|
|
|
La
semana trágica
Por Osvaldo Bayer
La íntima alegría: no hay olvido para aquellos hechos donde se trató de apagar el Derecho a balazo limpio en vez de aplicar los argumentos de la razón. La Semana Trágica de enero del ’19. Otro aniversario más, sí, cuántos años. Cuántos muertos por lo justo. No vamos a discutir ahora si fueron mil o seiscientos los obreros muertos. Lo triste, lo trágico es que se tergiversó todo, se hizo valer como siempre o, como casi siempre, la historia oficial. No eran ni "perturbadores extranjeros" ni "rusos" ni "terroristas" como los medios oficiales y del poder trataron de disfrazar el crimen. Eran obreros que querían tener los derechos de la dignidad y de la vida: las sagradas ocho horas de trabajo. Los panaderos y los yeseros ya habían conseguido –por su lucha– las ocho horas en 1898, los metalúrgicos, en 1919, todavía trabajaban nueve horas por día. Por eso la huelga y por el lugar de trabajo para los despedidos. Dignidad y Justicia. La respuesta del poder fue bala y más bala. Con los uniformados de siempre. Esta vez ya con la ayuda de los muchachos del barrio Norte, las guardias blancas, la llamada después "Liga Patriótica Argentina". Salieron a matar "anarquistas, rusos, judíos y enemigos de la Patria". Las calles de Buenos Aires quedaron teñidas de sangre obrera.
|
|
Pero el mismo gobierno represor tuvo que reconocer la injusticia y días
después se les dio a los obreros lo que pedían. ¿Por qué entonces tanta
violencia desde el poder? ¿Por qué además de los muertos, los 1500 obreros
presos? La firma del ministro del Interior en las cláusulas de la solución
del conflicto deja en claro que la razón estaba del lado obrero. Eso sí, esa
razón se había pagado con sangre de los explotados. Pero luego de la matanza
pasó a ser un tema del cual no se habla. Cuando muchos años después tratamos
de que los terrenos donde había comenzado el drama –los de los
establecimientos Vasena, que habían sido demolidos– pasaran a llamarse
"Parque Mártires de la Semana Trágica", justamente el dirigente Augusto Vandor se opuso y propuso llamarla
"Plaza Martín Fierro". Nombre que hoy
lleva. Claro, del pasado no se habla porque estaban involucrados Yrigoyen,
los radicales, el ejército y personajes de la "guardia blanca" que luego
pasaron a ser próceres: Manuel Carlés, el Perito Moreno, el cura Miguel
D’Andrea e, infaltable, el estanciero Martínez de Hoz, hijo de aquel
presidente de la Sociedad Rural que recibió de Roca 2.500.000 hectáreas de
la tierra donde vivían antes los pampas y los ranqueles, bisabuelo del
murciélago que luego fue ministro de Economía de la dictadura de la
desaparición de personas. Toda una estirpe familiar heredera del autollamado
"liberalismo positivista" del roquismo.
Bien, esta semana se recordó a los obreros mártires de las ocho horas de
trabajo. Entre las organizaciones que propiciaron el acto estaban la
Federación Libertaria Argentina, la FORA –la más antigua de las
organizaciones obreras– y la Biblioteca José Ingenieros. El culto de la
utopía a través de la dignidad.
Fuente:
Página/12, 16/01/06
Buenos Aires bajo el terror y la muerte [Revista Panorama, 1969]
|
|
7 de enero de 1919. Una manifestación de obreros en huelga se concentra
frente a los portones de los talleres metalúrgicos Pedro Vasena, en Rioja y
Cochabamba. Rostros hoscos, .puños crispados, mujeres que se asoman
fugazmente a las puertas de los conventillos de la zona. En el aire flota un
denso clima de violencia contenida. Se cierne la tragedia. De pronto estalla
el drama: por sobre los gritos de hostilidad de la multitud suenan, secos,
fatales, los primeros disparos. Los ayes de dolor de los heridos son
cubiertos por el crepitar de la fusilería. Nunca pudieron ponerse de acuerdo
los historiadores sobre quién comenzó el tiroteo. La polémica no llegó a
interesar a la media docena de muertos y a los 34 heridos que se desangraron
en las calles empedradas del barrio de San Cristóbal. Ni a las centenares de
víctimas que seguirían a esas primeras que se cobró, hace 50 años, la Semana
Trágica. Siete días en los que la Argentina se asomó al rostro fratricida de
las luchas sociales; a la sangre del pueblo ya derramada en México y Rusia.
Y durante los que los argentinos vivieron el mayor cúmulo de experiencias
arrojadas por la contienda de clases.
En el medio siglo trascurrido desde entonces, no todas esas experiencias
fueron aprovechadas. Algunas aún tardan en asimilarse. Por ejemplo, nadie ha
explicado hasta ahora una infausta coincidencia: la huelga provocó el cierre
de la fábrica y con ello frustró el primer Intento de integrar en en el país
una" planta siderúrgica. Recién en 1946/47 con el Plan Savio, se reanudó el
hilo de esa historia. Un hilo desplegado en forma muy lenta: sólo en 1959
comenzó a funcionar el primer alto horno de gran dimensión. Pocos repararon
entonces en la pérdida que experimentaba el país. Pero eran tiempos
confusos. Hasta la semántica se trabucó y resultó que un anarquista y un
bolchevique vinieran a ser la misma cosa; también se unificaban los términos
ruso, israelita y maximalista. Lo que resultó fatal para no pocos
inmigrantes judíos recién llegados (algunos huyendo de la revolución rusa) a
quienes se castigó, paradójicamente, como propagadores de la nueva fe que
aborrecían. Los más afortunados entre ellos soportaron bárbaras rasuradas y
sangrientas palizas. Los otros, fueron asesinados y sus cuerpos incinerados
en la pira común.
El último caudillo
A partir de esos disparos Buenos Aires se convirtió en la capital de la
confusión. El presidente Hipólito Yrigoyen, un líder popular de quien se
dijera que era el "postrero" (Carlos Sánchez Viamonte: "El último caudillo")
hizo todo lo posible por mantener la serenidad. "Querían arrastrarme a
reprimir a sangre y fuego" -dijo después-- Procuró, en cambio, controlar la
situación e instó a los empresarios a transar rindiéndose sin condiciones
ante las demandar obreras"
El 7 de enero fue un día de encrucijadas históricas. Otro caudillo hizo
entonces su primera experiencia junto a los trabajadores. Según el
testimonio de Diego Abad de Santillán (72 años, fue dirigente de la FORA del
V Congreso) entre los oficiales del ejército que reprimieron a las
manifestaciones en esa sangrienta jornada, se encontraba un joven teniente:
Juan Domingo Perón. Abad de Santillán, sugiere a Panorama al evocar los
acontecimientos: "Quizás ahí afirmó su política demagógica, al ver que la
represión sólo produce el divorcio del gobierno con el pueblo". La versión
peronista, en cambio, sostiene que Perón no tiró contra los obreros. Por el
contrario, habría dialogado con ellos, en el tono paternal que
caracterizaría treinta anos más tarde su relación con el movimiento
sindical.
El
conflicto
Todo había comenzado el 2 de diciembre de 1918. Los 800 obreros de la
empresa se declararon en huelga en reclamo de la reincorporación de algunos
compañeros despedidos y de la Jornada laboral de 8 horas. Además, exigían
aumento de sueldos. La dirección de Vasena contesta con un categórico no y
despide a los huelguistas. La Asociación del Trabajo (presidente Joaquín S.
de Anchorena; secretarlo, Atilio Dell'0ro Maini) y la Liga Patriótica
Argentina (Manuel Carles, más tarde abogado de Marcelo T. de Alvear) le
ofrecen rompehuelgas "krumiros" y protección de sus grupos civiles armados.
Los huelguistas organizan sus propios piquetes y comienzan a tomar
represalias contra los que quieren quebrar el paro. El conflicto entra en
una espiral de violencia y el 24 de diciembre llegan a Incendiar el auto del
propio Jefe de policía.
El 8 de enero, después del encuentro frente a la fábrica (reprimieron
bomberos y soldados), la FORA del X Congreso declara la huelga general. Los
anarquistas de la otra FORA, la del V Congreso, le añaden un calificativo:
"revolucionaria", que prende en el ánimo exacerbado de los sectores
populares, sacudidos por la matanza del día anterior. Buenos Aires camina
por el filo de la navaja de la guerra civil. Ese mismo día, por la tarde, el
Poder Ejecutivo designa por decreto jefe de las fuerzas de represión al
general Luis J. Dellepiane. "Un hombre bajito pero enérgico -dice Abad de
Santillán-, al que no creo un masacrador profesional. Era 'un valiente: se
apersonó sin custodia a los manifestantes;"
Los muertos del día 7 fueron velados en locales anarquistas y socialistas.
Separados por rivalidades ideológicas, los acercó la muerte y el 9 fueron
sepultados juntos en el cementerio de la Chacarita, unidos los cortejos
hasta integrar una imponente manifestación de 200.000 personas. Mientras la
multitud se dirigía en procesión hacia el cementerio, se produjeron nuevas
refriegas en Corrientes y Yatay que crean una atmósfera explosiva. Luego, ya
en la Chacarita, cuando el tercero de los oradores iniciaba su discurso, se
repiten las agresiones. La guardia de caballería i-"cosacos"-, tropas de
infantería del Ejército y bomberos abren fuego. Gritos, imprecaciones,
corridas. Desesperados manifestantes se arrojaron dentro de las fosas recién
abiertas para buscar un refugio contra la muerte. La política del terror se
había desatado.
"Emplazar la artillería"
Dellepiane convoca el 10 a la prensa. Es seco y categórico. Amenaza
"emplazar la artillería en la plaza del Congreso y atronar con los cañones
toda la ciudad". "La Nación" de esa fecha subraya en su crónica otra
advertencia del jefe militar: "Hacer un escarmiento que se recordará durante
50 años". Hipólito Yrigoyen estima que es necesario un esfuerzo para evitar
que el incendio se propague. Cita al día siguiente en su despacho a don
Pedro Vasena (su correligionario Leopoldo Melo era abogado .de la empresa) y
lo insta a aceptar los reclamos sindicales. El conflicto se resuelve por la
rendición incondicional del empresario. Así lo entiende la FORA del X
Congreso, que da por terminado el movimiento. Los "quintistas", en cambio,
creen que ha sonado la hora..de la revolución social y deciden continuar la
huelga. A la que se le agrega un objetivo urticante: la libertad de Simón
Radowitzky, un anarquista que purgaba prisión perpetua en Ushuaia, por haber
matado al jefe de policía Ramón Falcón el 17 de noviembre de 1908. (Durante
su segunda presidencia Yrigoyen le alivió la condena y lo puso en libertad).
Durante varios días continuó el terror en fas calles. Las "bandas blancas"
-patotas de la Liga Patriótica y la Asociación de! Trabajo- insistieron en
actos vandálicos de represalia contra todo lo que consideraban maximalista.
¿Cuántas fueron las víctimas de ese estado de locura colectiva? El escritor
Diego Abad de Santillán computa 1.500 muertos y 5 mil heridos Hubo, además,
55.000 prontuariados, con la accesoria, para muchos, de una quincena de
confinamiento en la isla Martín García. En su libro "La Semana Trágica", el
comisario A. Romariz (oficial de la seccional 34a. de la Boca, durante los
sucesos), estima en 800 los fallecidos y en 4.000 los heridos. Agrega
detalles escalofriantes: los cadáveres eran rápidamente incinerados conforme
a indicaciones del general Dellepiane. El mismo pudo comprobarlo en la
Morgue, cuando acudió a reclamar el cuerpo de un suboficial. "Entretenga a
la viuda hasta que se olvide", le dijo el funcionario que lo atendió,
escudándose en esa orden.
Versión Ideológica
Durante el conflicto, los anarquistas consideraron a la Iglesia su enemiga.
Proporcionaba rompehuelgas y condenaba la rebelión. Sin embargo, monseñor
Gustavo J. Franceschi, ya destacado sacerdote, se opuso a la represión y
hasta justificó, de alguna manera, la reacción popular. Escribió en la
revista "Acción": "La organización social actual no satisface los deseos del
hombre, que no se resigna a ocupar toda la vida una posición inferior. Por
eso resuelve destruirla. Para reprimir al maximalismo... hay que modificar
la organización social llevándola a una mayor justicia".
En el otro extremo Diego Abad de Santillan recuerda para Panorama; "Eramos
jóvenes, impulsivos, inmaduros. Creíamos que la revolución social era
inminente y recurríamos a cualquier extremo. Además, los capitalistas de
aquella época no eran como los modernos; acostumbraban a considerar a los
obreros como esclavos".
En cuanto a las causas que provocaron el brutal acontecimiento, piensa que
influyeron "asuntos extranjeros y nacionales". Por un lado la revolución
rusa, la de Ios consejos de Baviera, las agitaciones de Italia y España, por
el otro, la presencia de la burguesía en el gobierno, a través del
radicalismo, lo cual implicaba un desplazamiento de los tradicionales
poseedores del poder.
El recuerdo de la semana trágica tuvo amplia repercusión en la literatura
porteña. Un hijo suyo es "Nacha Regules", la novela de Manuel Gálvez. En sus
memorias testifíca "Lo arrojé (al libro, publicado en el diario socialista
'La Vanguardia', como folletín) palpitante, aún chorreando lágrimas de
sangre, en medio de la farsa de la vida, de la alegre, estúpida o canallesca
farsa de la vida." Más tarde abandonaría su incipiente revolucionarismo
socialista para transformarse en vocero del nacionalismo.
