¿Qué te promueve la noción de «posteridad»?

ZONA LITERARIA | EL TEXTO DE LA SEMANA

COMPILADO: 31 escritores argentinos responden la pregunta 7 del ‘En cuestión: un cuestionario’ de Rolando Revagliatti.

Entre diciembre de 2018 y diciembre de 2020, treinta y un escritores argentinos fueron respondiendo las treinta y cinco preguntas que conforman el En cuestión: un cuestionario’ de Rolando Revagliatti‘. Estas entrevistas-cuestionarios fueron difundiéndose en la Zona Literaria de El Ortiba. Con el formato de Compilados cada una de las preguntas y respuestas se publican periódicamente en el orden establecido por el entrevistador.


8: ¿QUE TE PROMUEVE LA NOCIÓN DE «POSTERIDAD»?


RODOLFO A. ÁLVAREZ: Nada, no existe tal cosa.

FERNANDO DELGADO: Inevitable no pensar en «la muerte». En las cosas que uno posterga.

JOSÉ MUCHNIK: Todo es vanidad, en millones de años sólo quedará polvo de estrellas.

BIBI ALBERT: Ojalá me recuerden. Nada más.

CLAUDIA SCHVARTZ: No llegaré. Esa es una certeza tranquilizadora.

JORGE CASTAÑEDA: Sé que en esta tierra soy un peregrino y la fugacidad de la vida está siempre presente en mi obra literaria; la posteridad, como la fama, es una impostora. Estoy más en paz con la muerte que con la posteridad. No me desvela.

JORGE LUIS LÓPEZ AGUILAR: Me remite a la de «olvido». Me pregunto cómo vería el futuro un Cervantes, o un José Hernández. Y no me parece destino infeliz el de algún poeta menor del que no se recuerde el nombre, pero sí algunas de las líneas que escribió.

LUISA PELUFFO: Nada.

RITA KRATSMAN: No pienso nunca en el significado de la posteridad. Es más, me molesta porque siento que está de por medio una finitud que no quiero asumir y respecto a esto me atraviesan miedos. Quisiera, infantilmente hablando, que nada se termine. Que algunos instantes sigan siendo. Que nada nos haga abandonar la Tierra. La Tierra posee secretos aún por descubrir y el deseo de mirar en el interior de las cosas nos convierte de pronto en esa niña o niño que destruye su juguete para ver lo que contiene. Apelamos entonces al tiempo que necesitamos como una tarea donde la creatividad puede llegar a transformar el instante más oscuro. Y para ello, me gusta pensar en un ritmo leve que se añada al corazón y lo apacigüe.
No me agrada el uso solemne que se le da al término. La alegría terrestre nos invita todavía a estremecernos desde las copas de algún bosque.

LAURA CALVO: No sé, no voy a estar. No pienso mucho en eso. Sí intento que mis libros lleguen a las bibliotecas que tanto me han dado a mí.

ROGELIO RAMOS SIGNES: Me produce incertidumbre. Mi amor por lo fantástico tiene mucho que ver con eso. A veces siento que la posteridad es un componente de la ficción, otras veces la siento como lo opuesto, como una realidad que llega a destiempo, que se ha convertido en una nueva metáfora de la tristeza. En el mejor de los casos la posteridad es pariente cercana del azar.

LUIS BENÍTEZ: La seguridad de que yo no estaré allí para ver de qué fue la cosa con mis obras. Eso también puede ser una suerte para uno, bien mirado el asunto.

LILIANA AGUILAR: No la pienso. Pero si alguien me lo preguntara podría repetirle las palabras tomadas —y compartidas— de un autor de ciencia ficción «dentro de 400.000 años…»

GUILLERMO FERNÁNDEZ: Todo lo que sucede después de esta línea de escritura. Creemos con ingenuidad que estamos en el presente, pero no es más que ilusión pasajera. Avanzamos con una cierta furia hacia lo que todavía no determinamos con certeza. Atrae lo que no programamos.

MÓNICA ANGELINO: La noción de posteridad la traduzco, en una palabra: tierra. Después, quizás, alguien te recuerde para bien o para mal, pero ese no será mi problema.

DAVID ANTONIO SORBILLE: Memoria.

CARLOS NORBERTO CARBONE: Es imprescindible la buena memoria para una posteridad justa.

LEONOR MAUVECIN: He sido profesora de literatura durante tres décadas, me jubilé hace mucho, pero seguí dando cursos y coordinando talleres literarios. Cada vez que abro un libro de un poeta muerto lo siento renacer en mis manos. Eso solía decirles a mis alumnos, ellos están acá en sus palabras. Esa sensación de eternidad me da la escritura y de allí este poema mío:
MEMORIA O DESMEMORIA

Detrás del tiempo
seré tan sólo
las palabras
escritas al azar
en algún libro.
Ellas serán memoria o desmemoria
tal vez
una voz, que no será la mía
una imagen, que negará mi espejo.
Seré tan solo
el reflejo de las letras
buscando la metáfora en otro tiempo.
Ellas perdurarán seguramente
y recogerán
la fama o el olvido.

