Sobre los trotskistas de la serie Babylon Berlin

La URSS en tiempos de Stalin o donde hubo fuego cenizas quedan.

Por Facundo Di Vincenzo – Javier López

I. Introducción a la Alemania de 1929/1933

«A despecho de su origen slavo, tenía características típicamente latinas. Era de una fogosidad tropical, por ejemplo: Se arrebataba fácilmente y transformaba cualquier conversación amable y apacible en una discusión seria y acalorada. No sabía hablar en frío. Ni sentado sobre una silla o una butaca. Ni siquiera parado. Caminaba de aquí para allí, mientras discurría, apurando el paso a medida que se agitaba. Su vitalidad desbordante, no resistía las cuatro paredes de la habitación.»[1]

El texto bien podría ser adecuado para describir a cualquiera de los trotskistas que aparecen en la serie televisiva alemana Babylon Berlín (2017), que transporta al espectador a una Berlín de los años 1929-1933, y que los latinoamericanos podemos ver en el canal Europa-Europa, si abonamos la tv por cable.

En realidad, el párrafo pretende describir a un revolucionario bolchevique (luego identificado como trotskista), Víctor Serge (Bruselas, 1890-Ciudad de México, 1947) y fueron escritas por Elías Castenuovo (Montevideo, 1893-1982), quien lo conoció (y por ello Serge conoció el mate) en Moscú durante su único viaje a la URSS en 1931.

Ahora bien, ¿Qué hacia Castelnuovo, un rioplatense, en Moscú? ¿Quiénes eran los rusos de la serie y que hacen en Alemania? En otras palabras, ¿Qué relación tiene todo esto?

El texto de Castelnuovo es una descripción de la vitalidad revolucionaria, contenida en uno de los protagonistas del proceso, que dio origen a la Unión Soviética. También un esbozo del tipo de militante que podemos vislumbrar en la serie Babylon Berlín.

Los emigrados rusos que pululan por las calles de ese Berlin de finales de 1929 son conspiradores, perseguidos políticos, militantes profesionales, fanáticos abnegados, víctimas de una gesta que ayudaron a construir, pero cuyo devenir los expulsó. Lo que es aún peor para todos ellos, es que llegan en un contexto de virulenta reacción del Estado Alemán a toda propaganda, difusión o alteración del orden que tenga alguna relación con el bolchevismo. La Alemania de la década de 1920 se encuentra en crisis política, social y económica. La salida de la Gran Guerra fue deshonrosa para los germanos, a la derrota inesperada le siguió un Tratado de Versalles (1919) en donde no sólo tuvo que perder parte del territorio sino que se vio obligada a pagar sumas exorbitantes como indemnización a los vencedores, además de verse forzados a aceptar un cambio de sistema político «desde afuera», en otras palabras, por decisión de Francia, Inglaterra y Estados Unidos: La República de Weimar.

En Babylon Berlín las escenas que muestran esta miseria se suceden: habitaciones pequeñas pero sobre habitadas, muchedumbres pidiendo limosnas, mujeres empujadas a prostituirse para conseguir alimento para sus familias, en resumen, una Alemania acechada por la decadencia y por quienes se aprovechan de esa decadencia. Mafiosos, policías y políticos corruptos, degenerados y abusivos hacen sus fiestas lujuriosas mientras la Nación alemana se desploma.

Un joven Víctor Raúl Haya de la Torre (Trujillo, 1895-1979) en viaje por Europa en aquellos años, describe su estadía por aquella Alemania de fines de los años 20´, dice: «Todo allí es alemán. Lo único internacional es la miseria, de los niños que piden pan desde el muelle y que devoran como animales los restos que se les arroja de abordo [Haya de la Torre viaja en barco], y de los hombres y mujeres sin trabajo que cuentan de su vida angustiosa. En Danzing, como en toda Alemania, es ostensible el contraste insultante de la miseria de unos y la dichosa opulencia de los otros.»[2]

En este clima de injusticia social, no llama la atención que el escritor alemán Hermann Hesse (Calw, 1877-1962) escriba en 1931: «Creo que el bolchevismo no tardará en llegar, cosa que ni siquiera me parecería mal. […] para mí, el comunismo no sólo está justificado, sino que lo considero lógico. Llegaría y venceria aunque todos estuviéramos en contra. Quien hoy esté de parte del comunismo, afirma el porvenir.»[3]

La crisis de Alemania en todos los ámbitos posibles se conjuga con los reclamos de los trabajadores cada vez más influidos por un Partido Comunista Alemán que tiene como horizonte una salida revolucionaria, como ya ha ocurrido en Rusia.

