¿Son los lunáticos satélites de la Tierra?

Por José Steinsleger

La buena noticia: en tiempo récord, las vacunas para combatir el «nuevo coronavirus» (Covid-19), empezaron a circular. ¿A qué lunático interesa cuál país o laboratorio se alza con los laureles? Mientras que la mala ni siquiera es noticia. Ningún científico (creo), investiga si es posible vacunarnos contra la estupidez.

De los ríos de tinta en torno al impacto global del Covid-19, recomiendo el excelente artículo de Manuel Ansede, dedicado a evocar la trayectoria del injustamente olvidado médico español Santiago Ramón y Cajal (1852-1934 [foto], «padre de la neurociencia», Nobel de Medicina 1906 tras revelar la «arquitectura del cerebro humano», y «voraz lector de Julio Verne» ( El País, 7/12/20).

En «Cajal, Bill Gates y el cuento de la vacuna para controlar a los ciudadanos», Ansede destaca que Cajal había publicado El fabricante de honradez, hilarante relato de ciencia ficción donde narra las tribulaciones de un médico que descubre la «vacuna moral». Y luego convence a las autoridades de la industriosa ciudad de Villabronca para inoculársela obligatoriamente a la población.

Objetivo: «conseguir la purificación ética de la raza humana, y la conversión de los viciosos y criminales en personas probas, decentes y correctísimas». Pero al final del cuento, el propio Cajal aclara que la vacuna moral era falsa «tan falsa como lo es hoy la inyección de microchips atribuida a Bill Gates» (Ansede).

Lecturas, en fin, para ayudar a sostener el tedioso confinamiento de nuestros días. Un paliativo que, como es sabido, desacreditan otros lunáticos encumbrados (aunque no de ciencia ficción), como la ex diva Brigitte Bardot, o el desaforado presidente de Brasil Jair Bolsonaro.

«Somos demasiados en la Tierra», declaró el ícono del cine francés. «Me temo –dijo la Brigitte que ama a los animales y a la ultraderecha– que el Covid y las otras epidemias que se anuncian restaurarán dolorosamente un nuevo orden.» Agregó: «Cuando 5 mil millones de personas en este planeta Tierra se hayan ido, la naturaleza recuperará sus derechos». Híjole.

¿Podía Bolsonaro ser menos que la ex diosa que, con gestos y miradas matadoras (y nada más), estimulaba los bajos instintos masculinos? Para nada. Así, frente al colapso sanitario de Manaos y Boa Vista, en particular, el gobernante brasileño estimó que no era de su responsabilidad llevarles tubos de oxígeno, ya que su ministro de Salud, Eduardo Pazuello, había enviado al Amazonas 120 mil unidades de hidroxicloroquina. Una droga que se supone efectiva contra el Covid-19, promovida por la Iglesia Génesis II de Cura y Sanación (sic) como «solución mineral milagrosa» (sic).

Periodistas curiosos, abstenerse. Sería temerario dirigirse a un gobernante que, en días pasados, en Brasilia, los trató de «prensa de mierda» (sic), enviándolos a «la puta que los parió» (sic), frente a una jauría de seguidores y funcionarios que, con risas y aplausos, celebraron su intervención. El canciller Ernesto Araujo, entre ellos.

En cambio, la senadora del PAN Lilly Téllez resultó más delicada que el gran Bolsonaro. En su ofensiva contra la decisión de la bancada de Morena de adquirir 24 millones de dosis de la vacuna Sputnik V, doña Lilly calificó a los honorables de «ineptos, perversos y arrastrados». Chulada que, de paso, convalidó la reflexión de José Emilio Pacheco: «En México, la política ha sido la única y verdadera industria pesada».

¿Será que la miniluna 2020 SO, que desde noviembre orbitó nuestro planeta, tuvo que ver con el crecimiento exponencial de lunáticos en las redes antisociales? Ignórolo. Aunque es posible que la misteriosa miniluna que ayer abandonó la órbita terrestre, influyó en la decisión del presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, cuando envió a la Asamblea Nacional una iniciativa de ley para crear la «Secretaría Nacional para Asuntos del Espacio Ultraterrestre, la Luna y otros cuerpos celestes» (sic).

Ortega manifestó: «Con esta nueva secretaría el Estado nicaragüense podrá atender esta temática con la rigurosidad técnica y científica necesaria […] y la búsqueda de oportunidades que como país debemos aspirar en ese ámbito, de conformidad con las normas del derecho internacional». A ver, compas: ¿y la «batalla de ideas» que recomendaba Fidel?

Ay, Nicaragua… Nicaragüita. ¿Recuerdas al poeta y guerrillero Leonel Rugama (1950-70), cuando cerró los versos de La tierra es un satélite de la luna, diciendo: «Bienaventurados los pobres, porque de ellos será la luna».

Moraleja de Manuel Ansede: «Si se endulza la píldora sugestiva, cualquiera puede creer cualquier cosa». Cerramos, finalmente, con una sentencia de Santiago Ramón y Cajal: «Amemos a la patria, aunque no sea más que por sus merecidas desgracias».

La Jornada