Telma Luzzani: «EE.UU. es consciente de que no puede enfrentar militarmente a Rusia»

La periodista y analista internacional desmenuza todas las derivaciones de la guerra ruso-ucraniana. La respuesta de occidente, el rol de China y el impacto en América Latina.

Por Daniela Ramos

A cinco días de iniciada la guerra en territorio ucraniano, el mundo y sus distintas regiones acusan el impacto. Mientras en Bielorrusia se llevan adelante las negociaciones para acordar una salida al conflicto, los líderes políticos se posicionan y asumen nuevas (e históricas) posiciones en el tablero.

Para analizar las repercusiones y entender un escenario siempre dinámico, hablamos con Telma Luzzani (foto), periodista y analista de política internacional con más de treinta y cinco años de trayectoria. En diciembre, y a propósito de un nuevo aniversario de la caída de la Unión Soviética, Luzzani publicó «Crónicas del fin de una era«, un libro que reúne sus crónicas desde Moscú y Kiev entre 1991 y 1993.

Daniela Ramos: ¿Crees que esta escalada bélica, y la avanzada de Rusia en particular, tomó por sorpresa a Occidente? ¿O estaba dentro de los cálculos?

Telma Luzzani: Yo creo que hubo algo de sorpresa, si bien con los equipos de inteligencia y las advertencias que había hecho Vladimir Putin ya podía pensarse un escenario parecido. Creo que nunca imaginaron el grado de convicción y efectividad de lo que hizo Putin. Una de las de las pruebas es que han quedado un poco paralizados y con una respuesta bastante pobre, en el sentido de que volvieron a reiterar las sanciones económicas y sumaron algunas otras, pero la verdad es que no han tenido una respuesta acorde a lo que se suponía.

Una de las sanciones que sí aprovecho para criticar es que no han permitido en Europa la emisión de Rusia Today (RT) y de Sputnik, que son un canal y una agenda de noticias de Rusia. Y esto me parece un atentado a la libertad de expresión, porque es el equivalente a que tuviéramos un conflicto en el Reino Unido y no permitiéramos que la BBC emita noticias. En general, las sanciones son tremendamente agresivas, porque afectan más al pueblo que a los dirigentes o a las élites, pero esta me parece que es un atentado a la libertad de expresión.

DR: En relación a la respuesta europea, Rusia ya denunció en varias oportunidades su exclusión del debate por un esquema de seguridad integrado para Europa. ¿Cómo puede llegar a evolucionar la relación entre Rusia y la Unión Europea a partir de este conflicto?

TL: Esa es una muy buena pregunta; por supuesto que no lo sé, pero puedo tener algunas hipótesis. Rusia tiene muy claro los puntos obligados de la negociación, en papel y firmado, porque varias veces Rusia padeció que no se cumplieran los acuerdos a los que habían llegado antes.

Entre esos puntos está el de la seguridad que acabás de nombrar, que tiene que estar aceptado sí o sí. Y el acuerdo por parte de Ucrania de que no va a ser parte de la OTAN, que no va a haber una presencia militar occidental —ni de armas ni de ningún tipo— en el territorio ucraniano. Eso me parece que es el mínimo que Rusia va a exigir. Si se llegan a cumplir esas condiciones, va a haber un muy buen acuerdo, incluso [Rusia] puede llegar a retirarse de las de las provincias autoproclamadas independientes. O sea: puede haber algún tipo de negociación, pero la exigencia es esa.

Y la pregunta que uno se hace es si [Volodimir] Zelenski, el presidente de Ucrania, tiene el poder y la decisión de tomar una medida de este tipo. Lo digo más claramente: si Estados Unidos y la Unión Europea le van a permitir al presidente ucraniano un acuerdo de este tipo, porque tengo la impresión de que el presidente es una especie de títere que actúa de acuerdo a las altas presiones, sobre todo de Estados Unidos. E incluso Europa también actúa según las presiones de Estados Unidos.

DR: Y en este sentido, ¿cuál es la apuesta de Estados Unidos? ¿Esto es una expresión de su declive hegemónico o más bien una demostración más de su poder de influencia?

TL: Yo creo que el hecho de que no haya habido una respuesta o amenaza del tipo militar, revela que Estados Unidos está muy consciente de que no puede enfrentar militarmente a Rusia. Es decir, Estados Unidos está consciente de sus limitaciones y de su declinación. La realidad es que las armas —por ejemplo, los misiles ultrasónicos que tiene Rusia—, la tecnología rusa en cuanto a algunas armas, Estados Unidos todavía no la alcanzó. Por supuesto que están muy conscientes de esto. Entonces no hay posibilidades de que haya un enfrentamiento.

