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Cualquier información se ruega hacerla llegar a la Asociación Anahí: Casilla de Correo 518 (1900) Tel/Fax: (054-0221) 4212681 Domicilio Legal: 30 Nº 1134. La Plata. República Argentina Web: http://www.asociacionanahi.org.ar Email personal de Chicha: mariaisabelchorobik@sinectis.com.ar |

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"En
la búsqueda de los nietos apropiados faltó decisión política de los
gobiernos"
Hace 32 años le arrebataron a su nieta y en lugar de sentarse a llorar, con
otras 11 mujeres decidieron fundar la asociación Abuelas de Plaza de Mayo,
que presidió durante varios años. Hoy, desde a la asociación Anahí, Chicha
no pierde las esperanzas de encontrarla.
Chicha Chorobik de Mariani sigue buscando a su nieta Clara Anahí
Por Horacio Aranda Gamboa
Como lo suelen hacer aquellas personas que con sus acciones de alguna manera
cambiaron el curso de la historia, María Isabel Chorobik de Mariani, entró
en la pelea por los derechos humanos de la mano de una supuesta casualidad
trágica.
Fue cuando un 24 de noviembre de 1976, mientras tejía una batita y esperaba
que su nuera, Diana Teruggi, le trajese a su nieta de tan sólo tres meses,
escuchó las detonaciones de los fusiles y los estruendos de las bombas que
una patrulla del Ejército dejaba caer sobre algún lugar de la ciudad de La
Plata y que le habrían de cambiar la vida de cuajo y para siempre.
–¿Recuerda que estaba haciendo cuando mataron a su nuera?
–Ese 24 de noviembre de 1976 en que matan a mi nuera Diana Teruggi y se
llevan a mi nieta Clara Anahí, estaba en mi casa porque me la traían para
que la cuidara. Estaba tejiendo una batita cuando empecé a sentir como un
bombardeo, pero creí que era en cualquier lugar menos en la casa de mi hijo.
Yo conocía su militancia pero no la intensidad de su compromiso. No sabía
por ejemplo que en la casa había una imprenta en los fondos.
–¿En que organización militaban?
–En Montoneros. Esa imprenta estaba en un lugar muy oculto, con un mecanismo
muy sofisticado, que no hubieran descubierto nunca si el que la construyó no
la hubiese entregado. A lo largo de tres días entregó todas las casas que
había construido.
–¿Supieron quién era esa persona?
–Sí, después me tocó desde Abuelas de Plaza de Mayo, como presidenta, sacar
al hijo de este hombre.
–Va a la casa, se encuentra con esa tragedia…
–Sí, escuché durante 4 horas el bombardeo y los autos, los tanques y
helicópteros que pasaban. A las 4 de la tarde paran los ruidos y a las 5 me
llamó mi madre para decirme que mi padre estaba enfermo y me pidió que fuera
y le dejé una nota a mi hijo. Al otro día me enteré en casa de mis padres,
escuchando la radio lo que había pasado. Volví a mi casa y me encontré a los
vecinos en la puerta porque esa noche me la robaron, la ametrallaron, se
llevaron todo menos un seguro de vida y el réquiem de Verdi que mi marido
había dirigido en el Colón.
–¿Qué es lo que sucede entonces?
–Y ahí empezó la búsqueda de datos de ellos. Yo creí que mi hijo había
muerto, recién después se pudo comunicar conmigo para avisarme que no había
llegado a la casa y lamentaba no haber muerto con Diana porque no quería la
vida así, sin ella y su hija. También creí que había muerto la nena.
–¿Cómo se entera de que la beba está viva?
–Camps me mandó decir por intermedio del rector de la Universidad de La
Plata que no la buscáramos, que había muerto y así lo creímos los primeros
días. Con mis consuegros fuimos a pedir los cuerpos de todos y no nos dieron
ninguno. En la Comisaría 5ª nos dijeron que no tenían noticias, decían que
no había ninguna nena, hasta que un día fue una chica a casa de mis
consuegros a decirnos que la tía de ella sabía que a la nena la habían
sacado viva y tanto mi consuegra como yo le dijimos “no, no, la nena murió,
estás equivocada”. Otro día me habló una amiga y me dijo que la nena estaba
viva, que se los había dicho el comisario de la 5ª, Sertorio de apellido. Me
fui, hable con él y me dijo que la nena vivía pero que lo iba a negar
siempre. Le pregunté donde buscarla y me dijo que fuera a la Regional. Ahí
me dijeron que no sabían nada y tampoco me quisieron dar el nombre del jefe,
20 años después me enteré que era Juan Fiorillo, uno de los que puso en su
auto a la nena ese día.
–¿Qué fue lo que pasó con Fiorillo?
–Tras otros 10 años logré que fuera preso a Marcos Paz pero lo mandaron con
prisión domiciliaria porque estaba enfermo. Él no quiso reconocer nada y se
llevó el secreto.
–¿Cómo fundaron Abuelas de Plaza de Mayo?
–El 1º de agosto de 1977 matan a mi hijo y yo seguí buscando a Clara Anahí,
hice de todo, hasta que llegué a un juzgado de menores donde me dieron la
dirección de Alicia de la Cuadra, que también andaba buscando un nieto. Me
fui a verla para proponerle trabajar juntas y me avisó que venía Cyrus Vance
de parte del gobierno norteamericano a ver qué pasaba con los derechos
humanos y que se iban a reunir todas las madres en la Plaza San Martín, y
fuimos el 21 de noviembre del ’77. Decidimos que después del acto nos íbamos
a reunir a escondidas y lo hicimos durante mucho tiempo.
–¿Que les aportó la lucha de Abuelas?
–Con el tiempo nos dimos cuenta de que nos mantuvo más sanas y jóvenes tal
vez porque no queríamos que los chicos se encontrasen con unas viejitas
decrepitas. No tuvimos tiempo suficiente para llorar pero tampoco para
envejecer.
–¿Cuál fue la relación con la Justicia por aquellos años?
–Con la Justicia trabajé siempre pero ahora estoy amargada y desilusionada
con ella porque vine a descubrir que si uno no aporta las cosas, nada se
busca y nada se encuentra.
–¿Se acercaron alguna vez a la Iglesia para pedir ayuda?
–Cada vez que íbamos al Vaticano le dejábamos al Papa Juan Pablo II una
carpeta, luego supimos que la tenía en su mesa de luz, yo creía que para
tratar de devolvernos algún chico, finalmente me convencí de que era para
aprender castellano. Hacíamos visitas a los juzgados y a las iglesias, hemos
ido a ver a los obispos, a los curas de barrio, a los capellanes pero nunca
conseguimos nada.
–Con el regreso de la democracia, ¿cambió algo en la búsqueda de los nietos?
–Sólo hubo un poco más de apertura. Una vez nos recibió Alfonsín y se enojó
al leer un escrito que le llevábamos: “Pero señora, ¿qué me está diciendo?
¿Que no hemos hecho nada?”, y le respondí “¿Qué chico hemos encontrado por
ustedes?”. Faltó decisión política y creo que eso tuvo que ver con el
sentido de la paternidad y la familia desde los orígenes de la Argentina. Ha
habido siempre apropiación de menores, los ricos le quitan los hijos a los
pobres, los de la colonia a los indígenas, el derecho de pernada en el
norte, tantas cosas que han hecho perder el sentido de lo que significa un
hijo en la familia.
–¿Cuáles son a su juicio las deudas pendientes en materia de derechos
humanos?
–La más grande es la falta de respuesta real sobre los desaparecidos, dónde
están y acabo de descubrir algo ahora, después de 32 años. En el cementerio
de La Plata cada NN tiene su tumba. A mí me costó 6 años de búsqueda saber
dónde había estado enterrado mi hijo antes de que lo tiraran al osario, y
toda esa información está.
–¿Por qué piensa que la Justicia no se ha encargado de eso?
–Creo que cada uno lo delegó en otro. El otro día me dijeron “este material
esta acá disponible”, pero yo no lo sabía y lo que uno no sabe que existe,
¿cómo va a pedirlo?
–Hace poco usted distribuyó una foto de su nieta por Internet, ¿cuál fue la
repercusión?
–Muy grande y ha sido una sorpresa, porque pensé que iba a circular sólo un
tiempo y sin embargo anduvo por todo el mundo y sigue dando vueltas. Además
me han llegado cartas de un montón de chicas que mandan sus datos para que
averigüe si puede ser Clara Anahí.
–¿Cuál es el balance que hace de la lucha de Abuelas?
–Se ha conseguido algo que es muy importante como el índice de abuelidad con
un análisis que antes no se hacia, los análisis mitocondriales, la
paternidad, el ADN, hay una cantidad de adelantos en el aspecto de la
genética y que va a servir en todo el mundo.
–¿Cómo se la imagina a Clara Anahí?
–Como los padres, muy inteligente y dedicada al arte o a las problemáticas
sociales. Cuando viene alguna chica lo primero que le digo es “perdoname
pero te voy a mirar cómo tenés tu oreja”, ella tenía el lóbulo separado, y
sé inmediatamente si pudiera haber una posibilidad ¡Me gustaría tanto
encontrarla!
–Si tuviera la posibilidad de decirle algo, ¿qué sería?
