¡Sape, gato, sape!

Por Horacio Dall’Oglio

Fotos: Nicolás Cardello

Después de cuatro años de la falsa promesa de generar una «Revolución de la Alegría», el macrismo se fue por la puerta de atrás. El fin de «la fiesta para pocos» se disfrutó en Plaza de Mayo. ¿Cómo no celebrar la caída de un proyecto de pobreza, hambre y desocupación?

Nos hicieron mierda. Nos hiciste mierda, vos, tu cinismo y tus mentiras planificadas, pero ayer, pese a todo, nos tocó festejar porque por fin te fuiste, porque por fin te fuimos. Tu «Revolución de la Alegría» no fue más que una farsa, una fiesta para pocos, y el verdadero júbilo lo tuvimos ayer cuando, después de un experimento fallido que duró cuatro años de injusticias, de angustias y de tristezas, pudimos volver a reír, a bailar y a cantar, con el corazón desbordado al igual que la Plaza de las Madres ahora desenrejada, porque le doblamos el brazo al «mejor equipo de los últimos 50 años» y a su Plan Estratégico de Exclusión.

¿Cómo no vamos a estar felices y cantar, en medio de un mar de gente, «¡Patria sí, colonia no! ¡Patria sí, colonia no!»? Si fue una derrota tremenda a una forma de vida (a la intemperie) ideada en otras latitudes y ejecutada en estos lares por vos y tus secuaces para pisotear nuestra dignidad, para hacernos más dependientes, para condicionarnos cada día un poco más, para hundirnos en la miseria y en la humillación.

 

 

¿Cómo no vamos a saltar y abrazarnos con amigos y amigas si la pesadilla de un gobierno irresponsable y entreguista por fin terminó? Si no te alcanzó ni con todo el apoyo y el financiamiento externo; ni con todas las balas y gases lacrimógenos comprados a EEUU y usados acá para intentar disuadir nuestra rabia colectiva; ni con el fabuloso conglomerado de medios de (in)comunicación a tu favor y periodistas chupamedias financiados por la pauta oficial; ni con las repetidas «marchas atrás», luego de reconocer «errores»; ni con tus discursos coucheados para cargar las culpas sobre el pueblo; ni con todas las metáforas de «turbulencias», de «tormentas» y de «aconcaguas».

Nos hicieron mierda. Nos hiciste mierda, vos, tu cinismo y tus mentiras planificadas, pero ayer, pese a todo, nos tocó festejar porque por fin te fuiste, porque por fin te fuimos.

¿Cómo no cantar una vez más y en un día tan especial «¡Mauricio Macri la yuta que te parió!», y saltar, y revolear la remera o agitar una bandera argentina o una wiphala? Si fuimos miles y miles quienes resistimos cuatro años, con la calle como única aliada, y pusimos el cuerpo, los cuerpos, para enfrentar tu proyecto de pobreza, hambre y desocupación; si nos bancamos los perdigones de la Reforma Jubilatoria o los gases y los palos del Presupuesto 2019; si lo que nos inspiró todo este tiempo fue el deseo de una vida digna, vivible, y la memoria de nuestros muertos y desaparecidos; si el pueblo en la calle impidió que los genocidas pudieran gozar del beneficio del 2×1; si no olvidamos que fue este tu gobierno, que por fin terminó, y tus Fuerzas de Seguridad quienes asesinaron a Santiago Maldonado y a Rafael Nahuel, como así también a todos esos pibes y pibas que cayeron víctimas de la política de gatillo fácil y la doctrina Bullrich; si tampoco olvidamos que 44 tripulantes de un submarino se hundieron en el Atlántico y sus familias todavía esperan conocer la verdad de lo que sucedió más allá de los encubrimientos y las mentiras.

 

 

¿Cómo no coincidir con Iván Noble, que en medio una fiesta popular recordó las palabras de Leonardo Favio: «No vale la pena ser feliz en soledad», y anhelar un patria libre y soberana? ¿Cómo no bailar junto a Palo Pandolfo y su «estaré, estaré / a donde salga el sol / beberé, beberé / la luz de todos los colores cantando» para celebrar tu partida? Si vos de tanto baile por acá y por allá nos hiciste bailar con la más fea de todas, con Christine Lagarde y su trup de saqueadores. Vos que durante cuatro años te hiciste el sordo y recién sobre el final de tu mandato te acordaste de decir «los escuché». ¿Escuchás al pueblo cantar ahora «¡Macri ya se fue, ya se fue, ya se fue, Macri ya se fue!»? ¿Nos ves bailar ahora bajo un sol que raja la tierra de alegría, de ilusión y de esperanza? Estamos felices y esta es nuestra fiesta, y resulta que no estás invitado, ni vos ni tus exclusivas amistades; no es venganza, es justicia. Después de cuatro años donde se enfiestaron a costa nuestra, ahora nos toca a nosotrxs.

No te mentimos, festejamos tu separación del Estado y el inicio de una nueva etapa. Como Litto Nebbia y su «dicen que viajando se fortalece el corazón / pues andar nuevos caminos / te hace olvidar el anterior», que cantó sobre el final de una fiesta de la democracia, podemos celebrar que al menos hoy tenemos otros caminos. Para otro momento quedarán los interrogantes y las dudas. Ahora nos toca bailar y cantar bajo el sol; un nuevo sol que asoma, porque al fin escampó y esta es nuestra manera de conjurar los fantasmas de la desigualdad y la represión, y de celebrar, sobre todo, que ya no vamos a verte más por acá, y que por fin podemos decirte: «¡Sape, gato, sape!».

Revista Cítrica

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