¿Qué sucesos te producen mayor indignación? ¿Cuáles te despiertan algún grado de violencia? ¿Y cuáles te hartan instantáneamente?

ZONA LITERARIA| EL TEXTO DE LA SEMANA

COMPILADO: 31 escritores argentinos responden la pregunta 11 del ‘En cuestión: un cuestionario’ de Rolando Revagliatti.

Entre diciembre de 2018 y diciembre de 2020, treinta y un escritores argentinos fueron respondiendo las treinta y cinco preguntas que conforman el ‘En cuestión: un cuestionario’ de Rolando Revagliatti‘. Estas entrevistas-cuestionarios fueron difundiéndose en la Zona Literaria de El Ortiba. Con el formato de Compilados cada una de las preguntas y respuestas se publican periódicamente en el orden establecido por el entrevistador.


11: ¿QUÉ SUCESOS TE PRODUCEN MAYOR INDIGNACIÓN? ¿CUÁLES TE DESPIERTAN ALGÚN GRADO DE VIOLENCIA? ¿Y CUÁLES TE HARTAN INSTANTÁNEAMENTE?


RODOLFO A. ÁLVAREZ: La desigualdad Es la violencia. La madre de todas las violencias. Estuve de acuerdo con el ERP porque estuve de acuerdo con el Che. Sigo ahí/aquí.

FERNANDO DELGADO: No hacer, no poder hacer nada, ante la indefensión.
Entre las muchas cosas que me despiertan violencia, la mirada de un pibe en situación de calle, observando en la puerta de una panadería sabiendo que no accede. Las cosas que más me duelen las encuentro en la mirada de los pibes.
Los que me hartan instantáneamente en nuestra sociedad están por todas partes: son los viejos de mierda: manejan y jamás dan el paso, soberbios, son vestidos por sus esposas, los planchan. Los hay por todas partes y todos tienen algo en común: la destilación del odio. “Los viejos de mierda” me hartan: no serán, no son todos, pero sí demasiados.

JOSÉ MUCHNIK: La indignación me reenvía a mi condición de hombre como ser social, solidario de mis congéneres. Me indignan las injusticias sociales, la falta de humanidad, me indignan los inmigrantes que se ahogan en el Mediterráneo o que mueren de sed en el desierto, me indignan los constructores de muros, los traficantes de órganos y seres humanos. Me indignan los SEFIKILL que especulan con el hambre en la bolsa de valores (ver “SErial FInancial KIllers”, editorial CICCUS). Me indignan los artífices del ecocidio, los que arrasan selvas para optimizar beneficios, las mineras que contaminan recursos hídricos, que se jodan los campesinos aguas abajo. Me indignan los apologistas del “sistema”, políticos de forro reversible, periodistas que manipulan verdades, jueces que manipulan justicia. Me indigno conmigo mismo, con mi impotencia frente a esta realidad.
La violencia, a esta altura de mi vida, está bajo control, como el PSA de mi próstata, oscila en niveles aceptables.

BIBI ALBERT: Me indignan la estupidez, el no saber escuchar, el querer decir algo inteligente antes de que el otro haya redondeado su comentario, la necedad, los celos. Me despiertan violencia las actitudes mezquinas. Me harta de inmediato el que habla mucho y se enreda, y no dice nada. Me enoja mucho la falta de modales.

CLAUDIA SCHVARTZ: Creo que la indiferencia política es lo que me resulta violentamente insoportable. Lo considero el rostro más peligroso del capitalismo.
Lo deshumanizado.
Y los estúpidos del arte, insoportables negociantes.

JORGE CASTAÑEDA: Me indigno ante la estupidez de algunas personas; me hartan la chatura, el odio, el desencuentro de opiniones, la negación del otro, el pensamiento superficial y la charlatanería: “El que mucho bate la lengua, poco piensa”. Pero no me despiertan violencia; al contrario, lástima.

JORGE LUIS LÓPEZ AGUILAR: En general, me irritan las situaciones de injusticia, y la estupidez humana. Me enfurecen las actitudes prepotentes (ejércitos de ocupación, escraches, patoteos, secuestros, etc.) en donde algunos consideran que como son más fuertes, o más numerosos, o están mejor armados, pueden imponer su voluntad a otras gentes.
Me revientan los fanatismos, y las posiciones “políticamente correctas”. Me disgustan las afirmaciones efectuadas sin pensamiento crítico. Pero ya no me sorprenden, por lo que ni me indignan demasiado, ni me calientan, ni me hartan demasiado.

LUISA PELUFFO: Indignación: la injusticia y la prepotencia. Me harta: la idiotez.

RITA KRATSMAN: La deshumanización es el rasgo del momento histórico que nos atraviesa y donde el factor solidario perdió su verdadero significado. La propagación global de este fenómeno de la modernidad dio lugar a un número cada vez más elevado de seres humanos que se encuentran privados de los medios básicos de subsistencia. Y esto nos concierne porque formamos parte de esta realidad acuciante. No vivimos de espaldas a eso que se ve. La violencia forma parte del paisaje cotidiano con cuerpos tirados en la calle sin otro cobijo que un papel de diario o una frazada rota. Observar nuestra ciudad es observar también la violencia del mundo.
Y como protagonistas de la etapa que nos toca vivir tenemos que saber lo que acontece. Saber que cada generación deja sus náufragos librados a un vacío social y es la infancia la que paga seriamente los estragos del abandono. De modo que ver un cuerpo extendido a la intemperie es el signo evidente de políticas dedicadas únicamente a la producción de “residuos humanos”, en palabras de Zygmunt Bauman.
Este paisaje es intolerante pero no debe cansarnos, el solo enojo inhibe todo tipo de intervención. Debemos continuar con nuestra propia obra, para estar activos ante esa violencia que aparece inscrita en las imágenes.
Al respecto, mi libro “Cuerpos con música de fondo”, da cuenta de este panorama.

LAURA CALVO: Los sucesos derivados de la falta de justicia, de la burocracia ineficiente me indignan, me generan cierto grado de violencia. La verborragia previsible, la falta de registro del otro, me hartan instantáneamente.

ROGELIO RAMOS SIGNES: Me indigna (como a muchos, pero no a todos) la injusticia que, por lo general, produce el dinero. La falta de oportunidades en la que se mueve la gente de nuestro entorno, nosotros incluidos; ni hablar de quienes no tienen ni siquiera esas escasas perspectivas. No soy un tipo físicamente violento, pero puedo serlo mentalmente y desearle cosas horrendas a quienes se mueven con impunidad amparados en la injusticia reinante. Así como los milicos asesinos son un tema que para mí divide las aguas, sin posibilidades de reconciliación; siento que algo parecido, aunque no tan duro, me está pasando con quienes manejan el dinero de una manera mezquina y sin medida… Tal vez por eso también escribo poesía, para tratar de cortar de alguna manera el vacío discurso del poder.
Me hartan los ignorantes que, una vez descubiertos, se jactan de su ignorancia; también la gente sin opinión propia; los que no leen un libro o ven una película sin antes haber tenido acceso a una crítica previa; esa repetición (digamos, universitaria) donde tus trabajos sólo tienen valor si están sostenidos por un andamiaje bibliográfico.
Me harta también el coro de seguidores de gente mediocre. Los “me gusta” indiscriminados y los comentarios sin freno que a diario vemos en las redes sociales.
Muchas cosas me hartan; tantas que sería imposible cerrar la respuesta a esta pregunta.

LUIS BENÍTEZ: Me indignan y me ponen violento casi todas las noticias que leo en los medios de comunicación, porque describen un mundo signado por la hipocresía, el interés sectorial, la mala fe y la falta más absoluta de compasión. Me hartan de inmediato los pedantes, una fauna que abunda por todas partes, cuando tan evidentemente se transparenta en ellos la pequeñez y la estupidez más concretas y groseras. Me indigna el abuso de poder, precisamente porque sé que el poder no corrompe, simplemente delata.