–Que la estoy esperando y que lo he hecho todo el tiempo pero no sentada
sino buscándola. Le diría cuánto la querían sus padres, lo que era para
nosotros y lo que significó tener que vivir sin ella hasta ahora.
Buenos Aires Económico. 23/10/08 | www.elortiba.org
Chicha
Mariani, fundadora de Abuelas y presidenta de la Asociación Anahí
"No se hace lo necesario para hallar a los
chicos"
Con 81 años, Chicha va a dedicar hasta el último día de vida para encontrar
a su nieta Clara Anahí, secuestrada en La Plata en 1976. Estuvo en Rosario
para ser homenajeada y dijo estar convencida de que el Estado "no puso ni
pone lo necesario para encontrar a los chicos desaparecidos".
Por Alicia Simeoni, 2006
"Estoy convencida de que el Estado no puso ni pone lo necesario para
encontrar a los chicos desaparecidos, algo así como lo que sucede con el
caso de Jorge Julio López. Se me ocurre pensar que hay mucha gente a la que
se le paga un sueldo buscándolo y no tienen logros", dijo a Rosario/12 María
Isabel "Chicha" Chorobik de Mariani, la fundadora de Abuelas de Plaza de
Mayo. A los 83 años y después de 30 sin descanso, Chicha Mariani continúa
buscando a su nieta Clara Anahí, secuestrada en La Plata en 1976, cuando
tenía 3 meses y de la casa de sus padres, a quienes mataron. El viernes
pasado esta Abuela fue declarada visitante distinguida de la ciudad a partir
de una iniciativa del edil socialista Juan Rivero. Mariani estuvo en Rosario
para asistir a la presentación del libro Chicha, la fundadora de Abuelas de
Plaza de Mayo, una biografía escrita por Juan Martín Ramos Padilla. "Tengo
que seguir buscando antes de quedarme del todo sin vista y ahora me voy a
empezar a cuidar. Necesito seguir buscando y luchando por restituir la
identidad a mi nieta". Muchos años atrás, en 1977, cuando con Alicia de la
Cuadra (otra abuela) fundó la organización, trabajó en equipo con mucha
fuerza pero además con "serenidad y planificación" explicó a este diario.
"Era necesario hacerlo así, y hasta 1989 encontramos 59 nietos", un logro
que -aún con lo que siguió haciendo la institución- le parece "mínimo". Y
señala una y otra vez que el Estado no hizo ni hace lo que debe para
restituir la identidad a "esas personas que son ciudadanos privados de su
historia y de la verdad".
Mataron a su nuera Diana Teruggi, secuestraron a su nieta de 3 meses el 24
de noviembre de 1976 cuando arrasaron la casa donde vivían en calle 30 entre
55 y 56 en La Plata y 8 meses más tarde asesinaron a su hijo Daniel. Esa
misma noche las bandas llegaron hasta su casa, pero ella y su esposo se
habían ido. El matrimonio de Diana y Daniel militaba en la organización
Montoneros y tenía una imprenta clandestina en la vivienda que en el 2004
fue declarada patrimonio histórico nacional y su mantenimiento de interés
provincial y municipal. Allí se conservan todavía las terribles marcas de
los disparos de Itakas y otras armas y desde 1996 funciona la Asociación
Anahí, el nombre de su nieta a la que sigue buscando.
-Se cumplieron 30 años del secuestro de Clara Anahí.
-Sí, yo tengo una larga vida de 83 años dividida en tres partes y uno de
esos tercios fue ocupado en la búsqueda de mi nieta. Hace 30 años de su
secuestro. Todavía no pude dar con ella, pero buscando a Clara Anahí llegué
hasta otra abuela que supe que tenía una nieta desaparecida, Alicia de la
Cuadra. Nos encontramos, decidimos buscar a otras abuelas que integraban
otros organismos y formamos Abuelas Argentinas con Nietitos Desaparecidos
que luego fue cambiado por el nombre de Abuelas de Plaza de Mayo, de la que
fui presidenta hasta 1989. Me fui por diferencias y unos años después, en el
'95, '96, mis compañeros de trabajo me plantearon que no desperdiciara la
experiencia realizada en Abuelas y así fundamos la Asociación Anahí, creada
para promover, sostener y defender la vigencia de los derechos humanos, la
reconstrucción y preservación de la memoria y la defensa de la niñez y la
adolescencia.
-Usted dice que planificaban las acciones de búsquedas.
-Van 30 años de desesperación, de búsqueda alocada y no alocada, porque lo
primero que pensé es que había que buscar con calma y sistemáticamente.
Utilicé mi experiencia como docente y jefa del departamento de estética del
Liceo Víctor Mercante de La Plata perteneciente a la universidad. Allí si
uno quería trabajar bien debía ser ordenado y concreto porque integraba un
plantel de 20 docentes. Esto me sirvió en Abuelas y ahora en la Asociación
Anahí. Armábamos organigramas con lo que había que hacer, programábamos la
visita a los jueces de a tres de nosotras para llevarles las demandas. La
carpeta con denuncias crecía cada vez más hasta que llegamos a encontrar 59
niños cuando yo renuncié y Abuelas siguió con este trabajo. Entonces me
dediqué a buscar a mi nieta y a otras personas cuya identidad no estaba
necesariamente deshecha por la dictadura, sino gente que es abandonada y
luego busca saber cual es su origen, quiénes son sus padres. En eso
trabajábamos también en la Asociación Anahí desde 1996.
-¿Cómo evalúa los logros en las acciones por el encuentro y la restitución
de tantos niños secuestrados?
-Los chicos que están denunciados son muchos, pero hay también otros que no
fueron denunciados por distintos motivos. A veces los abuelos viven muy al
interior y no han llegado a conectarse. Además también influyeron el miedo,
la ideología. Me consta que hay chicos sin denunciar y que los casos
deberían llevarse a Abuelas pero hasta ahora las familias no aceptaron. La
cantidad se sigue calculando en 500 pero son más. Cuando me fui habíamos
localizado 59 y se siguió. Sin embargo creo que el logro es muy mínimo y que
el Estado no puso lo que debía poner para encontrar a estos chicos que son
ciudadanos desaparecidos. Hay gente que sigue pensando 'Y bueno, ya
crecieron, están por ahí, los quisieron, les dieron de comer'. Pero son
personas secuestradas, desaparecidas, con una vida y no hablo del pasado
sino también del presente. A veces pienso que a Julio López también hace 3
meses que lo están buscando y no lo encuentran y me pregunto: `Tanta gente
dedicada a buscarlo, a los que se les paga un sueldo, ¿qué hacen?'. También
pienso en lo que hicimos y hacen Abuelas, se recorren todos los puntos y
conseguimos algunos logros. Entonces ¿no puede el Estado trabajar con todas
sus fuerzas devolviéndoles la vida y la identidad a estas criaturas.
¿Tenemos que hacerlo las viejas que ya nos estamos muriendo?
-Se podrían hacer más cosas para encontrar a los chicos.
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-Por supuesto que sí. Sólo que desde el Estado no se ponen a buscarlos y
creen que los demás tienen que hacerlo y no ellos, pero es el Estado el que
tiene ese deber, se trata de ciudadanos a los que se les robó su identidad
y, en el caso de López, de un desaparecido. Esto va también para el actual
presidente Néstor Kirchner, tiene que buscar, preguntar. Él es el comandante
de las Fuerzas Armadas y si se pone firme y exige que le digan donde están
los niños, que los militares saben dónde están, algo se conseguirá. Porque
él es su jefe. Eso es lo más elemental que pienso.
-¿Hay nuevos indicios sobre el paradero de su nieta Clara Anahí?
-Este año avancé bastante, fue un período repleto de datos y movimientos, de
gente que nunca habló y ahora lo hizo. Treinta años a la espera de algunos
testigos que ahora llegaron. Creo que estoy en buen camino pero luchando
siempre contra la inutilidad de los miembros de las Fuerzas Armadas y
policiales que van a la Justicia con los viejos y perimidos discursos y
están produciendo falsos testimonios. No sé qué les puede costar más
adelante. Siguen diciendo que mi nieta murió y está completamente comprobado
que fue sacada viva de su casa en La Plata. Yo lo supe siempre pero había
muchas personas que sabían y callaron. Ahora están hablando. ¡Si en algún
momento hasta me la quisieron vender!, pero no llegué hasta ella. El
diplomático que me ayudaría a salir del país con la nena fue a preguntarle a
(Ramón) Camps si era cierto y por supuesto se terminó todo: la entrega, el
negocio de ellos y toda mi esperanza.
-¿Qué reflexión tiene en cuanto a la situación de las organizaciones que
trabajan en el área de los derechos humanos, la dispersión y las divisiones
que existen?
-Desde hace años se produjeron diferencias que son muy lógicas. Eramos
personas que trabajábamos juntas, llegadas de distintos lugares y con ideas
dispares. Convivimos durante años, todos los días, y surgieron las
diferencias y las asperezas. Ocurrió en todos, también en Abuelas y en
Madres en la que hay dos líneas. Cuando me fui yo no quise hacer nada porque
el respaldo a los niños restituidos debía continuar muy firme en la
institución y era muy feo dividir. Pasaron muchos años hasta que después
creamos la Fundación Anahí con objetivos distintos. Mucha gente piensa que
somos Abuelas línea-fundadora pero no es así.
