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El anarquista de las rosas rojas
| El rescate de la pasión
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Severino
Di Giovanni según
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Anarquistas y socialistas
Por Felipe Pigna
La industrialización en las ciudades y la tecnificación del campo provocan,
a mediados del siglo XIX, el traslado de grandes masas de población hacia
las zonas urbanas, que se transforman en el hábitat del proletariado
europeo.
Se desarrollan las ideologías obreristas que se expresaran orgánicamente en
la Primera Asociación Internacional de Trabajadores creada en Londres en
1864.
Allí quedaron expuestas las diferencias entre los socialistas representados
por Karl Marx y Federico Engels, y los anarquistas representados por
Proudhon y Bakunin.
Las dos corrientes coinciden en la necesidad de derrotar a la burguesía para
construir una nueva sociedad.
Los marxistas plantean la creación de partidos obreros y dan tanta
importancia a la actividad política como a la sindical. Hablan de un período
de transición entre el triunfo revolucionario y la construcción de la nueva
sociedad al que llaman "dictadura del proletariado"
Los anarquistas, por su parte, priorizan la actividad sindical oponiéndose a
los partidos políticos y a su consecuencia natural, los gobiernos. Ven en la
religión un enemigo que justifica el poder terrenal de la burguesía.
Marxistas y anarquistas ejercen una importante influencia en el movimiento
obrero y coinciden coyunturalmente en algunos episodios como la Comuna de
París de 1871.
Junto con la importante corriente inmigratoria llegan a nuestro país las
ideas del movimiento obrero europeo. En 1896 sobre la base de diversos
grupos socialistas del país, el Dr. Juan Bautista Justo funda el Partido
Socialista.
"Hasta ahora la clase rica o burguesía ha tenido en sus manos el gobierno
del país. Roquistas, mitristas y alemistas son todos lo mismo. Si se pelean
entre ellos es por apetitos de mando, por motivo de odio o de simpatía
personal, por ambiciones mezquinas e inconfesables, no por un programa ni
por una idea (...) Todos los partidos de la clase rica son uno solo cuando
se trata de aumentar los beneficios del capital a costa del pueblo
trabajador, aunque sea estúpidamente y comprometiendo el desarrollo general
del país."
Primer manifiesto electoral del Partido Socialista, 1896 Si bien el Partido
se define como obrero, la mayoría de sus cuadros provienen de los sectores
medios urbanos. Son médicos, abogados, trabajadores especializados.
Confían en la acción parlamentaria y privilegian la actuación política sobre
la sindical.
A lo largo de su historia cumplirán un papel fundamental en la lucha por la
dignidad de los trabajadores a través de innovadoras propuestas de
legislación obrera.
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Los socialistas argentinos son moderados. Influidos más por el liberalismo
que por el marxismo, apuntan más a la distribución de los ingresos que de la
riqueza; propician la creación de cooperativas de consumo y de construcción
de viviendas.
En su afán de luchar por la reducción de los precios de los artículos de
primera necesidad llegan a defender la libre entrada de productos
importados. Apoyan la separación de la Iglesia y el Estado y el reemplazo de
un ejército permanente por una milicia civil.
Son pioneros en la defensa del voto femenino. Luchan contra la trata de
blancas, a favor de la legalización del divorcio, el aumento del presupuesto
educativo y la jornada de ocho horas.
Sin embargo su acción proselitista tiene poca recepción entre la masa
inmigratoria imposibilitada de participar en política por su condición de
extranjera.
Estos sectores son captados por la corriente anarquista que se expresa a
partir de 1897 a través del periódico la Protesta Humana. Se oponen a toda
forma de gobierno y de organización partidaria. No reconocen fronteras y ven
en el patriotismo una amenaza para la paz. Escribía Rafael Barret "El
patriotismo se cree amor y no lo es.
Es una extensión del egoísmo; es una apariencia de amor. Sería muy natural
amar a los más próximos, a los más semejantes de nuestros hermanos, a la
tierra que nos sustenta y al cielo que nos cobija. Pero eso no es
patriotismo, es humanidad. El amor irradia hasta el infinito, comola luz,
mientras el patriotismo cesa del otro lado de un monte, de un río. De una
raya sobre el papel. El amor une; el patriotismo separa. Un patriotismo que
no odiara al extranjero sería amor; un amor que se detiene en la frontera,
no es más que odio."
Los anarquistas se enfrentan con los socialistas porque opinan que las
reformas graduales y la acción parlamentaria son una traición a la clase
obrera. El anarquismo planteaba que no era necesario crear un partido
político de la clase obrera para tomar el poder político e instaurar otra
sociedad de "productores libres asociados".
Dentro del anarquismo se fueron definiendo dos tendencias que se
diferenciaron respecto a cómo impulsar la acción para concretar sus ideales
de una sociedad " sin dios, sin patria y sin amo". Una se denominó
individualista y otra organizadora. Los individualistas consideraban que
cualquier tipo de organización de los seres humanos limitaba la libertad
individual, por lo que no impulsaban la formación de sindicatos.
Pensaban que la lucha por las reivindicaciones inmediatas de los
trabajadores (aumento salarial, limitación de la jornada laboral etc.)
implicaba reclamar reformas que pretendían que el obrero viviera mejor
dentro del capitalismo y le hacían perder de vista la gran lucha contra el
sistema opresor y por la emancipación universal. Los organizadores, en
cambio, consideraron que debían participar activamente con los trabajadores
en los sindicatos, pues la explotación no era suficiente para que los
explotados tomaran conciencia de su situación y se plantearan luchar para
salir de esa situación. Propusieron que era necesario organizarlos y
ayudarlos a tomar conciencia de esa explotación y que el lugar apropiado
para ello era el sindicato. Los individualistas predominaron en el
anarquismo hasta mediados de los años 90 y editaron el periódico "El
Perseguido" (1890-1897) lo que debilitó la presencia anarquista en los
primeros sindicatos, aunque su influencia en el terreno de las ideas fue
significativa entre los panaderos y carpinteros.
Los organizadores tuvieron su etapa de influencia desde mediados de la
década del 90’, su publicación fue La Protesta Humana, fundada en 1897 e
influyeron con sus ideas y también en la organización de los sindicatos de
albañiles, cigarreros, carreros, yeseros, ebanistas y marmoleros entre
otros.
Sus métodos son la acción directa. La organización sindical, la huelga
general. Su consigna era: destruir esta sociedad injusta para construir una
nueva sin patrones, sin gobiernos y sin religiones.
La Protesta, 1905 "Cuando veo el amor tan esclavo de la ley, de los padres y
el cura, del dinero, cadenas tan duras, con que lo ata esta ruin sociedad,
Yo levanto la fuerte protesta De mujer que, sintiéndose esclava, Al amar
libremente proclama Libertad, libertad, libertad."
En la cultura popular, vestigios de la influencia anarquista perduran hasta
hoy. Los panaderos, en su mayoría anarquistas, bautizaron a las facturas con
ironía: "cañoncitos", "bombas de crema", "sacramentos", "vigilantes" y las
"bolas de fraile".
Pero la prosperidad no llega a los sectores populares que sufren condiciones
de trabajo y vivienda infrahumanas y perciben bajísimos salarios.
Es alarmante la cantidad de niños que trabajan desde muy pequeños en tareas
riesgosas como la fabricación del vidrio sin las menores condiciones de
seguridad.
Las jornadas se extienden por 12 o 14 horas y al obrero se le imponen penas
que iban desde el descuento salarial hasta los castigos físicos.
En obrajes, ingenios y yerbatales los trabajadores cobran sus jornales en
vales que sólo pueden canjear en el almacén de la propia empresa.
Esta situación de injusticia y descontento incrementa la acción sindical y
conduce a la creación de la primera central obrera.
En Mayo de 1901 anarquistas y socialistas fundan la Federación Obrera
Argentina que reunía a los principales gremios del país.
El gobierno de Roca, preocupado por este clima de efervescencia social,
sanciona la Ley 4144, llamada de residencia que faculta al poder ejecutivo a
expulsar del país a los que pasan de ser los "hombres de buena voluntad que
quieran habitar el suelo argentino" a ser "extranjeros indeseables".
Crece la agitación obrera y en 1902 se produce la primera huelga general
propiciada por los gremios anarquistas. Los socialistas, en desacuerdo con
esta metodología abandonan la Federación Obrera Argentina y crean su propia
central obrera, la Unión General de Trabajadores, U.G.T.
La primera década del siglo estará jalonada por la acción sindical
anarquista y la acción política del socialismo. Será notable el crecimiento
de la difusión de los periódicos anarcosindicalistas, la fundación de las
"Escuelas Modernas" que refutaban los conceptos y los contenidos de la
educación oficial y capitalista, las huelgas generales y las grandes
movilizaciones obreras. La lucha política del socialismo, obtuvo su primera
victoria en 1904 con la elección del primer diputado socialista de toda
América, el Dr. Alfredo Palacios. Palacios llevará las ideas socialistas al
parlamento y logrará la aprobación de importantes leyes como la del descanso
dominical. Tambien durante esta década crecerá notablemente el movimiento
cooperativista impulsado por los propios socialistas, destacándose la
Cooperativa de Vivienda y Consumo "El Hogar Obrero", fundada por Juan B.
