NOTAS EN ESTA SECCION
La Semana Trágica,
Osvaldo Bayer, 2006 | El
primer "pogrom" en la Argentina, por Herman Schiller |
La Semana Trágica, revista Panorama, 1966
El imprescindible
ejercicio de la memoria | El conflicto |
La FORA en el movimiento obrero,
por Antonio López
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| Los fusilamientos
de la patagonia en 1921 | Severino Di Giovanni
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por Ramiro Ross
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argentinas del siglo XX (Wikipedia) |
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Marcelo Larraquy |
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Alejandro Belkin - Sobre los orígenes del
sindicalismo revolucionario en Argentina |
El anarquismo en el movimiento obrero E. M.
González
Libertad individual (a propósito de la Ley de Residencia) - Alfredo Palacios
(facsímil Revista Martín Fierro 1904)
Jorge Etchenique -
Pampa libre. Anarquistas en la pampa argentina |
Carlos Rama y Angel Cappelletti - El
anarquismo en América Latina
Ricardo Forte - La semana
trágica de 1919: crisis liberal, protesta social y fortalecimiento del poder
militar en Argentina
María Cecilia Di
Maio - De crónicas y escrituras en la Semana Trágica |
P Pérez - El movimiento anarquista y los orígenes de
la FLA
Diego Abad de Santillán -
La F.O.R.A. Ideología y Trayectoria del movimiento obrero revolucionario en la
Argentina
María C. de la Rosa y C. Gómez (2005), Historia argentina - Polimodal, 1a.
ed. Mendoza | B. Natanson - Visiones
literarias de la Semana Trágica
Pack de textos anarquistas (Bakunin,
Kropotkin, Proudhon, etc.) |
Revista Caras y caretas, 18 enero 1919, cobertura
de la Semana Trágica
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La
semana trágica
Por Osvaldo Bayer
La íntima alegría: no hay olvido para aquellos hechos donde se trató de apagar el Derecho a balazo limpio en vez de aplicar los argumentos de la razón. La Semana Trágica de enero del ’19. Otro aniversario más, sí, cuántos años. Cuántos muertos por lo justo. No vamos a discutir ahora si fueron mil o seiscientos los obreros muertos. Lo triste, lo trágico es que se tergiversó todo, se hizo valer como siempre o, como casi siempre, la historia oficial. No eran ni "perturbadores extranjeros" ni "rusos" ni "terroristas" como los medios oficiales y del poder trataron de disfrazar el crimen. Eran obreros que querían tener los derechos de la dignidad y de la vida: las sagradas ocho horas de trabajo. Los panaderos y los yeseros ya habían conseguido –por su lucha– las ocho horas en 1898, los metalúrgicos, en 1919, todavía trabajaban nueve horas por día. Por eso la huelga y por el lugar de trabajo para los despedidos. Dignidad y Justicia. La respuesta del poder fue bala y más bala. Con los uniformados de siempre. Esta vez ya con la ayuda de los muchachos del barrio Norte, las guardias blancas, la llamada después "Liga Patriótica Argentina". Salieron a matar "anarquistas, rusos, judíos y enemigos de la Patria". Las calles de Buenos Aires quedaron teñidas de sangre obrera.
Pero el mismo gobierno represor tuvo que reconocer la injusticia y días
después se les dio a los obreros lo que pedían. ¿Por qué entonces tanta
violencia desde el poder? ¿Por qué además de los muertos, los 1500 obreros
presos? La firma del ministro del Interior en las cláusulas de la solución
del conflicto deja en claro que la razón estaba del lado obrero. Eso sí, esa
razón se había pagado con sangre de los explotados. Pero luego de la matanza
pasó a ser un tema del cual no se habla. Cuando muchos años después tratamos
de que los terrenos donde había comenzado el drama –los de los
establecimientos Vasena, que habían sido demolidos– pasaran a llamarse
"Parque Mártires de la Semana Trágica", justamente el dirigente Augusto Vandor se opuso y propuso llamarla
"Plaza Martín Fierro". Nombre que hoy
lleva. Claro, del pasado no se habla porque estaban involucrados Yrigoyen,
los radicales, el ejército y personajes de la "guardia blanca" que luego
pasaron a ser próceres: Manuel Carlés, el Perito Moreno, el cura Miguel
D’Andrea e, infaltable, el estanciero Martínez de Hoz, hijo de aquel
presidente de la Sociedad Rural que recibió de Roca 2.500.000 hectáreas de
la tierra donde vivían antes los pampas y los ranqueles, bisabuelo del
murciélago que luego fue ministro de Economía de la dictadura de la
desaparición de personas. Toda una estirpe familiar heredera del autollamado
"liberalismo positivista" del roquismo.
Bien, esta semana se recordó a los obreros mártires de las ocho horas de
trabajo. Entre las organizaciones que propiciaron el acto estaban la
Federación Libertaria Argentina, la FORA –la más antigua de las
organizaciones obreras– y la Biblioteca José Ingenieros. El culto de la
utopía a través de la dignidad.
Fuente:
Página/12, 16/01/06

El
primer "pogrom" en la Argentina
Por Herman Schiller
El seis de enero de 1919, hace 80 años, comenzó la Semana Trágica. A las huelgas
obreras se les opuso una violencia nunca antes vista que culminó en el primer
desborde antisemita de nuestra historia. 3-1-199 La "Gran guerra", que luego fue
bautizada como Primera Guerra Mundial (1914-18) para diferenciarla de la
"Segunda" (1939-45), paralizó en nuestro país las inversiones. Las dificultades
para exportar e importar provocaron carestía y pérdida del poder adquisitivo del
salario. En ese cuatrienio de la primera contienda, el salario descendió en la
Argentina un 38,2 por ciento, porcentaje más que elevado para aquel entonces.
Obviamente la combatividad obrera creció, estimulada además por la revolución
bolchevique en la lejana Rusia y la ola de pronunciamientos proletarios que se
habían desatado en el resto de Europa, principalmente las acciones de los
espartaquistas en Alemania encabezados por Rosa Luxemburgo.
3-1-199
La "Gran guerra", que luego fue bautizada como Primera Guerra Mundial (1914-18)
para diferenciarla de la "Segunda" (1939-45), paralizó en nuestro país las
inversiones. Las dificultades para exportar e importar provocaron carestía y
pérdida del poder adquisitivo del salario. En ese cuatrienio de la primera
contienda, el salario descendió en la Argentina un 38,2 por ciento, porcentaje
más que elevado para aquel entonces. Obviamente la combatividad obrera creció,
estimulada además por la revolución bolchevique en la lejana Rusia y la ola de
pronunciamientos proletarios que se habían desatado en el resto de Europa,
principalmente las acciones de los espartaquistas en Alemania encabezados por
Rosa Luxemburgo.
En 1917 hubo por estas latitudes 136.000 trabajadores en huelga; al año
siguiente fueron 138.000, pero en 1919 la cifra subió a más de 300.000. El 70
por ciento de los huelguistas pertenecía al sector de los transportes, lo que
también marcó una diferencia con los movimientos de la primera década del siglo,
que en su mayoría se daban en pequeñas empresas.
Pánico burgués
De esos años datan las huelgas de la Federación Obrera Marítima, de los obreros
municipales de Buenos Aires y, fundamentalmente, de los trabajadores
ferroviarios. Estos últimos revelaron un particular sentido de lucha, al punto
de incendiar vagones en Retiro y darles algunas palizas a aquellos funcionarios
británicos que se negaban a otorgar los aumentos salariales y mejorar las
condiciones de trabajo. En este clima creció el pánico de las clases altas: cada
sindicato parecía un soviet; cada huelga, el preludio de la toma del poder por
parte de los obreros y cada inmigrante, un revolucionario en ciernes.
El primer gobierno de Hipólito Yrigoyen (1916-22), impotente y contradictorio
para alinearse junto al pueblo, mandó a reprimir. Pero la oligarquía, las
grandes empresas y los paquidermos periodísticos desconfiaban de Yrigoyen --que
había alcanzado el poder con gran apoyo popular-- y lo acusaron de favorecer a
los huelguistas indiscriminadamente. Así nació la decisión de los "altos
intereses en peligro" de crear una fuerza parapolicial que reprima por su cuenta
"y con mayor eficiencia que los regulares".
Los grandes diarios y los círculos conservadores habían entrado en una suerte de
pánico, casi de histeria, denunciando la existencia de soviets, aun dentro de la
policía. Y, al estallar una huelga general en los frigoríficos de Berisso y
Avellaneda, casi todos de propiedad norteamericana, salieron los primeros grupos
de "niños bien", montados en automóviles último modelo, a reprimir a los
"subversivos" y a reclutar rápidamente "crumiros" (vocablo que entonces
denominaba a los trabajadores rompehuelgas).
Los "triunfos" alcanzados por esos jóvenes --fuertemente impregnados por una
combinación de difuso nacionalismo y catolicismo-- alentó la formación de dos
organismos civiles terroristas: "Orden Social" y "Guardia Blanca", transformados
posteriormente en "Liga Patriótica Argentina" y "Comité Pro Argentinidad" que
crearon brigadas armadas con el visto bueno de la policía y el Ejército y el
apoyo financiero de la "Asociación Nacional del Trabajo", entidad patronal
presidida por Joaquín S. Anchorena.
La "Liga Patriótica" --la más importante y conocida de esas organizaciones-- se
"cubrió de gloria", según La Prensa, en numerosos ataques a centros y reuniones
obreras. Una de esas "proezas" fue el asalto a un local de la FORA (Federación
Obrera Regional Argentina), cerca de Plaza Once, donde resultaron dos muertos,
uno de ellos el chofer Bruno Canovi. También atacó una pacífica demostración en
Gualeguaychú (Entre Ríos), con diversos muertos y heridos como saldo. Por otra
parte asesinó en Rosario a la obrera anarquista Luisa Lallana, y en el puerto de
Buenos Aires fue muerto de manera similar el trabajador Angeles Améndola. Sin
embargo aquella ordalía represiva recién alcanzaría su máxima altitud durante la
"Semana Trágica" --6 al 13 de enero de 1919-- que dejara como saldo unos 700
muertos y más de 4000 heridos.
"Conspiración judeo-maximalista"
Los primeros crímenes, en esa semana
de dolor pero también de gran espíritu proletario y combativo, fueron cometidos
por los propios uniformados --al disparar sobre los huelguistas reunidos frente
a la fábrica metalúrgica de Pedro Vasena e Hijos, en Cochabamba y Rioja, donde
hoy se encuentra la plaza Martín Fierro--, pero, con el desarrollo de los
acontecimientos y el miedo burgués a la "revolución social", el jefe de la
Segunda División del Ejército, general Luís Dellepiane (el mismo que entre 1909
y 1912 había sido jefe de policía, reemplazando al ejecutado Ramón L. Falcón),
no sólo fue llamado a asumir la responsabilidad ejecutiva de la represión, sino
que también dio vía libre a los "civiles" para que "colaboren". Esos "civiles",
que muy poco tiempo después formarían la "Liga Patriótica" y otras estructuras
similares, se habían formado en el odio al inmigrante, especialmente los judíos,
a quienes acusaban de estar fomentando la "conspiración judeo-maximalista" para
"disolver la nacionalidad argentina".
El antisemitismo estaba muy arraigado en las clases altas de entonces. Algunos
ejemplos: en 1890 apareció en La Nación, en forma de folletín, una furiosa
novela antisemita llamada La bolsa de Julián Martel; en enero de 1888 (apenas
ocho meses antes de morirse), el mismísimo Domingo Faustino Sarmiento publicó
varios artículos antijudíos en El Nacional; el diario La Prensa, en distintas
oportunidades, manifestó su oposición a que los judíos formen comunas agrarias
en Entre Ríos y Santa Fe; y, sobre todo, la "acción" del 15 de mayo de 1910,
diez días antes del Centenario, cuando jóvenes de clase alta, salidos de la muy
exclusiva "Sociedad Sportiva Argentina" bajo la conducción del barón Demarchi,
asaltaron las sedes del Avangard, órgano del "Bund", agrupación obrera
socialista judía, y la denominada "Biblioteca Rusa", para quemar luego sus
libros en Plaza Congreso. Refiriéndose al fenómeno antisemita de los represores
de la "Semana Trágica", el escritor Juan José Sebreli (en el libro La cuestión
judía en la Argentina, publicado en 1968 por la editorial Tiempos Modernos)
esbozó una interesante reflexión para explicar la xenofobia de la oligarquía de
aquélla época: "El mismo odio racial que la burguesía liberal sentía por el
mestizo, al que trató de sustituir por el inmigrante europeo, se volcó después
hacia el propio inmigrante cuando éste se reveló inesperadamente con un dinámico
elemento de agitación social".
El ensañamiento de esos sectores vinculados con el poder contra los trabajadores
judíos durante la "Semana Trágica" produjo en América latina el primer "pogrom"
(vocablo ruso de antigua data que significa matanza de judíos). Muchos lo
consideraron una suerte de venganza por la acción del joven judío Simon
Radowitzky diez años antes, aunque el régimen, ya en ese entonces,
inmediatamente después de producirse la ejecución del coronel Falcón el 14 de
noviembre de 1909, se había cobrado una buena dosis de revancha al encarcelar a
más de 3000 obreros y deportar a Europa a centenares de anarquistas y
socialistas.
"El arte de insubordinar"
La mayoría de los trabajadores judíos había llegado a estas playas huyendo de
las persecuciones desatadas por el zarismo en Rusia hacia fines del siglo XIX y,
sobre todo, después del fracaso de la revolución de 1905 (la participación judía
en ese pronunciamiento había sido muy elevada y el zar Nicolás II acusó
oficialmente a la numerosa comunidad judía de conspirar para derrocarlo). La
denominación de "rusos" (en lugar de judíos) en nuestro medio, reiterada hasta
el hartazgo en los sainetes, data de ese entonces y se hizo más carne aún cuando
la colonia de agricultores judíos de Moisés Ville, en la provincia de Santa Fe
--los míticos gauchos judíos-- saludó públicamente el triunfo de la revolución
encabezada por Lenín en 1917.
Pero las acciones directas de la "Liga Patriótica" también encontraron una
sustentación teórico-filosófica que partía, principalmente, de los sectores más
reaccionarios de la Iglesia. Monseñor Miguel de Andrea, el mismo que 36 años
después se convertiría en uno de los sostenedores espirituales de la llamada
"Revolución Libertadora", lanzó una campaña explicando que "el peligro nacía del
hecho de que los trabajadores y las masas populares habían dejado de creer en
Dios, en la Iglesia y en el régimen", en tanto que el obispo Bustos de Córdoba
--según consta en La Nación del 25 de noviembre de 1918-- produjo una pastoral
acerca de la "Revolución social que nos amenaza". Bustos denunciaba allí a
quienes "enseñan el arte de insubordinar y rebelar a las masas contra el trono y
el altar para dar por tierra con la civilización cristiana y ceder el puesto a
la anarquía imperante".
Ese mismo día (25-XI-1918) el diario
Di Idische Tzaitung alertaba: "Los curas comenzaron en Corrientes y Junín.
Prosiguieron luego sus sermones contra los socialistas y los judíos, con la
ayuda de la policía, por todo Buenos Aires y los suburbios. El domingo
organizaron una conferencia similar en la avenida Sáenz y Esquiú, rodeado por
policías y escoltados por bandidos locales que estaban armados con bastones de
acero. Después del mitin partió una manifestación. En Caseros y Rioja pronunció
el cura Napal un tenebroso y agresivo discurso".
El régimen había decidido así atacar por la fuerza (a través de los
parapoliciales que secuestraban, robaban, torturaban y mataban) y, también,
tratando de introducir cuñas en el seno del pueblo (a través de una propaganda
que llamaba a los argentinos a desoír a los extranjeros) para contrarrestar las
ideologías revolucionarias. Pero el pueblo, al menos en esos años, rechazó las
provocaciones. Al contrario, en medio de la masacre de la "Semana Trágica", se
reveló un fuerte sentido unitario.
El Comité Ejecutivo del Partido Socialista convocó a una reunión extraordinaria,
declarando que "los obreros no callaran los crímenes". Por su parte las dos
centrales obreras --es decir las dos FORA-- instaron a los trabajadores a
proseguir la huelga general por tiempo indeterminado. Los obreros acataron el
llamado, abandonando espontáneamente las fábricas y los talleres para
convertirse --según La Vanguardia de esos días-- "en un mar de olas humanas que
rugió su amargura e indignación".
Mientras tanto la policía, el Ejército y los "civiles" seguían matando.
Los diarios burgueses hablaban de "guerra" y "enfrentamiento" para justificar
los crímenes, pero La Vanguardia (9-I-1919) rechazó el argumento: "No ha habido
tal combate entre los huelguistas y las fuerzas policiales, sino una cobarde y
criminal acechanza tendiente a sofocar la huelga por el terror".
Los radicales apoyaron la represión a través de su vocero representativo, el
diario La Epoca (12-I-1919): "No se trata de un movimiento obrero. Mienten
quienes lo afirman. Mienten quienes pretenden asumir audazmente la
representación de los trabajadores de Buenos Aires (...). Y, aun los
trabajadores que aparecen complicados en los actos tumultuosos del ayer, han
resultado instrumento de los agitadores (...). Se trata de una tentativa absurda
provocada y dirigida por elementos anarquistas ajenos a toda disciplina social y
extraños también a las verdaderas organizaciones de trabajadores, una minoría
contra cuyos excesos basta oponer la firmeza y la cordura de las gentes
partidarias del orden".
Otro tanto aducían los diarios del sistema --sobre todo La Prensa y La Nación--
y hasta el New York Evening Mail, furiosa expresión de la plutocracia
norteamericana de aquellos años, llegó a manifestar su alarma porque "la mano
roja del bolcheviquismo se ha alargado hasta el otro lado del Atlántico,
empuñando (en la Argentina) la tea, la bomba y el cuchillo.
"Mueran los judíos"
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El sistema, evidentemente, estaba aterrorizado, y desde sus distintas
expresiones, se elevaban demandas en el sentido de expulsar a los "extranjeros
indeseables", "controlar la inmigración", etc. Varias instituciones proponían
campañas de exaltación del sentimiento nacional para oponerse a "esa runfla
humana sin Dios, Patria ni ley" (según consta en el folleto titulado "Guía del
buen sentido nacional" editado en Buenos Aires en 1920). Esos proyectos se
concretaron finalmente con la creación de la "Liga Patriótica Argentina" que,
oficialmente, decidió erigirse en "institución", dado "el éxito alcanzado en los
días previos para aplastar la conspiración judeo-maximalista".
Bajo la presidencia de Domecq García, se reunieron en el Centro Naval los
representantes del Jockey Club, Círculo de Armas, Club del Progreso, Yacht Club,
Círculo Militar, Damas Patricias, los obispos Piaggio y el ya mencionado De
Andrea y otros distinguidos caballeros. Entre los fines anunciados por la LPA se
destacaban: "Estimular sobre todo el sentimiento de argentinidad"; "cooperar con
las autoridades en el mantenimiento del orden público, evitando la destrucción
de la propiedad privada, comunal y del Estado, contribuyendo a mantener la paz
de los hogares", "inspirar al pueblo amor por el ejército y la marina". La nueva
entidad llenó la ciudad de afiches --un instrumento de propaganda que aún no
estaba muy en boga--, propiciando además la realización de acontecimientos en
distintas plazas con la presencia de civiles armados. Los gritos comunes eran:
"Fuera los extranjeros"; "mueran los maximalistas"; "guerra al anarquismo";
"mueran los judíos".
Nueva Presencia
En aquellos días fue detenido un joven periodista judío --Pedro Wald-- que
también ejercía el oficio de carpintero. La acusación, tan burda que parecía
tragicómica, fue aceptada durante bastante tiempo por los voceros del régimen:
Wald estaba destinado por los maximalistas a convertirse en el primer presidente
del Soviet argentino. Wald fue salvajemente torturado en la 7ª (ubicada en el
mismo lugar donde está hoy: Lavalle, entre Paso y Pueyrredón), pero se negó a
"confesar". La intensa movilización popular logró que se lo dejara en libertad
y, diez años después, en el libro titulado Koshmar (Pesadilla), relató algunos
episodios de la represión durante la Semana Trágica. Uno de ellos decía:
"Salvajes eran las manifestaciones de los 'niños bien' de la Liga Patriótica,
que marchaban pidiendo la muerte de los maximalistas, los judíos y demás
extranjeros. Refinados, sádicos, torturaban y programaban orgías. Un judío fue
detenido y luego de los primeros golpes comenzó a brotar un chorro de sangre de
su boca. Acto seguido le ordenaron cantar el Himno Nacional y, como no lo sabía
porque recién había llegado al país, lo liquidaron en el acto. No seleccionaban:
pegaban y mataban a todos los barbudos que parecían judíos y encontraban a mano.
Así pescaron un transeúnte: 'Gritá que sos un maximalista'. 'No lo soy' suplicó.
Un minuto después yacía tendido en el suelo en el charco de su propia sangre".
(El 9 de julio de 1977, casi seis décadas después, la hija de Wald --Eva-- y su
esposo, el ingeniero Carlos María Radbil, fundaron conmigo el semanario Nueva
Presencia, para enfrentar a la dictadura militar y proseguir la tradición
progresista y revolucionaria de aquellos inmigrantes judíos. El semanario se
publicó con esa línea contestataria y antifascista durante diez años
consecutivos).
Elpidio González
El 10 de enero de 1919, mientras La Protesta, editada clandestinamente, llamaba
a los trabajadores a armarse para enfrentar los crímenes del sistema, la "Liga
Patriótica" asaltaba los locales de Ecuador 359 y 645, donde funcionaban los
centros de los obreros panaderos y de los obreros peleteros judíos. En la
avenida Pueyrredón fue atacada la Asociación Teatral Judía. Todo lo que había en
los mencionados locales fue arrojado a la calle y quemado. Los transeúntes,
además, eran golpeados, mientras la policía montada, en perfecta formación,
observaba pasivamente. "No sólo se atacaba a los judíos --señaló Wald en el
citado libro-- también se escuchaban (aunque más débiles) exclamaciones contra
los españoles (gallegos y catalanes) y contra los extranjeros en general. Sin
embargo, el odio contra los judíos tenía un carácter especialmente notorio,
global e indiscriminado".
La persecución estaba organizada metódicamente y dirigida por las propias
autoridades. El jefe de Policía, el dirigente radical doctor Elpidio González,
lanzó el 10 de enero un llamado dirigido a las Fuerzas Armadas y a las bandas
civiles. Las saludaba por la "energía y heroísmo" (sic) con que lograron dominar
la situación, "dando una lección" a "los elementos disolventes de la
nacionalidad argentina". Dos días después, el 12 de enero, se publicó un
comunicado de igual tono firmado por el general Dellepiane, donde expresaba su
"profundo agradecimiento" a la "heroica policía y a los bomberos" y a "la
ciudadanía", que colaboraron junto al Ejército para "aplastar el brutal
levantamiento".
Fósforos y alfileres
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José Mendelsohn, un joven periodista que venía de las colonias agrarias del
Interior (y a quien conocí en la década del cincuenta cuando este escritor y
pedagogo ejercía la dirección del Seminario para Maestros Hebreos que funcionaba
en el segundo piso de la AMIA, Pasteur 633), testimonió en Di Idische Tzaitung
del 10 de enero el salvajismo de esos días: "Pamplinas son todos los pogroms
europeos al lado de lo que hicieron con ancianos judíos las bandas civiles en la
calle, en las comisarías 7ª y 9ª, y en el Departamento de Policía. Jinetes
arrastraban a viejos judíos desnudos por las calles de Buenos Aires, les tiraban
de las barbas, de sus grises y encanecidas barbas, y cuando ya no podían correr
al ritmo de los caballos, su piel se desgarraba raspando contra los adoquines,
mientras los sables y los látigos de los hombres de a caballo caían y golpeaban
intermitentemente sobre sus cuerpos (...) Pegaban y pegaban espaciosamente,
torturaban metódicamente para que no desfallecieran las últimas fuerzas, para
que no se prolongaran sin fin los sufrimientos. Cincuenta hombres, ante el
cansancio de azotar, se alternaban para cada prisionero, en tanto que la
ejecución proseguía de la mañana hasta pasado el mediodía, desde el atardecer
hasta la noche y desde la noche hasta que despuntaba el día. Con fósforos
quemaban las rodillas de los arrestados, mientras atravesaban con alfileres sus
heridas abiertas y sus carnes emblandecidas (...). En la comisaría 7ª, los
soldados, vigilantes y jueces encerraban en los baños a los presos (en su
mayoría judíos) para orinarles en la boca. Los torturadores gritaban: viva la
patria, mueran los maximalistas y todos los extranjeros".
