Rebelión contra la extinción

Mientras Biden hace gala de su ambigüedad en política medioambiental, la famosa “transición energética” de Europa y Estados Unidos se ha ido, al menos de momento, al cubo de la basura

Por Sergio Barrios Escalante

Todo tiene límites, incluso el capitalismo. Hemos llegado al punto histórico en el cual observamos con diáfana claridad el inicio del final, el final del capitalismo. No existe entidad (micro o macro) que escape a la ley de la degradación entrópica.

Solo queda a la ciudadanía global, del norte y del sur, rebelarse contra la extinción. Esto aún a riesgo de no tener la certeza del éxito o fracaso en esta empresa, para la cual el ciudadano de a pie no cuenta con los recursos del poder. Pero algo debemos hacer, excepto cruzarnos de brazos mientras observamos como todo se hunde a nuestro alrededor.

Estamos ante un disyuntiva de doble filo; existencial y civilizacional, la cual el Secretario General de la ONU ha descrito como; “acción colectiva o suicidio” (2).

Por su lado, los barones y capitanes del sistema desean seguir aceitando la maquinaria del capitalismo con guerras y extractivismo, como ha sido rutina desde hace más de un siglo. El problema es que ahora eso ya no es posible. Al menos ya no en la misma manera e intensidad en que lo venían realizando desde hace mucho tiempo.

En realidad esta es la novedad. Este es el nuevo factor en la ecuación de la reproducción histórica del capitalismo voraz. La novedad es que hay límites tangibles para el sistema.

Poco importa si esos límites resultan siendo no-humanos. Después de todo, los seres humanos no hemos sabido ni podido poner límites al sistema, al gran sistema contemporáneo. Después de todo, se dice que la naturaleza es “ciega”. Aunque en su furor esta quizá también nos pase aplastando junto al sistema.

La inveterada y brutal lógica del capitalismo, basada en el armamentismo y en el extractivismo irracional de los recursos naturales, ha convertido a la naturaleza en su principal enemiga. Y en esta contienda no hay ninguna posibilidad de que el sistema salga airoso. Contrario a lo dicho por Fukuyama, el fin de la historia no viene por el triunfo total del neoliberalismo, sino por la naturaleza. Esa misma naturaleza que como la describió un filósofo, “nos encanta y a la vez nos espanta”.

Política medioambiental de Biden: demasiado lenta, demasiado insuficiente, demasiado ambigua
Carl Jung solía decir que “uno es lo que hace, no lo que dice que va a hacer”. Esta frase le viene justo a la medida a Biden. Mientras se presenta ante el mundo como un férreo defensor del medioambiente (se nos presenta casi como un “indignado”), se desplaza con rapidez hacia el Medio Oriente (y con particular ansiedad hacia Arabia Saudita), en busca de más petróleo. De igual manera se desplaza hacia Israel, para renovar sus tambores de guerra en contra de Irán.

Guerra y petróleo. Estas son las prioridades de Estados Unidos. O mejor dicho, las prioridades del “Estado profundo”, del lobby judío, es decir, de los banqueros y los dueños del complejo industrial militar. Las prioridades del pueblo norteamericano son muy otras.

Lo que el pueblo norteamericano y sus organizaciones medioambientales quieren y piden es la declaratoria de Emergencia Nacional ante la presente crisis climática (térmica e hídrica) en extensas zonas de California, Texas y otros Estados del Oeste. Pero Biden se niega a ello.

Lejos de mostrar coherencia entre su discurso medioambientalista y la política real, Biden se interesa por aprobar el gigantesco programa extractivista denominado “Proyecto Willow”, destinado a la extracción masiva de gas y petróleo en el norte de Alaska, acerca del cual Kristen Miller, directora de conservación de vida silvestre de la organización Alaska Wilderness League, dijo: “Si se aprueba el proyecto Willow sería más grande que cualquier otro proyecto de petróleo y gas que se haya propuesto en las tierras públicas de Estados Unidos, y representa una amenaza sin precedentes para el clima y la biodiversidad…” (3).

Hay que señalar también que en parte esa ambigüedad de la cual Biden hace gala en su política medioambiental, está influida o condicionada por la falta de apoyo que el mandatario tiene en el legislativo, debilidad que lo ata y neutraliza, tal y como quedó evidenciado con el rechazo del senador de Virginia Occidental Joe Manchin, a las propuestas medioambientales del mandatario.

Este senador clave en el Congreso dijo a los líderes demócratas que no apoyará la legislación para combatir la emergencia climática, ni tampoco apoyará ningún aumento de impuestos a las grandes corporaciones, incluyendo por supuesto, a las compañías petroleras de Estados Unidos. Según diversos analistas, este rechazo significa un “golpe mortal” al plan de gastos públicos conocido como “Reconstruir Mejor” (la joya más preciada de los planes de gobierno de Biden y con la cual ganó muchos votos durante su campaña electoral) (4).

Donde está el dinero, está la prioridad: aprobación de históricos montos para el presupuesto de defensa militar de los EE.UU.
Mientras se regatean fondos para cumplir con las obligaciones de financiamiento para paliar los efectos adversos del cambio climático en los países pobres (compromiso asumido por EEUU y otras naciones desarrolladas en la cumbre climática de la COP 26), en Estados Unidos el Congreso discute la aprobación del presupuesto de defensa para el año fiscal 2023, por un monto histórico que asciende a 839 mil millones de dólares, una cifra cuya elevación rompería records históricos para esa potencia (5).

Como muy bien lo ha destacado Noam Chomsky, “la sombra de Trump está presente”, al destacar las prioridades de fondo que Biden muestra en su actual mandato. Para Chomsky, en lugar de ir a suplicar por más petróleo al príncipe heredero Saudita Mohammed Bin Salman, el presidente Biden podría implementar impuestos sobre las ganancias excesivas a las industrias de combustibles fósiles, y desarrollar programas sociales para los estadounidenses que, según sus palabras, “han sido enterrados por la guerra neoliberal de clases de los 40 años pasados, la cual ha transferido 50 billones de dólares a los bolsillos del uno por ciento de mayores ingresos” (6).

Dejando de lado los astronómicos montos del presupuesto de defensa de los EEUU, y tomando como referencia el paquete de ayuda militar que en tan solo 5 meses el gobierno norteamericano ha erogado para Ucrania (alrededor de 40 mil millones de dólares), una fracción de ese dinero bastaría para que las naciones africanas más golpeadas por los efectos adversos del cambio climático, empiecen a afrontar con seriedad las necesidades financieras para implementar planes y programas de mitigación, reducción y adaptación al cambio climático.

Pero eso no sucede. Con total razón y cierta amargura, Vanessa Nakate, activista por la justicia climática en Uganda, dice: “la crisis climática ha estado aquí. Ha estado afectando la vida de muchas personas en el continente africano, que genera menos del 4 % de las emisiones globales”. Estas aseveraciones de Vanessa son refrendadas por un nuevo estudio científico, el cual muestra que el daño causado a países pobres por las emisiones de gases de efecto invernadero de Estados Unidos, han provocado daños a tales países por un valor aproximado a los 2 billones de dólares (7).

Rusia y Europa también van tras la extinción
Guerra y petróleo son también las evidentes prioridades de Putin. Casi de manera simultánea a las visitas de Biden al Medio Oriente, Putin por su lado se desplazó en días recientes hacia Irán, en una visita (la primera hacia el exterior desde que el mandatario ruso ordenó el inició de la ofensiva bélica en Ucrania), que tenía como principales objetivos el desarrollo mancomunado de nuevos proyectos extractivos de petróleo, y por supuesto, de programas conjuntos de tipo militar (aunque en el discurso oficial haya aparecido el asunto de los cereales ucranianos de exportación como el “principal propósito” de su visita a ese país) (8).

Los hechos por sí mismos desmienten y desmontan cualquier disfraz con el cual Putin quiera engañar a la comunidad mundial, y muestran que no le importa mucho el potencial crecimiento de la hambruna por la interrupción de las exportaciones de cereales ucranianos. De manera casi simultánea al anuncio oficial del gobierno ruso, con respecto a la firma de un acuerdo bilateral con Ucrania, para facilitar las exportaciones de cereales vía marítima, se produjeron varios ataques con misiles de crucero en contra de importantes instalaciones portuarias ucranianas, específicamente, en Odessa.

Por lo tanto, las ambigüedades no solo se producen del lado de Biden. Putin también tiene las suyas.

Sin embargo, las ambigüedades también tienen distinto matiz, distinta tesitura. En el caso de Putin, parece ser que sus ambigüedades son calculadas, sin que esto quiera decir que las ambigüedades de Biden sean “involuntarias”, o que este sea únicamente una “pobre víctima” de los republicanos que “no lo dejan gobernar”.