RUBÉN SACCHI: Es algo muy vago. La humanidad es, en términos históricos, una especie joven y, al paso que vamos se extinguirá pronto. Como noción general, se me antoja la nada. En lo finito personal, mis nietos, tal vez algún bisnieto que aún me nombre.

HORACIO PÉREZ DEL CERRO: Algo que estoy seguro que no voy a alcanzar a ver o vivir más precisamente. Me produce mucha angustia, pero a su vez un gran interrogante, y es el cómo me recordarán, los que se acuerden de mí, obviamente. Tal vez mi hijo y los parientes jóvenes, sobrinos y sobrinos nietos, algún amigo que me trascienda. Alguien que habiendo leído mi obra me recuerde, mal o bien. Hace poco tiempo recibí una nota en mi correo electrónico sobre una alumna de una universidad de Estados Unidos, que me había mencionado en una tesis, sobre un estudio crítico que escribí para el libro que edité en 2002, a partir de los textos filosóficos y políticos del Marqués de Sade. Me agradó en gran medida que un escrito mío haya servido para algo. Y lo que más me interroga es si mi obra se acordará de mí, si es que se acuerda, por supuesto.

MARÍA AMELIA DÍAZ: Es donde me complacería estar para demostrar que no pasé por la vida sin un intento de dejar huella. La literatura es una forma de vencer a la muerte.

CRISTINA MENDIRY: Lejanía. Un futuro indeterminado, inespecífico, desconocido, inentendible. Pero pocas veces, honorifico.

SANTIAGO SYLVESTER: Me remite a la muerte, así que prefiero dejarla por ahora donde está.

ROBERTO D. MALATESTA: Posteridad… ya fue… cagada de palomas o disgregación en el polvo… Posteridad: ser viento.

GLORIA ARCUSCHIN: Mi escritura, mis libros editados y presentados, esa es la finalidad, que alguna mano los rescate y me rescate del olvido. Mis tres hijos y sus hijos. Tocar una piedra de la Muralla Romana de Barcelona.

RAFAEL FELIPE OTERIÑO: Algo ulterior reservado para los otros, pero de modo muy críptico. Un espacio que no parece ser muy amplio, ya que no todos tienen cabida en él. Hay poetas a los que les es dada sólo por un poema o por una línea («Música porque sí, música vana…», Conrado Nalé Roxlo). A la mayoría les es negada esa misteriosa suerte.

ALEJANDRO MÉNDEZ CASARIEGO: La preocupación por la «posteridad», en el sentido de la preocupación por la propia trascendencia, siempre me produjo asombro, y hasta cierta irritación. Como buen ateo, siempre pensé en la posteridad como en algo que no me incluye y a la que, por lo tanto, tampoco incluyo yo entre mis inquietudes. Honestamente, si alguien lee o no un poema mío cuando yo ya no esté, me es completamente indiferente.

LILIANA DÍAZ MINDURRY: Pienso en cementerios.

CARMEN IRIONDO: Lo póstumo, no me ha llamado mucho la atención. Tengo asociado el concepto a algo que sucede cuando uno ya no está, pero no a un buen recuerdo sino más bien a algo que no sucedió, por ejemplo, el reconocimiento profesional o artístico que viene empaquetado en la forma de homenajes y alabanzas post tumba. Creo que lo que permanece en el tiempo más allá de una generación, se lo ha merecido de alguna manera, por lo que significó entonces, y tanto por lo bueno como por el daño que pueda haber causado.
Las misas, los homenajes, los nombramientos, los premios in memoriam son un poquito patéticos.
El concepto ligado, en cambio, a la gratitud, por alguien que ya no está, el reconocimiento póstumo ligado al afecto, a la emoción, a valorar un objeto que represente esa ausencia, me conmueve. Pero esto concierne a la intimidad y no a lo público.

LUCAS MARGARIT: Otro nacimiento.

CARLOS DARIEL: Esa palabra me promueve siempre una reflexión sobre el curso que tomaremos como humanidad en el futuro a mediano y largo plazo. Reflexión que me sumerge en un profundo desencanto, porque tal como el mundo gira lo hace de una forma que me desagrada hondamente y no veo señales de que estemos sembrando las semillas de un cambio significativo, salvo contadas y aisladas excepciones.
La ciencia siempre ha interpelado al mundo, al universo, y lo hizo como a un objeto de observación, como si ella misma, si los científicos, estuvieran afuera de ese mundo. Por su parte, la filosofía siempre ha interpelado al ser, y también lo hizo como a un ente exterior, manipulable con la palabra como un artesano manipula con sus manos una vasija de barro. Falta que el hombre se interpele a sí mismo en su interioridad. Falta que su pregunta lo involucre y, sobre todo, lo comprometa. De tal manera, que no salga indemne de esa interpelación, de modo que esa pregunta lo transforme. Será el momento en que la evolución ya no será sólo biológica sino de conciencia. Sólo un salto cualitativo de esa conciencia humana hará posible un futuro mejor.

Diciembre 2021