-Y en cuanto a la relación con el Estado y los gobiernos.
-A mi modo de ver los organismos deben estar separados de líneas
partidistas. No se puede atar las organizaciones a compromisos partidarios o
económicos, sea el que sea. Pero esto no siempre es así. Son 30 años de
lucha y trabajo, hay cansancio y cambio de orientaciones en los organismos.
Yo no juzgo a nadie, ni a los que traicionaron a sus compañeros en los
campos de concentración, tampoco a los organismos. Pero me gustaría que se
hubiesen superado las diferencias porque de lo contrario cada uno va por su
propio camino cuando se deben aunar todos los esfuerzos.
-¿Qué le produjo escuchar a Hebe de Bonafini cuando desapareció Julio López
y habló de un complot para perjudicar al presidente Néstor Kirchner?
-Admiré mucho a Hebe porque fue muy valiente, estuve muy cerca de ella al
principio, después nos separamos para siempre pero nos respetamos
mutuamente. No entiendo porqué dijo todas esas cosas. Tampoco comprendo el
acercamiento al gobierno, nunca lo hubiera esperado de ella. Puede tener
toda la simpatía o amistad sin tener que jugar en lo público. Pero bueno
Hebe es Hebe.
-¿Y sobre la situación integral de la vigencia de los derechos humanos?
-Se habla mucho de los derechos humanos, está todo en un mismo punto. Yo soy
crítica respecto de algunas situaciones, como las que se producen alrededor
de los planes sociales al estilo del que fue el Trabajar. Esa es una forma
de implementar el no trabajo que es sagrado. Uno de los valores que tiene
una persona es su trabajo. Los hijos se van, no son nuestra propiedad. Los
padres también, pero el trabajo es el resultado de todo lo que uno pone. Me
parece fundamental que la gente tenga trabajo, sepa qué es, gane su dinero y
no lo haga con la firma de un papel. Claro que es imprescindible ayudar a la
gente en una situación de miseria como vive pero hay que crear nuevas
fuentes fundamentalmente y que aparezca de nuevo la cultura del trabajo.
Fuente: Página/12, 25/12/06


Chicha
Mariani: "Me robaron todo...¿cómo tener miedo?
Por Lalo Painceira
El 12 de agosto, Clara Anahí Mariani Teruggi cumplió 30 años.
Exactamente lo que lleva de secuestrada y el tiempo de búsqueda de su
abuela, Chicha Mariani. Su nieta fue robada el 24 de noviembre de 1976
por las fuerzas de la dictadura como parte del "botín de guerra" después
de arrasar y saquear la vivienda en la que vivía el matrimonio
Mariani-Teruggi, en donde funcionaba una imprenta oculta. "Yo busco a
alguien que vive; no se puede perder tiempo", sigue clamando Chicha
mientras trata de apurar la marcha de la Justicia.
"Siempre supe que estaba viva". Lo dice así, categórica, con una voz
pausada que no alcanza a disimular su indoblegable carácter ni la
fortaleza de sus convicciones. María Isabel Chorobik de Mariani,
conocida por todos como Chicha Mariani, fundadora y primera presidenta
de Abuelas de Plaza de Mayo, enfrentó con un admirable coraje a la
dictadura desde el 24 de noviembre de 1976, cuando desapareció su nieta
de 3 meses y medio, después del desproporcionado y brutal ataque de las
fuerzas represivas contra una vivienda en la que funcionaba la imprenta
de Montoneros.
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En ese momento estaban en la casa de calle 30 entre 55 y 56, cuatro jóvenes: Diana Esmeralda Teruggi de Mariani, de 25 años, a una materia del título de Letras en la Facultad de Humanidades; Daniel "Gulliver" Mendiburu Eliçabe, de 24, estudiante de Arquitectura; Roberto Porfidio, de 32, profesor de Literatura y Juan Carlos Peiris, de 28, antenista de oficio. Los cuatro fueron asesinados después de resistir heroicamente por tres horas y media, defendiéndose del ataque de más de 100 profesionales de la guerra, que portaban un armamento poderoso, desde el simple de mano, como pistolas, ametralladoras y los FAL, hasta granadas Energa, blindados, artillería liviana, helicópteros. De los cuatro, sólo surgen datos que permiten asegurar que Diana fue asesinada por la espalda, en el patio trasero de la vivienda y muy posiblemente, llevando a su hija en brazos. Esto se afirma en función de los testimonios brindados por quienes atacaron la casa, ya que ese día murieron todos sus habitantes adultos.
Pero en esa cacería brutal, hubo una
sobreviviente: la pequeña hija de Diana que tenía sólo tres meses y
medio. Se llama Clara Anahí y fue robada. Desde entonces permanece en
manos de sus captores. Su papá y dueño de casa, Daniel Mariani, 28,
licenciado en Economía, se encontraba ese 24 de noviembre en Buenos
Aires, pero el 1 de agosto de 1977 murió acribillado a tiros al ser
emboscado por las fuerzas de la dictadura en una vivienda de nuestra
ciudad.
El primer paso
Chicha se enteró de lo sucedido en calle 30, "escuchando radio Colonia,
al otro día. Yo había viajado a City Bell para visitar a mi padre que no
andaba bien de salud y casi me muero. No dieron los nombres pero por la
descripción, me di cuenta que era donde vivían Daniel y Diana. Y me
largué a La Plata desesperada porque las primeras noticias decían que
entre los muertos estaba el matrimonio dueño de casa. Pasé primero por
mi casa, en calle 44 y 21, y también la habían saqueado y baleado. Los
vecinos me dijeron que la noche anterior había pasado una patota de los
represores. Ametrallaron la puerta y entraron, cargando todo en un
camión. Me rompieron lo que no pudieron llevarse. De allí me fui a lo de
Mario Teruggi y Kewpie, los padres de Diana, y los tres marchamos a la
comisaría 5ª, porque era la que correspondía a la casa de calle 30. Un
oficial sumariante nos dijo que no había sobrevivientes entre los
habitantes de la casa y que no tenían registrada la presencia de
menores. Cuando Mario pidió el cuerpo de Diana, el policía le respondió
que el cadáver estaba totalmente carbonizado, que no era identificable y
que se encargarían de enterrarla ellos como NN. Después nos enteramos,
cuando se recuperaron los archivos de la Dirección de Inteligencia de la
Policía de Provincia, que sabían perfectamente quién era, pero lo mismo
la enterraron a los pocos días como NN".
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"Clara Anahí, mi chiquita, hoy 12 de agosto es tu cumpleaños. Cumples 5 años, mi vida, y yo solo puedo imaginarte". "Hace cuatro años y nueve meses, oscuras fuerzas te llevaron. Eras apenas un bebé con batita rosa, con una boca grandota que reía y reía, y unos ojitos espiones que buscaban ansiosos las caras de papá y mamá, para reír al estar llena de amor. ¡Y cómo reías cuando yo te cantaba el arrorró, tan desafinada como siempre! La familia, gozosa, opinaba que demostrabas muy buen oído y gran inteligencia". "El espanto, el horror, aquél 24 de noviembre de 1976. Los tiros, la muerte…y desapareciste. Te llevaron solita. Tenías tres meses. El tiempo se detuvo. Nunca más la vida". "Te he buscado, mi Anahí, sin descanso. Por sobre el desgarrante dolor de mis muertes, ignorando las armas, las amenazas y las injurias, te busqué un día y otro día y otro, y un mes y muchos meses. Un año y muchos años. Apretando los dientes, quemándome las lágrimas, con rabia y desesperación; estallando el corazón, pensaba en tu primer dientito, en tus primeros pasos. Crecías y yo debía encontrarte ya mismo, enseguida". "Fui imaginando tus primeros vestiditos y tus muñecos y el Jardín de Infantes. Y no te puedo encontrar, mi chiquitita: ‘Se ignora tu paradero’". "Te compro muñecas, ¿sabes? Las tengo en cajas que ya tuve que cambiar por otras más grandes. Se acumulan muñecas, y no te encuentro. Te busco sin descanso, ¿Qué hicieron con mi bebita, con mi Anahí? ¿Dónde estás? Tengo que apurarme, tengo que encontrarte antes que sigas creciendo lejos de mí, de lo que queda de mi familia. Todo mi tiempo y las energías que me quedan, son para buscarte. Te encontraré un día, pero por Dios, que sea pronto". "Te encontraré, Anahí mía, no temas. Tu abuelita te reconocerá porque te lleva en la sangre. Sos la hija de mi hijo muerto". "Y sus ojitos, mi amor. ¡Quisiera tanto que no guardes la visión del horror! Que no haya quedado en tu interior el ruido de la metralla, el grito de la muerte de Diana, tu maravillosa madrecita". "Dios, si estás ahí, escuchame: diles que me devuelvan a mi nieta. Ayúdame a no odiar, porque no sé si son hombres o hienas los que se la llevaron indefensa, con su pañal y su batita rosa. "Y a mi Anahí dile, por favor, que su abuelita está aquí, buscándola, arañando puertas herméticas. Que la encontrará un día, que no tenga miedo. Díselo, por favor, para que no asome esa infinita tristeza a sus ojitos cuando esté sola, cuando le roce el recuerdo lejano del despojo". "Anahí mía, mi chiquitita, espera un poquito más. Estoy buscándote. Mientras llego, ¿sientes que te abrazo? ¿Oyes no sólo un corazón, sino tres latiendo juntos, bendiciéndote?". "Anahí, Anahí mía, Anahí nuestra, confía, ya nos encontraremos. Confía en tu abuelita que se ha convertido en acero para buscarte, pero que volverá a ser nido y tibieza cuando te encuentre, chiquitita mía". N. de la R: Esta carta, que fue escrita por Chicha Mariani en 1981 cuando Clara Anahí cumplió cinco años, es lanzada el 12 de agosto de cada año con globos blancos para que llegue a destino |
Retoma el relato de los pasos iniciales
de la búsqueda de Clara Anahí: "cargando en el alma ese padecimiento
inimaginable, los tres volvimos a la casa de los Teruggi en donde me
quedé por unos días. Mario, que ya murió y que era un científico
eminente, llamó al entonces rector de la Universidad, Guillermo Gallo,
para que averiguara lo que había pasado con la nena. Gallo le encomendó
al decano de Derecho, doctor Ves Lozada, que hablara con el entonces
coronel Ramón Camps, jefe de la Policía de la Provincia, que además
había comandado en persona el ataque a la casa de los chicos junto a su
segundo, Etchecolatz. La respuesta que recibieron y que nos
transmitieron, fue que la nena había muerto. Y nos quedamos los tres con
ese dolor enorme que compartimos. A los dos días pasé por la casa de
calle 30 y lo que encontré fue desolador. Todavía había policías y me
dejaron entrar. Se habían llevado todo y parecía un basural. Me dijeron
que habían muerto todos los que estaban en la casa. Sin embargo, cuando
me iba, aguantando el llanto, se acercó una chica del barrio y me dijo
que la nena estaba viva. Que una tía de ella había visto cómo se la
llevaban. Me ilusionó, pero después no pensé más en eso, temiendo que no
fuera cierto".
