luz
iridiscente todo lo filtraba y de ella se plasmaban otras formas
y comprensiones de aquello que ocurría allí, en aquel momento.
Luego, alguna energía era lanzada a la superficie del lago y recomenzaban
los círculos concéntricos. En ese movimiento de líneas y círculos,
que se dibujaba como en arabescos ante mis ojos, yo creía ver todos
los secretos del ciclo ininterrumpido de la creación y destrucción
de todos los Universos ya existentes. Durante ese período, yo experimentaba
la Fuerza. Mi cuerpo pulsaba, ora desordenadamente, ora serenamente,
acompañando la pulsación de la corriente" (27).
Es precisamente la afluencia de jóvenes nómades, hijos de la gran
desterritorialización del hippismo setentesco, la que incorpora
elementos orientales y esotéricos (28) al panteón místico, ya poblado
por entidades indígenas, africanas y cristiana. Este feliz encuentro
entre los campesinos ayahuasqueros y los peregrinos del "circo"
envueltos en la onda de "retorno a la tierra", tiene lugar en la
Colonia Cinco Mil (así llamada por estar compuesta de lotes evaluados
en cinco mil cruzeiros cada uno), fundada por el nuevo caudillo
del culto, el Padrino Sebastián Mota y Melo, quien, después de la
muerte en 1971 del fundador Irineu, hubo a raíz de disputas sucesorias,
de retirarse con su gente de la colonia por éste establecida originalmente
en Alto Santo, también en las inmediaciones de Río Branco, capital
del Acre. Cierto nomadismo de impulsión mesiánica empujaría, más
cercanamente a los seguidores del Padrino Sebastián a trasladarse
al interior de la floresta fundando la aldea de Céu de Mapiá, a
dos días de canoa de Boca do Acre, Estado de Amazonas; sin haber
abandonado la Colonia Cinco Mil -que sin embargo perdió importancia-,
ellos están actualmente abocados, nucleados ya en torno al hijo
y sucesor de Sebastián, el padrino Alfredo Mota, a la colonización
de una vasta área próxima al río Purus, cedida por el gobierno brasileño
(29).
Justamente este sector del Santo Daime (son varios subgrupos: seguidores
originales del mestre Irineu continúan agrupándose en la colonia
de Alto Santo, habiendo aún otras ramas del culto, más o menos umbandizadas),
es el que desencadena, a partir de la década del 80, un proceso
de crecimiento urbano, con la fundación de iglesias en las áreas
urbana y rural de Río de Janeiro, extendidas ahora a San Pablo;
Belo Horizonte, Florianópolis, Brasilia, Porto Velho y otros puntos
menores, comunidades en Nova Friburgo (RJ) y Airiouca (MG), entre
otras.
Esta limitada expansión (que, presúmese, nunca dejará de ser minoritaria
ya que el Santo Daime es algo demasiado fuerte para cualquier persona)
había sido más secretamente, precedida por la de otra importante
religión de la ayahuasca en el Brasil: la União do Vegetal, originaria
también del encuentro fructífero entre campesinos e indios de la
región de Rondonia, que, bastante más cerrada y de ingreso más selectivo,
practica un ritual diferente -más esotérico y menos danzarín- de
ingestión de la bebida sagrada, aquí denominada Vegetal.
Los diferentes centros del Santo Daime asumen en su denominación
oficial - Centro Ecléctico de Fluyente Luz Universal- la vocación
fusionad, el eclecticismo como religión. La doctrina se define como
Eclecticismo Evolutivo, "varias corrientes religiosas que se interpenetran
teniendo como punto de partida el cristianismo" (30). Hay una proximidad
bastante grande con la Umbanda, una mezcla de elementos africanos
y católicos (31). Esos elementos no tienen necesariamente una relación
de sustitución, sino que impera una simultaneidad total: un santo
católico puede ser al mismo tiempo una entidad africana, configurando
una especie de negación del principio de identidad.
Alex Polari habla de tres fuentes principales, además de las influencias
afrobrasileñas: el oriente, con sus métodos de meditación capaces
de anular el ego; la doctrina cristiana, especialmente en su tradición
más esotérica; el culto sacramental de los vegetales, propio del
nuevo continente.
Muchos de los adeptos pasaron, antes de ingresar al Santo Daime,
por experiencias espiritistas, esotéricas, budistas. Esa multiplicidad
es por entero aceptada: "A nosotros no nos importa si uno cree en
el karma, en la resurrección o en la reencarnación, si viene del
espiritismo, de la umbanda o del budismo. Importa sólo realizar
nuestro trabajo, cantar nuestros himnos de loor a Dios y a la Naturaleza,
saber vivir juntos y repartir el pan dentro de valores cristianos
auténticos y por nosotros asumidos en nuestra práctica diaria".
(32)
Esa asombrosa plasticidad denota la característica de una religión
en movimiento, parangonable al culto de María Lionza en Venezuela,
que también mezcla elementos del más heterogéneo origen, llegando
a incluir en la adoración al Presidente Kennedy: su suprema sacerdotisa
dice que ni ella sabe hacia donde va la religión (33). Este procedimiento
es en todo análogo al dispositivo de la umbanda, ahora creciendo
sorprendentemente en Buenos Aires (34); esa especie de antropofagia
espiritual aparece también en otros cultos recientes, como el de
la Tía Neiva, decididamente barroco, y el de Yokaanan (Fraternidad
Ecléctica Espiritual Universal, "mezcla de catolicismo, espiritismo
y umbanda sobre 1540 Kwz" (35), ambos con sede en Brasilia).
El hecho de que no haya una doctrina escrita, sino que ella se derive
de los contenidos de los himnos recibidos por los acólitos favorece
dicha plasticidad proliferante -que parece no tener límites: en
la iglesia de San Pablo se cruzan adeptos provenientes de la Gnosis-
cierta escuela esotérica-, gente del candomblé, practicantes de
chamanismo, adoradores de Saint Germain y hasta discípulos de Wilhelm
Reich (!) en un indiscernible patois (o paté) espiritual, con dudosos
efectos de banalización próximos a los de un santón de playa carioca.
Hasta libros sobre el tema, como el de Gregorim (ya citado), se
integran en esa melaza espiritual de límites y formas difusas. Pero
esto no sería necesariamente un defecto de religión, sino que podría
incluso ser una virtud, esta abundancia y experimentación (casi
ginástica, empero...) de códigos religiosos diversos y superpuestos
entre sí, en una yuxtaposición indefinible próxima al supermercado
de cultos afrocubanos que Fichte descubre (y defiende en la riqueza
de su mescolanza) en Miami (36). Habría, por añadidura, una fuerte
base panteísta, de adoración de la naturaleza, presente en himnos
que exaltan, entre otros elementos, el sol, la luna y la estrella,
realizando lo que Maffesoli denomina "reinvestimiento del inmanentismo"
(37), que funciona además como alimentador de los vínculos de socialidad,
donde se podría intuir un recuerdo histórico del extinto culto panteísta"
aparecido en el Nordeste Brasileño en la década de 1930 y perseguido
por las autoridades, habiendo llamativas semejanzas icónicas e imagéticas
con el Santo Daime (38). Se trataría, a decir verdad, de una suerte
de licuefacción de los códigos religiosos, que serían pasados, ya
que no por agua, por ayahuasca. Esa cualidad líquida, en todos los
sentidos, del Daime se manifiesta en el nombre adoptado por la iglesia
de San Pablo: Flor das Aguas.
Además de los bailados, hay trabajos especiales de cura, donde los
participantes cantan sentados, sin bailar, ciertos himnos seleccionados,
con la presencia del enfermo y un círculo selecto de fardados (o
sea, iniciados que han asumido el uniforme y la estrella del culto,
que han entrado en la doctrina). El daimista Chico Corrente, de
la Colonia Cinco Mil, habla del trabajo de cura: "Son nueve personas
que hacen las curas. Se le da Daime al enfermo, se rezan nueve oraciones,
concéntrase, cada uno buscando para sí lo que precisa para sí mismo
de bueno, pidiendo que los espíritus curanderos fluidifiquen aquel
trabajo, hagan operaciones, consultas... Los videntes ven la llegada
de los espíritus. A través de la bebida que el grupo bebió, se va
llegando a un punto en que una fuerza espiritual va trayendo las
energías del bien y apartando las del mal. Cuanto más concentración
en Dios, más fuerza en el corazón del paciente" (39).
En los trabajos de cura -que suelen ser asimismo más cortos-, se
ve mejor cierta ambivalencia esencial del padrinho, que dirige el
trabajo, entre sacerdote, y chamán - el primero asimilado a las
sociedades de estado, el segundo a las sociedades tribales (40).
Discutiendo el asunto, Clodomir Monteiro asocia el "vuelo extático
chamanístico" presente en el Santo Daime y cultos vecinos (lo que
él denomina Sistema de Juramidam, siendo Jura, Dios, y Midam, Hijo),
a las "manifestaciones de incorporación mediúmnica típicamente afro-brasileña",
propiciando la convergencia entre el indio, el blanco y el negro
en un "nuevo tipo de chamanismo" (41). Fernando de la Roque Couto,
por su parte, prefiere la hipótesis de un "chamanismo colectivo"
(42).
Algo se nota de racial andino, además, en la demanda de imperturbabilidad
facial presente en las ceremonias, vigente incluso cuando las incorporaciones
de entidades, tan diferente de la contorsión exasperada propia del
trance afrobrasileño. Cabe formular, a la manera de una hipótesis,
si no habría en el Santo Daime un fondo chamánico "recubierto" por
una forma religiosa.
Fuerza y Forma
Toda una disposición poética y barroca se monta para ritualizar
la toma colectiva de la bebida sagrada. Se trata de dar forma (apolínea,
estética, de ahí que pueda ser barroca) a la fuerza extática que
se suscita y se despierta, impidiendo que se disipe en vanas fantasmagorías,
o, lo que es peor, que - como suele suceder en el uso desritualizado
occidental de drogas pesadas- se vuelva contra sí, arrastrando al
sujeto en una vorágine de destrucción y autodestrucción.
Tomamos de los grandes místicos cristianos la distinción entre experiencia
y doctrina. Para San Juan de la Cruz, la experiencia designa -escribe
Baruzi (43) "el hecho de haber experimentado en sí mismo ciertos
estados"- sin vacilación asimilables a los "estados modificados
de conciencia" de que habla Lapassade (44). Sin embargo, prosigue
Baruzi, "la experiencia, indispensable para quien quiere sentir
la vida mística, no nos será suficiente para describirla". La experiencia,
por sí sola, permite sentir, pero no comprender; para comprender,
hace falta la doctrina. En la medida en que la experiencia remite
a una contemplación cósmica, parecería que ella fuese más allá de
la doctrina; al mismo tiempo, la doctrina adquiere un cariz nuevo
cuando se vislumbra la experiencia sobre la que se basa. "Más allá
de la construcción doctrinal, el ritmo de la experiencia vivida";
así, entre los místicos del éxtasis poético, condensa Baruzi (45)
, "la experiencia se traduce inmediatamente en un canto".
En el caso del Santo Daime, la creencia no es apenas un a priori
ideológico, sino que se basa en la experiencia de la divinidad,
vivenciada a partir de la visión propiciada por la ayahuasca. Por
otro lado, la doctrina contenida en los himnos - que exalta básicamente
valores cristianos, como disciplina, humillación, perdón, exaltación
de la fe y la fuerza divinal, etc.- funcionaría como una manera
de dar forma a la experiencia y evitar que ella se desmelene en
la insensatez acaso pavorosa del puro mambo personal.
Útil para pensar el Santo Daime, la díada experiencia/doctrina puede
analogarse, en su funcionamiento, a la distinción entre plano de
los cuerpos y plano de la expresión (46) , formulada por Deleuze
y Guattari (47) a partir de Hjemslev. Por un lado, en el plano de
los cuerpos todo lo que tiene que ver con los efectos puramente
"físicos", corporales, inclusive visuales, de la bebida; por otro
lado, los himnos, los rituales, todo lo que tiene que ver con el
plano de expresión. Resumidamente, en la religión del Santo Daime,
habría un plano que tendría que ver con la experiencia del cuerpo,
en el cuerpo, con el cuerpo (48), en ese sentido dionisíaca. Al
mismo tiempo, el Santo Daime dispondría de su propio plano de expresión
autónomo, la Doctrina de Juramidam (49) .
Si bien esta capacidad de producir un discurso autónomo eficaz puede
ser común a otras formaciones religiosas, en el caso del Santo Daime
hay una singularidad, menos común, que es el hecho de sustentarse
el culto en la delectación de un líquido psicoactivo. Eso posibilita
una comparación, en este caso no con otras religiones, sino con
otros usos desreglados de sustancias vulgarmente denominadas drogas
(habiendo sido la justeza de esa denominación puesta ya en tela
de juicio). En la medida en que estas experiencias "salvajes" -o
en el último de los casos provistas de un ritual que, alejado de
la dimensión de lo sagrado, se revela ineficaz para "contener" al
sujeto en viaje, que se desmelena y corre el riesgo de entrar en
una vorágine de destrucción y autodestrucción -son incapaces de
construir un plano de expresión propio, caen en dicho caos trágico.
Estos éxtasis descendentes, "destructores" del cuerpo físico (destructores
de los órganos, para ser más estrictos; o sea, indicios de generación
de un cuerpo sin órganos que se queda en la destrucción de los órganos
(50)), son como una especie de satori de zanjón que destruyen al
cuerpo, en cierto terrible modo, sí, pero no dejan de ser una exaltación
desquiciada del cuerpo personal, del cuerpo como cuerpo del yo (51).
No es que pierdan su condición de agenciamiento colectivo -como
se nota en películas como Sid & Nancy y Drugstore Cowboy-, un flujo
maquínico que une y ata los cuerpos en la intensidad exacerbada
de la sensación compartida; una experiencia esencialmente corporal,
de cuerpo grupalizado o colectivizado, pero que paradójicamente
encierra a cada uno en el infierno de su propia dependencia solitaria;
en el límite extremo del nihilismo, alzan la bandera en harapos
de un yo en ruinas, pero resisten (o son incapaces de verla) a
la colectivización en lo sagrado. Así, en la medida en que no articulan
el balbuceo de sus marginalidades en una forma eficiente, se les
deforma la experiencia, se les endurece o se les enfría el alma,
y son fácilmente recuperados, enclaustrados y psiquiatrizados, por
los aparatos de poder de la policía y de la medicina. En una palabra,
son víctimas fáciles de las máquinas sociales de disciplinamiento,
por mecanismos que parecen tomar la forma de un dispositivo análogo
en su funcionamiento al dispositivo de sexualidad enunciado por
Foucault, que también produce efectos de proliferación bajo la forma
de una locuaz interdicción. No hay un efecto puramente clínico de
la sustancia en sí, sino que ese efecto resulta inseparable de cierto
plano de expresión, el que -según Deleuze y Guattari- no representa
ni refleja (tampoco significa) el plano de los cuerpos, sino que
interviene dándole órdenes al cuerpo (existiría entre ambos planos
una relación de presuposición recíproca: uno no determina al otro,
sino que ambos funcionan presuponiéndose, pero manteniendo una
autonomía relativa).
Puede postularse, a partir del esquema fuerza/forma, cierto instrumental
teórico de abordaje útil para pensar el Santo Daime. Ese abordaje
se diferencia, en principio, de la noción de control (control ritual
del uso de sustancias psicoactivas (52)), que aparece como demasiado
"exterior", y también de cierta hipótesis del imaginario, que corre
el riesgo de crear una especie de colchón, cuando, podría postular,
todo es real (o aun surreal): nada más real que el éxtasis...
¿Cómo funciona el esquema fuerza/forma? Referirse a la tensión entre
el plano de los cuerpos y el plano de la expresión ha sido una manera
de introducir el asunto. Resulta difícil, sino gratuito, intentar
explicar qué es la fuerza. Si deseamos captar la vivencia emocional,
estaríamos entre el encuentro de fuerzas nietzscheano y el axé del
candomblé, inclusive más cerca del segundo en el caso del Santo
Daime (53).
Situándonos, en el campo antropológico, en la conocida crítica de
Lévi-Strauss a Mauss (54), nos acercamos a la noción de hau (fuerza
vital) tomada de los polinesios por el segundo, a quien el primero
acusa de tener una visión nativa, y sustituye por consecuencia el
mencionado hau por una ecuación lingüística.
Aquí nos reencontramos con la díada dionisíaco/apolíneo explorada
por Nietzsche. Sin embargo, no cabe recuperar esa noción nietzscheana
en un sentido literal, sino en un sentido extenso -del tipo de uso
que hace Maffesoli en La Sombra de Dionisio (55) . Hablamos de dionisíaco
en el sentido de que es una experiencia que afecta directamente
al cuerpo, pasa en y por el cuerpo; al tocar, para decirlo en términos
de Mircea Eliade, el plano de la experiencia sensible, carga de
significación religiosa la actividad sensorial (56). En ese sentido,
tiene lugar una fusión concreta en el plano de los cuerpos, de las
vibraciones sensibles, relegando la intervención supuestamente fundante
de la conciencia egocentrada. Parece, más bien, que la conciencia
antes que determinar a priori el sentido y la dirección de las fuerzas
extáticas, viniese a posteriori a darles forma.
No es pues un dionisíaco en el sentido de carnaval pagano, ni de
desmesura voluptuosa. Si alguna analogía entre la experiencia del
Santo Daime y la que Nietzsche denomina dionisíaca puede trazarse,
además de su carácter forestal (el Santo Daime adora a Nuestra Señora
de la Concepción, Reina de la Floresta), ella pasa por la ruptura
con el principio de individuación y la fusión de las individualidades
en un sentimiento místico de unidad con el cosmos, con la naturaleza,
con los otros hombres, que caracteriza, en lugar de la autoconciencia
individualista, el éxtasis colectivo.
Ese limitado carácter dionisíaco de la experiencia estaría dado,
entonces, por la disolución de la individualidad. Recordemos los
planteos de Bataille (57). Para él, habría una continuidad esencial
entre los hombres que la individualización propia de la humanización
civilizatoria cortaría, instaurando una discontinuidad -cada uno
cerrado sobre sí en su mónada egoica- que no llegaría a abolir,
sin embargo, el impulso dirigido hacia la continuidad primera. Las
formas de "restaurar" dicha continuidad serían básicamente tres:
el erotismo (o sea, la dilución de la individualidad en la fusión
de la orgía o de la pasión, siendo esta última la que Bataille denomina
"erotismo de los corazones", sentimental y más firme que el "erotismo
de los cuerpos", que es pasajero y restituye acendrado el egoísmo),
la muerte (fin de la individualidad por extinción física) y lo sagrado,
que implicaría una fusión mística que disuelve, también, el sujeto
individual en el cuerpo divino o en el panteón de las entidades.
Esa desestructuración del frenesí dionisíaco arrastraría la identidad
individual en la "nebulosa afectual" (58) de los cuerpos (y, por
qué no, de las almas) en amalgama. Empero, ese fervor dionisíaco,
en la medida en que librado a sí mismo es - dice Machado (59)- un
"veneno" que conduce a la pura destrucción, precisaría de la armonía
del elemento apolíneo que le diese una forma, para poder mantener
la lucidez en medio del torbellino.
Córrese el riesgo, empero, de que esa forma doblegue y reprima (tal
como sucede en la cultura occidental racionalista, hecha para expulsar
y sofocar a Dionisio) a la fuerza suscitada del éxtasis. Pero ello
envolvería otra discusión, que remitiría a pensar en qué medida
en el Santo Daime y en otras sectas religiosas (como la vecina Unión
del Vegetal, analizada por el antropólogo Anthony Henman (60)) campearía
una condición de formación autoritaria, pasible de transformar,
al menos en ciertas situaciones, la forma en dogma. La cuestión
no es fácil de zanjar, pues, por otro lado, también podría argüirse
que la observancia fiel de los preceptos sería capaz de permitir
un vuelo más alto y perfecto por los paraísos de la visión y de
la revelación. El ritual actuaría en ese caso, en las palabras de
Walter Dias Júnior (61), como una "potencialización del éxtasis".
Más que agotar estos complejos asuntos, veamos cómo las religiones
de la ayahuasca -completamente legales en el Brasil, aún cuando
dicha adquirida legalidad no esté ni haya estado exenta de amenazas
prohibicionistas- muestran la posibilidad de un uso ritualmente
organizado de sustancias psicoactivas vulgarmente denominadas drogas.
El caso del Santo Daime está lejos de ser el único en el mundo.