La interna judía
Todos estos hechos agitaron, naturalmente, lo que hoy llamaríamos la "interna
judía". La derecha de la colectividad, representada de algún modo por la
Congregación Israelita (sector religioso conservador de origen alemán) hizo lo
posible para tomar distancia de los socialistas y anarquistas judíos. Con ese
objetivo difundió un comunicado (que firmaron también otras entidades judías "de
beneficencia") para invocar "la protección de Dios, fuente de toda razón y
justicia", el cese de las persecuciones "indiscriminadas" y, fundamentalmente,
"que la Justicia sea inexorable y severa con los malhechores a quienes
repudiamos". Y finalizaba con esta sentencia: "Que los inocentes no sean
perseguidos". Los judíos "malhechores" y "culpables" no ocultaron su indignación
y repudiaron esta agachada de la derecha judía. Derecha a la que no le sirvió de
nada arrodillarse ante los poderes públicos, ya que el jefe de Policía, en
primera instancia, rechazó el reclamo de la Congregación Israelita, justificó
las atrocidades y respondió que los presos y los muertos "no tenían perdón
porque eran anarquistas y tratantes de blancas".
Los socialistas del "Bund", en cambio, y sobre todo los anarquistas --además de
numerosos intelectuales-- repudiaron esa claudicación.
Un escritor, A. Koriman, que formaba parte del Comité Central de Ayuda a las
Víctimas de la Guerra, rechazó el 17-I-1919 (en el diario Di Presse) la actitud
del judaísmo oficial: "Sostengo que en los trágicos días debíamos haber
publicitado con mucha mayor dignidad y energía nuestros sentimientos y
pensamientos, tal como fue hecho por diversos escritores anónimos y
representantes del movimiento obrero. No hay que arrodillarse ante los bárbaros,
que actuaron en forma tan brutal, asaltando hogares, arrestando a centenares y
centenares de trabajadores, utilizando viles calumnias y maltratando y pegando a
mujeres y niños indefensos. Nuestra protesta debió haber sido clara y precisa.
Se debió haber culpado a la policía como la responsable de las brutalidades
cometidas. Ella apoyó a los falsos patriotas que, con la bandera argentina en
sus manos y entonando el Himno Nacional, marchaban por los barrios pidiendo
nuestra muerte. Todas las salvajes arbitrariedades fueron cometidas por la
policía o apoyadas por ella".
Por su parte los socialistas judíos del "Avangard" también denunciaron a los
judíos claudicantes y reiteraron sus acusaciones contra las fuerzas de
seguridad: "La policía y el Ejército no sólo permitieron el criminal pogrom
contra los judíos, sino que con sus armas ayudaron a perpetrar las salvajes
acciones de la Guardia Blanca. La organización Avangard ve en esto la oscura
política del gobierno radical, que se asemeja a la ya desaparecida política
pogromista del ex gobierno zarista en Rusia, y declara que con mucha energía y
decisión proseguirá con su militancia socialista para el logro de una vida mejor
en la Argentina". Acalladas la violencia y la represión, algunos representantes
de la inteligencia nacional trataron de aproximarse a la verdad.
José Ingenieros, por ejemplo, autor de Las fuerzas morales, La simulación en la
lucha por la vida y El hombre mediocre --políticamente vinculado con el
socialismo, aunque en 1897 había colaborado con el periódico anarquista La
Montaña--, alertó (desde la revista Vida nuestra, nº 7, enero de 1919) sobre las
bandas reclutadas también entre "los estudiantes y ex alumnos de los colegios
jesuíticos, que son manejados por algunos sacerdotes que hacen política clerical
militante al servicio de las clases conservadoras".
Pero la burguesía no se aquietó y, sin bajar el brazo represor, sus sectores
menos recalcitrantes admitieron que "la única manera de parar la marea social es
haciendo algún esfuerzo para saciar la apetencia de las masas". Así, a
instancias del Episcopado Argentino y bajo el lema "Pro paz social", la Unión
Popular Católica Argentina lanzó la idea de una gran colecta nacional destinada
a proporcionar fondos para "un plan de obras, viviendas, ateneos, servicios
sociales e institutos de enseñanza para la clase obrera".
El animador principal de la campaña fue el propio Miguel de Andrea, aquel que
meses antes había colaborado en la creación de la "Liga Patriótica". Fruto de
esa contribución de las clases pudientes de Buenos Aires fueron, entre otros, el
"Ateneo de la Juventud" y la "Casa de la Empleada". En medio de esta vorágine
oportunista para frenar la revolución social, el periódico anarquista La
Protesta llamó a no dejarse encandilar por los cantos de sirena y a "proseguir
la lucha contra el Estado, la policía, los militares, la burguesía, la religión
y todos los demás factores que oscurecen la libertad del ser humano".
Fuentes consultadas:
Luchas obreras y represiones sangrientas, de Diego Abad de Santillán;
La Semana Trágica, de Hugo del Campo;
La Semana Trágica de Nicolás Babini;
La Semana Trágica y los judíos, de Nahum Solomisky;
La cuestión judía en la Argentina, de Juan José Sebreli;
Pesadilla, de Pedro Wald;
Colecciones de los diarios: La Protesta, La Vanguardia, La Prensa, La Nación, La
Epoca, Di idische Tzaitung y Di Presse; y las revistas: Caras y Caretas y Vida
Nuestra.
Buenos Aires bajo el terror y la muerte [Revista Panorama, 1969]
7 de enero de 1919. Una manifestación de obreros en huelga se concentra
frente a los portones de los talleres metalúrgicos Pedro Vasena, en Rioja y
Cochabamba. Rostros hoscos, .puños crispados, mujeres que se asoman
fugazmente a las puertas de los conventillos de la zona. En el aire flota un
denso clima de violencia contenida. Se cierne la tragedia. De pronto estalla
el drama: por sobre los gritos de hostilidad de la multitud suenan, secos,
fatales, los primeros disparos. Los ayes de dolor de los heridos son
cubiertos por el crepitar de la fusilería. Nunca pudieron ponerse de acuerdo
los historiadores sobre quién comenzó el tiroteo. La polémica no llegó a
interesar a la media docena de muertos y a los 34 heridos que se desangraron
en las calles empedradas del barrio de San Cristóbal. Ni a las centenares de
víctimas que seguirían a esas primeras que se cobró, hace 50 años, la Semana
Trágica. Siete días en los que la Argentina se asomó al rostro fratricida de
las luchas sociales; a la sangre del pueblo ya derramada en México y Rusia.
Y durante los que los argentinos vivieron el mayor cúmulo de experiencias
arrojadas por la contienda de clases.
En el medio siglo trascurrido desde entonces, no todas esas experiencias
fueron aprovechadas. Algunas aún tardan en asimilarse. Por ejemplo, nadie ha
explicado hasta ahora una infausta coincidencia: la huelga provocó el cierre
de la fábrica y con ello frustró el primer Intento de integrar en en el país
una" planta siderúrgica. Recién en 1946/47 con el Plan Savio, se reanudó el
hilo de esa historia. Un hilo desplegado en forma muy lenta: sólo en 1959
comenzó a funcionar el primer alto horno de gran dimensión. Pocos repararon
entonces en la pérdida que experimentaba el país. Pero eran tiempos
confusos. Hasta la semántica se trabucó y resultó que un anarquista y un
bolchevique vinieran a ser la misma cosa; también se unificaban los términos
ruso, israelita y maximalista. Lo que resultó fatal para no pocos
inmigrantes judíos recién llegados (algunos huyendo de la revolución rusa) a
quienes se castigó, paradójicamente, como propagadores de la nueva fe que
aborrecían. Los más afortunados entre ellos soportaron bárbaras rasuradas y
sangrientas palizas. Los otros, fueron asesinados y sus cuerpos incinerados
en la pira común.
El último caudillo
A partir de esos disparos Buenos Aires se convirtió en la capital de la
confusión. El presidente Hipólito Yrigoyen, un líder popular de quien se
dijera que era el "postrero" (Carlos Sánchez Viamonte: "El último caudillo")
hizo todo lo posible por mantener la serenidad. "Querían arrastrarme a
reprimir a sangre y fuego" -dijo después-- Procuró, en cambio, controlar la
situación e instó a los empresarios a transar rindiéndose sin condiciones
ante las demandar obreras"
El 7 de enero fue un día de encrucijadas históricas. Otro caudillo hizo
entonces su primera experiencia junto a los trabajadores. Según el
testimonio de Diego Abad de Santillán (72 años, fue dirigente de la FORA del
V Congreso) entre los oficiales del ejército que reprimieron a las
manifestaciones en esa sangrienta jornada, se encontraba un joven teniente:
Juan Domingo Perón. Abad de Santillán, sugiere a Panorama al evocar los
acontecimientos: "Quizás ahí afirmó su política demagógica, al ver que la
represión sólo produce el divorcio del gobierno con el pueblo". La versión
peronista, en cambio, sostiene que Perón no tiró contra los obreros. Por el
contrario, habría dialogado con ellos, en el tono paternal que
caracterizaría treinta anos más tarde su relación con el movimiento
sindical.
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El
conflicto
Todo había comenzado el 2 de diciembre de 1918. Los 800 obreros de la
empresa se declararon en huelga en reclamo de la reincorporación de algunos
compañeros despedidos y de la Jornada laboral de 8 horas. Además, exigían
aumento de sueldos. La dirección de Vasena contesta con un categórico no y
despide a los huelguistas. La Asociación del Trabajo (presidente Joaquín S.
de Anchorena; secretarlo, Atilio Dell'0ro Maini) y la Liga Patriótica
Argentina (Manuel Carles, más tarde abogado de Marcelo T. de Alvear) le
ofrecen rompehuelgas "krumiros" y protección de sus grupos civiles armados.
Los huelguistas organizan sus propios piquetes y comienzan a tomar
represalias contra los que quieren quebrar el paro. El conflicto entra en
una espiral de violencia y el 24 de diciembre llegan a Incendiar el auto del
propio Jefe de policía.
El 8 de enero, después del encuentro frente a la fábrica (reprimieron
bomberos y soldados), la FORA del X Congreso declara la huelga general. Los
anarquistas de la otra FORA, la del V Congreso, le añaden un calificativo:
"revolucionaria", que prende en el ánimo exacerbado de los sectores
populares, sacudidos por la matanza del día anterior. Buenos Aires camina
por el filo de la navaja de la guerra civil. Ese mismo día, por la tarde, el
Poder Ejecutivo designa por decreto jefe de las fuerzas de represión al
general Luis J. Dellepiane. "Un hombre bajito pero enérgico -dice Abad de
Santillán-, al que no creo un masacrador profesional. Era 'un valiente: se
apersonó sin custodia a los manifestantes;"
Los muertos del día 7 fueron velados en locales anarquistas y socialistas.
Separados por rivalidades ideológicas, los acercó la muerte y el 9 fueron
sepultados juntos en el cementerio de la Chacarita, unidos los cortejos
hasta integrar una imponente manifestación de 200.000 personas. Mientras la
multitud se dirigía en procesión hacia el cementerio, se produjeron nuevas
refriegas en Corrientes y Yatay que crean una atmósfera explosiva. Luego, ya
en la Chacarita, cuando el tercero de los oradores iniciaba su discurso, se
repiten las agresiones. La guardia de caballería i-"cosacos"-, tropas de
infantería del Ejército y bomberos abren fuego. Gritos, imprecaciones,
corridas. Desesperados manifestantes se arrojaron dentro de las fosas recién
abiertas para buscar un refugio contra la muerte. La política del terror se
había desatado.
"Emplazar la artillería"
Dellepiane convoca el 10 a la prensa. Es seco y categórico. Amenaza
"emplazar la artillería en la plaza del Congreso y atronar con los cañones
toda la ciudad". "La Nación" de esa fecha subraya en su crónica otra
advertencia del jefe militar: "Hacer un escarmiento que se recordará durante
50 años". Hipólito Yrigoyen estima que es necesario un esfuerzo para evitar
que el incendio se propague. Cita al día siguiente en su despacho a don
Pedro Vasena (su correligionario Leopoldo Melo era abogado .de la empresa) y
lo insta a aceptar los reclamos sindicales. El conflicto se resuelve por la
rendición incondicional del empresario. Así lo entiende la FORA del X
Congreso, que da por terminado el movimiento. Los "quintistas", en cambio,
creen que ha sonado la hora..de la revolución social y deciden continuar la
huelga. A la que se le agrega un objetivo urticante: la libertad de Simón
Radowitzky, un anarquista que purgaba prisión perpetua en Ushuaia, por haber
matado al jefe de policía Ramón Falcón el 17 de noviembre de 1908. (Durante
su segunda presidencia Yrigoyen le alivió la condena y lo puso en libertad).
Durante varios días continuó el terror en fas calles. Las "bandas blancas"
-patotas de la Liga Patriótica y la Asociación de! Trabajo- insistieron en
actos vandálicos de represalia contra todo lo que consideraban maximalista.
¿Cuántas fueron las víctimas de ese estado de locura colectiva? El escritor
Diego Abad de Santillán computa 1.500 muertos y 5 mil heridos Hubo, además,
55.000 prontuariados, con la accesoria, para muchos, de una quincena de
confinamiento en la isla Martín García. En su libro "La Semana Trágica", el
comisario A. Romariz (oficial de la seccional 34a. de la Boca, durante los
sucesos), estima en 800 los fallecidos y en 4.000 los heridos. Agrega
detalles escalofriantes: los cadáveres eran rápidamente incinerados conforme
a indicaciones del general Dellepiane. El mismo pudo comprobarlo en la
Morgue, cuando acudió a reclamar el cuerpo de un suboficial. "Entretenga a
la viuda hasta que se olvide", le dijo el funcionario que lo atendió,
escudándose en esa orden.
Versión Ideológica
Durante el conflicto, los anarquistas consideraron a la Iglesia su enemiga.
Proporcionaba rompehuelgas y condenaba la rebelión. Sin embargo, monseñor
Gustavo J. Franceschi, ya destacado sacerdote, se opuso a la represión y
hasta justificó, de alguna manera, la reacción popular. Escribió en la
revista "Acción": "La organización social actual no satisface los deseos del
hombre, que no se resigna a ocupar toda la vida una posición inferior. Por
eso resuelve destruirla. Para reprimir al maximalismo... hay que modificar
la organización social llevándola a una mayor justicia".
En el otro extremo Diego Abad de Santillan recuerda para Panorama; "Eramos
jóvenes, impulsivos, inmaduros. Creíamos que la revolución social era
inminente y recurríamos a cualquier extremo. Además, los capitalistas de
aquella época no eran como los modernos; acostumbraban a considerar a los
obreros como esclavos".
En cuanto a las causas que provocaron el brutal acontecimiento, piensa que
influyeron "asuntos extranjeros y nacionales". Por un lado la revolución
rusa, la de Ios consejos de Baviera, las agitaciones de Italia y España, por
el otro, la presencia de la burguesía en el gobierno, a través del
radicalismo, lo cual implicaba un desplazamiento de los tradicionales
poseedores del poder.
El recuerdo de la semana trágica tuvo amplia repercusión en la literatura
porteña. Un hijo suyo es "Nacha Regules", la novela de Manuel Gálvez. En sus
memorias testifíca "Lo arrojé (al libro, publicado en el diario socialista
'La Vanguardia', como folletín) palpitante, aún chorreando lágrimas de
sangre, en medio de la farsa de la vida, de la alegre, estúpida o canallesca
farsa de la vida." Más tarde abandonaría su incipiente revolucionarismo
socialista para transformarse en vocero del nacionalismo.
Otro nacionalista era Carlos Ibarguren ("La historia que he vivido"),
recuerda que de regreso a San Isidro en automóvil con su chófer (ambos
armados), recogió a un agobiado caminante, en mangas de camisa. "¡Gracias,
señor, me salva usted la vida. No podía andar más!", exclamó con marcado
acento extranjero. Era el secretario de la embajada de los Estados Unidos,
Summer Welles, recién llegado a Buenos Aires, y futuro secretario de Estado
norteamericano. Había podido comprobar que éstas eran tierras calientes. Su
relación posterior con América latina parece signada por esta visión inicial
del continente.
Pasaron los años, y salvo la esporádica llamarada del anarco-sindicalismo
español durante la guerra civil de 1939, la ideología ácrata pareció
condenada a languidecer hasta la consumición total. Pero en 1968, casi 50
años después de aquella Semana Trágica porteña, en la Sorbona se alzan las
banderas rojinegras y alguien grita "¡Viva la anarquía! ", el reloj de la
historia pareció retroceder medio
siglo en
París; más tarde en México, Roma.
Fuente: www.magicasruinas.com.ar
IMAGENES:
Primeras víctimas. Cuatro cadáveres conducidos por una multitud de 200.000
personas
(Archivo General de la Nación)
Presidente Irigoyen "Me querían llevar a reprimir a sangre y fuego"
[al pueblo]
(Archivo General de la Nación)
Talleres Vasena. El estallido de violencia inicial también hirió de muerte a la
siderurgia
(Archivo General de la Nación)
Diego Abad de Santillán: "Eramos jóvenes e impulsivos"
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El
imprescindible ejercicio de la memoria
7 DE ENERO DE 1919: Se produjo la matanza de
obreros que se conoció como la Semana Trágica.
Desde hacía un mes se encontraban en huelga los obreros de los Talleres
Metalúrgicos Pedro Vasena. Exigían la reducción de la jornada de trabajo de
11 a 8 hs.; aumentos escalonados de jornales; la vigencia del descanso
dominical y la reincorporación de los delegados echados al iniciarse el
conflicto. El 7 de enero, varias chatas manejadas por rompehuelgas
contratados, que a su vez estaban acompañados de policías, fueron
interceptadas en forma pacífica por un grupo de huelguistas. "al penetrar en
el barrio obrero, relata La Nación el 8 de enero, los peones que iban en los
carros del convoy eran a cada momento interpelados por los huelguistas.
Hombres mujeres y niños los seguían a pocos metros de distancia, los
incitaban a abandonar el trabajo y le gritaban 'carneros'. Los huelguistas
siguieron así hasta que los carros pasaron frente al destacamento policial,
pero a medida que estos se iban alejando del destacamento y aproximándose a
los talleres, crecía la indignación de los obreros"
Como los rompehuelgas no se detuvieron, los obreros comenzaron a tirarles
piedras. Intervino la policía y asesinó a obreros, uno de ellos de un
sablazo en la cabeza. Hubo más de treinta heridos, varios de los cuales
después fallecieron. EL día 9 el paro general fue prácticamente total. El
día anterior la FORA Vº Congreso y la FORA IXº Congreso lo habían decretado.
A las 15 hs. comenzó a marchar el cortejo fúnebre que llevaba a los caídos
el día 7. Miles de personas lo acompañaban. Los obreros tenían grupos de
autodefensa pero en inferioridad de condiciones en relación con policías y
bomberos. Al llegar la columna a Yatay y Corrientes, una parte de la
manifestación penetró en el convento del Sagrado Corazón de Jesús gritando
consignas anticlericales. Fueron recibidos a balazos por policías y bomberos
que estaban dentro. Mataron a varios.
A las 17 hs. el cortejo llegó al cementerio, mientras hacía uso de la
palabra un delegado de la FORA IXº, fueron atacados por la policía y los
bomberos que se habían atrincherado en los murallones. Las balas partían de
todas partes. Fue una masacre.
A partir de allí los enfrentamientos y la represión abarcaron toda la ciudad
de Bs. As. El gobierno de Yrigoyen recurrió al ejército con Dellepiane al
frente, porque la policía se encontraba desbordada. La lucha, sin embargo,
duró toda la noche especialmente en el barrio de La boca.
Los medios oficiales ("La Prensa") registraron más de 40 muertos y
centenares de heridos. "La Vanguardia", periódico del Partido Socialista, en
cambio, habla de más de 100 muertos y 400 heridos. No hubo bajas entre las
fuerzas represivas.
La huelga continuó el día 10 y se extendió al interior del país. Los
enfrentamientos y la represión continuaron.
"Reunido este Consejo con representantes de todas las sociedades federadas y
autónomas, resuelve: Proseguir el movimiento huelguístico como acto de
protesta contra los crímenes del Estado, consumados en día de ayer y
anteayer.
Fijar un verdadero objetivo al movimiento, el cual era pedir la
excarcelación de todos los presos por cuestiones sociales.
Conseguir la libertad Radowitzky y Barrera, que en estos momentos puede
hacerse, ya que Radowitzky es el vengador de los caídos en la masacre de
1909, y sintetizar una aspiración superior. (...) En consecuencia, la huelga
sigue por tiempo indeterminado. A las iras populares no es posible ponerles
plazo: hacerlo es traicionar al pueblo que lucha. Se hace un llamamiento a
la acción.
Reivindicaos, proletarios. Viva la huelga general revolucionaria.
El Consejo General." Manifiesto FORA Vº Congreso (10-1-1919)
El gobierno de Yrigoyen se reunió con el embajador inglés y con Pedro Vasena
para pedirle que acceda a los reclamos de los trabajadores. Más tarde lo
hizo con la FORA del IXº congreso para que levanten el paro. Los dirigentes
pertenecientes en su mayoría al Partido Socialista, al Partido Socialista
Argentino y al Partido Socialista Internacional (comunista) acceden. EL
clima en la gente era muy otro y el paro continuó por algunos días más.
La huelga finalmente fue decayendo pero quedó en la historia como un ejemplo
de rebelión popular.
Fuente:
Agencia Walsh
(de "La Semana Trágica de Enero de 1919", Julio Godio)

El
conflicto - La ascensión del primer gobierno del partido radical suscitó una jubilosa expectativa. El país se sentía liberado, dignificado, y en vísperas de grandes realizaciones. Con la llegada al poder del gran caudillo don Hipólito Yrigoyen, que encarnaba la protesta y la lucha nacional contra los gobiernos de la opresión, la corrupción y el fraude, se había desatado una incontenible esperanza popular.
Pero si bien Yrigoyen llegaba libre de compromisos con los intereses y con los personeros del Régimen, carecía de mayoría en ambas cámaras legislativas y once de las catorce provincias se hallaban en manos de gobiernos surgidos del fraude. Era la estructura política de la oligarquía imperante, que subsistía intacta en su organización económica y en una parte importante de la opinión pública influida por la prensa comercial, tributaria de sus intereses.
Esos años coincidían con una intensa agitación obrera, motivada por la inseguridad económica, los bajos salarios y malas condiciones laborales, y la influencia de las transformaciones sociales del fin de la Primera Guerra Mundial. La actitud nueva del gobierno de Hipólito Yrigoyen, de comprensión y auspicio de las legítimas aspiraciones de los trabajadores, apareciendo por primera vez en la historia como árbitro de los conflictos, trataba de alcanzar soluciones equitativas. Las delegaciones obreras concurrían a la Casa de Gobierno, y el presidente las recibía junto a las patronales. Lo cual provocó una actitud defensiva de éstas, que fundaron organizaciones rompehuelgas como la Asociación del Trabajo y, sobre todo, la Liga Patriótica, en que el anti-obrerismo asumía el carácter de defensa contra
"la amenaza roja", amparada en la bandera nacional.
Al mismo tiempo, el movimiento obrero adquiría en esos años una tónica revolucionaria, y estaba plagado de agitadores que anunciaban un estallido inminente. La revolución rusa de 1917 parecía a muchos el preludio de la transformación del mundo. Era el sarampión
"maximalista" que atacará también a buena parte de la intelectualidad joven.
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Desde hacía ya un mes los obreros de los Talleres Metalúrgicos Pedro Vasena e Hijos Ltda. se encontraban en huelga. Habían cortado las líneas e interrumpido el suministro de agua. Su planta industrial estaba en Cochabamba y La Rioja, en el barrio de San Cristóbal, en los terrenos donde actualmente está ubicada la plaza Martín Fierro, y sus depósitos se encontraban en la calle Pepirí y Santo Domingo, en Parque Patricios, cerca de Nueva Pompeya. Esta empresa era una de las más importantes del país: entre obreros y empleados sumaban más de 2.500 personas. Los huelguistas solicitaban la reducción de 11 a 8 horas de trabajo, aumentos escalonados de jornales, la vigencia del descanso dominical y la reposición de los delegados obreros echados por la empresa al iniciarse el conflicto.
El día 7 de enero de 1919 (hace hoy ochenta y cinco años), a las 16 horas, varias chatas de Vasena marchaban en busca de materia prima hacia los depósitos. La máquinas de la planta industrial funcionaban con un pequeño número de carneros y rompehuelgas contratados para la empresa en la Asociación del Trabajo. Las chatas también eran conducidas por rompehuelgas protegidos por la policía. Al llegar a la intersección de la avenida Amancio Alcorta y la calle Pepirí, un grupo de huelguistas acompañados de mujeres y niños intentaron detenerlos en forma pacífica. Como no se detuvieron, algunos obreros comenzaron a tirarles piedras y maderas. La policía disparó sus fusiles dejando, luego de dos horas de choques, un saldo de cuatro obreros muertos y más de treinta heridos, algunos de los cuales fallecieron después.