No obstante, la sangre se hizo escuchar y el ritmo de su pulso se
convirtió en golpes y ansiedad. Chicha empezó a dudar. ¿Por qué no podía
ser cierto? Y si lo era, ¿en dónde estaba Clarita? No dijo nada y
decidió volver a su casa de calle 44. A las pocas horas de llegar tuvo
que soportar otra visita de la patota. La encerraron en un cuarto, la
amenazaron y la interrogaron. El objetivo era amedrentarla, pero como
ocurrió en los otros intentos, no la atemorizaron. Chicha se quedó en su
casa tratando de acomodarla, de transformarla nuevamente en habitable,
de reparar lo roto o sustituirlo, encontrar papeles, documentos,
recortes valiosos sobre su marido, reconocido director de orquesta que
se encontraba trabajando en Italia. En ese momento de plena limpieza, la
llamó una colega de la docencia "y me dijo que nos encontráramos. Fui a
verla y me contó casi en secreto que el comisario Sertorio, jefe de la
comisaría 5ª, le debía grandes favores a su esposo. Que lo fuera a ver
de parte de él, que por ahí tenía novedades. Y le hice caso. Sartorio me
recibió y me contó en privado, lamentablemente sin testigos, que Clarita
vivía. Que tenía que ir enseguida a la Unidad Regional y que preguntara
por la nena, no por su nombre, porque ya tendría otro, sino por la
ropita que llevaba puesta. Lo hice, pero en la Regional negaron todo y
dijeron que no sabían nada".
Y hace un silencio para calmar su ansiedad. Porque no hace mucho se
enteró que aquél primer impulso, buscando a su nieta, está íntimamente
ligado con el último paso, como si su búsqueda estuviera llegando al
fin. Porque aquél envío a la Unidad Regional, hoy cobra otro valor. Y
debe ser cierto que el fin no debe estar tan lejos porque los ex
represores y sus cómplices, de golpe se han puesto inquietos. Tanto como
para hacerlos pasar un burdo papel con amenazas por debajo de la puerta
de calle 30: "Mariani – Teruggi, Montoneros, Están bien muertos",
firmado de manera ignota, anónima, como si no se supiera quién envió el
burdo mensaje, esa mano de obra desocupada y en libertad gracias a los
decretos de Obediencia Debida y Punto Final, hoy anulados.
¿Último paso?
Como se ha difundido con amplitud en todos los medios, Chicha Mariani
logró sentar de nuevo frente a los jueces, al represor y ex comisario
Miguel Etchecolatz, segundo de Ramón Camps en tiempos de la dictadura.
Se lo acusa de haber participado en el asesinato de Diana Esmeralda
Teruggi. Paralelamente a este juicio, en otro juzgado federal de nuestra
ciudad, el doctor Arnaldo Corazza instruye una causa relacionada al
ataque que el 24 de noviembre de 1976 se perpetró a la casa de calle 30.
Ya hay dos detenidos: a uno se lo vincula con la muerte de Diana y al
otro, a la desaparición de Clara Anahí. En el entrecruzamiento de datos,
averiguaciones últimas y la aparición de nuevos testigos, surgieron
elementos que acorralan a quienes robaron a Clara Anahí.
Chicha logró contarlo en el juicio a Etchecolatz, en una larga
declaración ante los jueces Carlos Rozanski, Horacio Insaurralde y
Norberto Lorenzo en donde dio hasta el nombre y el apodo del oficial de
policía que se había llevado a Clarita. Estas novedades que habrían
surgido en la causa que se instruye en otro juzgado federal, involucran
a dos altos jefes policiales en tiempos de la dictadura, hoy retirados.
Uno, que cumple detención domiciliaria al tener 74 años, cuenta una
larga historia represiva. Se trata de Juan Fiorillo, que se retiró
ostentando el más alto cargo en la policía provincial. Como recordó la
página web de Clarín del 31 de mayo pasado, se lo acusó en 1962 de ser
uno de los responsables en el caso Felipe Vallese, el primer
desaparecido. Así también consta en la investigación realizada en
aquellos años por Rodolfo Ortega Peña y Eduardo Luis Duhalde, y que
luego publicaran en un libro imperdible, "Felipe Vallese", a mediados de
esa década. También se lo acusa en la misma nota, de haber integrado la
Triple A en 1974 y a partir del 76, haber dirigido en nuestra región,
los terroríficos COT (Comandos de Operaciones Tácticas) o grupos de
tareas.
Cuando se le recuerda a Chicha el homenaje recibido, cuando subió al
estrado llevada del brazo por una compañera debido a sus problemas de
visión, sonríe. El público, que colmaba el salón dorado de la
Municipalidad en donde se realiza el juicio a Etchecolatz, se puso de
pie para aplaudirla. Fue un reconocimiento a su coraje y a su lucha
contra la dictadura en los años de fuego. "Eso me dio coraje para hablar
tanto", bromea. Sin embargo, allí contó un dato fundamental: "Yo sé
quién tiene a mi nieta o sabe a quién se la entregó: es el comisario
CG". (ella dio el nombre, el apellido y hasta el apodo, pero deben
omitirse en la publicación al no estar todavía imputado por la
Justicia).
¿Quién es CG? Un policía íntimamente vinculado a Fiorillo en ese tiempo.
En la causa que se sigue en el juzgado del doctor Corazza, el otro
detenido es el que era chofer de Etchecolatz en épocas de la represión,
además de pertenecer a su grupo de confianza. Tanto él como Fiorillo, se
declararon "ajenos" a los hechos que se les imputan.
A Fiorillo y CG se los relaciona con la desaparición de Clara Anahí
Mariani Teruggi a partir de la declaración de un nuevo testigo. Este
hombre, que se acercó recién ahora, observó en la tarde el 24 de
noviembre de 1976 en la esquina de 51 y 30 cuando un oficial de policía
le entregaba a otro colega, que estaba al volante de un móvil de la
repartición, un bebé. Cuando notaron que alguien los estaba mirando, lo
amenazaron con armas y lo hicieron alejar. Hace un mes, ese hombre
reconoció fotográficamente a CG como el oficial corpulento y morocho que
recibió a la nena y que partió a toda marcha para tomar calle 31.
Una mujer, vecina del barrio, también se decidió a hablar. Lo hizo ante
los jueces confirmando que ella vio cuando un policía sacaba a la nena
en brazos y trepaba a un auto para partir velozmente por 30 hacia 51.
Los dos tuvieron el coraje de hablar. ¿Cuántos vieron lo mismo o más y
todavía callan? El miedo a la dictadura que impuso un plan de tortura y
exterminio de los que resistían y el robo sistemático de bebés, todavía
hace sentir su influencia.