En uno de los primeros capítulos los protagonistas de la serie se ven involucrados en la multitudinaria marcha, la del primero de mayo de 1929. Los manifestantes gritan: «¡Berlín es roja! ¡Berlín es roja!»

En este punto vale detenerse para explicar algunas cuestiones de la Revolución Rusa y su impacto en el escenario mundial de aquel entonces.

II. Algunos apuntes sobre la Revolución Rusa de 1917

En Rusia se había producido durante la Gran Guerra (1917) un acontecimiento que impactaba por sus características, en los ámbitos de pensamiento de las izquierdas a lo largo y ancho del mundo. Filósofos, historiadores, políticos, militantes y académicos reflexionaban, discutían, y buena parte de ellos no comprendían como en Rusia, un país considerado atrasado económica, política y culturalmente por los padres fundadores del «Socialismo Científico», Karl Marx (Treveris, Reino de Prusia, 1818-1883) y Frederic Engels (Barmen, Reino de Prusia, 1820-1895), se producía la primera Revolución Socialista de la historia. Con su Revolución de Noviembre de 1917[4], Rusia y no Alemania[5], como auguraban Marx, Engels (y todos los demás marxistas europeos), pasaba a la fase superior del desarrollo social, que es lo mismo que decir, que se sociabilizaban los medios de producción. De ahora en más en Rusia, los medios producción se convierten en medios de producción colectivos y pasan a ser administrados, planificados, dirigidos desde el Estado.

Ahora bien, nueva pregunta: ¿Por qué razón Rusia, un país a miles de kilómetros de Latinoamérica, distante a nivel social y cultural, ya por el idioma como por sus costumbres, si tenemos en cuenta las oleadas inmigratorias europeas transoceánicas desde Siglo XVI a la actualidad[6], comienza luego de la Revolución de 1917 a ser uno de los focos principales de atención en los ámbitos culturales, políticos y académicos latinoamericanos. ¿Por qué afirmamos esto? Porque se podría enumera una larga lista de viajeros a la URSS entre 1917 y 1939: Elías Castelnuovo, Haya de la Torre, César Vallejo, Manuel Ugarte, Diego Rivera, Aníbal Ponce, Rodolfo Puiggros, Gabriela Mistral, entre tantos otros/as)[7].

En primera instancia el impacto se puede explicar desde dos niveles.

A nivel espacial, porque Rusia posibilita de ahora en más un lugar en donde se desarrolla el ansiado experimento de realizar una sociedad socialista[8]. A nivel temporal, por ser un nuevo punto de referencia en donde la transformación social pasó de la utopía a la realidad. Motoriza una reinterpretación de las perspectivas de Revolución Social presentes en los ámbitos intelectuales latinoamericanos. Establece una nueva dimensión de análisis. Inevitablemente su realización representa para el mundo de las izquierdas de la región un episodio más del «drama revolucionario» [9] , iniciado con la Revolución Francesa, y en cierto sentido, conjugado con otros acontecimientos de luchas y resistencias.

Para muchos intelectuales, la Revolución Francesa y la Revolución Bolchevique se cruzan, discuten, se contrapone o ensamblan con la revolución mexicana (1910-1920) y la rebelión de Sandino (1927-1934) contra el avance norteamericano en Nicaragua, también la suelen leer con las propuestas del Aprismo de Haya de la Torre (Trujillo, Perú, 1895-1979) en la cordillera o al proyecto educativo de José Vasconcelos (Oaxaca – México, 1882-1959) en México (1920-1921)[10].

III. La Revolución Bolchevique y su derrotero en 1929/1933

A pesar de todo, lo cierto es que hacia la época en donde se narra la serie (1929-1934), el drama revolucionario de los bolcheviques se había transformado en tragedia. Trotsky, un recién llegado para los bolcheviques veteranos, en 1917 se sumaría a estos, aceptando el liderazgo de Lenin, y actuando como su mano derecha. Sería el protagonista principal de los sucesos que desembocarían en la Revolución de Octubre. La líder polaca Rosa Luxemburgo, referente del marxismo en Alemania, hablaría de un gobierno liderado por Lenin y Trotsky, que estaría gestando un nuevo mundo. Pero señalaría con perspicacia ciertos peligros subyacentes.

