Perón: máximo exponente de una generación militar

Por Juan Godoy*

Ilustración: La batalla de las Termópilas, Mort Cinder, escrita por Hector Germán Oesterheld y dibujada por Alberto Breccia.

“Tengamos un ejército apropiado a nuestras fuerzas y de un número suficiente para enfrentarse a nuestros enemigos; eduquemos a nuestro Pueblo en el más puro amor a la Patria; preparemos conscientemente a nuestros comandos; organicemos y preparemos apropiadamente las fuerzas vivas de la Nación; preparemos políticamente las mejores coaliciones para entrar a la guerra y habremos elaborado el germen de la victoria”. (Perón, Apuntes de Historia Militar)

Los tres mil muertos que dejan las batallas de Puente Alsina y Los Corrales, sellan la derrota del ejército mitrista desprestigiado en el interior provinciano por la infame Guerra contra el Paraguay, y derrotado seis años antes en la batalla de Santa Rosa, al mismo tiempo que culminan la guerra civil a partir de la federalización de Buenos Aires, el puerto y el reparto de la renta de la aduana. La política nacional prima sobre la de facción. Esta base y la destrucción de la “vieja sociedad” Argentina le dan una nueva configuración al ejército, y le permite a Julio A. Roca ir cimentando lo que será la sanción en su segundo gobierno de la ley que establece el servicio militar obligatorio, conocida como Ley Ricchieri (1901), que al mismo tiempo moderniza las Fuerzas Armadas, y dará fruto a una generación militar que piensa en términos nacionales (1).

Esta generación tiene su raíz en la tradición que viene de las entrañas de la Patria, con el nacimiento anti-colonialista de nuestro ejército para rechazar las invasiones británicas al Río de la Plata, la conformación del ejército sanmartiniano conformado para la emancipación continental, su reaparición como ejército nacional en los años de Juan Manuel de Rosas, la expresión de varios caudillos populares, en la derrota electoral del mitrismo del 68, son algunas de sus expresiones.

En este caso, nos referimos específicamente a la generación que Carlos Piñeiro Iñíguez denomina como “intelectuales militares”, refiriéndose a los pensadores militares que escriben y reflexionan sobre diversos aspectos de nuestro país. Esa generación, si bien tiene antecedentes, aparece fuerte en la década del 20, más profundamente aún en los 30 y comienzos de los 40, y va a tener su expresión política en el peronismo. Son varios sus integrantes, entre los cuales podemos nombrar a algunos de los que influencian en su formación a Perón: Juan Lucio Cernadas (quien lo introduce en el estudio de Clausewitz, Von der Goltz y el Mariscal Foch, que justamente son el núcleo de los Apuntes), Bartolomé Descalzo, y José María Sarobe, o bien otros exponentes como Enrique Mosconi, Jorge Giovaneli, Manuel Savio, Franklin Reyes, Juan I. San Martín, Jorge Crespo, Raúl Barrera, Luis E. Vicat, Bartolomé de la Colina, Ricardo Marambio, etc. La Primera Guerra Mundial, el libro de Von der Goltz (La nación en armas), la crisis del 30 y la década infame, entre otras cuestiones, marcan fuertemente a esta generación.

Juan Perón es el mejor representante de esta generación de “intelectuales militares”, más aún porque a partir de este desarrollo intelectual que comienza en esta época logra constituir el gran movimiento nacional de nuestro país y llevar a cabo una Revolución Nacional. Perón había comenzado a estudiar en la Escuela Superior de Guerra en el año 1926, tiempo después (como sucedía en varios casos), pasa a desempeñarse como docente de la misma. Estudia profundamente la cuestión de la guerra, y en poco tiempo se vuelve un especialista y referente en torno a esta temática general, como asimismo en torno a la Primera Guerra Mundial. Es en el marco de estas clases que diseña y escribe Apuntes de historia militar (2), pensado para los jóvenes oficiales, rompiendo piensa Perón el “falso concepto” que estos no deben penetrar los estudios estratégicos, siendo que más bien debieran comenzar con la profesión misma. Este escrito, profundiza su prestigio como “intelectual militar”, y le granjea más difusión y lectores fuera de la Escuela de Guerra.