Otro nacionalista era Carlos Ibarguren ("La historia que he vivido"),
recuerda que de regreso a San Isidro en automóvil con su chófer (ambos
armados), recogió a un agobiado caminante, en mangas de camisa. "¡Gracias,
señor, me salva usted la vida. No podía andar más!", exclamó con marcado
acento extranjero. Era el secretario de la embajada de los Estados Unidos,
Summer Welles, recién llegado a Buenos Aires, y futuro secretario de Estado
norteamericano. Había podido comprobar que éstas eran tierras calientes. Su
relación posterior con América latina parece signada por esta visión inicial
del continente.
Pasaron los años, y salvo la esporádica llamarada del anarco-sindicalismo
español durante la guerra civil de 1939, la ideología ácrata pareció
condenada a languidecer hasta la consumición total. Pero en 1968, casi 50
años después de aquella Semana Trágica porteña, en la Sorbona se alzan las
banderas rojinegras y alguien grita "¡Viva la anarquía! ", el reloj de la
historia pareció retroceder medio
siglo en
París; más tarde en México, Roma.
Fuente: www.magicasruinas.com.ar
IMAGENES:
Primeras víctimas. Cuatro cadáveres conducidos por una multitud de 200.000
personas
(Archivo General de la Nación)
Presidente Irigoyen "Me querían llevar a reprimir a sangre y fuego"
[al pueblo]
(Archivo General de la Nación)
Talleres Vasena. El estallido de violencia inicial también hirió de muerte a la
siderurgia
(Archivo General de la Nación)
Diego Abad de Santillán: "Eramos jóvenes e impulsivos"
El
imprescindible ejercicio de la memoria
7 DE ENERO DE 1919: Se produjo la matanza de
obreros que se conoció como la Semana Trágica.
Desde hacía un mes se encontraban en huelga los obreros de los Talleres
Metalúrgicos Pedro Vasena. Exigían la reducción de la jornada de trabajo de
11 a 8 hs.; aumentos escalonados de jornales; la vigencia del descanso
dominical y la reincorporación de los delegados echados al iniciarse el
conflicto. El 7 de enero, varias chatas manejadas por rompehuelgas
contratados, que a su vez estaban acompañados de policías, fueron
interceptadas en forma pacífica por un grupo de huelguistas. "al penetrar en
el barrio obrero, relata La Nación el 8 de enero, los peones que iban en los
carros del convoy eran a cada momento interpelados por los huelguistas.
Hombres mujeres y niños los seguían a pocos metros de distancia, los
incitaban a abandonar el trabajo y le gritaban 'carneros'. Los huelguistas
siguieron así hasta que los carros pasaron frente al destacamento policial,
pero a medida que estos se iban alejando del destacamento y aproximándose a
los talleres, crecía la indignación de los obreros"
Como los rompehuelgas no se detuvieron, los obreros comenzaron a tirarles
piedras. Intervino la policía y asesinó a obreros, uno de ellos de un
sablazo en la cabeza. Hubo más de treinta heridos, varios de los cuales
después fallecieron. EL día 9 el paro general fue prácticamente total. El
día anterior la FORA Vº Congreso y la FORA IXº Congreso lo habían decretado.
A las 15 hs. comenzó a marchar el cortejo fúnebre que llevaba a los caídos
el día 7. Miles de personas lo acompañaban. Los obreros tenían grupos de
autodefensa pero en inferioridad de condiciones en relación con policías y
bomberos. Al llegar la columna a Yatay y Corrientes, una parte de la
manifestación penetró en el convento del Sagrado Corazón de Jesús gritando
consignas anticlericales. Fueron recibidos a balazos por policías y bomberos
que estaban dentro. Mataron a varios.
A las 17 hs. el cortejo llegó al cementerio, mientras hacía uso de la
palabra un delegado de la FORA IXº, fueron atacados por la policía y los
bomberos que se habían atrincherado en los murallones. Las balas partían de
todas partes. Fue una masacre.
A partir de allí los enfrentamientos y la represión abarcaron toda la ciudad
de Bs. As. El gobierno de Yrigoyen recurrió al ejército con Dellepiane al
frente, porque la policía se encontraba desbordada. La lucha, sin embargo,
duró toda la noche especialmente en el barrio de La boca.
Los medios oficiales ("La Prensa") registraron más de 40 muertos y
centenares de heridos. "La Vanguardia", periódico del Partido Socialista, en
cambio, habla de más de 100 muertos y 400 heridos. No hubo bajas entre las
fuerzas represivas.
La huelga continuó el día 10 y se extendió al interior del país. Los
enfrentamientos y la represión continuaron.
|
|
"Reunido este Consejo con representantes de todas las sociedades federadas y
autónomas, resuelve: Proseguir el movimiento huelguístico como acto de
protesta contra los crímenes del Estado, consumados en día de ayer y
anteayer.
Fijar un verdadero objetivo al movimiento, el cual era pedir la
excarcelación de todos los presos por cuestiones sociales.
Conseguir la libertad Radowitzky y Barrera, que en estos momentos puede
hacerse, ya que Radowitzky es el vengador de los caídos en la masacre de
1909, y sintetizar una aspiración superior. (...) En consecuencia, la huelga
sigue por tiempo indeterminado. A las iras populares no es posible ponerles
plazo: hacerlo es traicionar al pueblo que lucha. Se hace un llamamiento a
la acción.
Reivindicaos, proletarios. Viva la huelga general revolucionaria.
El Consejo General." Manifiesto FORA Vº Congreso (10-1-1919)
El gobierno de Yrigoyen se reunió con el embajador inglés y con Pedro Vasena
para pedirle que acceda a los reclamos de los trabajadores. Más tarde lo
hizo con la FORA del IXº congreso para que levanten el paro. Los dirigentes
pertenecientes en su mayoría al Partido Socialista, al Partido Socialista
Argentino y al Partido Socialista Internacional (comunista) acceden. EL
clima en la gente era muy otro y el paro continuó por algunos días más.
La huelga finalmente fue decayendo pero quedó en la historia como un ejemplo
de rebelión popular.
Fuente:
Agencia Walsh
(de "La Semana Trágica de Enero de 1919", Julio Godio)
El
conflicto - La ascensión del primer gobierno del partido radical suscitó una jubilosa expectativa. El país se sentía liberado, dignificado, y en vísperas de grandes realizaciones. Con la llegada al poder del gran caudillo don Hipólito Yrigoyen, que encarnaba la protesta y la lucha nacional contra los gobiernos de la opresión, la corrupción y el fraude, se había desatado una incontenible esperanza popular.
Pero si bien Yrigoyen llegaba libre de compromisos con los intereses y con los personeros del Régimen, carecía de mayoría en ambas cámaras legislativas y once de las catorce provincias se hallaban en manos de gobiernos surgidos del fraude. Era la estructura política de la oligarquía imperante, que subsistía intacta en su organización económica y en una parte importante de la opinión pública influida por la prensa comercial, tributaria de sus intereses.
Esos años coincidían con una intensa agitación obrera, motivada por la inseguridad económica, los bajos salarios y malas condiciones laborales, y la influencia de las transformaciones sociales del fin de la Primera Guerra Mundial. La actitud nueva del gobierno de Hipólito Yrigoyen, de comprensión y auspicio de las legítimas aspiraciones de los trabajadores, apareciendo por primera vez en la historia como árbitro de los conflictos, trataba de alcanzar soluciones equitativas. Las delegaciones obreras concurrían a la Casa de Gobierno, y el presidente las recibía junto a las patronales. Lo cual provocó una actitud defensiva de éstas, que fundaron organizaciones rompehuelgas como la Asociación del Trabajo y, sobre todo, la Liga Patriótica, en que el anti-obrerismo asumía el carácter de defensa contra
"la amenaza roja", amparada en la bandera nacional.
Al mismo tiempo, el movimiento obrero adquiría en esos años una tónica revolucionaria, y estaba plagado de agitadores que anunciaban un estallido inminente. La revolución rusa de 1917 parecía a muchos el preludio de la transformación del mundo. Era el sarampión
"maximalista" que atacará también a buena parte de la intelectualidad joven.
Desde hacía ya un mes los obreros de los Talleres Metalúrgicos Pedro Vasena e Hijos Ltda. se encontraban en huelga. Habían cortado las líneas e interrumpido el suministro de agua. Su planta industrial estaba en Cochabamba y La Rioja, en el barrio de San Cristóbal, en los terrenos donde actualmente está ubicada la plaza Martín Fierro, y sus depósitos se encontraban en la calle Pepirí y Santo Domingo, en Parque Patricios, cerca de Nueva Pompeya. Esta empresa era una de las más importantes del país: entre obreros y empleados sumaban más de 2.500 personas. Los huelguistas solicitaban la reducción de 11 a 8 horas de trabajo, aumentos escalonados de jornales, la vigencia del descanso dominical y la reposición de los delegados obreros echados por la empresa al iniciarse el conflicto.
El día 7 de enero de 1919 (hace hoy ochenta y cinco años), a las 16 horas, varias chatas de Vasena marchaban en busca de materia prima hacia los depósitos. La máquinas de la planta industrial funcionaban con un pequeño número de carneros y rompehuelgas contratados para la empresa en la Asociación del Trabajo. Las chatas también eran conducidas por rompehuelgas protegidos por la policía. Al llegar a la intersección de la avenida Amancio Alcorta y la calle Pepirí, un grupo de huelguistas acompañados de mujeres y niños intentaron detenerlos en forma pacífica. Como no se detuvieron, algunos obreros comenzaron a tirarles piedras y maderas. La policía disparó sus fusiles dejando, luego de dos horas de choques, un saldo de cuatro obreros muertos y más de treinta heridos, algunos de los cuales fallecieron después.
El hecho indignó a todos los obreros metalúrgicos, y la Sociedad de Resistencia Metalúrgica (antecedente de la UOM) lanzó un paro general para todo el gremio. Los obreros marítimos, que en ese momento también estaban en huelga, apoyaron a sus compañeros metalúrgicos. Lo mismo que sectores ferroviarios, en conflicto salarial con las empresas extranjeras, los del calzado, los municipales, telegrafistas y los empleados postales. El hecho pasó casi inadvertido para la prensa, pero se había desatado el factor detonante de lo que se llamaría La Semana Trágica: la huelga general, la más importante hasta esa fecha en la Argentina. La clase obrera estaba formada por entonces en su mayoría por inmigrantes, algunos de los cuales tenían experiencia sindical y política europea, sobre todo socialista y en menor medida anarquista.
El día 8 de enero en la Cámara de Diputados el socialista Nicolás Repetto propone que en el temario de las sesiones extraordinarias se incorpore el debate sobre los sucesos del día anterior.
"Un importante barrio de la ciudad ha sido teatro ayer, señor presidente, de un episodio sangriento que debe haber producido una impresión muy desagradable, dolorosa para todos los argentinos que se interesan en el progreso real de la cultura colectiva... Los conflictos sangrientos en las huelgas se deben principalmente a estas causas: primero a la falta de serenidad por parte de la autoridad encargada de mantener el orden. Segundo, a la falta de comprensión, e impermeabilidad cerebral de algunos que se resisten obstinadamente a aceptar de una vez las buenas prácticas gremiales y obreras que ya están difundidas en el mundo todo. Y por último, a la falta de serenidad de los obreros". Pero se levanta la sesión por falta de quórum. El conflicto social, como siempre, se resolvería entonces en la calle.
El día 9 de enero, desde temprano, los huelguistas se lanzan a la calle, a los barrios y a las puertas de las principales empresas para garantizar el paro. Incitaban a los trabajadores y a los transportistas a abandonar sus puestos de trabajo. Voltearon tranvías, cortaron cables de electricidad, bloquearon la planta Vasena con barricadas en las calles San Juan, Cochabamba, Oruro, Urquiza, y La Rioja. Los comerciantes de toda la ciudad también se fueron adhiriendo, sea por apoyo a los huelguistas o por miedo a las represalias. Lo cierto es que para el mediodía la ciudad estaba totalmente paralizada.
Por otra parte, había salido desde Nueva Pompeya el cortejo fúnebre que llevaba a los abatidos del día 7. Un pequeño grupo de agitadores que los acompañaban iban robando las armerías que se encontraban a su paso, como la de Juan Picasso en San Juan al 3900. A las 17 el cortejo llegó al cementerio. Mientras hablaba uno de los gremialistas, la policía y los bomberos armados, atrincherados en los murallones del cementerio, balearon a la multitud. Cundió el pánico. Todos empezaron a correr mientras la lluvia de balas continuaba, ya que se contestó el fuego desde los huelguistas. Según la prensa oficial murieron allí doce personas, pero según un periódico obrero eran más de cincuenta, incluyendo algunas mujeres. La gente que se alejaba del cementerio comenzó a agredir en las calles a cuanto policía se les cruzaba. Decenas de tiroteos se produjeron en toda la Capital, y en Retiro fueron también baleados algunos trenes. Mientras tanto, se despertó el odio y el pánico entre los sitiadores de la fábrica Vasena al enterarse de los sucesos en el cementerio. La policía atacó con ametralladoras y fusiles Mauser a los sitiadores de la empresa, que se mostraban exasperados.
A las 19, por orden del presidente Yrigoyen, intervenía el Regimiento de Infantería. El operativo policial-militar estuvo a cargo del general Luis Dellepiane, quien indignado y envalentonado declaró:
"Habrá un escarmiento que se recordará durante los próximos cincuenta años". Lamentablemente, no estaba errado.
Por la noche seguía la violencia, y hubo nuevos enfrentamientos entre obreros y policías en varios puntos de la ciudad. La prensa oficial había registrado un saldo para ese día de cuarenta muertos, mientras que la prensa obrera registró más de cien muertos y cuatrocientos heridos. La Unión Obrera Ferroviaria también se plegaba completa al paro.
