De la amenaza a Marcelo Birmajer al kirchnerismo en modo Aleph

El kirchnerismo es neoliberal y chavista al mismo tiempo. La vuelta de las indignaciones nimias y los anuncios de calamidades imaginarias.

Por Sebastián Fernández (Rinconet)

Terminó otra semana trepidante en la que no tuvimos lluvia de inversiones pero tampoco Pobreza Cero, es decir, una de cal y otra de arena. Además, como bien lo explicó el todavía presidente Mauricio Macri al reclamar un poco más de paciencia de parte de sus gobernados: «Empezamos a cruzar un puente…». Es una noticia alentadora, ya no tenemos que cruzar el río a nado o subir el Aconcagua en barco.

Recordando aquella vez en la que junto a sus amigos se gastó toda la plata que tenía en el casino de Viña del Mar y le pidió un giro a su papá, Macri acompañó a Hernán Lacunza, el ministro de Hacienda menguante, a suplicar por el último pago del aporte de campaña de 57.000 millones de USD que el FMI le dio a Cambiemos haciéndolo pasar por un préstamo al país. Lamentablemente, a diferencia de Franco Macri que accedió a mandarle la plata reclamada para que pudiera seguir con la timba, David Lipton, el titular interino del Fondo, le explicó que prefería negociar con quien ganó las PASO y no con quien todavía preside el país.

La realidad es impiadosa.

Luego del auto rayado de FerIglesias, experto en globalización, y del insulto que un transeúnte lanzó contra Marcelo Birmajer, nuestros medios serios se preguntaron si la violencia política volvió para quedarse. Según el propio Birmajer, lo que le sucedió es un gesto de “continuidad del autoritarismo kirchnerista”, y tiene la “muy peligrosa posibilidad de convertirse en política de Estado”. La afirmación, repetida con entusiasmo por el coro estable de nuestros medios serios, puede parecer algo exagerada pero otros ejemplos nos incitan a la prudencia. En efecto, hace apenas unos días, una mano misteriosa- o en realidad, un misterioso dedo- dejó marcado el amenazante texto “lavame sucio” en un auto aparentemente abandonado. Que el vehículo estuviera estacionado a menos de 17 cuadras de la peluquería donde suele concurrir Claudio Bonadio, pareciera indicar que se trata de un mensaje mafioso dirigido al juez, como la bomba dejada cerca de la casa del fiscal Carlos Stornelli, que no era una bomba pero tampoco era la casa de Stornelli. Según varios expertos consultados, estos actos intimidatorios también podrían convertirse en política de Estado de ganar Alberto Fernández. En todo caso, son imágenes de una Argentina que pensábamos haber dejado atrás.

Para algunos observadores, la vuelta de las indignaciones nimias y los anuncios de calamidades imaginarias, tan inminentes como esquivas, señalan que el kirchnerismo está volviendo al poder, como la alondra anuncia la mañana. Sólo resta que los muchachos apolíticos que dejaron sus ONG apolíticas para unirse al gobierno apolítico de Cambiemos y justificar el balazo por la espalda o la cárcel sin condena de opositores, vuelvan a sus fundaciones para lamentar al unísono la ausencia de república, consenso y coso, como ocurría durante la larga noche kirchnerista.

Por su lado, el versátil senador Miguel Pichetto, hasta hace poco jefe de la bancada opositora y actual candidato a vicepresidente por el oficialismo, visitó La Matanza en donde fue recibido por Toty Flores, el Tío Tom de Cambiemos, un agradecido al amo Mauricio y la amita Antonia. Fue un acto Boutique, casi íntimo, en el que participaron varias personas, además de Pichetto, Flores y el fotógrafo. Como escribió Macedonio Fernández hace muchos años: “Eran tantos los que faltaban que si falta uno más no cabe.”

Pichetto dejó el kirchnerismo denunciando la revolución y el marxismo de Axel Kicillof, mientras que Humberto Tumini, líder de Libres del Sur, se alejó de Néstor Kirchner al descubrir con asombro que no era Camilo Cienfuegos, para luego ilusionarse con Prat Gay. Ocurre que así como el kirchnerismo es revolucionario y neoliberal, también fue un gobierno de derecha que giró a la derecha, como señalaba Néstor Pitrola del Partido Obrero, a la vez que era “cada vez más parecido al chavismo”, como denunció por la misma época el ineludible Joaquín Morales Solá. El kirchnerismo es el Aleph.

Todo lo que quieran pero ya no le tenemos miedo al censista.

Imagen: En el Instituto Patria, algunos oficiales de La Cámpora posan junto al dispositivo para enterrar PBIs (cortesía Fundación LED para el Desarrollo de la Fundación LED)

El Destape

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