Europa occidental es de momento quien más está experimentando la “ambigüedad” de Putin. Experimentándola o mejor dicho, padeciéndola, haciéndole sentir verdadero pánico. Un pánico que por ahora es estrictamente económico (por el asunto de los suministros del gas natural procedentes de los gasoductos rusos), pero que más adelante puede convertirse en otro tipo de pánico o de amenaza.

Por ahora Europa tiene un cierto respiro, pero la intranquilidad permanece. Tras varios días de interrupción de los suministros de gas rusos por la inhabilitación temporal del gasoducto “Nord Stream 1” (que funciona por debajo del mar Báltico), Rusia ha restablecido el suministro hacia Europa. Los temores de las autoridades europeas, con respecto a una posible interrupción total y permanente de esos suministros no se han materializado. Las promesas de Putin con respecto a la no interrupción se han cumplido. Pero la promesa se ha cumplido solo parcialmente, pues las cantidades de los suministros se han reducido con relación a los volúmenes normales (9).

“Karma” le llamaba las antiguas tradiciones religiosas del Oriente a este tipo de experiencias/consecuencias. “Dificultades técnicas” (o “rutina de mantenimiento”) le llama Putin a estas interrupciones del preciado recurso energético, que pone a los europeos de rodillas, precisamente en momentos de dificultades económicas por la inflación y la amenaza de una inminente recesión (10).

Independientemente de lo que suceda con el abastecimiento de gas procedente de Rusia (o de otros potenciales mercados sustitutos, como los de diversos países de la ex –órbita soviética), resulta evidente que para Europa, las consecuencias económicas adversas producto de su inmersión directa en el conflicto Rusia-Ucrania ya están presentes, como lo muestra el alza generalizada de los precios de múltiples productos básicos (incluyendo la tarifa de consumo de energía eléctrica) y la devaluación del euro.

Para colmo de males, la gigantesca y desesperante “ola de calor” que por estos días azota a vastas regiones del continente europeo, empeora las cosas. No es la primera vez que los eventos climáticos extremos tocan a las puertas de Europa (donde esta semana se contabilizan alrededor de 1,100 personas fallecidas por las asfixiantes temperaturas) (11), pero hoy el impacto ha sido demoledor, por el “timing”, el momento preciso en el que ocurren.

Por si todavía quedaba en Europa algún escéptico en torno a la existencia real del cambio climático, el día martes 19 de julio (de este año 2022), en cuestión de cobertura de emergencias, los bomberos de la ciudad de Londres tuvieron su día más agitado desde finales de la segunda guerra mundial. Ese día las temperaturas ascendieron en el Reino Unido a un punto cercano a los 40 grados Celsius (104 grados Fahrenheit), un nivel nunca antes alcanzado por Gran Bretaña en toda su historia (12).

Breves conclusiones
El aporte reciente de Europa a la extinción está dado en haberse dejado arrastrar por la OTAN (es decir, por Estados Unidos) a una guerra que no le pertenece. El aporte de Rusia en el mismo sentido resulta obvio, por muy “preventiva” que haya sido su ofensiva bélica inicial.

Mientras que Estados Unidos, el gran promotor de todo este caos, ha terminado “disparándose así mismo en el pie”. Hoy busca con desesperación petróleo barato hasta debajo de las piedras. Lo busca entre sus amigos (Arabia Saudita) y hasta entre sus enemigos (Venezuela).

Mientras tanto, la famosa “transición energética” de Europa y Estados Unidos se ha ido, al menos de momento, al cubo de la basura.

Como decía el cantautor argentino Facundo Cabrales; “los conquistadores, queriendo joder a otros, terminan jodiéndose a sí mismos”.

Por ahora, solo China parece mantener la cabeza en su sitio. Al menos por ahora.

Referencias:
El título del presente artículo ha sido tomado del nombre del conocido movimiento ecologista internacional “Rebelión contra la Extinción” (XR es su acrónimo).
https://extinctionrebellion.uk/

“Ante el cambio climático, acción o suicidio”: Guterres.
https://www.jornada.com.mx/notas/2022/07/19/mundo/ante-el-cambio-climatico-accion-o-suicidio-guterres/

“Activistas: el legado climático de Biden

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