Sin diván para el idiota

Por Bárbara Orbuch*

Macri se va del gobierno sin el menor registro de su ineptitud, de su ignorancia y de su idiotez, entendida como etimológicamente expresa su significado que proviene del griego:

Idiota: aquel que no se ocupa de los asuntos públicos, sino sólo de sus intereses particulares.

Esta definición describe cabalmente y con acabada solvencia la génesis de semejante desinterés por el destino del pueblo , al que condenó con sus políticas de hambre, por la fuga de capitales y la idiosincrasia vendepatria que caracterizó su mandato.

Los intereses particulares y el desfalco parasitario al estado han sido una constante de su trayectoria vital y de su modo de «estar en el mundo» predominante. Un adalid de las offshore y de los paraísos fiscales, que arrodilló a una nación para encarnar la ideología del cipayo y darle voz al enano fascista que habita en algunos cuerpos locales.

En esa mueca de defecación que ostentó en sus torpes movimientos, fue desplegando un profundo desdén por la ética de la responsabilidad y degradando el nivel del discurso en una dificultad casi afásica, paralela y consecuente con su menosprecio por el lenguaje.

En él se vislumbra el caso de los individuos que no son analizables, debido a un nivel de simbolización escaso o nulo, a la imposibilidad de comprender y engendrar metáforas y por la incapacidad de volverse hacia sí mismo para efectuar algún tipo de análisis sobre sus actos o acerca de sus palabras.

La educación privada en la que fue formado no le hizo mella al espíritu, más que para asociarse en los negocios en contra del bien común. No logró alcanzar ninguna habilidad cognitiva ni intelectual ostensible a su favor ni ningún tipo de aprecio por el conocimiento.

Será un enigma como sujetos-ciudadanos, descifrar cómo un sujeto tan vacuo y mediocre, pudo ocupar el máximo escaño político del estado. Pero es una certeza que como monopolio de la ideología dominante se inoculó en una franja importante de la población la hegemonía del fascismo social y el engaño aspiracional de la meritocracia, que hoy se esfuma en la dura realidad que como sociedad vivenciamos.

Sin autocrítica, pendiente de sus arcas y sin anclajes que lo unen al discurso enlazado al otro semejante, el idiota se retira del poder sin interrogantes, con el inicial cinismo del llano discursivo. Ni el daño, ni el delito se presentifican en su conciencia. Queda la reflexión de los que fueron objeto, de los desubjetivizados. Queda el análisis de los modos de subjetivación que se implantaron y sus efectos. Queda desandar el camino de los significantes amos que nos esclavizaron.

Pero no hay caso, no hay diván para el idiota.

* Psicoanalista. Docente

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