La mañana del día 10 de enero la ciudad estaba virtualmente paralizada, y había ciudades del interior del país que también se habían adherido al paro. El presidente había ordenado la distribución de 30.000 efectivos militares en toda la ciudad, como así también había solicitado la presencia urgente del señor Vasena en la Casa Rosada. Buenos Aires parecía una ciudad ocupada por fuerzas enemigas. En las esquinas, piquetes de soldados, policías y bomberos estaban listos para reprimir cualquier intento. En los barrios los transeúntes eran palpados de armas. Las calles presentaban un aspecto insólito, con varios tranvías y automóviles abandonados. Las discusiones e incidentes por obtener alimentos de primera necesidad eran comunes. La violencia seguía en toda la ciudad. El saldo de esta jornada habría sido de no menos de cincuenta muertos.
El día 11 se habían dado a conocer los resultados de las tratativas entre el gobierno, Vasena y el sindicato. La empresa había concedido a los obreros las siguientes mejoras: 8 horas de jornada laboral, un aumento que variaba según el salario entre el 20% y el 40%, aumento de las horas extras en un 50% y un 100% adicional para los que trabajaran los domingos. Sin embargo, la huelga y los tiroteos continuaban. Ese día fue el de la gran redada para los sindicalistas y dirigentes socialistas: se llegó a detener a cinco mil personas. Pero al intensificarse la represión y al carecer ya la huelga de objetivos claros, comenzó a reinar la confusión entre los obreros. La huelga para ellos ya no tenía sentido... y habían conseguido bastante. Tanto como nunca antes en toda la historia.
El 12 de enero la policía dio a conocer la noticia –completamente falsa- de que se había descubierto una célula bolchevique entre los numerosos inmigrantes rusos de la ciudad. Se allanó una casa donde habrían sorprendido a cuarenta
"miembros dirigentes del ‘primer soviet’ de la república federal de los soviéticos argentinos" (La Nación, 13/ene/1919). El periódico socialista La Vanguardia el día 14 de enero registraba un total de setecientos muertos y más de dos mil heridos, obreros, mujeres y niños, a lo largo de toda la semana. Pero ya el día 16 prácticamente la policía había puesto en libertad a la mayoría de los obreros y de a poco se volvía a la normalidad.
Durante la Semana Trágica, a la represión policial se sumó la aparición de la Liga Patriótica Argentina, una fuerza de choque juvenil de derecha que se dedicó a atacar violentamente a los sindicatos, agrupaciones de izquierda y anarquistas, y de paso, también a los judíos. La Liga Patriótica, dirigida por la elite conservadora, habría de ser en los tres años siguientes la asociación política más poderosa del país. Su crítica fundamental se dirigía a la benevolencia con que Yrigoyen trataba las luchas sindicales. A dos años de la revolución rusa, existía el temor generalizado de su posible repercusión. Esto había creado un clima de desasosiego en las clases dominantes, que en cada movimiento obrero veían una amenaza para la seguridad pública. Afirmaban que el
"maximalismo", el programa máximo de la revolución socialista soviética, pretendía apoderarse del país. Se preveía una inminente revolución mundial, que, si bien constituía un factor movilizador para los trabajadores, actuaba como revulsivo para las clases propietarias.
La fotografía muestra a los policías "en pie de guerra", fue publicada en la revista Caras y Caretas del 18 de enero de 1919. Los que apuntan son conscriptos de la escuela de tiro provistos de ametralladoras de pie, al frente de la Comisaría 24, en La Boca.
Fuente: www.agendadereflexion
Ilustración: Pablo De Bella -
www.pablodebella.com.ar
La FORA
en el movimiento obrero
Por Antonio López
1987 Centro Editor de América Latina S.A.
Biblioteca Política Argentina
PALABRAS PRELIMINARES
El movimiento obrero es el arma primordial que poseen los trabajadores para
enfrentar con posibilidades de éxito a la patronal, tratando de mejorar las
condiciones de vida en que se desenvuelven en la sociedad capitalista, ya sea
ésta con predominio del capital privado, o, con predominio del capitalismo
estatal.
Una parte del movimiento obrero, hoy ampliamente mayoritario a nivel mundial,
circunscribe su accionar a un mejoratívismo que no cuestiona la existencia de
ese sistema social —capitalismo privado o capitalismo estatal— y que, en muchos
casos, e verdaderamente al servicio de fuerzas ideológicas, de fuerzas
políticas, que lo utilizan como uno de los puntales en que se basamenta ese
sistema social de explotación.
Otra parte del movimiento obrero, proporcionalmente minúscula considerada
mundialmente, cuestiona ese sistema social de explotación, y tiende, como
aspiración finalista, a sustituirlo por otro en que la explotación del hombre
por el hombre, desaparezca. Es obvio que, si desaparece la explotación del
hombre por el hombre, su consecuencia es ni más ni menos, que un sistema social
de libres y de iguales.
Para lograr sus objetivos, ambas formas de encarar el movimiento obrero,
diferían —y difieren en la actualidad— en sus medios. Bien se ha dicho que debe
haber una correlación, una correspondencia, entre medios y fines; que estos
últimos, deben estar consustanciados con los medios que se utilicen para
conseguirlos. Es así, que toda la fracción del movimiento obrero ampliamente
mayoritaria en la actualidad, consecuente con sus propósitos meramente
mejorativistas, es decir, reformistas, utiliza medios que no contradicen esos
propósitos, esos fines. Esos medios, legalizados es decir controlados por el
Estado que ha Embretado al movimiento obrero en una maraña de leyes que lo
maniatan, es no solamente aceptado, sino fomentado por la amplia gama de
sindicalistas reformistas, que propician la intervención del Estado como
intermediario y arbitro en los conflictos entre patrones y trabajadores. En
nuestro país, es una demostración de ello, la posición que frente a la
denominada Ley de Asociaciones Profesionales, mantienen los sindicalistas de
extracciones políticas diversas: peronistas, socialistas, comunistas, etc., a
quienes por encima de sus diferencias, une la tendencia legalista, es decir,
reformista. Por el contrario, el otro sector del movimiento obrero, el de
proporciones minúsculas en la actualidad considerando todo el globo terráqueo,
basa su accionar tendiente a no detenerse en propósitos solamente
mejorativistas, pero sin descuidarlos, en lograr un cambio total en las
relaciones sociales, es decir, un cambio revolucionario, en medios que están
coherentemente relacionados con esos fines, utilizando exclusivamente, la acción
directa, que consiste esencialmente en el tratamiento directo entre patrones y
trabajadores de todos los problemas que surgen de esa relación de dependencia
que mantienen, sin aceptar bajo ninguna circunstancia la intromisión del Estado,
como intermediario o arbitro.
En nuestro país, ésta última posición, la del movimiento obrero finalista,
revolucionario, ha sido sostenida esencialmente por la Federación Obrera
Regional Argentina (FORA), y, si bien es cierto, que hoy ha dejado prácticamente
de existir, su historia, extraordinariamente rica en episodios de gran valor
para extraer enseñanzas, merece que sea conocida por los jóvenes que ignoran
casi totalmente todo lo que fue y significó el movimiento obrero argentino
anterior al peronismo. De este movimiento obrero argentino, nos vamos a referir
solamente a la organización fundamental de la parte revolucionaria, la
Federación Obrera Regional Argentina, historiando a grandes rasgos algunos
hechos y características.
Por otra parte, de autores que se han ocupado del tema, de documentos que hacen
al asunto que nos preocupa, de testimonios verbales de viejos militantes y, aún,
del conocimiento directo, se nutren las páginas que siguen.
I- FUNDACIÓN DE LA FEDERACIÓN OBRERA REGIONAL ARGENTINA
La Federación Obrera Argentina (desde 1904 Federación Obrera Regional Argentina)
fue fundada el 25 de Mayo de 1901 por un grupo de Sociedades de Resistencia, en
las que ejercían fuerte influencia trabajadores que sustentaban las ideologías
que desde los tiempos de la primera Asociación Internacional de los Trabajadores
disputaban la supremacía en el movimiento obrero. Por un lado, los bakuninistas,
o antiautoritarios, o, finalmente, anarquistas; por el otro lado, los marxistas,
o autoritarios, o, finalmente, socialistas. En la Argentina se reproduce esa
confrontación que, muchas veces adquirió tintes violentos, por más que ambas
comentes aspiraran a llegar a los mismos fines: la organización de "una sociedad
basada en los principios socialistas: en lo que sí diferían, indudablemente, era
en los medios utilizados para lograr esos fines. Los socialistas iban a la
conquista del Estado para, desde ahí, implantar el socialismo. Los anarquistas
fincaban su accionar en la destrucción del Estado por medio de la Revolución
Social, para entonces, organizar la sociedad con parámetros socialistas.
No es extraño que en la Argentina se reprodujera la controversia entre
socialistas y anarquistas, si se tiene en cuenta que los iniciadores del
movimiento obrero argentino eran, en su gran mayoría, inmigrantes europeos
(precisamente en Europa había tenido origen la controversia) que, en gran
proporción, habían adquirido esas ideas en sus países de origen.
La Federación Obrera Regional Argentina tenía lejanos antecedentes en la década
de 1870-1880, durante la cual se habían organizado algunas secciones adheridas a
la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT). Fue escaso el eco que
despertó entre los nativos del país esta inquietud que desarrolló su accionar en
algunos círculos de trabajadores extranjeros. Lo cierto es que el ensayo no tuvo
mayor trascendencia y prontamente cayó en el olvido. Donde sí tuvo algún grado
de éxito fue en la vecina orilla. En Montevideo llegó a organizarse la
Federación Regional Uruguaya, adherida a la Asociación Internacional de los
Trabajadores.
Otros antecedentes de organizaciones que sirvieron de nexo a las Sociedades de
Resistencia existentes, ya más cercanas en el tiempo, tuvieron concreción a
partir de 1890. La primera de ellas tuvo lugar en el año indicado; con el nombre
de Federación de los Trabajadores de la Región Argentina se proponía "la unión
de los obreros de esta región, para defender sus intereses morales y materiales,
y practicar la solidaridad con los hermanos de todas las regiones en lucha
contra el capital y sus monopolizadores".
En su primer Congreso de Agosto de 1891 se resuelve:
"a) Designar una comisión para formular 'un programa análogo al de los partidos
obreros europeos';
"b) Propugnar la jornada de ocho horas de trabajo y un descanso semanal de 36
horas seguidas;
"c) Considerando la propiedad individual de los medios de producción, fuente del
malestar que soporta la clase obrera, el congreso vota 'en favor de la abolición
completa de la propiedad individual, en conformidad con todos los partidos de
lodos los países' ".
Esta primera expresión del movimiento obrero organizado en el país, de franco
carácter socialista según lo atestigua lo transcripto, fue disuelta poco después
de su segundo Congreso.'
Recién en 1894 se organizó un nuevo nucleamiento de sociedades de resistencia,
la Federación Obrera Argentina. "El programa, dice Jacinto Oddone, era un largo
documento, platónico en gran parte, con reivindicaciones económicas y políticas,
semejante al de la primera Federación, que más se adaptaba para un partido
político que para una organización gremial. Por eso es que, fuera de los
delegados que lo habían sancionado, encontró una seria resistencia, al punto que
nunca fue aceptado por los gremios." (*2)
Una tercera tentativa de Federación Obrera se llevó a cabo en 1896,
proponiéndose lo siguiente:
"a) Reunir en su seno a las diversas organizaciones (sociedades de oficio) que
tengan por objeto el mejoramiento y defensa de las condiciones de trabajo por
medio de la asociación.
"b) Promover la creación de nuevas sociedades donde no existan, y auxiliarlas
para que se constituyan.
"c) Practicar debidamente el principio de solidaridad entre las organizaciones
adheridas, con arreglo a las prescripciones del presente reglamento.
"d) Mantener estrechas relaciones con los organismos obreros de los demás países
que persigan el mismo fin que esta Federación y practicar con ellas del mismo
modo, siempre que sea posible, el principio de solidaridad.
"e) Recabar de los poderes públicos leyes que favorezcan los intereses del
trabajo, tales como la jornada de ocho horas, fijación de un salario mínimo,
igualdad del salario para los obreros de uno y otro sexo, etc.
"f) Fuera de este objeto y de lo que con él tenga relación directa, la
Federación no defiende principios económicos determinados, no pertenece a ningún
partido político, no profesa ninguna religión, y no conoce distinciones de raza
o nacionalidad. Sus miembros son libres personalmente de defender y propagar las
opiniones que consideren más acertadas independiente del de la organización."
(*3)
Antes de finalizar 1897 se había diluido esta tercera tentativa de organizar una
Federación Obrera en la Argentina.
Por último, para finalizar la mención de las tentativas de organización que
precedieron a la Federación Obrera Regional Argentina, tenemos que referirnos a
una iniciativa del Partido Socialista para dar vida a la Federación general de
Organizaciones Obreras de Buenos Aires, que tuvo efecto en 1900. Las
aspiraciones de la flamante Federación eran las siguientes:
"a) La reglamentación de la jornada de trabajo para los adultos, mujeres y
niños;
"b) Una Ley que instituya el descanso dominical;
"c) La abolición del trabajo a destajo;
"d) Leyes que responsabilicen a los patronos por los accidentes de trabajo;
"e) Una ley creando tribunales arbitrales, formados por patronos y obreros, para
dirimir las diferencias que se produjesen entre unos y otros;
"f) Higienización de las habitaciones obreras;
"g) Concesión de pensiones y subsidios a los obreros ancianos y a los inválidos
del trabajo." (*4)
Para lograr esos propósitos haría "peticiones a los poderes públicos nacionales,
provinciales y municipales, y si no obtuviera satisfacción a sus pedidos",
emplearía 'los medios que dentro del orden estén a su alcance para llegar a la
conquista de sus aspiraciones". (*5)
Fracasadas estas tentativas de organización de una Federación Obrera, no se
perdieron esos propósitos ya que, como dejamos dicho, el 25 de Mayo de 1901, se
realizó el Congreso fundador de la Federación Obrera Argentina que sí perduraría
en el tiempo y dejaría honda huella en las luchas sociales de la Argentina en
las primeras décadas de este siglo.