El hecho indignó a todos los obreros metalúrgicos, y la Sociedad de Resistencia Metalúrgica (antecedente de la UOM) lanzó un paro general para todo el gremio. Los obreros marítimos, que en ese momento también estaban en huelga, apoyaron a sus compañeros metalúrgicos. Lo mismo que sectores ferroviarios, en conflicto salarial con las empresas extranjeras, los del calzado, los municipales, telegrafistas y los empleados postales. El hecho pasó casi inadvertido para la prensa, pero se había desatado el factor detonante de lo que se llamaría La Semana Trágica: la huelga general, la más importante hasta esa fecha en la Argentina. La clase obrera estaba formada por entonces en su mayoría por inmigrantes, algunos de los cuales tenían experiencia sindical y política europea, sobre todo socialista y en menor medida anarquista.
El día 8 de enero en la Cámara de Diputados el socialista Nicolás Repetto propone que en el temario de las sesiones extraordinarias se incorpore el debate sobre los sucesos del día anterior.
"Un importante barrio de la ciudad ha sido teatro ayer, señor presidente, de un episodio sangriento que debe haber producido una impresión muy desagradable, dolorosa para todos los argentinos que se interesan en el progreso real de la cultura colectiva... Los conflictos sangrientos en las huelgas se deben principalmente a estas causas: primero a la falta de serenidad por parte de la autoridad encargada de mantener el orden. Segundo, a la falta de comprensión, e impermeabilidad cerebral de algunos que se resisten obstinadamente a aceptar de una vez las buenas prácticas gremiales y obreras que ya están difundidas en el mundo todo. Y por último, a la falta de serenidad de los obreros". Pero se levanta la sesión por falta de quórum. El conflicto social, como siempre, se resolvería entonces en la calle.
El día 9 de enero, desde temprano, los huelguistas se lanzan a la calle, a los barrios y a las puertas de las principales empresas para garantizar el paro. Incitaban a los trabajadores y a los transportistas a abandonar sus puestos de trabajo. Voltearon tranvías, cortaron cables de electricidad, bloquearon la planta Vasena con barricadas en las calles San Juan, Cochabamba, Oruro, Urquiza, y La Rioja. Los comerciantes de toda la ciudad también se fueron adhiriendo, sea por apoyo a los huelguistas o por miedo a las represalias. Lo cierto es que para el mediodía la ciudad estaba totalmente paralizada.
Por otra parte, había salido desde Nueva Pompeya el cortejo fúnebre que llevaba a los abatidos del día 7. Un pequeño grupo de agitadores que los acompañaban iban robando las armerías que se encontraban a su paso, como la de Juan Picasso en San Juan al 3900. A las 17 el cortejo llegó al cementerio. Mientras hablaba uno de los gremialistas, la policía y los bomberos armados, atrincherados en los murallones del cementerio, balearon a la multitud. Cundió el pánico. Todos empezaron a correr mientras la lluvia de balas continuaba, ya que se contestó el fuego desde los huelguistas. Según la prensa oficial murieron allí doce personas, pero según un periódico obrero eran más de cincuenta, incluyendo algunas mujeres. La gente que se alejaba del cementerio comenzó a agredir en las calles a cuanto policía se les cruzaba. Decenas de tiroteos se produjeron en toda la Capital, y en Retiro fueron también baleados algunos trenes. Mientras tanto, se despertó el odio y el pánico entre los sitiadores de la fábrica Vasena al enterarse de los sucesos en el cementerio. La policía atacó con ametralladoras y fusiles Mauser a los sitiadores de la empresa, que se mostraban exasperados.
A las 19, por orden del presidente Yrigoyen, intervenía el Regimiento de Infantería. El operativo policial-militar estuvo a cargo del general Luis Dellepiane, quien indignado y envalentonado declaró:
"Habrá un escarmiento que se recordará durante los próximos cincuenta años". Lamentablemente, no estaba errado.
Por la noche seguía la violencia, y hubo nuevos enfrentamientos entre obreros y policías en varios puntos de la ciudad. La prensa oficial había registrado un saldo para ese día de cuarenta muertos, mientras que la prensa obrera registró más de cien muertos y cuatrocientos heridos. La Unión Obrera Ferroviaria también se plegaba completa al paro.
La mañana del día 10 de enero la ciudad estaba virtualmente paralizada, y había ciudades del interior del país que también se habían adherido al paro. El presidente había ordenado la distribución de 30.000 efectivos militares en toda la ciudad, como así también había solicitado la presencia urgente del señor Vasena en la Casa Rosada. Buenos Aires parecía una ciudad ocupada por fuerzas enemigas. En las esquinas, piquetes de soldados, policías y bomberos estaban listos para reprimir cualquier intento. En los barrios los transeúntes eran palpados de armas. Las calles presentaban un aspecto insólito, con varios tranvías y automóviles abandonados. Las discusiones e incidentes por obtener alimentos de primera necesidad eran comunes. La violencia seguía en toda la ciudad. El saldo de esta jornada habría sido de no menos de cincuenta muertos.
El día 11 se habían dado a conocer los resultados de las tratativas entre el gobierno, Vasena y el sindicato. La empresa había concedido a los obreros las siguientes mejoras: 8 horas de jornada laboral, un aumento que variaba según el salario entre el 20% y el 40%, aumento de las horas extras en un 50% y un 100% adicional para los que trabajaran los domingos. Sin embargo, la huelga y los tiroteos continuaban. Ese día fue el de la gran redada para los sindicalistas y dirigentes socialistas: se llegó a detener a cinco mil personas. Pero al intensificarse la represión y al carecer ya la huelga de objetivos claros, comenzó a reinar la confusión entre los obreros. La huelga para ellos ya no tenía sentido... y habían conseguido bastante. Tanto como nunca antes en toda la historia.
El 12 de enero la policía dio a conocer la noticia –completamente falsa- de que se había descubierto una célula bolchevique entre los numerosos inmigrantes rusos de la ciudad. Se allanó una casa donde habrían sorprendido a cuarenta
"miembros dirigentes del ‘primer soviet’ de la república federal de los soviéticos argentinos" (La Nación, 13/ene/1919). El periódico socialista La Vanguardia el día 14 de enero registraba un total de setecientos muertos y más de dos mil heridos, obreros, mujeres y niños, a lo largo de toda la semana. Pero ya el día 16 prácticamente la policía había puesto en libertad a la mayoría de los obreros y de a poco se volvía a la normalidad.
Durante la Semana Trágica, a la represión policial se sumó la aparición de la Liga Patriótica Argentina, una fuerza de choque juvenil de derecha que se dedicó a atacar violentamente a los sindicatos, agrupaciones de izquierda y anarquistas, y de paso, también a los judíos. La Liga Patriótica, dirigida por la elite conservadora, habría de ser en los tres años siguientes la asociación política más poderosa del país. Su crítica fundamental se dirigía a la benevolencia con que Yrigoyen trataba las luchas sindicales. A dos años de la revolución rusa, existía el temor generalizado de su posible repercusión. Esto había creado un clima de desasosiego en las clases dominantes, que en cada movimiento obrero veían una amenaza para la seguridad pública. Afirmaban que el
"maximalismo", el programa máximo de la revolución socialista soviética, pretendía apoderarse del país. Se preveía una inminente revolución mundial, que, si bien constituía un factor movilizador para los trabajadores, actuaba como revulsivo para las clases propietarias.
[La fotografía muestra a los policías "en pie de guerra", fue publicada en la
revista Caras y Caretas del 18 de enero de 1919. Los que apuntan son conscriptos
de la escuela de tiro provistos de ametralladoras de pie, al frente de la
Comisaría 24, en La Boca]
Fuente: www.agendadereflexion. Ilustración: Pablo De Bella - www.pablodebella.com.ar

La FORA
en el movimiento obrero
Por Antonio López
1987 Centro Editor de América Latina S.A.
Biblioteca Política Argentina
PALABRAS PRELIMINARES
El movimiento obrero es el arma primordial que poseen los trabajadores para
enfrentar con posibilidades de éxito a la patronal, tratando de mejorar las
condiciones de vida en que se desenvuelven en la sociedad capitalista, ya sea
ésta con predominio del capital privado, o, con predominio del capitalismo
estatal.
Una parte del movimiento obrero, hoy ampliamente mayoritario a nivel mundial,
circunscribe su accionar a un mejoratívismo que no cuestiona la existencia de
ese sistema social —capitalismo privado o capitalismo estatal— y que, en muchos
casos, e verdaderamente al servicio de fuerzas ideológicas, de fuerzas
políticas, que lo utilizan como uno de los puntales en que se basamenta ese
sistema social de explotación.
Otra parte del movimiento obrero, proporcionalmente minúscula considerada
mundialmente, cuestiona ese sistema social de explotación, y tiende, como
aspiración finalista, a sustituirlo por otro en que la explotación del hombre
por el hombre, desaparezca. Es obvio que, si desaparece la explotación del
hombre por el hombre, su consecuencia es ni más ni menos, que un sistema social
de libres y de iguales.
Para lograr sus objetivos, ambas formas de encarar el movimiento obrero,
diferían —y difieren en la actualidad— en sus medios. Bien se ha dicho que debe
haber una correlación, una correspondencia, entre medios y fines; que estos
últimos, deben estar consustanciados con los medios que se utilicen para
conseguirlos. Es así, que toda la fracción del movimiento obrero ampliamente
mayoritaria en la actualidad, consecuente con sus propósitos meramente
mejorativistas, es decir, reformistas, utiliza medios que no contradicen esos
propósitos, esos fines. Esos medios, legalizados es decir controlados por el
Estado que ha Embretado al movimiento obrero en una maraña de leyes que lo
maniatan, es no solamente aceptado, sino fomentado por la amplia gama de
sindicalistas reformistas, que propician la intervención del Estado como
intermediario y arbitro en los conflictos entre patrones y trabajadores. En
nuestro país, es una demostración de ello, la posición que frente a la
denominada Ley de Asociaciones Profesionales, mantienen los sindicalistas de
extracciones políticas diversas: peronistas, socialistas, comunistas, etc., a
quienes por encima de sus diferencias, une la tendencia legalista, es decir,
reformista. Por el contrario, el otro sector del movimiento obrero, el de
proporciones minúsculas en la actualidad considerando todo el globo terráqueo,
basa su accionar tendiente a no detenerse en propósitos solamente
mejorativistas, pero sin descuidarlos, en lograr un cambio total en las
relaciones sociales, es decir, un cambio revolucionario, en medios que están
coherentemente relacionados con esos fines, utilizando exclusivamente, la acción
directa, que consiste esencialmente en el tratamiento directo entre patrones y
trabajadores de todos los problemas que surgen de esa relación de dependencia
que mantienen, sin aceptar bajo ninguna circunstancia la intromisión del Estado,
como intermediario o arbitro.
En nuestro país, ésta última posición, la del movimiento obrero finalista,
revolucionario, ha sido sostenida esencialmente por la Federación Obrera
Regional Argentina (FORA), y, si bien es cierto, que hoy ha dejado prácticamente
de existir, su historia, extraordinariamente rica en episodios de gran valor
para extraer enseñanzas, merece que sea conocida por los jóvenes que ignoran
casi totalmente todo lo que fue y significó el movimiento obrero argentino
anterior al peronismo. De este movimiento obrero argentino, nos vamos a referir
solamente a la organización fundamental de la parte revolucionaria, la
Federación Obrera Regional Argentina, historiando a grandes rasgos algunos
hechos y características.
Por otra parte, de autores que se han ocupado del tema, de documentos que hacen
al asunto que nos preocupa, de testimonios verbales de viejos militantes y, aún,
del conocimiento directo, se nutren las páginas que siguen.
I- FUNDACIÓN DE LA FEDERACIÓN OBRERA REGIONAL ARGENTINA
La Federación Obrera Argentina (desde 1904 Federación Obrera Regional Argentina)
fue fundada el 25 de Mayo de 1901 por un grupo de Sociedades de Resistencia, en
las que ejercían fuerte influencia trabajadores que sustentaban las ideologías
que desde los tiempos de la primera Asociación Internacional de los Trabajadores
disputaban la supremacía en el movimiento obrero. Por un lado, los bakuninistas,
o antiautoritarios, o, finalmente, anarquistas; por el otro lado, los marxistas,
o autoritarios, o, finalmente, socialistas. En la Argentina se reproduce esa
confrontación que, muchas veces adquirió tintes violentos, por más que ambas
comentes aspiraran a llegar a los mismos fines: la organización de "una sociedad
basada en los principios socialistas: en lo que sí diferían, indudablemente, era
en los medios utilizados para lograr esos fines. Los socialistas iban a la
conquista del Estado para, desde ahí, implantar el socialismo. Los anarquistas
fincaban su accionar en la destrucción del Estado por medio de la Revolución
Social, para entonces, organizar la sociedad con parámetros socialistas.
No es extraño que en la Argentina se reprodujera la controversia entre
socialistas y anarquistas, si se tiene en cuenta que los iniciadores del
movimiento obrero argentino eran, en su gran mayoría, inmigrantes europeos
(precisamente en Europa había tenido origen la controversia) que, en gran
proporción, habían adquirido esas ideas en sus países de origen.
La Federación Obrera Regional Argentina tenía lejanos antecedentes en la década
de 1870-1880, durante la cual se habían organizado algunas secciones adheridas a
la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT). Fue escaso el eco que
despertó entre los nativos del país esta inquietud que desarrolló su accionar en
algunos círculos de trabajadores extranjeros. Lo cierto es que el ensayo no tuvo
mayor trascendencia y prontamente cayó en el olvido. Donde sí tuvo algún grado
de éxito fue en la vecina orilla. En Montevideo llegó a organizarse la
Federación Regional Uruguaya, adherida a la Asociación Internacional de los
Trabajadores.
Otros antecedentes de organizaciones que sirvieron de nexo a las Sociedades de
Resistencia existentes, ya más cercanas en el tiempo, tuvieron concreción a
partir de 1890. La primera de ellas tuvo lugar en el año indicado; con el nombre
de Federación de los Trabajadores de la Región Argentina se proponía "la unión
de los obreros de esta región, para defender sus intereses morales y materiales,
y practicar la solidaridad con los hermanos de todas las regiones en lucha
contra el capital y sus monopolizadores".
En su primer Congreso de Agosto de 1891 se resuelve:
"a) Designar una comisión para formular 'un programa análogo al de los partidos
obreros europeos';
"b) Propugnar la jornada de ocho horas de trabajo y un descanso semanal de 36
horas seguidas;
"c) Considerando la propiedad individual de los medios de producción, fuente del
malestar que soporta la clase obrera, el congreso vota 'en favor de la abolición
completa de la propiedad individual, en conformidad con todos los partidos de
lodos los países' ".
Esta primera expresión del movimiento obrero organizado en el país, de franco
carácter socialista según lo atestigua lo transcripto, fue disuelta poco después
de su segundo Congreso.'
Recién en 1894 se organizó un nuevo nucleamiento de sociedades de resistencia,
la Federación Obrera Argentina. "El programa, dice Jacinto Oddone, era un largo
documento, platónico en gran parte, con reivindicaciones económicas y políticas,
semejante al de la primera Federación, que más se adaptaba para un partido
político que para una organización gremial. Por eso es que, fuera de los
delegados que lo habían sancionado, encontró una seria resistencia, al punto que
nunca fue aceptado por los gremios." (*2)
Una tercera tentativa de Federación Obrera se llevó a cabo en 1896,
proponiéndose lo siguiente:
"a) Reunir en su seno a las diversas organizaciones (sociedades de oficio) que
tengan por objeto el mejoramiento y defensa de las condiciones de trabajo por
medio de la asociación.
"b) Promover la creación de nuevas sociedades donde no existan, y auxiliarlas
para que se constituyan.
"c) Practicar debidamente el principio de solidaridad entre las organizaciones
adheridas, con arreglo a las prescripciones del presente reglamento.
"d) Mantener estrechas relaciones con los organismos obreros de los demás países
que persigan el mismo fin que esta Federación y practicar con ellas del mismo
modo, siempre que sea posible, el principio de solidaridad.
"e) Recabar de los poderes públicos leyes que favorezcan los intereses del
trabajo, tales como la jornada de ocho horas, fijación de un salario mínimo,
igualdad del salario para los obreros de uno y otro sexo, etc.
"f) Fuera de este objeto y de lo que con él tenga relación directa, la
Federación no defiende principios económicos determinados, no pertenece a ningún
partido político, no profesa ninguna religión, y no conoce distinciones de raza
o nacionalidad. Sus miembros son libres personalmente de defender y propagar las
opiniones que consideren más acertadas independiente del de la organización."
(*3)
Antes de finalizar 1897 se había diluido esta tercera tentativa de organizar una
Federación Obrera en la Argentina.
Por último, para finalizar la mención de las tentativas de organización que
precedieron a la Federación Obrera Regional Argentina, tenemos que referirnos a
una iniciativa del Partido Socialista para dar vida a la Federación general de
Organizaciones Obreras de Buenos Aires, que tuvo efecto en 1900. Las
aspiraciones de la flamante Federación eran las siguientes:
"a) La reglamentación de la jornada de trabajo para los adultos, mujeres y
niños;
"b) Una Ley que instituya el descanso dominical;
"c) La abolición del trabajo a destajo;
"d) Leyes que responsabilicen a los patronos por los accidentes de trabajo;
"e) Una ley creando tribunales arbitrales, formados por patronos y obreros, para
dirimir las diferencias que se produjesen entre unos y otros;
"f) Higienización de las habitaciones obreras;
"g) Concesión de pensiones y subsidios a los obreros ancianos y a los inválidos
del trabajo." (*4)
Para lograr esos propósitos haría "peticiones a los poderes públicos nacionales,
provinciales y municipales, y si no obtuviera satisfacción a sus pedidos",
emplearía 'los medios que dentro del orden estén a su alcance para llegar a la
conquista de sus aspiraciones". (*5)
Fracasadas estas tentativas de organización de una Federación Obrera, no se
perdieron esos propósitos ya que, como dejamos dicho, el 25 de Mayo de 1901, se
realizó el Congreso fundador de la Federación Obrera Argentina que sí perduraría
en el tiempo y dejaría honda huella en las luchas sociales de la Argentina en
las primeras décadas de este siglo.
Sentadas las bases fundadoras de la nueva Federación (Anexo Documental N° 1),
(*6) desde un principio se puso de manifiesto la supremacía "de los anarquistas
sobre los socialistas que habían participado en su constitución, produciéndose
ya en el segundo Congreso celebrado en 1902, el retiro de estos últimos que
organizaron una nueva central obrera: la Unión General de Trabajadores (UGT).
Desde el mismo instante de la separación de anarquistas y socialistas en dos
organizaciones distintas, se realizaron variados intentos de unificación que
finalizaron en continuos fracasos, hasta que, varios años más tarde, cuando ya
la Unión General de Trabajadores había desaparecido dando paso a la
Confederación Obrera Regional Argentina (CORA), con predominancia en ese
entonces de los llamados sindicalistas puros en detrimento de los socialistas,
esa inquietud unificadora fructificó al disolverse la CORA e ingresar
masivamente sus Sociedades de Resistencia en la Federación Obrera Regional
Argentina.
Como decíamos, en La FORA tuvieron especial predicamento los anarquistas, que
superando opuestos puntos de vista entre sus propios partidarios —los había
refractarios a toda organización, a los cuales se denominaba antiorganizadores—
pusieron especial énfasis en ese frente de actuación que, debido a esa
circunstancia, adquirió relevante importancia a través de varias décadas,
constituyéndose en el principal campo de propagación de sus ideas
revolucionarias.
En ese sentido, en el sentido de sus ideas revolucionarias, la FORA puede
considerarse sin lugar a dudas, como la heredera de la Primera Internacional, en
especial modo de su Federación Regional Española. Tanto es así, que puede menos
que convenirse, en la identidad de ideas que representa la resolución redactada
por el famoso revolucionario ruso Miguel Bakunin y aprobada por el Congreso de
Saint Imier (Anexo N 3), realizado en Setiembre de 1872 por secciones
antiautoritarias de la Asociación Internacional de Trabajadores que se habían
alzado contra la autoridad del Consejo General y desconocían lo que la mayoría
amañada por los marxistas había aprobado en el reciente Congreso de La Haya, con
la recomendación finalista del comunismo anárquico aprobada por el 5° Congreso
de la FORA llevado a cabo en 1905. (Anexo N° 4.)
El Congreso de Saint Imier significó prácticamente el comienzo del anarquismo
como movimiento organizado, ya que anteriormente su actuación había sido la de
integrante junto con otras corrientes socialistas, de una misma organización.
Esto no dejó de tener vigencia sino en una forma algo gradual, pero, desde el
Congreso referido la diferenciación se fue acentuando cada vez más hasta
culminar en la separación definitiva.
Para certificar la importancia del Congreso de Saint Imier y la influencia que
adquirió para la difusión de las ideas y la organización anarquistas, insertamos
dos dictámenes aprobados en el mismo sobre los temas, "Pacto de Admistad,
Solidaridad y Defensa Mutua" (Anexo N° 2), y, "De la organización del trabajo"
(Anexo N8 5).
En el 4a Congreso de la FORA se aprobaron las bases fundamentales de su
organización y de sus medios de lucha: El Pacto de Solidaridad (Anexo N° 6). El
"Sistema de Organización" (Anexo N° 7) y "Declaración de Principios" (Anexo N°
8). Si cotejamos esos documentos básales con los que regían la vida orgánica de
la Federación Regional Española de la Asociación Internacional de los
Trabajadores (Anexo N°9), veremos las similitudes existentes incluso en la
terminología empleada; obsérvese por ejemplo que las sociedades constituidas se
denominaban Sociedades de Resistencia a pesar de que cuando se fundó la FORA, el
sindicalismo ya estaba en pleno auge en Francia y otros países de Europa. Claro
está que no faltaban las diferencias entre ambas organizaciones, mientras los
anarquistas españoles de la primera hora se aglutinaban en la clandestina
Alianza de la Democracia Socialista (Anexos N5 10 y 11) con el objeto de influir
en la Federación Regional Española, en la Argentina los anarquistas que
militaban en la FORA combatían a través del tiempo —como veremos más adelante—
porque en la época en que ya la FORA llevaba largos años de actividad y en
España la Confederación Nacional del Trabajo era la organización sindical
orientada por los anarcosindicalistas, se fundó en 1927 la Federación Anarquista
Ibérica con idénticos objetivos que la antigua Alianza de la Democracia
Socialista.
Hay que apuntar que el sistema de organización aprobado en el 49 Congreso de la
FORA, no se puso en práctica en todos sus términos, ya que la constitución de
las Federaciones de Oficio y las Federaciones de Oficios similares no fueron
aprobadas en nombre de salvaguardar los principios federalistas, salvo en los
casos de los obreros portuarios y de los obreros ferroviarios que, por breve
tiempo, fueron autorizados a funcionar como Federaciones de Oficios. (Anexos N8
97-98-121-125-133.)
El funcionamiento del Consejo Federal muchas veces excedió el marco que lo
fijaba al sistema de organización aprobado —"Centro de Correspondencia de toda
la República, el intermediario entre todas las sociedades y federaciones"—
(Anexo N° 7), lo que dio pie para no pocas disputas y reyertas que tuvieron viva
incidencia en las divisiones que se produjeron, a las que nos referiremos más
adelante.
II- RESOLUCIONES DE CONGRESOS Y REUNIONES REGIONALES DE DELEGADOS
A través de su existencia, la FORA realizó 11 Congresos ordinarios —no se
incluye el 9* Congreso de 1915, luego desconocido aunque sus resoluciones están
transcriptas en el Anexo Documental—, 2 Congresos Extraordinarios y no menos de
10 Reuniones Regionales de Delegados. Repasando suscintamente los acuerdos
adoptados, podremos colegir cuáles eran las inquietudes que preocupaban a los
trabajadores y a los militantes, más activos en cada momento. Esas inquietudes
en muchos temas se reiteraban continuamente: otras veces aparecen nuevos
planteos ante problemas también nuevos. Asimismo permiten apreciar, que en
muchos aspectos fueron precursores en el planteo y aporte de soluciones que,
posteriormente, tuvieron vigencia a través de la legislación laboral.
Legislación laboral
'Desde principios de siglo hasta ahora muchos son los cambios que se han
sucedido en las condiciones de trabajo. Las organizaciones obreras, de todas las
ideologías que. se disputaron el control del movimiento obrero, influyeron
decisivamente para que las condiciones infrahumanas imperantes en aquellos años
se fueran morigerando paulatinamente, logrando condiciones más humanas tanto en
lo que respecta a la duración de la jornada de trabajo —variaban entre 9 y 14
horas diarias—(*7), como en el nivel de los salarios que aproximadamente iban de
$1 a $4 diarios para los hombres y de $0.80 a $3 para las mujeres, según los
gremios y la categoría profesional (*8). Los salarios no les alcanzaban —salvo
en las categorías más privilegiadas— para solventar los gastos mensuales de
comida, vestido, transporte y alquiler que eran muy caros para el nivel medio de
ingresos que tenían los trabajadores. A las condiciones de extrema explotación
que padecían en sus ocupaciones, se sumaba el tener que habitar en conventillos
que habían proliferado en una ciudad cada vez más grande. Los conventillos
aunaban al hacinamiento más promiscuo, la casi total falta de las más
elementales condiciones de higiene. Así los describe un socialista que fue
militante sindical de la primera hora:
"Imaginemos un terreno de 10 a 15 metros de frente (los hay que sólo tienen de 6
a 8) para 50 a 60 de fondo; algo que se asemeja a un edificio, por su parte
exterior, o casa de miserable aspecto: generalmente un zaguán cuyas paredes no
pueden ser más mugrientas, al final del cual una pared de dos metros de altura
impide que el transeúnte se aperciba de las delicias del interior. Franquead el
zaguán, y veréis dos largas filas de habitaciones, en el centro de aquel patio
cruzado por sogas en todas direcciones, una mugrienta escalera de madera pone en
comunicación con la parte alta del edificio. El conjunto de piezas, más bien que
asemejarse a habitaciones, cualquiera diría que son palomares; al lado de la
puerta de cada cuarto, amontonados en completo desorden, cajones que hacen las
veces de cocina, tinas de lavar, receptáculos de basuras, en fin, todos los
enseres indispensables de una familia, que por lo reducido de la habitación
forzosamente tienen que quedar a la intemperie. En la parte alta del conventillo
la estrechez es mayor, pues no teniendo los corredores más que un metro o metro
y medio de ancho, apenas queda espacio para poder pasar.
"Las habitaciones son generalmente de 3 por 4 metros de altura, excelentes
piezas, cuando llegan a tener una superficie de 4 por 5. Esas celdas son
ocupadas por familias obreras, la mayoría con 3, 4, 5 y hasta 6 hijos, cuando no
por 3ó4 hombres solos. Adornan estas habitaciones dos o tres camas de hierro o
simples catres, una mesa de pino, algunas sillas de paja, un baúl medio
carcomido, un cajón que hace las veces de aparador, una máquina de coser, lodo
hacinado para dejar un pequeño espacio donde poder pasar las paredes, que piden
a gritos una mano de blanqueo, engalanadas con imágenes de madonas o estampas de
reyes, generales o caudillos populares, tales son, en cuatro pinceladas, los
tugurios que habitan las familias de obreras en Buenos Aires, los que a la vez
sirven de dormitorio, sala, comedor y taller de sus moradores.
"Pocos son los conventillos donde se albergan menos de 150 personas. Todos son,
a su vez, focos de infección, verdaderos infiernos, pues el ejército de
chiquillos, en eterna algarabía, no cesa en su gritería, mientras los más
pequeñuelos, semidesnudos y harapientos, cruzan gateando por el patio recogiendo
y llevando a sus bocas cuanto residuo hallan a mano; los mayorcitos saltan,
gritan y brincan, produciendo desde las 7 de la mañana hasta las 9 de la noche
un bullicio insoportable".(*9)
La FORA desde el primer momento se ocupó de esta situación lamentable tratando
de ponerle coto. Fueron múltiples los conflictos que se fueron sucediendo
planteados por las organizaciones foristas que siempre consideraron que las
conquistas que se lograban no significaban la finalización de la explotación a
que eran sometidos los trabajadores, explotación que solamente tendría su fin
con la Revolución Social expropiadora y la consiguiente emancipación que se
buscaba, asimismo creían que esas conquistas solamente podrían mantenerse por la
fuerza de la organización obrera y no mediante leyes que sancionara el Estado,
cuya finalidad era el quitarle a los trabajadores y a sus organizaciones
sindicales motivos para una acción reivindicativa de carácter ilegal y en muchos
casos revolucionaria.
"En todos sus Congresos y Reuniones Regionales de Delegados, la central obrera
orientada por los anarquistas, se ocupó de diversos aspectos relacionados con lo
que venimos apuntando; pruebas de ello aportamos en los puntos del Anexo
Documental números 12, 13, 20, 21, 25, 32, 44, 51, 57, 59, 61, 66, 89, 90, 95,
97, 178 y 192.
Los alquileres
Ya hemos apuntado que los alquileres que se cobraban en Buenos Aires eran muy
caros teniendo en cuenta la escasa capacidad de los bajos salarios que se
pagaban. Esta situación trajo como consecuencia que se plantearan continuamente
problemas que finalizaban en muchas ocasiones con el desalojo de los que no
podían pagarlos. Los dueños de los conventillos habían encontrado un verdadero
filón para obtener rápidas y pingües ganancias. Como no podía ser menos, los
militantes foristas que padecían a la par de todos los demás inquilinos las
consecuencias de tal situación, encararon ese problema en varios de sus
congresos (Anexo N9 14 y 46) en procura de una rebaja de los mismos.
La agitación producida en los inquilinatos por las condiciones deplorables de
habitabilidad, los altos alquileres y el despótico trato que les dispensaban los
dueños y los encargados que ellos designaban, hizo eclosión en 1907, cuando a
raíz de "un fuerte aumento de los impuestos municipales y territoriales, que los
propietarios de las casas de inquilinato trasladaron de inmediato a los
alquileres" fue que "La Liga de inquilinos sugirió a los locatarios que no se
pagaran los arriendos hasta tanto no se suprimiera el aumento".(*10)
La sugerencia tuvo amplia aceptación, dejando de pagarse el alquiler en
numerosos conventillos de la Capital, algunos pueblos circunvecinos y, aun,
ciudades del interior.
Los participantes de tan singular movimiento huelguístico, se organizaron para
poder enfrentar a los dueños de los conventillos y a la policía que —como es
natural— volcó su acción en favor de éstos. La organización de los huelguistas
tuvo un amplio carácter horizontal, carácter al que no fueron ajenos los
anarquistas que participaron activamente en el mismo.
Otro elemento que hay que tener en cuenta, es la participación activa de
numerosas mujeres en el movimiento; téngase en cuenta que eran ellas las que más
sufrían las deplorables condiciones de los conventillos, ya que mientras los
hombres pasaban muchas horas en sus trabajos y aún en otras actividades, las
mujeres transcurrían todo el tiempo en ese ámbito que tan vividamente describió
Adrián Patroni.
"Hacia fines de Setiembre comenzaron a producirse los primeros desalojos. Los
inquilinos a veces podían demostrar enfermedad de algunos de los posibles
damnificados, y entonces evitaban el desalojo, pero cuando no había enfermos
iban a dar con sus trastos a la calle o al patio del conventillo, aunque muchos
eran recibidos -por sus propios vecinos en actos de solidaridad que se
multiplicaban a medida que avanzó el conflicto.
"El anarquismo propuso que los locatarios desalojados por la justicia acamparan
en las plazas públicas y para tal efecto la Sociedad de Resistencia de
Conductores de Carros —miembro de la FORA— estableció que carros y carreros se
pusieran a disposición de los huelguistas. Esta medida fue duramente criticada
por el Partido Socialista —enfrentado tácitamente con el anarquismo— que si bien
apoyó a los inquilinos, consideró el conflicto como un contrasentido, pues los
consumidores no podían ni debían hacer huelgas que solo eran viables en el campo
de la producción. La alternativa ofrecida por los seguidores de J. B. Justo se
basaba en la asociación de los trabajadores en las cooperativas de edificación,
donde a través del ahorro los asociados accederían a viviendas modestas, pero
dignas.
"Las autoridades encontraron una enconada oposición en los inquilinos que
comenzaron a resistir las decisiones judiciales. Caseros, propietarios y
oficiales de justicia eran enfrentados por los locatarios, razón por la cual se
apeló a la policía y al cuerpo de bomberos para efec-tivizar los desalojos. No
obstante, un sinnúmero de conventillos no acataron las órdenes de las fuerzas de
represión y resistieron atrincherados dentro de la casa, cerrando los portones
de entrada y utilizando como armas defensivas escobas, piedras, maderas y
calderos con agua hirviendo que amenazaban volcar sobre las autoridades."(*11)
Para fines del año el movimiento decayó; las prisiones, deportaciones, en
especial modo de anarquistas que habían activado, etc., tuvieron finalmente el
efecto deseado por los propietarios y las autoridades. No se modificaron las
condiciones de la vivienda y de los alquileres sino muy parcialmente, pero el
movimiento quedó como una demostración insólita por lo inédita, y, como un
camino que posteriormente dejó de transitarse y no fue resuelto jamás.
Escuelas libres
La enseñanza fue otro de, los temas que reiteradamente se plantearon en la FORA.
Fundada en los años en que Francisco Ferrer Guardia realizaba en Barcelona,
España, la experiencia renovadora que significaba la enseñanza racionalista que
impartía la Escuela Moderna por él organizada.
Piénsese en que, por ese entonces, la Iglesia dominaba con su prédica
oscurantista, la labor educativa y, Ferrer, con su nuevo método, la puso en una
situación de franco entredicho. No podía quedar impune el atrevimiento del
educador que revolucionaba el sistema imperante, y, la Iglesia con su aliado,
'el Estado, se cobró tamaña osadía segando con un burdo pretexto, la vida de
quien así los desafiaba.
Ferrer fue fusilado en Montjuich en 1909, pero su obra quedó y fue reivindicada
por quienes fueron sus sucesores. En la Argentina, los anarquistas en general, y
la FORA en particular, procuraron —con escasos medios— difundir la enseñanza
libre mediante la creación de escuelas, bibliotecas, etc. Prácticamente no había
Sociedad de Resistencia que no estuviera dotada de una modesta biblioteca,
colocada a disposición de sus asociados, para aficionarlos a la buena lectura y
a incrementar sus conocimientos.
Los Congresos y Reuniones Regionales de la FORA, se ocuparon recurrentemente de
este tema (Anexo: N° 22, 24, 34, 38, 45, 88). No puedo dejar de mencionar que el
lema "libertad por la educación" que figura en el dictamen aprobado por el
tercer Congreso de la FORA, fue rescatado más de 50 años después, por el
compañero Profesor Guillermo Savloff, que organizó la Asociación de Educación
libre (ADEL) que funcionó en sus comienzos en la Biblioteca Popular José
Ingenieros y luego en otros locales. El Profesor Savloff fue una de las víctimas
de la despiadada represión desatada en la Argentina en la década del 70: su
cuerpo apareció acribillado a balazos a fines de Enero de 1976.
La mujer
Los movimientos feministas buscan generalmente reivindicar a la mujer en su
carácter de víctima de la dominación del hombre. Este planteo muchas veces
adolece de falta de profundidad; los anarquistas sostenemos que, además de ser
dominadas por el hombre, la mujer es una víctima a la par de aquél, del sistema
social imperante basado en la explotación del hombre por el hombre. Consideramos
que ambos —hombre y mujer— deben marchar unidos para luchar por la desaparición
de ese sistema, y la concreción de otro sistema social igualitario en que
desaparezcan todas las desigualdades y, el hombre y la mujer mancomunados se
emancipen de todas las dominaciones. En el Anexo Documental (Ns 23, 30, 71)
queda el testimonio de que está situación también fue considerada en las
instancias máximas que significaban los Congresos de la FORA. Entre sus
militantes hubo un pequeño número de mujeres que realizaron una activa labor por
la concreción de esos objetivos que esbozamos escuetamente.
Los rentados
Las antiguas Sociedades de Resistencia, primeras organizaciones profesionales
que formó el proletariado del país, se sostenían gracias al esfuerzo de pequeños
núcleos que estaban poseídos por la mística de la militancia. Su actividad y
entusiasmo abrieron brecha en la cerrada caparazón que oponía la ignorancia de
los trabajadores; éstos se afiliaban impelidos por la necesidad de obtener
mediante ese expediente mejoras en su triste condición de asalariados sometidos
al capricho del patrón y del capataz. La relación que existía entre el militante
activo —base de sustentación de organización— y el simplemente afiliado que no
cumplía tareas de responsabilidad, era directa, puesto que aquéllos
desarrollaban su labor sindical luego de trabajar, a la par de los demás, en la
fábrica o en el taller y sin percibir ninguna retribución por ello. La evolución
extraordinaria que en lo cuantitativo ha alcanzado el movimiento sindical
modificó sustancialmente el panorama referido; de organizaciones minoritarias,
vistas con respecto a la cantidad de trabajadores de cada gremio, han pasado a
ser mayoritarias y las relaciones que mantienen los trabajadores con su
sindicato —salvo excepciones, tanto individuales como de sindicatos,
confirmatorias de la regla— se pueden clasificar de acuerdo a su situación
dentro de él, en tres grupos: dirigentes, delegados y comisiones internas, y
afiliados.
Los dirigentes en su mayoría están embanderados ideológicamente y en su
generalidad configuran una casta que toma decisiones de por sí sin consultar a
la masa de afiliados. Los anteproyectos de convenio, aumentos de cuotas, destino
de fondos sindicales, etc., son dispuestos por ellos, contando a lo sumo con la
aprobación de congresos de delegados proclives a aceptar todo lo que quieren y
que a su vez no consultan a los afiliados de base.
El movimiento sindical es hoy un importante grupo de presión y su manejo
significa tener en las manos un elemento de fuerza de primer orden. Muchos
integrantes de este núcleo se sirven del sindicalismo como trampolín para
incursionar en la política; otros, más modestos, se conforman con formar parte
de la burocracia rentada que es mantenida por los sindicatos, convirtiéndose en
rutinarios funcionarios durante un tiempo bastante prolongado que generalmente
dura hasta que por alguna circunstancia son desplazados por otros en las mismas
condiciones.
Las comisiones internas y delegados nutren el grupo dirigente, su actividad
consiste en encarar la solución de los problemas —generalmente pequeños— que
surgen en cada lugar de trabajo o en su defecto llevarlos a la instancia
superior del sindicato, y en hacer de portadores de las órdenes del grupo
dirigente a los afiliados. En las grandes y aún medianas empresas constituyen un
grupo rentado —la patronal les paga los salarios o sueldos aunque no cumplan
tareas laborales sino en algunos casos y en mínima medida— y cuentan incluso con
oficinas o sitios especiales destinados a la atención de sus actividades. Lo
mismo que en el grupo dirigente, se perpetúan en sus cargos, constituyendo una
casta de funcionarios colocada inmediatamente debajo de aquélla.
La FORA expuso su opinión sobre los rentados —lejano antecedente de la
burocracia actual— en resoluciones que llevan los números 52 y 102 del Anexo
Documental.
Antipatriotismo y antimilitarismo
El ideal anarquista es universalista. Aún reconociendo en el amor al terruño un
sentimiento natural y ponderable, sostiene que se deben borrar las fronteras que
dividen artificialmente a la humanidad en enemigos unos de otros por el solo
hecho de haber nacido en diferentes lugares del planeta. El patriotismo es el
sentimiento natural de amor al terruño exacerbado por una educación al servicio
de la casta dominante. El hombre en todos los confines de la tierra, es
constantemente machacado con una propaganda destinada a demostrar las virtudes
de cada patria en particular en detrimento de todas las demás.
Este patriotismo desemboca naturalmente en un militarismo que, cada vez más,
escapa a los límites de encarar la guerra entre naciones —que llevaron a las
hecatombes mundiales a este siglo— para desbordar como consecuencia de su
naturaleza intrínseca, y se convierte en enemigo de su propio pueblo, al que
aplica el más abominable terrorismo de Estado. La historia de la humanidad está
plagada de ejemplos que aseveran este aserto, corroborado en los últimos años
principalmente en América Latina y, especialmente en la Argentina, donde se
mantienen abiertas las cicatrices causadas por un genocidio fríamente planeado y
sistemáticamente ejecutado por las Fuerzas Armadas.
No queremos abundar en lo que está en conocimiento de todos, pero sí, deseamos
destacar que esta situación ha sido vislumbrada certeramente desde la primera
hora por los anarquistas, y, siendo la FORA una organización obrera orientada
por anarquistas, no podía faltar su profesión de fe antipatriótica y
antimilitarista, condenando la división del mundo en compartimientos estancos
que traen como consecuencia el crimen de la guerra. (Anexo Documental N9 16, 35,
49, 67, 83, 84, 158)
Solidaridad
Otro campo en el que la FORA manifestó constantemente su preocupación y su
solidaridad, fue en el caso de movimientos revolucionarios que tuvieron lugar en
diversas partes del mundo y que, por lo menos en sus comienzos, demostraron
propósitos emancipadores, y, con motivo de represiones desatadas en otros
países. No faltaron, asimismo, expresiones solidarias en casos desarrollados en
el país, pero, de algunos de ellos, nos ocuparemos aunque sea brevemente, más
adelante.
En el caso de tratarse de movimientos revolucionarios, se destacaron
singularmente la revolución rusa y la revolución española. En el primer caso,
las esperanzas que trajo aparejado el acontecimiento revolucionario con su
secuela de hechos heroicos protagonizados por trabajadores del campo y las
ciudades de la lejana Rusia, encontraron a la FORA en un momento de ascenso del
fervor de los trabajadores argentinos, que comenzaron a engrosar las
organizaciones obreras en forma masiva, movilizados por la creencia de obtener
de esa manera mejorar las condiciones en que desenvolvían su trabajo, y,
especialmente a raíz de los hechos revolucionarios rusos, en que estallara la
revolución social emancipadora que los redimiera de la triste condición de
explotados. Cuando los bolcheviques se apoderaron del control de la revolución,
maniatando a los soviets de obreros, campesinos y soldados y desataron una feroz
represión contra los revolucionarios de otras tendencias, entre ellos los
anarquistas, la confusión en las filas del . proletariado revolucionario se
generalizó en todo el mundo. La Argentina no fue una excepción en este cuadro de
confusión que se apoderó incluso de algunos militantes que ocupaban cargos de
responsabilidad en la central obrera revolucionaria. La reacción de la mayor
parte de la militancia, prontamente encauzó la situación con medidas drásticas
que cortaron de cuajo la parte que había perdido el rumbo, obnubilada por el
espejismo que provenía del ex-imperio zarista.
En lo que se refiere a la revolución social desencadenada en España para
contrarrestar el golpe fascista encabezado por el general Franco, encontró a la
FORA en un período de franca decadencia que continuaría sin solución de
continuidad.
Téngase en cuenta, para tener una idea cabal de la influencia de los
acontecimientos revolucionarios de la Península Ibérica que, como ya dejamos
dicho, la FORA era, en una gran medida, la heredera de los postulados sostenidos
por la Federación Regional Española de la Asociación Internacional de tos
Trabajadores. El cimbronazo que causó en la Argentina el hecho revolucionario
español, en especial modo la actuación de los anarquistas nucleados en la
Confederación Nacional del Trabajo (CNT), la Federación Anarquista Ibérica (FAI)
y las Juventudes Libertarias, fue muy considerable. No faltaron expresiones
diversas en tomo a la actuación de los anarquistas españoles, singularmente la
incorporación al gobierno de la Generalidad Catalana primero, y al gobierno
central de la República, luego. Esta posición que contravenía todo lo que el
movimiento anarquista mundial había sostenido hasta entonces, aún hoy, cincuenta
años después, es motivo de controversias; hay quienes comprenden y hasta
justifican la posición de la máxima dirigencia del anarquismo español, en las
circunstancias excepcionales que tuvieron que afrontar tanto en lo interno como
en lo externo; otros, sostienen que hubiera sido más fructífero para las ideas
anarquistas si se hubieran mantenido dentro de los principios que son sustancia
primordial y razón de ser del movimiento que las sustenta. La FORA, tomó
acuerdos al respecto, adoptando esta última posición: expresó su total
solidaridad con el hecho revolucionario y la tarea de reconstrucción social
impulsada por el pueblo español y la militancia de base de tas organizaciones
revolucionarias, y condenó, al mismo tiempo, las desviaciones ideológicas de los
responsables de los órganos de conducción de las organizaciones anarquistas.
En lo que respecta a las represiones desatadas en diversos países, la FORA las
condenó repetidas veces, sin hacer discriminaciones, cualquiera fuera la
ideología que gobernara el país represor. (Anexo Ns 55, 116, 117, 127, 130, 136,
150, 154, 164, 165, 166.)
Contra las leyes represivas y en solidaridad con los presos y perseguidos
sociales
Preocupación permanente en la FORA fue la lucha contra las leyes represivas —Ley
de Defensa Social (Anexo N° 84); Ley de Residencia (que veremos en capítulo
aparte), o, que coartaban la libertad sindical como la Ley Nacional del Trabajo
(Anexo N9 28, 37); y, la Ley de Asociaciones Profesionales (Anexo N* 189).
La solidaridad con los presos y perseguidos sociales, tuvo expresión concreta
especialmente al darse vida al Comité Pro-Presos y Deportados (Anexo Na 147) con
la misma finalidad de darle mayor organicidad a la ayuda solidaria y procurar a
quienes estaban o llegaran a estar en esa situación, asesoramiento judicial.
Este aspecto de la solidaridad conviene destacarlo especialmente, ya que
siempre, bajo cualquier circunstancia, se manifestó en toda su dimensión; a
pesar de las diferencias de criterio sobre múltiples aspectos del quehacer
militante, diferencias que muchas veces adquieren aristas muy virulentas, pero,
para ayudar a los presos y perseguidos, esas diferencias se dejaban de lado y el
aporte solidario completamente desinteresado nunca se retaceó.
Inmigración y desocupación
Ha recrudecido en los últimos años, con especial incidencia en países de Europa,
relacionar íntimamente el problema de la desocupación con los trabajadores
inmigrados. Los trabajadores nativos solicitan a menudo la adopción de medidas
para evitar la inmigración, e incluso, contra los extranjeros ya residentes,
responsabilizándolos de este modo de la falta de trabajo y la consecuente
desocupación que padecen ellos mismos.
La FORA, consecuente con su credo internacionalista, en circunstancias
similares, procedió distintamente, procurando que los inmigrantes potenciales
conocieran la situación imperante en el país, antes de que salieran de sus
países de origen, pero oponiéndose a una limitación de la inmigración. (Anexo N8
80, 85, 136, 143.)
Otras resoluciones
La FORA se pronunció contra el proteccionismo a la industria local (Anexo N°
77).
En favor del Incremento de la maquinaria (Anexo N° 29) puesta al servicio de los
productores por la expropiación de los instrumentos de producción.
Abogó por la toma de Posesión de los medios de producción como táctica de lucha
(Anexo N° 89).
Propugnó —adelantándose a los tiempos— la abolición de la Propina por
perjudicial y denigrante. (Anexo N° 44.)
Estudió la forma de impedir los Aumentos de los precios a causa de las huelgas.
(Anexo N° 50.)
Defendió la institución de un Salario mínimo. (Anexo N°89)
Organización y reorganización
Una preocupación constante entre la militancia de la FORA era, lógicamente, la
organización del proletariado dentro de sus filas. Tratándose la FORA de una
organización siempre dispuesta a jugarse en defensa de los trabajadores y de sus
conquistas, los altibajos en la cantidad de sus afiliados eran muy frecuentes; a
etapas de auge, sucedían lapsos de retroceso en su caudal numérico. Esto fue así
en las primeras décadas de su combativa existencia, pero, es evidente, que a
partir del golpe de estado del Teniente General Uriburu, el 6 de Setiembre de
1930, el retroceso fue constante y con visos de incontenible, ya que a ese
retroceso, esa caída, no le sucedió el período de recuperar fuerzas como ocurría
anteriormente.
Desde entonces en todas las circunstancias en que se reunían los militantes de
la FORA, ya fueran reuniones regionales o circunscriptas a la Capital y pueblos
circunvecinos, donde la organización aunque muy disminuida en sus efectivos, se
mantuvo durante más tiempo, se planteaba el problema de la reorganización de la
FORA. (Anexo N° 140, 149, 159, 169, 182, 191, 201, 203), enunciando planes que
casi nunca se llevaban a la práctica, a veces por falta de medios, otras por la
represión, o por ese constante disminuir de la FORA como movimiento obrero
representativo de la voluntad de los trabajadores; o por todos los motivos
juntos, y aún otros que dejamos de mencionar.
La aparición de Organización Obrera como órgano de la Federación, se consideró
de primordial importancia especialmente después que La Protesta dejó de ser
órgano oficioso— para lograr esa ansiada reorganización, tratándose
reiteradamente en las Reuniones Regionales (Anexo 145, 151, 170, 192) con la
misma suerte que el tema de la reorganización en general, casi nunca se llevaban
a la práctica.