Justo.
En 1907 se produjo un hecho inédito en la historia de las luchas populares
argentinas: la huelga de inquilinos.
Los habitantes de los conventillos de Buenos Aires, Rosario, La Plata y
Bahía Blanca decidieron no pagar sus alquileres frente al aumento desmedido
aplicado por los propietarios La protesta expresó además, el descontento por
las pésimas condiciones de vida en los inquilinatos .
Los protagonistas de estas jornadas fueron las mujeres y los niños que
organizaron multitudinarias marchas portando escobas con las que se
proponían barrer la injusticia.
La represión policial no se hizo esperar y comenzaron los desalojos. En la
Capital estuvieron a cargo del jefe de Policía, Coronel Ramón Lorenzo
Falcón, quien desalojó a las familias obreras en las madrugadas del crudo
invierno de 1907 con la ayuda del cuerpo de bomberos El gremio de los
carreros se puso a disposición de los desalojados para trasladar a las
familias a los campamentos organizados por los sindicatos anarquistas.
Si bien los huelguistas no lograron su objetivo de conseguir la rebaja de
los alquileres, este movimiento representó un llamado de atención sobre las
dramáticas condiciones de vida de la mayoría de la población.
El 1ero mayo de 1909 los gremios anarquistas y socialistas deciden
conmemorar en reuniones separadas el día del trabajo. Los socialistas lo
hacen en Constitución y los anarquistas en Plaza Lorea a pocos metros del
Congreso.
Desde temprano comenzaron a llegar las familias obreras con sus banderas
rojas y negras dispuestas a homenajear a los mártires de Chicago -ahorcados
años atrás por luchar por la jornada de ocho horasProtestan contra la
desocupación, los bajos salarios y la indiferencia del gobierno.
Van tomando la palabra encendidos oradores, hombres y mujeres que invitan a
la rebelión y organizarse para cambiar la sociedad.
Observa atentamente la reunión el Coronel Ramón Falcón. Muchos manifestantes
al reconocerlo lo insultan y vuelan algunas piedras. Falcón dirige
personalmente la represión y da la orden de dispersar la manifestación a
balazos. El saldo fue de 7 obreros muertos y decenas de heridos, entre ellos
varios niños.
Inmediatamente las dos centrales sindicales convocan a la huelga general
exigiendo justicia y la expulsión de Falcón de la jefatura de policía.
Durante toda esta "Semana Roja" la huelga fue total, pese a lo cual el
gobierno ignoró todos los reclamos y confirmó a Falcón en su cargo.
Pocos meses, el 14 de noviembre, Falcón sería asesinado por un anarquista
ruso de sólo 17 años: Simón Radowitzky. Radowitzky, fue detenido poco
después del atentado, procesado y, tras un intento de fuga de la
Penitenciería Nacional, será trasladado a Ushuahía. Simón, como lo llamaban
cariñosamente sus compañeros de ideas, se transformará en un símbolo para el
movimiento obrero anarquista y durante 21 años, los pedidos por su libertad
estarán incluídos entre las principales reivindicaciones libertarias. En
mayo de 1930 recuperó su libertad gracias a un indulto otorgado por el
presidente Yrigoyen.
Fuente: El Historiador
América
Por Osvaldo Bayer, 27 de agosto de 2006
América Scarfó nos dejó para siempre. Murió el sábado pasado. Tenía 93 años.
Recibí la noticia con la tristeza de saber que era la última de una época de
lucha libertaria. Mi sentimiento no era otra cosa que una melancolía mezcla
de enorme cariño y admiración. Fue la compañera de Severino Di Giovanni. El
anarquista fusilado por el dictador golpista de uniforme: Uriburu. El 1º de
febrero de 1931. Un día después era también fusilado el hermano más querido
por América: Paulino Orlando Scarfó. En 48 horas le habían arrancado a la
adolescente de 17 años sus dos más grandes cariños. Quedó sola, en un mundo
absolutamente enemigo.
Los poetas le cantaron a América Scarfó. A finales de los ’30, el querido
Raúl González Tuñón escribirá: "América Scarfó te llevará flores y cuando
estemos todos muertos, América nos llevará flores". Es que había quedado en
todos el rostro de América el día en que mataron a su amado Severino: no
lloraba, estaba sumamente triste, pero firme. Lo iba a seguir amando toda su
vida, como me dijo cuando la fui a entrevistar, allá a comienzos de los
setenta. Yo había logrado descubrir dónde estaban las cartas de amor que le
había escrito Severino y que en el allanamiento de la quinta de Burzaco se
había llevado la policía. Las cartas de amor más bellas que he leído en mi
vida. No sólo los uniformes fusilaron a Severino sino que también hicieron "desaparecer" sus cartas de amor. Pero así como los desaparecidos de los
setenta reaparecieron en sus Madres, así las cartas reaparecieron ante la
búsqueda sin fin del historiador. En sus líneas de despedida, antes de
recibir las balas militares, Severino le escribe a América: "Carissima: más
que con la pluma, el testamento ideal me ha brotado del corazón hoy, cuando
conversaba contigo: mis cosas, mis ideales. Besa a mi hijo, a mis hijas. Sé
feliz. Adiós, única dulzura de mi pobre vida. Te beso mucho. Piensa siempre
en mí. Tu Severino". Antes de esas últimas líneas, se le había concedido a
Severino despedirse de América, que también estaba detenida.
América le dio el último abrazo, él la besó. Le pidió a ella que cuidara de
los hijos de él y de Teresina, su esposa. América le dijo: "voy a seguir con
tu recuerdo hasta mi muerte". El la miró con mucha tristeza y le respondió: "¡Oh, Fina, tu sei tan giovane!". Se besaron de nuevo. América salió
mirándolo a Severino. Por ello tropezó con una rejilla y Severino le gritó: "¡ten cuidado!".
Los más destacados periodistas de Buenos Aires estuvieron en el
fusilamiento. La mejor crónica fue la de Roberto Arlt, que no puso ningún
comentario propio sino sólo la descripción de ese teatro irracional de la
fuerza bruta contra las ideas.
"La descarga terminó con el más hermoso de los que estaban presentes", serán
las últimas palabras de la crónica del periodista del Buenos Aires Herald.
Al día siguiente, caerá también Paulino Scarfó ante el pelotón de
fusilamiento. Tanto a Severino como a Paulino, antes de fusilarlos, la
policía de Uriburu los había torturado bárbaramente. Pero ellos no delataron
a ningún compañero. El último encuentro entre América y Paulino será muy
breve. Ella no pudo disimular su dolor al ver el rostro hinchado de él. El
la contuvo diciéndole: "no llores". Y luego agregó con mucho cariño: "pobre
pibita" y le dio un beso en la mejilla. América lo besó muy fuerte y le
preguntó: "¿no querés ver a mamá?" El le respondió: "no, ¿no ves cómo
estoy?". "Es que se le notaban las torturas. Y agregó: "sigue estudiando.
Estoy deseando que esto termine de una vez". La besó. América volvió a
abrazarlo y se miraron a los ojos. Ella no lloró. El policía Florio urgió
para que terminaran. América se fue con paso firme. Los periodistas notaron
una lágrima en su rostro. Severino y Paulino gritaron antes de la orden de "fuego" las palabras que definían su ideología:
"Viva la anarquía". Fue en
la penitenciaría. Las descargas se escucharon en los jardines de Palermo.
Severino fue un antifascista, y estaba convencido de que la única manera de
responder a la violencia de arriba era con la violencia de abajo. Sus
atentados fueron siempre contra entidades fascistas o norteamericanas cuando
se supo la condena a muerte de los dos héroes proletarios Sacco y Vanzetti.
Sus escritos hablan de su pasión por su ideología del socialismo en
libertad. La policía lo sorprendió cuando salía de una imprenta. Su huida
por las calles de Buenos Aires quedó como algo legendario. En el tiroteo
cayó una niña, y por supuesto le adjudicaron a él esa muerte cuando fue
notorio que recibió balas policiales.
En el escritorio del luchador anarquista, la policía encontró debajo del
vidrio esta frase: "Estimo a aquel que aprueba la conjuración y no conjura;
pero no siento nada más que desprecio por esos que no sólo no quieren hacer
nada sino que se complacen en criticar y maldecir a aquellos que hacen".
En 1928, en una carta, Severino le escribirá a América: "El amor, el amor
libre, exige aquello que otras formas de amor no pueden comprender. Y
nosotros dos, rebeldes divinos (jamás nadie podrá llegar a nuestras
cumbres), tenemos derecho a desagotar el pantano de la moral corriente y
cultivar allí el inmenso jardín donde mariposas y abejas puedan satisfacer
su sed de placer, de trabajo y de amor". Fue un amor pleno que duró poco
porque todo terminó en tragedia. Cuando América se va a vivir con Severino
en la quinta, muy arbolada, de Burzaco, ya él era el perseguido número uno
de la sociedad argentina. Ella sentirá miedo todas las noches y duerme
abrazada a él. Una noche ella siente ruidos como de gente que entra a la
quinta y trata de despertarlo. Le dice en voz baja pero insistente: "Severino, Severino, la policía". El se despierta apenas, la acaricia y le
responde: "América, no, son los pájaros... duerme... duerme". De eso ella
nunca se olvidará, me lo contará en uno de nuestros tantos encuentros,
mientras elaboraba una nueva edición de mi libro.
