Recomposición neoliberal en América Latina: ¿descomposición institucional en UNASUR?

Por Daniel Maffey

¿Qué estrategias buscará implementar Bolivia desde su presidencia pro tempore para poder “destrabar” este escenario de crisis?; ¿Podrán realizarse reformas institucionales que afecten el dinamismo funcional de la UNASUR sin alterar su esencia “sudamericana”?

La elección de Mauricio Macri como presidente de la Argentina, lo propio en el caso de Perú con Pedro Kuczynski y el ascenso de Michel Temer en Brasil son algunos ejemplos de cómo América del Sur presenció en espacio de un año, la llegada de perfiles políticos que no sólo se contraponen a los lineamientos sostenidos durante algo más de una década en materia de integración, sino que además trajeron consigo nuevas directrices, en algunas casos antagónicas.

El entendimiento de este nuevo ciclo sobre la inserción internacional de la región parece decidido a intensificar, sin una motivación lógica o visible, los patrones de relacionamiento sostenidos durante la década de 1990, desconociendo así no sólo una correcta apreciación de la coyuntura internacional, sino también el rol que allí podría desempeñar y beneficiar a la región.

En tal sentido, es preciso advertir el caso de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), perfil multidimensional donde, tanto sus objetivos como Consejos constitutivos, dan cuenta de un entendimiento de la integración desde una multiplicidad de agendas que trascienden lo esencialmente económico-comercial.

Esto último es especialmente visible en contraposición a iniciativas unidimensionales como la Alianza del Pacífico que tradicionalmente han tenido como aspecto fundante un carácter centrado en encontrar la funcionalidad de la integración latinoamericana a expensas de la variable económica.

El escenario internacional y su impacto en Latinoamérica

América Latina, como cualquier otra región del mundo (aunque probablemente con distintas intensidades) es permeable al sistema internacional y los acontecimientos desde aquí desprendidos. Para comprender la coyuntura latinoamericana es entonces necesario mencionar algunos aspectos extrarregionales de relevancia:

En primer lugar, advertir la “pronta” (en términos comparados con el continente europeo) recuperación económica de los Estados Unidos tras la crisis hipotecaria del año 2008. Sobre esta perspectiva monetaria hay que añadir la política, ilustrada con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca.

Esto último, incide en América Latina generando un escenario de cierta ambigüedad. Los gobiernos parte de la advertida recomposición neoliberal que basan su modelo de inserción en la liberalización comercial, han encontrado en la actual administración norteamericana un inesperado obstáculo, viéndose obligados a resignificar algunos de los heredados vínculos comerciales.

La convivencia entre la administración Trump y los cambios estructurales regionales tienen en la variable integracionista como síntoma ilustrado la transferencia de la intensidad y gravitación política coyuntural desde la UNASUR (un espacio construido para actuar por fuera de la injerencia norteamericana) hacia la OEA y la agenda desarrollada tanto desde aquí como a partir del Grupo Lima.

En segundo término, y no sin considerar ciertos episodios (el “brexit” y el resurgir nacionalista dentro de la Unión Europea por ejemplo) que inciden en cierto recelo a la globalización y los compromisos multilaterales, la coyuntura internacional cuenta con la firma de “mega-acuerdos” comerciales como una de sus principales características.

En este sentido, los países latinoamericanos individualmente (excepto Chile, México y Perú) y los esquemas de integración regional en su conjunto, han quedado relegados frente al orden internacional, siendo posible observar la transición de una América Latina “creadora” a “tomadora” de reglas.

Ante el rechazo al multilateralismo realizado por los Estados Unidos, el orden internacional parecería tener en China a un nuevo “garante” donde la ambigüedad es la regla, dado que si bien el presidente Xi Jinping ha respaldado en la última Cumbre de Davos las responsabilidades propias a la globalización, al mismo tiempo ha sugerido el desarrollo de una batería de políticas orientadas sobre su mercado doméstico.

La UNASUR hoy. Estado de situación y perspectivas a futuro

Los advertidos cambios estructurales ocurridos en estos últimos años tuvieron el pasado 20 de abril la suspensión momentánea de seis de sus doce miembros en la participación de UNASUR como primer síntoma. Esta decisión, si bien se justifica en la pendiente elección de un Secretario General, en verdad responde a una multiplicidad de factores, esencialmente de corte político.

Las últimas semanas han profundizado la crisis de la UNASUR dado que el gobierno colombiano presidido por Iván Duque tuvo como primer medida en materia de política exterior el anunciar su “decisión política irreversible” de retiro de este espacio, al considerar al mismo como “cómplice de la dictadura venezolana”.

Esta decisión deja entonces a la UNASUR con un total de 11 miembros, 5 de los cuales (Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Perú) continúan con la suspensión temporal de su participación y otros 6 con plena adhesión (Venezuela, Ecuador, Guyana y Surinam).

La variable de Venezuela como fricción en la región también contó con novedades a partir del anuncio realizado por las autoridades peruanas, que siguiendo los pasos de Ecuador y Colombia, comenzarán a exigir a los ciudadanos venezolanos, a partir del 25 de agosto en adelante, la presentación de su pasaporte en caso de desear ingresar al país.

Estos acontecimientos condicionan negativamente el futuro de la UNASUR, proceso que en la actualidad se presenta como un enigma que a su vez deberá ser continuado y contemplado desde los siguientes interrogantes:

¿Qué estrategias buscará implementar Bolivia desde su presidencia pro tempore para poder “destrabar” este escenario de crisis?; ¿Podrán realizarse reformas institucionales que afecten el dinamismo funcional de la UNASUR sin alterar su esencia “sudamericana”?; ¿Será Venezuela el argumento utilizado por el bloque de cinco países que suspendieron su participación de UNASUR para seguir los pasos de Colombia y retirarse definitivamente de este espacio?

Estas preguntas, en adición a la natural deformación que las variables abordadas puedan sufrir como resultado de la proximidad temporal a los hechos, serán sin duda los pilares a tener en cuenta al momento de abordar y analizar el futuro de este complejo escenario internacional y sus implicancias desde una perspectiva integracionista.

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