El término "entéogenos" (literalmente, Dios dentro de nosotros),
propuesto por el investigador Gordon Wason, que descubrió los hongos
alucinógenos en México y los tomó con la chamana María Sabina, al
apartar la carga negativa arrastrada por el término alucinógenos
-puesto que no se trata en verdad de alucinación en un sentido
conceptual, aún cuando en un sentido físico se dan visualizaciones
similares por constelación de fosfenos- resulta más pertinente para
denominar estas sustancias capaces de propiciar un éxtasis. El éxtasis
-la palabra quiere decir textualmente "salir de sí"- no es una experiencia
frívola, sino algo que arrastra el sujeto hasta las más recónditas
profundidades del ser y lo hace sentir en presencia de una fuerza
superior y cósmica, cuya acción experimenta corporal y mentalmente,
en un estado de trance que conlleva el pasaje a otro nivel de conciencia,
segundo, superior o alterado. De ahí que en vez de un éxtasis descendente,
lo que llamamos un "satori de zanjón", donde suelen precipitarse
los adeptos de las drogas pesadas, experimentaciones como la del
Santo Daime y la Unión del Vegetal en el Brasil, el culto del cactus
San Pedro en Perú, la iglesia del peyote entre los indígenas norteamericanos,
propicien un éxtasis ascendente, transformando la energía de la
sustancia psicoactiva en un trampolín cósmico, ritualizado de manera
a guiar y "controlar" (como diría Edward Mac Rae) el viaje. Por
otra parte, estos usos contemporáneos y absolutamente modernos
de la ayahuasca develan de paso, a contraluz, la búsqueda de éxtasis
contenida en principio en la experimentación de masas de las llamadas
drogas, por más que el uso de éstas en un sentido abisal se muestre
desgraciado. En resumen, cultos como los del Santo Daime abren en
escorzo otra perspectiva para enfrentar la insensata guerra de la
droga que ahora nos envuelve, teniendo en cuenta asimismo que hay
toda una utilización terapéutica de la ayahuasca, particularmente
eficaz en caso de adicciones, alcoholismo y enfermedades psicosomáticas
en general, habiéndose inclusive registrado casos de curas de males
más graves. ...
Pero el Santo Daime no muestra apenas la fuerza del éxtasis: configura
también una verdadera poética. Autodefiniéndose como una "asociación
espíritu-musical", los acólitos del Daime dan una gran importancia
a la parte estética de la socialidad. Esa poética es en última instancia
barroca: elementos de un barroquismo popular se encuentran abundantemente
en los poemas musitados que son los himnos, siempre impregnados
de la deliciosa ambigüedad propia de la expresión poética; ellos
aspiran, en su incesante proliferación, a "cantar el mundo" - o
a invadir todo el mundo con su canto. Cabe destacar que esta relación
entre uso de entéogenos y producción de una poética oracular y hermética
es común, no sólo a otros usos de la ayahuasca (62) , sino a rituales
referidos a otras sustancias, como es el caso de los hongos mexicanos
estudiados poéticamente por Munn (63) .
Como otra manifestación de barroquismo, los elementos simbólicos
tienden a multiplicarse, sobre todo en las iglesias más prósperas
del sur del Brasil, haciendo recordar la proliferación de objetos
de culto en las mesas de la religión del San Pedro (64) , donde
más de noventa elementos, cada uno dotado de un sentido ritual,
se acumulan. Cabria tal vez leer, en esa abundancia, un ''exceso"
simbólico.
También se manifestaría cierta pulsión barroca en la avidez sincrética
(sería más pertinente llamarla, como los propios cultores lo hacen
ecléctica (65 ) con que el Santo- Daime se precipita sobre los cultos
vecinos, se mezcla y se alía con ellos, guiado por una convicción:
al fin y al cabo, las divinidades serán vistas literalmente en el
ritual de la miración.
Es interesante observar, además, a título de hipótesis experimental,
cierta graduación en la experiencia visionaria, observada también
por estudiosos del LSD (66) . Estas fases no se verifican necesariamente,
menos aún en ese orden, pero podría condensárselas así: primero,
una fase que llamaría "psicoanalítica", con emergencia de recuerdos
o, mejor, "películas" de vida, donde escenas pasadas desfilan vertiginosamente.
Después, suele sobrevenir una fase de visiones abstractas, líneas
de puntos, curvas, campos de flores, extrañas geometrías que denotan
la tendencia del fosfeno a transformarse en algo más: iridiscencia
de los puntos de luz, líneas brillantes de fuerza. A veces, entre
un momento y otro, puede sentirse cierto malestar físico, un dolor
que se transforma, si se lo consigue sobrellevar, en éxtasis. El
éxtasis, en esta tercera fase, puede manifestarse con la visión
del aura de las demás personas, intensidad extrema de la luz, fenómenos
de telepatía, sensaciones de viaje astral y de salida del cuerpo,
tan múltiples como inefables. Una fase superior estaría dada por
visiones figurales, asimiladas a los santos, los dioses, las diversas
divinidades supremas que animan el panteón del Santo Daime. Por
eso se habla de una experiencia vivencial de lo sagrado. Cabe destacar,
sin embargo, que esas condensaciones figurales parecen constituirse
a partir de los puntos y las líneas de luz, a la manera de una resultante
lumínica, como bien lo muestran las pinturas visionarias del ayahuasquero
Pablo Amaringo, de Iquitos, lugar donde los rituales de la ayahuasca
o yagé- otro de los nombres de la espesa poción- son dirigidos por
curanderos locales. Volviendo a la dinámica de las figuraciones
en la miración, el mito, sería antes un punto de llegada que un
punto de partida. En resumen, el viaje del Santo Daime condensa
y reúne todo tipo de estados de transconciencia; incluso la diferenciación
clásica entre religiones de posesión y viajes chamánicos se ve cuestionada
o diluida, en la riqueza y variedad de la experimentación.
El Daime es ascético. La sexualidad es vista como un óbice para
la ascensión al plano del astral (67) , siendo la castidad -como
observa Mircea Eliade (68) entre los primitivos- concebida como
una "economía de fuerzas espirituales", destinada a una "conservación
de la energía sagrada". Ello no impide que algunos acuerdos poligámicos
tengan lugar. Cierta tensión entre el ascetismo de la religión y
el dionisismo de la experiencia extática con ayahuasca se resolvería
en una suerte de "armonía conflictual", como diría Maffesoli.
Se trata básicamente de una religión comunitaria, donde resalta
el carácter colectivo de la ingestión de la ayahuasca. Así se irriga
la socialidad de base. Ese comunismo concreto puede estar difuminado
en los núcleos urbanos; no obstante, hay en el Daime un regreso
de la utopía underground de retorno a la tierra, fuerte en las décadas
del 60 y el 70. Asimismo, el crecimiento del culto de la ayahuasca
entre sectores de las antiguas "vanguardias" políticas, artísticas,
culturales, puede ser el indicio de un proceso más vasto de conversión
de las viejas búsquedas de éxtasis en el sexo y en la droga desritualizada,
en el acceso directo a la experiencia de lo sagrado a través del
trance corporal, resonando cierta recuperación de las consignas
psicodélicas. Hay también una dimensión sociopolítica, pues esta
religión propugna un modelo comunitario de gestión de la vida,
superando la propiedad privada; así, el carácter "libertador" no
se restringiría al nivel místico, sino que debería concernir, se
espera, al plano material.
La condición comunitaria se realiza a sus anchas en la comunidad
de Céu (Cielo) de Mapiá, en lo recóndito de la selva, junto a un
afluente del proceloso río Purus, adonde se accede tras dos días
de navegación, en un verdadero ascesis forestal. Resulta interesante
ver cómo personas de diferente origen y clase conviven trabajando
duramente, en un clima de asamblea permanente que recuerda las tentativas
comunitarias de la década del 70, con la frecuente ceremonia de
la ayahuasca disolviendo y llevando a otro plano las tensiones,
con el canto, la danza y la experiencia visionaria y sensorial colectivamente
vivenciados cimentando el "orden fusional" (Maffesoli). Pareciera
que esos campesinos amazónicos -que, nótese, subvierten la relación
habitual de dominación, dirigiendo y convirtiendo a sus hermanos
de las ciudades- estuviesen intentando inventar un nuevo sentido
de la vida.
Notas:
*A partir de su interés personal en la religión brasileña del Santo
Daime, Perlongher escribió varios textos sobre la experiencia ritual
asociada a la misma. Este ensayo -inédito hasta la fecha- es el
más completo. Versiones reducidas y otros textos similares se publicaron
como "La force de la forme. Notes sur la religión du Santo Daime",
en Sacíetés n s 29, París, septiembre de 1990, como "Santo Daime.
O discreto charme do sagrado" en Nicolau n e 40, Curitiba, 1991,
y como "Éxtasis sin silicio", en El Porteño n a 116, Buenos Aires,
agosto de 1991.
1 "Nao creías nos mestres que te aparecen". Himno 9 de la Oración
del Santo Daime. Hinário de Cura. Oracão. Cruzeirinho, Centro Eclético
de Fluente Luz Universal Flor das Aguas. San Pablo.
2 Ver D. Me Kenna, L. E. Luna, G. Towers: ''Ingredientes biodinámicos
en las plantas que se mezclan al ayahuasca. Una farmacología tradicional
no investigada". América Indígena, Vol. XVI, nº 1, México, 1986.
3 R. E. Schultes y A. Hoffman: Les plants de Dieux, París, Berger-Levrault,
1981, p. 123.
4 Véase sobre ello el artículo de Marlene Dobkin: "Uso de la ayahuasca
en un barrio bajo urbano", en Harner: Alucínógenos y Chamanismo,
Madrid, Guadarrama, 1976.
5 M. Aubrée: "Entre tradition et modernité", Les Temps Modernes,
nº 491, p. 142/160.
6 I. Béllier: "Los cantos mai-huna del yagé". América Indígena,
Vol. XLVI, nº 1, México, 1986.
7 J. P. Chaumeil: Voir, Savoir, Pouvoir. Le Cbamanisme chez les
Yagua. París, Edition de la Ecole des Hautes Eludes en Sciences
Sociales, 1983, p. 260/261.
8 L. E. Luna: "The Healing Practices of a Peruvian Shaman". Elsevier
Scicntific Publishers, Ireland, 1984.
9 M. Dobkin: "La cultura de la pobreza y el amor mágico: un síndrome
urbano en la selva peruana", América Indígena, Vol. XXIX, nº 1,
México, 1969.
10 M. C. Ramírez de Jara y C. E. Pinzón: "Los hijos del bejuco solar
y la campana celeste. El yagé en la cultura popular urbana". América
Indígena, Vol. XLVI, nº 1, México, 1986, p. 163.
11 M. Taussig: "Folk Healing and the Structurc of Conquest in South
West Colombie". Journal of Latin American Lore, 6 (2), 1980.
12 F. Guattari : "Les drogues signifiantes", en A. Jaubert y N.
Murard: Drogues, Passions Muettes, Rechercbes nº 39 bis, París,
1979, p. 219.
13 William Burroughs: Almuerzo Desnudo, Buenos Aires, Siglo XX,
1971. Por el contrario, para Philippe de Felice, autor de Poisons
sacrés, Ivresses Divinas, París, Albin Michel, 1936, hay una religión
del opio: "La opiomanía es realmente una religión, sobre todo porque
ella procura a los que se le entregan el sentimiento de una evasión,
de una salida de sí", p. 44. El propio autor sugiere que el culto
de las intoxicaciones no podría ser, al final, sino un avatar del
"instinto religioso", "desviado de su destino primero y reducido
a buscar en otra parte satisfacciones de remplazo", p. 79. Habría
para él una convergencia de base entre la droga y la religión, en
el común dépassemenl de soi, p. 372.
14 M. Xiberras: La Socicté Intoxiquée , París, Meridiens Klincksieck,
1989.
15 P. Furst: La Chair des Dieux, París, Seuil, 1974, p. 13.
16 T. Leary: La Politique de I' Extase. París, Fayard, 1979, p.
426.
17 V. Lanternari: As religioes dos oprimidos, San Pablo, Perspectiva,
1974.
18 Así, el jefe de cada núcleo religioso recibe el nombre de Comandante
y los adeptos se definen como soldados del Daime. El propio fundador
del culto, Mestre Irineu, fue él mismo soldado.
19 Para una interesante reivindicación de la idea de Imperio, que
podría llegar a iluminar el uso de la figura por parte del Santo
Daime, ver, de Guy Hocquenghem y René Schérer, El Alma Atómica,
París, Albin Michel, 1986.
20 Del desarraigo de esas masas rurales derivarían los "cantos del
exilio" de que habla Clodomir Monteiro, en su tesina de maestría
O Palacio de Juramidam: um ritual de transconciencia e despoluicão,
Mestrado em Antropología Cultural, Universidade Federal de Recife,
Recife, 1983.
21 Sobre el culto de los santos en el nordeste brasileño, puede
verse, de Andre Brun, Les Dieux Catoliques au Brésil, París, L'Harmattan,
1898; también, de Eduardo Hoornaert, O Cristianismo moreno no Brasil,
Petrópolis, Vozes, 1991.
22 Como curiosidad, señalemos que doctrinas era el nombre dado a
los cánticos de un antecedente del Daime registrado en Rondonia
por Nunes Pereira (en A Casa das Minas, Petrópolis, Vozes, 1979),
consistente en una heteróclita mezcla de rituales oriundos de la
Casa das Minas con ingestión de ayahuasca. Hay en los textos de
las doutrinas una amalgama de voduns del panteón mina-jeje, personajes
folklóricos, santos de la hagiología cristiana, etc. Señala Nunes
Pereira que "en verdad todo el texto de estas doutrinas nada contiene
de original y específicamente ligado a la ayahuasca", p. 224.
23 Para una narración de los acontecimientos, ver el artículo de
Clodomir Monteiro: "La cuestión de la realidad en la Amazonia: un
análisis a partir del estudio de la Doctrina del Santo Daime", Amazonia
Peruana, Vol. VI, n° 11, 1985.
24 Para una prolija descripción de la doctrina, véase la tesis de
Alberto Groissman: "Eu venbo da floresta", en Ecletismo e praxis
xamánica no Céu do Mapiá. Programa de Pós-Graduação em Antropología
Social. Universidade de Santa Catarina, Santa Catarina, 1991.
25 Vera Froes: Santo Daime Cultura Amazónica, San Pablo, Jorués,
1987.
25 Rudolph Otto: Le Sacré. París, Payot, 1929, p. 54/56.
27 A. Pollari de Alverga: O lovro das Miracões. Río de Janeiro,
Rocco, 1984, p. 65.
28 En verdad, el Mestre Irineu era un hombre de formación esotérica
cristiana, afiliado a la Iglesia Comunião do pensamanto de San Pablo
(que aún existe), y simpatizante, por un período, de los Rosacruces.
Disuelto el Círculo Regeneración y Fe, por él fundado en Brasiléia
(frontera con Bolivia) en 1920, abre en 1931 la Comunidad de Alto
Santo, que aún perdura, una de cuyas actuales ramas es dirigida
por su viuda, doña Peregrina.
29 Un mapa de la región que debe ser ocupada por la comunidad del
Santo Daime se encuentra en el libro de Gilberto Gregorim, Santo
Daime. Estudos sobre simbolismo, doutrina e Povo de Juramidam ,
San Pablo, Ícone, 1991.
30 Vera Froes: Libro citado.
31 El Santo Daime se integraría lo más bien a la categoría de religiones
subalternas, propuesta por Fernando Brumana y Elda González en Marginália
Sagrada, Campiñas, Editora da UNICAMP, 1991.
32 Alex Pollari de Alverga: Céu da Montanha, año II, nº 2. Visconde
de Mauá, 1989, p. 2.
33 Jacqueline Briceño: "El Culto de María Lionza", América Indígena,
Vol. XXX, n° 2, México, 1979. Puede verse también, de Dilia Flores
Díaz, Trance, Posesión y Hablas Sagradas. Universidad del Zulia,
Facultad Experimental de Ciencias, Maracaibo, 1988. Por su parte,
Angelina Pollak-Eltz, hablando de su "caleidosópica complejidad",
resume así el culto de María Lionza: "Se trata de un culto sincretístico
de reciente formación, por lo menos en cuanto se refiere a su forma
actual; se basa en cultos indígenas más antiguos que solían llevarse
a cabo en cuevas y montañas en los estados centrales de Venezuela
y que se amalgamaron poco a poco en una leyenda alrededor de un
personaje central -María Lionza- que para los adeptos es exponente
de lo bueno. El culto, como se presenta ahora, es producto de un
sincretismo que tiene diferentes raíces: se basa en un concepto
rudimentario de cristianismo, pero al mismo tiempo recuerda a los
ritos africanos con sus divinidades y al chamanismo indígena con
notables aspectos de espiritismo a la Kardec", en María Lionza,
Mito y Culto Venezolano , Universidad Católica Andrés Bello, Instituto
de Investigaciones Históricas, Caracas, 1972, p. 59.
34 Véase el artículo de Alejandro Frigerio: "Umbanda y Africanismo
en Buenos Aires: duas etapa de un mesmo caminho religioso", Comunicaçoes
do ISER, año 9, n e 35, Río de Janeiro, 1990.
35 Fierre Gaillard: "Brasilia magnetique, Brasilia magique", en
Autrement, nº 44, París, nov. 1982, p. 230.
36 H. Fichte: Etnopoesia. San Pablo, Brasiliense, 1987.
37 M. Maffesoli: "Socialité et Naturalité ou l'écologisation clu
social", en Cahiers de l'imaginaire nº 3, Toulouse, 1989.
38 Agradezco a Roberto Motta la indicación de la posible importancia
del panteísmo. Sobre este raro culto - que, empero, no consumía
entéogenos-, puede verse el libro de Gonçalves Fernandes, O sincretismo
religioso no Brasil, Curitiba, Guaíra, 1941.
39 Entrevistado en el artículo de João Santana: "Povo do Daime constrói
o Céu no coraçao da Amazonia", Jornal do Brasil, Río de Janeiro,
23-3-86.
40 Weiss reconoce esta tensión entre los indios Campa, de cuyos
cultos el Santo Daime toma muchos elementos, en su artículo: "Chamanismo
y sacerdocio a la luz de la ceremonia del ayahuasca e ntre los Campa",
incluido en Harner, M. : Alucinógenos y Chamanismo, Madrid, Guadarrama,
1976.
41 C. Monteiro: "Ritual do Tratamento e Cura". Comunicación Primeiro
Simposio de Saúde Mental, Santarém, 1985 (mimeo).
42 F. De la Roque Couto: Santos e Xamãs. Dissertaçao de Mestrado.
Departamento de Antropología. Universidade de Brasilia, 1989.
43 J. Baruzi: Saint Jecan de la Croix et le problém e de l' experience
mystique, París, Félix Alcan, 1924, p. 235.
44 G. Lapassade: Les Etats Modifiés de Conscience, París, PUF, 1987.
45 ídem, p. IV
46 Lucien-Marie de Saint Joseph ("Experience Mystique et Expression
Simbolyque cliez
Saint Jean de la Croix", en Polarité du Symbole. Etudes Carmelitaines.
París, Desclée de Brouwer, 1960) prefiere referirse a esta díada
en términos de experiencia afectiva y expresión simbólica: "Toda
experiencia afectiva no desemboca automáticamente sobre una expresión
simbólica". El padre Lucien-Marie pretende estudiar el símbolo
como medio de expresión de la experiencia mística.
47 G. Deleuze y F. Guattari: Millé Plateaux, París, Minuit, 1980.
Cap. IV: "Postuláts de la Lingüistique".
48 Se trataría, en el trance, de "obtener el máximo de intensidad
de las fuerzas que circulan en el cuerpo" (J. Gil, Métamorphoses
du Corps, París, Editions de la Différance, 1985, p. 135). Al decir
de David Le Bretón (Corps et Societé, París, Librairie des Ménchens,
1985), el proceso del trance plantea problemas parecidos a los de
la sexualidad, o, si le hacemos caso a Deleuze y Guattari, a los
del masoquismo y la droga, en tanto instancias dirigidas a la producción
de un cuerpo sin órganos, de pura intensidad.
49 Clodomir Monteiro reconoce que "el Santo Daime establece un conjunto
semiótico autónomo, valiéndose esencialmente de gestos y lenguaje"
(artículo de Amazonia Peruana, ya citado, p. 93). Por su parte,
Martine Xiberras, analizando el fracaso del movimiento psicodélico,
lamenta que éste no haya conseguido... "forjarse una filosofía que
le sea específica -a partir de un saber experimental de los psicodélicos
y de una atracción por las culturas otras" ( La Societé Intoxiquée
, p. 106.
50 Ver: G. Deleuze y F. Guattare: Mille Plateaux, París, Minuit,
1980. Cap. 6: "Comment se faire un corps sans organes".
51 Herri Ey, en su Traité des hallucinations T. 1, París, Masson
et Cié, 1973) expresa, al referirse al papel de la sensación en
la experiencia psicodélica (él está comparándola con la experiencia
mística), algo parecido en los siguientes términos: "Incluso si
la sensación... representa el punto de impacto del sujeto con su
mundo, lo vivido es esencialmente corporal, permanece como englutido
en un subjetivismo radical" (p. 679).
52 Edward Mac Rae: "Guiado pela Luna": O controle social do uso
da ayaguasca no culto do Santo Daime, Instituto de Medicina Social
y Criminología, San Pablo, 1990 (fotocopia).