Sentadas las bases fundadoras de la nueva Federación (Anexo Documental N° 1),
(*6) desde un principio se puso de manifiesto la supremacía "de los anarquistas
sobre los socialistas que habían participado en su constitución, produciéndose
ya en el segundo Congreso celebrado en 1902, el retiro de estos últimos que
organizaron una nueva central obrera: la Unión General de Trabajadores (UGT).
Desde el mismo instante de la separación de anarquistas y socialistas en dos
organizaciones distintas, se realizaron variados intentos de unificación que
finalizaron en continuos fracasos, hasta que, varios años más tarde, cuando ya
la Unión General de Trabajadores había desaparecido dando paso a la
Confederación Obrera Regional Argentina (CORA), con predominancia en ese
entonces de los llamados sindicalistas puros en detrimento de los socialistas,
esa inquietud unificadora fructificó al disolverse la CORA e ingresar
masivamente sus Sociedades de Resistencia en la Federación Obrera Regional
Argentina.
Como decíamos, en La FORA tuvieron especial predicamento los anarquistas, que
superando opuestos puntos de vista entre sus propios partidarios —los había
refractarios a toda organización, a los cuales se denominaba antiorganizadores—
pusieron especial énfasis en ese frente de actuación que, debido a esa
circunstancia, adquirió relevante importancia a través de varias décadas,
constituyéndose en el principal campo de propagación de sus ideas
revolucionarias.
En ese sentido, en el sentido de sus ideas revolucionarias, la FORA puede
considerarse sin lugar a dudas, como la heredera de la Primera Internacional, en
especial modo de su Federación Regional Española. Tanto es así, que puede menos
que convenirse, en la identidad de ideas que representa la resolución redactada
por el famoso revolucionario ruso Miguel Bakunin y aprobada por el Congreso de
Saint Imier (Anexo N 3), realizado en Setiembre de 1872 por secciones
antiautoritarias de la Asociación Internacional de Trabajadores que se habían
alzado contra la autoridad del Consejo General y desconocían lo que la mayoría
amañada por los marxistas había aprobado en el reciente Congreso de La Haya, con
la recomendación finalista del comunismo anárquico aprobada por el 5° Congreso
de la FORA llevado a cabo en 1905. (Anexo N° 4.)
El Congreso de Saint Imier significó prácticamente el comienzo del anarquismo
como movimiento organizado, ya que anteriormente su actuación había sido la de
integrante junto con otras corrientes socialistas, de una misma organización.
Esto no dejó de tener vigencia sino en una forma algo gradual, pero, desde el
Congreso referido la diferenciación se fue acentuando cada vez más hasta
culminar en la separación definitiva.
Para certificar la importancia del Congreso de Saint Imier y la influencia que
adquirió para la difusión de las ideas y la organización anarquistas, insertamos
dos dictámenes aprobados en el mismo sobre los temas, "Pacto de Admistad,
Solidaridad y Defensa Mutua" (Anexo N° 2), y, "De la organización del trabajo"
(Anexo N8 5).
En el 4a Congreso de la FORA se aprobaron las bases fundamentales de su
organización y de sus medios de lucha: El Pacto de Solidaridad (Anexo N° 6). El
"Sistema de Organización" (Anexo N° 7) y "Declaración de Principios" (Anexo N°
8). Si cotejamos esos documentos básales con los que regían la vida orgánica de
la Federación Regional Española de la Asociación Internacional de los
Trabajadores (Anexo N°9), veremos las similitudes existentes incluso en la
terminología empleada; obsérvese por ejemplo que las sociedades constituidas se
denominaban Sociedades de Resistencia a pesar de que cuando se fundó la FORA, el
sindicalismo ya estaba en pleno auge en Francia y otros países de Europa. Claro
está que no faltaban las diferencias entre ambas organizaciones, mientras los
anarquistas españoles de la primera hora se aglutinaban en la clandestina
Alianza de la Democracia Socialista (Anexos N5 10 y 11) con el objeto de influir
en la Federación Regional Española, en la Argentina los anarquistas que
militaban en la FORA combatían a través del tiempo —como veremos más adelante—
porque en la época en que ya la FORA llevaba largos años de actividad y en
España la Confederación Nacional del Trabajo era la organización sindical
orientada por los anarcosindicalistas, se fundó en 1927 la Federación Anarquista
Ibérica con idénticos objetivos que la antigua Alianza de la Democracia
Socialista.
Hay que apuntar que el sistema de organización aprobado en el 49 Congreso de la
FORA, no se puso en práctica en todos sus términos, ya que la constitución de
las Federaciones de Oficio y las Federaciones de Oficios similares no fueron
aprobadas en nombre de salvaguardar los principios federalistas, salvo en los
casos de los obreros portuarios y de los obreros ferroviarios que, por breve
tiempo, fueron autorizados a funcionar como Federaciones de Oficios. (Anexos N8
97-98-121-125-133.)
El funcionamiento del Consejo Federal muchas veces excedió el marco que lo
fijaba al sistema de organización aprobado —"Centro de Correspondencia de toda
la República, el intermediario entre todas las sociedades y federaciones"—
(Anexo N° 7), lo que dio pie para no pocas disputas y reyertas que tuvieron viva
incidencia en las divisiones que se produjeron, a las que nos referiremos más
adelante.
II- RESOLUCIONES DE CONGRESOS Y REUNIONES REGIONALES DE DELEGADOS
A través de su existencia, la FORA realizó 11 Congresos ordinarios —no se
incluye el 9* Congreso de 1915, luego desconocido aunque sus resoluciones están
transcriptas en el Anexo Documental—, 2 Congresos Extraordinarios y no menos de
10 Reuniones Regionales de Delegados. Repasando suscintamente los acuerdos
adoptados, podremos colegir cuáles eran las inquietudes que preocupaban a los
trabajadores y a los militantes, más activos en cada momento. Esas inquietudes
en muchos temas se reiteraban continuamente: otras veces aparecen nuevos
planteos ante problemas también nuevos. Asimismo permiten apreciar, que en
muchos aspectos fueron precursores en el planteo y aporte de soluciones que,
posteriormente, tuvieron vigencia a través de la legislación laboral.
"Legislación laboral.
'Desde principios de siglo hasta ahora muchos son los cambios que se han
sucedido en las condiciones de trabajo. Las organizaciones obreras, de todas las
ideologías que. se disputaron el control del movimiento obrero, influyeron
decisivamente para que las condiciones infrahumanas imperantes en aquellos años
se fueran morigerando paulatinamente, logrando condiciones más humanas tanto en
lo que respecta a la duración de la jornada de trabajo —variaban entre 9 y 14
horas diarias—(*7), como en el nivel de los salarios que aproximadamente iban de
$1 a $4 diarios para los hombres y de $0.80 a $3 para las mujeres, según los
gremios y la categoría profesional (*8). Los salarios no les alcanzaban —salvo
en las categorías más privilegiadas— para solventar los gastos mensuales de
comida, vestido, transporte y alquiler que eran muy caros para el nivel medio de
ingresos que tenían los trabajadores. A las condiciones de extrema explotación
que padecían en sus ocupaciones, se sumaba el tener que habitar en conventillos
que habían proliferado en una ciudad cada vez más grande. Los conventillos
aunaban al hacinamiento más promiscuo, la casi total falta de las más
elementales condiciones de higiene. Así los describe un socialista que fue
militante sindical de la primera hora:
"Imaginemos un terreno de 10 a 15 metros de frente (los hay que sólo tienen de 6
a 8) para 50 a 60 de fondo; algo que se asemeja a un edificio, por su parte
exterior, o casa de miserable aspecto: generalmente un zaguán cuyas paredes no
pueden ser más mugrientas, al final del cual una pared de dos metros de altura
impide que el transeúnte se aperciba de las delicias del interior. Franquead el
zaguán, y veréis dos largas filas de habitaciones, en el centro de aquel patio
cruzado por sogas en todas direcciones, una mugrienta escalera de madera pone en
comunicación con la parte alta del edificio. El conjunto de piezas, más bien que
asemejarse a habitaciones, cualquiera diría que son palomares; al lado de la
puerta de cada cuarto, amontonados en completo desorden, cajones que hacen las
veces de cocina, tinas de lavar, receptáculos de basuras, en fin, todos los
enseres indispensables de una familia, que por lo reducido de la habitación
forzosamente tienen que quedar a la intemperie. En la parte alta del conventillo
la estrechez es mayor, pues no teniendo los corredores más que un metro o metro
y medio de ancho, apenas queda espacio para poder pasar.
"Las habitaciones son generalmente de 3 por 4 metros de altura, excelentes
piezas, cuando llegan a tener una superficie de 4 por 5. Esas celdas son
ocupadas por familias obreras, la mayoría con 3, 4, 5 y hasta 6 hijos, cuando no
por 3ó4 hombres solos. Adornan estas habitaciones dos o tres camas de hierro o
simples catres, una mesa de pino, algunas sillas de paja, un baúl medio
carcomido, un cajón que hace las veces de aparador, una máquina de coser, lodo
hacinado para dejar un pequeño espacio donde poder pasar las paredes, que piden
a gritos una mano de blanqueo, engalanadas con imágenes de madonas o estampas de
reyes, generales o caudillos populares, tales son, en cuatro pinceladas, los
tugurios que habitan las familias de obreras en Buenos Aires, los que a la vez
sirven de dormitorio, sala, comedor y taller de sus moradores.
"Pocos son los conventillos donde se albergan menos de 150 personas. Todos son,
a su vez, focos de infección, verdaderos infiernos, pues el ejército de
chiquillos, en eterna algarabía, no cesa en su gritería, mientras los más
pequeñuelos, semidesnudos y harapientos, cruzan gateando por el patio recogiendo
y llevando a sus bocas cuanto residuo hallan a mano; los mayorcitos saltan,
gritan y brincan, produciendo desde las 7 de la mañana hasta las 9 de la noche
un bullicio insoportable".(*9)
La FORA desde el primer momento se ocupó de esta situación lamentable tratando
de ponerle coto. Fueron múltiples los conflictos que se fueron sucediendo
planteados por las organizaciones foristas que siempre consideraron que las
conquistas que se lograban no significaban la finalización de la explotación a
que eran sometidos los trabajadores, explotación que solamente tendría su fin
con la Revolución Social expropiadora y la consiguiente emancipación que se
buscaba, asimismo creían que esas conquistas solamente podrían mantenerse por la
fuerza de la organización obrera y no mediante leyes que sancionara el Estado,
cuya finalidad era el quitarle a los trabajadores y a sus organizaciones
sindicales motivos para una acción reivindicativa de carácter ilegal y en muchos
casos revolucionaria.
"En todos sus Congresos y Reuniones Regionales de Delegados, la central obrera
orientada por los anarquistas, se ocupó de diversos aspectos relacionados con lo
que venimos apuntando; pruebas de ello aportamos en los puntos del Anexo
Documental números 12, 13, 20, 21, 25, 32, 44, 51, 57, 59, 61, 66, 89, 90, 95,
97, 178 y 192.
Los alquileres
Ya hemos apuntado que los alquileres que se cobraban en Buenos Aires eran muy
caros teniendo en cuenta la escasa capacidad de los bajos salarios que se
pagaban. Esta situación trajo como consecuencia que se plantearan continuamente
problemas que finalizaban en muchas ocasiones con el desalojo de los que no
podían pagarlos. Los dueños de los conventillos habían encontrado un verdadero
filón para obtener rápidas y pingües ganancias. Como no podía ser menos, los
militantes foristas que padecían a la par de todos los demás inquilinos las
consecuencias de tal situación, encararon ese problema en varios de sus
congresos (Anexo N9 14 y 46) en procura de una rebaja de los mismos.
La agitación producida en los inquilinatos por las condiciones deplorables de
habitabilidad, los altos alquileres y el despótico trato que les dispensaban los
dueños y los encargados que ellos designaban, hizo eclosión en 1907, cuando a
raíz de "un fuerte aumento de los impuestos municipales y territoriales, que los
propietarios de las casas de inquilinato trasladaron de inmediato a los
alquileres" fue que "La Liga de inquilinos sugirió a los locatarios que no se
pagaran los arriendos hasta tanto no se suprimiera el aumento".(*10)
La sugerencia tuvo amplia aceptación, dejando de pagarse el alquiler en
numerosos conventillos de la Capital, algunos pueblos circunvecinos y, aun,
ciudades del interior.
Los participantes de tan singular movimiento huelguístico, se organizaron para
poder enfrentar a los dueños de los conventillos y a la policía que —como es
natural— volcó su acción en favor de éstos. La organización de los huelguistas
tuvo un amplio carácter horizontal, carácter al que no fueron ajenos los
anarquistas que participaron activamente en el mismo.
Otro elemento que hay que tener en cuenta, es la participación activa de
numerosas mujeres en el movimiento; téngase en cuenta que eran ellas las que más
sufrían las deplorables condiciones de los conventillos, ya que mientras los
hombres pasaban muchas horas en sus trabajos y aún en otras actividades, las
mujeres transcurrían todo el tiempo en ese ámbito que tan vividamente describió
Adrián Patroni.