En los últimos tiempos se plantearon y resolvieron favorablemente, algunos temas
que dejaban entrever un cambio en la visión restrictiva que se tenía sobre
ciertos problemas que en la FORA eran considerados prácticamente tabúes, y los
militantes que los ponían sobre el tapete corrían el riesgo de ser motejados de
reformistas y camaleones.
Una simple enumeración de estos acuerdos que, como es reiterativo consignarlo,
no se llevaron a su concreción en hechos, sería la siguiente:
La constitución de un Centro de Investigaciones e Informaciones para todo lo
concerniente a problemas sociológicos, económicos y científicos. (Anexo N° 186.)
La formación de Grupos íntersindicales en los gremios que estuvieran fuera de la
FORA. (Anexo N5 191.)
Ampliación del sistema de organización aceptando la coexistencia de sindicatos
por oficio y por industria.(Anexo N°193)
La conformidad con la organización de sistemas mutuales o Cajas Solidarias.
(Anexo N° 185, 194.)
Considerar la implementación de un sistema de ayuda a ¡os compañeros de avanzada
edad.(Anexo N° 205.)
III - MEDIOS DE LUCHA
La FORA, los anarquistas que militaban en ella, para concretar el proyecto de
cambio social que preconizaba en su Declaración de Principios y, especialmente,
en la resolución, del 58 Congreso recomendando el comunismo anárquico, y en la
solución de los conflictos que se planteaban entre trabajadores y capitalistas,
contaban con que los trabajadores organizados en sus sindicatos —o sociedades de
resistencia, según la denominación que utilizaban— aplicaran exclusivamente como
método de lucha, la Acción Directa; es decir el trato directo con el patrón, con
el capitalista, sin la intervención del Estado como mediador o arbitro de las
diferencias que se hubieran suscitado.
La Acción Directa, en esencia, significa precisamente eso: gestión directa de
los trabajadores, a través de la organización obrera, con sus patrones sin
intervención del Estado; sin que ello implique necesariamente que se recurra a
medidas de fuerza cuando ellas no son necesarias. Por el contrario, la
utilización de medidas de fuerza no significa necesariamente —como parece
entenderse erróneamente ahora— que se esté aplicando la Acción Directa cuando,
corno ocurre frecuentemente, se acepta y aún se solicita la intervención del
Estado por medio de su Ministerio de Trabajo y, aún a veces, la de la misma
Iglesia, para encontrar una solución a los conflictos planteados. Esto último,
la aplicación de medidas de fuerza y la aceptación de la mediación y el
arbitraje del Estado, es lo que se conocía en los primeros tiempos del
sindicalismo, como "Acción a Base Múltiple", que utilizaban las organizaciones
obreras que eran consideradas por los anarquistas de "amarillas' y sus
militantes motejados de "camaleones".
Es en este contexto que Acción Directa, que la FORA entendía el empleo de las
huelgas, el boicot, el sabotaje y el label, sobre los cuales nos extenderemos
brevemente.
La huelga
La huelga es el medio de lucha por excelencia que los trabajadores poseen para
mejorar su situación. Se concreta cuando los trabajadores deciden dejar de
producir como medio de presión para obtener mejoras tanto materiales como
morales, o, para protestar o evitar represiones patronales o estatales, etc.; se
basa fundamentalmente en la convicción de que la' unión obrera, al abstenerse de
efectuar sus labores, tiene el poder de doblegar a los patrones, sean privados o
estatales.
La huelga puede ser parcial, por ser particular de un lugar determinado de
trabajo; o, asimismo parcial, cuando involucra a una parte de un gremio; puede
.ser general por un lapso determinado, o puede ser general por tiempo
indeterminado. Estas huelgas o paros generales pueden abarcar un solo gremio, un
conjunto de gremios, una localidad, grupo de localidades, una provincia, o todo
un país.
La FORA puso en práctica esa arma de lucha en innúmeras ocasiones; es imposible
tener una idea ni siquiera aproximada de su cantidad; de la mayoría de las veces
que se utilizó, seguramente se han perdido todos los rastros, solamente de una
mínima parte de ellas se conservan testimonios documentales de gran valor;
viejos militantes atesoran en su memoria los pormenores de algunos. Al pasar,
recordamos huelgas generales declaradas por la FORA, generalmente para protestar
por represiones policiales como la matanza de la Plaza Lorea en 1909; contra
leyes que cercenaban libertades o conquistas obtenidas, como la ley de
Residencia, o la ley de Defensa Social; de protesta por el asesinato de Kurt
Wilckens, que había matado al represor de las huelgas de la Patagonia, teniente
coronel Várela; o, por la ejecución en Estados Unidos de Sacco y Vanzetti; por
la libertad de Simón Radowitzky que había matado al jefe de policía coronel
Falcón, etc.
Más adelante, al ocuparnos de algunos conflictos y hechos salientes en que
tomaron parte los gremios foristas, daremos datos al respecto.
(Sobre la huelga en los Congresos de la FORA ver Anexo Documental Números 18,
27, 40, 69, 82.)
Boicot
El boicot significa dejar de consumir un producto o línea de productos, no
viajar en una línea o varias líneas de transporte, no concurrir a un lugar
público —cine, teatro, restaurant, etcétera—. Bien utilizado puede doblegar la
cerviz de un patrón cerril, que puede verse al borde de la bancarrota. La FORA
lo puso en práctica de manera tan extensa, que su 108 Congreso, considerando que
se abusaba demasiado en su uso, lo abolió como arma de lucha. Posteriormente esa
prohibición fue dejada de lado y se volvió a generalizar su empleo. La
decadencia de la organización fue haciendo que paulatinamente ésta, como otras
armas de lucha del arsenal forista, dejaran de tener utilización. (Anexo Ns 17,
58, 78, 110, 123,132.)
Sabotaje
Realizar un trabajo deficientemente; producir desperfectos deliberadamente en
máquinas, herramientas, vehículos, etc.; e incluso, el atentado violento, son
variantes del sabotaje. El sabotaje fue reivindicado por la FORA, como otra arma
de lucha en sus enfrentamientos con la patronal. Aunque, en cierto modo nunca
fue dejado de lado,' otras organizaciones no lo reivindican, indudablemente por
las consecuencias de carácter judicial que su empleo puede acarrear. (Anexo N8
17.)
El label
En pocas palabras, el label representa estampar el sello sindical en productos
de empresas que no estén en conflicto con la organización sindical. Su empleo es
poco conocido y no tenemos testimonios de que su uso se extendiera en la FORA,
pero, estaba entre los medios que se preconizaban como pasibles de ser
empleados, en la lucha contra el capitalismo, aunque nunca en la medida de los
mencionados anteriormente. (Anexo N°42)
IV - CONFLICTOS Y SUCESOS IMPORTANTES EN QUE TUVO PARTICIPACIÓN LA FORA
Alguien dijo que la FORA jugó la permanencia y aún la vida de sus organizaciones
y de sus militantes, en conflictos y acontecimientos cuyos orígenes no eran
propios de sus sociedades federadas, sino de aquellos que estaban al margen y
hasta en contra de la FORA misma.
Sería interminable referirse, como lo dejamos consignado anteriormente, aunque
fuera solo suscintamente, a todos los conflictos, numerosísimos, en los cuales
la FORA estuvo directa o indirectamente involucrada. Por otra parte, también lo
dejamos dicho anteriormente, no existe en ningún lado —que sepamos— ni
remotamente, documentación sobre muchos de ellos que se han perdido en la
nebulosa del tiempo transcurrido; aquí solamente nos referiremos a algunos que,
por variadas circunstancias, adquirieron mayor relevancia o notoriedad.
La Ley de Residencia. Sus antecedentes
El origen de la Ley de Residencia hay que buscarlo en el gran desarrollo que
estaba adquiriendo la organización obrera. Eran numerosos los trabajadores que
se agrupaban en las nacientes Sociedades de Resistencia con el objeto de obtener
mejoras que permitieran, aunque más no fuera, paliar una situación que, a medida
que se abría paso en su interior la conciencia de su injusticia, motivaba la
presentación a la patronal de Pliegos de Condiciones donde se exponían las
reivindicaciones inmediatas a las que aspiraban.
La negativa ha satisfacer esos reclamos, suscitaba el planteamiento de numerosos
conflictos, huelgas, boicots, etc., con su secuela de violencias, represiones y
despidos. La colaboración de brillantes oradores que recorrían el país v la gran
difusión que alcanzaban los periódicos obreros e ideológicos, contribuía a
despertar la combatividad de los proletarios.
Sebastián Martota (*12) inserta en su conocido trabajo, un convenio colectivo de
trabajo, suscripto por la Sociedad de Obreros Marmoleros y la sociedad de
industriales, que se puede considerar como contrato tipo de la época. Es el
siguiente:
"1a En los talleres y obras el horario será: nueve horas por ocho meses y ocho
horas por los cuatro restantes.
"2a El sueldo de los obreros quedará de conformidad con el que existía en el año
1900.
"3° El Centro de Propietarios de Marmolerías se obliga a que sus socios no den
trabajo a obreros extraños a la Sociedad de Obreros Marmoleros y ayudará a dicha
sociedad cuando tenga que sostener una huelga en la casa que le indicará la
comisión directiva.
"4a La Sociedad de Obreros Marmoleros no permitirá a sus socios que trabajen
para casas que no pertenezcan al Centro de Propietarios de Marmolerías.
"5a Nombramiento de una comisión de cinco miembros de cada sociedad que formarán
el Jurado de Honor para definir las dificultades que surgieran entre patronos y
obreros.
"6a Abolición del trabajo a destajo.
"7a Pago quincenal y en día domingo.
"8° El Jurado de Honor en ejercicio en el año 1904, introducirá al presente
convenio las modificaciones que encuentre conveniente, las cuales serán
aceptadas por ambas sociedades y puestas en vigencia en Enero de 1905.
"9S Una copia de este convenio será colocado en cada taller de marmolería.
"10° El presente contrato entrará en vigencia el 1 de Enero de 1903.
"11° Para constancia de lo estipulado, firmamos dos de un mismo tenor y a un
solo efecto."
Asimismo Marotta consigna, que el primer boicot, fue declarado por la Sociedad
de Resistencia Maquinistas Bonsak a la Fábrica de tabacos y cigarrillos "La
Popular", "que ha de hundirla posteriormente en el descrédito y la ruina". (*13)
Una huelga de obreros panaderos que tuvo lugar en Julio y Agosto de 1902, el
subsecuente boicot de la Sociedad de Resistencia de la panadería "La Princesa";
la muerte de dos rompehuelgas; la incursión —por orden del juez— de numerosas
fuerzas policiales que causaron serios destrozos en muebles y útiles del local
sindical; y, el proceso abierto contra el secretario del gremio y varios
compañeros más, produjeron entre todos los trabajadores gran indignación. Para
condenar los atropellos cometidos por la policía se realizó un gran mitin con
participación de 20.000 concurrentes, en el que hicieron uso de la palabra
oradores socialistas y anarquistas.(*14)
Los obreros del puerto de la Capital, que hombreaban bolsas de cereales de hasta
100 y 200 kg, con jornadas de trabajo agotadoras fijadas arbitrariamente por los
capitalistas, presentaron a fines de 1902, el siguiente Pliego de Condiciones:
"1. La actitud que deben asumir los obreros del puerto es negarse a trabajar con
pesos mayores a los expresados a continuación:
"Cereales, frutos del país y sus productos, en bolsas de 65 a 70 kg,
"Lienzos de lana, en rama, de 65 a 70 kg,
"Canastas de carbón de 55 a 60 kg,
"Carbón, azúcar y tasajo en bolsas de 65 a 70 kg.
"2. No permitir ni rebaja del sueldo que se cobra, ni disminución del número de
la gente que es costumbre emplear para las operaciones tanto de carga como de
descarga"...(*15)
La unidad y fuerza de la organización posibilitó el triunfo de los obreros al
ceder la Cámara de Comercio a sus pretensiones.
La situación se complicaba cada vez más, los conflictos se multiplicaban y el
ambiente se enrarecía continuamente. En esas circunstancias, los peones del
Mercado Central de Frutos de Barracas al Sur (actualmente Avellaneda)
presentaron un Pliego de Condiciones, concebido en estos términos:
"1a Reconocimiento de la Sociedad por los patrones;
"2a Abolición del trabajo por tanto y a destajo;
"3a Nueve horas de trabajo diario tanto en las barracas como en los mercados;
"4S Jornal mínimo de cuatro pesos para los peones de barracas y mercado y para
los menores de quince años que se ocupan de la clasificación y pescantes del
mercado, sueldo mínimo de 2.50 pesos por día, y los domingos y horas
extraordinarias un 50 por ciento de aumento;
"5a Que no existan cuartos de día, sino días y medios días;
"6a Unificación de pesos según la circular de la Federación de Estibadores y
Afines".(*16)
El gobierno no logró éxito en sus propósitos de hacer fracasar la huelga de más
de 5.000 obreros a pesar de echar mano a todos los recursos imaginables. Para el
21 de Noviembre, la Federación de Rodados, recientemente constituida, iba a la
huelga por sus propias reivindicaciones; entonces el gobierno en pocas horas
promulgó el proyecto aprobado por las cámaras legislativas, una ley que había
presentado el senador Miguel Cañé, famoso autor de "Juvenilia". Decía así:
"Art. I° - El Poder Ejecutivo podrá ordenar la salida del territorio de la
Nación Argentina a todo extranjero por crímenes o delitos de derecho común.
"Art. 2° - El Poder Ejecutivo podrá ordenar la salida de todo extranjero cuya
conducta comprometa la seguridad nacional o perturbe el orden público.
"Art. 3° - El extranjero contra quien se haya decretado la expulsión tendrá tres
días para salir del país, pudiendo el Poder Ejecutivo, como medida de seguridad
pública, ordenar su detención hasta el momento del embarco"."
Esta es la famosa Ley de Residencia cuya implantación fue inmediatamente
respondida con una huelga general que tuvo varios días de duración, hasta que se
produjo un decaimiento a raíz de la terrible represión que se abatió sobre la
militancia de la FORA con gran cantidad de detenidos y deportados.1»
La FORA, permanentemente tuvo entre sus reivindicaciones, el repudio y la
abolición de la Ley de Residencia (Anexo N" 33, 36, 60, 85).
Durante el gobierno de Arturo Frondizi se concretó la abolición de esta Ley que
tantos estragos causó entre militantes obreros y de ideologías de izquierda y en
sus familias que quedaban desamparadas de no mediar la nunca desmentida
solidaridad de sus compañeros.
La masacre del I9 de Mayo de 1909 y la muerte del coronel Falcón por Simón
Radowitzky
El coronel Ramón L. Falcón, jefe de policía, se caracterizó por desarrollar una
activa y violenta represión contra las organizaciones obreras, especialmente
sobre las orientadas por los anarquistas, que promovían continuos conflictos
para mejorar las condiciones de inicua explotación a que eran sometidos los
trabajadores. Estos hechos represivos culminaron el ls de Mayo de 1909 durante
la manifestación organizada por los anarquistas.
En esa fecha, como ya era costumbre, los socialistas y los anarquistas
efectuaban manifestaciones distintas; en la Plaza Lorea, donde se concentraba el
mitin organizado por
la Federación Obrera Local Bonaerense, adherida a la FORA, la policía cargó
brutalmente causando la muerte de 8 personas y heridas a otras 105; algunos
manifestantes se parapetaron haciendo frente al ataque policial.
Los socialistas se encontraban reunidos en la Plaza Colón, cuando les llegaron
noticias de la matanza de la Plaza Lorea, lo que dio pie a uno de los oradores
del mitin, Enrique Dickman —uno de los primeros afiliados al Partido Socialista
del cual muchos años después fue expulsado por su posición favorable a la
política del entonces presidente Perón, fundando para apoyarlo el Partido
Socialista de la Revolución Nacional que tuvo poca vida— para proponer la huelga
general en repudio por el atentado policial.
Por su parte, la FORA, como es obvio, no se hizo esperar y declaró la huelga
general a partir del lunes 3 de Mayo, resolución que dio a conocer a través de
la siguiente declaración:
"Contra el crimen del 1° de Mayo. Al pueblo, a los sajadores.
"¡Otra vez el crimen! ¡Otra vez la sangre proletaria a merced de los sicarios y
de los salteadores! ¡Otra vez la policía cafre cebándose en el pueblo, en plena
Avenida de Mayo y a la luz del día! ¡Así hoy, así antes en la Plaza Mazzini, en
la Plaza Lavalle, en Ing. White, en Rosario! Pobre carne del pueblo trabajador,
que siempre es agradable al paladar de los sonsos y de los analfabetos.
"El sábado 1° de Mayo en la Plaza Lorea, la multitud invitada por la Federación
Obrera Local Bonaerense, para demostrar su disconformidad con el actual régimen
fue acribillada a balazos por la policía.
"He aquí en síntesis el hecho, sin justificación, salvaje, monstruoso,
repugnante! ¡Hasta los ancianos, hasta los niños muertos!
"La Federación Obrera Regional Argentina, teniendo en cuenta esto, declaró la
huelga general por tiempo indeterminado, para protestar enérgicamente del crimen
y como homenaje de respeto a los caídos que son hermanos nuestros, que son
trabajadores!
'Trabajadores: todos como un solo hombre abandonemos el trabajo!
"Desde el lunes 3, trabajadores. ¡Viva la huelga general! ¡Abajo las hordas
policíacas, asesinas de ancianos y de criaturas! El Consejo Federal".
Puestos de acuerdo los organismos representativos de i> FORA, la UGT y
Sociedades autónomas, dirigieron al pueblo, la siguiente proclama:
'Trabajadores:
"Otra vez la horda de asesinos instituidos en guardianes del orden burgués, ha
cumplido su misión: la sangre de nuestros hermanos ha sido derramada de nuevo...
El propósito criminal, cobarde, bien deliberado de nuestros enemigos, de nuevo
se afirma sobre la matanza del pueblo obrero, pretendiendo ahogar con el crimen
nuestros anhelos, nuestras obras revolucionarias, nuestro gesto libertario!
"¡Es el signo de los tiempos burgueses: el asesinato
colectivo!
"La cobardía, la traición, la muerte, el último estertor sanguinario y
miserable, todas las pasiones decadentes; eso constituye la expresión típica del
alma que palpita en las clases explotadoras.
"Incapaces de crear la vida, se afirman sobre el mundo de la muerte, acechando
en la celada traidora, la vida nueva que nosotros gestamos en nuestro esfuerzo
doloroso y tenaz por conquistar la libertad!
"¡Ya lo tenemos experimentado, ya debe haber penetrado bien en lo hondo del
espíritu obrero: que nuestros enemigos eternamente solo contestarán a cada acto
de nuestra labor emancipadora con la hecatombe de la Comuna de París, con las
horcas de Chicago, con las infamias de Montjuich, con las matanzas de los
nuestros en la gran Patria Argentina!
"Y bien, camaradas, por favor no haya miedo! ¡Si nuestra libertad solo puede ser
posible a través de esos sacrificios, armémonos de todos los corajes y
persistamos en nuestra jornada marchando sobre los cadáveres y la sangre de los
nuestros!
"¡La violencia, la rabia impotente, el golpe asesino de nuestros enemigos no
pueden ser contestados con la resignación y la retirada de las masas
proletarias!
"Al contrario, que un grito unánime de ira y de venganza azote la sociedad de
los tiranos. Que a su saña criminal responda el pueblo obrero insistiendo en la
lucha con todos los impulsos trágicos y valientes, con todo el arremeter heroico
que las circunstancias demandan y que merece el premio de nuestra libertad.
"¡A la brecha, pues, trabajadores! por la venganza de los caídos, por nuestra
dignidad y por nuestro porvenir!
"De nuevo a la lucha, trabajadores, más decididos y más pujantes que nunca!
"Camaradas:
"En este grito y en este propósito firme, espontáneo y unánimemente las
distintas instituciones obreras que suscriben han acordado las siguientes
resoluciones:
"1° Declarar la huelga general por tiempo indeterminado a partir del lunes 3 y
hasta tanto no se consiga la libertad de los compañeros detenidos y la apertura
de los locales obreros.
"2° Aconsejar muy insistentemente a todos los obreros que a fin de garantizar el
mejor éxito del movimiento se preocupen de vigilar los talleres y fábricas
respectivas, impidiendo de todas las maneras la concurrencia al trabajo de un
solo operario.
"Consejo Federal de la FORA. Junta ejecutiva de la UGT. Sociedades
Autónomas".(*19)
Como objetivos de la huelga, la reunión efectuada el Domingo 2 por los
organismos obreros, fijó además de lo consignado en las cláusulas finales de la
proclama, la abolición del Código de Penalidades por lo cual irían a la huelga
a- partir del 3 de Mayo los trabajadores del
Rodado. (*20)
"La ordenanza municipal imponía severas penas a los obreros del rodado
infractores de sus disposiciones: la cédula de vecindad para los mozos de
cordel, cocheros, carreros ambulantes o de plaza, chóferes, servicio doméstico
en casas de hospedaje, de baños, confiterías, restaurantes y personas que moren
o presten servicio en los prostíbulos, empleados de empresas eléctricas o
telefónica,s etc."(*21)
El día 5 el Comité de Huelga consigna en un comunicado que la policía volvió a
disparar sus armas cuando el cortejo que había trasladado a los muertos
regresaba de la Chacarita.
Finalmente el Domingo 8 el gobierno cedió a las demandas obreras y anunció la
derogación del Código Municipal de Penalidades, ordenó la reapertura de los
locales obreros clausurados y prometió la liberación de los presos. El Comité de
Huelga levantó el paro general dando a publicidad su resolución en el siguiente
comunicado:
"En vista de las declaraciones gubernativas prometiendo la libertad de los
presos y en vista de ser un hecho la reapertura de los locales obreros y la no
aplicación de la nueva ordenanza municipal:
"Resuelve nombrar una comisión que redacte una extensa declaración dando por
terminado el movimiento, cuya declaración se presentará en una asamblea que se
celebrará hoy en el local Méjico 2070 e igual declaración se propondrá por medio
de delegados a las asambleas de conductores de rodados.
"Esta declaración estará concebida en los términos de una nueva amenaza de
huelga si no se cumple lo prometido.
"El Comité de huelga general. Delegados de las Sociedades de Aserradores,
Talabarteros, Ebanistas, Panaderos del Este, Conductores de Carros, Obreros del
Puerto, Panaderos del Centro, Pintores, Carpinteros, Albañiles, Constructores de
Carruajes, Federación Gráfica, Sombrereros, Federación del Calzado, Marmoleros,
Escoberos, Escultores, Laminadores, Federación de Rodados, Maquinistas de
Calzado, Caldereros, Chóferes, Torneros, B ronceros, Empajadores de Damajuanas,
Conductores de Vehículos".(*22)
En la manifestación del 1° de Mayo, cuando se produjo la masacre de los obreros,
había participado un joven ruso Simón Radowitzky que, profundamente afectado,
mató al coronel Falcón —que seguía como Jefe de Policía— y a su secretario, el
14 de Noviembre de 1909. Nuevamente se desató una violenta persecución ; se
declaró una vez más el estado de sitio y las cárceles volvieron a llenarse de
trabajadores.
El acto justiciero de Radowitzky, despertó grandes simpatías en el proletariado
que desde entonces se propuso lograr la libertad del cautivo condenado a cadena
perpetua (Anexo N5 75, 131). La pena de muerte le había sido conmutada por ser
menor de edad, y, para cumplir su condena fue confinado en el penal de Ushuaia.»
Finalmente, Radowitzky, fue amnistiado en Abril de 1930, con la condición de que
abandonara inmediatamente el país. Viajó a Uruguay, participó luego en la
revolución española y, falleció muchos años después, en México.
La reacción del Centenario
Las persecuciones que continuadamente sufrían las organizaciones obreras —en
primer término las de la FORA— no contenían su crecimiento; por el contrario,
parecía que no fueran más que un acicate para redoblar la actividad militante
rendidora de interesantes frutos. Tanto es así, que el movimiento anarquista,
asumió proporciones tales que al diario de la mañana La Protesta, se le sumó el
diario de la tarde La Batalla.
El gobierno, con motivo de cumplirse el próximo 25 de Mayo de 1910, el
centenario de la institución del primer gobierno patrio, paso inicial para
lograr la independencia total de España, preparaba una serie de festejos a los
que concurrirían notables personalidades extranjeras especialmente invitadas,
entre ellas en representación del estado español, la Infanta Isabel.
