Reparación histórica en Bahía Blanca

La UNS distinguió con un Doctorado Honoris Causa (pm) a David Cilleruelo, asesinado por la Triple A en 1975

Por Carlos Fidel, Silvia Gorenstein y Fortunato Mallimaci*

Imagen: Cilleruelo había sido elegido para presidir la Federación Universitaria de Bahía Blanca.

A sangre fría

La mañana del 3 de abril de 1975 en Bahía Blanca era un día con sol y sin viento. En los interiores de la Universidad Nacional del Sur (UNS) se sentía la ansiedad propia de los estudiantes inscribiéndose en las materias que iban a cursar ese cuatrimestre.

Inesperadamente, el sonido bestial de un disparo se difundió en los pasillos de la UNS, sembrando el terror entre los estudiantes y propagando ese estremecimiento en toda la ciudad.

Frente a todxs lxs presentes, apretó el gatillo Jorge Argibay, notorio miembro de la Triple A y jefe de los custodios del rector Remus Tetu. La fría bala finalizó en la nuca del estudiante y militante David “Watu” Cilleruelo, que repartía volantes de su agrupación, la Federación Juvenil Comunista.

Antecedentes

A partir de mayo de 1973, en la UNS se sumaron iniciativas innovadoras en todos los departamentos y espacios académicos y sociales. Así emergieron talleres, grupos de trabajo y propuestas que buscaban relacionar la tarea científica con las necesidades de la nación y de su pueblo. Esa dinámica fue acompañada por numerosas movilizaciones en las calles de la ciudad, donde a los estudiantes se sumaron grupos de trabajadores, de habitantes barriales, gente de diversas experiencias culturales y de colectivos de religiosos liberadores.

En un acto que se realizó frente la mirada orgullosa de su madre y una multitud que lo apoyaba asumió como rector el doctor Víctor Benamo. Su primera iniciativa fue nombrar Mártires de Trelew al aula magna de la UNS, que se activó con sus numerosas y multitudinarias asambleas configurando un nuevo escenario de disputas sociales, culturales y académicas que ampliaron la vida democrática después de tantos años de autoritarismo de gobiernos militares.

Luego asumió como rector el doctor Antonio Tridenti y finalmente el ingeniero Héctor Arango. Cada uno con sus características propias acompañaron ese dinamismo de la vida universitaria. Con los conflictos habituales en esos ámbitos, convivieron los espacios del peronismo, radicalismo, guevarismo, comunismo, trotskismo y socialismo.

A mediados de 1974 se realizaron por primera vez elecciones en los Centros de Estudiantes de la UNS y de la regional bahiense de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN). Se registró una amplia participación, de la que resultó que la nueva Federación Universitaria de Bahía Blanca fuera presidida por Jorge Riganti, dirigente de la Juventud Universitaria Peronista (JUP), y “Watu” Cilleruelo (FJC) fuera designado Secretario General, acompañados por miembros de la Franja Morada. En esas fechas, en la ciudad y su zona de influencia empiezan los asesinatos a militantes populares.

En febrero de 1975 se nombró rector de la UNS a Remus Tetu, quien ejerció ese cargo al mismo tiempo que se desempeñaba como rector de la Universidad Nacional del Comahue (UNCo). Simultáneamente entró en escena en la propia universidad la Triple A, producto de los vínculos entre el rector de la UNS y otros núcleos del poder local.

La Triple A surgió como respuesta violenta y asesina hacia la militancia que crecía en distintos ámbitos, actuando como disciplinadora integral para el resto de la población.

En ese contexto local, el Poder Judicial, el poder mediático concentrado en el multimedio que encabezaba el diario La Nueva Provincia, las fuerzas policiales, del Ejército, la aeronáutica y la Base Naval de Puerto Belgrano eran responsables e impulsoras del nuevo terrorismo de Estado. En tanto, mantuvieron un cómplice mutismo las agrupaciones e instituciones políticas, religiosas, universitarias, igual que los representantes de colectividades, corporaciones empresariales y sindicales (donde hubo víctimas y victimarios que compartían los mismos escenarios).

En 1974 y 1975 comenzó a prepararse lo que padecimos, sufrimos y enfrentamos después con el golpe cívico-militar-religioso del 24 de marzo de 1976. Ese proceder criminal implicó la utilización de la alevosía, el ensañamiento y la delación pública como elementos reveladores de la finalidad política de amedrentamiento, intimidación y eliminación de grupos opositores identificados como enemigos y no como personas con derechos.

La meta final del último golpe de Estado fue instalar, usando la fuerza de la represión, una organización social y económica regida por la centralidad del mercado, orientado a la producción agroexportadora con predominio de la esfera financiera y con un mercado laboral flexible y desregulado.

Homenaje

Durante el último juicio de lesa humanidad en Bahía Blanca, que concluyó con condenas para cuatro ex miembros de la Triple A, el fiscal Pablo Fermento solicitó a la UNS durante su alegato que se le otorgue a Cilleruelo el título honorífico Doctor Honoris Causa Post Mortem. En años anteriores se habían realizado actos, reconocimientos, homenajes y murales a “Watu”, y también a otros detenidos-desaparecidos y asesinados que pasaron por las aulas de la UNS.

El 7 de julio pasado el Consejo Superior de la UNS aprobó por unanimidad la propuesta presentada por numerosas agrupaciones y sectores universitarios y no universitarios para declarar a Cilleruelo como Doctor Honoris Causa Post Mortem. Al mismo tiempo requirió al Rectorado el nombramiento de una Comisión Evaluadora ad hoc de notables y expertos para evaluar la propuesta antes de su aceptación definitiva, que finalmente integraron Dora Barrancos, Estela Barnes de Carlotto, Baltasar Garzón, Fortunato Mallimaci, José “Pepe” Mujica y Adolfo Pérez Esquivel, reconocidxs defensorxs de los derechos humanos.

El último miércoles, 8 de septiembre, el Consejo Superior de la UNS recibió y aprobó por unanimidad el dictamen, que consideró a la distinción como “un acto fundacional que servirá de ejemplo para el resto de las universidades nacionales de la Argentina y de la Patria Grande Latinoamericana”. Se trata de “un acto de reparación histórica, institucional y simbólica único e inédito en la Argentina”, destacaron, y añadieron su voluntad de extender el reconocimiento “al conjunto de las/os integrantes de la comunidad universitaria que fueron víctimas de la Triple A y la última dictadura cívico militar” en Bahía Blanca. Luego leyeron ese listado –que a nivel local se compone de 53 estudiantes, 12 graduados, 9 docentes y no docentes y dos estudiantes de las Escuelas Medias– mientras consejeras y consejeros se ponían de pie.

De esta forma se busca recordar a las personas que entre 1974 y 1983 fueron detenidas-desaparecidas, asesinadas, presas, cesanteadas, denunciadas, expulsadas y perseguidas, hayan sido trabajadores docentes o no docentes, graduados o estudiantes. Al mismo tiempo se propone que se abran a la sociedad los archivos de la UNS con documentación de ese periodo.

La distinción que narramos es una práctica que el resto de las universidades de nuestro país deberían replicar, así todxs podremos transitar y profundizar una vida en democracia con más Memoria, Verdad y Justicia.

  • Carlos Fidel, nacido en Bahía Blanca, es docente investigador titular consulto de la Universidad Nacional de Quilmes. Silvia Gorenstein, nacida en Algarrobo (Provincia de Buenos Aires) fue profesora titular en la UNS y es Investigadora del CONICET. Fortunato Mallimaci, nacido en Punta Alta, es profesor UBA e investigador CONICET.

El Cohete a la Luna

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