Sentimientos encontrados

Por Ricardo Rouvier*

Los sentimientos encontrados expresan hoy a gran parte de la sociedad nacional; se superponen sentimientos contradictorios: el antiperonismo y ser víctima de la política económica de Macri. En algunos momentos, depende del contexto, predomina una, y en otros otra.

Es indudable que hoy, ante el final del gobierno de Macri y el comienzo del gobierno de Alberto Fernández, se cruzan una mezcla de sentimientos en el seno de la sociedad civil; sentimientos diferentes y contradictorios que coexisten. Uno es el antiperonismo, que se agrupó en ese 40%, y que se eriza cuando ese movimiento alcanza el gobierno, provocando la desesperanza de los que vienen anunciando, durante décadas, el final de lo que consideran una maldición. Y mencionamos al peronismo y no al progresismo porque aquel movimiento que genera una reacción adversa y que tiene su protohistoria en las luchas civiles del siglo XIX. El antiperonismo es visceral y arrastra las construcciones ideológicas; en cambio el antiprogresismo, en general, no provoca una reacción emocional, sino una lucha entre racionalidades.

En cambio para el sentimiento opuesto, resurge la alegría por el retorno tan anunciado y el final de Mauricio Macri, que muchos consideran definitivo. Aunque se calcula que lo mejor para el nuevo gobierno es que el ex Presidente., o mejor aún, el tándem Macri-Peña sean los jefes de la oposición. Es muy difícil para los máximos responsables de los últimos cuatro años interpelar al gobierno naciente. Un mutis por el foro del ex Presidente, en cambio, alentaría a un mayor dinamismo el trasvasamiento.

El deseo de extinción del otro esta omnipresente en gran parte de la construcción simbólica, de un lado y del otro lado de la grieta nacional. Como herramienta, el enfrentamiento resultó efectivo en la carrera electoral y prueba de ello es la unidad del peronismo y la recuperación de Juntos por el Cambio entre las PASO y la general. Hoy la grieta sigue viva y confirma la segmentación ideológica o de identidades políticas que chocan entre sí con persistencia, para pergeñar una utopía imposible: un país sin peronismo o sin antiperonismo.

Aunque sabemos que el ideal de totalización del Estado Nación es, como otros ideales, una ilusión que favorece la condescendencia sobre la democracia dominante, se sobrevalora la democracia tal cual está ante el naufragio del Estado benefactor. Es tan importante preservar el régimen que olvidamos efectuar el ejercicio crítico de mejorarlo, de afirmar la participación y la democratización. Nos distraemos por la eficaz construcción hegemónica y dejamos que la personalización y la elitización ocurran casi con naturalidad. No obstante, hay que reconocer, con las turbulencias que ocurren en el mundo por derecha e izquierda, que nuestro país ha dado un paso hacia la tolerancia. Las varias referencias de estos días a Alfonsín, son adecuadas a dichos mejoramientos. También es oportuno señalar que la presencia protagónica del peronismo en los últimos 70 años posibilitó una institucionalización social que sofrena o inhibe la amenaza anómica, convirtiendo en extraños los escenarios de Chile, Colombia, Ecuador e inclusive Bolivia.

Haciendo el desglose sobre las emociones encontradas, uno observa que en la posición negativa hacia el peronismo/kirchnerismo hay otros contenidos con una conducta común: el rechazo por el diferente, la discriminación clasista. Adjudicando al otro distinto la corrupción y ocupación del Estado como un botín.

Esta representación mafiosa, construida por el antiperonismo, a veces se ve legitimada por formas anacrónicas de jerarquización social, como ocurre en alguna de las partes desgarradas del territorio nacional. La convivencia entre peronismo conservador y patriarcado es ineludible, lejos de lo que Perón definía como la “evolución”. Acá peronismo y progresismo se bifurcan, adoptando el segundo un perfil más moderno.
Esto atraviesa desde los ejecutivos provinciales, las legislaturas, el sindicalismo y otras superestructuras. El desarrollo de la soberanía femenina va a ayudar para remover estructuras arcaicas; también del peronismo.

Como se ve, el horizonte de contradicciones es amplio y complejo. La estratégica elección de Alberto Fernández por parte de CFK, además de un resultado electoral, envió ya un mensaje a la sociedad que el actual Presidente expresa en esta nueva etapa: ¡¡ahora, el debate!!, ¡¡ahora el pluralismo!!, ¡¡ahora la moderación!!. Por supuesto esta estructura de imagen de Alberto Fernández está acompañada por los gestos “antisistema” de CFK, que son los que prefiere el kirchnerismo, y que conforman su carisma, y que irritan a los opositores. Claro; el Presidente y la Vicepresidente son distintos, pero bueno hay que buscar la sinergia.