El
24 de noviembre del ’76, un bombardeo de cuatro horas a una
casa de la calle 30 mantuvo despierta a toda La Plata. Al
frente del operativo del Ejército, la Policía Bonaerense y
la Armada estaba el comisario Miguel Etchecolatz. Tenía
entonces cuarenta y siete años y ya era conocido como la
mano derecha de Ramón Camps. Su blanco de esa noche era la
vivienda de Daniel Mariani, un economista de veintiocho
años; de su mujer, Diana Teruggi (26) y de la hija de ambos,
Clara Anahí, de dos meses. En el lugar funcionaba oculta una
imprenta montonera, aunque con la apariencia de una fábrica
de conejo en escabeche. Bajo el ataque del grupo
paramilitar, la casa fue acribillada hasta que las paredes
quedaron negras por la pólvora de los disparos y el humo de
las bombas. Menos Mariani, que ese día estaba ausente, los
adultos que estaban dentro –tres hombres y Diana– fueron
muertos. Diana intentó huir por el patio del fondo con su
niña en brazos, pero fue ametrallada. Cayó junto a un
limonero, protegiendo con su cuerpo el de la beba. Se sabe
que un policía se llevó viva a Clara Anahí; su abuela Chicha
todavía la busca. En el lugar quedaron solamente cuatro
cuerpos carbonizados por una última bomba de fósforo. Para
borrar todo dato que vinculase a Clara Anahí con sus
orígenes, su madre fue ingresada a la morgue como NN;
después sería asesinada su obstetra. La muerte de Diana es
uno de los ocho casos por los que ayer comenzó a ser juzgado
Etchecolatz, en el primer proceso oral y público contra un
represor luego de ser anuladas la obediencia debida y el
punto final. |
¿Cerca del final de la historia?
Como se sabe, esta historia comenzó el 24 de noviembre de 1976 a
mediodía, en calle 30 entre 55 y 56, una cuadra de barrio, con veredas
arboladas pero angostas, para dar lugar a las zanjas que acompañaban en
su tendido a la calle de tierra. Seguramente a la hora de almorzar la
cuadra estaba vacía, en silencio, con los sonidos familiares de cada
vivienda. En 30 Nº 1134/36, cuatro jóvenes almorzaban. Fue entonces
cuando se les advirtió por parlantes que se entregaran y a los pocos
minutos, casi sin dar tiempo a acatar la orden, se desencadenó un ataque
feroz, desproporcionado, llevado a cabo por más de cien militares y
policías contra esa casa.
No buscaban un arsenal de guerra, tampoco una "cárcel del pueblo". El
objetivo era localizar una imprenta en donde se editaba "Evita
Montonera", y escribirlo sumerge en la historia de las primeras luchas
obreras de fines del siglo XIX, de anarquistas y socialista, cuando se
perseguía la difusión de las ideas, a las que la burguesía temía más que
a las armas. Pero el tiempo había transcurrido y Montoneros y sus
imprentas fueron legales hasta un año antes del ataque. Lo fueron
durante el gobierno de Cámpora y el del general Perón, exactamente hasta
fines de 1974 cuando, enfrentándose al gobierno de Isabel y a la derecha
peronista encaramada en el poder, pasó por propia voluntad a la
clandestinidad. Recién en 1975, la pusilánime Presidenta que manejaba
López Rega, la declaró ilegal.
Por eso, Montoneros empezó a proteger sus
imprentas y a ocultarlas, como en la casa de calle 30. Allí vivía el
matrimonio compuesto por el licenciado en Economía Daniel Mariani, con
chapa en la puerta de calle que lo acreditaba, y Diana Esmeralda
Teruggi. Tenían una hija de tres meses y medio y una pequeña fábrica, en
el mismo domicilio, de escabeches de conejo que en realidad, era una
cobertura para justificar el movimiento de la casa. A la imprenta se
accedía por un sofisticado mecanismo disimulado en un bajo mesada de un
galpón trasero.
La casa fue arrasada y cargaron en los camiones hasta los pisos y los
techos. Todo. Parte de ese botín fue Clara Anahí, que en este agosto
cumple 30 años. No lo sabe, pero está en manos de sus captores. Chicha
está ansiosa. Aquella primera visita a la Unidad Regional preguntando
por la nena y los testimonios actuales, tienen que ver. También importa
la reacción de los ex represores que renovaron sus amenazas. "He sufrido
tantas, que no me dan miedo" y agrega: "yo tengo toda mi confianza en el
juez Arnaldo Corazza y cómo está llevando el caso. También en la Cámara
Oral que juzga a Etchecolatz. Él dirigió, junto a Camps, a las fuerzas
que atacaron la casa de la calle 30. Hoy tengo confianza".
Y lo dice quien ha sufrido muchos desengaños por haberse entusiasmado
por casos en los que creyó llegar a Clara Anahí. "En cada uno pensé que
llegaría a Clarita. Siempre tuve la esperanza y por eso el golpe fuerte
de cada desengaño. Ahora no. Quiero dejar la mente limpia para lo que
venga".
Reconoce que no sabe "si CG tiene a la nena, a quién se la dio. ¿Será
alguien tan poderoso al que las autoridades no pueden llegar? Porque
llevamos más de 20 años de vida democrática y ningún gobierno pudo
localizarla ni a Clarita ni a otros muchos chicos robados. Parece que
Clarita estuviera en un lugar que no se puede tocar".
La ansiedad que siente ahora le hace reconocer que "me siento con 30
años menos. Tengo ese entusiasmo. Hay tantos datos nuevos que manejamos,
datos que se comprueban, que me rejuvenecieron. Por eso no temo. El otro
día me llamaron por teléfono y pasaron toda una conversación que uno de
los chicos que trabaja en la Asociación había mantenido con otra
persona. Era intrascendente. Pero me mostraban que nos están espiando y
siguiendo".
Y Chicha concluye con la firmeza que la caracteriza: "Nunca les tuve
miedo. En los tiempos de la dictadura, sí sentía desesperación cuando
escuchaba en las noches las itakas y los tiros porque sabía que los
destinatarios eran siempre nuestros jóvenes… Me han robado todo. No
puedo sentir miedo".
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Clara Anahí cumple 30 años en cautiverio
Clara Anahí Mariani cumple 30 años el 12 de agosto. Fue secuestrada y
desaparecida por la dictadura cívico militar el 24 de noviembre de 1976,
después de asesinar a su madre Diana E. Teruggi de Mariani en su casa de
la calle 30 Nº 1134 de la ciudad de La Plata. Ocho meses después
asesinaron a su papá Daniel E. Mariani, también en La Plata.
Clara Anahí tenía tres meses de edad y desde entonces la dictadura
ocultó su destino a pesar de nuestra tenaz e incansable búsqueda en el
país y en el exterior. Recurrí a la justicia, los gobiernos, la iglesia,
entidades, políticos, pero nunca tuve respuestas.
Hoy hago un pedido mas a quién tenga información sobre mi nieta. No
tengo dudas que hay quienes saben y ocultan el destino que le dieron
quienes la secuestraron y la mantienen en cautiverio.
Como todos los años, este 12 de agosto nos encontraremos a las 14.30 hs.
en la Casa Mariani-Teruggi (calle 30 Nº 1134 de La Plata) para
conmemorar su cumpleaños con un suelta de globos, uno por cada año
cumplido. Esta vez, caminaremos unas cuadras siguiendo el camino por el
que ahora sé que se la llevaron.
Espero que una vez más me acompañen en este nuevo pedido de noticias de
mi nieta.
María Isabel Chorobik de Mariani
Tel.:(0221) 421 2681
E-mail:
mariaisabelchorobik@sinectis.com.ar
Chicha
"Tantas veces he querido tomarme un descanso"
Fue un largo suspiro: "Ahhh.... Es tan difícil...". Parecía aflojar. El
Presidente del Tribunal que juzga a Etchecolatz, tan cálido y correcto
como siempre, intervino: "Señora de Mariani, ¿desea tomarse un descanso
y que reanudemos después de un cuarto intermedio?". Chicha contestó
rápido y con tono reflexivo: "Tantas veces he querido tomarme un
descanso y nunca lo he tenido. Puedo seguir".
Y siguió declarando con la fuerza que acumuló durante estos 30 años y
que forjó junto a las Abuelas de Plaza de Mayo: "Éramos sólo doce. Yo
era un llanto continuo y las veía a ellas tan serenas que me decía:
tengo que ser como ellas". Y lo es. Y lo fue ante el Tribunal:
Incansable como una Abuela, porque "tengo demasiada información y quiero
contarla hoy".
Tierna como una abuela, cuando orgullosa dijo que "mis hijos" hacían
escabeche de conejo "con mi receta".
Valiente para acusar a los genocidas de "no haber tenido nunca la
valentía de decir una verdad".
Memoriosa e irónica: "Los curas católicos me alejaron de la religión.
Fui dieciocho veces al Vaticano y el Papa nunca hizo nada. (...) Creo
que Juan Pablo segundo practicó el castellano con nuestra carpeta".
Precisa para describir el rostro de uno de los represores que la
"visitó" en su casa y que recién supo quién era cuando tomó notoriedad
por el caso de María Soledad Morales: "La cara de ese hombre no se me
olvidó nuca", dijo en referencia a Luis Abelardo Patti.
Cuando su testimonio no era lineal, cuando sentía que juntaba las cosas
y que era confusa, explicó con sabiduría: "En la casa de 30, la sangre
de los chicos está mezclada en las paredes... Entonces no puedo
separar".
Valiente: "Yo acuso a Etchecolatz. Lo acuso de la muerte directa de mi
nuera, de la desaparición de mi nieta, de lo que ha significado para
ella 30 años de estar viviendo en la ignorancia de su identidad y
también lo culpo del sufrimiento que he padecido y que ha padecido mi
familia durante estos 30 años".
Ilusionada: "Clara Anahí cumple 30 años el 12 de agosto y tengo una
esperanza. No me puedo dar el permiso de morir: tengo que encontrar a mi
nieta".
La vimos tan serena... Aplaudimos fuerte.
Carlos Sahade
LOS ATACANTES
El 24 de noviembre de 1976 participaron del ataque a la casa Mariani –
Teruggi, las siguientes fuerzas militares: Regimiento 7 de Infantería y
X Brigada de Infantería. Fuerzas de la Policía de la Provincia:
comisaría 5ª, Regional IV, División de Investigaciones, Cuerpo de
Infantería Motorizada. Además había integrantes del Comando Táctico
Operacional (COT), de Gendarmería, Paramilitares y del Cuerpo de
Bomberos.
Fue tal la magnitud del ataque que lo dirigió personalmente el jefe de
la Policía, ex coronel Ramón Camps y su hombre de confianza, ex
comisario Miguel Etchecolatz, jefe de la División de Investigaciones de
la Provincia. Pero además se hicieron presentes los más altos jefes
militares de la región: generales Carlos Guillermo Suárez Mason y Adolfo
Sigwald y el coronel Carlos Alberto Presti.
Entre los jefes policiales, estuvieron el ex comisario Osvaldo Sartorio,
comisario mayor Miguel Ioppolo, entre otros.
Fue considerado, por su magnitud y la cantidad de efectivos utilizados,
el mayor operativo realizado en La Plata.
Fuente: La Pulseada
T.E.: (0221) 453-2516
lapulseada@lapulseada.com.ar
59 N°1515 e/25 y 26 - La Plata
www.lapulseada.com.ar
"Sueño
con encontrar a mi sobrina y poder abrazarla"
Bernardo
Teruggi perdió a su hermana en 1976, víctima de un insólito operativo
que incluyó bazucas y tanques. La casa como memoria viviente. La culpa
de Etchecolatz.
Una vez más Bernardo Teruggi recorre la casa en donde el 24 de noviembre
de 1976 Miguel Etchecolatz junto a miembros del ejército y la policía
bonaerense perpetraron uno de los más escalofriantes actos represivos
ocurridos durante el último proceso militar. Aquella noche se encontraba
en la casa de 30 entre 55 y 56 de la ciudad de La Plata, Diana Teruggi
(hermana mayor de Bernardo), su hija Clara Anahí Mariani de tres meses
de edad, actualmente desaparecida y al menos tres personas más que
murieron después del ataque.
TIROS
"Recuerdo que a las siete de la mañana sonó el teléfono, ahí nos dicen
que habían atacado la casa donde estaba mi hermana, enseguida nos dimos
cuenta de que los tiros que habíamos escuchado la noche anterior eran
los de la casa. Mi padre fue a reconocer el cadáver pero no se lo
mostraron. Solamente le dieron el documento de identidad", recuerda
Bernardo.
La casa conserva los signos de la desproporcionada magnitud de aquel
operativo, en el que se utilizaron desde tanques y bazukas hasta
camiones y helicópteros militares. También se exhiben las fotos de las
personas que murieron aquella noche y la de la pequeña Clara, quien
luego de 30 años sigue siendo buscada por sus familiares.
"En aquel momento estudiaba en Bellas Artes y era compañero de María
Claudia Falcone, desaparecida el 16 de septiembre en el hecho que se
conoció como ‘La noche de los Lápices’, ella era mi mejor amiga. A los
meses sucedió lo de mi hermana, a mis 16 años me costaba mucho entender
lo que estaba pasando y el miedo que me generaron esos acontecimientos
me duró 15 años, es algo muy difícil de explicar".
ALEGRE
Diana era la mayor de cuatro hermanos y, según la recuerda Bernardo, era
una chica muy alegre y media obstinada a la hora de discutir "Nosotros
fuimos criados por mi abuela porque mis padres viajaban mucho, por eso
para mí que soy el menor, Diana era mi referente en la casa, ella me
acercó a la música clásica". Quizás como símbolo de aquella anécdota hoy
se dedica a la música. En 1998 formó junto a un colega la
Camerata Académica del Teatro Argentino de la ciudad de La Plata y
es docente desde hace 11 años.
Cómo a tantos familiares de desaparecidos Bernardo cuenta que el miedo
de esos años se instaló en su cuerpo y lo determinó en muchos ámbitos de
su vida "me tuve que cambiar de colegio, después le llegó a mi padre la
noticia de que mis dos hermanos y yo también estábamos en una lista y
por lo tanto corríamos peligro. No sabía de qué me culpaban, si lo único
que había hecho era tocar temas de los Beatles en el piano, pero iigual
tuvimos que irnos para que nada pasara".
Después de eso, increíblemente a Bernardo le tocó la colimba. "En el ‘79
ingresé al servicio militar y como tenía conocimientos de música fui a
la banda. Hacía todo bien para salir lo antes posible. De todos modos la
baja me llegó a último momento. Lo más increíble fue que me ofrecieran
seguir la carrera militar, no acepté y al tiempo me dieron la baja".
JUICIO
El de Miguel Etchecolatz es el primer caso de juicio oral y público por
violaciones de los derechos humanos celebrado tras la anulación de las
leyes de Obediencia Debida y Punto Final. El ex policía fue condenado en
2004 a 23 años de prisión por haber sido encontrado culpable de 73 casos
de torturas, pero después de ese fallo consiguió el beneficio del
arresto domiciliario por razones de edad, al superar los 70 años. En
mayo de 2000, el juez federal Humberto Blanco inició un proceso contra
Etchecolatz por el homicidio de Diana Teruggi y la desaparición de su
bebé Clara Anahí Mariani.
Bernardo asegura que no sigue muy de cerca lo que sucede con el juicio
"Lo único que quiero es que Etchecolatz aporte los datos para encontrar
a mi sobrina, no puedo creer como sigue mintiendo. Hoy mis dos hijos y
mis sobrinos son los continuadores de esta historia, ellos acercaron
para presenciar el juicio y se interesan por todo lo que sucede. A mí
personalmente esto me sigue causando un dolor muy grande que me
quiebra".
ATENCIÓN
Bernardo vuelve una y otra vez sobre lo ocurrido con su
hermana "Entré a la casa seis años después de que pasara todo. Recuerdo
que me llamó la atención la pared doble en el fondo, donde funcionaba la
imprenta, tenia una puerta que se abría con un motor. Al ver el estado
de la casa y del auto que se encontraba adentro cuando ocurrió el
ataque, me descompuse".
La lucha por encontrar a Clara la hija de Diana Teruggi y Daniel Mariani
está siendo impulsada por María Isabel ‘Chicha’ Chorobik de Mariani,
madre de Daniel "Lo de Chicha es increíble tiene mucha fuerza y sigue
adelante con todas las investigaciones, tiene un archivo muy grande
sobre todo lo ocurrido , valoro mucho lo suyo y trato de ayudarla en
todo lo que puedo".
El lugar funciona como sede de la Asociación Anahí, a modo de
recordatorio del ataque terrible de novimebre del ‘76.
A pesar de todo Bernardo no pierde la fe "Aunque sé que es muy difícil
después de treinta años, sueño con encontrar a mi sobrina y poder
abrazarla".
Fuente: www.semana.uolsinectis.com.ar
"Estaban
matando mucha juventud"
"Diana era una estudiante de Letras de 26 años, casada con mi
hijo Daniel". Vivían en la calle 30, entre 55 y 56, junto con su
beba, nacida en agosto de 1976. En los fondos de aquella casa,
funcionaba una pequeña imprenta clandestina: "Acababan de
publicar, en octubre de 1976, que en la ESMA había un campo de
concentración, y que se tiraban cadáveres al río".
El 24 de noviembre de ese año, Daniel había salido, y en la casa
se encontraban Diana, su beba de tres meses, y tres de sus
compañeros de militancia : Juan Carlos Peiris, Daniel Mendiburu
Eliçabe y Roberto Porfirio. Al mediodía, se lanzó el ataque: un
operativo represivo del que formaron parte diversas fuerzas
-Policía de la provincia, Policía Federal, Ejército,
Gendarmería, Marina-, con tanques, bazukas, camiones militares y
helicópteros.
El ataque a la casa fue de tal magnitud que el barrio entero
quedó conmocionado, y hoy lo recuerda con precisión. Los cuatro
adultos fueron asesinados a balazos, y se sospecha que sus
cuerpos fueron quemados dentro de la casa, para dificultar su
posterior reconocimiento. Lo que pasó con Clara Anahí sigue
siendo una incógnita hasta el día de hoy. Casualmente, el
sumario que se había instruido al respecto en la comisaría 5º
desapareció en aquellos años.
En el procedimiento, participaron varios jerarcas de la
represión ilegal: entre otros, el jefe de la Policía provincial
Ramón Camps; el Director de Investigaciones de la fuerza, Miguel
Etchecolatz, y su chofer, Hugo Guallama; el titular de la
comisaría 5º, Osvaldo Sertorio; el jefe del Regimiento 7 de La
Plata, Roque Presti; el jefe del Primer Cuerpo de Ejército,
Carlos Guillermo Suárez Mason. "Estuvo toda la plana mayor de
todos lados", sostuvo la abuela.