El otro elemento evidente es que China está respaldando estas acciones. Rusia no las está haciendo sin haber avisado antes a China, sin algún tipo de luz verde de su parte. Estados Unidos se está enfrentando a una potencia militarmente superior, y encima respaldada por China. Sería suicida si intentara un enfrentamiento. Por lo tanto, a tu pregunta respondo que sí, que es una señal de la declinación de Estados Unidos.

El 4 de febrero, Xi Jinping y Vladimir Putin se reunieron en Beijing por los Juegos Olímpicos de Invierno, y ahí firmaron una declaración que es muy importante por lo que dicen en forma directa. Es una declaración para el Nuevo Orden Mundial, hay que leerla. En esta declaración está planteada la indivisibilidad de la seguridad desde la perspectiva de Asia, porque Rusia tiene una parte en Asia. Y China y el resto de los países del BRICS [Brasil, Rusia, India y Sudáfrica] estarían también incluidos. India, de alguna manera, acordaría. Fijate que se abstuvo en la votación de Naciones Unidas en contra de Rusia. Entonces, estamos viendo que ya hay un planteo de Nuevo Orden Mundial que es bastante diferente al actual, al occidental, al neoliberal. Y esto significa que sienten que la declinación de la potencia norteamericana es suficiente como para animarse a presentar esto, que desde ya se basa en la multipolaridad, no en la unipolaridad.

DR: Aprovechando tu mención de China: ellos plantearon su respaldo a Rusia por un lado, pero también la necesidad de una salida mediada. ¿Qué valoración haces de su posicionamiento?

TL: China tiene, como siempre, una actitud … no digo ambigua —es ambigua en la forma de proclamación, en la forma de la enunciación—, pero siempre plantea una cosa y otra más. O sea: una que es a favor de Occidente, de Ucrania y de sí misma; y otra favorable a Rusia. ¿Por qué? Porque, por ejemplo, Rusia no puede apoyar la autoproclamación de la independencia de una región y que China también lo reconozca, porque ellos mismos tienen un montón de zonas —los habitantes uigures, el Tíbet o Taiwán— que se autoproclaman independientes, y China no las reconoce.

Entonces, desde ya eso no lo van a aceptar, como tampoco lo podemos hacer nosotros, porque estaríamos aceptando que los kelpers o los habitantes de Malvinas autoproclamen un presidente y sean aceptados. Eso no lo podemos hacer. Pero, al mismo tiempo, [China] sí respalda este accionar sin decirlo con todas las letras. Por un lado, hay una parte de lo sucedido que no lo acepta y se adhiere a lo que dice la Carta de Naciones Unidas. Y por otra parte, respalda el hecho de que Rusia, como cualquier otro país del mundo, necesita garantías de seguridad.

DR: En relación a las integridades territoriales, Putin definió la conformación de Ucrania como un error de la Rusia comunista. ¿Se trata de una redefinición histórica?

TL: Creo que no, si bien admitió que Ucrania fue una decisión de Lenin —cosa que es real—. Uno puede interpretar que ahí está revisando algún tipo de estrategia, pero yo me inclino a pensar que no. Ahora bien, no lo puedo asegurar, porque la verdad es que no sé cuáles son los pasos subsiguientes de Putin.

Por eso vuelvo al principio: creo que si en las negociaciones llegan a un acuerdo firmado y con la certeza de que se va a cumplir, de que el territorio de Ucrania se mantiene libre de todo tipo de armamento occidental, yo creo que ahí, la cosa para. Pero la verdad es que no puedo saberlo, todavía tiene que correr mucha agua debajo del puente.

Sí entiendo que esta acción tan firme de Vladimir Putin expresa una decisión de ya no acordar con Occidente; desconfiar de Occidente y de la Unión Europea. Y va a tener mucho cuidado de cómo seguir avanzando. Por ejemplo: no cerró el gas que va a Europa a pesar de todas las provocaciones y de todos los insultos que recibió. O sea, hay actitudes que él podría haber tomado y no lo hizo, con lo cual es esperable que, si llega ese acuerdo de seguridad, no siga avanzando.

DR: Por último, ¿crees que habrá repercusiones directas para la región, para América Latina y la Argentina en particular?

TL: Seguramente, porque de hecho ya hay [repercusiones] económicas hoy, como el aumento de precio de los hidrocarburos. Hoy leía en un diario que, tal vez, puede haber algún tipo de discusión con el FMI, porque la verdad es que vamos a un mundo incierto, aunque esto se resuelva —que van a pasar varias semanas o meses hasta que suceda, hasta que haya cierta «normalidad»—. La realidad es que, entre tanto, el mundo vive un momento de estabilidad complicado, y hay un aumento de inflación general en el mundo. O sea que en ese mundo incierto, seguramente, vamos a tener repercusiones, tanto Argentina como América Latina. No repercusiones directas, pero sí estas repercusiones indirectas.

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