53 José Gil ( Métamorphoses du corps, p. 19) propone distinguir
entre nociones similares como "energía y ''fuerza": "La energía
es la fuerza no determinada, no codificada; ella designa el aspecto
intensivo de la fuerza, su especificidad en tanto motriz (de un
mecanismo, de un proceso). La fuerza sería una transformación de
la energía, bajo ciertas condiciones: "Mientras que la energía
no reenvía más que a la pura positividad de un flujo, la fuerza
supone alteraciones producidas en ese flujo, en particular una codificación
(encodage) de la energía por medio de un operador: la energía deviene
fuerza en el interior de un campo", escribe Gil, y continúa: "Como
no hay fuerza sino para otra fuerza, es preciso admitir que la individualización
de la energía comporta ya el juego de tensiones de fuerzas, un combate,
es decir fuerzas de vectores contrarios". Resulta instigante esta
idea para pensar la religión del Santo Daime como una convergencia
y encuentro de fuerzas en un campo energético, al tiempo que las
fuerzas resultarían de una diferenciación de la energía.
54 Claude Lévi-Strauss: "Introducción a la Obra de Marcel Mauss",
en Mauss, M.: Sociología Antropología. Madrid, Tecnos, 1971. Por
su parte, Mary Douglas insinúa, siguiendo al padre Tempels. una
generalización de la noción de fuerza vital, aplicándola -escribe
en Pureza e Perigo, San Pablo, Perspectiva, 1976- "no solamente
a todos los Bantúes, sino en escala mucho más amplia", ya que podría
extenderse "a toda la gama de pensamiento que estoy intentando contrastar
con el pensamiento diferenciado moderno en las culturas europea
y americana" (p. 103).
55 M. Maffesoli: A Sombra do Dionísio. Río de Janeiro, Graal, 1985.
56 Mircea Eliade: "Experiénce sensorielle et expérience mystique
chez les pnmitives", en Jacques Durandeaux (organizador): Du corps
a l'espril. París. Desclée de Brouwer, 1989. Según él en los fenómenos
místicos hay una "voluntad de cambiar el régimen sensorial" que
equivale a una "hierofanización de toda la experiencia sensible"
(p. 81).
57 Georges Bataille: El Erotismo. Barcelona, Tusquets, 1979.
58 M. Maffesoli: O tempo das tribos. San Pablo, Forense, 1987.
59 R. Machado: Nietzcthe a Verdade. Río de Janeiro, Rocco, 1984.
60 Anthony Henman: "Uso del ayahuasca en un contexto autoritario.
El caso de la União d o Vegetal en Brasil", en América Indígena
Vol. XLVI n° 1, México, 1986.
61 Walter Días Júnior: "Uso Ritual de Alucinógenos em Contextos
Urbanos", Relatório de e squisa, Programa de Pós-Graduaçao em Ciencias
Sociais, PUC, San Pablo, 1988 (fotocopia).
62 Sobre los cantos chamánicos de los vegetalistas de la Amazonia
Peruana, ver L. E. Luna:
Vegetalism. Shtimanism among the Mestizo Population of the Peruvian
Amzon, Acta Universitatis Stockholmiensis, Estocolmo, 1986,
63 H. Munn: "Los Hongos del Lenguaje", en Harner, M.: Alucinógenos
y Chamanismo, Ma drid, Guadarrama, 1976.
64 D. Sharon: El Chamán de los Cuatro Vientos. México, Siglo XXI,
1980.
65 Con relación al culto de María Lionza, que varios elementos en
común tiene con el Santo Daime, Jacqueline C. de Briceño (artículo
citado) considera estrecha la caracteriza ción de sincretismo,
ya que en ese culto venezolano, donde se mezclan elementos afrocubanos,
indios, negros, espiritistas, católicos, ocultistas, etc., "estos
elementos de distintos orígenes fueron agregándose al culto en el
curso del tiempo, en una relación muy viva ya que aún continúan
penetrándose, se mezclan, luchan entre sí, vuelven a salir, a entrar,
reciben presiones de las fuerzas políticas, económicas, de la Iglesia...",
destacando "la gran movilidad interna de estos cultos de María I.ionza"
(p. 359/360). Por su parte, Renato Ortiz ("Du Syncrétisme a la Synthése:
Umbanda, une religión brésilienne", Archi ves de Sciences Sociales
de la Religión nº 40, París, 1975) discute también la caracterización
de sincretismo aplicada a la umbanda: "No estamos más –dice- en
presencia de un sincretismo, sino de una síntesis" (p. 96).
66 Ver: E. Cousins: "Les formes couvelles du sacré aux États-Unis",
en E. Castelli (org.): Prospettive sul Sacro. Roma, Instituto di
Studí Filosofici, 1974. Asimismo, se percibe cierto aire familiar
entre las visiones registradas durante las sesiones "transpersonales"
de LSD, cuyos dibujos ilustran el libro de Stanislav Groff (Além
do Cerebro, San Pablo, McGraw Hill, 1988) y las que son producidas
por la ayahuasca. Algo similar podría afirmarse respecto de las
experiencias con mescalina descriptas por Henri Michaux (L'Infini
Turbulent, París, Mercure de France, 1989). En todos estos casos,
se nota cierto manierismo en la forma, que, siendo más audaces,
cabría relacionar con lo propio del arte esquizoide, mostrado por
Léo Navratil en Schizophénie et Art, Bruselas, Editions Compléxe,
1978.
67 El ascetismo es -dice Roger Bastíde en Les Problémes de la Vie
Mystique, París, Armand Colin, 1948- una "técnica mística"; consiste
en una "depuración del alma" y se liga al "perpetuo movimiento de
negación" propio del misticismo (pp. 50; 52; 66).
68 M. Eliade: "Chasteté, sexualité et vie mystique chez les prirnitives",
en Mystique et Continence. Etudes Carmelitaines, París, Desclée
de Brouwer, 1952, pp. 36/37.
*De: Prosa plebeya: ensayos 1980–1992/Néstor Perlongher. Buenos
Aires, Colihue, 1997. (Puñaladas). Con la autorización de Horacio
González (director de la colección), Christian Ferrer, Osvaldo Baigorria
(compiladores), y Roberto Echavarren (su albacea litearario). Fuente:
www.descartes.org.ar
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Selección
de textos
ALAMBRES
RIVERA
"Pardejón significa el macho toruno que suele encontrarse en
las crías de mulas. tan malo y perverso que muerde y corta el lazo,
se viene sobre éste y atropella a mordiscos y patadas: que jamás
se domestica. y cuyo cuero no sirve, porque los padrillos de las
crías lo muerden a menudo. que no tiene grasa y cuya carne tampoco
sirve, porque es tan pestífera que ni los indios la comen...; y
los paisanos llaman pardejón a un hombre perverso"
Saldías, Historia de la Confederación Argentina
En las carpetas donde el té se vuelca, en esos bacarats Vencías
pardejón? O dabas coces en los establos de la República -reducida
a unas pocas calles céntricas- ¿qué más?
coces a los manteles? aquéllos que las chicas uruguayas se empecinaban
en bordar?
O era la tarde del gobierno con lentos trotes por la plaza con el
cerro copado por los bárbaros pasos de aya en la oscuridad Héroe
del Yaguarón una historia que cante a los vencidos ellos se arrastran
por las ligustrinas ocupadas acaso hay un linde para esta feroz
profanación?
Por qué Oribe no tomó Montevideo antes de que este amor fuera imposible?
Mi muy querida esposa Bernardina: he perdido parte de la montura
al atravesar el Yaguarón crecido te ruego envíes el chiripá amarillo
y unas rastras; acá no tenemos ni para cachila, así que si tienes
unos patacones me los mandas En qué cogollos encopetados andarás?
mi ama, mi vecina Te entregarías a él, mi Bernardina? O a los muchachos
de la Comisión Argentina, que miran con azoro cuando te beso?
Sé que se urden a costa de mí infames patrañas dales crédito algunas
de ellas son exactas
Hemos tenido con los unitarios relaciones muy íntimas Y si no los
conociera tan de cerca, qué me uniría a ellos a mí, un gaucho bruto
si fuera manso y no me diera corcovos en los rodeos Estamos sitiados,
Bernadotte Adónde iremos después de esta película tan triste
India Muerta
noticiándose del malhadado suceso del 27 volví a sufrir otro revés
que nos obligó a pasar el Yaguarón un poco apurados yo perdí parte
de la montura pero salvé bien desde aquel día estamos bajo la protección
de las autoridades imperiales que nos protegen y nos respetan en
todo aquello que puede ser para mantener la esperanza de salvar
la república mirar con indiferencia las desgracias del país un enemigo
fuerte y poderoso que tenemos al frente no me horroriza ni me infunde
terror árbitro de la fortuna de este honrado pueblo compuesto de
patriotas cuyo patriotismo los ha hecho callar un atrevimiento sin
límites En la frontera de Santa Teresa nada hay nuevo: los enemigos
continúan ocupándola mi idolatrada Bernardina en brazos de un poder
americano.
"…inconmensurable, abierto y misterioso a sus pies…"
Echeverría
Por qué tan imprudente desafiaba el encono del potro, de las lanzas,
del rebenque: en el lazo en el voleo de la lonja en el deseo de
caer rendido entre los rudos brazos de Esmeralda barazo, embarazoso
Este deseo no es una trampa que? se tiende acaso? que?: Por nada,
es una trampa que se arma, como el que montó a caballo y ordenó
a un oficial que lo siguiera, sí, pero a la distancia: y rumbeó
al sur el que le dijo a un oficial: Me sigues, chico? (en los rodeos,
se calentaba el mate) cuyas partidas lo cercaban y envuelto por
un grupo de soldados de Rozas alzando el anca, dijo Díganle al que
los manda que se aproxime sin temor, pues estoy solo que se echa,
acaso, en la catrera? la desolada, la Lavalle? uno? dos? el primero?
que se echa pierde? el que chorrea? antes era distinto: echaré un
sueño mientras espero al general (estoy bastante fatigado y tengo
el sueño ligero) El que llegaba del retén no pudo reprimir un ligero
-estopín espingarda -sobresalto como tigresa encadenada echóse sobre
ti, que yacías en el ;ligero sueño: encadenada como la que dormida
sueña un general tendido en ese lecho que, armado. se abalanza -estopín,
espingarda -en la cureña (rasgada la casaca, afloraban las plumas
doradas del chajá, jabonesas) en esa embarcación, seguido apenas
por un oficial (a la distancia) que miró por la hendija ese despatarrarse
de los héroes -misterioso, a sus pies.. .
-Siempre hay un otro, que después escribe: "Nunca pensé que esa
alba lúgubre sería la última, ennegrecida por un pardo que me asaltó
tras tu partida; sería la mítica, ahora que los azares de la lucha
han dado por el traste con aquel, nuestro breve pero eficaz encaje:
castas como glorietas, penetradas por la respiración de los vigías
(que se hacían la paja -la poética -tras la débil telilla de la
carpa; que mordían ellosos nuestras cinturas. palpando los puntos
flojos, los pozos ciegos de la desea: desea de ella, de la Diosa)
-acabó lo que daba: las Renatas y Curzias cabecearnos en las esplendideces
de esa guerra, que a nuestra vera opácanos: necias las dos, que
no habría otra"
CORTO PERO LIGERO
(Y no habría de ser: esa chupada, ese lambeteo: cebado el mate junto
al fogón de los arrieros, que arden de...
ese descanso de la tropa alzada, en grupas: no habría de bajarme
el chiripá, descendiendo a este encuentro. Ahora susurra el viento
en la ventana que da al aljibe: hurras blande no desacordonarme
la manea donde tremolo temblorosa?)
Una historia de sables, de pistolas De trincheras con flores de
sapo y de zarza parrilla Como hecha a dedo, a pecho Echada en el
camino de Tarija Por un gendarme ríspido, montés Trasiego, belicosa?
Belfo y flande Congoja
Si tuviera que ver este lenguaje con el terror de esos paisanos
que al ver al General piensan en Hoffman Si su respiración no moviera
las borlas de la cama de Rosas, de Esmeralda Y él no se lo encontrase,
al regreso de un vado, en la catrera: en el encame jabonoso, como
un lagarto entre los lienzos aparece con labios de obsidiana y perfume
de ajenjo: huele a chipre
(Si no me hubieras dicho qué paso en esa noche de Cañuelas, la última
-un bolero: si bien aún te querría?)
Un general moviendo espadas en la sombra Cacha y espuela, blonda
y nácar Coro de férulas:
Un general que agita los pendorchos y se entrega al de enfrente,
saltando los tapiales es más mujer que hombre, es más mujer para
ser hombre.
hombre de más para mujer: un general, un artesano de la muerte'
Chupa, lame esta hinchazón del español
MOREIRA
"Aquellos dos hombres valientes, con un corazón endurecido al azote
de la suerte, se abrazaron estrechamente una lágrima se vio titilar
en sus entornados párpados y se besaron en la boca como dos amantes,
sellando con aquel beso apasionado la amistad que se habían profesado
desde pequeños."
Gutiérrez
Delia, arrastrándose por ese cuarto descampado, se hacía cargo de
ese espanto, esa barba arrancada que babeaba junto a la verga del
amigo: de ese despojo, de esa cornamenta
esa lengua amputada deslizando la baba por el barbijo de ese vientre
Y si, querida Delia, ornada Dalia, no le hubieras dejado combatir?
Huyendo en ancas con el juez, haciendo estrecho el laberinto?
El laberinto de carcomas donde coleaban esos lagartos de las ruinas,
esas flores azules de las zanjas?
Ventruda campanilla! Restallaba!
Si no
hubieras vestido esa pollera de muselina acampanada con flores tan
burocas que parecían no engarzarse y flotar muellemente en las dobleces,
en el bies (y el barbijo!): y estaban enredadas en el clítoris-en
los nervios musgosos del estribo
Oh rusa blanca botando pozos y lagartos y pifias de caballos encabritados
que se boleaban en el ruedo, tronchos
-era la moda Líberty (o Liberty) y cabeceabas espejada entre andamios
temblequeantes y casi ponzoñosos
El amigo Francisco El amigo Giménez
El amigo Julián
con quien descangallada viste esa escena (torpe) de los besos: esa
lamida de las lenguas esos trozos de lenguas, paladares y cristales
brillosos, centelleantes, brillosos del strass que desprendido de
las plumas del ñu hedia en la planicie superficial, en balde
-en lo profundo, él y ese pibe de Larsen, en los remotos astilleros,
se zambullían en las canteras arenosas, en el vivero del Tuyú, a
pocas millas de la tumba
"a vos te dejo -dijo -el pañuelo celeste con que me até las bolas
cuando me hirió ese cholo, en la frontera; y el zaino amarronado;
y los lunares que vos creías tener y tengo yo, como en un sueño
de comparsas que por sestear pierden la anchura, el sitio justo
de la hendida; y se la pasan cercenados como botijas en el trance:
y se los come la luz mala
"y te dejo también esos tiovivos, con sus caballos de cartón que
ruedan empantanados en el barro; y cuántas veces ayudé a salir del
agua movediza a esos jinetes que fiados en la estrella montan grupas
hacia la comadreja; y se los come
"y también esos pastos engrasados donde perdí ese prendedor, de
plata, si lo encontrás es tuyo"
LA DELFINA
La Delfina, fumaba
y la puntilla de la enagua marrón de la Delfína que, ronca, levitaba
y el supremo encendido que miraba, los ojos encendidos, que miraban,
los ojos sin colirio por entre los barrotes de la jaula de la cabeza
de la jaula de López que la corta: corta, cercena y corta: la cabeza
que roma imaginaba desde la pajarera un pañuelo de cuello color
lila como aquellas enaguas que al alzarse, entre la polvareda, blanca,
blanca, fueron su perdición
el pañuelo de cuello -era celeste -con que Delfina retorcía la manivela
del paisaje -y aparecían gauchos con carretas tiradas por alambres
-una escena del West americano: ella se levantaba lentamente la
enagua colorada en la tranquera y dejaba escapar un tufo de mejillas
puestas a macerar durante noches
y noches: noches romas: donde ella cabalgaba los caballos gigantes
atada de los pelos, de las crines, parecía flotar en ese despacioso
espacio en esas noches borlas suprema de los ríos en que el Feroz
soñaba con la daga -a solas con la daga -y los púazos: y las esquirlas
del florero vuelan, al desgaire, al garete: al alzamiento
Fumaba en medio de esos abordajes, de esas patas de palo y muñones
celestes apenas protegidos por una gasa leve y diminuta Fumaba cuando
ella se dejaba caer desde lo alto de un caballo mancado y misterioso
'' la postrera visión de los gauchos adictos que huyen a toda furia
llevando con ellos a la mujer a la que amó locamente "
(Molina)
EL CIRCO
soledad del lamé: de lo que brilla no llora lo que ríe sino apenas
la máscara que ríe lo llorado llorado en lo reído: lo que atado
al corcel, lo que prendido al garfio de la soga: la écuyère: domadora
la que penachos unce por el pelo prendida a lo que mece: a lo que
engarza: ganchos alambres jaulas animales dorados a los aros atados
a los haros halos aros: la mujer más obesa, la barbuda: la de más
fuerte toca: la enganchada en el aire en el delirio: en la burbuja
del delirio: el mago en sus dos partes: la que cortada en dos desaparece.
y la que festoneada por facones sangra de corazón: la que cimbréase
sin red, la que desaparece
PARA CAMILA O'GORMAN
Con su sencillo traje de muselina blanca tijereteada por las balas,
rea La caperuza que se desliza sobre el hombro desnudo (bajo el
pelo empapado de cerezas) Como una anilla de lombriz de tierra que
huye Así ella se levanta El ruedo del sencillo vaporoso de muselina
blanca, sin breteles Los jirones del fux de vaporosa, sencilla (pero
blanca) Como nieve de rata de la noche detrás de los altares Así
huidiza Como rata que jala del incienso nieve que se disipa Que
tras roer la anilla de vaselina blanca se disipa En d aire, como
una fantasía De lombriz cuya anilla roen las nevadas ratas de los
altares La infantería col orada partió en persecución de las infantas
Blanca Como un terror de rata que cernida por las anillas de una
lombriz de tierra, gualda Jala la nieve de las guaridas de la noche
que se disuelve como un humo Blanco Que desbordada Por los jirones
de ese vestido pegajoso. por las burbujas de ese encaje Se trepa
a las anillas de una lombriz de tierra que presurosa roe los terrones
Que se deja engarzar por esa baba
AMELIA
Y la que vio caer al novio con el frenillo ensangrentado, el glande:
quisiera que reapareciera: el glande, ese frenillo de color marrón,
como de chocolate, que tascara: el estribo -de aquellas tempestades
-y por ello, se disfraza de madre -y sale a los balcones -en el
balcón terraza, junto al porch -con un solero antiguo, y un bretel,
estirado en la mata; y los increpa: que reaparezca o vuelva, que
retorne -siempre esas confusiones -de la vuelta -en la huerta, el
hortelano cava las fosas, y la azada, puntea: en la marmórea hialinidad
del témpano: esa concupiscencia, esa complicidad glacial, artística:
el cuello, el fino cuello. ante sus zarpas. se fue, por los jardines.
y le pides que vuelva -por lo menos que manden su cadáver, envuelto
en un jubón de percalina (arpillera o brocato) / o sea que venga
muerto caminando y se pare ante ti y te diga: chupala -con la banalidad
que da la militancia -militancia de bánalos y ojillos, de floretes
y coxas: transplatina, azuzabas la inhiesta -era la hirsuta suegra
que desde unas coronas -o unas calas -movía la manivela del tatuaje:
alambres y rituales. y poetisas lloronas en el vano. la puerta,
al entreabrirse, por un golpe de viento, por un flato, dejaba ver
la bota, el chiripá: en esos bailes -pilla -de salón, trotas y marchas.
tolerada.
por una tolerancia del lenguaje. o sea, que esté de nuevo ahí, en
ese sillón, de florcitas inglesas, y alistada, en la mamosa tropa,
lo asilaras: en esas embajadas de la caña -y el templo del oviedo.
En medio de ese ritmo de pavanas -paraván -pavoneas. en el cruce
del clásico. que vuelva, que sea él mismo y no otro. que no trolo
-y dado por el cable, que se enganchaba por atrás, el nombre -ni
brisco. sino que lo devuelvan enterito, con su ferocidad de caracol
babeante y fijo. fijeza de la horqueta. jugaban al ahorcado en las
mesas -colombianas , de una bar: y de repente -penis! -le piden
que -se-identifique: y él dice: soy eslava, llamen al cónsul húngaro.
pero éstos eran búlgaros, no albanos. y así se lo llevaron -prendido
a unas caronas -y a lo sumo que me den las maneas que han hecho
con su barba -de unitario. eso, por cajetilla. y aquesto, por judío.
banal, banal la pinta de su glande. no era otra la excusa de ese
pólder donde te embalsabas como una vieja austríaca. de vueltas
al florero, a la metralla. recuerda, enjuta, sus filosas nalgas:
ahí le clavetearon -eso es lo que se tapia.
y pululas, hecha una madre ebria, en esas listas, de presos y de
muertos. escapada.
MUSICA DE CAMARA
Como esa baba que lamosamente fascínase en la raya: de ese campo:
de un lado: los poliedros ubuescos: del otro: las liendres polacas:
en ese lado: al lado: esa ladera helada: donde se desparrama: la
babosa: lamiendo el mismo deshabillé marrón que tantos años lleva
colgado en el ropero entre las perchas de los trajes que tuvieron
alcanfor: y que tuvieron, en las mangas, pistolas: o de cuero de
Rusia o de chinchilla: el traje de la boda: deshabillé marrón que
al darse vuelta como mano de pulpo -una pulpa lorquiana -deja ver
la presteza de un anillo: mostaza amanerada: o la amarilla marca
de un enano que vomita y se enanca: en esas correrías -con el deshabillé
marrón -y desabotonado en los pasillos de hoteles calcinados por
un viento nudoso -y desabotonandose ahí mismo en el palier: se la
palpa, nudosa
como esa baba que lamosamente: ante esa mano: ráyase y fascínase:
en la demarcación de esos terrenos aúreos: alamedas, ligustrinas
holladas por el paso de un topo, de una veloz gacela: de unos tropos;
esas ropas tiradas al costado del campo -cuando los desnudaban y
les decían que era para tomar un baño dime Delia, tú crees en esas
músicas que tan mortuorias suenan cuando antes de las ejecuciones
batuteamos: y crees acaso en ellas? y crees? dime sí crees
Dime ya, Delia: creo en esas músicas que como liendres se agazapan
tras las axilas de los pobres que condenados a los gases se desnudaban
en las cámaras y aspiraban el fino -o el bravío -hedor del mediodía:
creo, decime, en esas melopeas de músicos de cámaras que toman la
batuta y suenan los violines violentos y los vientos ventrales cuando
ellos se retuercen, desnudos, en el gas: dime más: dime, creo en
las batutas que los ejecutores blanden en ese aire con leve olor
a gas que escapa de las cámaras de música en que el público, desnudo
y demudado, yace: dime, acaso lo crees? dime sí: que creo en esos
públicos desnudos que yacen demudados cuando por sus orejas penetran
los brumosos sonajeros, los dulces violoncelos de la cuna, del gas:
dímelo ya
LAS TIAS
y esa mitología de tías solteronas que intercambian los peines grasientos
del sobrino en la guerra en la frontera tías que peinan tías que
sin objeto ni destino babas como lamé laxas se oxidan y así "flotan"
flotan así, como esos peines que las tías de los muchachos en las
guerras limpian desengrasan, depilan sin objeto en los escapuIarios
ese pubis enrollado de un niño que murió en la frontera, con el
quepis torcido; y en las fotos las muecas de los niños en el pozo
de la frontera entre las balas de la guerra y la mustia mirada de
las tías en los peines engrasados y tiesos así las babas que las
tías desovan sobre el peine del muchacho que parte hacia la guerra
y retoca su jopo y ellas piensan que ese peine engrasado por los
pelos del pubis de ese muchacho muerto por las balas de un amor
fronterizo guarda incluso los pelos de las manos del muchacho que
muerto en la frontera de esa guerra amorosa se tocaba ese jopo;
y que los pelos, sucios, de ese muchacho, como un pubis caracoleante
en los escapularios, recogidos del baño por la rauda partera, cogidos
del bidet, en el momento en que ellos, solitarios, que recuerdan
sus tías que murieron en los campos cruzados de la guerra, se retocan
los jopos; y las tías que mueren con el peine del muchacho que fue
muerto en las garras del vicio fronterizo entre los dientes muerden
degustan desdentadas la gomina de los pelos del peine de los chicos
que parten a la muerte en la frontera, el vello despeinado
EN EL REFORMATORIO
a Inés de Borbon Parma
O era ella que al entrar a ese reformatorio por la puerta de atrás
veía una celadora desmayada: calesas de esa ventiluz: Inés, en los
cojines de esa aterciopelada pesadumbre, picábase: hoy un borbón,
mañana un parma. La hallaban así, yerta: borboteaba. Los chicos
se vigilaban tiesos en su torno-y unos se acariciaban las pelotas
debajo del bolsillo aunque estaba prohibido embolsar los nudillos,
por el temor al limo, pero se suponía que la muerte, o sea esa languidez
de celadora a lo cuan larga era en el pasillo, les daba pie para
ello; y asimismo, esta mujer, al caer, había olvidado recoger su
ruedo, que quedaba flotando -como el pliegue de una bandera acampanada-a
la altura del muslo; era a esa altura que los muchachos atisbaban,
nudosos, los visillos; y ella, al entrar, vio eso, que yacía entre
un montón de niños -y el más pillo, como quien disimula, rasuraba
el pescuezo de la inane con una bola de billar; y un brillo, un
laminoso brillo se abría paso entre esa multitud de niños yertos,
en un reformatorio, donde la celadora repartía, con un palillo de
mondar, los éritros: o sea las alitas de esas larvas que habían
sido sorprendidas cuando, al entrar en la jaula, se miraban, deseosas,
los bolsillos; o era una letanía la que ella musitaba, tardía, cuando
al entrar al circo vio caer ante sí a esos dos, o tres, niños, enlazados:
uno tenía los ojos en blanco y le habían rebanado las nalgas con
un hojita de afeitar; el otro, la miraba callado.
ETHEL
Como en ese zaguán de azulejos leonados donde ella se ata el pelo
con un paño a lunares -y sobresale un pinche como un punto: en el
bretel donde el mendigo gira las huellas de los hombros embarrados
en la gasa desnuda: eran plateados esos velos, plúmbeos: ella que
recogía, al pie de la escalera, los volados tropezaba en la huella
que embarrada por la sed de un mendigo huía en espiral: esas farmacias
donde ella se soltaba blandamente una liga y el pinchador pulía
la nalga, con un algodoncito: ese capullo huele a cerveza, como
un bar: ella se arremangaba toscamente y veía la huella, en el estaño
-como un peso de plata : en medio de un poema sentimental, con bultos
en los trenes y una cesta (de paja) con una vieja trusa renga como
el linyera que posaba sus dientes en la manija y Etheles que baldeaban,
casi a ciegas, su cuerpo: vago echado en las lajas, coraje y lavandina:
trapos con que una Ethel arma un hatillo, y prende sus orejas, como
aros o fotos de un hipódromo: en círculos, alrededor del lago artificial
donde se ahoga un lagarto, en torbellinos oye con la cabeza pesarosa
el tintín de la plata en ese vaso donde ese pordiosero lía las gomas
de alambre de sus babas
DAISY
el titilar de esas monedas en los boleros de estrellita: en los
tajos del corte, las hamacas, y majas que halan, entre tules "batón"
y un follaje de sombras: junto a ese velador, que apagas, y dejas
caer la cadena de plata en una palangana: la lavandina de esas velas
con que sobas el tajo: no hay un corte? en esos botoncitos) nacarados,
no hay una navaja que se lima, y mondada se lame? o ese corte, no
es el de la ''heridilla" (humo de follo)?: si al follaje ebrio lames,
no es ese rouge que dejas pringar en el pescuezo, como una boa nacarada?
no es eso que drapea lo que a la almendra dado, tasca en el cuello
del que baja, volcando el velador?
no es el volado el que rasguña su lengua de insignificantes llagas
(llamadas ''heridillas" en la foto): la escena del que mama, el
cuarto de esa escena sobre un neón de nomeolvides, y la ebriedad
de la que baja, y el descangallamiento de esos tacos en las escaleritas
de azulejos, y ese soutien que tironea hosco el lamé? hala de ese
bretel el hombro erguido el barro de ese hombro?
MICHE
El travesti, drapeado entre fantoches de irisable mondura: monda,
monda: ronda, cercena y raspa: la mondura montada en cardenales,
en fetiches: pescuezo de lamé, cuello de gata: botella atravesada:
el irisado almácigo: hortelano: curva, cencerro y paja: la travesti
echada en la ballesta, en los cojines crispa el puño aureolado de
becerros: en ese vencimiento, o esa doblegación: de lo crispado:
muelle, acrisolando en miasmas mañaneras la vehemencia del potro:
acrisolando: la carroña del parque, los buracos de luz, lulú, luzbel:
el crispo: la crispación del pinto: como esa mano homónima se cierne
sobre el florero que florece, o flora: sobre lo que florea: el miché,
candoroso, arrebolado de azahar, de azaleas, monta, como mondando,
la prístina ondulación del agua: crueldad del firmamento , del fermento:
atareado en molduras microscópicas, filamentosos mambos: tensas
curvas
Pero es acaso la curvación lo que crispa?: lo curvado? el marqués
de Courvel, en la corbeta, atándose el jabot a una teta de almíbar:
palillo y siliconas
Pero no, no es así? la curvatura, el glaceado pecíolo el irisado
almíbar de la teta que rancia se desploma sobre el hombro del marqués
que marcado en esa teta rancio se desploma, cual sobre un pastillero
es el marqués, la blanca jeta (recta) del marqués, la pulseada:
esos cueros peludos que tan prolijamente depilados dejan ver la
cabeza nudosa de un enano, de un enano grasiento y lujurioso: prolijas,
tersas grasas -o grasosas superficies de un crol, de una piscina
en ella, se zambulle el miché, zampándose la almeja en esa cosa
que pudorosa acecha en esa rosa de un pecíolo lila en esa tersa
costra del pescuezo gillette y afeitadora en esa barba que desprendida
cae como babeando: y raya
Mme S.
Ataviada de pencas, de gladíolos: cómo fustigas, madre, esas escenas
de oseznos acaramelados, esas mieles amargas como blandes el plumero
de espuma: y las arañas: cómo espantas con tu ácido bretel el fijo
bruto: fija, remacha y muele: muletillas de madre parapléxica: pelvis
acochambrado, bombachones de esmirna: es esa madre la que en el
espejo se insinúa ofreciendo las galas de una noche de esmirna y
bacarat: fija y demarca: muda la madre que se ofrece mudándose en
amante al plumereo, despiole y despilfarro: ese desplume de la madre
que corre las gasas de los vasos de whisky en la mesa ratona: madre
y corre: cercena y garabato: y gorgotea: pende del cuello de la
madre una ajorca de sangre, sangre púbica, de plomos y pillastres:
sangre pesada por esas facturas y esas cremas que comimos de más
en la mesita de luz en la penumbra de nuestras muelles bodas: ese
borlazgo: si tomabas mis bolas como frutas de un elixir enhiesto
y denodado: pendorchos de un glacé que te endulzaba: pero era demasiado
matarte, dulcemente: haciéndome comer de esos pelillos tiesos que
tiernos se agazapan en el enroque altivo de mis muslos, y que se
encaracolan cuando lames con tu boca de madre las cavernas del orto,
del ocaso: las cuevas; y yo, te penetraba? pude acaso paranne como
un macho ebrio de goznes, de tequilas mustio, informe, almibararme,
penetrar tus blonduras de madre que se ofrece, como un altar, al
hijo -menor y amanerado? adoptar tus alambres de abanico, tus joyas
que al descuido dejabas tintinear sobre la mesa. entre los vasos
de ginebra, indecorosamente pringados de ese rouge arcaico de tus
labias?
cual lobezno lascivo, pude, alzarme, tras tus enaguas, y lamer tus
senos, como tú me lamías los pezones y dejabas babeante en las tetillas
-que parecían titilar el ronroneo de tu saliva rumorosa? el bretel
de tus dientes?
pude madre? como un galán en ruinas que sorprende a su novia entre
las toscas braguetas de los estibadores, en los muelles, cuando
laxa desova, en los botones, la perfidia a él guardada? ese lugar
secreto y púbico? cómo entonces tomé esa agarradera, esos tapires
incrustados con mangos de magnolia, aterciopeladamente sospechosos
y sosteniendo con mi mismo miembro la espuma escancorosa de tu sexo,
descargar en tu testa? Sonreías borlada entre las gotas de semen
de los estibadores que en el muelle te tomaban de atrás y muellemente:
te agarre: qué creías?
VAPORES
lo que en esa goteja raspadura de barba humedecida el azulejo, o
azulejo de barba amanecida, lo rocíado de esa puntillez, el punto
de esa toca, en el rocío de esa puntilla que se raspa, o gota que
lamina: porque la mano que ávida raspa, como una barba, el ejo azul
de esas axilas, o esos muslos-se divisan los muslos en la bruma
de humo, en el vapor de esa corrida: toca rozada, rosa el lamé,
el "por un quítame de allá esas pajas", o manotazo de mojado, papas
de loma en la fundidad, o el resbalón de esas acaloradas mangas,
como fleca de sudo: o esa transpiración de la que toca, tocada,
ese tocado ese tocado de manuelitas y ese jabón de las vencidas,
sofocadas esa respiración entrecortada, como de ninfas venéreas,
en el lago de un cuadro, cuadriculan; cuadran, culan en el kuleo
de ese periplo: porque en esas salas, acalambradas de lagartos que
azules ejos ciñen, o arrastran, babeándose por los corredores de
cortina, atrapalhada como una toalla que se desliza, o se deja caer,
en los tablones, de madera, mad, que toca, madra, toca lo madrastral
de ese tocado, casi gris; pero que en su puntilla, acaso deja ver
algo? se trasluce esa herida de manteca que el gollo, o ese fólego,
fuellante, en una oreja que no se ve o no se sabe de qué cara es,
en ese surco que no se ve, esa arruga de la transpiración: azoteas
de lama, donde el deseo en, suave irrisión, se hace salpicadura…
DEGRADEE
recorres en espejo galerías con espejos de mano galerías, vítreas,
de vidrio y lama, ve un ''viril" virtuosismo, una vidriosidad de
escapulados, o "pulados": pues, porque si en ese abismo, o callecita-baja
-el pescuezo de la niña -, porque si ese pezcuello, doblegado bajo
ese resplandor, nade, espejo que nace, jade y vidrio? jala, y en
ese recorrer, del resplandor lamé, burilo; corta el ruedo, da una
"terminación". y si se usa el deambular brilioso, señas de lona
verde -para un ahorcado verde-, verme, por qué no? si ese desliz,
ese arrastrar se amplía? y en el ruedo, de ese pez-cola, aparece
un detalle en "purpurina"? sobretatuado en el escote, draga el seno;
de ésa que hiere: vidrio cortado, tajo luminoso e infecto, cuyos
esparadrapos, en el alcohol de esas miradas que chorrean, en la
frialdad de ese glacé, o nomás el incienso de ese humo cala la carne
del pescuezo, marca los ''caminillos" de esa horca, como si esa
cabeza, de rodar, por enaguas almidonadas, tiesas, jale lo ase.
rima su aspereza de pieles vivas, con esa estola de "marrón"
con que ella se cubría los hombros? -disimulando esa pilosidad.
y lo batracio, de ese desfallecer, no lleva a las patitas de yacaré,
estagnadas, o colocadas en una cierta inercia?...
pero que lo que araña si. cala y no calla. no necesariamente, ya
que al borde de aquellas piletitas de sarmiento, hay una madre que
se ahoga, y otra que se desnuda, en el palier, delante de unos oficiales
está esa madre y esa ausencia. el cuadro, enmarcado en cristal,
da el resplandor de esas arañas paralíticas.
Esa, y acaso la otra.
porque ella, al rodar, por esos pasillitos, azogados, no padecía
el ahogo de esas ligas, y la sofocación de esos panderos, el pesar
de esos brincos, o pendientes, o anillos, ya excesivos? y lo que
se recarga, en esa cuenta, no es la vuelta de más, el disparate
de enjoyados breteles, o el enojo de un cirio que pendea? deja caer
acaso el celo? de qué cielo nos habla?
o paniamores, o chafalonerías de coral, o strasses como estros...
(grades)
y por las gradas esa estola que radas rodas, rueda, greda en el
degrau -degrádase, desagradable boa, la de esa moquerie, y cuyos
flejos, gelatinosos, lame. losa la de esa escala. pues en sus ascensiones,
o descensos, o líneas, de laberinto, boas de fleco y ''filipetas,,,
botas lo que se pisa: paño de ''pranto" y ''maquerie": machette
ruinosa, lo que enella rolaba, o el rolar de esos vahos, mohosos,
musga el rielar de ese desliz: pétalo caviloso que, pecado en su
pasmada esplendidez, tremola; vino que áspero en los rajados torsos
se disipa, pringado: gredas o paño, botas, gelatinas
(lobos)
lebos lobos ajax rodrigo guesavenda gruesa venda venérea madreselva
del ánade cohonestas ebúrneos mercados tasa la marca del pito rito
colomí cárpido lesma leve losa lontano lamé pero la cercanía de
escarpe arroja lanas desamor ocaso o no alba fibrosa, no está en
ajax rodrigo al mediodía espinoso y reblandecido, por lo tostado
de las carnes o escarpe del bozo enjuta adarga en pliegos de furtivo
jaguar desala y ronda ronco rebota ronronea rutila hosco
(Mamparas)
estentóreo vitral trizas del cuello la gorguera manchada como un
tímpano por el eco de un flato trema crema lagartija cariosa que
en el pecado de esa lavandina -oriental y estentórea -jala del pene
de la anciana madre el hilo de una cicatriz. Oh mustio piojo que
a su pubis acaramelas de escozores y gargoleantes nimbos de pecera.
Pescada peca en el aventurado retirarse detrás de unos jarrones
al contemplar el paso de la silla por los estrechos de terracota
y mármol en el piso pintado con eructos de epopeyas silvestres.
Caudalosa ases el puño del que bate, en un canapé asombrillado,
la crema de esos días apagados y marchos como una estalactita que
separada de la gruta toma la flaccidez de un ano falso. El orificio
que se menta y el rapé que se ahueca en el soplor gamado de las
cruces que como ligustrinas distribuyen los pasos de las ocas en
el juego de almíbar y mimbre que gime. Claraboyas semienterradas
en el corset de cornucopia alastran en su anillado parpadear la
sombra de una calesita empinada sobre los muros de alacranes como
un precipitado templo de cantoras.
Oasis de flema que en el amasado carmesí de una sonrisa falsa, como
una niña que se traviste o pinta, tasa, pringosa. los jaspes del
jardín y los espejuelos al acaso olvidados. El canto de la ajorca
está timbrado dé macetuelas poco actuales El dorso como un velamen
que se arquea en la senectud de un rimmel pasado o echado a dos
manos sobre las aguas quietas del lavabo. El corte de la pinza azotea
cardenales airados en el pingense monte. Se deslizan por el moflete
acochambrado goterones de pinga de esmirna de ''dolores": los cálculos
la doblan y la almizclan en un perpetrado redoblar de jarcias que
instilan en el muelle de las aguas internas la precisión de una
piragua, o la pira de las aguas ardientes o fogosas en el vestuario
de los lobos grises. Acuclillan al papa de la argentina y lo obligan
a lamer el estirado o romo clito de la madre romana. una matrona
de crepé y arroz contorsionándose a la velocidad del ganglio o celosía,
como mirilla vigilante abre al flaneur el desdoror de un can o de
una cana echada entre almohadones cuya sarnosidad dice del paso,
su ázimo olor del pis de otros. Sorbe sin resistir, ya que le obligan,
con una agilidad impropia al cargo o a la norma. Levanta áspero
del bies del cornillero colonial el hilo de una aguja empantanada
e inservible, porque no pincha ni ara el ruedo. Uñas tibias que
rasan al demorado olor como martillos en una tez desnuda, depilada.
Palpan alérgicas la chinche empotrada en los dos oídos.
Pululan cosquilleos alambrados, cárdenas insensibles, líneas de
puntos flacos y aunque borroneados pegajosos. Pegasos de vidrio
de ciruela vuelven a hacerse trizas en el cuello gargóleo de marmitas
que ella llamaba mámparas.
ANADE, CARACOLES
1.
Arpeador, el arquero avista -catalejo de lana -el avinagrado banlon,
o marmóleo, la sirena de cola de paja que al zambullirse en esas
aguas azuladas o acaso babas de la ristra imita un zapateo amerinado,
o farfulla diamantes, al caer; porque en esas elipsis, o blasones
del que almidonado se recata. como en un zalameo, lame el anca o
el grito del quien vive, usurpado por una patrulla sorpresiva en
una noche cálida, cuyas colas, de sirena despellejada, y renga,
avistan al que arquéase.
2.
En torno al címbalo de una mujer que teje un sospechado resplandor,
borroso o borracho de limo, cuenta una a una las plumas del pato.
Ese despojo sanguinolento, o veteado de espumas por cuyas alas antes
plúmbeas rodaron como en una escritura caracolillos tiesos o invertidos.
Ese rodar era el temblor de paja de la mano del muchacho que tira
los dientes en un sándalo acollarado, el de los mismos dientes y
el de la cabeza de cola de paja de la sirena que menstruaba: esa
rojez, era su resplandor.
Su suerte, cual arúspice sudado, corroía las orlas de yodo y los
talones argentinos y daba clanco el punto de su fuga.
Un punto, perdido en esas orlas.
Acollarado en esas medianeras.
Címbrase.
En el medio de un círculo de plata, billetes, vaquitas de San Antonio,
ese gratuito cisne.
El adivinador no me responde, mira las peladas sirenas y deja caer
sobre el pellejo del pato su graznido.
Para que arroje las conchas glúteas en la pecera y dé nombre de
pájaro a las fuentes?
Porque en el parpadear de la que teje, como una piel inmóvil, los
obeliscos restallantes, torvos, hijo del rengo y la mendiga, un
colibrí, o un pólipo, palpean, adheridos a las viscosas, ventosidades,
brisas que remedan el gesto del que echa patos a las chatas.
Ese muchacho, el tufo de sus glúteos y la mano del ganglio, el bozo
depilado. El carrousel donde prendido a una sortija se degüella.
3.
