Peter Sloterdijk: «El regreso a la frivolidad no va a ser fácil»

Para el gran filósofo alemán es evidente la necesidad de un «escudo universal para la humanidad»

Por Ana Carbajosa

Al otro lado del teléfono, la voz de Peter Sloterdijk se escucha quebradiza. El gran filósofo alemán explica que no acaba de encontrarse bien hoy, pero en seguida arranca y va hilando las ideas que estructuran en su cabeza el nuevo universo pandémico. En el centro, un concepto que ya alumbró y que ahora cobra nuevo sentido, el de coinmunidad, de compromiso individual dirigido a la protección mutua, que marcará la nueva manera de estar en el mundo, según el autor de Crítica de la razón cínica y de la trilogía Esferas. Sloterdijk (72 años, Karlsruhe) no piensa que el mundo se nos haya quedado grande, ni que haya llegado la hora del repliegue nacional. Al revés, cree que se ha evidenciado la extrema interdependencia que requiere “una declaración general de dependencia universal”.

PREGUNTA. La dimensión de la pandemia ha paralizado y aturdido a las sociedades. ¿Qué pasará cuando despertemos y el miedo amaine?

RESPUESTA. El mundo en su concepción como gigantesca esfera consumista está basado en la producción colectiva de una atmósfera frívola. Sin frivolidad no hay público ni población que muestre una inclinación hacia el consumo. Este vínculo entre la atmósfera frívola y el consumismo se ha roto. Todo el mundo espera ahora a que se vuelva a reconectar ese vínculo, pero va a ser difícil. Tras una disrupción tan importante, el regreso a los estándares de frivolidad no va a ser fácil.

P. En esa esfera frívola, nos creíamos capaces de controlar la naturaleza con tecnología sofisticada, pero el virus nos ha puesto de rodillas. ¿Cambiará nuestra manera de estar en el mundo?

R. El problema es la atmósfera frívola y que no aprendamos nada nuevo con esta pandemia. Si miramos a la historia de las sociedades modernas, han estado impregnadas de brotes relativamente regulares, pero en el pasado, las personas tendían a volver a sus hábitos ordinarios de existencia. Lo nuevo ahora es que vemos que debido a la globalización, la interconexión de las vidas humanas en la tierra es ahora más fuerte y necesitamos una conciencia compartida de la inmunidad. La inmunidad va a ser el gran tema filosófico y político tras la pandemia.

P. ¿Cómo aterriza esa idea de protección mutua en la situación actual?

R. El concepto de coinmunidad implica aspectos de solidaridad biológica y de coherencia social y jurídica. Esta crisis desvela la necesidad de una práctica más profunda del mutualismo: protección mutua generalizada, como digo en Has de cambiar tu vida.

P. La comunidad internacional parece caminar en sentido contrario. Estos días vemos más competición que cooperación.

R. Veo cómo en un futuro, la competición por la inmunidad debería ser reemplazada por una nueva conciencia de la comunidad, por la necesidad de fomentar la coinmunidad, fruto de la observación de que la supervivencia es indiferente a las nacionalidades y las civilizaciones.

P. Los países cierran ahora fronteras y se repliegan en sí mismos.

R. Sí, pero las fronteras son para los vecinos a ambos lados. No debemos malinterpretarlo. El bienestar sanitario nacional también ayuda a los vecinos. Si controlamos nuestros problemas de salud, también ayudamos a nuestros vecinos y no debemos interpretar este autocuidado como una regresión nacionalista. Al revés, si todos son cuidadosos en su territorio, harán una contribución enorme a los demás.

P. El Estado Nación reemerge con fuerza en medio de la emergencia, pero a la vez, nunca hemos dependido tanto unos países de los otros.

R. En los últimos dos siglos, la mayor preocupación de las entidades políticas, de los Estados nación, giraba en torno a la independencia. En el futuro, necesitamos una declaración general de dependencia universal; la idea básica de comunidad. La necesidad de un escudo universal que proteja a todos los miembros de la comunidad humana ya no es algo utópico. La enorme interacción médica en todo el mundo está demostrando que esto ya funciona.

P. ¿Corren peligro nuestras democracias o se rehabilitarán las libertades tras los estados de alarma?

R. En todo el mundo se está recordando ahora que la necesidad de un Estado fuerte es algo que va a acompañar nuestra existencia durante un periodo largo, porque parece que son los únicos disponibles para solucionar problemas. Eso es complicado, porque podría corromper nuestras demandas democráticas. En el futuro, una tarea para el público general y la clase política será vigilar una vuelta clara a nuestras libertades democráticas.

P. Las fuerzas populistas parecen ahora descolocadas, pero crece el temor a que se alimenten de la frustración. ¿Qué impacto cree que tendrá la pandemia en los populismos?

R. Todo el mundo tiene que entender que estos movimientos no son operativos, que tienen actitudes poco prácticas, que expresan insatisfacción, pero que de ninguna manera son capaces de resolver problemas. Creo que van a ser los perdedores de la crisis. El público habrá entendido que no puede esperar ninguna ayuda de su parte.

El País

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