Quien trajo dólares, se llevará más dólares

Por Ricardo Aronskind

¡Qué lindo es dar buenas noticias para el capital financiero! Diríamos, parafraseando al ex Presidente de la anterior Alianza.

Pasó el día de la extrema incertidumbre, y vale la pena entender cómo se detuvo la mecha del estallido cambiario hasta nueva oportunidad.

Probablemente “el estallido que no fue” tenga que ver con las muy buenas condiciones coyunturales que se ofrecieron desde el gobierno para que la renovación de las LEBACs se diera sin mayores tropiezos.

Se tomaron varias acciones convergentes: se llevó el nivel del dólar a 25 pesos, un valor creíble para ser sostenido por un tiempo (hasta que precisamente el traslado de su evolución reciente a precios lo ponga nuevamente en duda); se elevaron violentamente las tasas de interés, lo que otorga rendimientos notables en el corto plazo; se recompraron LEBACs en el mercado secundario (casi 60.000 millones); y se ofreció una nueva colocación de bonos muy atractivos de mediano plazo (Bonos del Tesoro- BOTEs), lo que provocó el ingreso, y no la salida de dólares; retornaron fondos de inversión que se habían ido hace pocos días.

La migración en masa a la moneda norteamericana se conjuró ofreciendo negocios tan atractivos como verosímiles. Finalmente hay cierto convencimiento que el FMI va a suministrar una cierta dosis adicional de dólares frescos, que contribuirán transitoriamente a disimular el creciente desequilibrio externo. Y hay cierta apuesta a que la contracción económica que se viene permita reducir el enorme flujo de divisas que salen del país vía comercio exterior, turismo y también “atesoramiento”. Probablemente con la recesión hasta las multinacionales ganen menos plata y tengan menos utilidades que girar. El único rubro que seguro va a seguir creciendo es la salida de dólares por intereses y rentas del capital. Para que pueda seguir creciendo, precisamente hay que reducir la salida de dólares por otras cuestiones que a los financistas poco importan.

Se comenta que vinieron nuevos inversores privados, fondos que se dedican a operaciones de mediano plazo, y que volvieron otros que se fueron hace muy poco, con el dólar apenas arriba de 20. ¿Se les terminó el espanto? No, vienen a picotear una gemas de oro que se les ofrecen en el corto plazo. Luego se verá.

En ese negocio de entrar y salir de Argentina finalmente lo que importa es la tasa de interés en dólares que se obtiene. Esa tasa surge de un cálculo básicamente muy sencillo: a la tasa de interés local, en pesos, se le resta la tasa de devaluación que se piensa habrá en el transcurso de la inversión financiera. Si esa tasa en dólares está bien por arriba de lo que se puede obtener en mercados más tranquilos y previsibles, vale la pena posarse un ratito en la Argentina. Dado el panorama global de estos días, los rendimientos argentinos son inmejorables.

Es probable que el dólar a 25, o a un poquito menos, sea leído como “resistente”, al menos durante un mes, a grandes variaciones. Resistente a las corridas internas, que tenderían a menguar porque el chiquitaje sigue en general a los grandes peces, resistente al alza de la inflación, que deteriora el tipo de cambio real y torna más vulnerable la economía, resistente a nuevos déficits comerciales. En el corto plazo, todo es disimulable.

El gobierno usó, sin duda, uno de sus principales activos políticos: la red de contactos formales e informales con diversos sectores de poder económico (fondos de inversión, bancos, organismos multilaterales, gobierno estadounidense), para coordinar una respuesta transitoria para enfrentar el desmadre cambiario. Es importante entender que estas “ayudas” no se traducen en ningún tipo de apoyo económico concreto, sino que representan excelentes negocios para los prestamistas. El logro consistiría en que colaboraran en mantener a flote a la actual gestión económica, atando su capacidad de supervivencia a la dependencia creciente de factores externos.

Ahora la ruleta girará nuevamente hasta el 19 de junio.

Son todas apuestas. Apuestas como las que se hicieron en la década de 1880, en la que el país era el granero del mundo: préstamos externos, empréstitos, obras públicas, importaciones dispendiosas, inversiones de todo tipo, giraban contra la gran riqueza futura que iría a producir la pampa húmeda de la mano de los grandes mercados que se abrían en Europa a la producción agrícola ganadera nacional. Todos giraban contra una voluminosa masa de riqueza futura, que la enorme máquina agraria argentina sería capaz de generar. Y generó.

Es raro, en cambio, el escenario de esta Argentina 2018. ¿Cuál sería la enorme riqueza futura contra la cual se están realizándo estas apuestas financieras tan atractivas? ¿Contra qué caudal de bienes se está inflando la deuda estatal argentina? ¿De dónde saldrán los dólares genuinos (no prestados) para devolver todo lo que se está tomando como deuda?

¿Vaca Muerta si el petróleo se dispara? ¿La expansión de la minería de la mano de las transnacionales canadienses o australianas? ¿La extracción pesquera asociados a los ingleses a cambio del silencio eterno en relación a Malvinas? Aún nada de esto es real, como sí lo era la vigorosa expansión agropecuaria exportadora de las décadas finales del siglo XIX.

Por ahora, por este mes, presenciaremos otro triunfo publicitario de Cambiemos, que “frente a un escenario internacional desfavorable, asombró al mundo logrando desactivar una corrida”, inexplicable dentro de su propio marco discursivo.

El mundo, local y extranjero, aplaude y presta. Por ahora.

Nunca hay que perder de vista que este tipo de operaciones financieras tienen un único y último final: retornar al dólar. Los nuevos fondos que entraron por BOTEs (casi 3.000 millones de dólares), también reclamarán en su momento el derecho a la salida. Como los que reclaman otros prestamistas externos, pero fundamentalmente los prestamistas internos. El dólar es el puerto seguro después de las incursiones financieras en este país tan hipnotizable por las magias, los globos y las burbujas.

Algunos piensan que el gobierno usará este tiempo para formular una estrategia más sólida, que evite que hablemos de un nuevo martes negro el 19 de junio.

Otros, en cambio, creen que a falta de un plan, el gobierno adoptará las propuestas del FMI, que oficiará de coordinador, primus inter pares o simple autoridad intelectual y moral de las fracciones empresarias que operan en Argentina.

Habrá que ver cuán rápido reacciona el chiquitaje al cambio de clima, transitorio, y si frena su propia corridita contra el peso y los depósitos. ¿Se puede entrar en LEBACs por un ratito? ¿Las comisiones me matarán? ¿Por qué se nos discrimina a los pequeños ahorristas?

En todo caso, los neoliberales lo hicieron nuevamente: hundieron al país en el más ramplón cortoplacismo, recreando ese clima tan característico de los Martínez de Hoz con los plazos fijos a 7 días, o el del riesgo país de los ’90, dónde cada día era un verdadero combate para que los mercados nos siguieran queriendo, prestando y robando.

Cortoplacismo, fuga, timba, rentabilidad sin producción, sumisión, postración.

La contracara del alquiler de confianza a 30 días de un gobierno que no tiene nada positivo para ofrecer al país.

El Cohete a la Luna

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