Pero la mano que ávida lame muestra el juego de una fabulación:
en el muchacho que se tira, ardido aires de densos abanicos, plumas
que graznan o "claveles en el pelo", el halo de una olla, donde
hierve, cisne de entrañas escarbadas y heces dispersas en un mazo.
Perlas de paño y una colcha donde se calza el círculo y él danza
abrochado de espejos que dan de sí lo suyo aspas pastosos ademanes
roba el sello de un gozne, o el chillido de un pájaro de plata,
el acre de sus vahos y el baño de su pie pringando el cerco. el
celo de los prendedores.
Una mitología de entendidos, o de sobreentendidos, se desata.
La caca que de su pecho cae en grandes orlas, punza el ano del pato.
4. Anade Jade
EL PALACIO DEL CINE
Hay algo de nupcial en ese olor o racimo de bolas calcinadas por
una luz que se drapea entre las dunas de las mejillas el lechoso
cairel de las ojeras que festonean los volados rumbo al olor del
baño. al paraíso del olor, que pringa las pantallas donde las cintas
indiferentes rielan guerras marinas y nupciales.
Los escozores de la franela sobre el zapato de pájaro pinto dan
paso al anelar o pegan toques de luna creciente o de frialdad en
el torcido respaldar que disimula el brinco tras un aro de fumo
y baban carreteles de goma que dejan resbaloso el rayo del mirador
entretenido en otra cosa.
Aleve como la campanilla del lucero el iluminador los despabila
y reparte polveras de esmirna en el salitre de las botamangas y
en el rouge de las gasas que destrenzan las bocas esparciendo un
cloqueo diminuto de pez espada atrapado en la pecera o de manatí
vuelto sirena para reconocerlos.
Pero apenas los prende de plata se aja el rayon y los sonámbulos
encadenan a verjas de fierro para recuperar la sombra o el remanso
del cuerpo derramado como yedra las palanganas de esmerilo, el caucho
que flota en la redoma donde se peinan, tallarinesco o anguiloso,
el pubis con un cedazo de humedad.
Y el sexo de las perras arroja tarascones lascivos a las tibias
de los que acezan hurtarse del lamé que lame él brin de marinero
que fumando ve mirar la pantalla donde los ojos pasan otra cinta
y entretendido en otro lado mezcla las patas a la ojera carnosa,
que acurrucada en el follaje folla o despoja al pájaro de nombres
en una noche americana.
FRENESI
El enterizo de banlon, si te disimulaba las almorranas, te las ceñía
al roce mercuarial del paso de las lianas en el limo azulado, en
el ganglio del ánade (no es metáfora). Terciopelo, correhuelas de
terciopelo, sogas de nylon, alambrecitos de hambres y sobrosos,
sabrosos hombres broncos hombreando hombrudos en el refocilar, de
la pipeta el peristilo, el reroer, el intraurar, el tauril de merurio.
Y el volcán, en alunadas ágatas, terciopelo, correíta de nácar,
el mercurio de la moneda ensalivada en la pirueta de la pluma, bIanca,
flanca y fumóla en el brumulo noctural. El saurio, al que te dije,
deslelicorreaba. descoloría, coloreaba, las errancias gnomosas,
como flatos de goma o silicone afluentes en el nódulo del ganglio
lenitar, róseo maravedí en carbunclo alzado, lo prometido por las
mascaritas, mascaba, macaneaba la mazota. Campanuela de telgopor
y el frunce de la ''imitación seda".
tildaban lentejuelas los breteles, esmirna, pirca de lapislázuli,
carmelo. cortióla rompiamor el encaracolado calacrí. el alacrán
de la ponzoña abisagrada como esputo, o carpiólo, rompiometió en
el carrancudo lince de los senos plastificados el estilete, en la
cartera la tronera de una ventana vigilante, el signo del acuario
en el mangle movedizo, oleante, arde de las ardillas casi encintas
la delicia de la mentirilla linguajar, lúpulo del burdel, pupila
de éter. Corceía el lanzaperfumes su pesadilla de puttos ondulantes,
como olas u onduelas bandidejas, bandidas. carricoche en la reja,
el espumar, en runa la inscripción (borradiza) del himen de la verja,
el alcahuete paga el servicio de la consumición, ahoga en cerveza
lo furtivo del lupanar, tupido, apantallado por maltrechas ecuyères
en caballitos de espinafre, la pímienta haciendo arder el sebo carnoso
del ánade.
carnaval -río 1984
Convidaba a ruir al forastero bieolor el troj de la heridilla, el
rastrojo de nylon del cuelga de las limas abrillantadas, borboteantes,
por rizar, o retoñio, del iris del palacio sororal la espécula de
pinza, de piltrafa ataviada, al recoger el meollo de la oruga (campanada
de flus) el reventón, contra el murillo cervecero, del pétalo ceniza,
el sépalo, la siempreviva de gorgueras, gorgona, la ilustración
del brillo por el óleo de orillo metaplásmico, cuyo taladro de metal
oía. oye ruinar de los nematelmintos en el cabello cinto de la plata.
El rigodón, minuero. al taladrar la mina de jacinto, griselda, insulsa
el ruin contrabandea tics de la "banda oriental", si era del bicolor
del borda el fuelle. La filigrana filibustera y el ojo de la mano
que retoca, cuando disipa el polvo ceniza, cinza de los tocados.
La manopla, al destapar la alegoría de los crímenes y las encapuchadas
en camisa, de fieltro, al evocar la guillotina de los peplos y la
costura de la mañanita. derriban al reloj que da a la sisa la rigidez-o
la consolación de un ano faldo, en rimas de Limoges, en porcelanas
y cristalerías de Limoges, en nuances vítreos.
Las tigresas, por esmaltar el brin, encorsetaban la linotipista.
veíasela curtir el afeite polaco de la liendre, alienada, encarpetada
en cursos de rimmel solitario y potiche relleno de partidas, o pollos,
gallinitas a medio curtir que circuían el bálano militar de la que
oye. tras el timbal el pífano de Creso. El maleante, después de
atravesar las defensas de tules, los túneles blandos del polietileno,
libraba al portador del muelle lastre, lo soltaba al reojo de la
incógnita aúrea, o arañar. como si de libélulas tratárase, el alguacil
del tufo en el aceite aguado de una mandolina retocada, por rebuscada
acaso menos lisa, oh sol de verme luminar.
(el rigor de la histeria)
el rompehielos
Alud del aludir: el respostar, reposteril membrana, en el calambre,
nítido o níveo, la renda en la gargola, la gárgara de rendas. el
gorgotear del pelandrún en la marisca de sofocos, puercoespín. himenil.
el piecesillo de Farabeuf -cuando, al piscar, al ornicar. hacía
hablar a los peces azules, colorados-, el truco estaba en el tricot
de la cadera, en el tricostelón de la Nigeria, acantilar atlántida
del oso lenguaraz. El caracol, por darle verme al ristre. La sotreta,
recamada de alubias, alicia lesa en una elipsis demasiado estirada,
comisura del rictus, come y sura. El huracán del buscapié y el tornado
mujer, la brizna del sostén en el pajareo incontenible, el pico
al piel del novio y remirándola la prímula, gorgoreo de rusas, engomadas
arábigas. Listar del broderie el entusiasmo, intuito del fiestero.
al gozador las lenguas se le hacen medias (o inmedias) como estambres.
Firuletea el rompehielos, guiña al esguince del sotreta montado,
soterrado. sotrozo* de fintas en el reiterarse legañosa, en la grandilocuencia
del ventrílocuo vecinal, barrado
Retornar, rocelar de la ligustrina maniatera, cuyo buril era apagado
por una constelación de vidrios focos, de vidrieras rumanas vampirizando
el ''volga va ". Ya vista, la lechuza cairelábase en el menstruar
de efebos de azabache, lame el carmín lunares de ballesta. El fechado,
al saltar, de los linces el linde pajueril, rímini hosco y limosnero,
cernía la cariátide de los atletas en una tirria resinosa, bocina
de carbunclo, amarilleante colomí en la lingüiza. La lengüeta, por
no el zapato postular, acariciaba en la sordina el ganglio de los
africados, rizado ríe del agror por una rima tan deseada. Y Lita:
lituana espúrea -que da a nueve, en el cerbanatar, prurito la congoja,
paspa el canto. Rúe, porque unas vestes aún ampáranla. Cosida, ya
que bretel el cancro, lustre el fimo. Sinuosidad de la cerveza,
el quicio rebanaba corrales, apios torcidos en el camandulear ,
contestados condones . Y donceles, y cordones brotados. ¿Coordinar
para el torvo la nalguicie, vallejo urdir la fístula luzbélica,
y por candir fosforecer el hurto, las ''entrañas" asgadas -palafrenero
del esfínter en la borbota carmesí? El agudo, si aguado, levitaba
al pendor la córnea blanda, íntima. Fosforescencia y glauca. El
vegetal, cogido por el níspero, cruza delfines con venablos.
Le daba al africado, pirulera, el cerúleo candor, maromas de aduanera,
en el dejar pasar de la congonha por la estría porosa. Le preguntaban
si había venido de hidroavión para medir el peso de sus glúteos,
el fibroma de cincuenta libras bajo los cambaceres del tulcito,
leonel mirón de pie en la leonera o liorna de los monos semidesnudos,
depilados, la cera negra de Treblinka en el tremor timbrado de la
flema.
La gema, chal de felpa, yeminal, al conjuro de las malaquitas traicionaba
la dureza, ya glacial, del derrame, en la refistolería de morados
y milhos verdes, pirateados por el malandro en la boca del subte
semienterrado, semicorredizo por los ojos de buey de los cinturones
y los bagres pintados en la costa con calcomanías de carey. Repujados,
altivos. Contorsionistas del desfile, el paseo de los caimanes en
la bandolera resinosa. El picoteo de las madréporas en los collares
del Vesuvio, el efluvio de pinga en el pingote (''me acarició la
yema") las borrachas, flexibles, gárrulas, limosas en el fluxo del
glande, el fijador acuoso de pegaso lujar. o iglesinesco, lie lioneras
de azulejos con polvo de canarios, o de albatros, pájaros prietos
en un fondo de cielo azorado. Al azotarla, al blandir la excrecencia
pegajosa, la creciente, la ceceosa esmeralda, rotulaba con el blandor
de la alegría la estría del goloso, sollozante y fugaz jubiloso.
Hazmerreír, de pantas y palmeras, la nevera del bánalo en el banal-tambor,
el repicar de los badajos en los goteos (acueductos) de una furiosa
farsa.
CADAVERES
a Flores
Bajo las matas En los pajonales Sobre los puentes En los canales
Hay Cadáveres
En la trilla de un tren que nunca se detiene En la estela de un
barco que naufraga En una olilla, que se desvanece En los muelles
los apeaderos los trampolines los malecones Hay Cadáveres
En las redes de los pescadores En el tropiezo de los cangrejales
En la del pelo que se toma Con un prendedorcito descolgado Hay Cadáveres
En lo preciso de esta ausencia En lo que raya esa palabra En su
divina presencia Comandante, en su raya Hay Cadáveres
En las mangas acaloradas de la mujer del pasaporte que se arroja
por la ventana del barquillo con un bebito a cuestas En el barquillero
que se obliga a hacer garrapiñada En el garrapiñiero que se empana
En la pana, en la paja, ahí Hay Cadáveres
Precisamente ahí, y en esa richa de la que deshilacha, y en ese
soslayo de la que no conviene que se diga, y en el desdén de la
que no se diga que no piensa, acaso en la que no se dice que se
sepa...
Hay Cadáveres
Empero, en la lingüita de ese zapato que se lía disimuladamente,
al espejuelo, en la correíta de esa hebilla que se corre, sin querer,
en el techo, patas arriba de ese monedero que se deshincha, como
un buhón, y, sin embargo, en esa c... que, cómo se escribía? c.
.. de qué?, mas, Con Todo Sobretodo Hay Cadáveres
En el tepado de la que se despelmaza, febrilmente, en la menea de
la que se lagarta en esa yedra, inerme en el despanzurrar de la
que no se abriga, apenas, sino con un saquito, y en potiche de saquitos,
y figurines anteriores, modas pasadas como mejas muertas de las
que Hay Cadáveres
Se ven, se los despanza divisantes flotando en el pantano: en la
colilla de los pantalones que se enchastran, símilmente; en el ribete
de la cola del tapado de seda de la novia, que no se casa porque
su novio ha …............................!
Hay Cadáveres
En ese golpe bajo, en la bajez de esa mofleta, en el disfraz ambiguo
de ese buitre, la zeta de esas azaleas, encendidas, en esa obscuridad
Hay Cadáveres
Está lleno: en los frasquitos de leche de chancho con que las campesinas
agasajan sus fiolos, en los fiordos de las portuarias y marítimas
que se dejan amanecer, como a escondidas, con la bombacha llena;
en la humedad de esas bolsitas, bolas, que se apisonan al movimiento
de los de Hay Cadáveres
Parece remanido: en la manea de esos gauchos, en el pelaje de esa
tropa alzada, en los cañaverales (paja brava), en el botijo de ese
guacho, el olor a matorra de ese juiz Hay Cadáveres
Ay, en el quejido de esa corista que vendía "estrellas federales"
Uy, en el pateo de esa arpista que cogía pequeños perros invertidos,
Uau, en el peer de esa carrera cuando rumbea la cascada, con una
botella de whisky "Russo" llena de vidrio en los breteles, en ésos,
tan delgados, Hay Cadáveres
En la finura de la modistilla que atara cintas do un buraco hubiere
En la delicadeza de las manos que la manicura que electriza las
uñas salitrosas, en las mismas cutículas que ella abre, como en
una toilette; en el tocador, tan ...indeciso..., que clava preciosamente
los alfiles, en las caderas de la Reina y en los cuadernillos de
la princesa, que en el sonido de una realeza que se derrumba, oui
Hay Cadáveres
Yes, en el estuche de alcanfor del precho de esa ¡bonita profesora!
Ecco, en los tizones con que esa ¡bonita profesora! traza el rescoldo
de ese incienso; Da, en la garganta de esa ajorca, o en lo mollejo
de ese moretón atravesado por un aro, enagua, en Ya Hay Cadáveres
En eso que empuja lo que se atraganta, En eso que traga lo que emputarra,
En eso que amputa lo que empala, En eso que ¡puta! Hay Cadáveres
Ya no se puede sostener: el mango de la pala que clava en la tierra
su rosario de musgos, el rosario de la cruz que empala en el muro
la tierra de una clava, la corriente que sujeta a los juncos el
pichido -tin, tin . . . -del sonajero, en el gargajo que se esputa...
Hay Cadáveres
En la mucosidad que se mamosa, además, en la gárgara; en la también
glacial amígdala; en el florete que no se succiona con fruición
porque guarda una orla de caca; en el escupitajo que se estampa
como sobre en un pijo, en la saliva por donde penetra un elefante,
en esos chistes de la hormiga, Hay Cadáveres
En la conchita de las pendejas En el pitín de un gladiador sureño,
sueño En el florín de un perdulario que se emparrala, en unas brechas,
en el sudario del cliente que paga un precio desmesuradamente alto
por el polvo, en el polvo Hay Cadáveres
En el desierto de los consultorios En la polvareda de los divanes
"inconcientes" En lo incesante de ese trámite, de ese "proceso"
en hospitales donde el muerto circula, en los pasillos donde las
enfermeras hacen SHHH! con una aguja en los ovarios, en los huecos
de los escaparates de cristal de orquesta donde los cirujanos se
travisten de ''hombre drapeado", laz zarigueyaz de dezhechoz, donde
tatúase, o tajéase (o paladea) un paladar, en tornos Hay Cadáveres
En las canastas de mamá que alternativamente se llenan o vacían
de esmeraldas, canutos, en las alforzas de ese bies que ciñe-algo
demás-esos corpiños, en el azul Iunado del cabello, gloriamar, en
el chupazo de esa teta que se exprime, en el recIinatorio, contra
una mandolina, salamí, pleta de tersos caños . .. Hay Cadáveres
En esas circunstancias, cuando la madre se lava los platos, el hijo
los pies, el padre el cinto, la hermanita la mancha de pus, que,
bajo el sobaco, que va "creciente", o Hay Cadáveres
Ya no se puede enumerar: en la pequeña ''riela" de ceniza que deja
mi caballo al fumar por los campos (campos, hum…),o por los haras,
eh, harás de cuenta de que no Hay Cadáveres
Cuando el caballo pisa los embonchados pólderes, empenachado se
hunde en los forrajes; cuando la golondrina, tera tera, vola en
circuitos, como un gallo, o cuando la bondiola como una sierpe 'leche
de cobra" se disipa, los miradores llegan todos a la siguiente conclusión:
Hay Cadáveres
Cuando los extranjeros, como crápulas, ("se les ha volado la papisa,
y la manotean a dos cuerpos"), cómplices, arrodíllanse (de) bajo
la estatua de una muerta, y ella es devaluada! Hay Cadáveres
Cuando el cansancio de una pistola, la flaccidez de un ano, ya no
pueden, el peso de un carajo, el pis de un ''palo borracho", la
estirpe real de una azalea que ha florecido roja, como un seibo,
o un servio, cuando un paje la troncha, calmamente, a dentelladas,
cuando la va embutiendo contra una parecita, y a horcajadas, chorrea,
y Hay Cadáveres
Cuando la entierra levemente, y entusiasmado por el suceso de su
pica, más atornilla esa clava, cuando "mecha" en el pistilo de esa
carroña el peristilo de una carroza chueca, cuando la va dándola
vuelta para que rase todos.. . los lunares, o Sitios, Hay Cadáveres
Verrufas, alforranas (de teflón), macarios muermos: cuando sin...
acribilla, acrisola, ángeles miriados' de peces espadas, mirtas
acneicas, o sólo adolescentes, doloridas del dedo de un puntapié
en las várices, torreja de ubre, percal crispado, romo clít ...
Hay Cadáveres
En el país donde se yuga el molinero En el estado donde el carnicero
vende sus lomos, al contado, y donde todas las Ocupaciones tienen
nombre….
En las regiones donde una piruja voltèa su zorrito de banlon, la
huelen desde lejos, desde antaño Hay Cadáveres
En la provincia donde no se dice la verdad En los locales donde
no se cuenta una mentira -Esto no sale de acáEn los meaderos de
borrachos donde aparece una pústula roja en la bragueta del que
orina-esto no va a parar aquí -, contra los azulejos, en el vano,
de la 14 o de la 15, Corrientes y Esmeraldas, Hay Cadáveres
Y se convierte inmediatamente en La Cautiva, los caciques le hacen
un enema, le abren el c... para sacarle el chico, el marido se queda
con la nena, pero ella consigue conservar un escapulario con una
foto borroneada de un camarín donde...
Hay Cadáveres
Donde él la traicionó, donde la quiso convencer que ella era una
oveja hecha rabona, donde la perra lo cagó, donde la puerca dejó
caer por la puntilla de boquilla almibarada unos pelillos almizclados,
lo sedujo, Hay Cadáveres
Donde ella eyaculó, la bombachita toda blanda, como sobre un bombachón
de muñequera como en un cáliz borboteante-los retazos de argolla
flotaban en la "Solución Humectante" (método agua por agua), ella
se lo tenía que contar Hay Cadáveres
El feto, criándose en un arroyuelo ratonil, La abuela, afeitándose
en un bols de lavandina, La suegra, jalándose unas pepitas de sarmiento,
La tía, volviéndose loca por unos peines encurvados Hay Cadáveres
La familia, hurgándolo en los repliegues de las sábanas La amiga,
cosiendo sin parar el desgarrón de una "calada" El gil, chupándose
una yuta por unos papelitos desleídos Un chongo, cuando intentaba
introducirla por el caño de escape de una Kombi, Hay Cadáveres
La despeinada, cuyo rodete se ha raído por culpa de tanto "rayito
de sol", tanto "clarito"; La martinera, cuyo corazón prefirió no
saberlo; La desposeída, que se enganchó los dientes al intentar
huir de un taxi; La que deseó, detrás de una mantilla untuosa, desdentarse
para no ver lo que veía: Hay Cadáveres
La matrona casada, que le hizo el favor a la muchacho pasándole
un buen punto; la tejedora que no cánsase, que se cansó buscando
el punto bien discreto que no mostrara nada -y al mismo tiempo diera
a entender lo que pasase -; la dueña de la fábrica, que vio las
venas de sus obreras urdirse táctilmente en los telares-y daba esa
textura acompasada...
lila...
La lianera, que procuró enroscarse en los hilambres, las púas Hay
Cadáveres
La que hace años que no ve una pija La que se la imagina, como aterciopelada,
en una cuna (o cuña) Beba, que se escapó con su marido, ya impotente,
a una quinta donde los vigilaban, con un naso, o con un martillito,
en las rodillas, le tomaron los pezones, con una tenacilla (Beba
era tan bonita como una profesora…) Hay Cadáveres
Era ver contra toda evidencia Era callar contra todo silencio Era
manifestarse contra todo acto Contra toda lambida era chupar Hay
Cadáveres
Era: "No le digas que lo viste conmigo porque capaz que se dan cuenta"
O: "No le vayas a contar que lo vimos porque a ver si se lo toma
a pecho"
Acaso: "No te conviene que lo sepa porque te amputan una teta" Aún:
"Hoy asaltaron a una vaca" "Cuando lo veas hacé de cuenta que no
te diste cuenta de nada ...y listo" Hay Cadáveres
Como una muletilla se le enchufaba en el pezcuello Como una frase
hecha le atornillaba los corsets, las fajas Como un titilar olvidadizo,
eran como resplandores de mangrullo, como una corbata se avizora,
pinche de plata, así Hay Cadáveres
En el campo En el campo En la casa En la caza Ahí Hay Cadáveres
En el decaer de esta escritura En el borroneo de esas inscripciones
En el difuminar de estas leyendas En las conversaciones de lesbianas
que se muestran la marca de la liga, En ese puño elástico, Hay Cadáveres
Decir "en" no es una maravilla? Una pretensión de centramiento?
