Repensar el legado de las vanguardias ruso-soviéticas

Alberto Giudici y Juan Pablo Pérez son los compiladores de Bofetada al gusto, un libro-objeto de edición impecable publicado por el Centro Cultural de la Cooperación que transita el período que va de 1912 a 1930.

Por Mónica López Ocón

«A quienes lean nuestra Nueva Primera Inesperada. Nosotros somos el único rostro de nuestro tiempo. El clarín del tiempo anuncia un arte de palabras nuevas.El pasado nos queda estrecho. La Academia y Pushkin son más incomprensibles que los jeroglíficos.
Hay que arrojar por la borda a Pushkin, Dostoievski, Tolstoi y a otros más del vapor del Tiempo Presente.»

Este texto iconoclasta pertenece al Manifiesto de los futuristas rusos, está fechado en Moscú en diciembre de 1912 e integra Bofetada al gusto. Un recorrido por la vanguardia ruso soviética de 1912 a 1930, un libro de una cuidada edición compilado por Alberto Giudici y Juan Pablo Pérez, responsables del Departamento de Ideas Visuales del Centro Cultural de la Cooperación (CCC), publicado por el CCC e impreso en el taller de la Cooperativa Chilavert Artes Gráficas, recuperada en 2002 por sus trabajadores. Su título proviene, precisamente, del manifiesto colectivo de los futuristas rusos: Una bofetada al gusto del público.

«Las vanguardias –señala en el prólogo Juano Villafañe, director artístico del CCC-, particularmente con la Revolución de Octubre, fueron a las búsquedas de las grandes transformaciones que producía la política: la Revolución se defendía también desde el arte y con el arte. La gran transformación cultural era la propia Revolución, la gran ruptura epistemológica, los nuevos sentidos los ofrecía la Revolución.»

«El libro tiene su origen en una exposición realizada en el CCC al cumplirse 100 años de la Revolución Rusa en 2017- explica Pérez. En ese momento comenzamos a pensar con Alberto en la posibilidad de armar una muestra con algunos materiales de archivo. Alberto posee un gran archivo de las vanguardias en todas sus disciplinas. Comenzamos a revisar esos materiales y vimos que, además de la muestra, podíamos pensar en una publicación con formato libro. El punto de partida fue el Manifiesto de los poetas futuristas liderados por Vladimir Maiacovski. En ese momento surgió la idea de pensar las rupturas de las vanguardias como una bofetada al gusto burgués. Así comenzamos a recopilar diversos materiales como los escritos de los propios artistas, intelectuales, poetas y algunos documentos que cruzan y ponen en tensión el pensamiento de las vanguardias entre sí y contra la tradición artística rusa. La idea era pensar el camino del arte a la Revolución y de la Revolución al arte a partir de las experiencias pioneras previas a la Revolución, del 12 al 17 y luego ver cómo esos mismos artistas que tuvieron una respuesta muy potente a las formas convencionales del arte, se sumaron al proyecto de la revolución social. »

«En relación a la muestra –añade Giudici- lo que buscábamos en ese momento, en el centenario de la Revolución Rusa, era el cruce de dos vanguardias. Por un lado una vanguardia política revolucionaria que tomó el poder y, por otro, otra vanguardia que, aunque ya venía de antes en Rusia, se siente identificada con la vanguardia revolucionaria que tiene muchos conflictos en absorberlas, lo que genera muchas tensiones. Sin embargo, durante una década o más, las vanguardias artísticas, sin ser un arte de Estado ocupan un lugar muy importante y cuentan con el apoyo sustancial del ministro de Instrucción Pública Anatoli Lunacharski que les dio un gran impulso e incluso aporte material. La muestra que se hizo en el CCC tuvo materiales del pathos revolucionario y, como contratacara, materiales de las distintas vanguardias artísticas. Cuando pusimos en marcha el libro, redujimos el espectro de pathos revolucionario y ampliamos lo referido a las vanguardias artísticas. Y en ese punto, el libro se despega de la muestra.»

Continúa Giudici: «Mientras en la Bauhaus, de la que se cumplen 100 años, había un espacio físico común, una claridad de objetivos y todos trabajaban bajo una dirección, las vanguardias ruso soviéticas están inmersas en la Revolución y las cosas se va haciendo espontáneamente, se van cruzando las tendencias, sus integrantes se enfrentas entre ellos y se dan polémicas. Por eso, en este sentido, son más ricas y más dispersas. El escritor ruso Ilya Ehrenburg cuenta que era emocionante ver los camiones que llegaban a Moscú el 1° de Mayo de 1918 decorados con estructuras suprematistas, es decir, las que remiten a Malevich. Era conmovedor porque estas circunstancias posiblemente no se habían nunca antes en la historia.»