Chicha estaba en su casa, en la esquina de 44 y 21, tejiendo una
batita para su nieta, cuando escuchó pasar los tanques. "Me
aterroricé, porque en esa época estaban matando mucha juventud",
pero no se imaginó "que se dirigían a la casa de mis hijos".
"Pensé: a quién estarán matando ahora", recordó.
Más tarde ese día, Chicha tuvo que dejar su casa para ir a
cuidar a su padre enfermo. Cuando volvió, al día siguiente, vio
a todos los vecinos reunidos en la puerta de su vivienda. El
lugar estaba destrozado: la casa había sido baleada y saqueada,
había escombros por todas partes y muebles destruidos. "Además
se habían robado todo lo robable", indicó, y añadió que fue en
esa misma casa que sufrió, un mes después, otro allanamiento
violento. Entre los represores que lo perpetraron, había uno a
quien sólo reconoció años después, en los diarios: Luis Abelardo
Patti.
Chicha Mariani no llegó a enterarse de los asesinatos de la
calle 30 hasta el día siguiente del operativo. Aunque no pudo
entrar a la vivienda hasta varias semanas después -"la casa
estuvo llena de policías de civil durante un año", contó-, hizo
una primer denuncia en la comisaría 5º, cuya jurisdicción
abarcaba ese domicilio, para poder recuperar los cuerpos. "Me
dijeron: 'No le vamos a entregar a su hija porque está
carbonizada, no se la reconoce, nosotros nos vamos a ocupar de
su cadáver'. Cuando les pregunté por mi nieta, me dijeron '¿qué
nieta?', y que no figuraba en ninguno de los papeles".
El primer dato respecto de Clara Anahí lo obtuvo por medio de un
amigo que conocía al entonces comisario Osvaldo Sertorio, el
titular de la comisaría 5º, "que ha pasado a la historia por el
campo de concentración que tenía al otro lado del pasillo de su
escritorio". El policía le había confirmado al amigo de Chicha
que Clara Anahí había sobrevivido al ataque a la casa de sus
padres.
La abuela se dirigió entonces a la dependencia policial, para
hablar con el comisario "Me dejó parada en el medio de la
habitación y él, sentado, empezó a expresar su desprecio por mí,
que era la madre de unos subversivos". Pero como le debía un
favor a aquel conocido en común, terminó diciéndole, en voz casi
inaudible: "La nena está viva, búsquela por la ropa porque ya le
deben haber cambiado la identidad. Y búsquela rápido, porque ha
perdido demasiado tiempo". El policía la derivó a la Unidad
Regional de la Policía de la provincia, "pero allí me negaron
que supieran algo, y me sacaron con cara de nada".
Las familias Teruggi y Mariani nunca pudieron recuperar el
cuerpo de Diana. Recién en 1984 Chicha se enteró de una
comunicación del director del cementerio de La Plata, según la
cual la joven había sido enterrada como NN, y que en 1982 esa
tumba había sido "levantada y tirada a la fosa común".
En esta causa consta que en la Dirección de Inteligencia de la
Policía de la provincia de Buenos Aires (DIPPBA) -cuyos archivos
están hoy bajo custodia de la Comisión Provincial por la
Memoria- existían fichas en las que figuraba el operativo del 24
de noviembre de 1976 y, en relación a él, una serie de actas en
las que se identificaba con nombre y apellido a las personas
asesinadas ese día, incluida Diana. Pero luego la fuerza
confeccionó actas de defunción en las que los cuerpos figuraban
como NN : fue otro paso que apuntaba a borrar toda huella
respecto de cómo fueron las muertes.
De esa misma Dirección de Inteligencia se extrajo otro legajo de
1979, en el que la hija de Daniel y Diana, dos años después de
la muerte de sus padres, era catalogada de "extremista". La
carátula de aquella carpeta, confeccionada por la fuerza
policial, rezaba : "Factor de extremismo: Clara Anahí Mariani".
El nacimiento de las Abuelas
"A todos lados iba sola, y no siempre era bien recibida",
recordó. Hasta que se contactó con Alicia "Licha" Zubasnabar de
De la Cuadra, otra abuela que buscaba a su nieta desaparecida :
"Licha está presente hoy acá, tiene 90 años, y hemos trabajado
en la búsqueda de los niños y de nuestros nietos hasta hoy". Fue
junto a ella que comenzaron a acompañarse en sus gestiones, y
que se conectaron con otras madres y abuelas, que recién estaban
empezando a conocerse y organizarse.
"Licha buscó a las otras abuelas que ya conocía de la Plaza de
Mayo, nos reunimos y decidimos empezar a trabajar juntas. Éramos
12 en ese momento", relató, y añadió : "A mi me asombró verlas
con tanta serenidad ; yo era un guiñapo, un llanto continuo, las
veía a ellas tan serenas y decía 'tengo que ser como ellas' ".
Primero se dieron a conocer como « Abuelas Argentinas con
Nietitos Desaparecidos ». "Pero fuimos creciendo, la gente
empezó a conocernos y a llamarnos las Abuelas de Plaza de Mayo",
rememoró. Finalmente, adoptaron ese nombre.
A Chicha la esperaba aún otro golpe, poco tiempo después : el 1
de agosto de 1977 fue asesinado su hijo, Daniel Mariani : "No se
había querido ir del país por su hijita, por Diana y por lealtad
a sus compañeros militantes. Y se quedó hasta que lo mataron, en
la calle 132 y 35".
Policías, curas, jueces
Por recomendación de un juez, Chicha y su marido realizaron una
denuncia ante la Policía Federal : el efectivo que les tomó
declaración, mientras redactaba el acta, "llamaba a los gritos a
todos los que pasaran por ahí y les decía que vengan a ver a los
padres de los guerrilleros de la calle 30". Cuando ella le
intentó corregir un error de ortografía en su apellido, el
policía le respondió : "Estoy acostumbrado a tomarle declaración
a las prostitutas. Ahí mi marido se levantó y tuve que pisarle
el pie para que se quedara callado", rememoró, y añadió :
"Cuando estábamos saliendo nos dijo 'no busquen a la nena,
porque hizo puf y desapareció' ".
Luego, hizo innumerables gestiones ante autoridades
eclesiásticas. Al primero que consultó fue a Monseñor Emilio
Graselli : "Me dijo que la nena estaba muy alto, que tendríamos
que haber ido antes y ya era demasiado tarde, que ya no la podía
conseguir". Luego, se contactó con Monseñor Antonio Plaza, en la
Catedral. "Plaza me interrogó más que ayudarme", recordó, y
agregó que el obispo la derivó a Monseñor Montes, que trabajaba
con él en la Catedral.
"La primera vez, Montes me atendió muy bien y me dijo 'yo se la
voy a conseguir' -reconstruyó Chicha-. Pero la segunda vez,
estaba serio, muy enojado. Me dijo que me dejara de molestar,
que no buscara, que me quedara quieta. 'Déjela en manos de los
que la tienen, no los ponga en peligro'. Cuando le respondí que
era mi nieta a la que estaba buscando, me señaló la puerta y me
dijo : 'señora, le falta fe. Rece' ".
Luego, Chicha recordó que, junto a las Abuelas de Plaza de Mayo,
visitó el Vaticano en 18 oportunidades : nunca consiguieron que
las reciban. "Yo no tengo nada que agradecerle a la Iglesia, más
bien tengo muchos reproches. No les debo nada, sólo dolores y
amarguras", sintetizó.
Lo mismo sintió respecto a sus reclamos ante la Justicia.
"Íbamos siempre a visitar a jueces, una vez por mes, de a dos o
de a tres -describió-. La Justicia no significó para mí ningún
aporte. Y hablo en pasado porque tengo esperanza en este
juicio".
"Espero que de aquí salga la verdad"
Las hipótesis sobre el posible destino de Clara Anahí son
varias, de acuerdo a las versiones y testimonios que Chicha pudo
ir recogiendo durante estos 30 años.
El primer dato significativo con el que dio, lo obtuvo por un
matrimonio amigo, Elvira y Omar Cerutti. Ellos le contaron que
una sobrina suya estaba de novia con Daniel Del Arco, un policía
que prestaba servicios en la comisaría 2º de La Plata y en la
DIPPBA : cuando se enteró de que eran amigos de Chicha, el
policía les contó que él había participado en operativo del 24
de noviembre de 1976 y que sabía que la niña estaba viva. "Saber
eso me devolvió la vida", contó hoy la abuela, que a esa altura
ya estaba perdiendo las esperanzas de encontrarla.
"Le dije a los Cerutti : 'pídanle si me puede entregar la nena,
que yo le doy lo que sea, mi casa, todo. Pero que sea la nena'
", indicó hoy Chicha. A partir de allí, comenzó una suerte de
negociación con Del Arco, a través de los Cerutti.
Aparentemente, el policía sabía que Clara Anahí estaba en manos
de otro miembro de la fuerza.