LILIANA AGUILAR: El ruido ambiente descontrolado, los altavoces; los gritos desaforados de los conductores de televisión y el nivel infernal de la música en fiestas y boliches. No sólo me indignan. Como soy hiperacúsica, me lastiman los oídos además de invadir mi privacidad sin posibilidad alguna de neutralizarlo.
Me súper-indigna la explotación infantil en cualquiera de sus formas y niveles.
En cuanto a tu tercera pregunta, hasta acá, he tenido un alto umbral de paciencia para soportar cuestiones básicamente insoportables: el menoscabo que se hace de la tarea doméstica y de otros oficios en general, como si hubiéramos nacido sólo para estar sentados del otro lado de un escritorio.

GUILLERMO FERNÁNDEZ: La injusticia me indigna. Pues la falta de posibilidades me parece arbitraria y contraria a lo que denominamos “prójimo”, “el otro”. En segundo lugar, y siguiendo tu pregunta, la falta de razón, cuando es evidente y se persiste en ella. Y, finalmente, los discursos vacíos y pretendidamente intelectualosos me superan.

MÓNICA ANGELINO: Me indigna, en mi Argentina, la pobreza social en un país donde el hambre debería ser una palabra desterrada de los hogares. Cuando se pronuncia esa palabra, debajo de su superficie también se dice destrabajo, insalubridad, ignorancia, cordero de la política, muerte.
Hace unos meses, en ocasión de un robo dentro de la casa de unos vecinos, mi hijo y yo acudimos a sus pedidos de auxilio, gritando, llamando al 911, parando autos; llegaron más personas y esto hizo que el ladrón escapara arma en mano y en la huida disparara (el tiro no salió) directo al tórax de mi hijo. Aunque presenciando como en cámara lenta el suceso, mi cerebro se adelantó a todo el desastre que finalmente no ocurrió, y de haber tenido un revólver mi grado de violencia estaría, en estos momentos, determinada por los años de condena que me hubiera dado la in/justicia.
Me hartan instantáneamente los poetas petulantes y soberbios que luego de leer lo suyo en un evento o en un café literario se retiran pomposamente sin escuchar a los demás.

DAVID ANTONIO SORBILLE: Me indigna la impunidad, el cinismo y la violencia enmascarada en tiempos de pos verdad.

CARLOS NORBERTO CARBONE: El suceso que indigna mi condición humana es la explotación del hombre por el hombre; que un puñado de familias sean dueñas de los recursos del mundo, que haya multimillonarios y personas que mueran de hambre o por enfermedades curables: eso despierta en mí la mayor indignación.
Violencia me provoca la mentira de grandes medios periodísticos y su falsa independencia.
Me harta enormemente el ego desbordado cuando el talento es nulo.

LEONOR MAUVECIN: La injusticia, la falta de generosidad, el maltrato, la ceguera sobre la realidad y los fanáticos. Me molestan aquellos dueños de la verdad que no tienen dudas. La duda, hermosa palabra que aprendí en mis lecturas y que me ayudó a descubrir un mundo diferente, alejado de supersticiones y de intrigas infundadas.
¿Violencia? Bueno, no soy una persona violenta, sí enojosa, me enojo y levanto la voz, pero suelo pedir disculpas y trato de llevarme bien con la gente.
Me hartan y no soporto a los fascistas, ni a los que usan al pobre y desvalido como una forma de generar poder mientras que lo mantienen bajo el yugo. No soporto al que discrimina, al racista: he abandonado amistades por ese motivo. Provengo de una familia comprometida socialmente. Mi padre fue un dirigente del Partido Radical, muy amigo de nuestro expresidente, don Arturo Illia, y mi madre, una mujer de una generosidad extraordinaria, dispuesta a ayudar siempre a su prójimo. En mi casa vivieron y fueron atendidos con cariño todos los viejos de la familia, y allí se alojaron personas que necesitaron amor y contención, además de ser el lugar donde acudían a comer muchos necesitados que mi madre alimentaba y cuidaba.

RUBÉN SACCHI: La injusticia es la madre de casi todos. La inequidad, la explotación y tantos otros son formas de la injusticia. Todos me despiertan violencia porque son reaccionarios. Lo instantáneo del hartazgo, va de la mano del grado en que se manifieste. Dije casi todos porque también existe la estupidez, quizás la más difícil de solucionar.

