¿Qué apreciaciones no apreciás? ¿Qué imprecisiones preferís?…

ZONA LITERARIA | EL TEXTO DE LA SEMANA

Foto: Flavia Revagliatti

COMPILADO: 31 escritores argentinos responden la pregunta 16 del ‘En cuestión: un cuestionario’ de Rolando Revagliatti.

Entre diciembre de 2018 y diciembre de 2020, treinta y un escritores argentinos fueron respondiendo las treinta y cinco preguntas que conforman el ‘En cuestión: un cuestionario’ de Rolando Revagliatti‘. Estas entrevistas-cuestionarios fueron difundiéndose en la Zona Literaria de El Ortiba. Con el formato de Compilados cada una de las preguntas y respuestas se publican periódicamente en el orden establecido por el entrevistador.


16: ¿QUÉ APRECIACIONES NO APRECIÁS? ¿QUÉ IMPRECISIONES PREFERÍS?…


RODOLFO A. ÁLVAREZ: No entiendo. Prefiero la imprecisión. Las matemáticas siempre ahogan.

FERNANDO DELGADO: Cuando te dicen: «Te voy a tener en cuenta», o bien cuando estoy mal y me sueltan: «Que tengas un buen día».
Las mejores imprecisiones son cuando relato algún recuerdo, porque cada vez que lo hago, está mejor corregido o menos impreciso.

JOSÉ MUCHNIK: En el curso de mi experiencia como antropólogo / investigador, me sulfuraban las apreciaciones fundadas en cierto academicismo / dogmatismo, que califican, sentencian: el enfoque, el artículo o lo que sea «no es científico», esa era la frase asesina. Mi preocupación fue siempre de asociar diversas formas / fuentes de conocimiento, en particular la experiencia científica y la experiencia poética: «los nuevos paradigmas de sociedad, de producción agrícola, de urbanización, de… no saldrán repentinamente de la investigación científica como del muslo de Júpiter. Sin duda que necesitamos nuevos saberes, pero sobre todo necesitamos un nuevo saber, un saber de una nueva calidad, un saber basado sobre un principio de unificación de las diversas formas de conocimiento, de las diversas experiencias del mundo» (extraído de «Alimentos y Poesía»). Paradojal y simétricamente los «opinadores seriales» de las «academias poéticas» caen en la misma trampa, blandiendo análoga frase asesina: «esto no es poesía».
Crear implica salirse de caparazones establecidos; ofender academias con imprecisiones e impurezas.

BIBI ALBERT: Nada que sea sólo una apreciación me interesa. Mis imprecisiones preferidas pueden ser con respecto a un camino, a un destino, a una distancia, para dar lugar al factor sorpresa.

CLAUDIA SCHVARTZ: El narcisismo elevado a la sordera me saca de quicio. Prefiero las conversaciones donde se decanta lentamente el sentido preciso, precioso. Conversaciones son diálogos. Y necesitan tiempo, interés por el otro, y algo de memoria.

JORGE CASTAÑEDA: No aprecio lo que otros aprecian y no tengo imprecisiones preferidas a pesar de que cometo muchas.

JORGE LUIS LÓPEZ AGUILAR: Sin comentarios.

LUISA PELUFFO: Tal vez no aprecio las apreciaciones muy «definitivas». La imprecisión me transmite duda. Y prefiero la duda a la sentencia.

RITA KRATSMAN: Las imprecisiones me molestan, prefiero los argumentos que están perfectamente fundamentados.

LAURA CALVO: Detesto las apreciaciones al voleo, las banalidades. Si por imprecisiones entendemos ambigüedades (un valor en lo literario), las prefiero a las obviedades.

ROGELIO RAMOS SIGNES: No aprecio (porque no sé o porque no tuve una educación clásica) la evaluación de la música con un sentido matemático, o como un hallazgo de la neurociencia. Escucho música todo el día, y he llegado a producirla intuitivamente, pero no dispongo de conocimiento para disfrutarla y/o desmenuzarla desde otras perspectivas.
Me gustan las imprecisiones del «arte encontrado»: la figura fugaz que nos entrega una nube, el microrrelato oculto que aprisiona algún párrafo de una novela, el humor involuntario que surge de hechos cotidianos.
En definitiva, me gusta y emociona lo parecido, pero no lo simétrico. Dos senos femeninos ligeramente diferentes podrían ser un buen ejemplo.

LUIS BENÍTEZ: Las reseñas literarias escritas por conveniencia, a sueldo de un avisador, abundantes en adjetivos vacíos, lobbistas, y aquellas donde al que escribe solo le interesa «lucirse» como un marmota, en vez de introducirnos en la obra de un tercero, que es lo que de veras queremos conocer. Prefiero las imprecisiones del hombre común, que no sabe que es parte de una especie que puede muy bien ser definida como «el animal que narra», porque todo el tiempo estamos contando algo, a los demás o a nosotros mismos. Y quien no sabe que está narrando lo hace de un modo exquisito, pleno de alusiones y elusiones que ignora que está empleando, pero que si le prestamos la adecuada atención a lo que dice, se tornan evidentes e inmejorables.

LILIANA AGUILAR: Los criterios cerrados a cualquier otra mirada. Los acepto como parte de la convivencia en sociedad, pero no los comparto.
Me gusta la diversidad; la libertad de ser, hacer, sentir y pensar. Adoro las estaciones climáticas porque me permiten cambiar de sentimientos, de ropa, de vivencias: sufro el invierno; renazco en primavera, me sumo en la tristeza del otoño y celebro el verano con la perfección de su madurez.
En cuanto al arte, prefiero la improvisación creativa a la perfección estudiada. Digo «improvisación» sin olvidar que, para escapar de las reglas, hay que conocerlas previamente.