"Hacia fines de Setiembre comenzaron a producirse los primeros desalojos. Los
inquilinos a veces podían demostrar enfermedad de algunos de los posibles
damnificados, y entonces evitaban el desalojo, pero cuando no había enfermos
iban a dar con sus trastos a la calle o al patio del conventillo, aunque muchos
eran recibidos -por sus propios vecinos en actos de solidaridad que se
multiplicaban a medida que avanzó el conflicto.
"El anarquismo propuso que los locatarios desalojados por la justicia acamparan
en las plazas públicas y para tal efecto la Sociedad de Resistencia de
Conductores de Carros —miembro de la FORA— estableció que carros y carreros se
pusieran a disposición de los huelguistas. Esta medida fue duramente criticada
por el Partido Socialista —enfrentado tácitamente con el anarquismo— que si bien
apoyó a los inquilinos, consideró el conflicto como un contrasentido, pues los
consumidores no podían ni debían hacer huelgas que solo eran viables en el campo
de la producción. La alternativa ofrecida por los seguidores de J. B. Justo se
basaba en la asociación de los trabajadores en las cooperativas de edificación,
donde a través del ahorro los asociados accederían a viviendas modestas, pero
dignas.
"Las autoridades encontraron una enconada oposición en los inquilinos que
comenzaron a resistir las decisiones judiciales. Caseros, propietarios y
oficiales de justicia eran enfrentados por los locatarios, razón por la cual se
apeló a la policía y al cuerpo de bomberos para efec-tivizar los desalojos. No
obstante, un sinnúmero de conventillos no acataron las órdenes de las fuerzas de
represión y resistieron atrincherados dentro de la casa, cerrando los portones
de entrada y utilizando como armas defensivas escobas, piedras, maderas y
calderos con agua hirviendo que amenazaban volcar sobre las autoridades."(*11)
Para fines del año el movimiento decayó; las prisiones, deportaciones, en
especial modo de anarquistas que habían activado, etc., tuvieron finalmente el
efecto deseado por los propietarios y las autoridades. No se modificaron las
condiciones de la vivienda y de los alquileres sino muy parcialmente, pero el
movimiento quedó como una demostración insólita por lo inédita, y, como un
camino que posteriormente dejó de transitarse y no fue resuelto jamás.
Escuelas libres
La enseñanza fue otro de, los temas que reiteradamente se plantearon en la FORA.
Fundada en los años en que Francisco Ferrer Guardia realizaba en Barcelona,
España, la experiencia renovadora que significaba la enseñanza racionalista que
impartía la Escuela Moderna por él organizada.
Piénsese en que, por ese entonces, la Iglesia dominaba con su prédica
oscurantista, la labor educativa y, Ferrer, con su nuevo método, la puso en una
situación de franco entredicho. No podía quedar impune el atrevimiento del
educador que revolucionaba el sistema imperante, y, la Iglesia con su aliado,
'el Estado, se cobró tamaña osadía segando con un burdo pretexto, la vida de
quien así los desafiaba.
Ferrer fue fusilado en Montjuich en 1909, pero su obra quedó y fue reivindicada
por quienes fueron sus sucesores. En la Argentina, los anarquistas en general, y
la FORA en particular, procuraron —con escasos medios— difundir la enseñanza
libre mediante la creación de escuelas, bibliotecas, etc. Prácticamente no había
Sociedad de Resistencia que no estuviera dotada de una modesta biblioteca,
colocada a disposición de sus asociados, para aficionarlos a la buena lectura y
a incrementar sus conocimientos.
Los Congresos y Reuniones Regionales de la FORA, se ocuparon recurrentemente de
este tema (Anexo: N° 22, 24, 34, 38, 45, 88). No puedo dejar de mencionar que el
lema "libertad por la educación" que figura en el dictamen aprobado por el
tercer Congreso de la FORA, fue rescatado más de 50 años después, por el
compañero Profesor Guillermo Savloff, que organizó la Asociación de Educación
libre (ADEL) que funcionó en sus comienzos en la Biblioteca Popular José
Ingenieros y luego en otros locales. El Profesor Savloff fue una de las víctimas
de la despiadada represión desatada en la Argentina en la década del 70: su
cuerpo apareció acribillado a balazos a fines de Enero de 1976.
La mujer
Los movimientos feministas buscan generalmente reivindicar a la mujer en su
carácter de víctima de la dominación del hombre. Este planteo muchas veces
adolece de falta de profundidad; los anarquistas sostenemos que, además de ser
dominadas por el hombre, la mujer es una víctima a la par de aquél, del sistema
social imperante basado en la explotación del hombre por el hombre. Consideramos
que ambos —hombre y mujer— deben marchar unidos para luchar por la desaparición
de ese sistema, y la concreción de otro sistema social igualitario en que
desaparezcan todas las desigualdades y, el hombre y la mujer mancomunados se
emancipen de todas las dominaciones. En el Anexo Documental (Ns 23, 30, 71)
queda el testimonio de que está situación también fue considerada en las
instancias máximas que significaban los Congresos de la FORA. Entre sus
militantes hubo un pequeño número de mujeres que realizaron una activa labor por
la concreción de esos objetivos que esbozamos escuetamente.
Los rentados
Las antiguas Sociedades de Resistencia, primeras organizaciones profesionales
que formó el proletariado del país, se sostenían gracias al esfuerzo de pequeños
núcleos que estaban poseídos por la mística de la militancia. Su actividad y
entusiasmo abrieron brecha en la cerrada caparazón que oponía la ignorancia de
los trabajadores; éstos se afiliaban impelidos por la necesidad de obtener
mediante ese expediente mejoras en su triste condición de asalariados sometidos
al capricho del patrón y del capataz. La relación que existía entre el militante
activo —base de sustentación de organización— y el simplemente afiliado que no
cumplía tareas de responsabilidad, era directa, puesto que aquéllos
desarrollaban su labor sindical luego de trabajar, a la par de los demás, en la
fábrica o en el taller y sin percibir ninguna retribución por ello. La evolución
extraordinaria que en lo cuantitativo ha alcanzado el movimiento sindical
modificó sustancialmente el panorama referido; de organizaciones minoritarias,
vistas con respecto a la cantidad de trabajadores de cada gremio, han pasado a
ser mayoritarias y las relaciones que mantienen los trabajadores con su
sindicato —salvo excepciones, tanto individuales como de sindicatos,
confirmatorias de la regla— se pueden clasificar de acuerdo a su situación
dentro de él, en tres grupos: dirigentes, delegados y comisiones internas, y
afiliados.
Los dirigentes en su mayoría están embanderados ideológicamente y en su
generalidad configuran una casta que toma decisiones de por sí sin consultar a
la masa de afiliados. Los anteproyectos de convenio, aumentos de cuotas, destino
de fondos sindicales, etc., son dispuestos por ellos, contando a lo sumo con la
aprobación de congresos de delegados proclives a aceptar todo lo que quieren y
que a su vez no consultan a los afiliados de base.
El movimiento sindical es hoy un importante grupo de presión y su manejo
significa tener en las manos un elemento de fuerza de primer orden. Muchos
integrantes de este núcleo se sirven del sindicalismo como trampolín para
incursionar en la política; otros, más modestos, se conforman con formar parte
de la burocracia rentada que es mantenida por los sindicatos, convirtiéndose en
rutinarios funcionarios durante un tiempo bastante prolongado que generalmente
dura hasta que por alguna circunstancia son desplazados por otros en las mismas
condiciones.
Las comisiones internas y delegados nutren el grupo dirigente, su actividad
consiste en encarar la solución de los problemas —generalmente pequeños— que
surgen en cada lugar de trabajo o en su defecto llevarlos a la instancia
superior del sindicato, y en hacer de portadores de las órdenes del grupo
dirigente a los afiliados. En las grandes y aún medianas empresas constituyen un
grupo rentado —la patronal les paga los salarios o sueldos aunque no cumplan
tareas laborales sino en algunos casos y en mínima medida— y cuentan incluso con
oficinas o sitios especiales destinados a la atención de sus actividades. Lo
mismo que en el grupo dirigente, se perpetúan en sus cargos, constituyendo una
casta de funcionarios colocada inmediatamente debajo de aquélla.
La FORA expuso su opinión sobre los rentados —lejano antecedente de la
burocracia actual— en resoluciones que llevan los números 52 y 102 del Anexo
Documental.
Antipatriotismo y antimilitarismo
El ideal anarquista es universalista. Aún reconociendo en el amor al terruño un
sentimiento natural y ponderable, sostiene que se deben borrar las fronteras que
dividen artificialmente a la humanidad en enemigos unos de otros por el solo
hecho de haber nacido en diferentes lugares del planeta. El patriotismo es el
sentimiento natural de amor al terruño exacerbado por una educación al servicio
de la casta dominante. El hombre en todos los confines de la tierra, es
constantemente machacado con una propaganda destinada a demostrar las virtudes
de cada patria en particular en detrimento de todas las demás.
Este patriotismo desemboca naturalmente en un militarismo que, cada vez más,
escapa a los límites de encarar la guerra entre naciones —que llevaron a las
hecatombes mundiales a este siglo— para desbordar como consecuencia de su
naturaleza intrínseca, y se convierte en enemigo de su propio pueblo, al que
aplica el más abominable terrorismo de Estado. La historia de la humanidad está
plagada de ejemplos que aseveran este aserto, corroborado en los últimos años
principalmente en América Latina y, especialmente en la Argentina, donde se
mantienen abiertas las cicatrices causadas por un genocidio fríamente planeado y
sistemáticamente ejecutado por las Fuerzas Armadas.
No queremos abundar en lo que está en conocimiento de todos, pero sí, deseamos
destacar que esta situación ha sido vislumbrada certeramente desde la primera
hora por los anarquistas, y, siendo la FORA una organización obrera orientada
por anarquistas, no podía faltar su profesión de fe antipatriótica y
antimilitarista, condenando la división del mundo en compartimientos estancos
que traen como consecuencia el crimen de la guerra. (Anexo Documental N9 16, 35,
49, 67, 83, 84, 158)
Solidaridad
Otro campo en el que la FORA manifestó constantemente su preocupación y su
solidaridad, fue en el caso de movimientos revolucionarios que tuvieron lugar en
diversas partes del mundo y que, por lo menos en sus comienzos, demostraron
propósitos emancipadores, y, con motivo de represiones desatadas en otros
países. No faltaron, asimismo, expresiones solidarias en casos desarrollados en
el país, pero, de algunos de ellos, nos ocuparemos aunque sea brevemente, más
adelante.
En el caso de tratarse de movimientos revolucionarios, se destacaron
singularmente la revolución rusa y la revolución española. En el primer caso,
las esperanzas que trajo aparejado el acontecimiento revolucionario con su
secuela de hechos heroicos protagonizados por trabajadores del campo y las
ciudades de la lejana Rusia, encontraron a la FORA en un momento de ascenso del
fervor de los trabajadores argentinos, que comenzaron a engrosar las
organizaciones obreras en forma masiva, movilizados por la creencia de obtener
de esa manera mejorar las condiciones en que desenvolvían su trabajo, y,
especialmente a raíz de los hechos revolucionarios rusos, en que estallara la
revolución social emancipadora que los redimiera de la triste condición de
explotados. Cuando los bolcheviques se apoderaron del control de la revolución,
maniatando a los soviets de obreros, campesinos y soldados y desataron una feroz
represión contra los revolucionarios de otras tendencias, entre ellos los
anarquistas, la confusión en las filas del . proletariado revolucionario se
generalizó en todo el mundo. La Argentina no fue una excepción en este cuadro de
confusión que se apoderó incluso de algunos militantes que ocupaban cargos de
responsabilidad en la central obrera revolucionaria. La reacción de la mayor
parte de la militancia, prontamente encauzó la situación con medidas drásticas
que cortaron de cuajo la parte que había perdido el rumbo, obnubilada por el
espejismo que provenía del ex-imperio zarista.
En lo que se refiere a la revolución social desencadenada en España para
contrarrestar el golpe fascista encabezado por el general Franco, encontró a la
FORA en un período de franca decadencia que continuaría sin solución de
continuidad.
Téngase en cuenta, para tener una idea cabal de la influencia de los
acontecimientos revolucionarios de la Península Ibérica que, como ya dejamos
dicho, la FORA era, en una gran medida, la heredera de los postulados sostenidos
por la Federación Regional Española de la Asociación Internacional de tos
Trabajadores. El cimbronazo que causó en la Argentina el hecho revolucionario
español, en especial modo la actuación de los anarquistas nucleados en la
Confederación Nacional del Trabajo (CNT), la Federación Anarquista Ibérica (FAI)
y las Juventudes Libertarias, fue muy considerable. No faltaron expresiones
diversas en tomo a la actuación de los anarquistas españoles, singularmente la
incorporación al gobierno de la Generalidad Catalana primero, y al gobierno
central de la República, luego. Esta posición que contravenía todo lo que el
movimiento anarquista mundial había sostenido hasta entonces, aún hoy, cincuenta
años después, es motivo de controversias; hay quienes comprenden y hasta
justifican la posición de la máxima dirigencia del anarquismo español, en las
circunstancias excepcionales que tuvieron que afrontar tanto en lo interno como
en lo externo; otros, sostienen que hubiera sido más fructífero para las ideas
anarquistas si se hubieran mantenido dentro de los principios que son sustancia
primordial y razón de ser del movimiento que las sustenta. La FORA, tomó
acuerdos al respecto, adoptando esta última posición: expresó su total
solidaridad con el hecho revolucionario y la tarea de reconstrucción social
impulsada por el pueblo español y la militancia de base de tas organizaciones
revolucionarias, y condenó, al mismo tiempo, las desviaciones ideológicas de los
responsables de los órganos de conducción de las organizaciones anarquistas.