El archivo del que nace la muestra y luego el libro fue atesorado por Giudici durante muchos años. «En 1964 –cuenta- se creó acá una agencia noticiosa, Distribuidora Argentina de Noticias (DAN), que representaba a las agencias noticiosas de cinco países del Este, entre ellas las dos principales agencias soviéticas, la agencia TASS que es continuadora de la agencia ROSTA, uno de cuyos fundadores es Maiakovski, y la agencia Novosti, que era más bien una agencia de notas. Con la disolución de la Unión Soviética, se disolvió también la agencia DAN de la que yo era jefe de Redacción. Muchos de los materiales se regalaron o se donaron y yo me quedé con lo que más me interesaba.»

El período que abarca el recorrido por la vanguardia ruso soviética (1912-1930) no es arbitrario. Pérez dice: «La primera fecha corresponde al Manifiesto Futurista. La segunda, al suicidio de Maiacovski. Los manifiestos de las vanguardias eran su primera producción estética, programática, política e ideológica. Ya se podían encontrar en el contexto ruso pinturas de artistas influidos por el cubismo o el futurismo en 1910 o 1911, pero el manifiesto de 1912 es el primer puntapié de lo que se considera «lo nuevo» en el lenguaje artístico. Tomamos el límite de 1930, fecha de la muerte de Maiacovski, porque como poeta, como intelectual y como defensor de esa experiencia hacia el interior del Partido Comunista, atravesó gran parte de ese recorrido. En el libro su poética actúa como un hilo conductor. Insistimos mucho con sus reflexiones finales. Luego de 20 años de trayectoria hace su primera retrospectiva como poeta, como productor de afiches junto a Rodchenko y tempranamente junto a Malevich. Es un intelectual, un artista visual, un escritor. En la retrospectiva, que tuvo lugar pocos meses antes de su suicidio, hace un discurso en el que es crítico respecto de lo que comienza a suceder dentro del espacio político, pero a la vez dice que para seguir fortaleciendo la Revolución es necesario estar adentro de ella, no hay que tirarle piedras desde afuera. La fecha de 1930 es previa a la imposición del realismo socialista que se da recién a partir del 32.»

«El estalinismo –agrega Giudice- es un proceso que se va fortaleciendo y que va ganando espacio en diversas áreas de la cultura de manera progresiva, por lo que no hay una fecha clara que uno pueda señalar como su inicio. Lo que se podría señalar como el comienzo de otra época es la disolución por decreto del Proletkult, uno de los tantos movimientos que surgieron y que estaba financiado por el Estado y que llegó a tener unos 300.000 miembros. Era el ala izquierda de la izquierda artística. Eran los negadores del pasado que proponían cambiarlo todo. El suicidio de Maiakovski que obedeció, por un lado, a razones sentimentales y, por otro, a la sensación de frustración que él tenía, siempre es presentado como el fin de la época heroica de la Revolución Rusa. En eso no inventamos nada nuevo.»

Pérez destaca que el espíritu del libro no fue reproducir determinadas obras, sino mostrar una experiencia que fue multidisciplinaria ya que abarcó la pintura, la gráfica, el diseño, la poesía, la escultura, el cine, la arquitectura. Ambos compiladores hablan del cruce de la vanguardia política y la vanguardia artística como de una experiencia única en la que surgió un nuevo lenguaje que se refería a lo político desde la innovación en la forma.

El tiempo pasado entre la exposición referida a los 100 años de la Revolución Rusa y el libro se explica a partir del gran trabajo que implicó la selección de materiales y el diseño. «Al trabajo programático que comenzamos a hacer con Alberto –dice Pérez- se suma el enorme trabajo de edición y diseño que hizo Hernán Cardinale, que fue el editor del libro. Él tuvo una gran intervención sobre las imágenes. Además, estamos muy agradecidos al CCC que avaló el trabajo y a nuestro director artístico, Juano Villafañe, que no sólo prologó el libro, sino que nos prestó su apoyo en el largo proceso que supuso su publicación.»

¿Qué sentido tiene publicar hoy un libro sobre las vanguardias rusas? –se pregunta Pérez-. Y contesta: «Para mí los objetivos del libro son dos. Por un lado, entender el legado de esas experiencias que todavía siguen teniendo un impacto en los modos de desplegar las prácticas artísticas contemporáneas. Por otro, en términos benjaminianos es confrontar los discursos del fascismo en la actualidad. Hoy en Europa y en América Latina nos estamos enfrentando a políticas de una estetización de los espacios públicos que vuelve a operar sobre la construcción de las identidades sociales y políticas. Repensar las vanguardias es también una forma de reflexionar acerca de lo que está pasando hoy con el avance de los fascismos.»

Bofetada la gusto se presenta el lunes 16 a las 19 en la Sala Raúl González Tuñón del Centro Cultural de la Cooperación, Avda. Corriente 1543, 1° piso. Disertarán Luis Felipe Noé, Valeria González, Jorge Dubatti, Juano Villafale, Hernán Cardinale, Alberto Giudici y Juan Pablo Pérez.

Tiempo Argentino

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *