¿Por qué van a votar a Alberto?

Construcción de la unidad, agenda económica y social, recuperar la región, hablar con los trabajadores. El peronismo logró generar una candidatura con la innovación necesaria y que a la vez representa los rasgos propios de su historia. Parece que por eso se lo votará a Alberto Fernández.

Por Sergio De Piero*

Todo está definido de cara a la campaña. Los nombres, las alianzas y las estrategias que quizás se vayan ajustando a medida que pasen los días, y que las PASO pondrán a prueba.

Todo indica que luego de 20 años, esto es desde las elecciones de 1999, tendremos un escenario electoral nacional polarizado, donde el macrismo y el peronismo concentren la mayor cantidad de votos, relegando al resto de las fuerzas a una convocatoria de apoyos notablemente menor. La avenida del medio se fue desmoronando lentamente y los dos polos principales lograron atraer a su órbita a esas construcciones: primero el macrismo atrajo al espacio de Elisa Carrió y nada menos que a la UCR; dos fuerzas que lo precedían en años, los radicales en más de cien, pero cuyas capacidades para construir una estrategia de poder parece agotada. El macrismo ganó algo de fuerza en las elecciones de 2017, pero esos brotes no fueron el preludio de nuevas victorias: Cambiemos no ha logrado ganar una sola gobernación nueva y en no pocas provincias quedó relegado al tercer puesto. La ola amarilla, no funciona demasiado bien en los territorios.

El peronismo logró algo parecido. Efectivamente la elección se polariza, pero no en el sentido que funcionó en los 80 y parte de los 90 con las identidades peronista y radical capitalizándola. Hoy no parece posible armar una opción electoral relevante sin contar con algún espacio peronista; evidente en la fórmula que encabeza Alberto, lo es también en el espacio de Lavagna y Urtubey; pero también en el oficialismo cuando Macri eligió a Pichetto para acompañarlo en la fórmula. Hay peronismo en muchas fórmulas pero también es cierto que el peronismo no logra concentrar en una sola oferta electoral (algo que no sucede desde 1989). De esta situación del peronismo y su dispersión, que no es ajena a lo que le sucede al resto de partidos en la Argentina y me atrevería a decir en el mundo, hay algunos rasgos fundamentales. En primer lugar la inexistencia de una alternativa conformada en torno de ese llamado Peronismo Federal. No es la primera vez que ese espacio enunciado desde algunas provincias intenta un armado nacional; no es, tampoco, la primera vez que fracasa en lograrlo. Está claro que la mayor parte de los gobernadores se encuentran centralmente preocupados por la estabilidad de sus sistemas políticos en sus propias provincias, y es menos cautivador inclinarse por una construcción nacional. La foto de los cuatro (Schiaretti, Urtubey, Massa, Picchetto) que insinuaba la promesa de un acuerdo, termina en la paradoja de cuatro líderes apostando en cuatro opciones distintas que incluye la prescindencia de la pelea por la Casa Rosada como el caso del gobernador de Córdoba. Hay allí una hipótesis que cobra fuerza: el “partido federal” (fruto de los peronismos, de los antiguos partidos provinciales de lo que fuese) no existe en términos nacionales. Quienes intenten construir desde allí deberían asumirlo. Por eso Sergio Massa entendió que su futuro político ya estaba ligado a la construcción mayoritaria del peronismo y hacia allí fue, uno de los gestores de la avenida del medio, reconoció su erosión. El resto de los espacios, a los que les parece poco que Cristina Fernández haya renunciado a la candidatura presidencial, orbitan en torno del ex ministro de economía, con escasas posibilidades de consagrar un espacio político en las urnas.