Un centramiento de lo céntrico, cuyo forward muere al amanecer,
y descompuesto de El Túnel Hay Cadáveres
Un área donde principales fosas?
Un loro donde aristas enjauladas?
Un pabellón de lolas pajareras?
Una pepa, trincada, en el cubismo de superficie frívola...?
Hay Cadáveres
Yo no te lo quería comentar, Fernando, pero esa vez que me mandaste
a la oficina, a hacer los trámites, cuando yo curzaba la calle,
una viejita se cayó, por una biela, y los carruajes que pasaban,
con esos crepés tan anticuados (ya preciso, te dije, de otro pantalón
blanco), vos creés que se iban a dedetener, Fernando? Imaginá… Hay
Cadáveres
Estamos hartas de esta reiteración, y llenas de esta reiteración
estamos. Las damiselas italianas pierden la tapita del Luis XV en
La Boca!
Las ''modelos"-del partido polacono encuentran los botones (el escote
cerraba por atrás) en La Matanza! Cholas baratas y envidiosas -cuya
catinga no compite-en Quilmes! Monas muy guapas en los corsos de
Avellaneda! Barracas! Hay Cadáveres
Ay, no le digas nada a doña Marta, ella le cuenta al nieto que es
colimba!
Y si se entera Misia Amalia, que tiene un novio federal!
Y la que paya, si callase!
La que bordona, arpona!
Ni a la vitrolera, que es botona!
Ni al lustrabotas, cachafaz!
Ni a la que hace el género "volante"!
NI Hay Cadáveres
Féretros alegóricos!
Sótanos metafóricos!
Pocillos metonímicos!
Ex-plícito !
Hay Cadáveres
Ejercicios Campañas Consorcios Condominios Contractus Hay Cadáveres
Yermos o Luengos Pozzis o Westerleys Rouges o Sombras Tablas o Pliegues
Hay Cadáveres
-Todo esto no viene así nomás -Por qué no? -No me digas que los
vas a contar -No te parece? -Cuándo te recibiste? -Militaba? -Hay
Cadáveres?
Saliste Sola Con el Fresquito de la Noche Cuando te Sorprendieron
los Relámpagos No Llevaste un Saquito Y Hay Cadáveres
Se entiende?
Estaba claro?
No era un poco demás para la época?
Las uñas azuladas?
Hay Cadáveres
Yo soy aquél que ayer nomás...
Ella es la que… Veíase el arpa...
En alfombrada sala...
Villegas o Hay Cadáveres
.....................................
.....................................
.....................................
.....................................
No hay nadie?, pregunta la mujer del Paraguay.
Respuesta: No hay cadáveres.
![]()
La
desaparición de la homosexualidad
Por Néstor Perlongher
Archipiélagos de lentejuelas, tocados de plumas iridiscentes (en
cada vertebración de la cadera trepidante, las galas de cien flamencos
que flotan en el aire tornado un polvo rosa), constelaciones de
purpurinas haciendo del rostro una máscara más, toda una mampostería
kitsch, de una impostada delicadeza, de una estridencia artificiosa,
se derrumba bajo el impacto (digámoslo) de la muerte. La homosexualidad
(al menos la homosexualidad masculina, que de ella se trata) desaparece
del escenario que tan rebuscadamente había montado, hace mutis por
el foro, se borra como la esfumación de un pincelito en torno de
la pestaña acalambrada, acaramelada. Toda esa melosidad relajante
de pañuelitos y papel picado irrumpiendo en la paz conyugal del
dormitorio, por ellas (o por ellos: ah, las elláceas), a gacelas
subidas y por toros asidas y rasgadas, convertido en un campo de
batallas de almohadones rellenos de copos de algodón hecho de azúcares
pero en el fondo, siempre, como un dejo de hiel, toda esa parafernalia
de simulaciones escénicas jugadas normalmente en torno de los chistes
de la identidad sexual, derrumbase -diríamos, por inercia del sentido,
con estrépito, pero en verdad casi suavemente-, en un desfallecimiento
general. La decadencia sería romántica si no fuese tan transparente,
tan obscena en su traslucidez de polietileno alcanforado. Desvanécese,
pero sin descender a los abismos de donde supónese emergida gracias
al escándalo de la liberación, sino yéndose, deshilachándose en
un declive casi horizontal continuando cierta existencia menor -de
una manera, claro está, atenuada, levísima como la difuminación
de un esfumino- en una suerte de callado cuarto al lado -el cuarto
de Virginia Wolf, tal vez, pero en silencio, habiendo renunciado
a los célebres y conmovedores parties.
Es preciso aclarar: lo que desaparece no es tanto la práctica de
las uniones de los cuerpos del mismo sexo genital, en este caso
cuerpos masculinos (y de la parodia, renegación y franeleo de ésta
dada -en el sentido de don- masculinidad, trata en abundancia su
imaginario), sino la fiesta del apogeo, el interminable festejo
de la emergencia a la luz del día, en lo que fue considerado como
el mayor acontecimiento del siglo XX: la salida de la homosexualidad
a la luz resplandeciente de la escena pública, los clamores esplendorosos
del -dirían en la época de Wilde- amor que no se atreve a decir
su nombre. No solamente se ha atrevido a decirlo, sino que lo ha
ululado en la vocinglería del exceso. Acaba, podría decirse, la
fiesta de la orgía homosexual, y con ella se termina (¿acaso no
era su expresión más chocante y radical?) la revolución sexual que
sacudió a Occidente en el curso de este tan vapuleado siglo. Se
cumple, de alguna manera, el programa de Foucault, enunciado -para
sorpresa de la mayoría y duradera estupefacción de los militantes
de la causa sexual- en el primer volumen de la Historia de la sexualidad.
El dispositivo de sexualidad, vaciado, saturado, revertido, vive
-aun cuando sea posible vaticinarle el vericueto de alguna treta,
alguna sobrevivencia en la adscripción forzada y subsunción a otros
dispositivos más actuales y más potentes-, acaso en la cúspide de
su saturación, un manso declive.
Un declive tan manso que si uno no se fija bien no se da cuenta
es el de la homosexualidad contemporánea. Porque ella abandona la
escena haciendo una escena patética y desgarradora: la de su muerte.
Debe haber algún plano -no el de una causalidad- en que esa contigüidad
entre la exacerbación desmelenada de los impulsos sexuales ("verdaderos
laboratorios de experimentación sexual", diría Foucault) y la llegada
de la muerte en masa del Sida, algún espacio imaginario, o con certeza
literario, donde esa contigüidad se cargue de sentido, sin tener
obligatoriamente que caer en fáciles exorcismos de santón. Sea como
fuere, hay una coincidencia. Cabrá a los historiadores determinar
la fuerza y la calidad de la irrupción morbosa en el devenir histórico,
comprenderlas. A los que ahora la sentimos no se nos puede escapar
la siniestra coincidencia entre un máximo (un esplendor) de actividad
sexual promiscua particularmente homosexual y la emergencia de una
enfermedad que usa de los contactos entre los cuerpos (y ha usado,
en Occidente, sobre todo los contactos homosexuales) para expandirse
en forma aterradora, ocupando un lugar crucial en la constelación
de coordenadas de nuestro tiempo, ep parte por darse allí la atractiva
(por misteriosa y ambivalente) conclusión de sexo y muerte.
Se puede pensar que nunca la orgía llegó a tal exceso como bajo
la égida de la liberación sexual (y más marcadamente homosexual)
de nuestro tiempo. El libro de Foucault puede anticipar esa inflexión
-que ahora parece verificarse ya no en el plano de las doctrinas,
sino en las prácticas corporales-, porque él nos muestra cómo la
sexualidad va llegando a un grado insoportable de saturación, con
la extensión del dispositivo de sexualidad a los más íntimos poros
del cuerpo social.
El dispositivo social desarrollado en torno de la irrupción del
Sida lleva paradójicamente a su máxima potencia la promoción planificada
de la sexualidad -tratada ésta como un saber por un poder- y marca
de paso el punto de inflexión y decadencia. Es curioso constatar
cómo estamos a tal punto imbuidos de los modernos valores de la
revolución sexual que nuestro primer impulso es denunciar coléricamente
su reflujo. No vemos la historicidad de esa revolución, no conseguimos
relativizar la homosexualidad tal como ella es dada (o era dada
hasta ahora), enseñada y transmitida por médicos, psicólogos, padres,
medios de comunicación, amantes y amantes de los amantes -siendo
esa ilusión de ahistoricidad intemporal incentivada por buena parte
del movimiento homosexual, que defiende la tesis de una esencia
inmutable del ser homosexual. Nuestra homosexualidad es un sexpol,
o al menos se presenta y maneja, a pesar de la homofobia de Reich,
como uno de sus resultados. Un elemento político, un elemento sexual.
Parece El Fiord de Osvaldo Lamborghini (pero un Lamborghini sin
éxtasis). A decir bien, ¿sin éxtasis?
Sabemos gracias a Bataille que la sexualidad (el "erotismo de los
cuerpos") es una de las formas de alcanzar el éxtasis. En verdad,
Bataille distingue tres modos de disolver la mónada individual y
recuperar cierta indistinción originaria de la fusión: la orgía,
el amor, lo sagrado. En la orgía se llegaba a la disolución de los
cuerpos, pero éstos se restauraban rápidamente e instauraban el
colmo del egoísmo, el vacío que producen en su gimnasia perversa
resulta ocupado por el personalismo obsceno del puro cuerpo (cuerpo
sin expresión, o, mejor, cuerpo que es su propia expresión, o al
menos lo intenta...). En el sentimentalismo del amor, en cambio,
la salida de si es más duradera, el otro permanece tejiendo una
capita que resiste al tiempo en el embargo de la sublimación erótica.
Pero sólo en la disolución del cuerpo en lo cósmico (o sea, en lo
sagrado) es que se da el éxtasis total, la salida de sí definitiva.
Estamos demasiado aprisionados por la idea de sexualidad para poder
entender esto. La sexualidad vale por su potencia intensiva, por
su capacidad de producir estremecimientos y vibraciones (¿sería,
en esta escala, el éxtasis una suerte de grado cero?) que se sienten
en el plano de las intensidades. Pero no quiere decir que sea la
única forma, menos aún la forma obligatoria, como nos quieren hacer
creer Reich y toda la caterva de ninfómanos que lo siguen, aún discutiéndole
algo, pero imbuidos del espíritu de la marcha ascendente del gozo
sexual. Nos suena ya una antigualla. Pero pensemos cuánto se ha
luchado por llegar, por conseguir, por alcanzar, ese paraíso de
la prometida sexualidad. Con el Sida se va dando, sobre todo en
el terreno homosexual (pienso más en el brasileño, muy avanzado,
ello es, donde se llegó a un grado de desterritorialización considerable
en las costumbres; en otros países menos osados ese proceso de reflujo
tal vez no se pueda ver con tanta claridad; es que es ta desaparición
de la homosexualidad está siendo discreta como una anunciación de
suburbio, a muchos lugares la noticia tarda un poco en llegar, aún
no se enteraron...), otra vuelta de tuerca del propio dispositivo
de la sexualidad, no en el sentido de la castidad, sino en el sentido
de recomendar, a través del progresismo médico, la práctica de una
sexualidad limpia, sin riesgos, desinfectada y transparente. Con
ello no quiero postular un viva la pepa sexual, dios nos libre,
tras todo lo que hemos pasado (sufrido) en pos de la premisa de
liberarnos, sino advertir (constatar, conferir) cómo se va dando
un proceso de medicalización de la vida social. Esto no debe querer
decir (confieso que no es fácil) estar contra los médicos ya que
la medicina evidentemente desempeña, en el combate contra la amenaza
morbosa, un papel central.
El pánico del Sida radicaliza un reflujo de la revolución sexual
que ya se venía insinuando en tendencias como la minoritariamente
desarrollada en los Estados Unidos que postulaban el retorno a la
castidad. En verdad la saturación ya venía de antes. La saturación
parece inherente al triunfo del movimiento homosexual en Occidente,
al triunfo de la homosexualidad, que viene de un proceso bastante
ajetreado y conocido que no hace falta repetir aquí. Recordemos
que la homosexualidad es una criatura médica, y todo lo que se ha
escrito sobre el pasaje del sodomita al perverso, del libertino
al homosexual. Baste ver que la moderna homosexualidad es una figura
relativamente reciente, que, puede decirse, y al enunciarlo se lo
anuncia, ha vivido en un plano de cien años su gloria y su fin.
¿Qué pasa con la homosexual idad, si es que ella no vuelve a las
catacu mbas de las que era tan necesario sacarla, para que resplandeciese
en la provocación de su libertinaje de labios refulgentemente rojos?
Ella simplemente se va diluyendo en la vida social, sin llamar más
la atención de nadie, o casi nadie. Queda como una intriga más,
como una trama relacional entre los posibles, que no despierta ya
encono, pero tampoco admiración. Un sentimiento nada en especial,
como algo que puede pasarle a cualquiera. Al tornarla completamente
visible, la ofensiva de normalización (por más que estemos tratando
de cambiar la terminología, más después de que Deleuze lanzó la
noción de sociedades de control, como sustituyente de las sociedades
de disciplina de que habla Foucault, no es fácil llamar de una manera
muy diferente a tan profunda reorganización, o intento de reorganización
de las prácticas sexuales, indicada sensiblemente por la introducción
obligatoria del látex en la intimidad de las pasiones) ha conseguido
retirar de la homosexualidad todo misterio, banalizarla por completo.
No dan ganas, es cierto, de festejarlo, al fin y al cabo fue divertido,
pero tampoco es cuestión de lamentarlo. Al final, la homosexualidad
(su práctica) no ha sido una cosa tan maravillosa cuanto sus interesados
apologistas proclamaran. No hay, en verdad, una homosexualidad,
sino, como dirían Deleuze y Guattari, mil sexos, o por lo menos,
hasta hace bien poco, dos grandes figuras de la homosexualidad masculina
en Occidente. Una, de las locas genetianas, siempre coqueteando
con el masoquismo y la pasión de abolición; otra, la de los gays
a la moda norteamericana, de erguidos bigotitos hirsutos, desplomándose
en su condición de paradigma individualista en el más abyecto tedio
(un reemplazo del matrimonio normal que consigue la proeza de ser
más aburrido que éste). Me arriesgaría a postular que la reacción
de gran parte de los homosexuales frente a las campañas de prevención
está siendo la de dejar de tener relaciones sexuales en general,
más que la de proceder a una sustitución radical de las antiguas
prácticas por otras nuevas "seguras", o sea con forro.
La homosexualidad se vacía de adentro hacia afuera, como un forro.
No es que ella haya sido derrotada por la represión que con tanta
violencia se le vino encima (sobre todo entre las décadas del 30
y del 50, y, en el caso de Cuba, todavía ahora se la persigue: una
forma torturante de que conserve actualidad y alguna frescura).
No: el movimiento homosexual triunfó ampliamente, y está muy bien
que así haya sido, en el reconocimiento (no exento de humores intempestivos
o tortuosos) del derecho a la diferencia sexual, gran bandera de
la libidinosa lidia de nuestro tiempo. Reconozcámoslo y pasemos
a otra cosa. Ya el movimiento de las locas (no sólo político, sino
también de ocupación de territorios: un verdadero Movimiento al
Centro) empezó a vaciarse cuando las locas se fueron volviendo menos
locas y tiesos los bozos, a integrarse: la vasta maroma que fundía
a los amantes de lo idéntico con las heteróclitas, delirantes (y
peligrosas) marginalidades, comenzó a rajarse a medida que los manflorones
ganaron terreno en la escena social. El episodio del Sid a es el
golpe de gracia, porque cambia completamente las líneas de alianza,
las divisorias de aguas, las fronteras. Hay sí discriminación y
exclusión con respecto a los enfermos del Sida, pero ellos -recuérdese-
no son solamente maricones. Ese estigma tiene más que ver, parece,
con el escándalo de la muerte y su cercanía en una sociedad altamente
medicalizada. Su promoción aterroriza y sirve para terminar de limpiar
de una vez por todas los antiguos poros tumefactos y purulentos
que la perversión sexual ocupaba, en los cuales reía con la risa
de los Divine (la loca de "Nuestra Señora de las Flores", la inmensa
travesti norteamericana). Asimismo, con la llegada de la visitante
inesperada (así se llama la última pieza de Copi), los antiguos
vínculos de socialidad, ya resquebrajados por la quiebra de los
lazos marginales de que hablábamos, terminan de hacer agua y de
venirse abajo. Es que con el Sida cambian las coordenadas de la
solidaridad, que dejan de ser internas a los entendidos, como sucedía
cuando la persecución, para pasarle por encima al sector homosexual
y desbo rd arlo por tod as partes . Así, se nota que son de un modo
general las mujeres (las mujeres maduras) las que se solidarizan
con los sidosos, mientras que sus colegas de salón huyen aterrados.
Toda esa promoción pública de la homosexualidad, que ahora, por
abundante y pesada, toca fondo, no ha sido en vano. Ha dispersado
las concentraciones paranoicas en torno de la identidad sexual,
trayendo la remanida discusión sobre la identidad a los salones
de ver TV, hasta que todos se dieran cuenta de su idiotez de base;
al hacerlo, ha acabado favoreciendo cierto modelo de androginia
que no pasa necesariamente por la práctica sexual. Dicho de otra
manera: las locas fueron las primeras en usar arito; ahora se puede
usar arito sin dejar de ser macho. Aunque ser macho ya no signifique
mucho. De últimas, la desaparición de la homosexualidad no detiene
el devenir mujer que el feminismo (otro fósil en extinción) inaugurara,
lo consolida y asienta, más que radicalizarlo, y lima romando sus
aristas puntiagudas.
Ahora, la saturación (por supuración) de esta trasegada vía de escape
intensivo que significó, a pesar de todo, la homosexualidad, con
su reguero de víctimas y sus jueguitos de desafiar a la muerte (pensemos
en la pieza de Copi, víctima de Sida, Les Escaliers de lçotre Dame:
una cohorte de travestis, chulos, malandras y policías juegan a
desafiar a la muerte en las escalinatas de la catedral, que hace
de fondo lejano; desafio que la llegada de la muerte masiva ha vuelto
innecesario, entre macabro y ridículo), favorece que se busquen
otras formas de reverberación intensiva, entre las que se debe considerar
la actual promoción expansiva de la mística y las místicas, como
manera de vivir un éxtasis ascendente, en un momento en que el éxtasis
de la sexualidad se vuelve, con el Sida, redondamente descendente.
Con la desaparición de la homosexualidad masculina (la femenina,
bien valga aclararlo, continúa en cierto modo su crecimiento y extensión,
pero en un sentido al parecer más de corporación de mujeres que
de desbarajuste dionisíaco), la sexualidad en general pasa a tornarse
cada vez menos interesante. Un siglo de joda ha terminado por hartarnos.
No es casual que la droga (aunque sean sus peores usos) ocupe crecientemente
el centro de las atenciones mundiales. Mal que mal, la droga (o
por lo menos ciertas drogas, los llamados alucinógenos) acerca al
éxtasis y llama, mal que les pese a los cirqueros históricos, a
algún tipo de ritualización que la explosión de los cuerpos en libertinaje
desvergonzado nunca se propuso (aunque ya una heroína sadiana avisaba:
"Hasta la perversión exige cierto orden").
Abandonamos el cuerpo personal. Se trata ahora de salir de sí.
[Publicado en El Porteño Nº 119, noviembre 1991]
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Matan
a una marica
Por Néstor
Perlongher
Lo primero que se ven son cuerpos: cuerpos charolados por el revoleo
de una mirada que los unta; cuerpos como películas de tul donde
se inscribe la corrida temblorosa de un guiño; la hiedra viboresca
de cuerpos enredados (drapeado en erección) al poste de una esquina;
cuerpos fijos los unos, en su dureza marmoleante donde se tensa,
preámbulo de jaba, jadeo en jade, la cuerda certera de una flecha;
cuerpos erráticos los otros, festoneando el charol aceitoso con
rieles en almíbar caricias arañescas que se yerguen al borde de
la vereda pisoteada.
Cuerpos que del acecho del deseo pasan, después, al rigor mortis.
En enjambre de sábanas deshechas las ruinas truculentas de la fiesta,
de lo festivo en devenir funesto: cogotes donde las huellas de los
dedos se han demasiado fuertemente impreso, torsos descoyuntados
a bastonazos, lamparones azules en la cuenca del ojo, labios partidos
a que una toalla hace de glotis, agujeros de balas, barrosas marcas
de botas en las nalgas.