«Bajo la teoría de la dictadura de Lenin – Trotsky subyace el presupuesto tácito de que la transformación es una fórmula prefabricada, guardada ya completa en el bolsillo del partido revolucionario, que sólo requiere ser enérgicamente aplicada en la práctica. Por desgracia- o tal vez por suerte- ésta no es la situación. Lejos de ser una suma de receta prefabricadas que solo exigen ser aplicadas, la realización práctica del socialismo como sistema económico, jurídico y social yace totalmente oculta en las nieblas del futuro […]

[…] La vida socialista exige una completa transformación espiritual de las masas degradadas por siglos de dominio de la clase burguesa. Los instintos sociales en lugar de los egoístas, la iniciativa de las masas en lugar de la inercia, el idealismo que supera todo sufrimiento, etc.. Nadie lo sabe mejor, lo describe mejor que Lenin. Pero está completamente equivocado en los medios que utiliza. Los decretos, la fuerza dictatorial del supervisor de fábrica, los castigos draconianos, el dominio por el terror, todas estas cosas son solo paliativos. El único camino al renacimiento pasa pasa por la escuela de la misma vida pública, por la democracia y opinión pública más ilimitadas y amplias. Es el terror lo que desmoraliza. […]

[…]Gradualmente se adormece la vida pública, dirigen y gobiernan unas pocas docenas de dirigentes partidarios de energía inagotable y experiencia ilimitada. Entre ellos, en realidad dirigen sólo una docena de cabezas pensantes, y de vez en cuando se invita a una elite de la clase obrera reuniones donde deben aplaudir los discursos de las dirigentes, y aprobar por unanimidad las mociones propuestas- en el fondo, entonces, una camarilla- una dictadura, por cierto, no la dictadura del proletariado sino la de un grupo de políticos, es decir una dictadura en el sentido burgués, en el sentido del gobierno de los jacobinos […][11]

Según el historiador británico Edward Carr, Trotsky, por su condición de recién llegado, con un pasado de disidencia, debía su posición de dirigente al apoyo de Lenin. Privado del mismo, y pese a su condición de héroe de la victoriosa Guerra Civil 1918/20), era una figura aislada, y no podía aspirar a dirigir el partido. En 1923, la enfermedad que afectaba al líder bolchevique, lo pondría a merced de sus adversarios, que se unieron para comenzar a horadar su prestigio y capital político. Stalin, Zinoviev y Kamenev articularon un triunvirato para cumplir con este objetivo. El proceso de denigración personal de Trotsky ganó fuerza. A principios de 1924, una conferencia del Partido condenó a la oposición interna por mayoría abrumadora (los delegados habrían sido elegidos de antemano), indicando a Trotsky como el instigador de la campaña contra los dirigentes del partido. Estos hechos se sucedieron unos días antes del fallecimiento de Lenin, que aconteció el 21 de enero de 1924.[12]

A principios de 1925, a su pedido se lo relevó de su cargo de presidente del Consejo Militar Revolucionario. En el verano de 1926, aliado a sus antiguos rivales Zinoviev y Kamenev, constituyó la «oposición unificada». Contaba aún con simpatía dentro de las filas partidarias, pero sus militantes activos no eran muchos, y el acoso de las autoridades se profundizó. Stalin desenterró la antigua trayectoria de Trotsky, y su coqueteo con los mencheviques. La oposición fue acusada no solo de «fraccionalismo» (condenado por el congreso del partido, celebrado en 1921), sino también de «desviación socialdemócrata». En la primavera de 1927 Trotsky hizo público un documento, conocido como «declaración de los 83», acusando a los dirigentes de sustituir la dictadura del proletariado por el socialismo en un solo país.

Fue acusado de traidor (el frente unido de Chamberlein a Trotsky), dándole una tregua, a condición de jurar lealtad a la defensa nacional de la URSS, no implicó el fin de la persecución. A fines de 1927, tras revisar un cargo menor en Siberia o Asia Central fue deportado por la fuerza bajo un artículo del código penal relacionado con actividades contrarrevolucionarias. El lugar de exilio fue Alma Ata, una ciudad situada en Asia Central, alejada del ferrocarril. Allí permaneció hasta su deportación, un año después. En enero de 1929 fue llevado a Odesa y embarcado con destino a Estambul. Durante casi cuatro años encontraría refugio en la isla de Prinkipo[13].12En 1929 Stalin, tras formar parte de la dirección del estado soviético, como parte de diversas Troikas, festejaría en diciembre sus 50 años de vida, consolidado como el único líder de la URSS.

[1]Castelnuovo, Elías, «Algo sobre Víctor Serge», en: Serge, Víctor, Vida y muerte de Trotsky, Buenos Aires, Editorial Indoamérica, 1954, p. 13.

[2]Haya de la Torre, Víctor Raúl, Impresiones de la Inglaterra Imperialista y la Rusia Soviética. Pensamientos sobre la realidad social y política de América Latina, Buenos Aires, Editorial Claridad, 1932, p. 94.

[3]Hesse, Hermann, Escritos políticos 1914-1932, Barcelona, Editorial Bruguera, 1978, p. 244.

[4]Hay que considerar que en Rusia estaba en vigencia el calendario Juliano (introducido por Julio Cesar en el 46 d.c.) que retrocede 13 días con respecto al calendario gregoriano vigente en el mundo cristiano u occidentalizado, por ello la Revolución de octubre ocurrió en realidad el 7 de noviembre.

[5]En el Manifiesto Comunista dice Marx: «Los comunistas, aunque luchando siempre por alcanzar los objetivos inmediatos y defender los intereses cotidianos de la clase obrera, representan a la par, dentro del movimiento actual, su porvenir. En Francia se alían al partido democrático-socialista contra la burguesía conservadora y radical, mas sin renunciar por esto a su derecho de crítica frente a los tópicos y las ilusiones procedentes de la tradición revolucionaria». En Marx, Carlos y Engels, Federico, El manifiesto comunista, Ed. Claridad, 1940, p 98.

[6]En los censos de población desarrollados en nuestro país se encuentra en detrás de la Española, Italiana, Francesa y alemana, compartiendo según los censos de 1869, 1895 y 1914, el quinto o sexto lugar con los británicos, sirio libaneses, austriacos.

[7]Por mencionar algunos casos, en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, en la Carrera de Historia, existe la opción de cursar Historia de Rusia como materia optativa, incomprensible opción sin su Revolución. Al día de hoy por la calle Corrientes de la Ciudad de Buenos Aires podríamos llenar varias bibliotecas con libros de editoriales Argentinas respecto al tema de la URSS.

[8] Esta perspectiva espacial, ya ha sido trabajada en el excelente libro de Sylvia Saitta sobre diferentes viajeros argentinos a países en donde se produjeron Revoluciones durante el siglo XX, como la URSS, Cuba y China: Sylvia Saitta, Hacia la revolución. Viajeros argentinos de izquierda, Fondo de Cultural Económica, Buenos Aires

[9]Tomando la terminología que André Malraux utiliza para explicarle al General De Gaulle las expectativas revolucionarias del intelectual de izquierdas, transcribe aquel diálogo Malraux:

_ «…porque aun sin tener en cuenta a Lenin, a Trotski, a Stalin, cosa difícil por cierto, el comunismo sería el movimiento que hoy se apodera mejor del hecho revolucionario, en otros tiempos copado por la revolución francesa… _ ¿Qué entiende usted por «el hecho revolucionario»?.

_La forma provisional que adquiere la reivindicación de la justicia: lo que va desde la revuelta campesina hasta las revoluciones. En nuestro siglo se trata del socialismo, cosa que sin duda proviene del debilitamiento de las grandes religiones. Los norteamericanos son creyentes, pero la civilización norteamericana no es una civilización religiosa. El Frente Nacional es pro comunista; mis camaradas son pro laboristas, mientras esperan un laborismo que no existe, ignorando si lo esperan de ellos mismos, del partido socialista o de usted.
_ ¿Qué quieren hacer?
_Como en 1848, como en 1871, representar un drama heroico llamado la Revolución».
En André Malraux, Antimemorias, Buenos Aires, Editorial Sur, 1977, p. 122.

[10] El mismo José Vasconcelos afirmas: «La tenía en mí cabeza desde mi destierro en Los Ángeles, antes de que soñará volver a ser ministro de Educación, y mientras leía lo que en Rusia estaba haciendo Lunacharsky, a él debe mí plan más que a ningún otro extraño.» Vasconcelos, José, El desastre, Distrito Federal de México, Instituto Nacional de Estudios Históricos 2011, p. 85.

[11]Luxemburgo, Rosa, Obras Escogidas, Tomo II: «La Revolución Rusa», Buenos Aires, Ediciones Pluma, 1976, pp. 196-198.

[12]Carr. Edward, La Revolución Rusa. De Lenin a Stalin, 1917-1929, Madrid, Alianza Editorial, 1995, pp. 88-93.

[13]Ibidem, pp. 98-212.

Mayo 2021