Por otra parte, el macrismo logra por segunda elección consecutiva, convocar a la mayor parte del espectro antiperonsita, aunque algunos lo acusen de moderado en esa construcción (léase Espert) Nuevamente hay que observar allí cierta construcción histórica de peso pues si repasamos las anteriores elecciones presidenciales, nos costará mucho encontrar opciones no peronistas que soportaran dos elecciones presidenciales (tal vez sólo sea la UCR 1983, 89 y 95). ¿Es el PRO o el macrismo un espacio político que llegó para quedarse? Las próximas elecciones y su resultado nos darán parte de esa respuesta. Pero hay algo más. El macrismo alcanzó el poder en 2015 de la mano de cierto ideario, de algunas promesas, las cuales no se cumplieron o solo fueron efectivas para un sector menor de la población. El legado del macrismo es etéreo, es solo la esperanza, o ni siquiera, tal vez tan solo alguna posibilidad de generar una construcción de poder que lleve adelante un gobierno no peronista y pueda, como ideal final, destruir todo su legado (la justicia social, la distribución de la riqueza, el peso de las organizaciones populares, etc.) Es eso. Pero de realizaciones el panorama es desértico. No existe una dimensión, tan solo una, en la cual el macrismo pueda aportar un ladrillo a la construcción democrática. No derrotó la inflación, erosionó el PBI, le creo al país una nueva considerable deuda externa, estimuló la especulación financiera, retrocedió el accionar productivo, bajó el poder de compra del salario, incrementó la represión… Escuchamos a un gobierno nacional hablar de asfalto y de cloacas, obras propias de un municipio. Como construcción de horizonte político el macrismo ha fracasado.

Y entonces, Alberto Fernández. No es un “nuevo en la política”, uno de aquellos que llaman la atención porque “ahora se van a dedicar a la política”; es algo con mucho mayor impacto: un inesperado. Nadie, acaso ni él mismo, imaginaban esta situación hace pocas semanas. Cristina Fernández dio un giro a las elecciones que modificó el perfil político para propios y extraños. Teníamos una elección hasta ese sábado por la mañana, luego de las 9 de la mañana, tuvimos otro. En primer lugar, Alberto implica distancia de la idea de restauración, de un “vamos a volver” mecánico hacia una construcción no imaginada; hay en su candidatura una respuesta a muchas discusiones que en los últimos años poblaron al peronismo y que ahora pasan a otro plano; si bien esas cuestiones no se solucionan con una decisión, cambió notablemente el espesor del debate. Para quienes enarbolaban que Cristina era un escollo, éste se desplazó hacia un sitio, la vicepresidencia, cuya gravitación institucional es sensiblemente menor; para quienes pedían innovación lo inesperado de la candidatura de Alberto, es una respuesta clara. Y de ese modo los leyeron 17 de los 19 gobernadores peronistas confirmándole el apoyo a su candidatura (obviamente no el candidato Urtubey, y tampoco el por momentos inexorable Schiaretti). Legisladores e intendentes actuaron en el mismo sentido. El sindicalismo manifestando un apoyo casi unánime. Los movimientos sociales al menos expectantes con esta propuesta. Si bien un sector del peronismo se ha encolumnado detrás de Lavagna, Alberto y Cristina en fórmula, se han convertido en una expresión de unidad no imaginada hace pocos meses. Si vemos una línea de tiempo que inicie en 2013, este resultado es aún más interesante y esperanzador.

Y el Alberto candidato ya comenzó a hablar, reemplazando al Alberto “armador”. Es un tránsito lento, pero comenzó por la senda básica: hablarle a los jóvenes, meterse en medio de los obreros a escuchar sus problemas, caminar las provincias y conversar sobre el futuro. Y lo hace parado en medio de todos y todas, que le dicen y le cuentan que quieren recuperar una vida mejor, que el presente es insoportable para muchos; vuelve la agenda de la cuestión social y de instalar de nuevo la discusión sobre el desarrollo; es decir, hacer peronismo. Y mientras, hace algo que Macri no está dispuesto a hacer: se sienta frente a periodistas que no piensan como él y soporta con tranquilidad una y otra vez las mismas preguntas sobre el pasado. Alberto deberá atravesar una campaña plagada de tormentas de arena desatadas desde todas las usinas del macrismo: las propias y las ofrecidas como tales, en los grandes medios. Su fortaleza será la instalación de escenarios hacia el futuro mientras el macrismo solo podrá plagarnos de miedos, una y otra vez.

Construcción de la unidad, agenda económica y social, recuperar la región visitando a Lula, hablar con los trabajadores. Parecía que el peronismo no sería capaz de generar una candidatura con la innovación necesaria y que a la vez representara los rasgos propios de su historia. Parece que por eso se lo votará a Alberto.

Buenos Aires, 9 de julio de 2019

* Licenciado en Ciencia Política (UBA), Magíster en Ciencia Política y Sociología (FLACSO) y Doctor en Ciencias Sociales y Humanas (UNQ)

La Tecl@ Eñe Revista Digital de Cultura y Política, ideas, cultura y otras historias
Editor/Director: Conrado Yasenza
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