HORACIO PÉREZ DEL CERRO: Mayor indignación, la hipocresía de la iglesia católica ante los abusos sexuales contra niños y niñas, practicados por sujetos de la iglesia. Y ante la hambruna del mundo. Los abusos sexuales de toda índole, el femicidio, los abusos de poder y toda injusticia en general.
Me despiertan un grado de violencia, la violencia ejercida contra los niños, las mujeres, contra los animales y contra cualquier ser indefenso.
Me hartan la ignorancia voluntaria, cuando existen los medios para anularla, y la estupidez humana; a esto traigo a colación lo que decía Albert Einstein: “Dos cosas son infinitas: la estupidez humana y el universo; y no estoy seguro de lo segundo”.

MARÍA AMELIA DÍAZ: Deploro la violencia en todas sus formas, no justifico nada que se quiera conseguir a través de su uso; justamente, mi libro “Para justificar a Caín”, que como se observa tiene un título irónico, trata de sacudir al lector mostrando los horrores que, desde la Biblia y siguiendo con la historia humana, trajo la violencia. Así que ponerme violenta jamás, enojarme sí, con la hipocresía, el maltrato. Me harta la vanidad.

CRISTINA MENDIRY: La crueldad, el abuso y el maltrato me indignan, quebrando mi corazón.
Me violenta la injusticia. Sobre todo, cuando recae en aquellos más vulnerables.
Lo que me harta instantáneamente, es la soberbia y la desconsideración.

SANTIAGO SYLVESTER: Indignación me producen muchas cosas: la violencia, la injusticia, las dictaduras, las desmesuras del poder, tanto en lo público como en lo privado. Pero quisiera mencionar algo de mucha actualidad, que no llega a la indignación lo que me produce, pero sí a un enojo mezclado con decepción: hablo de una vieja conocida nuestra, “la grieta”.
En Argentina no tienen prestigio los matices; incluso no es bien visto el que matiza. Esta limitación es empobrecedora, y produce algo peor: nos deja a merced de “los profesionales de la grieta”. Por supuesto, me refiero a la grieta política, que está poblada de mala fe, y que necesita de las dos orillas. Pero esto se repite en todas partes: literatura, futbol, etc.
Para mí, pensar es matizar, mientras que la idea maniquea de blanco o negro es la comodidad de las consignas, que eluden el pensamiento por cuenta propia, y que me tienen harto. En la vida en democracia tendría que ser obligatorio pensar y por lo tanto matizar, porque es lo que permite llegar a consensos, y sólo con consensos se desarrolla una sociedad. Pero estamos empeñados en no hacerlo, para beneficio de los que viven de la grieta, que están en todos los oficios, y que abundan en política, periodismo, entre los intelectuales y los opinólogos. Con el añadido de que en la grieta todos terminan pareciéndose a lo mismo que critican. No tengo un sentido angélico o ingenuo de la política ni de la vida, ya no tengo edad para eso, ni, por supuesto, propongo que seamos equidistantes: hablo de que prefiero los argumentos a las consignas y a los tópicos, el debate al discurso único; y esto no suele suceder en nuestro país.

ROBERTO D. MALATESTA: La indignación es ver ese exhibicionismo que esgrime la absoluta certeza, el engreimiento, la autosuficiencia, en un ser, en una sociedad. Se supone que somos constante aprendizaje; nacimiento constante o fósil: son las opciones.
También me indigna la censura desde lo políticamente correcto. El arte no es moral y los artistas, muchas veces, son seres viles elevados por la divinidad a concluir una obra; los ciegos no lo ven así, y no verlo es violencia, censurar es violencia.
Por otra parte, violencia me provocan los malos árbitros de fútbol, y me harta instantáneamente cuando viene el cuarto gol del equipo contrario y los nuestros van en cero.

GLORIA ARCUSCHIN: Me produce una gran indignación cualquier forma de injusticia social, hacia individuos, niños, marginados, desposeídos, desprecio racial, hacia grupos poblacionales, hacia mi persona.
Me despierta algún grado de violencia el crimen institucional, desde el Estado, quien tiene la misión de proteger, violencia que de ninguna manera ejercería en forma física, ni como venganza. Una violencia dentro de mi ser, que me hace daño y debo elaborar desde los pensamientos, o expresándolos.
Los sucesos que me hartan instantáneamente son aquéllos alrededor de la incomprensión, cuando te discuten mezclando todos los niveles, y repiten como mensajes grabados frases sacadas de los medios de comunicación, para dirigir y digerir la opinión pública; cuando te rebotan un trámite y no te explican por qué; y de la gente que discute violentamente me retiro pronto: me cansa, agota y harta.