Transformación, entonces, de un estado de cuerpos. ¿Cómo se pasa
de una orilla a la otra? ¿Cómo puede el deseo desafiar (y acaso
provocar) la muerte? ¿Cómo, en la turbulencia de la deriva por la
noche, aparece la trompada adonde se la quiso -sin restarle potencia
ni espamento- tomar caricia? ¿Cómo el taladro del goce -al que se
lo prevé desgarrando en la fricción los nidos (nudosos) del banlon-
realiza, en un fatal exceso, su mitología perforante? Volutas y
voluptas: una multiplicidad de perspectivas reclaman ser movilizadas
para asomarse a la oscura circunstancia en que el encuentro entre
la loca y el macho deviene fatal.
"Homosexual asesinado en Quilmes". De vez en cuando, noticias de
la muerte violenta de las locas ganan, con macabro regodeo, pringan
de lama o bleque los titulares sensacionalistas, compitiendo en
fervor, en columna cercana, con las cifras de las bajas del Sida.
Ambas muertes se tiñen, al fin, de una tonalidad común. Lo que las
impregna parece ser cierto eco de sacrificio, de ritual expiratorio.
La matanza de un puto se beneficiaría, secreto regocijo, de una
ironía refranera: "el que roba a un ladrón..."
Pocos meses atrás, una ola de asesinatos de homosexuales recorrió
el Brasil. Entre noviembre del 87 y febrero de este año, una veintena
de víctimas, un verano caliente. Quiso la fatalidad que los muertos
se reclutaran entre personalidades conocidas ("Zas, la loca era
famosa", prorrumpió un comisario ante el hallazgo de un cadáver
en bombacha): un director de teatro, algunos periodistas, modistas,
peluqueros... No bastaba, al parecer, el Sida con su campaña altisonante
-una verdadera promoción de hades. Era necesario recurrir a métodos
más contundentes. Así, ametrallamiento de travestis en las callejas
turbias de San Pablo, achacado fabulosamente por portavoces policiales
a un paciente de Sida deseoso de venganza -pero de inequívocos rasgos
paramilitares. Del mismo modo que la muerte de los homosexuales
se liga, en el actual contexto, casi ineludiblemente al Sida, la
represión policial se asocia, en la producción de esos cadáveres
exquisitos, a lo que los ideólogos liberacionistas del 60 llamaban
homofobia: una fornida fobia a la homosexualidad dispersa en el
cuerpo social. Se mezclan las cartas, sale culo, sobreviene la descarga.
Lejos de ser algo exclusivo de las veredas tropicales, la sangre
de las locas suele salpicar también los adoquines sureños. Se recordará
la serie de ejecuciones desatadas cuando los estertores de la última
dictadura, a la luz odiosa del perdido fiord. O, asimismo, el ametrallamiento
de los travestis que exhibían, en la Panamericana la audacia de
sus blonduras. En ambos casos, se impone la pregunta: ¿se trata,
en verdad, de conspiraciones de inspiración fascista (estilo Escuadrón
de la Muerte o Triple A)? ¿O, más bien, de cierto clima de terror
contagioso que tensa hacia la muerte los ya tensos enlaces del submundo
("cuando uno mata, matan todos", condenó un taxiboy durante la ola
de crímenes porteños)?
En un librito recientemente publicado en San Pablo, El pecado de
Adán, dos jóvenes periodistas, Vinciguerra y Maia, se aventuran
con argucia por los entretelones del ghetto, investigando las relaciones
entre los asesinos y sus víctimas. Si bien algunos de los homicidas
eran policías o soldados -y varios de los crímenes citaban, en su
metodología (manos atadas a la espalda, bocas entoalladas, emasculaciones
o inscripciones en la carne, a la manera de la máquina kafkiana),
el estilo de los Escuadrones de la Muerte (comandos parapoliciales
de exterminio de lúmpenes y de intervención en las guerras del hampa)-,
ninguna conspiración, ningún plan organizado, sino a lo sumo una
ligera cita, la referencia al sacrificio justiciero. ¿De qué justicia,
en este caso, trátase?
Primero, ¿de qué se habla cuando se habla de violencia? Más allá
de la indignación de los robos -que no llega a compensar, con todo,
el no tan secreto regocijo de los más-, no resulta fructífero pensar
la violencia en tanto tal, como hecho en sí. La violencia -dice
Deleuze hablando de Foucault- "expresa perfectamente el efecto de
una fuerza sobre algo, objeto o ser. Pero no expresa la relación
de poder, es decir, la relación de la fuerza con la fuerza". ¿De
qué fuerzas, en el caso de la violencia antihomosexual, se trata?
Dicho de otra manera: ¿cuáles son las fuerzas en choque, cuál el
campo de fuerzas que afecta su entrechoque?
Para decirlo rápido, estas fuerzas convergen en el ano; todo un
problema con la analidad. La privatización del ano, se diría siguiendo
al Antiedipo, es un paso esencial para instaurar el poder de la
cabeza (logo-ego-céntrico) sobre el cuerpo: "sólo el espíritu es
capaz de cagar". Con el bloqueo y la permanente obsesión de limpieza
(toqueteo algodonoso) del esfínter, la flatulencia orgánica sublímase,
ya etérea. Si una sociedad masculina es -como quería el Freud de
Psicologia de las Masas- libidinalmente homosexual, la contención
del flujo (limo azul) que amenaza estallar las máscaras sociales
dependerá, en buena parte, del vigor de las cachas. Irse a la mierda
o irse en mierda, parece ser el máximo peligro, el bochorno sin
vuelta (el no llegar a tiempo a la chata desencadena, en El Fiord
de Osvaldo Lamborghini, la violencia del Loco Autoritario; Bataille,
por su parte, veía en la incontinencia de las tripas el retorno
orgánico de la animalidad). Controlar el esfínter marca, entonces,
algo así como un "punto de subjetivación": centralidad del ano en
la constitución del sujetado continente.
Cierta organización del organismo, jerárquica e histórica, destina
el ano a la exclusiva función de la excreción -y no al goce. La
obsesión occidental por los usos del culo tiene olor a quemado;
recuérdese el sacrificio (¿previo empalamiento?) de los sodomitas
descubiertos por el ojo de Dios. Si el progresivo desplazamiento
de la Teología a la Medicina como ciencia y verdad de los cuerpos
ha de modificar el tratamiento, pasando por ejemplo del fuego a
la inyección, no por desinfectante la histeria de sutura amenguará
el picor de su insistencia, envuelta en fino, transparente látex.
Así, si los argumentos sesentaochescos de Hocquenghem en Le Desir
Homosexual que entendían la incansable persecución a los homosexuales
a través de un trasluz esfinterial ("Los homosexuales son los únicos
que hacen un uso libidinal constante del ano"), parecían, a juzgar
por la inflación orgiástica del gay liberation y sus "verdaderos
laboratorios de experimentación sexual" (Foucault), haber perdido,
a costa del relajo, el rigor de su vigencia, el fantasma del Sida
habrá, en los días de hoy, de actualizar el miedo ancestral a la
mixtura mucosa, al contacto del semen con la mierda, de la perla
gomosa de la vida con la abyección fecal. De reactualizar, en una
palabra, el problema del culo.
"Para un gorila / no hay nada mejor / que romperle el culo / con
todo mi amor": "romper el culo". O, en su defecto, "dejarse tocar
el culo": la grosería chongueril -andando siempre "con el culo en
la boca": si cuando digo la palabra carro, un carro pasa por mi
boca, al decir culo... -insiste en posar en las asentaderas el punto
de toque del escándalo (...yo no diría del deseo...) Insistencia
en el chiste pesado, cuya concreción, en la "llanura del chiste"
lamborghiana, desata la violencia (irresistible contar el argumento
de "La Causa Justa": dos compañeros de oficina se la pasan todo
el día diciéndose : "Si fuera puto, me la meterías hasta el fondo";
"si fueras puto, te acabaría en la garganta", y otras lindezas por
el estilo hasta que un japonés, que nada entiende sino literalmente,
presentifica, recurriendo a la piña y al cuchillo, el subjuntivo).
La producción de intensidades, afirman Deleuze y Guattari en Mil
Mesetas, desafía, mina, perturba, la organización del organismo,
la distribución jerárquica de los órganos en el organigrama anatómico
de la mirada médica. Si a alguien se le escapa un pedo, ¿en qué
medida ese aroma huele a una fuga del deseo? Si el deseo se fuga
, construyendo su propio plano de consistencia, es en el plano de
los cuerpos, en el estado de cuerpos del socius, que habrán de verse
molecularmente las vicisitudes de esa fuga.
Resumiendo, la persecusión a la homosexualidad escribe un tratado
(de higiene, de buenas maneras, de manieras) sobre los cuerpos;
sujetar el culo es, de alguna manera, sujetar el sujeto a la civilización,
diría Bataille, a la "humanización". Retener, contener. Y si esta
obsesión anal, liga o ligamen en el lingam, pareció ante el avance
de la nueva "identidad" homosexual, disiparse, es porque esta última
modalidad de subjetivación desplaza hacia una relación "persona
a persona" (gay/gay) lo que es, en las pasiones marginales de la
loca y el chongo, del sexo vagabundo en los baldíos, básicamente
una relación "órgano a órgano": pene/culo, ano/boca, lengua/ verga,
según una dinámica del encaje; esto entra aquí, esto se encaja allí...
La homosexualidad, condensa Hocquenghem, es siempre anal. Puto de
mierda.
En el orondo deambuleo de las maricas a la sombra de los erguidos
pinos, mirando con el culo -ojo de Gabes el anillo de bronce-, escrutando
la pica en Flandes glandulosos, se modula, en el paso tembloroso,
en la pestaña que cautiva, hilo de baba, la culebra, el collar de
una cuenta a pura pérdida. Perdición del perderse: en el salir,
sin ton ni son, al centro, al centro de la noche, a la noche del
centro; en el andar canyengue por los descampados de extramuros;
en el agazaparse -astucia de la hidra o de la hiedra- en el lamé
de orín de las "teteras"; en la felina furtividad abriendo transversales
de deseo en la marcha anodina de la multitud facsimilizada; si toda
esa deriva del deseo, esa errancia sexual, toma la forma de la caza,
es que esconde, como cualquier jungla que se precie, sus peligros
fatales. Es a ese peligro, a ese abismo de horror ("Paciencia, culo
y terror nunca me faltaron", enuncia el Sebregondi Retrocede), a
ese goce del éxtasis -salir: salir de sí- estremecido, para mayor
reverberancia y refulgor, por la adyacencia de la sordidez, por
la tensión extrema, presente de la muerte, que el deambuleo homosexual
(¡curiosa seducción!) el yiro o giro, se dirige de plano -aunque
diga que no, aunque recule: si retrocede, llega- y desafia, con
orgullo de rabo, penacho y plumero.
Busquemos un ejemplo alejado del frenesí de neón del yiro furioso:
El lugar sin Límites, de Donoso. En un polvoso burdel chileno, la
loca (la Manuela) se deja seducir, aún a sabiendas de su peligrosidad,
por un chongo camionero, para el cual, tras intentar rehuirle, se
pone su mejor vestido rojo, cuyos volados le hacen, por ensuciar
irresistiblemente con su mucílago el bozo del macho, de corona y
sudario. El deseo desafia -por pura intensidad- la muerte; es derrotado.
Más acá de este extremo -constante como fijo- de la ejecución final,
la tentación de abismo no deja de impulsar -sus revoleos, sus ondulaciones-
la nómade itinerancia de las locas. ¿No habrá algo de "salir de
sí" en ese "salir a vagar por ahí", a lo que venga? La transición
-imposición especular de la ley- intercepta esta fuga peregrina,
y la hace aparecer como negación de aquello de que huye, disuelve
(o maquilla) la afirmación intensiva de la fuga haciéndola pasar
por un mero reverso de la ley. Estamos cerca y lejos de Bataille:
cerca, porque en él la ley esplende como instauradora de la transgresión;
lejos, porque el "desorden organizado" que la ruptura inaugura no
se termina de encajar, con sus vibraciones pasionales, su pérdida
en el gasto de la joya en el limo, en algún supuesto reverso de
la ley -con relación a la cual afirma la diferencia de un funcionamiento
irreductible.
No por ser fugas las vicisitudes de los impulsos nómades tienen
que ser románticas, sino más bien lo contrario: la fuga de la normalidad
(ruptura en acto con la disciplina familiar, escolar, laboral, en
el caso de lúmpenes y prostitutos; quiebra de los ordenamientos
corporales y, en ocasiones, incluso personológicos, etc.) abre un
campo minado de peligros. Veamos el caso de los taxiboys (michés
en el Brasil), practicantes de la prostitución viril, que elevan
el artificio de una postura hipermasculina como certificado de chonguez,
siendo esa recusa a la "asunción homosexual" demandada, por otra
parte, por los clientes pederastas, que buscan precisamente jóvenes
que no sean homosexuales. Entre michés, taxiboys, hustlers de Norteamérica,
chaperos de España, tapins de Francia y toda la gama de vividores,
lúmpenes, desterrados, fugados o simplemente confundidos, pasajeros
en tránsito por las delicias del infierno, suelen reclutarse los
propios ejecutores de maricas. Es como si el empeño en mantener
el peso de una representación tan poderosa -el centro del machismo
descansando en el miembro de un fresco adolescente-, se grabase
-a la manera más del tajo de Lamborghini que del tatuaje de Sarduy-
con tanta profundidad en los cuerpos, que les ritmase el movimiento.
Así, Genet opone -observa Sartre-la dura rigidez del cuerpo del
chongo, a la fragorosa seda de la loca: "La misma turgencia que
siente el macho como el endurecimiento agresivo de su músculo, la
sentirá Genet como la abertura de una flor".
El maquillado virilismo que el chonguito despliega en un campeonato
de astucias libidinosas -la inflexión de la curva de la nalga, la
cuidada inflación de la entrepierna, la voz que sale de los huevos...,
toda esa disposición de la superficie intensiva en tanto película
sensible, estaría, por así decir, "antes", o más acá, de los procedimientos
de sobrecodificación que, en su nombre, se internan y funcionan.
Si ese rigor marmóreo, tenso, de los músculos del chulo, es proclive
a favorecer -el suave desliz de una mano en lo alto del muslo hacia
las hondonadas de la sagrada gruta, o un abrazo demasiado afectuoso,
o el asomo de un cierto amor...- eclosiones microfascistas, ataques
a sus clientes y proveedores en los que el afán de confiscación
expropiatoria no alcanza a justificar las voluptuosidades de crueldad,
también se puede pensar que el microfascismo está contenido en cada
gesto, en cada detalle de la mampostería masculina "normal" -de
cuyo simulacro los michés extraen, para impulsarla suelta por las
orgías sucesivas del mundo de la noche, una calidad libidinal, habitualmente
oculta en el figurín sedentario de los adultos heteros. Machismo-Fascismo,
rezaba una vieja consigna del minúsculo Frente de Liberación Homosexual.
Tal vez en el gesto militar del macho está ya indicado el fascismo
de las cabezas. Y al matar a una loca se asesine a un devenir mujer
del hombre.
[Publicado en Fin de Siglo Nº 16, octubre 1988]
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Todo
el poder a Lady Di
La historia de los grupos y personas que se opusieron a la Guerra
de Malvinas aún no está contada. Néstor Perlongher, poeta y ensayista,
fue uno de ellos. En plena contienda escribió este ensayo para la
revista feminista Persona, pequeña publicación editada irregularmente
por María Elena Oddone y de escasa tirada. ¿Cuáles son la raíces
de la oposición de Perlongher a la guerra? Su aversión al militarismo,
su certeza de que la ocupación de las islas sellaría a la dictadura
un pasaporte al año 2000, su antiguo instinto trotskista que le
sugería no pasar los acontecimientos por la criba antiimperialista
y, en fin, una gran dosis de sentido común. La suya fue una voz
solitaria entre el delirio al que confluyeron tanto los partidos
políticos tradicionales como los grupúsculos de izquierda, desde
organizaciones de exiliados hasta la ultraderecha. No había entonces
audibilidad posible para sus palabras. No la hay ahora.
Resulta por lo menos irónico comprobar como la ocupación militar
de las Malvinas -extendiendo a los desdichados Kelpers los rigores
del estado de sitio- ha permitido a una dictadura fascistizante
y sanguinaria como la Argentina agregar a sus méritos los raídos
galones del antiimperialismo.
Pero esta ironía se torna cruel cuenso se ve cómo en nombre de una
abstracta territorialidad, que en nada ha de beneficiarlas, las
castigadas masas argentinas (o al menos considerables sectores de
ellas) se embarcan en la orgía nacionalista y claman por la muerte.
Es casi lógico que un estado paranoico como el argentino genere
una guerra: la producción de excusas para un delirio xenofóbico
que signifique un paso adelante, según la terminología de ultraderecha
acuñada por la revista Cabildo, que ha venido pregonando la guerra
desde hace tiempo. Paso adelante que tienda al olvido de las masacres
y el saqueo, y permita mediante un ritual sacrificial, fortalecer
la fuerza del Estado. Esto no es nuevo.
Pero el ansia de guerra de las masas -supremo deporte de nuestras
sociedades masculinas- resulta menos fácil de entender, a no ser
que se acuda a la hipótesis de un deseo de represión. Las masas
desearon el fascismo, diría Reich, la naturaleza de cuyos enclaves
libidinosos podría ser, en el seno de la épica militarista, la misma
que lleva a un grupo cualquiera de muchachos a armar una patota.
En el plano de la retórica política, no deja de ser revelador como
los opositores multipartidarios -que arrastran también a comunistas,
montoneros y trotskistas (en particular el PST - Partido Socialista
de los Trabajadores)- se han prestado a la puesta en escena de esta
pantomima fatal, llamando no a desertar, sino a llevar aún más lejos
una guerra que caracterizan de antiimperialista y que no discute
el interés de las poblaciones afectadas, sino los afanes expansionistas
de los Estados.
La claudicación de las izquierdas ante los delirios patrioteros
de la dictadura es ya una constante: ellas se dejan llevar -como
los personajes de Alejo Carpentier en El Siglo de las Luces- por
el entusiasmo de las concentraciones de masas, sin percibir cuando
ellas resultan en una legitimación del régimen -como en el Mundial
de Fútbol de 1978- o cuando obedecen a luchas internas del gobierno
con la bendición de la todopoderosa Iglesia Católica: así, en la
manifestación ante el santo del trabajo en noviembre del año pasado,
se vió a recoletos marxistas subir de rodillas las escaleras del
templo de San Cayetano, patrono de los Desocupados, junto con un
ministro militar.
En el caso del artificioso conflicto de las Malvinas, la argumentación
esgrimida para justificar la claudicación ante el patriotismo fascista
de la Junta Militar se inspira, vagamente, en la concepción del
imperialismo de Lenin, según la cual, en caso de conflicto entre
un país atrasado y uno avanzado, debíase defender al primero -como
si un amo pobre fuese menos despótico que uno rico. Distinta fue,
dentro del marxismo, la posición de Rosa Luxemburgo -quien en su
época, negóse a defender la independencia de Polonia para no aliarse
a la burguesía nacionalista polaca, contra la que, en 1920, Trotsky
lanzaría el Ejército Rojo (ruso), esta vez en nombre del socialismo.
El mismo Marx -con una visión no menos estatista- defendería, por
su parte, la ocupación de México por los Estados Unidos, considerando
que estos impondrían un capitalismo más moderno.
Po debajo de estas referencias -que apuntan a la historicidad del
concepto de imperialismo- sólo un régimen como el argentino, que
es, más que una dictadura de clase una dictadura de Estado, del
aparato militar relativamente por encima de las clases, puede cambiar
tan abruptamente sus alianzas: pasarse del bando americano al ruso.
La dictadura no tenía, ante el derrumbe, otra alternativa que la
guerra -y no atacó a Chile temiendo el carácter igualmente paranoico
de la dictadura vecina. Cambio de alianza que puede llevar a un
reagrupamiento de las fuerzas que sustentan el Estado -pero que
casi seguramente, a no ser que medie una de las insurrecciones que
periódicamente convulsionan a la ingobernable Argentina, apunta
a fortalecerlo como tal. Y por debajo de la cual puede leerse un
proceso progresivo: como la URSS, que detenta hoy el 40% del comercio
exterior argentino y construye puertos y represas (suertes de Assuán
latinoamericanas) va remplazando, como potencia económicamente dominante,
el papel antaño ejercido precisamente por Inglaterra -dependencia
activa desplazada luego por el saqueo indiferente de los yanquis.
Ello puede explicar el alborozo de la izquierda -especialmente del
PC, que hace años pregona un gobierno de coalición cívico-militar
-ante lo que ve como un paso más en el proyecto de convertir a la
Argentina en una Ukrania del Atlántico.
Decir que la movilización por la guerra sirve para vertir consignas
antidictatoriales -por otra parte inconcebibles, dada la ruina del
país- es por lo menos una hipocresía: ya que ellas estaban, pese
a tan inconstantes voceros, desatándose antes con más claro vigor.
El gobierno, aplaudido unánimemente como anticolonialista, acaba
de prohibir los filmes pacifistas y las críticas antibélicas, que
pueden desmoralizar a los guerreros.