Nos queremos detener, muy brevemente, en la cuestión mencionada de “la nación en armas” (Von der Goltz) (3), ya que a partir de ésta el ejército es “hoy más que nunca el reflejo del pueblo que lo produce”. (Apuntes) Pero no sólo eso, sino que esta noción lleva a pensar la defensa nacional en términos integrales, apareciendo así además de lo meramente militar, lo económico, lo moral, social, la salud, la educación, etc. El soldado tiene que estar en buenas condiciones, y convencido de defender lo que considera propio (el sentimiento de deber individual y colectivo). No hay preponderancia de lo material sobre lo moral o viceversa, eso varía a lo largo del tiempo, no siendo “un factor determinado el que asegura el éxito en la guerra, sino un cúmulo de ellos que concurrentemente trabajan y acumulan circunstancias favorables, elaborando lentamente la victoria”. (Apuntes)

Se considera la necesidad de Fuerzas Armadas equipadas, al mismo tiempo que una legislación social importante, el frente externo no puede llevar a descuidar el interno. La paz deber ser el momento de definición y preparación para la guerra. La defensa nacional involucra no solo a los militares sino a toda la comunidad nacional que debe estar comprometida con la misma. Deviene así la necesidad del control sobre los resortes de la economía y la necesidad del impulso industrial.

Sabemos que los Apuntes son la base del más conocido y difundido Conducción Política (4), lo que resulta interesante, pues Perón trastoca ciertas lógicas para el pasaje de la “lógica militar” a la “lógica política”, así por ejemplo mientras que en el ámbito castrense conducir es “mandar”, en la política es “persuadir”, en lo militar se ordena (y se cumple –obedece-), en lo político se dan explicaciones, muestra caminos, ejemplos (y se da libertad de acción política). No obstante, hay varios vocablos que aparecen en el libro del 32 que luego se incorporan al ideario político peronista como doctrina, comando superior, comando estratégico, comando táctico, organización, etc.

Nos interesa destacar también que en los Apuntes si bien Perón estudia profundamente ideas y experiencias ajenas, las mismas son incorporadas según la realidad nacional. No hay rechazo a las ideas extranjeras per se sino a su incorporación en forma acrítica. Es decir, Perón adapta las ideas y experiencias a la realidad local, no las incorpora como absolutos sino en lo que pueden contribuir al desarrollo de un pensamiento propio. La doctrina (de guerra) es “esencialmente nacional y diferente en cada caso”. (Apuntes) Asimismo, si la enseñanza es solo teoría es en vano, tiene que llegar a la aplicación de esos principios. La idea sirve en tanto resolución a las problemáticas nacionales.

En este sentido hay dos ejes fundamentales que aparecen en el trabajo de Perón: nutrirse la propia historia y tradiciones, y estudiar la realidad del país. Afirma Perón: “descartadas las formas absolutas (…), ya sea el estudio positivista de una teoría científica que descartaba el elemento vivo de la guerra o una enseñanza vivida de la misma, llegamos la necesidad de crear. (…) Es necesario crear apoyado en los hechos mismos. Es necesario ir entonces a los hechos recurriendo a la historia militar”. (Apuntes) A partir de estos dos núcleos: el estudio de nuestro pasado y tradiciones, y del partir de la realidad más que de la idea, se vertebra la creación de un pensamiento original que tiene expresión plena en los años del peronismo. Resulta emblemático en este sentido el rescate de San Martín a quien considera que fue para su ejército: maestro y conductor, y que armó un ejército “de la nada”, siendo que “la aplicación de sus recursos políticos, económicos, financieros, industriales, en el servicio del estado mayor, representan hoy un ejemplo a imitar. Sus planes de operaciones pueden servir de modelo al ejército más moderno de nuestra época” (Apuntes)

La experiencia militar, el estudio del arte de la guerra y de los conductores militares no estrecha la mirada de Perón, sino que logra magistralmente articularlo y/o transformarlo y aplicarlo políticamente. No velamos que de larga data viene la relación entre la guerra y la política, no se pretende presentarlas enfrentadas aquí. Vale recordar que uno de los núcleos de los Apuntes es Clausewitz, de quien pensaba que había hecho por el arte de la conducción más que muchos conductores juntos (enseñando a comprender la guerra), y su conocida frase en tanto la guerra “es la continuación de la política por otros medios” (5).