Lo cierto es que ni el gobierno ni los responsables de la FORA, tenían plena
confianza en sus fuerzas, por lo que mantenían conversaciones, directa e
indirectamente, representantes del gobierno y el Consejo Federal de la
FORA.(*24) La efervescencia del ambiente hacía escapar el movimiento al control
de la FORA, por lo cual se sentía recelo ante la confrontación que se
avecinaba.(*25)
En esas circunstancias, la Confederación Obrera Regional Argentina, se adelanta
a la FORA y declara el paro general para el 18 de Mayo. En tomo a este episodio,
hay opiniones divergentes sobre los motivos que tuvo la CORA para declarar ese
paro antes que lo hiciera la FORA. Según Santillán:
"Los sindicalistas de la CORA, comprendieron que el Consejo Federal de la FORA
no se hallaba enteramente dispuesto a seguir en absoluto la corriente popular, y
se atrevieron a un golpe de audacia demagógica, declarando por su cuenta la
huelga general para el 18 de Mayo, reivindicando las exigencias proletarias:
Derogación de la ley de residencia, libertad de los presos sociales".(*26)
Mientras Marot ta le retruca de esta forma;
"En un juicio injusto, Diego Abad de Santillán atribuye a la CORA, con su
declaración de huelga general, la realización de 'un golpe de audacia
demagógica'. Para el autor de la FORA esta decisión habría sido adoptada porque
'los sindicalistas de la CORA comprendieron que el Consejo Federal de la FORA no
se hallaba enteramente dispuesto a seguir en absoluto la corriente popular'.
"Alertados o no en su disposición de encarar en el Centenario la conquista de
una libertad para la clase obrera, los sindicalistas, fundados en las razones
dadas en el manifiesto de Abril de 1910 abogando por la derogación de la ley de
residencia, propugnaron la huelga general, como supremo argumento —si esta
aspiración no era satisfecha—, desde mayo de 1909, y la ratifican todas sus
publicaciones posteriores a esa fecha hasta el momento de las decisiones
definitivas".(*27)
El 8 de Mayo, los anarquistas organizan una manifestación —participan 70.000
personas— de protesta contra las autoridades de la Penitenciaría Nacional
acusadas de maltratos a los presos. En ese acto, la FORA anuncia que se suma al
paro general declarado por la CORA para el día 18.
Alertado el gobierno, se prepara para hacer abortar la protesta obrera. El 14 de
Mayo declara el estado de sitio e implanta el terror policial practicándose
detenciones masivas, entre ellas la de los redactores de La Protesta y La
Batalla, El Consejo Federal de la .FORA y el Comité de .a Central de la CORA.
Las imprentas de La Protesta, La Central de la CORA. Las imprentas de La
Protesta, La Batalla y el órgano oficial del Partido Socialista, La Vanguardia,
así como numerosos locales obreros, son asaltados e incendiados por jóvenes de
la burguesía nacionalista que a los gritos de "muera el anarquismo", "abajo la
huelga" y "mueran los obreros", extendieron sus tropelías a los barrios
habitados por judíos.(*28)
De cualquier modo, se lleva a cabo el movimiento huelguístico, aunque sin
adquirir las proporciones esperadas por sus promotores y los trabajadores todos.
Indudablemente, el golpe aplicado por el vendaval reaccionario, fue acusado por
las organizaciones obreras revolucionarias que tardaron varios años en
reaccionar y retomar el
ritmo anterior.
Poco después, la burguesía patriotera y el gobierno, tomando como pretexto el
estallido de una bomba en una butaca vacía del Teatro Colón que no tuvo ninguna
consecuencia, en pocas horas —como había sucedido con la Ley de Residencia—
promulgó la Ley de Defensa Social que significó una nueva vuelta de tuerca en la
legislación represiva argentina.(*29)
La ley "prohibía entrar en el país a los extranjeros que hubiesen sufrido
condenas o estuvieran condenados por delitos comunes; a los anarquistas y demás
personas que profesaran o preconizaran ataques por la fuerza o violencia contra
los funcionarios públicos, los gobiernos o las instituciones; a los que hubiesen
sido expulsados del país mientras no se derogase la orden de expulsión.
"Al empresario de transporte, capitán, agente, propietario o consignatario de
buques que introdujesen de mala fe a un extranjero proscripto, se multaba con
400 a 2.000 pesos o, en su defecto, se le aplicaba de seis meses a un año de
arresto, sin perjuicio de reconducirlo a sus expensas.
"El Poder Ejecutivo ordenaría la inmediata salida al extranjero de quien hubiese
entrado al país violando la ley o se hallase comprendido en la 4144 (de
residencia); el que retomase al territorio argentino sin su previa autorización,
sufriría la pena de tres a seis años de confinamiento, sin perjuicio de ser
nuevamente expulsado después de cumplir la condena.
"Prohibíase toda asociación o reunión de personas que tuviese por objeto la
propaganda del anarquismo o la preparación e instigación de hechos reprimidos
por las leyes.
"Las asociaciones o personas que deseasen realizar reuniones públicas, en
locales cerrados o al aire libre, debían solicitar autorización a la autoridad
local, pudiendo ésta prohibirla. Sería disuelta toda reunión que produjese
algunos de los hechos que de haber sido conocidos con anterioridad hubiesen
motivado su prohibición. Sufrirían penas de arresto de seis meses a un año los
que no acatasen la orden, aplicándoles el máximo de la pena a los promotores o
cabecillas'.
"Se prohibía en reuniones públicas el uso de emblemas, estandartes o banderas
características de las asociaciones interdictas.
Se penaba "De uno a tres años de prisión al que verbal-mente, por escrito,
impresos, etc., hiciese la apología de un hecho considerado delito.
"De tres a seis años de penitenciaría al que con intención de cometer un delito
contra las personas, la propiedad o para infundir temor, suscitase tumultos o
público desorden, fabricase, transportase o guardara en cualquiera lugar
dinamita, u otros explosivos de efectos parecidos, bombas, máquinas infernales u
otros instrumentos de estragos, o sustancias y materias destinadas a su
fabricación.
"De diez a quince años de presidio al que intentase destruir o destruyese un
edificio en construcción de cualquier naturaleza. La pena elevábase a quince y
veinte años si el hecho fuese cometido en lugares de asambleas políticas o
administrativas, en edificios públicos, habilitados o destinados a habitación,
en talleres industriales, almacenes o depósitos de materias inflamables o
explosivos. Sería de veinte años y también por tiempo indeterminado si por causa
del delito se hubiese puesto en peligro la vida de las personas. En el caso que
se produjese la muerte de una o más personas, la pena sería de muerte.
De seis a diez años de penitenciaría a las personas que se asociasen para
cometer delitos con materias explosivas.
De tres a nueve meses de arresto y multa de 500 a 2000 pesos al que fabricase,
vendiera, transportase o conservase los objetos y materias indicadas.
"De tres a seis años de penitenciaría al que propagase procedimientos para
fabricar bombas, máquinas infernales, u otros instrumentos análogos, o para
causar incendios u otros estragos'.
El que incitase a cometer un delito, sería castigado : Con prisión de tres a
seis años, sí el autor mereciese la pena de muerte; con prisión de uno a tres
años, si el delito fuera penado con presidio; con arresto de tres a seis meses;
si se tratase de delitos penados con prisión, y con multa de 500 a 1.000 pesos o
un día de arresto por cada 50 pesos, si se tratase de delitos penados con
arresto.
"De uno a tres años de prisión al que aconsejase la forma de 'causar daños en
las máquinas o en la elaboración de productos' y al que vendiese, imprimiera,
distribuyera, hiciese circular, expusiera en lugares públicos o repartiera 'los
impresos y las reproducciones mecánicas'. Se aplicaría la pena máxima cuando el
delito fuese 'cometido por medio' de la prensa diaria o periódica', debiendo la
policía secuestrar los impresos e impedir el correo su circulación.
"De uno a tres años de prisión al que 'por medio de insultos, amenazas o
violencias intentase inducir a una persona a tomar parte en una huelga o
boicot', siempre que el hecho producido no importase delito que tuviese pena
mayor.
De tres a seis años de penitenciaría al que preconizase el desconocimiento de la
Constitución Nacional, ofendiera o insultara la bandera o el escudo de la
Nación; con el doble de tiempo de confinamiento al reicidente. Sería 'un
accesorio la pérdida de los derechos políticos y el retiro de la ciudadanía
argentina' cuando los reos fueran ciudadanos argentinos naturales o
naturalizados.
"...los cómplices y encubridores serían 'castigados con la mitad de la pena
establecida para los autores principales'. Si ésta fuera de muerte, se le
condenaría con la inmediata inferior. Se aplicaría 'sin distinción de sexo,
salvo en lo relativo a la pena de presidio'.
"Para su aplicación se procedería en juicio sumario de diez días, 'sirviendo de
cabeza de proceso el informa policial'. (*30)
La Semana Trágica
Ampliamente conocido como uno de los hitos en el movimiento obrero y social
argentino, la semana trágica o sangrienta, de Enero de 1919, señala, en cierta
manera, la influencia que tuvo la Revolución Rusa en el ámbito esperanzado de
grandes sectores de trabajadores que veían en ella la concreción de sus
aspiraciones de liberación social.
El detonante de los hechos sucedidos durante la semana trágica, fue un conflicto
surgido en los talleres metalúrgicos Vasena. Un petitorio de mejoras no
satisfecho por la patronal y la huelga consiguiente. Vasena tenía dos
establecimientos industriales; uno en Rioja y Cochabamba donde hoy hay una plaza
en la que un monolito recuerda los acontecimientos de 1919; el otro, ubicado en
el barrio de Nueva Pompeya. En este último se produjo una masacre de huelguistas
–4 muertos y cuarenta heridos—(*31).
El hecho ocurrido el 7 de Enero, produjo gran indignación; la FORA del 5°
Congreso (anarquistas) declara de inmediato el paro general por tiempo
indeterminado, al que posteriormente se sumó la FORA del 9e Congreso
(sindicalistas). Esta última, que se había sumado al movimiento una vez
comenzado, lo dio por finalizado el día 11, resolución desconocida por la FORA
del 5S Congreso que continuó tratando de profundizar la protesta obrera. Varios
días después la huelga decae y se da por finalizada.
En el transcurso de esa semana, hubo un gran número de choques entre la policía
y piquetes de huelguistas; las bajas fueron elevadísimas —algunos hacen ascender
los muertos a mil o más—. Gran cantidad de trabajadores fueron detenidos; los
destinados a la deportación fueron confinados en la isla Martín García, etc.
El Consejo Federal de la FORA del 5° Congreso, informa;
"Reunido este Consejo con representantes de todas las sociedades federadas y
autónomas resuelve:
"Proseguir el movimiento huelguístico como acto de protesta contra los crímenes
del Estado consumados en el día de ayer y anteayer.
"Fijar un verdadero objetivo al movimiento, el cual es pedir la excarcelación de
todos los presos por cuestiones sociales.
"Conseguir la libertad de Radowitzky y Barrera,(*32) que en estos momentos puede
hacerse, ya que Radowitzky es el vengador de los caídos en la masacre de 1909 y
sintetiza una aspiración superior.
"Desmiente categóricamente las afirmaciones hechas por la titulada FORA del 9°
Congreso, que hasta el miércoles a la noche, sólo 'protestó moralmente', sin
ordenar ningún paro. La única que lo hizo fue esta Federación.
"En consecuencia, la huelga sigue por tiempo indeterminado. A las iras populares
no es posible ponerles plazo; hacerlo es traicionar al pueblo que lucha. Se hace
un llamamiento a la acción.
'¡Reivindícaos, proletarios! ¡Viva la huelga general revolucionaria!
El Consejo Federal." (*33)
El pueblo había ganado la calle, mientras sus representantes, los Consejos
Federales de la FORA del 5S y de la FORA del 9° Congreso, disentían en la
conducción del movimiento, revelando las profundas diferencias que los separaba.
En tanto los primeros, los anarquistas, proponían darle objetivos claros y
amplios para canalizar y profundizar el movimiento; los segundos, los
sindicalistas, se oponían a ese planteo y mantenían circunscriptas las
reivindicaciones al conflicto de los talleres Vasena.
El Consejo Federal de la FORA del 98 Congreso presenta a la consideración de los
representantes sindicales, las bases para poder levantar la huelga general:
"1a - Solución del conflicto de los obreros metalúrgicos de la casa Vasena a
satisfacción de los mismos.
"2a - Libertad de todos los presos por cuestiones
obreras".(*34)
Las bases fueron aceptadas por mayoría de las organizaciones presentes, y, el
Consejo Federal de la FORA del 9a Congreso, levantó el paro, como dejamos
consignado anteriormente, que no habían iniciado.
Estos desencuentros redundan, indudablemente, en contra del éxito del mayor
movimiento huelguístico desarrollado en el país hasta ese momento.
Para un relato circunstanciado de los pormenores ocurridos alrededor y durante
la semana trágica, ver el trabajo realizado por Edgardo J. Bilsky.(*35)
Santillán expresó que: "La revuelta popular duró varios días. Faltó entonces la
capacidad para canalizar las energías del pueblo y ofrecerles un objetivo
revolucionario inmediato. No había en el movimiento obrero hombres de prestigio
suficiente para encauzar el espíritu combativo de las grandes masas. Tampoco las
organizaciones obreras se encontraban en condiciones. Por lo demás el movimiento
fue inesperado y sorprendió a todos, a los de arriba y a los de abajo. Fue una
explosión instintiva de solidaridad proletaria, pero no un movimiento preparado
y orientado hacia algo más".(*36)
Para finalizar, solamente quiero marcar lo que Santillán acota sobre la falta de
preparación para recibir la masiva afluencia de afiliados en las organizaciones
de la FORA, las que, agrego yo, fueron rebalsadas por esa afluencia y que, por
extensión, puede ser aplicada a todos los momentos en que se puedan producir
análogas o parecidas circunstancias. De hecho ya hemos visto, cuando tratamos la
reacción del Centenario, que se había producido un caso similar. Es patente la
necesidad de tener cuadros de militantes capaces, convencidos y con cabal
conocimiento de la situación, para poder recibir adecuadamente ingresos masivos.
La huelga general de Mayo de 1921
El Congreso extraordinario de la FORA del 5a Congreso, llevado a cabo en Octubre
de 1920, aprobó un dictamen sobre la Fusión (Anexo N° 104) y propuso las bases
de una entente proletaria (Anexo N° 107).
A su vez, la FORA del 9a Congreso, celebra en La Plata su 11° Congreso, que
cuenta con la presencia de una delegación del Consejo Federal de la FORA
Comunista -pegote que había aprobado el Congreso Extraordinario para una mejor
diferenciación con la FORA del 9° Congreso o sindicalista—.
El Congreso sindicalista aprueba la gestión unificadora, y acuerda que el
encargado de convocar a un Congreso de Unificación, fuera un Comité de Unidad
integrado por 5 delegados de cada una de las centrales obreras y 5 por los
sindicatos autónomos.(*37)
Pero teniendo en cuenta un referéndum realizado al efecto, la Reunión Regional
celebrada por la FORA Comunista en Agosto de 1921, resuelve: "Que, ateniéndonos
a conclus¡ones del ''referéndum', se rechace de plano todo propósito de
unificación, limitándose el nuevo consejo a defender el pacto federal y la
unidad dentro de la FORA Comunista».(*38)
El comité Pro Unidad, integrado solamente por la FORA sindicalista y sindicatos
autónomos, prosiguió sus labores hasta que en Marzo de 1922 dieron vida a la
Unión Sindical Argentina.(*39)
En todo el tiempo que transcurre desde el Congreso Extraordinario de la FORA
Comunista —Octubre de 1920-, hasta el Congreso fundador de la USA —Marzo 1922—se
suceden una serie de importantes acontecimientos que hacen marco a las
tratativas llevadas para concretar la unidad que, una vez más, resultó fallida:
la gran huelga de La Forestal, en el Chaco santafesino, donde los huelguistas
fueron perseguidos y cazados como animales por el delito de reclamar mejores
condiciones de vida; los sucesos de Gualeguaychú, provincia de Entre Ríos, donde
la Liga Patriótica asesina a varios trabajadores que participaban en una
manifestación; y el asalto al local de la Unión Chóferes (entonces autónoma) en
esta Capital, el 26 de Mayo de 1921, donde mueren dos obreros.
Los renovados planteos para concretar la entente proletaria para presentar un
frente común a la reacción, tuvieron principio de ejecución luego del último
hecho vandálico mencionado, cuando ambas organizaciones obreras, acuerdan el
siguiente petitorio:
"Los Consejos de la Federación Obrera Regional Argentina (FORA) y Federación
Obrera Regional Argentina Comunista, en representación de los trabajadores
sindicalmente organizados del país, e interpretando las aspiraciones de justicia
que a éstos animan y entendiendo cumplir con sus deberes de celosos guardianes
de los derechos proletarios,
"Resuelven:
"Demandar del Poder Ejecutivo Nacional o de quien corresponda;
"a) Libertad de los presos obreros detenidos desde el 24 de Mayo a la fecha;
"b) Reapertura de todos los locales obreros clausurados por la policía desde esa
misma fecha;
"c) Respeto del derecho de reunión y de propaganda sindical.
"Por el Consejo de la FORA
el secretario
"Por el Consejo de la FORA Comunista el secretario
"Buenos Aires, Mayo 27 de 1921".(*40)
Al no ser satisfecho el petitorio se declara la huelga general, designándose un
Comité Mixto de Huelga, integrado por ambas Federaciones y sindicatos autónomos
(estos últimos no llegaron a integrarlo). Luego de diversos avalares, en los que
los delegados de la FORA Comunista trataban de intensificar el movimiento y los
delegados de la FORA sindicalista ponían trabas al mismo hasta levantarlo
unilateralmente, el Comité Mixto de Huelga, se disolvió y las cosas quedaron más
enconadas que nunca.(*41)
A partir de la experiencia recogida de las alternativas que se sucedieron en el
intento de entente proletaria, que dentro de la FORA Comunista era propugnada
por el sector volcado en favor del naciente Partido Comunista, expulsado más
tarde, nunca más se volvió a aceptar en la FORA orientada por los anarquistas,
ninguna tratativa en favor de fusiones, unidades, ententes, etc.
La masacre de la Patagonia y el gesto vengador de Kurt Wikkens
Luego de las investigaciones que en los últimos años han realizado diversos
autores, poco es lo que se puede agregar sobre los trágicos sucesos
desarrollados en los primeros años de la década del veinte en la lejana
Patagonia Argentina. Los huelguistas fueron perseguidos y exterminados con una
saña feroz por las tropas del ejército argentino al mando del teniente coronel
Várela. Los fusilamientos al pie de las tumbas que habían sido cavadas por los
mismos que iban a ser fusilados, son una muestra fehaciente del trato que se
dispensó a quienes los gobernantes de turno motejaron de "bandoleros", para
mantener en la ignorancia al resto de los trabajadores del país, que de esa
manera, poco hicieron para brindar su solidaridad a los que tanto la
necesitaban. La FORA trató, trabada por la gran distancia que separaba el lugar
de los hechos de las zonas de mayor organización, de esclarecer las
circunstancias y los motivos que desencadenaron la tragedia. En esta labor no
tuvo la colaboración que sería de desear de la central obrera reformista, la
FORA novenana.
Pero surgió un vengador, Kurt Wikkens, que mató al teniente coronel Várela el 23
de Enero de 1923, siendo a su vez asesinado en la cárcel el 16 de Junio del
mismo año, lo que provocó la reacción indignada de todos los trabajadores.
La FORA declaró un paro general de repudio por el asesinato, el que fue
secundado por la USA que, como en otras ocasiones las organizaciones que le
antecedieron, dio la vuelta al trabajo cuando la FORA trataba de profundizarlo.
La tragedia de Sacco y Vanzetti
Cuando el 23 de Agosto de 1927, fueron electrocutados en Boston, los anarquistas
italianos Nicolás Sacco y Bartolomé Vanzetti, se consumaba un crimen de lesa
humanidad cometido por la burguesía y la "justicia" yankis. Más de siete años
antes habían sido detenidos acusados de un crimen que —se demostró
palmariamente— no habían cometido. Es que en 1920 había cobrado inusitados
contornos, una campaña de terror contra todos los que fueran, o parecieran ser,
"radicales". El miedo al comunismo —estaba muy fresco aún el triunfo del partido
bolchevique en Rusia— no dejaba dormir tranquilos a los explotadores del
proletariado del país del norte. Por eso se propusieron hacer un escarmiento en
las personas de los dos anarquistas; fueron inútiles las múltiples protestas
—huelgas, mítines, petitorios, etc.— que tuvieron lugar en todo el orbe. No
fueron solamente los anarquistas o los proletarios, los participantes en esos
actos que buscaban conmover la conciencia de los responsables de la felonía que
se estaba perpetrando. Es que luego de pasar por las agónicas alternativas de
siete largos años de presidio, suscitaron la simpatía y la protesta de millones
de personas. No podía faltar el proletariado argentino que, encabezado por la
FORA —se sumaron luego la USA y otras fuerzas— realizó una activa campaña para
demostrar la simpatía por los condenados y el repudio por quienes los
condenaban.
Se sucedieron grandes mítines con oradores de diversas tendencias y se
realizaron varios paros generales que tuvieron amplia repercusión. Todo fue en
vano, la ejecución se cumplió, el crimen se consumó y el martirio de Sacco y
Vanzetti pasó a constituirse en el prototipo de lo que significa la "justicia de
clase".
La jornada de seis horas de trabajo
Ya en el lejano 1906, al mismo tiempo que exhortaba a las sociedades adheridas
que no lo habían conseguido, a obtener las ocho horas como jornada máxima de
labor (Anexo N9 61), el "sexto Congreso de la FORA recomienda a los gremios se
pongan en condiciones de hacer triunfar la jornada de seis horas" (Anexo N°
48).(*42)
En la década del veinte fue actualizada la" necesidad de conseguir esa jornada
de labor intensificándose la campaña para lograrlo. En Marzo de 1925, en el
segundo Congreso de la Asociación Internacional de los Trabajadores, realizado
en Amsterdam, Holanda, es aprobada, a iniciativa de la FORA, la necesidad de
lograr la jornada máxima de seis horas de labor, como único paliativo posible,
aunque efímero dentro del capitalismo, de aliviar la crisis de trabajo y su
consecuencia, la desocupación.(289)
Fue constante la preocupación de la FORA por el tema; son numerosos los
Congresos y Reuniones Regionales en que se adoptaron acuerdos al respecto (Anexo
N8 86, 137, 144, 191, 201). Como ejemplo de la argumentación esgrimida,
reproducimos aquí una resolución aprobada por una Asamblea de delegados de la
Federación Obrera Local Bonaerense, celebrada en 1926; dice así:
"Considerando que las crisis periódicas de desocupación forzosa a que se ve
obligada constantemente la clase obrera son consecuencia del progreso técnico o
industrial, pues toda innovación mecánica arroja cientos de proletarios a la
calle, sumiéndolos en la miseria más negra; considerando que el sistema de
producción implantado por los capitalistas es antihumano, porque desarrolla en
el individuo hábitos egoístas; considerando que, con el adelanto de la
maquinaria, la jornada de ocho horas actualmente significa la desocupación y la
miseria proletaria, resuelve:
"Que secundados por la Federación Obrera Local, los organismos adheridos inicien
una campaña de agitación pro conquista de la jornada de seis horas.
"Que inteligentemente, cada institución, de acuerdo a su característica y
condiciones de trabajo, encare la agitación para que simultáneamente se geste en
el proletariado el espíritu de emancipación y el valor moral que representa para
las huestes del trabajo esa conquista".(*43)
La jornada de seis horas fue sancionada legalmente más adelante, para los
trabajos considerados insalubres; las tentativas emprendidas para extender la
conquista hacia otras actividades no consideradas insalubres, fracasaron, como
la extraordinaria huelga llevada a cabo por la autónoma Federación de Obreros en
Construcciones Navales, en 1956.
Actualmente, a pesar del adelanto técnico experimentado, esta reivindicación
planteada por la FORA está prácticamente olvidada. Los trabajadores faltos de
aquél espíritu revolucionario que sustentaban sus predecesores, se avienen a
trabajar jornadas agotadoras, con las cuales, solventar, aunque sea en parte,
sus necesidades. Se han dado múltiples casos de obreros que, aprovechando la
jornada de seis horas en sus insalubres ocupaciones, hicieran otra jornada igual
en otra empresa.
El golpe de Estado de Uriburu
El 6 de Setiembre de 1930 marca el comienzo del ciclo de los golpes de Estado en
la Argentina. Los locales que albergaban a los gremios de la FORA fueron
clausurados, sus militantes y los militantes específicamente anarquistas,
perseguidos, detenidos, deportados o confinados en Ushuaia, e, incluso,
fusilados.
A pesar de la campaña realizada en La Protesta previendo contra el visible golpe
de Estado —"es la hora de la espada" había predicho Leopoldo Lugones—, el
Consejo Federal de la FORA, no presentó batalla a las huestes militares,
manteniéndose en una actitud de expectativa que, a la postre, tuvo resultados
nefastos para la organización que, cada vez más, fue despeñándose en una
minimización de sus efectivos.