La ultraburocratizada y semiclandestina CGT ha donado un día de
salario, ya esmirriado, para las tropas. Y hasta la masacrada izquierda,
delirante de euforia patriótica, tiene que apoyar esas medidas y
otras más radicales. Así, presuntas vanguardias del pueblo revelan
su verdadera criminalidad de servidores del Estado.
En medio de tanta insensatez, la salida más elegante es el humor:
si Borges recomendó ceder las islas a Bolivia y dotarla así de una
salida al mar, podría también proclamarse: todo el poder de Lady
Di o El Vaticano a las Malvinas para que la ridiculez del poder
que un coro de suicidas legitima, quede al descubierto. Como propuso
alguien con sensatez, antes que defender la ocupación de las Malvinas,
habría que postular la desocupación de la Argentina por parte del
autodenominado Ejército Argentino.
El solo hecho de que guapos adolescentes, en la flor de la edad,
sean sacrificados (o aún sometidos a las torturas de la disciplina
militar) en nombre de unos islotes insalubres, es una razón de sobra
para denunciar este triste sainete, que obra mediante el casamiento
de los muchachos con la muerte.
Este es el primero de los ensayos en que Perlongher escribe sarcásticamente
sobre la guerra de las Malvinas.
[Se publicó como "Todo el poder a Lady Di. Militarismo y anticolonialismo
en la cuestión de las Malvinas", en la revista feminista Persona
N° 12, 1982. Perlongher escribió textos en esta pequeña revista
cuya existencia irregular cubre los comienzos de las décadas del
70 y del 80, a veces bajo el seudónimo de "Víctor Bosch", como ocurrió
con este ensayo.]
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Evita
vive
Por Néstor Perlongher
Evita
vive puede ser considerado un auténtico cuento maldito en la historia
de la literatura argentina. Blasfemia, aguda comprensión del tema
y osadía se unen en este texto que el autor fechó en 1975. Antes
que en castellano se conoció en inglés, como "Evita Lives", traducido
por E. A. Lacey e incluido en My deep dark pain is love, (selección
de textos de Winston Leyland. Gay Sunshine Press, San Francisco,
1983). Luego se publicó en Suecia como "Evita vive", en Salto mortal
Nº 8-9, Jarfalla, mayo de 1985; y al fin en Cerdos y Peces Nº 11,
abril de 1987, y luego en El Porteño Nº 88, abril 1989. La publicación
de este cuento en Buenos Aires causó una polémica pública de la
cual se hizo cargo una nota editorial firmada por el Consejo de
Redacción de la revista El Porteño ("Un mes movido") en el número
de mayo, publicándose además una respuesta de Raúl Barreiros ("Evita
botarate los dislates"), entonces Director de Radio Provincia de
Buenos Aires. (Nota de "Prosa Plebeya")
1.
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Conocí
a Evita en un hotel del bajo, ¡hace ya tantos años! Yo vivía, bueno,
vivía, estaba con un marinero negro que me había levantado yirando
por el puerto. Esa noche, recuerdo, era verano, febrero quizás,
hacía mucho calor. Yo trabajaba en un bar nocturno, atendiendo la
caja hasta las tres de la mañana. Pero esa noche justo me peleé,
con la Lelé, ay la Lelé, una marica envidiosa que me quería sacar
todos los tipos. Estábamos agarrándonos de las mechas detrás del
mostrador y justo apareció el patrón: "Tres días de suspensión,
por bochinchera". Qué me importaba, rapidito me volví para la pieza,
abro... y me la encuentro a ella, con el negro. Claro, en el primer
momento me indigné, además ya venía engranada de pelearme con la
otra y casi me le tiro encima sin mirarla siquiera, pero el negro
–dulcísimo– me dirigió una mirada toda sensual y me dijo algo así
como: "Veníte que para vos también alcanza". Bueno, en realidad,
no mentía, con el negro era yo la que abandonaba por cansancio,
pero en el primer momento, qué sé yo, los celos, el hogar, la cosa
que le dije: "Bueno, está bien, pero ésta ¿quién es?". El negro
se mordió un labio porque vio que yo había entrado en la sofocación,
y a mí, en esa época, cuando me venía una rabieta era terrible –ahora
no tanto, estoy, no sé, más armoniosa–. Pero en ese tiempo era lo
que podía decirse una marica mala, de temer. Ella me contestó, mirándome
a los ojos (hasta ese momento tenía la cabeza metida entre las piernas
del morocho y, claro, estaba en la penumbra, muy bien no la había
visto): "¿Cómo? ¿No me conocés? Soy Evita". "¿Evita?"–dije, yo no
lo podía creer– . "¿Evita, vos?" –y le prendí la lámpara en la cara.
Y era ella nomás, inconfundible con esa piel brillosa, brillosa,
y las manchitas del cáncer por abajo, que –la verdad– no le quedaban
nada mal. Yo me quedé como muda, pero claro, no era cosa de aparecer
como una bruta que se desconcierta ante cualquier visita inesperada.
"Evita, querida" –ay, pensaba yo–"¿no querés un poco de cointreau?"
(porque yo sabía que a ella le encantaban las bebidas finas). "No
te molestes, querida, ahora tenemos otras cosas que hacer, ¿no te
parece?" "Ay, pero esperá", le dije yo, "contame de dónde se conocen,
por lo menos". "De hace mucho, preciosa, de hace mucho, casi como
del África" (después Jimmy me contó que se habían conocido hacía
una hora, pero son matices que no hacen a la personalidad de ella.
¡Era tan hermosa!) "¿Querés que te cuente cómo fue?" Yo ansiosa,
total igual tenía el encame asegurado: "Sí, sí, ay Evita, ¿no querés
un cigarrillo?", pero me quedé con las ganas para siempre de enterarme
de esa mentira (o me habrá mentido el negro, nunca lo supe) porque
Jimmy se pudrió de tanta charla y dijo: "Bueno, basta", le agarró
la cabeza –ese rodete todo deshecho que tenía– y se la puso entre
las piernas. La verdad es que no sé si me acuerdo más de ella o
de él, bueno, yo soy tan puta, pero de él no voy a hablar hoy, lo
único que el negro ese día estaba tan gozoso que me hizo gritar
como una puerca, me llenó de chupones, en fin. Después al otro día
ella se quedó a desayunar y mientras Jimmy salió a comprar facturas,
ella me dijo que era muy feliz, y si no quería acompañarla al Cielo,
que estaba lleno de negros y rubios y muchachos así. Yo mucho no
se lo creí, porque si fuera cierto, para qué iba a venir a buscarlos
nada menos que a la calle Reconquista, no les parece... pero no
le dije nada, para qué; le dije que no, que por el momento estaba
bien, así, con Jimmy (hoy hubiera dicho "agotar la experienc ia",
pero en esa época no se usaba), y que, cualquier cosa, me llamara
por teléfono, porque con los marineros, viste, nunca se sabe. Con
los generales tampoco, me acuerdo que dijo ella, y estaba un poco
triste. Después tomamos la leche y se fue. De recuerdo me dejó un
pañuelito, que guardé algunos años: estaba bordado en hilo de oro,
pero después alguien, no supe nunca quién, se lo llevó (han pasado
tantos, tantos). El pañuelito decía Evita y tenía dibujado un barco.
¿El recuerdo más vivo? Bueno, ella, tenía las uñas largas muy pintadas
de verde –que en ese tiempo era un color muy raro para uñas– y se
las cortó, se las cortó para que el pedazo inmenso que tenía el
marinero me entrara más y más, y ella entretanto le mordía las tetillas
y gozaba, así de esa manera era como más gozaba.
2.
Estábamos en la casa donde nos juntábamos para quemar, y el tipo
que traía la droga ese día se apareció con una mujer de unos 38
años, rubia, un poco con aires de estar muy reventada, recargada
de maquillaje, con rodete... Yo le veía cara conocida y supongo
que los otros también, pero era un poco bobo, andaba con Jaime que
se estaba picando con Instilasa y yo le tenía la goma, se lo comenté
en voz baja y él me dijo algo así como: "cortála loco sabés que
sí". Con los ojos en blanco, parecía hacerlo de modo impersonal.
Nos sentamos todos en el piso y ella empezó a sacar joints y joints,
el flaco de la droga le metía la mano por las tetas y ella se retorcía
como una víbora. Después quiso que la picaran en el cuello, los
dos se revolcaban por el piso y los demás mirábamos. Jaime apenas
me daba un beso largo, muy suave, para eso sí que era genial, porque
dos pendejos repálidos se rayaron totalmente entre lo gay y la vieja
y se fueron. Pero estaban los blues en la puerta y a los cinco minutos
se aparecieron todos con el subcomisario inclusive, chau loco, acá
perdimos, menos mal que no había ningún menor porque Jaime había
cumplido los 18 la semana pasada, pero igual loco, le habíamos pedido
el rouge a Evita y estábamos casi todos pintados como puertas tipo
Alice Cooper. Los azules entraron muy decididos, el comi adelante
y los agentes atrás, el flaco que andaba con un bolsón lleno de
pot le dijo: "Un momento, sargento" pero el cana le dio un empujón
brutal, entonces ella, que era la única mujer, se acomodó el bretel
de la solera y se alzó: "Pero pedazo de animal, ¿cómo vas a llevar
presa a Evita?" El ofiche pálido, los dos agentes sacaron las pistolas,
pero el comi les hizo un gesto que se volvieran a la puerta y se
quedaran en el molde. "No, que oigan, que oigan todos –dijo la yegua–
, ahora me querés meter en cana cuando hace 22 años, sí, o 23, yo
misma te llevé la bicicleta a tu casa para el pibe, y vos eras un
pobre conscripto de la cana, pelotudo, y si no me querés creer,
si te querés hacer el que no te acordás, yo sé lo que son las pruebas".
(Chau, fue un delirio increíble, le rasgó la camisa al cana a la
altura del hombro y le descubrió una verruga roja gorda como una
frutilla y se la empezó a chupar, el taquero se revolvía como una
puta, y los otros dos que estaban en la puerta fichando primero
se cagaban de risa, pero después se empezaron a llenar de pavor
porque se dieron cuenta de que sí, que la mina era Evita). Yo aproveché
para chuparle la pija a Jaime delante de los canas que no sabían
qué hacer, ni dónde meterse: de pronto el flaco del trafic entró
en el circo y se puso a gritar: "Compañeros, compañeros, quieren
llevar presa a Evita" por el pasillo. La gente de las otras piezas
empezó a asomarse para verla, y una vieja salió gritando: "Evita,
Evita vino desde el cielo". La cosa es que los canas se las tomaron,
largaron a los dos pendejos que encima se hacían muy los chetos,
y ella se fue caminando muy tranquila con el flaco, diciéndole a
la gente que estaba en el patio primero y después en la puerta:
"Grasitas, grasitas míos, Evita lo vigila todo, Evita va a volver
por este barrio y por todos los barrios para que no les hagan nada
a sus descamisados". Chau loco, hasta los viejos lloraban, algunos
se le querían acercar, pero ella les decía: "Ahora debo irme, debo
volver al cielo" decía Evita. Nosotros nos quedamos quemando un
poco más y ya nos íbamos, entonces algunas tipas nos hicieron pasar
a las habitaciones para que les contáramos –las mismas que hasta
hacía una hora nos habían hecho una guerra que no podía ser–. Jaime
y yo les hicimos toda una historieta: ella decía que había que drogarse
porque se era muy infeliz, y chau, loco, si te quedabas down era
imbancable. Claro, la gente no nos entendía, pero como no estábamos
haciendo laburo de base sino sólo public relations para tener un
lugar no pálido donde tripear, no nos importaba. Estábamos relocos
y las viejas déle coparse con el llanto, nosotros les pedimos que
ese bajón de anfeta lo cortaran, sí, total, Evita iba a volver:
había ido a hacer un rescate y ya venía, ella quería repartirle
un lote de marihuana a cada pobre para que todos los humildes andaran
superbien, y nadie se comiera una pálida más, loco, ni un bife.
3.
Si te digo dónde la vi la primera vez, te mentiría. No me debe haber
causado ninguna impresión especial, la flaca era una flaca entre
las tantas que iban al depto de Viamonte, todas amigas de un marica
joven que las tenía ahí, medio en bolas, para que a los guachos
se nos parara pronto. La cosa es que todos –y todas– sabían dónde
podían encontrarnos, en el snack de Independencia y Entre Ríos.
Allí el putito Alex nos mandaba, cada vez que podía, viejos y viejas,
que nos adornaban con un par de palos, así después a él le hacíamos
gratis el favor y no le andábamos afanando el grabador o las pilchas.
De ésa me acuerdo por cómo se acercó, en un Carabela negro manejado
por un mariconcito rubio, que yo ya me lo había garchado una vez
en el Rosemarie. Con las pibas estábamos haciendo pinta junto al
puesto de flores, así que me llamó aparte y me dijo: "Tengo una
mina para vos, está en el coche." La cosa era conmigo, nomás. Subí.
"Me llamo Evita, ¿y vos?" "Chiche", le contesté. "Seguro que no
sos un travesti, preciosura. A ver, ¿Evita qué?". "Eva Duarte",
me dijo "y por favor, no seas insolente o te bajás". "¿Bajarme?,
¿bajárseme a mí?", le susurré en la oreja mientras me acariciaba
el bulto. "Dejáme tocarte la conchita, a ver si es cierto". ¡Hubieras
visto cómo se excitaba cuando le metí el dedo bajo la trusa!
Así que fuimos al hotel de ella; el putito quiso ver mientras me
duchaba y ella se tiraba en la cama. También, con el pedazo que
tengo, hacen cola para mirarlo nomás. Ella era una puta ladina,
la chupaba como los dioses. Con tres polvachos la dejé hecha y guardé
el cuarto para el marica, que, la verdad, se lo merecía. La mina
era una mujer, mujer. Tenía una voz cascada, sensual, como de locutora.
Me pidió que volviera, si precisaba algo. Le contesté no, gracias.
En la pieza había como un olor a muerta que no me gustó nada. Cuando
se descuidó abrí un estuche y le afané un collar. Para mí que el
puto Francis se dio cuenta, pero no dijo nada. Cuando me lo terminé
de garchar me dijo, con la boca chorreando leche: "Todos los machos
del país te envidiarían, chiquito; te acabás de coger a Eva". Ni
dos días habían pasado cuando llego a casa y me encuentro a la vieja
llorando en la cocina, rodeada por dos canas de civil. "Desgraciado
–me gritó–. ¿Cómo pudiste robar el collar de Evita?"
La joya estaba sobre la mesa. No la había podido reducir porque,
según el Sosa, era demasiado valiosa para comprarla él y no me quería
estafar. Los de Coordina no me preguntaron nada: me dieron una paliza
brutal y me advirtieron que si contaba algo de lo del collar me
reventaban. De esa esquina y del depto de los trolos los vagos nos
borramos. Por eso los nombres que doy acá son todos falsos.
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El
cadáver
¿Por qué no entré por el pasillo?
Qué tenía que hacer en esa noche
a las 20.25, hora en que ella entró,
por Casanova
donde rueda el rodete?
Por qué a él?
entre casillas de ojos viscosos,
de piel fina
y esas manchitas en la cara
que aparecieron cuando ella, eh
por un alfiler que dejó su peluquera,
empezó a pudrirse, eh por una hebilla de su pelo
en la memoria de su pueblo
Y si ella
se empezara a desvanecer, digamos
a deshacerse
qué diré del pasillo, entonces?
Por qué no?
entre cervatillos de ojos pringosos,
y anhelantes
agazapados en las chapas, torvos
dulces en su melosidad de peronistas
si ese tubo?
Y qué de su cureña y dos millones
de personas detrás
con paso lento
cuando las 20.25 se paraban las radios
yo negándome a entrar
por el pasillo
reticente acaso?
como digna?
Por él,
por sus agitados ademanes
de miseria
entre su cuerpo y el cuerpo yacente
de Eva, hurtado luego,
depositado en Punta del Este
o en Italia o en el seno del río
Y la historia de los veinticinco cajones
Vamos, no juegues con ella, con su muerte
déjame pasar, anda, no ves que ya está muerta!
Y qué había en el fondo de esos pasillos
sino su olor a orquídeas descompuestas,
a mortajas,
arañazos del embalsamador en los tejidos
Y si no nos tomáramos tan a pecho su muerte, digo?
si no nos riéramos entre las colas
de los pasillos y las bolas
las olas donde nosotras
no quisimos entrar
en esa noche de veinte horas
en la inmortalidad
donde ella entraba
por ese pasillo con olor a flores viejas
y perfumes chillones
esa deseada sordidez
nosotras
siguiéndola detrás de la cureña?
entre la multitud
que emergía desde las bocas de los pasillos
dando voces de pánico
Y yo le pregunté si eso era una manifestación o un entierro
Un entierro, me dijo
entonces vendría solo
ya que yo no quería entrar por el pasillo
para ver a sus patas en la mesa de luz,
despabilando
Acaso pensé en la manicura que le aplicó el esmalte Revlon?
O en las miradas de las muchachas comunistas,
húmedas sí, pero ya hartas
de tanta pérdida de tiempo:
ellas hubieran entrado por el pasillo de inmediato
y no se hubieran quedado vagando por las adyacencias
temiendo la mirada de un dios ciego
Una actriz –así dicen–
que se fue de Los Toldos con un cantor de tangos
conoce en un temblor al General, y lo seduce
ella con sus maneras de princesa ordinaria
por un largo pasillo
muerta ya
Y yo
por temor a un olvido
intrascendente, a un hurto
debo negarme a seguir su cureña por las plazas?
a empalagarme con la transparencia de su cuerpo?
a entrar, vamos por ese pasillo donde muere
en su féretro?
Si él no me hubiera dicho entonces que está solo,
que un amigo mayor le plancha las camisas
y que precisaría, vamos, una ayuda
allá, en Isidro
donde los terrenos son más baratos que la vida
lotes precarios, si, anegadizos
cerca de San Vicente (ella
no toleraba viajar a San Vicente
quiso escapar de la comitiva más de una vez
y Pocho la retuvo tomándola del brazo)
Ese deseo de no morir?
es cierto?
en lugar de quedarse ahí
en ese pasillo
entre sus fauces amarillas y halitosas
en su dolor de despertar
ahí, donde reposa,
robada luego,
oculta en un arcón marino,
en los galeones de la bahía de Tortuga
(hundidos)
Como en un juego, ya
es que no quiero entrar a esa sombría
convalecencia, umbría
–en los tobillos carbonizados
que guarda su hermana en una marmita de cristal–
para no perder la honra, ahí
en ese pasillo
la dudosa bondad
en ese entierro.
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Ataviada de pencas, de gladíolos: cómo fustigas, madre, esas escenas
de oseznos acaramelados, esas mieles amargas como blandes
el plumero de espuma: y las arañas: cómo
espantas con tu ácido bretel el fijo bruto: fija, remacha y muele:
muletillas de madre parapléxica: pelvis acochambrado, bombachones
de esmirna: es esa madre la que en el espejo se insinúa ofreciendo
las galas de una noche de esmirna y bacarat: fija y demarca: muda
la madre que se ofrece mudándose en amante al plumereo, despiole
y despilfarro: ese desplume
de la madre que corre las gasas de los vasos de whisky en la mesa
ratona: madre y corre: cercena y garabato: y gorgotea:
pende del
cuello de la madre una ajorca de sangre, sangre púbica, de plomos
y pillastres: sangre pesada por esas facturas y esas cremas que
comimos de más en la mesita de luz en la penumbra de nuestras
muelles bodas: ese borlazgo: si tomabas mis bolas como frutas de un
elixir enhiesto y denodado: pendorchos de un glacé que te endulzaba:
pero era demasiado matarte, dulcemente: haciéndome comer de esos
pelillos tiesos que tiernos se agazapan en el enroque altivo de mis
muslos, y que se encaracolan cuando lames con tu boca de madre las
cavernas del orto, del ocaso: las cuevas;
y yo, te penetraba?
pude acaso paranne como un macho ebrio de goznes, de tequilas
mustio,
informe, almibararme, penetrar tus blonduras de madre que se ofrece,
como un altar, al hijo - menor y amanerado? adoptar tus alambres de
abanico, tus joyas que al descuido dejabas tintinear sobre la mesa.
entre los vasos de ginebra, indecorosamente pringados de ese rouge
arcaico de tus labias?
cual lobezno lascivo, pude, alzarme,
tras tus enaguas, y lamer tus senos, como tú me lamías los pezones
y dejabas babeante en las tetillas - que parecían titilar -
el ronroneo
de tu saliva rumorosa? el bretel de tus dientes?
pude madre?
como un galán en ruinas que sorprende a su novia entre
las toscas braguetas de los estibadores, en los muelles, cuando
laxa desova, en los botones, la perfidia a él guardada? ese lugar
secreto y púbico? cómo entonces tomé esa agarradera, esos tapires
incrustados con mangos de magnolia, aterciopeladamente sospechosos
y sosteniendo con mi mismo miembro la espuma escancorosa de tu
sexo,
descargar en tu testa? Sonreías borlada entre las gotas de semen de
los estibadores que en el muelle te tomaban de atrás y muellemente:
te agarre: qué creías?
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