En lo que respecta a las represiones desatadas en diversos países, la FORA las
condenó repetidas veces, sin hacer discriminaciones, cualquiera fuera la
ideología que gobernara el país represor. (Anexo Ns 55, 116, 117, 127, 130, 136,
150, 154, 164, 165, 166.)
Contra las leyes represivas y en solidaridad con los presos y perseguidos
sociales
Preocupación permanente en la FORA fue la lucha contra las leyes represivas —Ley
de Defensa Social (Anexo N° 84); Ley de Residencia (que veremos en capítulo
aparte), o, que coartaban la libertad sindical como la Ley Nacional del Trabajo
(Anexo N9 28, 37); y, la Ley de Asociaciones Profesionales (Anexo N* 189).
La solidaridad con los presos y perseguidos sociales, tuvo expresión concreta
especialmente al darse vida al Comité Pro-Presos y Deportados (Anexo Na 147) con
la misma finalidad de darle mayor organicidad a la ayuda solidaria y procurar a
quienes estaban o llegaran a estar en esa situación, asesoramiento judicial.
Este aspecto de la solidaridad conviene destacarlo especialmente, ya que
siempre, bajo cualquier circunstancia, se manifestó en toda su dimensión; a
pesar de las diferencias de criterio sobre múltiples aspectos del quehacer
militante, diferencias que muchas veces adquieren aristas muy virulentas, pero,
para ayudar a los presos y perseguidos, esas diferencias se dejaban de lado y el
aporte solidario completamente desinteresado nunca se retaceó.
Inmigración y desocupación
Ha recrudecido en los últimos años, con especial incidencia en países de Europa,
relacionar íntimamente el problema de la desocupación con los trabajadores
inmigrados. Los trabajadores nativos solicitan a menudo la adopción de medidas
para evitar la inmigración, e incluso, contra los extranjeros ya residentes,
responsabilizándolos de este modo de la falta de trabajo y la consecuente
desocupación que padecen ellos mismos.
La FORA, consecuente con su credo internacionalista, en circunstancias
similares, procedió distintamente, procurando que los inmigrantes potenciales
conocieran la situación imperante en el país, antes de que salieran de sus
países de origen, pero oponiéndose a una limitación de la inmigración. (Anexo N8
80, 85, 136, 143.)
Otras resoluciones
La FORA se pronunció contra el proteccionismo a la industria local (Anexo N°
77).
En favor del Incremento de la maquinaria (Anexo N° 29) puesta al servicio de los
productores por la expropiación de los instrumentos de producción.
Abogó por la toma de Posesión de los medios de producción como táctica de lucha
(Anexo N° 89).
Propugnó —adelantándose a los tiempos— la abolición de la Propina por
perjudicial y denigrante. (Anexo N° 44.)
Estudió la forma de impedir los Aumentos de los precios a causa de las huelgas.
(Anexo N° 50.)
Defendió la institución de un Salario mínimo. (Anexo N°89)
Organización y reorganización
Una preocupación constante entre la militancia de la FORA era, lógicamente, la
organización del proletariado dentro de sus filas. Tratándose la FORA de una
organización siempre dispuesta a jugarse en defensa de los trabajadores y de sus
conquistas, los altibajos en la cantidad de sus afiliados eran muy frecuentes; a
etapas de auge, sucedían lapsos de retroceso en su caudal numérico. Esto fue así
en las primeras décadas de su combativa existencia, pero, es evidente, que a
partir del golpe de estado del Teniente General Uriburu, el 6 de Setiembre de
1930, el retroceso fue constante y con visos de incontenible, ya que a ese
retroceso, esa caída, no le sucedió el período de recuperar fuerzas como ocurría
anteriormente.
Desde entonces en todas las circunstancias en que se reunían los militantes de
la FORA, ya fueran reuniones regionales o circunscriptas a la Capital y pueblos
circunvecinos, donde la organización aunque muy disminuida en sus efectivos, se
mantuvo durante más tiempo, se planteaba el problema de la reorganización de la
FORA. (Anexo N° 140, 149, 159, 169, 182, 191, 201, 203), enunciando planes que
casi nunca se llevaban a la práctica, a veces por falta de medios, otras por la
represión, o por ese constante disminuir de la FORA como movimiento obrero
representativo de la voluntad de los trabajadores; o por todos los motivos
juntos, y aún otros que dejamos de mencionar.
La aparición de Organización Obrera como órgano de la Federación, se consideró
de primordial importancia especialmente después que La Protesta dejó de ser
órgano oficioso— para lograr esa ansiada reorganización, tratándose
reiteradamente en las Reuniones Regionales (Anexo 145, 151, 170, 192) con la
misma suerte que el tema de la reorganización en general, casi nunca se llevaban
a la práctica.
En los últimos tiempos se plantearon y resolvieron favorablemente, algunos temas
que dejaban entrever un cambio en la visión restrictiva que se tenía sobre
ciertos problemas que en la FORA eran considerados prácticamente tabúes, y los
militantes que los ponían sobre el tapete corrían el riesgo de ser motejados de
reformistas y camaleones.
Una simple enumeración de estos acuerdos que, como es reiterativo consignarlo,
no se llevaron a su concreción en hechos, sería la siguiente:
La constitución de un Centro de Investigaciones e Informaciones para todo lo
concerniente a problemas sociológicos, económicos y científicos. (Anexo N° 186.)
La formación de Grupos íntersindicales en los gremios que estuvieran fuera de la
FORA. (Anexo N5 191.)
Ampliación del sistema de organización aceptando la coexistencia de sindicatos
por oficio y por industria.(Anexo N°193)
La conformidad con la organización de sistemas mutuales o Cajas Solidarias.
(Anexo N° 185, 194.)
Considerar la implementación de un sistema de ayuda a ¡os compañeros de avanzada
edad.(Anexo N° 205.)
III - MEDIOS DE LUCHA
La FORA, los anarquistas que militaban en ella, para concretar el proyecto de
cambio social que preconizaba en su Declaración de Principios y, especialmente,
en la resolución, del 58 Congreso recomendando el comunismo anárquico, y en la
solución de los conflictos que se planteaban entre trabajadores y capitalistas,
contaban con que los trabajadores organizados en sus sindicatos —o sociedades de
resistencia, según la denominación que utilizaban— aplicaran exclusivamente como
método de lucha, la Acción Directa; es decir el trato directo con el patrón, con
el capitalista, sin la intervención del Estado como mediador o arbitro de las
diferencias que se hubieran suscitado.
La Acción Directa, en esencia, significa precisamente eso: gestión directa de
los trabajadores, a través de la organización obrera, con sus patrones sin
intervención del Estado; sin que ello implique necesariamente que se recurra a
medidas de fuerza cuando ellas no son necesarias. Por el contrario, la
utilización de medidas de fuerza no significa necesariamente —como parece
entenderse erróneamente ahora— que se esté aplicando la Acción Directa cuando,
corno ocurre frecuentemente, se acepta y aún se solicita la intervención del
Estado por medio de su Ministerio de Trabajo y, aún a veces, la de la misma
Iglesia, para encontrar una solución a los conflictos planteados. Esto último,
la aplicación de medidas de fuerza y la aceptación de la mediación y el
arbitraje del Estado, es lo que se conocía en los primeros tiempos del
sindicalismo, como "Acción a Base Múltiple", que utilizaban las organizaciones
obreras que eran consideradas por los anarquistas de "amarillas' y sus
militantes motejados de "camaleones".
Es en este contexto que Acción Directa, que la FORA entendía el empleo de las
huelgas, el boicot, el sabotaje y el label, sobre los cuales nos extenderemos
brevemente.
La huelga
La huelga es el medio de lucha por excelencia que los trabajadores poseen para
mejorar su situación. Se concreta cuando los trabajadores deciden dejar de
producir como medio de presión para obtener mejoras tanto materiales como
morales, o, para protestar o evitar represiones patronales o estatales, etc.; se
basa fundamentalmente en la convicción de que la' unión obrera, al abstenerse de
efectuar sus labores, tiene el poder de doblegar a los patrones, sean privados o
estatales.
La huelga puede ser parcial, por ser particular de un lugar determinado de
trabajo; o, asimismo parcial, cuando involucra a una parte de un gremio; puede
.ser general por un lapso determinado, o puede ser general por tiempo
indeterminado. Estas huelgas o paros generales pueden abarcar un solo gremio, un
conjunto de gremios, una localidad, grupo de localidades, una provincia, o todo
un país.
La FORA puso en práctica esa arma de lucha en innúmeras ocasiones; es imposible
tener una idea ni siquiera aproximada de su cantidad; de la mayoría de las veces
que se utilizó, seguramente se han perdido todos los rastros, solamente de una
mínima parte de ellas se conservan testimonios documentales de gran valor;
viejos militantes atesoran en su memoria los pormenores de algunos. Al pasar,
recordamos huelgas generales declaradas por la FORA, generalmente para protestar
por represiones policiales como la matanza de la Plaza Lorea en 1909; contra
leyes que cercenaban libertades o conquistas obtenidas, como la ley de
Residencia, o la ley de Defensa Social; de protesta por el asesinato de Kurt
Wilckens, que había matado al represor de las huelgas de la Patagonia, teniente
coronel Várela; o, por la ejecución en Estados Unidos de Sacco y Vanzetti; por
la libertad de Simón Radowitzky que había matado al jefe de policía coronel
Falcón, etc.
Más adelante, al ocuparnos de algunos conflictos y hechos salientes en que
tomaron parte los gremios foristas, daremos datos al respecto.
(Sobre la huelga en los Congresos de la FORA ver Anexo Documental Números 18,
27, 40, 69, 82.)
Boicot
El boicot significa dejar de consumir un producto o línea de productos, no
viajar en una línea o varias líneas de transporte, no concurrir a un lugar
público —cine, teatro, restaurant, etcétera—. Bien utilizado puede doblegar la
cerviz de un patrón cerril, que puede verse al borde de la bancarrota. La FORA
lo puso en práctica de manera tan extensa, que su 108 Congreso, considerando que
se abusaba demasiado en su uso, lo abolió como arma de lucha. Posteriormente esa
prohibición fue dejada de lado y se volvió a generalizar su empleo. La
decadencia de la organización fue haciendo que paulatinamente ésta, como otras
armas de lucha del arsenal forista, dejaran de tener utilización. (Anexo Ns 17,
58, 78, 110, 123,132.)
Sabotaje
Realizar un trabajo deficientemente; producir desperfectos deliberadamente en
máquinas, herramientas, vehículos, etc.; e incluso, el atentado violento, son
variantes del sabotaje. El sabotaje fue reivindicado por la FORA, como otra arma
de lucha en sus enfrentamientos con la patronal. Aunque, en cierto modo nunca
fue dejado de lado,' otras organizaciones no lo reivindican, indudablemente por
las consecuencias de carácter judicial que su empleo puede acarrear. (Anexo N8
17.)
El label
En pocas palabras, el label representa estampar el sello sindical en productos
de empresas que no estén en conflicto con la organización sindical. Su empleo es
poco conocido y no tenemos testimonios de que su uso se extendiera en la FORA,
pero, estaba entre los medios que se preconizaban como pasibles de ser
empleados, en la lucha contra el capitalismo, aunque nunca en la medida de los
mencionados anteriormente. (Anexo N°42)
IV - CONFLICTOS Y SUCESOS IMPORTANTES EN QUE TUVO PARTICIPACIÓN LA FORA
Alguien dijo que la FORA jugó la permanencia y aún la vida de sus organizaciones
y de sus militantes, en conflictos y acontecimientos cuyos orígenes no eran
propios de sus sociedades federadas, sino de aquellos que estaban al margen y
hasta en contra de la FORA misma.
Sería interminable referirse, como lo dejamos consignado anteriormente, aunque
fuera solo suscintamente, a todos los conflictos, numerosísimos, en los cuales
la FORA estuvo directa o indirectamente involucrada. Por otra parte, también lo
dejamos dicho anteriormente, no existe en ningún lado —que sepamos— ni
remotamente, documentación sobre muchos de ellos que se han perdido en la
nebulosa del tiempo transcurrido; aquí solamente nos referiremos a algunos que,
por variadas circunstancias, adquirieron mayor relevancia o notoriedad.
La Ley de Residencia. Sus antecedentes
El origen de la Ley de Residencia hay que buscarlo en el gran desarrollo que
estaba adquiriendo la organización obrera. Eran numerosos los trabajadores que
se agrupaban en las nacientes Sociedades de Resistencia con el objeto de obtener
mejoras que permitieran, aunque más no fuera, paliar una situación que, a medida
que se abría paso en su interior la conciencia de su injusticia, motivaba la
presentación a la patronal de Pliegos de Condiciones donde se exponían las
reivindicaciones inmediatas a las que aspiraban.
La negativa ha satisfacer esos reclamos, suscitaba el planteamiento de numerosos
conflictos, huelgas, boicots, etc., con su secuela de violencias, represiones y
despidos. La colaboración de brillantes oradores que recorrían el país v la gran
difusión que alcanzaban los periódicos obreros e ideológicos, contribuía a
despertar la combatividad de los proletarios.
Sebastián Martota (*12) inserta en su conocido trabajo, un convenio colectivo de
trabajo, suscripto por la Sociedad de Obreros Marmoleros y la sociedad de
industriales, que se puede considerar como contrato tipo de la época. Es el
siguiente:
"1a En los talleres y obras el horario será: nueve horas por ocho meses y ocho
horas por los cuatro restantes.