Es muy posible que aunque la actitud hubiese sido distinta, es decir, si la FORA
hubiera opuesto resistencia al golpe de estado fascista, declarando la huelga
general, no se habrían modificado sustancialmente las condiciones que
sobrevinieron en el país; pero, indudablemente, estaría más en consonancia con
lo que fue la FORA a través de toda su historia. Santillán, que en el suplemento
quincenal de La Protesta, que dirigía, había alertado repetidamente sobre el
peligro en ciernes, sostiene que "Por un error de interpretación no se hizo al
golpe de Estado bien previsto la resistencia necesaria, pero durante la
dictadura de ese general (Uriburu), fue la FORA la única organización que, fuera
de la ley, sin locales donde reunirse, sin prensa que relacionara sus gremios,
sin otros recursos que los exiguos de una peligrosa clandestinidad, ha mantenido
en los trabajadores alerta el fuego sagrado de la rebelión y de la lucha".(*44)
Al mismo tiempo que la FORA y los anarquistas eran ceñudamente perseguidos, el
27 de Setiembre, culminaba un nuevo proceso de unificación obrera, del que la
FORA se mantuvo al margen. Entre la Unión Sindical Argentina (sindicalistas), la
Confederación Obrera Argentina (socialistas) y algunos sindicatos autónomos, dan
vida a la Confederación General del Trabajo (CGT), cuyo congreso constituyente
se realizará recién en 1936. En el interín se suceden hechos que cuestionan y
hacen fracasar la pregonada unidad y que marcan algunas pautas sobre las que se
basan las acciones emprendidas por la nueva central obrera. Así, un mes y medio
después del golpe de Estado de Uriburu, a raíz de la condena a muerte de los
obreros chóferes de la FORA, Ares, Montero y Gayoso que, por aplicación de la
ley marcial vigente en el país dicta un tribunal militar y confirma el Consejo
Supremo de Guerra y Marina, la CGT dirige al presidente de facto, teniente
general Uriburu, la siguiente petición:
"La Confederación General del Trabajo, órgano representativo de las fuerzas
sanas del país, conocedora de la obra de renovación administrativa del gobierno
provisional y dispuesta a apoyarla como está en su acción de justicia
institucional y social, en nombre de los afiliados de los diversos gremios que
la componen, y ejerciendo el derecho de petición, se presenta ante V.S. para
pedir, como acto de clemencia, que la pena de muerte impuesta por el tribunal
militar a los chóferes Florindo Gayoso, José Montero y José Santos Ares, sea
conmutada por la pena que V.S. determine.
"Convencida esta Confederación de que el gobierno provisional no mantiene en
vigencia la ley marcial sino para asegurar la tranquilidad publica y para hacer
respetar el prestigio y la autoridad del gobierno; aún más, entendiendo que los
procedimientos y sentencias se han ajustado en absoluto a los reglamentos
militares, promueve esta gestión invocando como única razón el hecho que los
condenados no registran antecedentes policiales".(*45)
No es fácilmente explicable tamaña aberración en los hombres que conducen la
flamante CGT. Esos hombres, después de todo, tenían un pasado de actuación
sindicalista y socialista y no podían desconocer de ninguna manera la furia
represiva desatada en el país a partir del 6 de Setiembre sobre todo lo que
oliera o tuviera sabor a libertad.
Es cierto que la FORA, conducida por anarquistas, era la central obrera rival
con la que se suscitaban continuamente hechos enojosos, incluso violentos; pero
la claudicación de semejante petición, aunque pueda considerar que tenía la
altruista finalidad de salvar la vida de los condenados a muerte, descalifica a
los hombres que la presentaron y a quienes la aceptaron luego sin oponerse
activamente.
Sebastián Marotla en su conocido libro, apunta:
"El tenor de la nota, nada airosa, por cierto, suscita severas críticas. Entre
los dirigentes de la CGT exprésanse serios disgustos..."
"Al iniciar su actividad periodística la CGT explicará más tarde que, colocada
ante el dilema de optar por la vida o la muerte de los tres condenados, no
vaciló en solicitar la gracia prescindiendo de ciertos principios..."(*46)
"La sentencia de muerte contra Gayoso, Montero y Ares es conmutada por prisión
perpetua en Ushuaia. La CGT realizó nuevas gestiones ante el general Agustín P.
Justo, electo presidente constitucional; la pena es reducida a dos años de
prisión en la cárcel de Tierra del Fuego. El 15 de Diciembre de 1932, Gayoso,
Montero y Ares recobran su libertad definitiva".(*47)
Gayoso, siempre activo militante, fue deportado a España de la que, después de
muchas vicisitudes, regresó al país donde murió en un accidente de trabajo.
Montero volvió a España donde luchó con las armas en la mano contra las tropas
fascistas del general Franco. Al término de la contienda buscó asilo en México
donde falleció no hace muchos años. Ares soportó una deportación también a
España, país de origen de los tres, regresó muy pronto a la Argentina, donde
vivió retirado de la militancia hasta su fallecimiento hace algunos años.
Los procesos por asociación ilícita
Como a los anarquistas italianos de la Primera Internacional, que eran
perseguidos como asociación de Malhechores; o, como los anarquistas españoles
que eran perseguidos acusados de pertenecer a una organización terrorista
denominada "La mano negra", la justicia argentina encarceló por varios años a
activos militantes obreros de los gremios de chóferes, lavadores de autos y
panaderos, adheridos a la FORA, acusándolos de formar una asociación ilícita.
Estos procesos fueron obras del fraudulento gobierno del general Agustín P.
Justo que, además, siguió utilizando con gran prodigalidad la ley de Residencia
que había aplicado su antecesor, el general Uriburu, a discreción.
Así replicaba al zarpazo represor, la militancia anarquista de la FORA:
"Condenada al secreto, a las reuniones clandestinas, a la prensa ilegal, la
Federación Obrera Regional Argentina confía en la capacidad organizadora de sus
militantes; al calor de sus ideales comunistas anárquicos, los obreros del campo
y de las ciudades redoblan sus esfuerzos y cada vez son más numerosos los
contingentes que se adhieren al Pacto Federal e integran sus organizaciones
locales y provinciales, para fundirse a través de las fronteras y de los mares
en la Asociación Internacional de los Trabajadores.
"Aprender a organizarse dentro de la forzada ilegalidad es capacitarnos
notablemente para las jornadas decisivas de la emancipación proletaria. El
ejemplo de Unión Chóferes y Lavadores de Autos, con seis mil afiliados
coordinados en vinculación secreta, dice bien claro de qué han servido los
manejos patronales y los ardides policiales para destruir la organización
obrera".(*48)
Los procesados de Bragado
A raíz de un atentado cometido contra un político conservador, se fraguó un
proceso contra varios anarquistas, de los cuales finalmente tres de ellos,
Pascual Vuotto, Santiago Mainini y Reclús de Diago, pasaron largos años en la
cárcel. Una activísima campaña desarrolló la FORA para lograr su libertad,
resuelta a la postre por el Dr. Rodolfo Moreno, gobernador de la Provincia de
Buenos Aires a principios de la década del cuarenta. A la campaña desarrollada
por la FORA, se sumaron en forma independiente otras entidades y diversas
personalidades que formaron un Comité Nacional Pro-Presos de Bragado que contó
con filiales en muchos puntos del país, y sacó a la luz pública varios números
del periódico Justicia.(*49)
En un principio —se estaba en pleno régimen militar, ya que fue a mediados de
1931— las sospechas y las persecuciones recayeron sobre los radicales que habían
sido desalojados del gobierno el 6 de Setiembre de 1930 pero, repentinamente las
autoridades policiales abandonaron esa pista y comenzaron a detener a conocidos
militantes anarquistas que actuaban en el movimiento obrero. Arreciaron las
torturas contra los detenidos, siete de los cuales aparecieron en un primer
momento, enlistados en el proceso, en el que, finalmente quedaron los tres antes
mencionados.
Los ladrilleros de San Martín
Estos obreros de la FORA sufrieron, como los procesados de Bragado, largos años
de prisión, hasta que el gobernador peronista coronel Domingo A. Mercante,
accedió a ponerlos en libertad.
También en este caso la campaña solidaria de la FORA fue intensa y extensa. Al
lograr su libertad, los compañeros ladrilleros hablaron en un acto público
realizado en el salón Verdi de la Boca, ratificando su inocencia y sus
propósitos de seguir luchando por los ideales que sostenían.
Los portuarios de la FORA
Por la publicación de un manifiesto, (Anexo N° 206) en el que se oponían a
aceptar el descuento de un jornal para la creación de un monumento a la extinta
señora Eva Perón, fueron detenidos varios obreros portuarios afiliados a la FORA
en 1952.
Luego de seis meses de encierro, fueron liberados a raíz de un viaje de Perón,
entonces presidente, a Chile, donde un delegado argentino realizó la denuncia de
la situación de esos detenidos. Al ser interrogado al respecto por los
periodistas. Perón, declaró que los portuarios ya estaban en libertad, y, no
queriendo quedar en evidencia, impartió la orden de que la libertad de los
detenidos se cumplimentara de inmediato. Cabe consignar, para dar una idea cabal
de lo que significaba la Sociedad de Resistencia Obreros del Puerto, adherida a
la FORA, que pocos años antes de los sucesos que mencionamos, habían conseguido
cuatro horas de trabajo, para tareas sumamente insalubres y peligrosas para la
salud. La ausencia de una organización poderosa —la FORA fue perseguida y
obstaculizada en su labor— hizo que, poco después, se perdiera esa conquista.
Para colaborar en la tarea de agitación para lograr la libertad de los
compañeros portuarios bárbaramente torturados —Teodoro Suárez, Zacarpias
Gutiérrez, Victorino Javier Volpe, Juan Bautista Mayorga, Honorio Bruno Santana
y Oliva Teófilo Senaumont— el Consejo Federal de la FURA invitó a compañeros de
distintos sectores del anarquismo. De resultas de esa convocatoria se constituyó
una "Comisión pro libertad de los obreros portuarios de la FORA", que llevó a
cabo una excelente labor cumpliendo los objetivos por los cuales había sido
creada.
Huelga y persecución a los plomeros de la FORA
Un planteo reivindicando la conquista de la jomada de seis horas de labor y la
negativa patronal a acceder a la demanda, originaron una huelga y una ceñuda
persecución de los obreros plomeros de la FORA, extendida incluso, a obreros de
otros gremios.
Encarcelados gran cantidad de activos militantes, algunos fueron enviados a las
cárceles de Santa Rosa y Esquel. Se combinó esta labor persecutoria con la
creación de un sindicato pro patronal, la Unión Gremial Argentina de
Trabajadores Sanitarios (UGATS), para doblegar la resistencia obrera utilizando
en este conflicto las mismas armas que pocos años antes, habían doblegado a la
Federación de Obreros en Construcciones Navales (autónomo) en su proposito de
conquistar las seis horas de trabajo por jomada.
En este caso, compañeros anarquistas de distintos sectores, constituyeron el
"Movimiento de Agitación y Solidaridad por la libertad de los plomeros de la
FORA', que cumplió una intensa tarea recogiendo fondos para ayudar a las
necesidades de la propaganda, editando manifiestos, mariposas, engomados,
murales, etc., y contribuyendo asimismo, a que las organizaciones de la FORA,
realizaran su labor en el mismo sentido: la libertad de los detenidos.
Este conflicto de los plomeros, de larga trayectoria, es menester recordarlo,
además, porque fue el último de carácter general auspiciado por un gremio de la
FORA —el de los portuarios algunos años más tarde fue llevado adelante por los
obreros afiliados a la FORA y al SUPA cegetista—. Desde entonces, 1960, la FORA
desapareció, prácticamente de las luchas reivindicativas del proletariado
argentino.
V- RELACIONES INTERNACIONALES
Dijimos en el comienzo que la FORA es prácticamente heredera de la primera
Asociación Internacional de los Trabajadores, en especial modo de la Federación
Regional Española de esa Asociación. Fue una actitud constante en a FORA
procurar mantener relaciones con las entidades afines del exterior, con la
finalidad asimismo de constituir una identidad relacionadora que significara una
continuación en el tiempo, de aquella que había despertado tantas esperanzas en
el proletariado de muchos países.
Con el transcurso del tiempo se fueron concretando algunas de las aspiraciones
de la FORA en lo que hace a las relaciones internacionales, aspiraciones de las
que dan cuenta resoluciones de Congresos y Reuniones Regiones .(Anexo N° 74,105,
108, 109, 116, 128, 129, 135, 147. 150, 160, 161, 171, 172, 174, 187, 195, 198,
199)
Es así que, teniendo en vista esas aspiraciones, el 30 de Mayo de 1910, fue
convocado un Congreso Sudamericano que no pudo llevarse a cabo porque la
reacción subsiguiente a la muerte del coronel Falcón, impidió seguir sus
preparativos.
Con las adhesiones de la FORA, de la Federación Regional Uruguaya (FORU),
Federación Obrera Paraguaya, Centro Humanidad y 1° de Mayo de Perú), Carpinteros
y Pintores de Río de Janeiro (Brasil): se iba a discutir el siguiente temario:
"¿Qué medios deben emplearse para abolir la esclavitud en los yerbatales del
Paraguay, Brasil y Argentina?
"¿Qué actitud han de asumir los gremios en caso de guerra entre dos o más
naciones?
¿Qué medidas tomará el proletariado para contrarrestar la crisis universal?
"Pacto de Solidaridad de la Federación Obrera Sudamericana.
"Destinar la tercera y cuarta página de La Protesta como boletín de
informaciones de la Federación Obrera Sudamericana.
"¿Qué medios cree más conveniente el Congreso para la conquista de la jornada de
seis horas?
"Estudiar los medios para que en caso de huelga general ésta pueda hacerse con
más rapidez que hasta la fecha.
"Necesidad de formar comités antimilitaristas en el seno de las sociedades y
Federaciones". (210)
El fracaso de este Congreso no amenguó el interés por la creación de un vínculo
relacionador en Sudamérica. Se proyectó otro Congreso en Montevideo, que tampoco
se llevó a cabo. Pero, en el año 1913, tuvieron realización dos actos
internacionales en los que la FORA estuvo representada: el Congreso sindicalista
de Londres, donde se echaron las bases de la reconstrucción de la Asociación
Inter.-acional de los Trabajadores, esfuerzo que fue interrumpido y malogrado
por el estallido de la gran guerra en Julio ded 1914; y, el 29 Congreso de la
Confederación Obrera Brasileña (COB), donde se aprobó el pacto de la FORA, y el
delegado de la FORA y de la FORU, presentó una moción concebida en estos
términos:
"1° - Que se constituya un Comité Internacional de Relaciones entre los
trabajadores de América del Sur.
"2° - Que este Comité quede desde ya constituido con un delegado por cada país
aquí representado, funcionando en Río de Janeiro en tanto las necesidades no nos
obliguen a cambiar de lugar.
"3° - Que los gastos hechos por el Comité sean proporcionalmente cubiertos por
la FORA, la FORU y la COB.
"4° - Que este Comité publique de dos o de tres en tres meses un boletín
redactado en español y portugués, conteniendo todos los datos estadísticos
posibles respecto al movimiento obrero de los países sudamericanos, reflejando
simultáneamente la orientación de los mismos. Este boletín contribuirá
eficazmente en la tarea de organizar el primer congreso obrero sudamericano. La
Organización de este congreso será el fin para el cual el Comité deberá trabajar
tenazmente.
"5° - Que el referido boletín sea distribuido entre todas las federaciones y
confederaciones existentes en América del Sur.
"68 - Que dado el caso de ser los trabajos del Comité, interrumpidos por
cualquier arbitrariedad gubernamental, sea comunicado, con la mayor rapidez
posible, a todas las organizaciones sudamericanas, provocando así un acto
simultáneo de protesta internacional de todo el prole-tañado del
continente".(*51)
Tampoco tuvo concreción práctica esta iniciativa, aprobada por el Congreso; pero
no cejó la FORA en su propósito; es por ello que, al constituirse en Moscú la
Internacional Sindical Roja, estuvo representada por el delegado Tom Barker,
cuya actuación fue posteriormente desconocida, por haber adoptado una posición
no acorde con el mandato recibido (Anexo 207) y con los principios en los que se
basa la organización argentina.
Posteriormente, la FORA participó en el congreso constitutivo de la Asociación
Internacional de los Trabajadores (AIT), así como en los subsiguientes,
manteniendo ana posición netamente diferenciada de la posición asumida por las
centrales europeas integrantes de la misma, como lo certifica la extensa Memoria
(Anexo 208) que da una idea cabal del pensamiento de la FORA sobre diversos
problemas que hacen a su actuación como movimiento obrero organizado con
orientación anarquista.
Consignemos asimismo, que el viejo anhelo de crear una Confederación Obrera
Sudamericana, se concretó, ampliado, en Mayo de 1929, en un Congreso realizado
en Buenos Aires, donde se fundó la Asociación Continental Americana de
Trabajadores (ACAT), con la presencia del delegado de la AIT, Agustín Souchy.
(Anexo N8 209.)
El entronizamiento de dictaduras militares en muchos países de América,
obstaculizó la marcha de la ACAT a poco de andar, hasta que finalmente, dejó
prácticamente de existir, a pesar de lo cual, la FORA, se manifestó —el grupo
superviviente aún lo hace— durante muchos años, como adherida a dicha Asociación
Continental, filial americana de la AIT.
IV – LAS DIVISIONES DE LA FORA
Emilio López Arango, principal teórico del forismo, y Diego Abad de Santillán,
en su libro "El anarquismo en movimiento obrero", dicen:
"Nosotros hemos hecho escuela del divisionismo...Aceptamos como lógica la
existencia de fracciones doctrinarias orgánicamente independientes en el
movimiento obrero. Y consecuentes con la intransigencia hacia todo lo que
conspire contra nuestro derecho a propagar el anarquismo a los trabajadores, nos
esforzamos por crear un movimiento sindical autónomo frente a las corporaciones
adversas a toda ideología y a las que sostienen una ideología que no es la
nuestra. Y no negamos el derecho a hacer lo mismo a todas las demás fracciones
políticas y revolucionarias. Es la experiencia de los diversos matices
ideológicos y tácticos la que dirá la última palabra sobre la prevalencia o la
desaparición de las varias corrientes que se disputan la orientación del
movimiento obrero".(*52)
No sabemos lo que pensaba Santillán, fallecido hace unos años, aunque varió
fundamentalmente su punto de vista en muchas cuestiones, sobre lo transcripto
publicado en 1925; y, menos podemos saber lo que pensaría Lopez Arango,
asesinado en 1929, si viviera aún, cuando el movimiento obrero como ellos lo
entendían en el momento de elaborar su libro, ha desaparecido. E, incluso
sabemos la influencia que pueden haber tenido en esa desaparición esa
proclividad al divisionismo, que tuvo eclosión dentro de la misma FORA, cuando
ya había entrado en un plano francamente descendente cuantitativamente, dentro
del movimiento obrero argentino.
En sus comienzos las divisiones fueron entre fracciones ideológicas distintas,
que de esa manera, buscaban su ubicación en el espectro de variadas
interpretaciones; pero, más adelante esa proclividad al divisionismo, se
manifestó dentro del núcleo que defendía al anarquismo como idea orientadora del
movimiento obrero.
Si se repasan las resoluciones adoptadas por los distintos Congresos y Reuniones
Regionales llevadas a cabo por la FORA, se podrá observar que, mientras en los
primeros años además de las lógicas tareas organizativas, se consideraban
asuntos que hacían a la situación del proletariado en particular y de toda la
sociedad en general en su compleja multiplicidad, en los años en que se advertía
claramente el plano inclinado en que estaba la FORA, los asuntos debatidos se
centraban casi exclusivamente en la cuestión interna, e, incluso hubo Reuniones
Regionales convocadas para tratar, como asunto excluyente las divisiones
producidas. (Anexo N° 162, 163, 164, 165, 166, 183, 197, 200.)
La primera escisión de la segunda época que marcamos, se produjo en 1943; una de
las partes, la FORA de Deán Funes —por ser secretaría— se dividió a su vez en
1956-1957. Se llegó a tal grado en el escisionismo que, en un momento dado,
coexistían cuatro Consejos Federales que se proclamaban fieles intérpretes de la
FORA del 59 Congreso —por la recomendación del comunismo anárquico—. Es que,
además de escuela de divisionismo, se hizo escuela de intolerancia, de
dogmatismo; algunos militantes se creyeron depositarios de la verdad absoluta y
se alzaron contra resoluciones orgánicas de las organizaciones adheridas.
No poco daño le hicieron a la FORA estas divisiones, que se fueron superando —en
el aspecto formal— por el advenimiento de algunos y la desaparición física de
otros. Pero, lo evidente, es que cuando se concretó este advenimiento formal y
esta desaparición física, ya los trabajadores habían dado la espalda a la
organización obrera finalista.
VII- POSICIONES DE LA FORA FRENTE A OTRAS CORRIENTES DEL MOVIMIENTO OBRERO
Desde sus comienzos la FORA, orientada por los anarquistas, mantuvo frecuentes
polémicas con los sustentadores de ideologías opuestas que le disputaban el
predominio en el campo obrero. Ya hemos visto, aunque muy sintéticamente, las
diferencias con los socialistas, en un comienzo; poco más tarde con los
sindicalistas puros y, posteriormente, al advenir la revolución rusa, con los
comunistas y anarco-dictadores. En la Memoria del Consejo Federal de la FORA al
Congreso de la AIT (Anexo N° 208) se encuentran elementos de juicio de gran
interés para conocer el pensamiento de los orientadores de la central obrera
forista al respecto.
Bastante más acá en el tiempo, el peronismo que atrajo y aún atrae, a pesar de
la muerte de su líder, a grandes masas de trabajadores con su actitud demagógica
y gatopardista "algo tiene que cambiar para que todo siga igual", fue asimismo
enfrentado frontalmente por la FORA y por los anarquistas en general. Pero, se
cayo en el defecto de no hacer la necesaria distinción entre los designios de
Perón y del grupo que lo rodeaba, y los trabajadores, que lo siguieron porque
creyeron y, muchos aún creen, que habían encontrado en Perón, el hombre t que
satisfacía buena parte de sus necesidades materiales que, por otra parte, en
alguna medida fue cierto, fue real. Se dictaron leyes que sancionaron
legalmente, propuestas, propósitos, que se habían manifestado en los primeros
Congresos de la FORA, como ya quedó expresado, y por otras corrientes de
pensamiento, especialmente socialistas. Faltó la necesaria visión para encarar
la aparición de este fenómeno inusitado que significó el peronismo en el campo
político-social argentino. A menudo las críticas anarquistas al peronismo se
confundieron con la de sectores políticos que no tienen ningún punto de contacto
con las propuestas anarquistas de cambio social revolucionario. No se diferenció
lo suficiente el discurso anarquista del de los políticos que se opusieron a
Perón desde el estrecho punto de vista del mantenimiento del aparato
"democrático". Es decir, en suma, se hizo antiperonismo pero no se hizo
anarquismo; y, no solamente la FORA mantuvo esa posición, el pequeño movimiento
anarquista, resto del fuerte movimiento de otrora, participó también de esa
posición, aunque mantuvieron sus diferencias de criterio en los enfoques y
soluciones de otros problemas.
Esta posición de enfrentamiento frontal mantenida por la FORA ante otras
corrientes que beligeraban en el movimiento obrero, también se pone de
manifiesto en el mismo campo del movimiento anarquista, donde mantuvo
discrepancias, a veces, a través de vivas polémicas con los anarquistas que no
compartían su forma de encarar la participación en el campo obrero, ya
estuvieran radicados en el país o en el exterior, especialmente en Europa.
Vamos a hacer un repaso de algunas de esas fuerzas más o menos afines a la FORA.
