Pompeo y el síndrome de Rip van Winkle

Por Salvador Capote

ilustración: DonkeyHotey

Si algo es digno de admiración en la cultura estadounidense es su rico y variado folklor. Magníficos escritores, como Washington Irving, contribuyeron a enriquecer sus tradiciones y a crear expresiones populares que perduran en el tiempo.

Rip van Winkle es un personaje de ficción, creado por Irving, que pasó a representar a todo aquel que vive desconectado de la realidad, incapaz de comprender el desarrollo de los acontecimientos. Estados Unidos es todavía colonia de Inglaterra cuando Rip van Winkle se va a los bosques de las montañas de Catshill, en el estado de New York, huyendo de los regaños de su mujer. Allí se encuentra con un grupo de extraños personajes que lo invitan a beber. Rip bebe y cae en un profundo sueño. Cuando despierta han pasado veinte años. Durante ese tiempo ha tenido lugar la Guerra Revolucionaria y Estados Unidos es ya un país independiente. Rip regresa a su hogar ignorando todos los sucesos ocurridos y se manifiesta como un fiel súbdito del rey inglés George III, lo cual provoca el rechazo airado de los revolucionarios y, por su incomprensión de la realidad, Rip se ve envuelto en otros incidentes.

Creo que el actual Secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, padece del síndrome de Rip van Winkle, pues su desconección de la realidad se manifiesta en todas sus actuaciones. Un ejemplo patente es su manejo de las relaciones con China, como si estuviésemos todavía en la época de la Rebelión de los Boxers, Estados Unidos no se hubiera estancado en la Guerra de Corea o no hubiese perdido la Guerra de Vietnam, y China no fuese la potencia económica y militar que es hoy en día; o con Irán, como si estuviésemos aún en los tiempos anteriores a la Revolución Iraní de 1979 y pudiesen manejar como un títere al Sha Mahammad Reza Pahlevi y dar un golpe de estado al primer ministro Mosaddeg con el fin de apoderarse de los recursos petroleros.

Algo semejante pudiéramos decir con relación a Rusia, Venezuela y a muchos otros países. Mr. Pompeo fue Director de la CIA entre enero de 2017 y abril de 2018, contando entre sus numerosos fracasos los intentos de producir un golpe de estado en Venezuela. Mr. Pompeo ignora que este mundo dejó de ser unipolar con epicentro en Estados Unidos, y avanza inexorablemente hacia la multipolaridad. Este pintoresco canciller parece haber despertado de un largo sueño winkleano y no logra comprender que hegemonismo, racismo y supremacismo ya no tienen cabida en este planeta. Es como si a Mr. Pompeo lo hubiesen secuestrado extraterrestres hace ya muchos años y lo hubiesen devuelto a la Tierra para servir de ejecutor de una anacrónica política exterior en la más loca administración que ha sufrido Estados Unidos.

Pero, desde mi perspectiva, su mayor desenchufe se manifiesta con respecto a Cuba. Mr. Pompeo desconoce los profundos cambios que han tenido lugar desde el primero de enero de 1959 en la isla del Caribe. Más aún, parece ignorar que el racista general John R. Brooke ya no es el Gobernador General, ni tampoco el anexionista Leonard Wood; no se ha enterado de que la Enmienda Platt hace ya muchos años que no tiene vigencia alguna, que desde Washington no pueden imponer gobernadores corruptos y corruptores como Charles Magoon, ni presidentes lacayos, como Estrada Palma; y que ya en La Habana no residen procónsules yanquis dictando órdenes a políticos serviles.

Mr. Pompeo continúa viviendo en tiempos de la Guerra Fría, no se ha enterado del desastre de la invasión mercenaria por Playa Girón ni de la victoria de cubanos y angolanos en Cuito Cuanavale, que marcó el principio del fin del apartheid. Ignora y quiere ignorar que casi por unanimidad, los países de la ONU han rechazado, año tras año, el criminal bloqueo a Cuba de Estados Unidos y que Cuba mantiene excelentes relaciones de amistad y colaboración con casi todos los países del mundo, reforzadas por la extraordinaria labor de solidaridad de sus brigadas médicas.

Como el «bully» del Departamento de Estado fue congresista por Kansas entre 2011 y 2017, a nadie mejor que a él le viene bien otra expresión del folklor estadounidense: «Ya no vivimos en Kansas», que se utiliza cuando las circunstancias han cambiado dramáticamente hacia la irrealidad. Tuvo su origen en la película de 1939 «The Wizard of Oz» (El mago de Oz). Un tornado transporta la casa de Dorothy desde Kansas hasta el país fantástico de Oz. Dorothy sale de la casa y le dice a su perrito: «Toto, I have a feeling we’re not in Kansas anymore» (Toto, tengo la sensación de que ya no estamos en Kansas). Y, evidentemente, después de los daños irreparables que ha causado a la diplomacia estadounidense, especialmente en relación con sus aliados más cercanos, las secuelas permanentes por su desconocimiento de tratados internacionales y su injerencismo en los asuntos internos de otros países, y el sentimiento antinorteamericano que ha revivido en todo el Tercer Mundo, Mr. Pompeo «is not in Kansas anymore».

Jackson Diel, en un editorial de «The Washington Post», de fecha 30 de agosto de 2020, afirma que Mr. Pompeo «desafió los mandatos legales del Congreso, se burló de una ley que restringe las ventas de armas a Arabia Saudita, utilizó a personal subordinado para realizar encargos de él y de su esposa, y despidió al inspector general encargado de investigar estas violaciones». «En la última semana -añade Diehl- Pompeo cruzó otra línea ética al intervenir en la Convención Nacional Republicana, ignorando las disposiciones legales del Departamento de Estado que prohíben al Secretario la participación en estos eventos». En repetidas ocasiones, Mr. Pompeo ha sido acusado de violar la Ley Hatch, que prohíbe a los funcionarios federales participar en actividades políticas o utilizar dinero del contribuyente para viajes, recepciones u otras actividades con fines partidistas o personales, ley que violó flagrantemente en su reciente visita a Israel.

El mundo irreal en que vive Mr. Pompeo, o el que quiere crear e imponernos, no es viable y tiene un repudio universal. Es el mismo mundo de Donald Trump fielmente conducido hacia el desastre por su canciller.

Hay otra expresión del folklor norteamericano: «zuzu’s petals» (los pétalos de Zuzu), que se utiliza para indicar que alguien ha regresado a la realidad, que alguien al fin ha puesto los pies sobre la tierra. Este símbolo del mundo real tuvo su origen en la película de 1946 «It’s a Wonderful Life» (Es una vida maravillosa) de Frank Capra. George Baily (Jimmy Stewart) el protagonista, que ha sido transportado a otra dimensión por un ángel, percibe que está de regreso en este mundo porque encuentra en su bolsillo los pétalos de la flor de su hija Zuzu, una flor que había perdido sus pétalos y ella ingenuamente le pidió a su padre que los insertara de nuevo.

Sabemos, por supuesto, que es imposible, tanto para Mr. Pompeo como para su mentor, regresar del sórdido mundo en que han vivido para desdicha de todos, pero millones de personas, en todas las regiones del planeta, esperan que el próximo 3 de noviembre otras figuras políticas encuentren en sus bolsillos «los pétalos de Zuzu».

América Latina en Movimiento

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