Por qué el fallo de la Corte fue un punto de inflexión para Fernández y Rodríguez Larreta

Por Claudio Mardones

El fin de la batalla por las clases presenciales concluyó con un túnel para ambos. El alcalde porteño ganó un round con una apuesta al límite, pero tiene a Macri en los talones. Ahora vuelve a refugiarse en la gestión para hacer campaña y se mete en la pelea por las vacunas. Sin la disputa con la Ciudad, el oficialismo busca cerrar la interna del Gabinete y retomar la agenda que opacó el novelón metropolitano.

El fallo de la Corte Suprema que declaró la inconstitucionalidad de la suspensión de las clases presenciales por decreto en el AMBA marcó una inflexión para Juntos por el Cambio y también para el gobierno nacional. La decisión de los cortesanos fue adoptada cuando el DNU ya había vencido y le aportó un triunfo político al alcalde porteño, Horacio Rodríguez Larreta. Hace dos semanas en la Ciudad no descartaban un revés del máximo tribunal, en medio de una situación sanitaria crítica que puso a prueba la capacidad del jefe de Gobierno de jugar al límite con una medida de política educativa que fue adoptada para contener a su propio electorado.

Junto al fallo también terminó un capítulo de la disputa que protagonizaron el presidente Alberto Fernández y Rodríguez Larreta. Para el segundo, la contienda lo repuso en un lugar expectante dentro de la coalición opositora y también en las entrañas del PRO, cuyo liderazgo está balcanizado tras la derrota electoral y la salida del poder de 2019. La demostración de ese fortalecimiento no lo aportó la Corte sino el breve alineamiento de la titular del partido, Patricia Bullrich, que en las ultimas dos semanas pasó de defender la política porteña como si fuera propia a cuestionarla el viernes pasado, cuando había vencido el DNU judicializado y el presidente firmó otro que, como insistió este martes, nadie ha cuestionado y sigue en pie.

El tránsito del primer DNU no fue fácil para Fernández. Apenas lo firmó y dispuso suspender la presencialidad escolar en el AMBA, Larreta le facturó que nunca lo consultaron. Fue la chispa que disparó la aventura judicial ante la Corte, en una jugada que, por fuera de las especulaciones judiciales, demostró que el alcalde está dispuesto a pelearse con la Nación aunque eso implique afrontar un escenario sanitario incierto. La estridencia fue aumentada por un operativo de prensa que nacionalizó una disputa eminentemente porteña y diluyó señales positivas para la Casa Rosada como el acuerdo que firmó el empresario Marcelo Figueiras con el Instituto Gamaleya para fabricar la vacuna Sputnik V en Argentina. Las sombras también se extendieron con otro acuerdo similar para elaborar la vacuna china Sinopharm, dentro de las exploraciones que afronta el gobierno para suplantar los incumplimientos del laboratorio AstraZeneca que ya debería haber entregado unas 20 millones de dosis.

Todo eso quedó en segundo plano desde que el ministro de Economía, Martín Guzmán, buscó echar a través de los medios a su subsecretario de Energía Eléctrica, Federico Basualdo, que reporta directamente a la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner. Fue la crisis de Gabinete más importante desde la llegada de la fórmula Fernández – Fernández al poder y el acto que compartieron los socios de la coalición oficialista este martes en Ensenada, apuntó a revertir lo más rápido posible las consecuencias de una interna feroz a cielo abierto. Basualdo sigue en el cargo y Guzmán quedó desautorizado. En tiempos de pandemia todo es provisorio, pero quedó claro que la disputa por la forma de aumentar los servicios públicos encierra una previsible tensión sobre la orientación del modelo económico del panperonismo en un año donde afrontará su primer test electoral después de la victoria de 2019.

Concluido el novelón por las clases presenciales, este martes el Presidente se mostró junto a CFK, al gobernador bonaerense Axel Kicillof y al titular de la Cámara baja Sergio Massa. Reivindicó la foto de la unidad y apuntó a cerrar la tensión que marcó al ministerio de Economía en lo últimos días. Pero también se apoyó en esa escena para reforzar las críticas que CFK les había lanzado un día. El Presidente le devolvió los favores a los miembros de la Corte y les pegó donde más les duele: los criticó públicamente y buscó profundizar el descrédito que les adjudican las encuestas.

Rodriguez Larreta hizo lo propio pero lejos de esa pelea. Volvió a calzarse el traje de candidato y se metió de lleno en la competencia por las vacunas. Mantuvo un encuentro protocolar con la encargada de negocios MaryKay Carlson, que está al frente de la Embajada de los Estados Unidos en Argentina desde la partida del texano Edward Prado. La cita tuvo distintos puntos, pero en la comuna sostuvieron que uno de los ejes tratados fue el acceso a las vacunas que se fabrican en ese país.

Ahí está frenada una parte de las vacunas de AstraZeneca que todavía no llegaron y la Casa Rosada mantiene contactos de alto nivel para destrabarlas. Se lo dijo Fernández a Juan González, el consejero enviado hace dos semanas por el presidente norteamericano, Joe Biden. Es parte de las respuestas que espera la Argentina de la Casa Blanca. Aún falta una eternidad, pero existe la posibilidad de que liberen la entrega de vacunas a distintos países el 4 de Julio. Esta martes Biden mencionó la posibilidad de liberar temporariamente las patentes para posibilitar su fabricación en distintos países.

Ambas medidas tendrían un impacto directo en la Argentina, por parte de una potencia que está decidida a revertir la pésima performance que ha tenido en materia de cooperación sanitaria frente a China y a la Federación Rusa. A esa danza se sumó este martes Rodríguez Larreta, en un encuentro que también le permitió diferenciarse del expresidente Mauricio Macri, que casi a la misma hora, en Miami, protagonizaba un evento internacional de la derecha latinoamericana.

El magnate fundador del PRO siguió hablando como un expresidente liberal. «El año pasado dije que el coronavirus era menos peligroso que el populismo. Ahora hemos encontrado una combinación aún más peligrosa: el populismo conduciendo una crisis sanitaria», disparó Macri, en el encuentro para ratificar que, bien lejos de la gestión, seguirá hablándole a su núcleo más duro.

Lo hizo desde Miami y lo seguirá haciendo durante todo este año electoral. «El populismo azota a nuestro país y al continente», denunció y llegó a asegurar que «la democracia en Argentina está amenazada por un comportamiento que busca debilitar la independencia del poder judicial, violando la Constitución y los derechos humanos con un propósito: generar impunidad sobre funcionarios investigados por hechos graves de corrupción.» La argumentación es casi un libreto electoral que, al menos por ahora, no contó con la adhesión de Rodríguez Larreta, más concentrado en comunicar desde su gestión que desde el antagonismo que alimentó con empeño hace dos semanas.

Tiempo Argentino