"2a El sueldo de los obreros quedará de conformidad con el que existía en el año
1900.
"3° El Centro de Propietarios de Marmolerías se obliga a que sus socios no den
trabajo a obreros extraños a la Sociedad de Obreros Marmoleros y ayudará a dicha
sociedad cuando tenga que sostener una huelga en la casa que le indicará la
comisión directiva.
"4a La Sociedad de Obreros Marmoleros no permitirá a sus socios que trabajen
para casas que no pertenezcan al Centro de Propietarios de Marmolerías.
"5a Nombramiento de una comisión de cinco miembros de cada sociedad que formarán
el Jurado de Honor para definir las dificultades que surgieran entre patronos y
obreros.
"6a Abolición del trabajo a destajo.
"7a Pago quincenal y en día domingo.
"8° El Jurado de Honor en ejercicio en el año 1904, introducirá al presente
convenio las modificaciones que encuentre conveniente, las cuales serán
aceptadas por ambas sociedades y puestas en vigencia en Enero de 1905.
"9S Una copia de este convenio será colocado en cada taller de marmolería.
"10° El presente contrato entrará en vigencia el 1 de Enero de 1903.
"11° Para constancia de lo estipulado, firmamos dos de un mismo tenor y a un
solo efecto."
Asimismo Marotta consigna, que el primer boicot, fue declarado por la Sociedad
de Resistencia Maquinistas Bonsak a la Fábrica de tabacos y cigarrillos "La
Popular", "que ha de hundirla posteriormente en el descrédito y la ruina". (*13)
Una huelga de obreros panaderos que tuvo lugar en Julio y Agosto de 1902, el
subsecuente boicot de la Sociedad de Resistencia de la panadería "La Princesa";
la muerte de dos rompehuelgas; la incursión —por orden del juez— de numerosas
fuerzas policiales que causaron serios destrozos en muebles y útiles del local
sindical; y, el proceso abierto contra el secretario del gremio y varios
compañeros más, produjeron entre todos los trabajadores gran indignación. Para
condenar los atropellos cometidos por la policía se realizó un gran mitin con
participación de 20.000 concurrentes, en el que hicieron uso de la palabra
oradores socialistas y anarquistas.(*14)
Los obreros del puerto de la Capital, que hombreaban bolsas de cereales de hasta
100 y 200 kg, con jornadas de trabajo agotadoras fijadas arbitrariamente por los
capitalistas, presentaron a fines de 1902, el siguiente Pliego de Condiciones:
"1. La actitud que deben asumir los obreros del puerto es negarse a trabajar con
pesos mayores a los expresados a continuación:
"Cereales, frutos del país y sus productos, en bolsas de 65 a 70 kg,
"Lienzos de lana, en rama, de 65 a 70 kg,
"Canastas de carbón de 55 a 60 kg,
"Carbón, azúcar y tasajo en bolsas de 65 a 70 kg.
"2. No permitir ni rebaja del sueldo que se cobra, ni disminución del número de
la gente que es costumbre emplear para las operaciones tanto de carga como de
descarga"...(*15)
La unidad y fuerza de la organización posibilitó el triunfo de los obreros al
ceder la Cámara de Comercio a sus pretensiones.
La situación se complicaba cada vez más, los conflictos se multiplicaban y el
ambiente se enrarecía continuamente. En esas circunstancias, los peones del
Mercado Central de Frutos de Barracas al Sur (actualmente Avellaneda)
presentaron un Pliego de Condiciones, concebido en estos términos:
"1a Reconocimiento de la Sociedad por los patrones;
"2a Abolición del trabajo por tanto y a destajo;
"3a Nueve horas de trabajo diario tanto en las barracas como en los mercados;
"4S Jornal mínimo de cuatro pesos para los peones de barracas y mercado y para
los menores de quince años que se ocupan de la clasificación y pescantes del
mercado, sueldo mínimo de 2.50 pesos por día, y los domingos y horas
extraordinarias un 50 por ciento de aumento;
"5a Que no existan cuartos de día, sino días y medios días;
"6a Unificación de pesos según la circular de la Federación de Estibadores y
Afines".(*16)
El gobierno no logró éxito en sus propósitos de hacer fracasar la huelga de más
de 5.000 obreros a pesar de echar mano a todos los recursos imaginables. Para el
21 de Noviembre, la Federación de Rodados, recientemente constituida, iba a la
huelga por sus propias reivindicaciones; entonces el gobierno en pocas horas
promulgó el proyecto aprobado por las cámaras legislativas, una ley que había
presentado el senador Miguel Cañé, famoso autor de "Juvenilia". Decía así:
"Art. I° - El Poder Ejecutivo podrá ordenar la salida del territorio de la
Nación Argentina a todo extranjero por crímenes o delitos de derecho común.
"Art. 2° - El Poder Ejecutivo podrá ordenar la salida de todo extranjero cuya
conducta comprometa la seguridad nacional o perturbe el orden público.
"Art. 3° - El extranjero contra quien se haya decretado la expulsión tendrá tres
días para salir del país, pudiendo el Poder Ejecutivo, como medida de seguridad
pública, ordenar su detención hasta el momento del embarco"."
Esta es la famosa Ley de Residencia cuya implantación fue inmediatamente
respondida con una huelga general que tuvo varios días de duración, hasta que se
produjo un decaimiento a raíz de la terrible represión que se abatió sobre la
militancia de la FORA con gran cantidad de detenidos y deportados.1»
La FORA, permanentemente tuvo entre sus reivindicaciones, el repudio y la
abolición de la Ley de Residencia (Anexo N" 33, 36, 60, 85).
Durante el gobierno de Arturo Frondizi se concretó la abolición de esta Ley que
tantos estragos causó entre militantes obreros y de ideologías de izquierda y en
sus familias que quedaban desamparadas de no mediar la nunca desmentida
solidaridad de sus compañeros.
La masacre del I9 de Mayo de 1909 y la muerte del coronel Fakón por Simón
Radowitzky
El coronel Ramón L. Falcón, jefe de policía, se caracterizó por desarrollar una
activa y violenta represión contra las organizaciones obreras, especialmente
sobre las orientadas por los anarquistas, que promovían continuos conflictos
para mejorar las condiciones de inicua explotación a que eran sometidos los
trabajadores. Estos hechos represivos culminaron el ls de Mayo de 1909 durante
la manifestación organizada por los anarquistas.
En esa fecha, como ya era costumbre, los socialistas y los anarquistas
efectuaban manifestaciones distintas; en la Plaza Lorea, donde se concentraba el
mitin organizado por
la Federación Obrera Local Bonaerense, adherida a la FORA, la policía cargó
brutalmente causando la muerte de 8 personas y heridas a otras 105; algunos
manifestantes se parapetaron haciendo frente al ataque policial.
Los socialistas se encontraban reunidos en la Plaza Colón, cuando les llegaron
noticias de la matanza de la Plaza Lorea, lo que dio pie a uno de los oradores
del mitin, Enrique Dickman —uno de los primeros afiliados al Partido Socialista
del cual muchos años después fue expulsado por su posición favorable a la
política del entonces presidente Perón, fundando para apoyarlo el Partido
Socialista de la Revolución Nacional que tuvo poca vida— para proponer la huelga
general en repudio por el atentado policial.
Por su parte, la FORA, como es obvio, no se hizo esperar y declaró la huelga
general a partir del lunes 3 de Mayo, resolución que dio a conocer a través de
la siguiente declaración:
"Contra el crimen del 1° de Mayo. Al pueblo, a los sajadores.
"¡Otra vez el crimen! ¡Otra vez la sangre proletaria a merced de los sicarios y
de los salteadores! ¡Otra vez la policía cafre cebándose en el pueblo, en plena
Avenida de Mayo y a la luz del día! ¡Así hoy, así antes en la Plaza Mazzini, en
la Plaza Lavalle, en Ing. White, en Rosario! Pobre carne del pueblo trabajador,
que siempre es agradable al paladar de los sonsos y de los analfabetos.
"El sábado 1° de Mayo en la Plaza Lorea, la multitud invitada por la Federación
Obrera Local Bonaerense, para demostrar su disconformidad con el actual régimen
fue acribillada a balazos por la policía.
"He aquí en síntesis el hecho, sin justificación, salvaje, monstruoso,
repugnante! ¡Hasta los ancianos, hasta los niños muertos!
"La Federación Obrera Regional Argentina, teniendo en cuenta esto, declaró la
huelga general por tiempo indeterminado, para protestar enérgicamente del crimen
y como homenaje de respeto a los caídos que son hermanos nuestros, que son
trabajadores!
'Trabajadores: todos como un solo hombre abandonemos el trabajo!
"Desde el lunes 3, trabajadores. ¡Viva la huelga general! ¡Abajo las hordas
policíacas, asesinas de ancianos y de criaturas! El Consejo Federal".
Puestos de acuerdo los organismos representativos de i> FORA, la UGT y
Sociedades autónomas, dirigieron al pueblo, la siguiente proclama:
'Trabajadores:
"Otra vez la horda de asesinos instituidos en guardianes del orden burgués, ha
cumplido su misión: la sangre de nuestros hermanos ha sido derramada de nuevo...
El propósito criminal, cobarde, bien deliberado de nuestros enemigos, de nuevo
se afirma sobre la matanza del pueblo obrero, pretendiendo ahogar con el crimen
nuestros anhelos, nuestras obras revolucionarias, nuestro gesto libertario!
"¡Es el signo de los tiempos burgueses: el asesinato
colectivo!
"La cobardía, la traición, la muerte, el último estertor sanguinario y
miserable, todas las pasiones decadentes; eso constituye la expresión típica del
alma que palpita en las clases explotadoras.
"Incapaces de crear la vida, se afirman sobre el mundo de la muerte, acechando
en la celada traidora, la vida nueva que nosotros gestamos en nuestro esfuerzo
doloroso y tenaz por conquistar la libertad!
"¡Ya lo tenemos experimentado, ya debe haber penetrado bien en lo hondo del
espíritu obrero: que nuestros enemigos eternamente solo contestarán a cada acto
de nuestra labor emancipadora con la hecatombe de la Comuna de París, con las
horcas de Chicago, con las infamias de Montjuich, con las matanzas de los
nuestros en la gran Patria Argentina!
"Y bien, camaradas, por favor no haya miedo! ¡Si nuestra libertad solo puede ser
posible a través de esos sacrificios, armémonos de todos los corajes y
persistamos en nuestra jornada marchando sobre los cadáveres y la sangre de los
nuestros!
"¡La violencia, la rabia impotente, el golpe asesino de nuestros enemigos no
pueden ser contestados con la resignación y la retirada de las masas
proletarias!
"Al contrario, que un grito unánime de ira y de venganza azote la sociedad de
los tiranos. Que a su saña criminal responda el pueblo obrero insistiendo en la
lucha con todos los impulsos trágicos y valientes, con todo el arremeter heroico
que las circunstancias demandan y que merece el premio de nuestra libertad.
"¡A la brecha, pues, trabajadores! por la venganza de los caídos, por nuestra
dignidad y por nuestro porvenir!
"De nuevo a la lucha, trabajadores, más decididos y más pujantes que nunca!
"Camaradas:
"En este grito y en este propósito firme, espontáneo y unánimemente las
distintas instituciones obreras que suscriben han acordado las siguientes
resoluciones:
"1° Declarar la huelga general por tiempo indeterminado a partir del lunes 3 y
hasta tanto no se consiga la libertad de los compañeros detenidos y la apertura
de los locales obreros.
"2° Aconsejar muy insistentemente a todos los obreros que a fin de garantizar el
mejor éxito del movimiento se preocupen de vigilar los talleres y fábricas
respectivas, impidiendo de todas las maneras la concurrencia al trabajo de un
solo operario.
"Consejo Federal de la FORA. Junta ejecutiva de la UGT. Sociedades
Autónomas".(*19)
Como objetivos de la huelga, la reunión efectuada el Domingo 2 por los
organismos obreros, fijó además de lo consignado en las cláusulas finales de la
proclama, la abolición del Código de Penalidades por lo cual irían a la huelga
a- partir del 3 de Mayo los trabajadores del
Rodado. (*20)
"La ordenanza municipal imponía severas penas a los obreros del rodado
infractores de sus disposiciones: la cédula de vecindad para los mozos de
cordel, cocheros, carreros ambulantes o de plaza, chóferes, servicio doméstico
en casas de hospedaje, de baños, confiterías, restaurantes y personas que moren
o presten servicio en los prostíbulos, empleados de empresas eléctricas o
telefónica,s etc."(*21)
El día 5 el Comité de Huelga consigna en un comunicado que la policía volvió a
disparar sus armas cuando el cortejo que había trasladado a los muertos
regresaba de la Chacarita.
Finalmente el Domingo 8 el gobierno cedió a las demandas obreras y anunció la
derogación del Código Municipal de Penalidades, ordenó la reapertura de los
locales obreros clausurados y prometió la liberación de los presos. El Comité de
Huelga levantó el paro general dando a publicidad su resolución en el siguiente
comunicado:
"En vista de las declaraciones gubernativas prometiendo la libertad de los
presos y en vista de ser un hecho la reapertura de los locales obreros y la no
aplicación de la nueva ordenanza municipal:
"Resuelve nombrar una comisión que redacte una extensa declaración dando por
terminado el movimiento, cuya declaración se presentará en una asamblea que se
celebrará hoy en el local Méjico 2070 e igual declaración se propondrá por medio
de delegados a las asambleas de conductores de rodados.
"Esta declaración estará concebida en los términos de una nueva amenaza de
huelga si no se cumple lo prometido.