Caídos sus dos seres más queridos, la joven América será protegida por sus
compañeros de ideas. En ese período escribirá artículos para diarios
anarquistas europeos en defensa de los derechos de la mujer. Y continuará
con sus estudios, los cuales nunca dejó ni cuando era ya octogenaria. Por
ejemplo, se recibió de profesora de italiano y rindió todas las pruebas en
forma brillante.
Muchos años después de la tragedia, América encontrará un compañero de ideas
con el cual fundará la librería y editorial Américalee. El nombre lo dice
todo. Durante muchos años, fue la librería libertaria más completa de la
ciudad y la editorial se dedicó a publicar todos los pensadores del
socialismo libertario.
Hace pocos años, estábamos todavía en el menemismo, América volvió a
aparecer en los diarios. Es que un día que la fui a visitar, me expresó que
ya estaba cerca de la muerte y que antes de irse para siempre quería
estrechar en su corazón las cartas de amor de Severino. Que como yo sabía
dónde estaban me pedía que hiciera todo lo posible para lograr su
devolución. Le dije que iba a poner todo mi empeño. Lo fui a ver a Unamuno,
el director del Archivo General de la Nación. Siempre dispuesto a la ayuda
me preguntó donde había visto esas cartas la última vez. Le dije: "en el
Museo Policial, en un archivo aislado". Me respondió: "Bueno, quien puede
darte permiso, por ser policial, es el ministro del Interior, Corach". ("La
última anécdota que me faltaba", pensé.) Pedí la entrevista junto con
América. Nos recibió a los dos días. Le expresé el deseo de América. Me dijo
que iba a hacer las averiguaciones pertinentes para cumplir con los deseos
de ella y agregó: "No se olvide, Bayer, que yo me llamo Carlos W. Corach.
Carlos, por Carlos Marx, y W. Por Wladimiro Lenin". Me sorprendí y no pude
menos que decirle sonriente: "No lo parece".
A los dos días nos llama el jefe de la Policía Federal que me esperaba en su
despacho. Fui con América. Nos recibieron el jefe y el subjefe. El jefe me
escuchó con forzada benevolencia. (El subjefe tenía una sonrisa cachadora
como diciendo: "cómo se vino éste acá"). Le expliqué, pero el jefe me
respondió grandilocuente: "usted me pide algo que pertenece a la Policía
Federal. Mire (y tomó un cenicero): esto aquí tiene la palabra ‘Policía
Federal’, si usted me lo pide le tengo que decir que no, porque no me
pertenece a mí ni a nadie sino sólo a la Policía Federal". Le insistí: "pero
no se trata de un cenicero, son cartas de amor". Me volvió a mostrar el
cenicero, con gesto triunfal: "sí, pero las dos cosas pertenecen a la
Policía Federal". Entonces tomó la palabra América que con voz suave pero
firme le expresó: "señor, son cartas de amor que me escribieron a mí, me
pertenecen a mí. No es un documento policial o que sirva como prueba de
algún delito. Las cartas me pertenecen sólo a mí". El seguro policía se
sintió molesto y sentenció: "pongan un abogado, se resolverá".
Pusimos el abogado y pronto llegó la respuesta. Carlos Wladimiro nos citó en
la Casa de Gobierno para devolver las cartas de Severino Di Giovanni a su
amada América Scarfó.
Cómo habrá acariciado las cartas esa bella anciana de ojos muy negros y
cabellos blancos como la nieve.
Ella no está más. Sus cenizas fueron enterradas en el pequeño jardín de la
Federación Libertaria, la casa que no se rinde. Ahí iremos una vez por mes a
leerle a ella una carta de amor del luchador caído.
Fuente:
Página/12, 27/08/06
El
anarquista de las rosas rojas
Severino Di Giovanni (1901-1931) fue fusilado el 1º de febrero de 1931 por la dictadura de
Uriburu. Tenía 29 años.
Considerado el "hombre más maligno que pisó tierra argentina", se ocultó lo
esencial de su personalidad: ser un representante de la violencia de abajo. De
esos que la sociedad no tolera ni perdona. Creía en el derecho a matar al
opresor aunque cayeran inocentes, y tenía un fundamento ideológico para sus
actos. Llevó a cabo atentados con bombas y grandes asaltos en su raid
revolucionario. Su foto ocupó la primera plana de los diarios y un comisario lo
llamó un "Robin Hood moderno".
Pero también era un hombre de ideas, un estudioso autodidacta, un escritor y
periodista excepcional, un compañero solidario y un militante apasionado. Creía
en el amor a rajatabla, en una sociedad más justa, en el respeto al individuo
como tal. Y vivió un amor prohibido para la época.
El exilio americano
Nació en Chieti, Italia, el 17 de marzo de 1901. Estudió para maestro y, aunque
no se recibió, ejerció hasta que el fascismo lo obligó al exilio. Mientras
aprendía el oficio de tipógrafo y leía a Proudhon, Bakunin, Reclus, Kropotkin,
Malatesta, Nietzsche y Stirner. En Italia, Mussolini imponía con sangre su
autoridad. Miles de opositores eran muertos, encarcelados y expulsados. Muchos
anarquistas recalaron en Argentina, entre ellos, Di Giovanni. Llegó a Buenos
Aires en 1923 con su esposa Teresina y su hija Laura. Dos años más tarde
nacieron sus otros hijos, Aurora e Ilvo.
Al principio, cultivaba y vendía flores. Más tarde consiguió trabajo como
tipógrafo y se conectó con grupos antifascistas. Aprendió rápido el castellano y
las crónicas de la época lo describían como un hombre de "rasgos bien
conformados, rubio, tez ligeramente rosada, ojos color azul mar, de una luz
intensa, casi febril...".
En 1925, lo más selecto de la colectividad italiana en la Argentina, los
"camisas negras" y las autoridades nacionales participaban de un evento en el
Teatro Colón. Los anarquistas, al grito de asesinos, repudiaron a los
representantes de Mussolini. Di Giovanni fue detenido por primera vez y el
prontuario policial lo calificó de "terrible agitador anarquista".
Fuerza movilizadora
El poder de los anarquistas movilizaba a miles de obreros, editaban periódicos
que se vendían como pan caliente, tenían foros de debate y luchaban por los
derechos laborales. Existían diversas corrientes. Por un lado, los que hacían el
diario La Protesta, a cargo de López Arango y Abad de Santillán y la Fora
(Federación Obrera Regional Argentina), que eran considerados el anarquismo
oficial. Proponían la educación y la propaganda como medio de lucha. Por el
otro, se encontraban los del periódico La Antorcha y los gremios autónomos de
izquierda que, en cierta medida, avalaban el uso de la violencia política.
Además existían los "expropiadores". Se dedicaban al robo y falsificación de
dinero, porque consideraban que recuperaban parte del botín que la burguesía
–elegantemente– le robaba a los obreros.
Y surgió Di Giovanni con su periódico Culmine, que propiciaba el anarquismo
individual y la lucha "cara a cara" con el enemigo fascista. A través de
Culmine, polemizó con los otros sectores, publicó sus poemas, se ocupó del tema
de la emancipación femenina y de los compañeros caídos en la lucha o que estaban
en prisión. Severino financiaba la revista con su trabajo, organizaba tertulias
culturales y recibía el aporte de compañeros. Su lema era: "De la propaganda a
los hechos". Creía en las posibilidades del individuo para cambiar con su acción
a la sociedad. Y lo puso en práctica. El mundo estaba conmocionado con la
condena a muerte de Sacco y Vanzetti en Estados
Unidos. Severino se sumó a la campaña por la liberación de los anarquistas.
El 16 de mayo de 1926, una bomba estalló frente a la embajada de los Estados
Unidos en Buenos Aires. Fue el primer atentado de varios que realizó contra
objetivos norteamericanos. El gobierno radical de Alvear inició una feroz
represión y detuvo a cientos de anarquistas italianos. Los datos los
proporcionaba la embajada de Mussolini a la policía argentina, ya que tenían una
fluida relación.
En ese tiempo conoció a Paulino y Alejandro Scarfó, a través de quienes entraría
a la vida de Severino una adolescente que lo haría estremecer de amor con su
ojos negros: América Scarfó.
En el marco de la lucha por Sacco y Vanzetti, el anarquismo protagonizó su
última gran movilización de 100 mil personas, en agosto de 1927. Ese año
Severino comenzó vestirse de negro. Usaba un sombrero de ala ancha y un pañuelo
al cuello. No fumaba, no bebía, trabajaba incansablemente y comía cuando se
acordaba. En la Navidad de ese año hubo por primera vez víctimas inocentes en un
atentado perpetrado por él. La violencia lo encerró en una trampa de la que no
podría escapar.
Las bombas anarquistas eran artefactos hechos de hierro, dinamita y gelignita.
Se preparaban dentro de grandes valijas y se colocaban acostadas para su
detonación. Carecían de precisión y eran muy poderosas.
El 23 de mayo de 1928 una explosión destruyó el nuevo edificio del consulado
italiano en Buenos Aires. Los objetivos eran el embajador y el cónsul Capanni,
pero cayeron más inocentes. Este hecho dividió al anarquismo vernáculo para
siempre. Los sectores revolucionarios y extranjeros apoyaron a Severino. Pero
los anarquistas de La Protesta lo acusaron de espía fascista y agente policial.
Polemizó con Abad de Santillán y López Arango durante meses, y los ataques
fueron cada vez más feroces y personalizados. En octubre de 1929, Severino les
exigió una retractación. En una discusión con López Arango, lo mató.
Cuando pensaba marcharse a París con su amada y su familia, la detención de
Alejandro Scarfó, en diciembre del ‘28, lo hizo posponer sus planes. Para
conseguir dinero se conectó con el grupo de expropiadores de Miguel Ángel
Roscigna, y cometieron varios asaltos. En ese tiempo escribió: "Vivir en
monotonía las horas mohosas de lo adocenado, de los resignados, de los
acomodados, de las conveniencias, no es vivir la vida, es solamente vegetar y
transportar en forma ambulante una masa de carne y de huesos. A la vida es
necesario brindarle la elevación exquisita del brazo y de la mente".
Terminó la década del ‘20 siendo el hombre más buscado en el país. Con una vida
y un amor clandestino, ejecutaba a los traidores, ponía bombas, escribía
análisis políticos para revistas locales y medios extranjeros, leía, se
preocupaba por su familia y se escabullía de la policía.
Severino inició 1930 con un plan de trabajo diseñado que denota un cambio en su
actitud. En su nueva revista, Anarchia, todos los sectores anarquistas exponían
sus ideas. Buscaba un acercamiento.
Hasta el golpe de estado sólo utilizó la violencia en la expropiación y
liberación de presos. A partir del 6 de setiembre de 1930, reinició los
atentados con bombas. Por fin tenía al enemigo fascista "cara a cara", pero la
sociedad aplaudió a los uniformados.
En enero de 1931 estallaron tres artefactos dinamiteros. La dictadura se sintió
desafiada y afiló sus garras. En esos días, detuvieron a Mario Cortucci, hombre
de Severino, quien sucumbió al nuevo invento de Leopoldo Lugones (h), la
"picana". Resistió 10 días la tortura y dio la dirección de Burzaco creyendo que
sus compañeros se habían mudado.
Un juicio teatral
El jueves 29 de enero de 1931 Severino fue detenido al salir de una imprenta.
Intentó escapar y lo persiguieron por las calles y techos de Buenos Aires. La
policía disparó más de 100 veces. Severino, cinco.
En el tiroteo cayó muerta una niña y hubo heridos. Atrapado en un garaje, se
disparó en el pecho. La herida era leve y lo atraparon con vida.
La sociedad se regocijó. Por fin había caído ese insolente revolucionario. La
noticia salió en las primeras planas de todo el país. Uriburu ordenó un juicio
rápido y al paredón. El teniente primero Franco fue su defensor.
Cuando reo y abogado se encontraron, Severino le aclaró que no iba a mentir.
"Jugué y perdí. Como buen perdedor, pago con la vida", le dijo. Impresionado,
Franco dio pelea. En su alegato, planteó la incompetencia del tribunal militar
para juzgar al detenido, apeló al principio humano contra la pena de muerte,
estableció que Di Giovanni recurrió a la defensa propia, y que la bala que mató
a la niña no era del reo. El tribunal enrojeció de furia con la defensa y Franco
fue castigado. Tiempo después murió envenenado en una cena de camaradería.
Severino y Paulino Scarfó fueron salvajemente torturados antes de ser fusilados.
Con tenazas de maderas les aplastaron la lengua, les retorcieron los testículos
y los quemaron con cigarrillos, entre otros vejámenes.
Una muchedumbre se agolpó en las puertas de la prisión para escuchar las
descargas. Otros tantos reclamaban su derecho a presenciar la ejecución. Algunos
periodistas y encumbrados ciudadanos lo lograron. Como si fuera una función
teatral, todos querían ver morir a Di Giovanni. Ocho descargas le perforaron el
pecho. Cayó al suelo y le dieron el tiro de gracia.
Un aullido desgarró la madrugada. Eran lo presos despidiendo al compañero. En
estricto secreto el cuerpo fue trasladado al cementerio de la Chacarita. Sin
embargo, al día siguiente la tumba de Severino amaneció cubierta de flores
rojas.
El rescate de la pasión
Sesenta y ocho años tuvo que esperar Josefa America Scarfo, desde los 18 hasta
sus actuales 86, para recuperar lo que es suyo.
Se trata de la que fue mujer del libertario Severino Di Giovanni, fusilado el
primero de febrero de 1931 bajo las ordenes del entonces presidente de facto
Jose Felix Uriburu. El rescate : cuarenta cartas de amor y poemas, la mayoria
escritos en italiano, que Di Giovanni le habia dedicado a su compañera y la
policia las allanó en una requisa junto a otros materiales de propaganda
anarquista y varios libros. Esto ocurrio dos dias antes del fusilamiento, el 30
de enero de 1931, en la quinta Ana Maria de la localidad bonaerense de Burzaco.
En esa quinta tuvieron una convivencia de apenas diez meses, Josefa contaba con
18 años y Severino con 31.
Los mediadores para que el Ministerio del Interior, que preside Carlos Corach,
restituyeran estos escritos fueron Miguel Unamuno, director del Archivo General
de la Nacion, y el escritor Osvaldo Bayer.
Desde aquel verano plomizo del ’31 hasta nuestros dias, los sentimientos de amor
mas puros del anarquista, transformados en lirica, descansaron en el Museo de la
Policia Federal. Josefa ni siquiera tuvo acceso a saber que los escritos aún
existian.
Di Giovanni conoció a Scarfo cuando se encotraba perseguido por la policia, y
los hermanos de ella, Alejandro y Paulino, le dieron asilo en su casa de Villa
Ortúzar, provincia de Buenos Aires. El anarquista llegó a la casa con su esposa
Teresa Mascullo y sus hijos. Alli Di Giovanni, que tenía 28 años, se enamoró de
ella, que contaba con quince. Tuvieron que esperar tres años para que Di
Giovanni se separara de su mujer y fueran a vivir juntos.
Segun la periodista Maria Luisa Magagnoli, autora del libro "Un café muy dulce",
que narra la vida de Scarfó, el primer diálogo del anarquista con la adolescente
fue en el jardín de su casa. "¿Cómo están las begonias?", preguntó él. "Están
tristes", respondió ella. Finalmente la lírica, transformada en un viento que
atraviesa décadas, volvió a su principal y única destinataria.
UN INCLAUDICABLE ENEMIGO DEL SISTEMA
Severino Di Giovanni nació en Chiti, una aldea italiana en la región de los
Abruzos, el 17 de marzo de 1900. Algunas cronicas indican que se recibió de
maestro, pero el historiador Osvaldo Bayer asegura que no llegó a recibirse.
Durante su adolescencia aprendió el oficio de tipógrafo al tiempo que abrazaba
con singular pasión las banderas rojinegras del anarquismo. Su convencimiento
ideológico lo llevó a ser un acérrimo enemigo del facismo. Huyendo del régimen
de Mussolini llegó a la Argentina en 1923. Ya estaba casado con Teresa Mascalli
y tenían tres hijos.
En 1925 edita el periódico "Culmine". Su primera intervención pública fue en
junio de ese mismo ao, cuando con un grupo de compa´ñeros irrumpen en el Teatro
Colon, donde se celebraba el 25 aniversario del reinado de Victor Manuel III,
tirando panfletos y gritando contra Mussolini. Ese dia cayó preso, pero fue
liberado rápidamente.
Luego comenzó a fabricar bombas caseras que destruyeron distintas sedes de los
bancos Citybank y Boston. Tambien atentó contra el consulado de Italia, y en un
confuso hecho su lugarteniente Paulino, hermano de Scarfó que fue fusilado al
día siguiente de Severino, mata al director del periódico anarquista La
Protesta. Estos hechos y la muerte de inocentes como producto de sus acciones,
hicieron que un sector del anarquismo lo condenara por su metodo
individualista-violento, y el gobierno lo declarara enemigo público numero uno.
Mediante el robo a bancos mantuvo una fuerte agitacion de sus ideas.
Es de destacar que Severino y su grupo, no más de ocho personas, jamás
invirtieron el dinero para beneficio personal, sino que todo era usado para
llegar al proletariado con sus propuestas, como por ejemplo un panfleto que
decia : "Sepan Uriburu y su horda fusiladora que nuestras balas buscaran sus
cuerpos. Sepa el comercio, la industria, la banca, los terratenientes y
hacendados que sus posesiones seran quemadas y destruidas". Di Giovanni fue
fusilado en la cárcel, el primero de febrero de 1931.
Fuentes: MICROSEMANARIO Año: 9 Nro. : 366, Lunes 9 de agosto de de 1999.
Facultad de Ciencias Exactas y Naturales - FCEyN Universidad de Buenos Aires -
UBA República Argentina
El
Gobierno devolvió las cartas de Di Giovanni a su compañera
28 de julio de 1999.
Josefa Scarfó (86 años) las recibió de manos del ministro del Interior en una
ceremonia en la Casa Rosada Estaban guardadas en los archivos de la Policía
Federal. Severino Di Giovanni fue fusilado en 1931
Pocas veces tenemos noticias tan agradables en la Casa de Gobierno, dijo el
ministro del Interior, Carlos Corach. Eran las 17.25 de ayer, y el funcionario
se disponía a devolver a Josefa América Scarfó las cartas y algunos poemas de
amor que el anarquista Severino Di Giovanni le escribió a su compañera -en ese
entonces una adolescente- en la segunda mitad de la década del veinte. He venido
a rescatar algo mío, dijo ella para justificar su presencia. Esas cartas
estuvieron guardadas hasta hace dos semanas en los archivos de la Policía
Federal. Di Giovanni fue fusilado en 1931, durante el gobierno militar de José
Félix Uriburu. Creemos que con esta entrega cumplimos con una obligación moral
del Estado argentino, dijo en un momento Corach. A su lado, seria y concentrada,
Scarfó acariciaba el escritorio con sus manos. A escasos centímetros había una
caja azul, con las 48 cartas. El ministro hacía repiquetear sus dedos sobe el
cartón, y el jefe de la Federal, Pablo Baltazar García, a veces esbozaba una
sonrisa. Tratamos de cerrar heridas de nuestra historia, reflexionó el ministro.
Y al referirse a Di Giovanni, lo situó en el contexto histórico de su época.
-Murió por sus ideales -dijo Corach.-Ideales revolucionarios -precisó Scarfó.
Corach afirmó que la relación entre el anarquista y Scarfó fue una bellísima
historia de amor. Después, el ministro se dirigió a la mujer: Usted me dijo que
sólo dos veces vino a la Casa de Gobierno. La respuesta fue inmediata: Yo no
vine, vino mi mamá. La madre de Josefa había estado en la Casa Rosada en el 31,
implorando por la vida de su hijo, Paulino, que fue fusilado un día después que
Di Giovanni. Josefa recordó: Mi madre, una mujer tan noble, vino a arrodillarse
para pedir clemencia por su hijo, mi hermano. Cuando Corach abrió la caja, se
pudieron ver las cartas amarillentas, la apretada caligrafía de Di Giovanni,
algunas tachaduras. Sólo en ese momento, pero fugazmente, el rostro serio de la
mujer dejó traslucir un gesto de gran ternura. Pasó una mano por su pañuelo rojo
y miró a uno de sus hijos.-El Presidente me autorizó a realizar este trámite...
-se escuchó a Corach. -Esta Casa (de Gobierno) tiene recuerdos muy dolorosos
para mí. Aquí se dio el cúmplase de Uriburu para fusilar a Di Giovanni. De aquí
salieron las órdenes para matar a miles de jóvenes en la década del 70 -dijo
Scarfó. Nadie le respondió. Al iniciarse la reunión, Scarfó (conocida por sus
amigos y familiares como Fina) había echado una mirada panorámica. Le sorprendió
el gran número de periodistas. Me pasé la vida huyendo del periodismo. A mi edad
está prohibido sacarse fotos, dijo. La paradoja es que, a pesar de su rechazo
por la prensa, un año después de la muerte de Di Giovanni, empezó a trabajar
como secretaria en el diario Crítica. Ayer, ya con las cartas en su poder, se
levantó rápidamente de su silla y eludió a los periodistas. Yo no oigo bien, y
si ustedes me preguntan va a ser un diálogo de sordos, había dicho. Con pocas
palabras, agradeció al periodista y escritor Osvaldo Bayer, al director del
Archivo General de la Nación, Miguel Unamuno, y a Corach, gestores de la
devolución de las cartas. Severino Di Giovanni- nació el 17 de marzo de 1901 en
un aldea italiana, a 180 kilómetros de Roma-. Estaba casado con Teresa Masculli,
con quien tuvo cuatro hijos. Habían llegado a la Argentina en mayo de 1923. Dos
años más tarde fueron a vivir a la casa de la familia Scarfó, donde alquilaron
una habitación. Allí Severino conoció a Josefa, que en ese tiempo estudiaba
segundo año del Liceo. Fue un amor oculto, apasionado. Amiga mía: Tengo fiebre
en todo mi cuerpo. Tu contacto me ha atestado de todas las dulzuras. Jamás como
en estos larguísimos días he ido bebiendo a sorbos los elixires de la vida, le
escribe en una de sus cartas.
Fuente: Diario
Clarin, 29/07/99
Osvaldo
Bayer habla sobre Severino
Osvaldo Bayer nació en Santa Fe, Argentina, en el año 1927. Pasó
su niñez en Tucumán y luego en Bernal, Provincia de Buenos Aires y en Belgrano,
Capital Federal.
Realizó estudios de medicina y filosofía, en la UBA para luego estudiar Historia
en la Universidad de Hamburgo, Alemania.
Es historiador, escritor, periodista, guionista cinematográfico, traductor y fue
Profesor Honorario, titular de la Cátedra Libre de Derechos Humanos de la
Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.
Es docente de la Deutsche Stiftung für Entwicklungspolitik (Fundación Alemana
para el Desarrollo), en Bad Honnef, Alemania.
Entre 1959 y 1962 fue Secretario General del Sindicato de Prensa.
En el periodismo trabajó como redactor en la revista "Continente", en el diario
"Noticias Gráficas"; fue jefe de redacción del diario "Esquel" (Chubut),
secretario de redacción del diario "Clarín", director de la revista "Imagen",
etc. Actualmente escribe notas para el diario "Página 12".
Fue traductor del alemán de obras de Franz Kafka, Bertolt Brecht, Karl Jaspers,
Thomas Mann y otros.
Obras escritas: "La Patagonia Rebelde", (cuatro tomos); "Severino Di Giovanni,
el idealista de la violencia"; "Los anarquistas expropiadores"; "Exilio", en
colaboración con Juan Gelman; "Simón Radowitzky, ¿mártir o asesino?"; "La
masacre de Jacinto Aráuz"; "La Rosales, una tragedia argentina"; "Rebeldía y
Esperanza"; "Los cantos de la sed", poesía. Este año serán editados "A
contrapelo" y "En camino al paraíso", dos libros de ensayos y opinión.
Ensayos en diversas publicaciones europeas, entre ellas "Armee Argentine: de
l´extermination des aborigènes à la terreur blanche" ("Les Temps Modernes",
Paris, 1981); "La amada tierra enemiga", en "Asyl bei den Deutschen" (Rohwolt,
1982, Hamburgo); "Cronista con opinión propia" (en "Lebenswege", Eisenbürger,
1995, Hamburgo); "La dictadura argentina y sus consecuencias", en "Stacheldraht
und heile Welt", Edition Diskord, Dachau, 1996; "El recuerdo, la mejor arma del
futuro", en "Frei und gleich geboren", Verlag Sauerländer, 1997, etc. etc. En la
Argentina, entre otros: "La sombra de Inacayal", en "El encubrimiento", Ed.
Desde la Gente", 1992.
Guiones de filmes, en la Argentina: "La Patagonia Rebelde"; "La Maffia"; "Fútbol
Argentino"; en colaboración: "Jaime de Nevares, último viaje". En Alemania:
"Curentena, exilio y regreso", "Juan, como si nada hubiera pasado", "El
vindicador", "Elisabeth", "Panteón Militar". En España: "Todo es ausencia". En
Holanda: "Si las plazas del mundo hablaran".
En 1963, estuvo preso a disposición del Poder Ejecutivo durante 63 días por
orden del ministro del Interior, general Enrique Rauch.
Entre 1975 y 1983, Osvaldo Bayer debió exiliarse, al prohibirse el film "La
Patagonia Rebelde" y los libros de ese mismo nombre, además del "Severino Di
Giovanni". En Alemania, donde vivió todos esos años formó parte de diversos
organismos de Derechos Humanos y habló en más de cien actos en Europa
denunciando los métodos de la dictadura militar. En 1997 recibió el premio
"Veinte años de Madres de Plaza de Mayo", que en declaraciones públicas lo ha
denominado "el premio que más valora".
Osvaldo Bayer fue declarado doctor honoris causa por las universidades
patagónicas del Comahue y de la Patagonia Austral.
Entrevista, por Susana Viau, para Página 12
¿En qué cambió su Severino Di Giovanni para esta
reedición?
-Después de la primera edición visité varios archivos, sobre todo el Archivo del
Estado, en Roma, donde están todos los papeles enviados por la policía de
Alvear, que mantenía un contacto estrecho con la de Mussolini, y además estuve
en el Museo de Historia Social de Amsterdam. Durante mi exilio encontré también
a miembros del grupo de Di Giovanni que habían sido expulsados por Uriburu y
entregados en 1931 a Mussolini, que los encerró en la isla de Lipari, en un
campo de concentración. Fueron liberados por los norteamericanos, cuando
invadieron el sur de Italia, y pasaron a ser héroes antifascistas. Es decir que
si Severino hubiera vivido, hubiera sido un héroe antifascista y hubiera tenido
una pensión del Estado como luchador, igual que la tuvieron sus compañeros. Esto
habla de cómo a veces la historia discrimina. El ingeniero Carranza, que hoy
tiene una estación de subte con su nombre, en 1953 puso una bomba en la boca del
subte. Murieron paseantes, chicos, mujeres. Pero su partido triunfó y lo elevó a
otra categoría: fue ministro de Alfonsín. Como murió en un accidente, lo
homenajearon de ese modo. Pero yo me preguntaría quién fue más terrorista, si el
señor Carranza o Severino Di Giovanni, que durante años fue un innombrable en la
Argentina, la efigie del diabólico, el hijo del demonio. Sus hijos sufrieron por
eso. Me lo contó Laura, la única que vive todavía. Los chicos les pegaban y les
gritaban eso, "hijos del diablo". Las maestras no querían tenerlos.
¿Qué lo hizo volver a abrir una investigación que terminó hace casi treinta
años? ¿Un compromiso moral o un compromiso intelectual?
-Un compromiso intelectual conmigo mismo. Sabía que podía encontrar más cosas.
De hecho, en el Museo de Historia Social de Amsterdam estaba el juicio que le
hicieron los compañeros a Di Giovanni por matar a López Arango, que en La
Protesta lo había llamado "agente fascista". Eso lo derrotó: que a él, que había
luchado tanto, un compañero de ideas lo estigmatizara de ese modo en el diario.
Le fue a pedir explicaciones, hubo un incidente y uno de los amigos de Di
Giovanni lo mata, pero él se hizo cargo. La cúpula anarquista admitió que
Severino tenía razón, que no era un espíritu asesino.
¿Qué tiene de peculiar la figura de Di Giovanni para usted? ¿Qué lo hace
diferente de Radowitzky o de Morán?
-Creo que están en la misma línea... Pero Radowitzky es un solo hecho, y Morán
un sindicalista que hace todo el camino del rebelde, pero dentro del sindicato
marítimo. Durante el día era dirigente de marítimos; a la noche salía a hacer
atentados o asaltos expropiadores. En cambio Severino tiene una larga línea de
atentados y expropiaciones, pero también una larga lista de publicaciones:
Culmine, Anarquía y libros. El vive aquí apenas ocho años, del 23 al 31, pero
desarrolla una actividad increíble. Cada vez que voy a una biblioteca europea o
norteamericana encuentro nuevos artículos firmados por Severino y me pregunto en
qué momento los escribió. Si cuando lo fusilaron tenía 28 años... Con los mismos
principios -matar al tirano, rebelarse contra la violencia de arriba-, tiene una
actividad más plural que Radowitzky. Al mismo tiempo tuvo ese romance, de una
pureza increíble, con la adolescente América Scarfó. Sus cartas revelan ese
proyecto de un futuro juntos; de hecho, cuando lo detienen ya tenían todo
preparado para viajar a Francia, y desde allí a Italia para integrarse a las
brigadas ilegales antifascistas. Fue consecuente. Y su nombre fue manoseado por
los diarios, y hasta por los mismos anarquistas de La Protesta que buscaban
mantener un idilio con el gobierno, publicar sus ideas pero que el gobierno los
dejara tranquilos. Cuando ocurre el golpe del 6 de setiembre del ‘30, la
oposición huye o se esconde, y Severino sigue a pesar de ser el hombre más
perseguido.
Una síntesis curiosa de hombre de ideas y hombre de acción.
-Es su consecuencia. Pienso en el Che Guevara. Alguna vez tuve una larga charla
con él, en la que planteó su idea de que el foco guerrillero debía instalarse en
las sierras cordobesas. Yo le hablé de la complejidad de la estructura
represiva, y si vencía todo eso, le iban a mandar a los cadetes del Liceo
Militar. El me miró, con una enorme tristeza, y sin ninguna arrogancia me
respondió con tres palabras: "Son todos mercenarios". Pero como yo no había
hecho ninguna revolución no pude contestarle. Hay que ser humilde. Y salí
diciéndome: "Y, bueno, es la respuesta de un revolucionario, porque a lo mejor
si se espera que ocurra primero esto y luego aquello, que estén dadas todas las
condiciones, la revolución no se hace nunca". Yo lo comprendí y él tuvo
compasión de mí.
¿Nunca pensó en escribir sobre el Che?
-Me lo propusieron y lo rechacé, porque me obligaba a relatar cosas que no
entiendo pero que no tengo autoridad moral para juzgar. Lo he hablado con cierta
gente, de pensamiento revolucionario; lo que no puedo es publicar un libro para
que esto vaya a parar no se sabe a qué manos y sirva a qué argumentos.
¿Cómo es, en última instancia, la personalidad de Severino?
-Creo que él se pierde por su sensibilidad. En los atentados contra las
organizaciones fascistas caen inocentes, pocos, pero con uno alcanza. El
responde luego que "no hay inocentes", como aquel terrorista francés que dijo: "No hay inocentes. La sociedad es culpable". Para mí sí hay inocentes. Me parece
que llega un momento en que él se emperra en la violencia, pero esas muertes le
pesan y llega a su propio holocausto. Pero no por eso puedo pintarlo como
Ernesto Sabato; hay que pintar al hombre, al revolucionario en su tragedia.
Para un revolucionario la violencia es una tragedia...
-Exactamente. Hay un pasaje de un libro de Eliseo Reclus, un pacifista, que dice
que al rebelde que comete actos de violencia no hay que criticarlo, hay que
comprenderlo. Y es precisamente a Reclus que Severino edita. Cuando lo detienen
está yendo a la imprenta de la calle Callao para revisar personalmente el último
volumen.
¿Usted escribió sobre Severino porque se había enamorado del personaje o se
enamoró de él mientras escribía?
-Yo no me enamoré de Severino. Más bien he mantenido una discusión interna con
él. En esa discusión no le he retaceado absolutamente nada de lo bueno y he
escrito todo aquello que me parece negativo: ciertos atentados, como la muerte
del quinielero cuando pone la bomba en el Banco de Boston. De mi parte es una
búsqueda.
¿Trata de entenderlo?
-Trato de entenderlo en su sacrificio, en su entereza, en su vocación. Para mí
no es un enfermo. El pueblo lo quería, sus hazañas se comentaban... Era como un
bandido, un héroe popular. Cuando muere es como el final de una ópera italiana.
Ahora voy a escribir una nota para contestarle a José Pablo Feinmann, que dice
que no hay cadáveres buenos y cadáveres malos, sino sólo cadáveres. Yo creo que
sí hay cadáveres buenos y cadáveres malos. No es lo mismo el cadáver de Hitler
que el de una adolescente asesinada en una cámara de gas de Auschwitz. Yo
termino diciéndole que frente al cadáver de Hitler y el del Che Guevara yo le
llevo flores al Che Guevara. Esa es la diferencia. La diferencia del que puede
tener su nombre en una estación de subte o el de Severino, que jamás pudo salir
de la crónica policial. Es el caso de Alemania: el conde von Stauffenberg que le
puso una bomba a Hitler es el héroe máximo, en el aniversario de su fusilamiento
el gobierno en pleno le rinde homenaje ante el bellísimo monumento que le
levantaron. El anarquista alemán que le puso la bomba en la cervecería de Munich
en el año ‘38 no es un héroe. Claro, von Stauffenberg era un conservador.
¿Van a filmar Severino Di Giovanni?
-Varias veces quisieron filmarla. Primero fue Ricardo Becher: no pudo ser.
Después, tres veces quiso filmarla Leonardo Favio. Un loco total: me llamaba a
la una de la mañana al departamento que tenía por Tribunales y me decía:
"Venite, Osvaldo, venite". Ponía música de fondo y se tiraba al suelo para
representar la muerte de Severino, cómo iba cayendo lentamente...
Hubiera sido una mezcla de Severino y el "Mono" Gatica.
-Al final me dijo: "Hice una relectura de Severino y he decidido filmar Gatica".
También quiso filmarlo Héctor Olivera... Pero es una película difícil, porque la
reconstrucción de época sale cara y, sobre todo, porque sería inevitable que
Severino resultara un terrorista simpático, ¿y entonces a dónde vamos, no? Ahora
me lo propone Luis Puenzo. La forma en que habla de Severino me inspira
confianza. Justo treinta años después del intento de Becher.
¿Cómo se define usted?
-Como un socialista libertario, o mejor, alguien que trata de ser un socialista
libertario en una sociedad que se va complicando cada vez más, en la que es cada
vez es más difícil ser un socialista libertario.
¿A quién ha considerado su camarada?
-Sin ninguna duda a Rodolfo Walsh y a David Viñas. Han sido fieles a la sociedad
y han sufrido sus avatares. Ninguno fue anarquista, pero yo los considero mis
compañeros. Ojalá ellos me hayan reconocido a mí como su compañero.
Di Giovanni según León Rozitchner
Severino de cerca
Osvaldo Bayer reconstruye, desde el olvido, a un hombre. Junta sus pedazos
dispersos, vuelve a darles sangre, nos hace sentir nuevamente el ardor de su
cuerpo, le devuelve la vibración de su palabra, abre el espacio de una época
olvidada para ubicarlo. Y recupera la tragedia de un hombre que no es ejemplar
de una especie sino una figura única, impredicable, allí donde el desprecio la
había aniquilado.
"¿Qué es esto de escribir sobre un sepultado para siempre, un sacado de la
memoria del pueblo, un muerto definitivo?", escribe.
Figura necesaria, la del aniquilado, pues al costo de su vida -y la de otros-
nos viene a plantear el problema de la violencia, del cual ninguna sociedad
-tampoco la nuestra- puede hacerse la inocente y sacarle el cuerpo a un tema
vedado, desde el terror, como impensable.
Bayer abre la dimensión de un debate, pero no entre quienes, fingiendo
ingenuidad en medio de una situación macabra, desconocen la diferencia elemental
entre violencia y contra-violencia. Bayer deja en cambio que el personaje dibuje
la dimensión compleja de su historia ante nosotros, nos da tiempo para verlo y
comprenderlo, sufrir con su destino trágico: devolverle la vida para que lo
veamos de cerca. Atravesó el muro de la muerte mientras vivía, viene de una
experiencia irreductible para nosotros.
"¡TENGAN CUIDADO LOS VERDUGOS!"
Severino Di Giovanni: mi prójimo, mi distante. Hay que tener primero la cabeza
fría, moverse si trastabillar (y no siempre es fácil) para mencionar y decir
cosas que siempre están más allá de las palabras. Para hablar, por ejemplo, de
dar la muerte al asesino impune, para ir más allá de los contenidos que la
palabra terrorismo evoca, para hablar de cosas de las cuales no es posible
hacerlo sin que mentemos a la muerte, como si al hablar de ella fuera para
invocarla y hacer que aparezca de nuevo entre nosotros. Pero, ¿acaso la muerte
ha desaparecido como amenaza que desde el poder nos aterra?
Di Giovanni fue uno de los últimos justos justicieros. Actuó en nombre no sólo
de las ideas sino también del afecto apasionado. Pero cuando la muerte actúa no
podemos acompañarla, pasar no a la palabra que la dice sino a los hechos que
ella abre sin que el alma misma del que sigue su camino y ejecuta sus gestos y
sus actos abra en uno mismo la dimensión de la muerte, sin que acunemos y
gestemos en nosotros mismos su gusano, y nos transforme, es cierto, en aquello
mismo que pretendemos comprender para situarnos. Pero para entender el alma
tierna y combatiente de un Severino Di Giovanni tenemos que rozar un poco
nosotros mismos la muerte. Abrir la dimensión colosal y siniestra de la
injusticia y del oprobio sobre los hombres para entender que alguien quiera
poner un límite, con la muerte del impune, al desborde obsceno de la muerte. Di
Giovanni vuelve a abrir en nosotros interrogantes muy complejos y muy próximos.
Di Giovanni no es un hombre de la democracia ni siquiera formal, sino un hombre
profundamente marcado por el fascismo y el terror. Actúa cuando Mussolini está
en el poder destruyendo, apoyado por el pueblo, a los mejores hombres de su
patria. Actúa cuando Yrigoyen avala el asesinato de obreros en la Patagonia y en
las huelgas. Luego es el momento del golpe militar: cuando el general Uriburu da
el primero de ellos. Una sociedad donde cientos de miles de inmigrantes
italianos vinieron huyendo de la miseria para caer en el oprobio de un sistema
de muerte y de ultraje. Con la persecución desatada por el poder militar en la
Argentina, brazo armado de todos los privilegios, predominó el criterio de que
el mejor anarquista es el anarquista muerto: fueron casi todos ellos asesinados
por nuestra derecha fascista o partieron al exilio a combatir en España por la
República.
LA VIOLENCIA
Bayer interroga en Di Giovanni "su creencia como dogma en la violencia como
único método racional de rebeldía". Es necesario plantear, entonces, cinco
premisas para entenderlo:
Primera premisa: No hay violencia en general: el crimen en abstracto no existe,
es sólo un concepto. Son hombres concretos, cada uno con su nombre y apellido,
quienes ejecutan el crimen. No hay violencia de estructura solamente.
Segunda premisa: Hay violencia, pero también hay contra-violencia. Está la
violencia ofensiva y la violencia defensiva. Y la contra-violencia defensiva
tiene una cualidad diferente que la violencia ofensiva.
Tercera premisa: Habitualmente se cree que la violencia es la violencia
inmediata del asesinato directo por las armas. Pero no: la violencia consiste en
apoderarse, por la amenaza, de la voluntad de otro para dominarlo en vida. Hay
entonces dos muertes: la de los que siguen vivos por temerla y someterse, y la
de los que han sido muertos por resistentes.
Cuarta premisa: El amor, que es mater-ialista, no nace de un Dios abstracto o
terrible, o de un padre que persigue; nace desde las marcas maternas que animan
la carne y la vida de una mujer amada. Y desde allí, desde ese amor grande e
infinito, se prolonga el anarquismo político. "En el amor grande e infinito (por
una mujer) está basado el anarquismo mismo", escribe Di Giovanni.
LA GENEALOGIA Y LA LOGICA DE LOS MUERTOS ASESINADOS
Pero también existe una quinta premisa: hay una genealogía que enlaza el sentido
de la vida con los que fueron muertos por la mano del hombre. Así como hay un
lazo con la vida de los otros hombres vivos, hay un lazo profundo que nos une
indisolublemente con los hombres muertos por los asesinos. En esta premisa está
presente esa responsabilidad sagrada que penetra hasta los estratos más fecundos
y vivos de la vida misma. Tuvo que amar mucho a la vida y a los vivos para
sentir la necesidad de resurreccionar a los muertos de otro modo, laicamente.
Bajo una estampa de Cristo escribe Di Giovanni como su contracara: "El símbolo
de la víctima, como un fugaz recuerdo, será una visión que nos engarzará al
pasado, a nuestros muertos, y nos hará más fuertes para el porvenir y para
nuestros hijos. Como aurora rosada, bella, pura, la Libertad surgirá en una
mañana primaveral para besar los labios de todos los sepultados vivos, de todos
los mártires, de todos los rebeldes. Y en ese beso infundirá a nuestros caídos
todas las bellezas, los purificará de todos los dolores, esparciendo
copiosamente los premios que debemos a los héroes de la lucha cotidiana".
LA NECESIDAD DE PONER UN LIMITE AL PODER ABSOLUTO Un individuo es tanto más
proclive a sentir la dimensión del oprobio social, de la injusticia, de la
impunidad y de la insidia criminal, cuanto mayor sea la capacidad afectiva de
amar (y de odiar por lo tanto). Y tanto más esta insoportabilidad es grande
cuando menor es la capacidad de reacción de la gente que no siente, siente
menos, o está adormecida o aterrada. La necesidad de imponer un límite al crimen
aparece como una tensión insoportable de la cual depende la coherencia sensible,
afectiva y racional de la propia vida. Sólo cuando se activa la dimensión más
profunda y libre del afecto puede un hombre poner toda su vida en defensa de lo
justo. Dijimos: el último de los justos. Mientras haya diez justos Dios no
destruirá a la ciudad impura y pecadora, se dice en la Biblia. Mientras haya
existido entre nosotros un Severino Di Giovanni, con su tragedia intransferible,
hay una esperanza en el mundo.
(¿Por qué conmueve tanto su vida, su pasión, su entrega más allá del límite,
hasta su sed de venganza? ¿Es mala la venganza, acaso, cuando se trata de que el
mal extremo no logre vencer sin encontrar el límite y convertirse en absoluto?
Pero acá hay algo más que conmueve, el índice de lo más intolerable: que la
cobardía en la impunidad -que es lo más intolerable- pueda vivirse sin riesgo:
sin sentir siquiera lo que el otro siente cuando sufre. Sentir lo que el
asesinado sufriente sintió: hasta allí debe penetrar lo que se llama comúnmente
venganza: la sed devoradora de justicia en el desierto desolado de la impunidad
y del crimen, nos dice Di Giovanni.)
Pero ¿quién hace justicia allí donde la justicia no existe? Es entonces donde la
responsabilidad de un hombre como Di Giovanni se agiganta y se convierte en
trágica. Asume en sí mismo lo imposible: es el lugar humano que se consume en
realizar por sí mismo lo que todos los hombres colectivamente no hacen,
muchedumbre de sometidos pasivos que han delegado en la unidad de una vida, la
suya, todo el peso de la injusticia del mundo. Es entonces cuando Di Giovanni se
reconoce como el justiciero de lo impune: asume solo, para poder dar la cara en
la vida, la responsabilidad por los asesinados.
Si el poder absoluto nunca es realmente tal aunque lo parezca, es porque hay
siempre alguien que salva la esperanza para el mundo, abre una fisura en lo que
se pretende monolítico: muestra el carácter relativo de todos los poderes sobre
el hombre. Di Giovanni nos dice: el terror no vence a la vida cuando la vida
enfrenta a la muerte para señalarle al terror mismo su límite. Sólo el
contra-terror, la contra-violencia indómita, que no se da por vencida, señala el
límite extremo del desafío, debía pensar Severino Di Giovanni: cuando hay
todavía alguien, aunque sea uno solo, que salvó contra todos -pero para todos-
el carácter relativo y pasajero del poder impune. Y al hacerlo roza con su
riesgo todos los fantasmas complacientes y temidos de la imaginación de la buena
gente. Y encuentra allí la muerte.
Debemos agradecer al coraje de Osvaldo Bayer que un hombre sólido como Severino
Di Giovanni no se haya disuelto en el aire. Que su fantasma se anime y se
agigante desde su vida espectral, uno más y se agregue a la lista de los que
asedian la noche de los asesinos insomnes.
Bayer
vs Puenzo
"No se hace arte con mentira", le advirtió Osvaldo Bayer al director de ‘La
historia oficial’
El escritor Osvaldo Bayer acusó al director Luis Puenzo de haberle comprado los
derechos para llevar al cine su libro Severino Di Giovanni, el idealista de la
violencia, mediante un contrato que calificó como "un ejemplo de lo leonino" y
que le permitió adaptar la historia a su gusto.
"Le dije que aceptaba pero que quería que se fuera fiel a la verdad histórica y
no se tergiversaran para nada los hechos documentados en el libro. Por supuesto,
hasta allí el señor Puenzo, pura sonrisa, me dijo que justamente el libro le
había apasionado y que por eso lo iba a filmar respetándolo en todos sus
alcances", explicó Bayer.
En carta enviada desde Berlín al diario Página/12, motivada por una solicitada
de la mujer de Di Giovanni en la que América Scarfó manifestaba su indignación
con Puenzo, el escritor apuntó que firmó el contrato "en malas condiciones
físicas" y "sin leerlo", por su "costumbre de creer que un hombre de bien jamás
hace trampa".
"Por el contrato, le transfiero el libro para todo el mundo y a perpetuidad y
Puenzo podrá utilizar los contenidos del libro de referencia sin limitación de
ningún tipo, siendo dueño de todas las decisiones incluyendo sin limitación
alguna el tema, argumento, situaciones, personajes, diálogos y trama según su
propia y exclusiva decisión", indicó el escritor.
Tras comparar al contrato con "aquellos papeles que les hacían firmar a los
trabajadores de la lana en la Patagonia del '20", Bayer se quejó de que, por el
contrato, su libro pasó a ser propiedad de Puenzo y le advirtió al realizador
que "no se hace arte con mentira", además de pedirle a los actores "que
proyectan actuar en este engendro, que piensen que los protagonistas ya no
pueden defenderse".
"En Hollywood, este contrato pasará a la historia de lo leonino. Más, servirá
para definir lo que quiere decir esta palabra. Alguna vez encontrará su lugar en
el museo del cine. Nada es gratuito", apuntó.
Bayer subrayó que, desde el punto de vista histórico, el guión de Puenzo "es una
siembra y una cosecha de lugares comunes no para asustar al burgués sino para
divertir al burgués".
"La ignorancia es tal que el guión sostiene que durante el gobierno radical de
Yrigoyen se torturaba a los presos políticos con la picana eléctrica", concluye
el escritor, quien puntualizó que, en realidad, "todo eso perteneció al período
de la dictadura de Uriburu". Bayer termina su carta pidiéndole a Puenzo que le
devuelva el libro. [2000]
Otros anarquistas:
Simón Radowitzky
Por Osvaldo Bayer
"Mil y mil veces maldita, tierra
aborrecida del crimen, del sufrimiento y del sicario. Bajo el azote helado de
tus huracanes gime el hombre; la angustia roe las almas de las víctimas; los
abnegados, los Radowitzky, agonizan, mártires de la chusma del máuser, y, sobre
el hórrido concierto de sollozos se oye siniestra la carcajada del verdugo."
Así comenzaba un volante del diario anarquista La Protesta, para el 1º de Mayo
de 1918, el Día de los Trabajadores. Estoy en Ushuaia, en el edificio del
antiguo penal, y hablo sobre Simón Radowitzky (o Szymon Radowicki, ya que era de
ascendencia polaca) ante una concurrencia formada principalmente por gente
joven. Nunca hubiera soñado antes que iba a tener esa posibilidad. En los años
setenta publiqué un libro que se titulaba Simón Radowitzky, ¿mártir o asesino?,
que fue a parar a la hoguera de la dictadura de los Videla y Massera. ¿Quién era
ese Simón Radowitzky que había sido una figura legendaria del movimiento obrero
en las tres primeras décadas de este siglo y que había pasado veintiún años de
su vida en la cárcel, la mayoría de ellos en el penal de Ushuaia, una de las
páginas más negras de la historia penal del género humano de la cual tendríamos
que avergonzarnos los argentinos? Y que se mantuvo no sólo durante el gobierno
de los conservadores liberales sino también durante los tres gobiernos primeros
del radicalismo. Los que más cantaron a Simón Radowitzky, llamado el "mártir de
Ushuaia" fueron los payadores criollos en los mitines y asambleas obreras.
"Traigo aquí para Simón
este manojo de flores,
del jardín de los dolores
del alma y del corazón:
traigo para aquel varón
valiente y decidido,
este manojo que ha sido
hecho con fibras del alma,
en un momento sin calma
de rebelde convencido."
Así cantaba el payador Manlio por la década del veinte.
Es que Simón había corporizado la violencia de abajo al matar de un preciso
bombazo al jefe de policía coronel Ramón L. Falcón después que éste reprimió
brutalmente la manifestación obrera del 1º de Mayo de 1909. Ese día ocurrirá la
más grande tragedia obrera hasta ese momento de nuestra historia social. La
policía montada al mando del comisario Jolly Medrano, después de que sonara el
clarinazo de ataque ordenado por el propio coronel Falcón, se lanza sobre las
columnas obreras en la Plaza Lorea. Parece una estampa de la Rusia imperial
cuando los cosacos atacaban concentraciones de famélicos proletarios en San
Petersburgo o en Moscú. En la historia de las represiones obreras, la del
coronel Falcón quedó como una de las más cobardes y alevosas. En un primer
momento se cuentan treinta y seis charcos de sangre. Para explicar el drama, el
militar traerá el argumento que todavía hoy se emplea en la Argentina: le echa
la culpa a los "agitadores". Seguirán días de paro general proclamado por la
FORA que tendrá un desarrollo muy violento. Esos días continuará la brutal
represión y se seguirán sumando los muertos. Los obreros no se rinden porque:
"Los tiempos ya terminaron
en que hubo feudales bravos
que agarraban a los esclavos
y fiero los azotaron
¡Hoy no! Ya se rebelaron,
Y ese hombre hoy, febril y ardiente
cuando ve que un prepotente
burgués quiere maltratarlo:
cara a cara ha de mirarlo,
cuerpo a cuerpo y frente a frente!"
Así fue. Ese joven judío de apenas 18 años, obrero metalúrgico, esperará al
coronel Falcón y pondrá fin a la vida del orgulloso militar que era todo un
símbolo para los hombres de uniforme: Falcón había sido el cadete número uno
recibido en el Colegio Militar creado por Sarmiento. Simón trata de suicidarse
pero es capturado, condenado a muerte y luego, como es menor de edad, a prisión
perpetua a cumplir en el penal de Ushuaia, con el agravante de que cada año, en
oportunidad de cumplirse cada aniversario de su atentado contra Falcón "deberá
ser llevado a reclusión solitaria a pan y agua durante veinte días", como dirá
la sentencia.
En la prisión, sólo comparable con la de la Isla del Diablo, Radowitzky se
convertirá en el "mártir de la anarquía". Será un místico de la resistencia y
del altruismo con los demás presos. Protagonizará una huida legendaria a través
de los canales fueguinos hasta que es capturado por un buque de guerra chileno y
entregado a los carceleros argentinos. Todos los castigos inimaginables serán
entonces para él. Aunque enfermo de tuberculosis, el clima del extremo sur y el
aislamiento no lo amedrentan y sigue siendo el defensor de los demás presos para
quienes Simón es una personalidad mística y al que admiran casi con respeto
religioso.
Sus compañeros de ideas de todo el país no lo abandonaron en ningún momento.
Miles de mitines y su nombre siempre en la primera página de sus publicaciones.
Hasta que en 1930, Yrigoyen firmará el indulto. Pero el gobierno radical no se
aguanta al carismático atentador en territorio argentino y lo expulsa al
Uruguay. Allí será detenido y poco después soportará presidio en la isla de
Flores. Hasta que en 1936, ya en libertad, marchará a la Guerra Civil Española a
luchar contra el fascismo de Franco. Morirá en México en 1956 mientras trabajaba
de obrero en una fábrica de juguetes, el mejor oficio que puede tener un ser
humano.
Me paseo por las celdas del presidio de Ushuaia, cuarenta años después de la
muerte del "santo de la anarquía". Los muros del oprobio. Oprobio que años
después se iba a trasladar a los dominios de otros carceleros con uniforme
militar: los campos de concentración de los Bussi, los Menéndez, los Camps.
Pienso en estos verdugos cuando atravieso el portón de salida del ex presidio
austral. Y me consuela un pensamiento que me asalta en ese momento. Esos tres,
jamás tuvieron juglares criollos que les cantaran. De Radowitzky quedan los
recuerdos de esas coplas del auténtico pueblo:
"Simón, la fe no desmaya
y el pueblo sí que resiste
te ha de sacar, Radowitzky,
de las mazmorras de Ushuaia."
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