RAFAEL FELIPE OTERIÑO: Rechazo la mentira, la indiferencia, la mezquindad, el pensamiento único. Pero me cuido de ser violento, pues allí es donde se acaban las palabras. Entre las ramas de la filosofía y, por ende, del comportamiento, que más me interesan está la hermenéutica. Amo, pues, los detalles, “los divinos detalles” de los que hablara Vladimir Nabokov para la literatura.
Y entre los sucesos que me hartan, pongo a la cabeza las peroratas de aquellos que, por falta de argumentos, derivan en la gesticulación y el grito. No tolero a los gritones. Por el contrario, soy proclive a gustar de la vida a través de un cierto pathos (expresión tan difícil de definir, pero que, para mi economía, la traduzco como un cierto dramatismo interior ante el misterio del otro y de lo otro).

ALEJANDRO MÉNDEZ CASARIEGO: Siempre me produjo una intolerable indignación, y a la vez reacciones apenas contenidas de violencia, el hecho de que sea aceptado como natural que en el mundo coexistan las enormes fortunas, con la miseria más dolorosa. Y me sorprende que este hecho no desate estados de permanente rebelión. Es algo que no puedo concebir. En algunas casas se tiran restos de una fiesta que podrían alimentar a una familia por varias semanas; en otra casa, niños se mueren de hambre por no tener acceso a lo básico. La sola idea me subleva. Sea perdonado si caí en la obviedad o en el cliché, pero las cosas como son: no se me ocurre nada que me disguste más. Esto fue así desde mis quince años.
Me harta la vocación de figuración, la lucha por espacios que no significan absolutamente nada, que suelen darse en el ambiente poético. Cansan, repugnan, hastían.

LILIANA DÍAZ MINDURRY: La injusticia unida a la estupidez. Me harta la literatura al servicio del mercado, la cursilería, el oportunismo.

CARMEN IRIONDO: Mayor indignación me produce la injusticia en general. Obvio que la injusticia social me indigna más, me hace descontrolar a veces y me enoja demasiado. También he sufrido en mi persona situaciones de mucha injusticia de las cuales me defendí como pude, pero tragándome la violencia que finalmente recayó sobre mi persona siempre. La llamada “justicia” actual es una verdadera vergüenza, por eso trato de prescindir de ella y arreglar las cosas por mi cuenta. La única vez que consulté por una cuestión familiar y grave, me manipularon y no pude creer la impunidad con que la justicia de familia se mueve en la Argentina. Estos eventos me llevaron mucha energía, reprimiendo todo tipo de violencia, pero pagando precios altos de índole emocional… No tengo miedo a luchar, lo hago desde niña, tuve que cuidar gente mayor aprendiendo muchos recursos para hacerlo. Pero la violencia me parece horrible y creo en cierta alquimia y un buen psicoanálisis para domesticarla.
Me hartan instantáneamente la ligereza de opinión acerca de las acciones y obras de otros. La deslealtad.

LUCAS MARGARIT: El sufrimiento evitable, que siempre nace de la falta de escrúpulos y de la avaricia de algunos.
Me harta la opinión de la gente sobre cualquier cosa. Los que hablan creyendo que hablar es algo lúcido.
Todo esto me provoca rabia, no sé si violencia…

CARLOS DARIEL: Cualquier acto de injusticia, especialmente de injusticia social, me produce indignación y la impotencia para evitarlos me genera irritación: si eso es considerado un grado de violencia debe computarse como tal. Por lo general, la violencia no es algo habitual en mí, pero, en ocasiones, me he visto a mí mismo ejerciendo la violencia verbal como reacción a los insultos o falta de respeto de que he sido objeto. Otras veces he respondido con indiferencia y cada vez recurro más a esto último.
Lo que me harta instantáneamente es la estupidez.

Enero 2022

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