GUILLERMO FERNÁNDEZ: En cuanto al arte en general no acuerdo con las ideas subjetivas de los lectores sobre las características de los personajes cuando apuntan solo a opiniones ya estigmatizadas, que forman parte de los criterios comunes instalados. Por el contrario, recurro a las imprecisiones que están asociadas a crear polisemia en los lectores.

MÓNICA ANGELINO: El ser humano es pura imprecisión, es arduo efectuar apreciaciones.

DAVID ANTONIO SORBILLE: No reparo en superficialidades, y sí en cambio en aportes o ideas que sumen a un intercambio dialógico que tenga en lo humanístico la razón de las apreciaciones que estimo.

CARLOS NORBERTO CARBONE: No aprecio las apreciaciones realizadas con soberbia, las detesto, prefiero los buenos oficios del dialogo frontal y sincero.

LEONOR MAUVECIN: No aprecio los comentarios forzados, dichos por conveniencia o por «quedar bien». Me molestan los aduladores seriales. Prefiero aquellas opiniones que responden a una mirada más realista y menos hipócrita. Me disgustan los que desvirtúan el sentido de las palabras, como la desconocida que te dice «mi amor». Prefiero la sinceridad, aunque tenga imprecisiones, no me importan las mentiras siempre que sean blancas y formuladas para evitar que otros sufran.

RUBÉN SACCHI: Las que se refieren a las cosas vanas. Las que surgen de la propia humanidad.

HORACIO PÉREZ DEL CERRO: Para la primera pregunta, las que conllevan rasgos absolutos me paralizan y las descarto. En cuanto a la segunda, las que contienen dudas: éstas ponen en funcionamiento el pensamiento, y en crisis el conocimiento, de ellas se aprende.

MARÍA AMELIA DÍAZ: Voy a contestar con dos dichos: «Si el sabio no aprueba, malo; si el necio aplaude, peor.» (Tomás de Iriarte); «Las cosas hay que hacerlas; hacerlas mal, pero hacerlas» (Domingo Faustino Sarmiento).

CRISTINA MENDIRY: Aquellas cuestiones que derivan en una rígida y limitada estructura no aportan inteligencia al arte ni a la sociedad.
Las imprecisiones generan malas decisiones. No prefiero ninguna.

SANTIAGO SYLVESTER: No aprecio, en poesía, lo confesional, el poeta que cuenta dónde y cuánto le duele; el abuso trivial de la primera persona del singular. En cuanto a las imprecisiones, me gustan cuando significan algo.

ROBERTO D. MALATESTA: Prefiero mis errores comprobables y comprobados, también son mi parte, que los por comprobar, siempre son los peores, esa es mi apreciación, no sé si la más apreciable, pero por ahí anda.

GLORIA ARCUSCHIN: No aprecio las apreciaciones que vienen con etiqueta de «soy inamovible y traigo la verdad». En general, prefiero a la gente «imprecisa», inclinada a una actitud de vida más zen, buscando más preguntas sabias que respuestas mediocres. Prefiero las imprecisiones de la creación literaria, tanto en narrativa como en dramaturgia o poesía. Y aquellas acerca de las cuestiones sentimentales: abrir el juego a múltiples interpretaciones, enriquece.

RAFAEL FELIPE OTERIÑO: No aprecio la efusividad sentimental, la incontinencia verbal, la teatralización de los afectos. Estoy formado en una ética austera que traza una línea entre la vida privada y la pública.
En cuanto a las imprecisiones preferidas, destaco aquellas que son fruto de los matices, de las distintas gradaciones del color, de los claroscuros de la emoción. Me refiero al horizonte de lo aún no pronunciado.

ALEJANDRO MÉNDEZ CASARIEGO: No aprecio las verdades de perogrullo, el falso sentido común, que suele ser el superficial, el poco reflexivo.
Prefiero las imprecisiones que derivan a veces de la libertad creativa. Los flecos, digamos, sin abusar.

LILIANA DÍAZ MINDURRY: Lo polisémico del poema deriva de una imprecisión o ambigüedad que, a su vez, paradojalmente es lo preciso y lo lúcido del poema: sus abismos de sentido.

CARMEN IRIONDO: Para apreciar o no apreciar tengo que conocer la apreciación, así decido. Las imprecisiones forman parte de un universo tan amplio que no podría «preferirlas».

LUCAS MARGARIT: La imprecisión es usualmente parte del estilo y es preferible, es más honesta.
Una apreciación no apreciada es la adulación.

CARLOS DARIEL: Aprecio y cultivo la amistad. Si de algo puedo vanagloriarme es de no haber agotado la capacidad de generar nuevas amistades y de conservar las que he logrado cosechar. A la hora de elegir mis amistades no hago distinción de religión, filiación política o partidismo deportivo. Mi único requisito para aceptar a alguien como amigo o amiga es que sea una buena persona, tolerante con lo que le es diferente y que no sea violenta. Por eso tengo amistades de muy variadas características y género, de distintas edades y de distintas latitudes geográficas.
En cuanto a las imprecisiones, no sé, trato de no cometerlas, al menos en aquello que me interesa o reviste para mí cierta importancia. A lo que no me despierta interés suelo oponerle indiferencia.

Marzo 2022