El camino del estudio y reflexión sobre la cuestión militar, y su interés por la defensa nacional y la noción de nación en armas que implica su abordaje en términos integrales lleva a Perón a pensar la necesidad del control de la estructura económica (lo que más tarde sintetiza como “hacer que el dinero argentino se haga argentino”), la ruptura de la dependencia, y a planificar estratégicamente una Argentina industrial, la Argentina potencia, donde la resolución a la cuestión nacional también viene acompañada de la búsqueda de soluciones a la cuestión social, las dos se implican mutuamente, y tendrán como solución la comunidad organizada, la presencia del pueblo a partir de las entidades intermedias, y fundamentalmente a través de tres pilares: las Fuerzas Armadas, la iglesia y el pueblo trabajador organizado constituido este último como columna vertebral de la “nueva” Argentina Justa, Libre y Soberana.

(1) Claro que la línea mitrista, anti-nacional, pro-extranjera y anti-popular (tradición que incluso viene de años atrás), continúa.
(2) La primera edición data del año 1932, y dos años más tarde se re-edita como parte de la emblemática Biblioteca del Oficial.
(3) Esta noción en articulación con nuestro país está desarrollada por Perón claramente en el famoso discurso de inauguración de la Cátedra de Defensa Nacional del 10 de junio de 1944.
(4) Editado en 1952, un año después de la re-edición de los Apuntes, que se vuelve a re-editar también en la tercera presidencia de Perón.
(5) En torno a otra idea de Clausewitz que reproduce Perón en torno al “aniquilamiento del enemigo”, J.P. Feinmann ha realizado en La sangre derramada una disparatada relación con la historia de los 70 que la réplica de Norberto Galasso primero y luego de Piñeiro Iñíguez en los libros citados nos ahorra tener que hacer referencia a la misma.

Bibliografía

AA. VV. (1945). Curso de cultura superior universitaria. Cátedra de defensa nacional. La Plata: UNLP.
Galasso, Norberto. (2006). Perón. Tomo 1. Buenos Aires: Colihue.
Jauretche, Arturo. (2008). Ejército y política. Buenos Aires: Corregidor.
Perón, Juan Domingo. (2016). Apuntes de Historia Militar. Buenos Aires: Fabro.
Perón, Juan Domingo. (2010). Conducción política. Buenos Aires: Punto de Encuentro.
Piñeiro Iñíguez, Carlos. (2010). Perón: la construcción de un ideario. Buenos Aires: Siglo XXI-editora iberoamericana.
Ramos, Jorge Abelardo. (1968). Ejército y Semi-colonia. Buenos Aires: Sudestada.
Scenna, Miguel Ángel. (1980). Los militares. Buenos Aires: Editorial de Belgrano.
Terzaga, Alfredo. (1976). Roca. De soldado federal a Presidente de la República. Buenos Aires: Peña Lillo. Dos volúmenes.
Vázquez, Pablo Adrián. (2016). Prólogo a Apuntes de Historia Militar. Buenos Aires: Fabro.
Von Der Goltz, Colmar Baron. (1927). La nación en armas. Un libro sobre organización de ejércitos y conducción de guerra en nuestros tiempos. Buenos Aires: Bib. del Oficial.

* Lic. en Sociología (UBA). Mg. Metodología de la investigación (UNLa). Docente universitario. Autor de “La FORJA del nacionalismo popular» y «Volver a las fuentes».

Publicado originalmente en Agencia Paco Urondo

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