"El Comité de huelga general. Delegados de las Sociedades de Aserradores,
Talabarteros, Ebanistas, Panaderos del Este, Conductores de Carros, Obreros del
Puerto, Panaderos del Centro, Pintores, Carpinteros, Albañiles, Constructores de
Carruajes, Federación Gráfica, Sombrereros, Federación del Calzado, Marmoleros,
Escoberos, Escultores, Laminadores, Federación de Rodados, Maquinistas de
Calzado, Caldereros, Chóferes, Torneros, B ronceros, Empajadores de Damajuanas,
Conductores de Vehículos".(*22)
En la manifestación del 1° de Mayo, cuando se produjo la masacre de los obreros,
había participado un joven ruso Simón Radowitzky que, profundamente afectado,
mató al coronel Falcón —que seguía como Jefe de Policía— y a su secretario, el
14 de Noviembre de 1909. Nuevamente se desató una violenta persecución ; se
declaró una vez más el estado de sitio y las cárceles volvieron a llenarse de
trabajadores.
El acto justiciero de Radowitzky, despertó grandes simpatías en el proletariado
que desde entonces se propuso lograr la libertad del cautivo condenado a cadena
perpetua (Anexo N5 75, 131). La pena de muerte le había sido conmutada por ser
menor de edad, y, para cumplir su condena fue confinado en el penal de Ushuaia.»
Finalmente, Radowitzky, fue amnistiado en Abril de 1930, con la condición de que
abandonara inmediatamente el país. Viajó a Uruguay, participó luego en la
revolución española y, falleció muchos años después, en México.
La reacción del Centenario
Las persecuciones que continuadamente sufrían las organizaciones obreras —en
primer término las de la FORA— no contenían su crecimiento; por el contrario,
parecía que no fueran más que un acicate para redoblar la actividad militante
rendidora de interesantes frutos. Tanto es así, que el movimiento anarquista,
asumió proporciones tales que al diario de la mañana La Protesta, se le sumó el
diario de la tarde La Batalla.
El gobierno, con motivo de cumplirse el próximo 25 de Mayo de 1910, el
centenario de la institución del primer gobierno patrio, paso inicial para
lograr la independencia total de España, preparaba una serie de festejos a los
que concurrirían notables personalidades extranjeras especialmente invitadas,
entre ellas en representación del estado español, la Infanta Isabel.
Lo cierto es que ni el gobierno ni los responsables de la FORA, tenían plena
confianza en sus fuerzas, por lo que mantenían conversaciones, directa e
indirectamente, representantes del gobierno y el Consejo Federal de la
FORA.(*24) La efervescencia del ambiente hacía escapar el movimiento al control
de la FORA, por lo cual se sentía recelo ante la confrontación que se
avecinaba.(*25)
En esas circunstancias, la Confederación Obrera Regional Argentina, se adelanta
a la FORA y declara el paro general para el 18 de Mayo. En tomo a este episodio,
hay opiniones divergentes sobre los motivos que tuvo la CORA para declarar ese
paro antes que lo hiciera la FORA. Según Santillán:
"Los sindicalistas de la CORA, comprendieron que el Consejo Federal de la FORA
no se hallaba enteramente dispuesto a seguir en absoluto la corriente popular, y
se atrevieron a un golpe de audacia demagógica, declarando por su cuenta la
huelga general para el 18 de Mayo, reivindicando las exigencias proletarias:
Derogación de la ley de residencia, libertad de los presos sociales".(*26)
Mientras Marot ta le retruca de esta forma;
"En un juicio injusto, Diego Abad de Santillán atribuye a la CORA, con su
declaración de huelga general, la realización de 'un golpe de audacia
demagógica'. Para el autor de la FORA esta decisión habría sido adoptada porque
'los sindicalistas de la CORA comprendieron que el Consejo Federal de la FORA no
se hallaba enteramente dispuesto a seguir en absoluto la corriente popular'.
"Alertados o no en su disposición de encarar en el Centenario la conquista de
una libertad para la clase obrera, los sindicalistas, fundados en las razones
dadas en el manifiesto de Abril de 1910 abogando por la derogación de la ley de
residencia, propugnaron la huelga general, como supremo argumento —si esta
aspiración no era satisfecha—, desde mayo de 1909, y la ratifican todas sus
publicaciones posteriores a esa fecha hasta el momento de las decisiones
definitivas".(*27)
El 8 de Mayo, los anarquistas organizan una manifestación —participan 70.000
personas— de protesta contra las autoridades de la Penitenciaría Nacional
acusadas de maltratos a los presos. En ese acto, la FORA anuncia que se suma al
paro general declarado por la CORA para el día 18.
Alertado el gobierno, se prepara para hacer abortar la protesta obrera. El 14 de
Mayo declara el estado de sitio e implanta el terror policial practicándose
detenciones masivas, entre ellas la de los redactores de La Protesta y La
Batalla, El Consejo Federal de la .FORA y el Comité de .a Central de la CORA.
Las imprentas de La Protesta, La Central de la CORA. Las imprentas de La
Protesta, La Batalla y el órgano oficial del Partido Socialista, La Vanguardia,
así como numerosos locales obreros, son asaltados e incendiados por jóvenes de
la burguesía nacionalista que a los gritos de "muera el anarquismo", "abajo la
huelga" y "mueran los obreros", extendieron sus tropelías a los barrios
habitados por judíos.(*28)
De cualquier modo, se lleva a cabo el movimiento huelguístico, aunque sin
adquirir las proporciones esperadas por sus promotores y los trabajadores todos.
Indudablemente, el golpe aplicado por el vendaval reaccionario, fue acusado por
las organizaciones obreras revolucionarias que tardaron varios años en
reaccionar y retomar el
ritmo anterior.
Poco después, la burguesía patriotera y el gobierno, tomando como pretexto el
estallido de una bomba en una butaca vacía del Teatro Colón que no tuvo ninguna
consecuencia, en pocas horas —como había sucedido con la Ley de Residencia—
promulgó la Ley de Defensa Social que significó una nueva vuelta de tuerca en la
legislación represiva argentina.(*29)
La ley "prohibía entrar en el país a los extranjeros que hubiesen sufrido
condenas o estuvieran condenados por delitos comunes; a los anarquistas y demás
personas que profesaran o preconizaran ataques por la fuerza o violencia contra
los funcionarios públicos, los gobiernos o las instituciones; a los que hubiesen
sido expulsados del país mientras no se derogase la orden de expulsión.
"Al empresario de transporte, capitán, agente, propietario o consignatario de
buques que introdujesen de mala fe a un extranjero proscripto, se multaba con
400 a 2.000 pesos o, en su defecto, se le aplicaba de seis meses a un año de
arresto, sin perjuicio de reconducirlo a sus expensas.
"El Poder Ejecutivo ordenaría la inmediata salida al extranjero de quien hubiese
entrado al país violando la ley o se hallase comprendido en la 4144 (de
residencia); el que retomase al territorio argentino sin su previa autorización,
sufriría la pena de tres a seis años de confinamiento, sin perjuicio de ser
nuevamente expulsado después de cumplir la condena.
"Prohibíase toda asociación o reunión de personas que tuviese por objeto la
propaganda del anarquismo o la preparación e instigación de hechos reprimidos
por las leyes.
"Las asociaciones o personas que deseasen realizar reuniones públicas, en
locales cerrados o al aire libre, debían solicitar autorización a la autoridad
local, pudiendo ésta prohibirla. Sería disuelta toda reunión que produjese
algunos de los hechos que de haber sido conocidos con anterioridad hubiesen
motivado su prohibición. Sufrirían penas de arresto de seis meses a un año los
que no acatasen la orden, aplicándoles el máximo de la pena a los promotores o
cabecillas'.
"Se prohibía en reuniones públicas el uso de emblemas, estandartes o banderas
características de las asociaciones interdictas.
Se penaba "De uno a tres años de prisión al que verbal-mente, por escrito,
impresos, etc., hiciese la apología de un hecho considerado delito.
"De tres a seis años de penitenciaría al que con intención de cometer un delito
contra las personas, la propiedad o para infundir temor, suscitase tumultos o
público desorden, fabricase, transportase o guardara en cualquiera lugar
dinamita, u otros explosivos de efectos parecidos, bombas, máquinas infernales u
otros instrumentos de estragos, o sustancias y materias destinadas a su
fabricación.
"De diez a quince años de presidio al que intentase destruir o destruyese un
edificio en construcción de cualquier naturaleza. La pena elevábase a quince y
veinte años si el hecho fuese cometido en lugares de asambleas políticas o
administrativas, en edificios públicos, habilitados o destinados a habitación,
en talleres industriales, almacenes o depósitos de materias inflamables o
explosivos. Sería de veinte años y también por tiempo indeterminado si por causa
del delito se hubiese puesto en peligro la vida de las personas. En el caso que
se produjese la muerte de una o más personas, la pena sería de muerte.
De seis a diez años de penitenciaría a las personas que se asociasen para
cometer delitos con materias explosivas.
De tres a nueve meses de arresto y multa de 500 a 2000 pesos al que fabricase,
vendiera, transportase o conservase los objetos y materias indicadas.
"De tres a seis años de penitenciaría al que propagase procedimientos para
fabricar bombas, máquinas infernales, u otros instrumentos análogos, o para
causar incendios u otros estragos'.
El que incitase a cometer un delito, sería castigado : Con prisión de tres a
seis años, sí el autor mereciese la pena de muerte; con prisión de uno a tres
años, si el delito fuera penado con presidio; con arresto de tres a seis meses;
si se tratase de delitos penados con prisión, y con multa de 500 a 1.000 pesos o
un día de arresto por cada 50 pesos, si se tratase de delitos penados con
arresto.
"De uno a tres años de prisión al que aconsejase la forma de 'causar daños en
las máquinas o en la elaboración de productos' y al que vendiese, imprimiera,
distribuyera, hiciese circular, expusiera en lugares públicos o repartiera 'los
impresos y las reproducciones mecánicas'. Se aplicaría la pena máxima cuando el
delito fuese 'cometido por medio' de la prensa diaria o periódica', debiendo la
policía secuestrar los impresos e impedir el correo su circulación.
"De uno a tres años de prisión al que 'por medio de insultos, amenazas o
violencias intentase inducir a una persona a tomar parte en una huelga o
boicot', siempre que el hecho producido no importase delito que tuviese pena
mayor.
De tres a seis años de penitenciaría al que preconizase el desconocimiento de la
Constitución Nacional, ofendiera o insultara la bandera o el escudo de la
Nación; con el doble de tiempo de confinamiento al reicidente. Sería 'un
accesorio la pérdida de los derechos políticos y el retiro de la ciudadanía
argentina' cuando los reos fueran ciudadanos argentinos naturales o
naturalizados.
"...los cómplices y encubridores serían 'castigados con la mitad de la pena
establecida para los autores principales'. Si ésta fuera de muerte, se le
condenaría con la inmediata inferior. Se aplicaría 'sin distinción de sexo,
salvo en lo relativo a la pena de presidio'.
"Para su aplicación se procedería en juicio sumario de diez días, 'sirviendo de
cabeza de proceso el informa policial'. (*30)
La Semana Trágica
Ampliamente conocido como uno de los hitos en el movimiento obrero y social
argentino, la semana trágica o sangrienta, de Enero de 1919, señala, en cierta
manera, la influencia que tuvo la Revolución Rusa en el ámbito esperanzado de
grandes sectores de trabajadores que veían en ella la concreción de sus
aspiraciones de liberación social.
El detonante de los hechos sucedidos durante la semana trágica, fue un conflicto
surgido en los talleres metalúrgicos Vasena. Un petitorio de mejoras no
satisfecho por la patronal y la huelga consiguiente. Vasena tenía dos
establecimientos industriales; uno en Rioja y Cochabamba donde hoy hay una plaza
en la que un monolito recuerda los acontecimientos de 1919; el otro, ubicado en
el barrio de Nueva Pompeya. En este último se produjo una masacre de huelguistas
–4 muertos y cuarenta heridos—(*31).
El hecho ocurrido el 7 de Enero, produjo gran indignación; la FORA del 5°
Congreso (anarquistas) declara de inmediato el paro general por tiempo
indeterminado, al que posteriormente se sumó la FORA del 9e Congreso
(sindicalistas). Esta última, que se había sumado al movimiento una vez
comenzado, lo dio por finalizado el día 11, resolución desconocida por la FORA
del 5S Congreso que continuó tratando de profundizar la protesta obrera. Varios
días después la huelga decae y se da por finalizada.
En el transcurso de esa semana, hubo un gran número de choques entre la policía
y piquetes de huelguistas; las bajas fueron elevadísimas —algunos hacen ascender
los muertos a mil o más—. Gran cantidad de trabajadores fueron detenidos; los
destinados a la deportación fueron confinados en la isla Martín García, etc.
El Consejo Federal de la FORA del 5° Congreso, informa;
"Reunido este Consejo con representantes de todas las sociedades federadas y
autónomas resuelve:
"Proseguir el movimiento huelguístico como acto de protesta contra los crímenes
del Estado consumados en el día de ayer y anteayer.
"Fijar un verdadero objetivo al movimiento, el cual es pedir la excarcelación de
todos los presos por cuestiones sociales.
"Conseguir la libertad de Radowitzky y Barrera,(*32) que en estos momentos puede
hacerse, ya que Radowitzky es el vengador de los caídos en la masacre de 1909 y
sintetiza una aspiración superior.
"Desmiente categóricamente las afirmaciones hechas por la titulada FORA del 9°
Congreso, que hasta el miércoles a la noche, sólo 'protestó moralmente', sin
ordenar ningún paro. La ú