Por quién doblan las campanas

Por José Figueroa y Viviana Demaría

Reconocer a un golpista como presidente de un país, es motivo de juicio político según nuestra legislación (art 53 de la Constitución Nacional). Además, es delito. Si rigiera el Estado de Derecho, Mauricio Macri, sería destituido y procesado penalmente.
Carlos Rozanski

Lo que está sucediendo en Venezuela no es un intento de golpe de estado. Ya fue un golpe de estado.

Es apreciado como un intento de golpe de estado para quienes consideramos la prevalencia del principio de la no injerencia de terceros en los asuntos de estado de un país. Principio que se ve puesto en tela de juicio o sencillamente depreciado, en este momento histórico y en especial en relación a Venezuela y los países que conforman Latinoamérica.

¿Por qué insistimos en esto? Porque entendemos que según fuese los términos con los que se relate la situación del hermano país, así será el posicionamiento y el análisis que pueda hacerse al respecto.

Entonces, podemos reconocer en primera instancia tres grupos, que representan tres lecturas, por lo tanto, narrativas, análisis y en consecuencia tres estrategias de acción diferenciadas. El primer grupo es quien sostiene la perspectiva del “intento de golpe de estado”. Es la expresada por quienes reconocemos a Nicolás Maduro como legítimo presidente electo de Venezuela, quienes más allá de no acordar en un todo con sus políticas, registramos su legitimidad y advertimos lo inaudito de la autoproclamación de Juan Guaidó. Es así que al utilizar la palabra “intento” se expresa una postura de candidez geopolítica, pretendiendo que la fuerza de la palabra oficie de sortilegio ante una situación que a todas luces está premeditada, organizada y ya llegando a su fin.

El segundo grupo es aquel que no ha cesado en buscar y obtener la correlación de fuerzas necesarias para dar hoy un golpe de estado. Son quienes no hablan de “golpe” porque son quienes lo han llevado a cabo. Luego de décadas de hablar de Tiranía, Régimen, Dictadura, etc. tildan a los golpistas de Libertarios o Restauradores de la Democracia. Y esto viene desde Chávez. Pero no desde cualquier momento de Chávez, sino desde que el Comandante Chávez instauró la República Bolivariana. Ha sido desde ahí que para este grupo la tarea fue hacer que Venezuela encarnase el Eje del Mal. Por lo menos, un eje para América Latina. De allí que, para este grupo, el kirchnerismo es chavista. De allí que para el PRO, Venezuela es el destino al cual no hay que llegar. Y como verán, no hablan de Lulismo, o Evismo o Correismo. Chávez y Venezuela fueron instituidos como las figuras del Mal y la eficacia simbólica de esa narrativa ha surtido efecto. Llama fuertemente la atención que este juego geopolítico haya despertado los fantasmas de la guerra fría. Si Estados Unidos como imperio, no fuese el cerebro ejecutor, estos fantasmas no habrían reaparecido. Estados Unidos no está detrás, sino adelante, con una desfachatez de sus tiempos más gloriosos de intervención e impunidad. Y llama la atención, porque su ariete más ponzoñoso, envenena la subjetividad del mundo con su quinta columna. Los otrora marines, son hoy la coalición de medios hegemónicos de este tardo-capitalismo. Los diarios del mundo disparan en sus primeras planas lo que para ellos ya es un hecho. Maduro es un Presidente de facto, Maduro es un Usurpador, Maduro es un Tirano. La Agencia de Noticias France-Presse, la agencia de noticias más antigua del mundo, contra toda lógica habla en todos sus comunicados que Maduro es un presidente de facto. Sus bastardos locales (Clarín, La Nación, Infobae y sus súcubos provinciales) lo replican tal cual. Es más, la prensa mundial nunca se atrevió a tanto como la prensa argentina. Como ejemplo recordemos el editorial de Eduardo Van Der Kooy el 22 de febrero de 2015, en referencia al suicidio de Nissman, donde afirmaba que “en ámbitos de inteligencia, policiales y diplomáticos una especulación parece tomar cuerpo. ¿Cuál sería? La de que un comando venezolano-iraní podría haberse cobrado la vida del fiscal”. Otro ejemplo es el que hemos leído en estos días acerca de que el “Ruso Putín” habría contratado 400 mercenarios de un ejército secreto comandado por el cocinero del presidente de Rusia, llevados allí para proteger a Maduro y realizar acciones de terrorismo contra la oposición (Diario Clarín). Por su parte, Washington Post y CNN tildan a Maduro de usurpador y hablan alegremente de Guaidó como presidente en el exilio. Todo acorde al mandato de la Casa Blanca.

El tercer grupo, está conformado por la Unión Europea cuyo portavoz, el presidente español Pedro Sánchez, con un arma de doble filo (el ultimátum) le ofrece al gobierno legítimo de Venezuela un plazo para llamar a elecciones, fuera del cual, de no cumplirse, “reconocerá” la total legitimidad de Guaidó y la total ilegitimidad de Maduro. ¿Con qué nos encontramos aquí? Con una posición que por un lado le reconoce a Maduro su condición de presidente legítimo (dado que el único que puede llamar a elecciones) y por otro lado, reconoce que esa legitimidad tiene fecha de caducidad. La grieta aparece en España a raíz de esta postura. Pablo Iglesias le contestó que “debe defender la legalidad internacional, el diálogo y la mediación pacífica, NO un golpe de estado”

En el medio, si existiera un medio, la autodeterminación de los pueblos ya ha caducado. Los gérmenes de una tercera guerra mundial, han comenzado a aparecer. Y Venezuela es el pretexto. Ayer sábado, Mike Pompeo – Secretario de Estado de Trump – dijo en el seno de Naciones Unidas dos cosas que ponen de manifiesto el juego de guerra al que empuja al mundo el imperio del Norte: “Nicolás Maduro lidera un Estado Mafioso Ilegítimo” y “Un experimento socialista al que hay que eliminar”. No habla de Maduro, solamente. Habla de Venezuela.

Frente a este escenario, en lo que respecta a los argentinos, Macri nos ha envuelto en un conflicto donde el valor de las doctrinas históricas está puesto en interrogación. La doctrina Truman, la Doctrina Drago, son instrumentos obsoletos para operar al límite al que han llegado los acontecimientos actuales. Hay un punto de no retorno. Se está repartiendo nuevamente al mundo en zonas de influencia. Y el Gendarme del Mundo ha dicho claramente ayer: “O se está con las fuerzas de la libertad o se está con el enemigo”. Una muestra de que ya se entró en una guerra de baja intensidad la proporciona la resolución del Banco Interamericano de Desarrollo que reconoce a Guaidó como algo que aún no es y no sabemos si va a ser. O la resolución del Banco de Londres de apropiarse de las reservas en oro de un país soberano.

Otra vez pasamos a ser el patio trasero. La misión especial envida el viernes por el gobierno argentino hacia la Casa Blanca para ultimar el destino de Venezuela, hace prever que no seremos neutrales como cuando EEUU llevó adelante la ocupación militar en República Dominicana en 1965. ¿De qué otra manera puede entenderse que la Casa Blanca haya elegido a un criminal de guerra (Elliott Abrams) amnistiado ad hoc para “restaurar la democracia en Venezuela”? Macri no se está “rascando el higo” en Chapadmalal (visión ingenua si las hay). Está participando de las últimas maniobras para consumar un acontecimiento siniestro que no va a tranquilizar al mundo. Es hora de aceptar con lucidez por quién están doblando las campanas: por nosotros, que ya fuimos designados hace tiempo como humanidad sobrante.

La Quinta Pata

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