Sindicalistas
La declaración de Amiens —Congreso de la Confederación General del Trabajo
francesa de 1906— (Anexo N° 210) verdadera Biblia del sindicalismo neutro o puro
y, aún de los sindicalistas revolucionarios, se encuentra ampliamente
controvertida desde el punto de vista de la FORA en la Memoria (Anexo N° 208)
remitida por el Consejo Federal al Congreso de la ATT de Berlín, corno para
seguir abundando sobre el tema; solamente queremos acotar aquí que la FORA
rechazó asimismo la organización de sindicatos por industria —en la Memoria
mencionada también se lo hace—, contraponiendo sus sindicatos por oficio. López
Arango y Santillán, dicen al respecto:
"...ni creemos que los organismos obreros deban seguir el proceso de desarrollo
industrial copiando las formas exteriores del capitalismo y buscando en la
estructura económica de la sociedad contemporánea los elementos constructivos de
la futura organización de los pueblos." (*53)
La FORA y el anarco-sindicalismo
La declaración de principios de la Freie Arbeiter Union Deutschlands (FAUD),
central sindicalista libertaria alemana, obra de su más esclarecido inspirador,
Rudolf Rocker, que es un breve compendio de la teoría anarcosindicalista (Anexo
N° 211), mereció estas consideraciones de parte de López Arango y Santillán:
"Según este punto de vista todo habría de proceder del sindicato después de una
revolución victoriosa. Otras formas de organización al margen de esa red de
Federaciones y de uniones obreras difícilmente se toleraría, lo cual, a nuestro
entender es una idea que contradice la libertad que anima todas las expresiones
del anarquismo. A lo sumo podríamos tener derecho a preparar la vida futura para
nosotros mismos, para la minoría de los que aceptamos el sindicato con esa
misión presente y futura, pero como forma general de la vida social entera en el
porvenir, esa teoría nos llevaría a una nueva dominación, pues la legislación
previa de los cauces que habrá de recorrer el proceso revolucionario y la
edificación socialista, no es sino una aceptación del fatalismo marxista en
nuevas apariencias. Nuestra participación activa en el movimiento obrero no
supone que conferimos al sindicato el papel de transformar la mentalidad de los
hombres para colocarlos en condiciones de vivir una nueva vida. Significa
unicamente que concedemos un valor real a las luchas del proletariado y que
participamos en ellas para impulsarlas en un sentidlo favorable a la gestación
revolucionaria que el anarquismo persigue. Y ese medio de acción vale por lo que
realiza diariamente en el terreno económico, por lo que capacita a los
trabajadores en el ejercicio de la lucha por un porvenir mejor, no por las
soluciones que pueda : ofrecer para el futuro".(*54)
La teoría anarco-sindicalista muy emparentada con la del sindicalismo
revolucionario, es, hoy día, confundida por muchos que se acercan al movimiento
obrero, y aún participan en él, porque consideran que todos los anarquistas que
actúan en el sindicalismo son, automáticamente, anarco-sindicalistas. El
anarco-sindicalismo es una teoría . que basa la construcción de la sociedad
después de la revolución emancipadora, en los mismos sindicatos o asociaciones
profesionales de trabajadores. La FORA rechazó ; expresamente el
anarco-sindicalismo y mantuvo su concepción de que no se puede legislar sobre el
futuro de la sociedad después del cambio revolucionario, como lo expresa la
tantas veces reiterada Memoria presentada por el consejo Federal al Congreso de
Berlín (Anexo N° 208).
VIII - LA FORA Y EL MOVIMIENTO ANARQUISTA ORGANIZADO
Ya dejamos dicho de la estrecha vinculación entre la FORA y el anarquismo. El
mantenimiento de La Protesta como órgano oficioso durante muchos años, es un
dato que no se puede soslayar para certificarlo. Es por ello que la FORA no
podía escapar al hecho de que las disputas y divisiones producidas en el
movimiento anarquista, repercutieran intensamente en su seno y, a la inversa,
las disputas y divisiones producidas en la FORA, repercutían intensamente en el
movimiento anarquista.
En la década del veinte se produjo una polarización en un amplio sector del
anarquismo, alrededor de las publicaciones La Protesta y La Antorcha —se era
"protestista" o se era "antorchista"—, que se manifestó en la FORA mediante la
siguiente resolución tomada por una reunión de delegados en Setiembre de 1924:
"Se considera al margen de la FORA a todos los cementos que hacen labor
derrotista y obstaculizan la propaganda del comunismo anárquico.
"Se resuelve aislar a los grupos La Antorcha, Pampa Libre e Ideas, no
consintiéndoles ingerencia en los organismos federados y retirándoles todo
concurso material y moral.
Excluir de los cargos representativos en las entidades federadas a las personas
que respondan a la tendencia de dichos grupos.
Se consideran separadas de la FORA las entidades que no acepten este
temperamento".(*55)
Años después se dejó sin efecto en la práctica —no por resolución formal— esta
división. Yo he conocido a representantes de ambas tendencias, trabajando codo a
codo y en perfecta armonía, en organismos comunes del movimiento anarquista.
Pero no se circunscribe a esto la relación de la FORA con el movimiento
anarquista. ¿La FORA es un movimiento obrero anarquista, o la recomendación del
comunismo anárquico es simplemente eso, una recomendación sin efectos de
imposición? Es un interrogante que siempre ha tenido sostenedores en ambos
polos; con preponderancia de acuerdo a los resultados derivados de las acciones
y documentos conocidos, de los defensores de que la FORA es un movimiento obrero
anarquista. Arango y Santillán se manifiestan favorables a esta interpretación
cuando abogan por la creación de "tantos movimientos obreros como tendencias
dividen al proletariado"(*56). Es que si se admiten trabajadores de otras ideas
políticas, o que no tengan ninguna, la FORA no puede ser considerada una
organización obrera anarquista.
Polemizando con el conocido anarquista italiano Enrique Malatesta, López Arango
y Santillán sostienen:
"En cuanto a que los sindicatos deben permanecer abiertos a todos los obreros en
tanto que obreros, es una opinión que no podemos compartir; el mismo Malatesta
reconoce que en ciertas categorías de oficio se siente más afinidad de intereses
con el capitalismo que con el proletariado; y si un sindicato es fundado sobre
una base revolucionaria, ingresarán en él los que reconozcan la orientación
admitida, o simpaticen con ella. El sindicato está abierto para todos los
hombres sin distinción de nacionalidad, de color, de edad, o de sexo, pero
abierto para todas las tendencias es cuestión discutible. Si en la teoría ya
admiten algunos semejante punto de vista, en la práctica prevalece el sindicato
con una orientación, reformista o revolucionaria, que excluye el predominio o la
propaganda de otras tendencias".(*57)
Evidentemente esto no se concilia con la opinión de varios militantes de la
FORA, que sostienen que nunca se pusieron trabas al ingreso de trabajadores, que
nunca se les preguntó cómo pensaban para afiliarse a las Sociedades de
Resistencia de la FORA. Y, para tener una idea más precisa, podemos decir que en
una resolución tomada en Asamblea, Pintores Unidos de la FORA, dividió a sus
afiliados entre los que podían integrar la Comisión Administrativa y quienes no
podían hacerlo, de acuerdo a las ideas que sustentaban.
Así dice la mencionada resolución:
"...y visto también, que la mejor forma de cumplir su misión emancipadora la
organización obrera, es, solamente, cuando ésta está compuesta por elementos
afines, y sin contar en su seno con el peligro continuo que constituyen los
afiliados a fracciones políticas enemigas a muerte del anarquismo y los
partidarios del "sindicalismo sin ninguna clase de objeto social", con lo que
queremos entrar en el verdadero terreno que nos conduzca a la total desaparición
del capital y del Estado, se resuelve de común acuerdo, defender la finalidad
comunista anárquica con la base fundamental de que en este gremio, netamente
comunista anárquico, no podrá pertenecer a la Comisión Administrativa ni ocupar
cargo de responsabilidad, ningún asociado que sea político estatal, milite en
cualquier partido político opuesto al anarquismo, asimismo los partidarios de
sostener la organización separada de toda finalidad política o social, como
también los miembros que al ser nombrados obstaculizaran la propaganda en su más
amplio carácter anárquico y no facilitaran los medios a su alcance para el
desarrollo de la misma.
"Con esta resolución dejamos sentado que los componentes de esta agrupación,
deben estar en un todo de acuerdo, al mismo tiempo que con los métodos
revolucionarios de la FORA a la que pertenecemos, con los postulados que ella
ostenta".(*58)
Evidentemente, este acuerdo tomado por Pintores Unidos, está en total
contradicción con la premisa anarquista de que a igualdad de deberes debe
corresponder una igualdad de derechos. Todos los afiliados a una Sociedad de
Resistencia deben tener las mismas oportunidades para acceder a los puestos de
responsabilidad, lo contrario es dividirlos entre hijos y entenados.
El fondo de todo esto está en que a pesar de que muchos anarquistas que actuaron
en la FORA, pertenecían al mismo tiempo a agrupaciones anarquistas, el
especifismo entendido como movimiento ideológico organizado, fue resistido y
combatido por la FORA. En esto también se marca una diferencia sustancial con la
Confederación Nacional del Trabajo (CNT) española, por ejemplo. Así ve Jorge
Solomonoff esta divergencia:
'Se refiere a la manera de resolver el problema de la distancia existente entre
las formulaciones ideológicas más o menos elaboradas y las motivaciones que
mueven la acción reivindicativa de las masas trabajadoras. En este aspecto
encontramos históricamente dos tipos de soluciones organizativas: la que
mantiene orgánicamente separadas las funciones ideológicas y políticas del
anarquismo de aquellas estrictamente gremiales, cuyo ejemplo mas perdurable lo
tenemos en la relación entre la Federación Anarquista Ibérica (FAI) y la
Confederación Nacional del Trabajo (CNT) españolas. La otra posición corresponde
a quienes sostienen que la elaboración ideológica y la acción sindical
constituyen un todo inseparable, que la organización específica de los
anarquistas fuera del movimiento obrero implicaría el establecimiento entre
estos de relaciones autoritarias y aristocratizantes, reproductoras de los
problemas de conducción propios de las conflictivas relaciones existentes entre
los partidos políticos y los sindicatos. El ejemplo más acabado de esta
"afusión" entre la organización sindical y una ideología "externa", lo
constituye la FORA, sobre todo a partir de 1905. Aunque esta posición no era
compartida por la totalidad de los anarquistas, fue lo bastante fuerte como para
impedir el surgimiento de una organización política del anarquismo en la
Argentina durante el período que nos ocupa".(*59)
El libro de Solomonoff, abarca hasta la primera guerra mundial; posteriormente
surgieron organizaciones especificas del anarquismo, la Alianza Libertaria
Argentina en la década del veinte, y la Federación Anarco-comunista Argentina
(FACA) —actualmente Federación Libertaria Argentina (FLA), en los años treinta.
Ambas fueron combatidas por la FORA, y por otras agrupaciones anarquistas que no
compartían y no comparten actualmente su metodología y aún las bases en que se
fundamenta su organización.
IX - CONCLUSIONES
Hasta aquí hemos repasado en visión panorámica, los puntos que, creemos, tienen
mayor interés para tener una idea aproximada de la historia de la FORA.
De este repaso panorámico se habrá podido inferir la importancia trascendental
que ha tenido en la historia social de la República Argentina, durante las
primeras décadas de este siglo. Fue la FORA uno de los polos de atracción del
movimiento obrero de este país. Significó el polo antilegalista, revolucionario,
internacionalista, enfrentado al polo legalista, reformista, cada vez más
estrechamente nacionalista a través de distintas denominaciones : Unión General
de Trabajadores (UGT); Confederación Obrera Regional Argentina (CORA);
Federación Obrera Regional Argentina del 9a Congreso; Unión Sindical Argentina
(USA); Confederación Obrera Argentina (COA); para finalmente, de la unión de las
dos últimas, surgir la actual Confederación General del Trabajo (CGT); significó
lo contrapuesto, la contrafigura de la FORA.
Mayoritaria, cuantitativamente hablando, en sus inicios hasta promediar, quizás,
la década del veinte, poco a poco fue debilitándose hasta desaparecer como
fuerza a tener en cuenta en cualquier estudio que se haga movimiento obrero
argentino.
Es un hecho incontestable que hoy día, la FORA ha dejado de existir. El que un
grupo de veteranos militantes mantenga abierto un local, distinguiéndolo con esa
sigla, no invalida esa aseveración, ya que, para negarla, tratándose la FORA, de
un movimiento obrero, debe contar con trabajadores afiliados a sus sindicatos o
Sociedades de Resistencia según la terminología forista tomada de la Federación
Regional Española, adherida a la primera Asociación Internacional de los
Trabajadores. Actualmente no existen esos trabajadores afiliados a las
Sociedades de Resistencia; al no existir esos afiliados consecuentemente las
Sociedades de Resistencia no tienen vida; al no tener vida, al no contar con
Sociedades de Resistencia, la FORA, que es un organismo relacionador de esas
Sociedades de Resistencia, ha dejado de existir. ¿A qué se debe esa caída
vertical?
Alguien, alguna vez, tendría que hacer un estudio en profundidad para tratar de
dilucidar este interrogante; nosotros no tenemos las condiciones de
conocimientos y capacidad necesarios para ello. Sólo queremos expresar aquí,
algunas ideas que pueden tener el valor de aproximaciones al tema.
No se puede soslayar la incidencia que ha tenido la represión estatal en esta
caída. Más extensa o intensa a partir del golpe de estado de Uriburu, tuvo
serios efectos en las estructuras cada vez más débiles de la FORA; pero,
creemos, que no es excluyente; otros motivos han tenido tanta, o, probablemente,
más importancia. A algunos de ellos nos referiremos sintéticamente a
continuación.
Dejamos dicho al comienzo que el movimiento obrero argentino fue iniciativa de
inmigrantes, en especial modo europeos; y la FORA no escapa a esta realidad, fue
obra de anarquistas españoles e italianos principalmente, que llegaron al país
en la época de la gran inmigración extranjera, mayoritariamente, repetimos,
europea. En esa inmigración la FORA, obra de inmigrantes, pudo extender su
influencia que, solo en reducidas dimensiones y sin llegar a muchos lugares,
alcanzó al argentino nativo sometido a condiciones inhumanas de vida y trabajo.
Hace un tiempo el compañero Humberto Corréale, manifestó que se hizo labor
propagandista en extensión pero no en profundidad. Cuando esa inmigración cesó y
fue sustituida por la inmigración interior y de los países vecinos hacia los
lugares en que la FORA había arraigado, se perdió la base de sustentación. El
"lenguaje" que se había utilizado con éxito frente a la inmigración europea de
la cual formaban parte los fundadores de la FORA, se mantuvo inalterable frente
a la inmigración interior y de países vecinos, que no lo comprendió y le dio la
espalda.
La legislación laboral que puso en vigencia el Estado, especialmente con el
advenimiento de Perón, fue enfrentada frontalmente por la FORA, en lugar de
comprender y hacer comprender a los trabajadores, que eran conquistas propias
arrancadas a los explotadores, y no dádivas que buenamente les otorgaba el
Estado.
Tratándose la FORA de una organización obrera, es decir que, primordialmente, se
trata de una organización de la clase trabajadora para enfrentar a la clase
capitalista, no se asume plenamente que la FORA es una organización clasista,
surgiendo una contradicción tan evidente que parece imposible que se haya dado
realmente. Es indudable que, aparentemente, no todos pensaban así; eso es lo que
sugieren dos posturas ante el tema, que voy a reproducir:
En las instrucciones que el Consejo Federal de la FORA envió a Tom Barker (Anexo
N° 207), su delegado ante el Congreso de la Internacional Sindical Roja, el 5°
punto, expresa:
"De hacer notar que esta central [la FORA] repudia a la Federación Sindical de
Amsterdam por haber violado los más dignos principios de la guerra de clase".
Mientras tanto, López Arango y Santillán se extienden sobre la lucha de clases,
de esta manera:
"El examen y la consideración de ciertas actividades demagógicas, como la que
implicaba la consigna de los bolchevistas, una cuestión nada fácil de resolver,
la idea de clase y de la lucha de clases. Es verdad que no hemos dado ninguna
solución teórica fundamental; lo único que hicimos fue poner en duda la
concepción marxista, criticar sus bases y preparar el terreno tal vez para que
alguno de los nuestros se ocupe algún día con detenimiento de ese asunto desde
el punto de vista libertario.
'La idea de clase nos parece que contradice los principios sostenidos por el
anarquismo. Creemos descubrir en ella el último refugio del autoritarismo y,
mientras luchamos por la liberación del movimiento obrero de los partidos
políticos, al afirmar la idea de clase, preparamos d terreno a una nueva
dominación.
"Nos hemos acostumbrado a considerar el mundo a través del prisma unilateral que
pone a una clase frente a otra, y en lugar de confirmar con el examen de la
historia y de la realidad el contenido de esa idea, la supuesta homogeneidad de
las clases en pugna, hacemos la operación contraria, abstrayéndonos de todo lo
que puede poner en tela de juicio la exactitud del materialismo histórico. Pero
la verdad es que en todas nuestras luchas y en todas nuestras aspiraciones no
obramos como componentes de una clase económicamente inferior, sino como
defensores de una idea de justicia y de libertad sociales que quisiéramos ver
realizada. Y si queremos la revolución, no lo hacemos en vista solo de aliviar
la situación de los que tienen hambre de pan, sino para organizar la vida social
de manera que todos los hombres tengan en el banquete de la vida un puesto y
disfrutar de las ventajas de la libertad.
"Los reformistas se esfuerzan por que pensemos como zapateros o como sastres y
no como hombres. Predican la fraternidad de los obreros y no la fraternidad
humana. Pero nosotros dudamos que la unidad de intereses del obrero y del
gendarme o del huelguista y del rompe huelgas, todos pertenecientes a una capa
económicamente inferior, sea efectiva y justifique una alianza cualquiera entre
ellos. Lejos de constatar una frontera divisoria entre asalariados y
capitalistas, no constatamos en todo el movimiento obrero moderno más que una
línea divisoria entre los partidarios y los enemigos de la revolución; es decir;
de una parte una minoría obrera consciente que lucha por la abolición de la
explotación y de la dominación, y, por otra, una mayoría compuesta de obreros y
burgueses que se resisten a dejar modificar las instituciones actuales. No vemos
por qué ha de ser necesario recurrir a la idea de clase para engrosar las filas
de los partidarios de la revolución, que no es un proceso histórico fatal, sino
una labor sistemática de propaganda y de organización y de acción inspirada por
una finalidad, lo cual requiere que los que ingresen en las filas de la
revolución piensen por su propia cuenta y no eludan el pensamiento en mérito a
la concepción marxista que atribuye una función histórica fatal a los
trabajadores". (*60)
Indudablemente, en la posición de López Arango y Santillán, hay una indefinición
que llega, como dejamos dicho, a la incongruencia y la contradicción. Y,
sabemos, la notoria influencia que tuvieron, primordialmente López Arango, en
modelar un esquema teórico-práctico para la organización forista. Repetimos, la
organización obrera es el arma fundamental que tiene una clase, la obrera, para
luchar con otra clase, la capitalista, para mejorar las condiciones de trabajo y
de vida en la actual sociedad; en el caso de organizaciones obreras
revolucionarias, como sin duda lo era la FORA, se le adiciona como meta
finalista, la transformación de la sociedad actual en una sociedad de libres y
de iguales, es decir, el logro de una sociedad sin clases, pero, sin olvidar, su
concepción primaria de lucha de clases. Lo contrario, significa no asumir esa
condición indispensable para una actuación coherente con el medio adoptado como
instrumento para conseguir plasmar en la realidad, las aspiraciones esbozadas en
la teoría.
La indefinición nace de esa disyuntiva de que hablábamos antes: ¿La FORA es una
organización obrera anarquista? o, ¿Es una organización abierta a todos los
trabajadores, en la que se "recomienda", no se impone, la propaganda del
comunismo anárquico entre los trabajadores?
López Arango y Santillán se declaran favorables a la primera de esas
afirmaciones, lo que explica su posición, a mi juicio contradictoria con lo que
es y lo que significa un movimiento obrero.
Consideraciones finales
Debemos poner punto final a este largo peregrinaje, muy parcial e insuficiente,
sobre la trayectoria y lo que significó la FORA en el movimiento obrero
argentino. Antes de ese punto final, quiero esbozar brevemente lo que, en mi
opinión, pueden emprender los anarquistas aquí y ahora, para recobrar influencia
en el movimiento obrero.
La tarea es ardua y compleja, y de ella no pueden esperarse frutos inmediatos ni
espectaculares. Yo no creo que los trabajadores abandonen en gran cantidad, ni
mucho menos masivamente, los sindicatos legalistas a los que están afiliados,
aun cuando, cosa inverosímil con este o con cualquier otro gobierno, se aboliera
la Ley de Asociaciones Profesionales. Están acostumbrados —los trabajadores— al
dejar hacer, a no inmiscuirse en el manejo de esas organizaciones, a las que ven
como instituciones que los sobrepasan y, ante las cuales se sienten como cuando
tienen que recurrir por algún trámite a algún organismo estatal —administrativo,
judicial, policial, etc.—, confundidos y hasta atemorizados. Por otro lado, aún
con grandes imperfecciones, obtienen positivos beneficios de sus servicios
médicos, hoteles de vacaciones, etc.
El movimiento obrero actual está organizado en forma centralista, sin
participación activa de los trabajadores de la base; practica la colaboración de
clases; utiliza la Acción a Base Múltiple en sus diferencias con la patronal;
fomenta un sentir nacionalista que niega la solidaridad en el plano
internacional; niega la práctica solidaria entre los trabajadores y entre los
sindicatos a nivel nacional; mantiene cordiales y aún estrechas relaciones con
las Fuerzas Armadas y la jerarquía eclesiástica; sostiene una frondosa
burocracia; sus propósitos son meramente mejorativistas ya que carece de un
proyecto de cambio social; se ha convertido en uno de los engranajes que
permiten el funcionamiento con el menor sobresalto posible, de esta organización
social basada en la explotación del hombre por el hombre.
Ante esta situación, lo que considero factible, es la formación de grupos de
compañeros en los gremios en que se puedan organizar, con el objetivo de
estudiar a fondo los problemas de cada gremio en particular, de todos los
trabajadores en general y de la sociedad en su conjunto.
La Reunión Regional de la FORA realizada en 1962, aprobó la siguiente
resolución:
"La formación de grupos intersindicales de orientación forista en gremios ajenos
a nuestro movimiento, que actúen en relación y coordinación con gremios de
Oficios Varios y cuerpos de relaciones en lo regional o local, según se
presente". (Anexo N°191.)
Esta resolución nunca se llevó a la práctica, y, no existiendo la FORA en la
actualidad, por lo que ya dejamos dicho, considero que los grupos
intersindicales que se organicen, deben coordinarse de la manera que crean más
conveniente. Además, deben estar conectados con los grupos de compañeros
anarquistas que desarrollen sus actividades en otros ámbitos.
Poniendo el acento en un movimiento obrero organizado en forma federalista, con
la participación activa de los trabajadores mediante asambleas y demás
instancias de participación; practicando a ultranza la lucha de clases;
utilizando exclusivamente la Acción Directa en sus diferencias con el Capital y
el Estado; fomentando la solidaridad entre los trabajadores y entre los
sindicatos tanto a nivel nacional —o regional por considerar en su visión
internacionalista que cada país es una región que se une federativamente a las
demás, no una separación por las fronteras— e internacional; declaradamente
antimilitarista y anticlerical; antiburocrático; dotado de un Proyecto de Cambio
Social revolucionario, total, propugnador de la suplantación del capitalismo y
del Estado regulador de las relaciones sociales, por una sociedad igualitaria;
es decir, en suma, retomando los principios orientadores de la acción que llevó
a cabo la FORA; clarificando adecuadamente lo que estaba un tanto en duda, como
la lucha de clases, por ejemplo. Partiendo de esas premisas, empleando un
lenguaje claro y comprensible para los trabajadores de hoy, de los que son
parte, creo que, aún sin esperar frutos inmediatos, repito, ni espectaculares en
lo que se refiere a la conversión de trabajadores al anarquismo que, por otra
parte, podría ser contraproducente por su deficiente formación y la falta de
cuadros de militantes esclarecidos para recibirlos, pueden obtenerse resultados
promisorios.
Intercolaborando con otros grupos específicos, estos grupos intersindicales,
integrados por compañeros convencidos de sus ideas y de la importancia de su
labor, están en condiciones de comenzar a realizar lo que se puede explicar
gráficamente, citando el ejemplo de la gota de aceite derramada que se va
extendiendo paulatinamente.
Trabajando en ese sentido, al que se le puede encontrar cierta similitud con la
labor desarrollada en España por la Alianza de la Democracia Socialista, fundada
por Miguel Bakunin en tiempos de la Primera Internacional, antecedente de la
Federación Anarquista Ibérica (FAI), se podrá ir conformando núcleos de
trabajadores influidos por la prédica antiestatista y de Acción Directa que son
parte inamovible del ideal anarquista. Es decir, resumiendo, que ,la actuación
se haría simultáneamente en dos niveles: el grupo de afinidad, el grupo
intersindical, de militantes declarada y convencidamente anarquistas, y grupos
de trabajadores influidos por esos grupos anarquistas. Este sistema,
indudablemente mucho más cercano al sistema organizativo español con la CNT y la
FAI, que al de la FORA, creo que es el más adecuado en la situación presente en
que estamos inmersos.
Esos grupos intersindicales en todos sus niveles deben organizarse y funcionar
—como expresó un compañero— de la misma manera en que sostenemos que debe
organizarse y funcionar toda la sociedad; con bases auténticamente federalistas
y total reciprocidad entre deberes y derechos de todos sus componentes.
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