Pero al poco tiempo el matrimonio la llamó, para decirle que Del
Arco se había comunicado con ellos : "Les dijo que lo había
descubierto Camps, y que andaba disparando por los campos con
gran peligro para su vida. Les dijo que no quería saber más
nada, y que si seguían averiguando, el matrimonio Cerutti iba a
terminar en un zanjón".
La pareja, llorando, se negó a seguir ayudándola. "Eso fue otra
muerte para mí", sostuvo Chicha. En los '80, Elvira Cerutti
murió en un accidente automovilístico en la ruta a Mar del
Plata. "Murió ahogada en un zanjón, como le había dicho este
hombre", remarcó. El policía Daniel Del Arco declaró, en 2004,
en el Juicio por la Verdad : "lo negó todo ; transpiró
muchísimo, nervioso, pero lo negó todo".
Ese mismo año, le avisaron desde la Comisión por la Memoria que
una persona se había presentado allí y que quería hablar con
Chicha. Era la mujer de Hugo Guallama -chofer de Etchecolatz-,
que había participado del ataque a la casa Mariani-Teruggi. "Me
dijo que Guallama la llevó a la casa de calle 30, le mostró
dónde habían estado ellos, y le dijo que él había estado con
Etchecolatz arriba del techo", narró la abuela, y agregó un dato
que, en el marco de este juicio, cobra singular importancia :
Guallama admitió que fue él quien disparó contra Diana Teruggi,
y que lo hizo por orden de Etchecolatz. "Le dijo : 'dale, Negro,
tirale que va saliendo', y era Diana, que salía con la nena en
brazos. Esto lo cuenta la concubina de Guallama". El otro dato
significativo tenía que ver con Clara Anahí : según el policía,
la habían sacado viva desde abajo del cuerpo de su madre.
Actualmente, el ex chofer del represor se encuentra procesado y
con prisión preventiva, en el marco de la causa sobre la
comisaría 5º de La Plata que instruye el juez federal Arnaldo
Corazza. "Primero negó todo, pero después de dos meses en (el
penal de) Marcos Paz, mandó una nota al juez, diciendo que ahora
recordaba todo", ironizó Chicha.
El otro elemento que aportó Guallama fue que, después de pasar
por varias manos, quien se llevó a Clara Anahí del lugar del
operativo fue el comisario Juan Fiorillo, con su lugarteniente,
Carlos "El Oso" García.
Los antecedentes de ambos son más que oscuros. Fiorillo fue el
responsable de la desaparición de Felipe Vallese en 1962, fue
jefe de la Unidad Regional de la policía provincial y del
Comando de Operaciones Tácticas (COT) durante la dictadura, y
tenía una oficina en la comisaría 5º cuando la dependencia
funcionó como centro clandestino de detención. "Para mí es el
monje negro de la represión", comentó Chicha. Hoy, también está
procesado y con prisión preventiva en la causa sobre la
comisaría 5º, pero cumple arresto domiciliario por ser mayor de
70 años.
Carlos "El Oso" García había sido custodio de Monseñor Antonio
Plaza. Luego de su actuación como represor en la dictadura,
estuvo involucrado en una "comisión policial" que proveyó
durante meses información falsa al juez Galeano en la causa
AMIA. Y tiempo después, ya retirado de la fuerza, fue jefe de
custodia del Banco Provincia.
Varias de las personas que a lo largo de estos 30 años fueron
aportando datos a la búsqueda de Chicha están citadas a declarar
en este juicio oral. Es por eso que la abuela de Clara Anahí
tiene expectativas en torno a lo que pueda surgir de la
conjunción de todas estas declaraciones, que hasta ahora están
dispersas en el tiempo y en los despachos de diversas oficinas
judiciales. "Espero que de este juicio salga la verdad", expresó
hoy ante el Tribunal.
"Yo acuso a Etchecolatz ; lo acuso de la muerte directa de mi
nuera, de la desaparición de mi nieta, de lo que ha significado
para ella 30 años de estar viviendo en la ignorancia de su
identidad -manifestó Chicha Mariani-, y también lo culpo del
sufrimiento que me ha dado a mí y a todas las familias, que nos
han mantenido 30 años buscando con uñas y dientes un rastro de
un hueso de un hijo para tenerlo, o un rastro de un nieto para
criarlo y decirle quienes fueron sus padres".
Y añadió : "Lo veo al policía Etchecolatz con el rosario, y yo
le quisiera pedir que, en vez de rezar el rosario, alivie su
conciencia diciendo dónde está Clara Anahí. Porque él sabe. Y
sabe que mataron a Diana por su orden o con su mando".
El represor, nuevamente, no estuvo presente en la sala de
audiencias para escuchar el testimonio de Chicha Mariani : está
detenido en el penal de Marcos Paz, y pidió no asistir a esta
etapa del juicio por supuestas razones de salud. "Yo no me puedo
dar el permiso de morirme -pareció responderle hoy Chicha-.
Tengo que encontrar a mi nieta".
Mario
Teruggi
COMUNICACIÓN ACADÉMICA N° 1570
[Palabras pronunciadas por Oscar Conde el 7 de septiembre de 2002 en la
Academia Porteña del lunfardo]
HOMENAJE A
MARIO TERUGGI
Señor Presidente:
El pasado jueves 22 de agosto de 2002 murió a los 83 años en la ciudad
de La Plata el científico y escritor Mario Teruggi, que había nacido en
Dolores el 18 de febrero de 1919. Tempranamente fue doctor en Ciencias
Naturales especializado en Geología y se perfeccionó en Petrología en la
Real Escuela de Minas de la Universidad de Londres. A su regreso al
país, durante una larga y fructífera trayectoria científica, el doctor
Teruggi fue investigador del Museo Argentino de Ciencias Naturales
Bernardino Rivadavia y posteriormente tuvo a su cargo la dirección de
esta institución. Paralelamente, realizó una brillante carrera docente
en la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de La
Plata, donde llegó a ser profesor titular, jefe de departamento, decano
y profesor emérito.
Su labor científica se condensa en más de ciento veinte trabajos de
investigación y cinco libros publicados sobre su especialidad.
Sedimentología y Petrología fue reconocido en todo el mundo. Prueba de
ello es que en 1968 dos investigadores de la Universidad de Harvard, en
su honor, le dieron el nombre de "teruggita" a un mineral desconocido
hasta entonces, un arsenoborato hallado en la Puna. En 1971 recibió del
gobierno de la República Italiana la Orden del Mérito por su actuación
científica. Fue, además, miembro del directorio del Consejo Nacional de
Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y del Consejo de
Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires (CIC). En
los últimos años todavía se desempeñó como Jefe del Departamento de
Mineralogía y Petrología del Museo de Ciencias Naturales de la Plata,
uno de los diez más importantes del mundo.
Sin embargo, no son estos abrumadores méritos los que quiero hoy
rescatar de Mario Teruggi, sino su amor por las letras y su estudio
paciente y sesudo del habla popular rioplatense. Porque, además de todo
lo que precede, Teruggi se hizo tiempo para escribir ficciones, ensayos
y hasta un diccionario de lunfardo. Entre sus novelas se cuentan La
túnica caída (1977), Casal de patitos (1982), El Omnium de las
cornucopias (1987), Prohibido tocar los gauchos (1994) El meteorólogo y
Shakespeare (1998) y Pozo negro (2001). También escribió un libro de
relatos, Armiño y yuyos, publicado en 1981, y un ensayo colosal sobre la
última novela de James Joyce: El Finnegam´s Wake por dentro, que lo
reveló como el mayor especialista argentino sobre el escritor irlandés.
Días antes de morir, Teruggi terminó una novela titulada Mi pariente
Tarisio (1796-1854). Hasta el último momento fue un apasionado del
lenguaje y de las palabras. Ese amor quedó atestiguado en su Diccionario
de voces lunfardas y rioplatenses, que dio a conocer en 1998, y sobre
todo en una obra capital para los estudios sobre nuestra habla popular,
Panorama de lunfardo, cuya primera edición se había publicado en 1974.
En ella, Teruggi supo desmontar los mecanismos lingüísticos de los
lexemas lunfardos y clasificar y explicar – siempre de modo sencillo,
pero con altísima precisión– los fenómenos fonéticos y morfológicos que
hacen a la conformación de los términos que integran este repertorio
léxico. Este libro constituye uno de los pocos estudios teóricos serios
relativos al lunfardo, junto a Lunfardía, Nueva Lunfardía y Aproximación
al lunfardo de José Gobello; El lunfardo de Buenos Aires, de José
Barcia; Lunfardología, de Enrique del Valle; El habla popular de Buenos
Aires, de Arturo López Peña, y El lunfardo en Salta, de Susana Martorell
de Laconi.
Todo lo que le dije –sin contar lo que no dije y lo que ignoro– creo yo
que alcanza para que lo admiremos y hoy lamentemos profundamente su
muerte.
Ignoro si Mario Teruggi hubiese querido integrarse a esta Academia,
aunque es probable que sí. Creo que haberlo tratado, haberlo conocido y
haber discutido con él es algo que cualquiera de nosotros se hubiese
merecido. Al menos yo debo confesar que me quedé con las ganas.
Buenos Aires, 7 de septiembre de 2002
OSCAR CONDE
Fuente: http://ar.geocities.com/lunfa2000/1570.html
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