La gran proporción de la sociedad no espera la exaltación revolucionaria ni el maximalismo. Más que avanzar en un proyecto propio hay que volver un casillero atrás, y enganchar el rumbo de la normalidad económica y social. Por un tiempo, el pasado reciente y el presente estarán anudados por la herencia. La posibilidad de construir un proyecto hacia una sociedad más igualitaria provendrá, fundamentalmente, de la política. Ahí se verá qué papel le cabe a las superestructuras que constituyen el peronismo como una poliarquía burocrática.

Esta cruda realidad de hoy se impone sobre lo que gusta o no gusta a las fracciones. Gran parte de la sociedad, además del propio Presidente, manifiestan el deseo de finalizar la grieta, de la unión de todos. Consideramos que la grieta seguirá existiendo, pero con un Presidente experimentado en construir puentes entre diferencias, en armonizar, en dialogar.

En los ganadores, los sentimientos confluyen hacia una esperanza de que el gobierno de Alberto Fernández y CFK va a mejorar la situación económica y social. ¿Se compensará lo perdido? Va a ser muy difícil restituir, en el corto o mediano plazo, el daño provocado por el gobierno anterior, por eso habrá que darle un papel importante a la comunicación política. Insuflarle crédito simbólico a una administración que recibe la economía como un explosivo despierto.

La esperanza es el valor principal de la política. Por eso la política no puede ser ejercida con eficacia por personalidades que no puedan sostenerla. Acá hay un cruce indudable entre la psicología y la política. Por eso será inevitable hablar de la herencia que deja Cambiemos por mucho tiempo; eso harán con sus respectivos estilos Alberto Fernández y Axel Kicilloff.

El fracaso frente a su propia clase social lo expone a Macri ante el bloque de poder inicial, constituido por la burguesía nacional e internacional, los banqueros, los gobiernos de algunos países centrales y los organismos multilaterales, acompañados inicialmente por una pequeña burguesía, con su conducta pendular, que se desprendió del kirchnerismo en el 2015.

Hoy, una palabra recorre como un latiguillo toda la administración saliente como una sentencia: incapacidad. Esto se fue haciendo evidente para el bloque de poder que con velocidad hegemónica fue girando desde diciembre del 2017 a la fecha cerrándole las ventanillas a Caputo, devaluando a su candidato y reacomodándose ante la “vuelta del populismo”.

La operación dominante es siempre la misma: preservar el núcleo duro del capitalismo; entonces los fracasos son solamente locales, por no hacer las reformas neoliberales que había que hacer. Es decir que el plan de ajuste no fue lo suficientemente restrictivo del gasto público. Macri, un mal alumno de la ortodoxia económica, terminó copiándose de las medidas heterodoxas que preconizaba su oposición. Es un error creer que el neoliberalismo fracasó a nivel global por la experiencia argentina o chilena. En lo estratégico contabiliza pérdidas y ganancias, y el balance por ahora lo mantiene en posición dominante sin alternativa de sustitución. En todo caso, en la Academia se incrementa el debate sobre la eficacia de la democracia liberal, pero nadie pone en cuestión la acumulación capitalista.

Los sentimientos encontrados expresan hoy a gran parte de la sociedad nacional. Los tiempos influyen, una porción de ese 40% opositor también enarbola esperanzas, a pesar de sus rechazos al peronismo. Necesita parar la hemorragia económica; y si esto se lograra se generarán réditos políticos para el Presidente de la vereda de enfrente. Esto pasa porque se superponen sentimientos contradictorios: el antiperonismo y ser víctima de la política económica de Macri. En algunos momentos, depende del contexto, predomina una y en otros otra.

Hay que considerar que, frente a la épica a emprender, la escala de Frente de Todos pueda ser insuficiente; tal vez sea necesario construir una coalición más amplia, con compromisos concretos sobre políticas de Estado. Alberto Fernández va camino a una mayor centralidad posicionándose por encima de una sociedad que tiene sus emociones en estado de alerta.

Buenos Aires, 17 de diciembre de 2019

*Lic. en Sociología. Dr. en Psicología Social. Profesor Universitario. Titular de R.Rouvier & Asociados.

La Tecl@ Eñe Revista Digital de Cultura y Política
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