| "El delegado de Perón" para los peronistas y "el dentista" para los gorilas, nació en Mercedes, Buenos Aires, en 1919. Fue presidente de la Cámara de Diputados de la Nación entre 1947 y 1951. En 1955 fue encarcelado en el penal de Ushuaia, de donde logra fugarse. Convocado por Perón fue su delegado político y se encargó de reorganizar el movimiento, ganar las elecciones y concretar su regreso. Fue elegido presidente de la Nación el 11 de marzo de 1973, cargo que ocupó durante solo 49 días, al que renunciaría para posibilitar el acceso de Perón al poder efectivo. Murió en México en 1980. |
NOTAS EN ESTA SECCION
Hacia el triunfo popular: Cámpora al gobierno, Perón al poder, por Eritz e Iciar Recalde
Héctor J. Cámpora (entrevista Primera Plana, 1972) | 34º aniversario del triunfo electoral de Cámpora, por Carlos Kunkel
La proclamación de la fórmula presidencial | La hora de Cámpora, por José Pablo Feinmann
Cámpora entre Buenos Aires y México, por Noé Jitrik | Apuntes sobre El presidente que no fue
El presidente que no fue (fragmento), Miguel Bonasso
La Universidad de Buenos Aires durante el gobierno de Cámpora (pdf) | Juan Iván Ladeuix, el PJ en 1973 (pdf)
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Documento desclasificado Dto Estado Usa sobre la estadía en la embajada de México | La Tendencia
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Juventud Peronista, artículo de Wikipedia
Héctor José Cámpora (26 de marzo de 1909 - 18 de diciembre de 1980), llamado afectuosamente El Tío, fue un político y odontólogo argentino oriundo de la ciudad bonaerense de Mercedes, que llegó a ser Presidente de la Nación.
Fue electo diputado en las elecciones generales de 1945 y presidió la Cámara de Diputados entre 1946 y 1952. El motivo de su alejamiento fue su amistad personal y política con Evita; tras la muerte de esta, sectores reaccionarios y nacionalistas desplazaron a los moderados e izquierdistas, tanto en el Estado como en el entorno del presidente Perón.
En 1955, tras la llamada Revolución Libertadora, se presentó ante la justicia para blanquear su situación. Sin embargo, fue acusado falsamente de corrupción y malversación de fondos, por lo cual fue confinado al penal de Ushuaia junto a otros presos políticos. En 1956, él y un grupo de peronistas se fugaron de la prisión y lograron exiliarse en Chile con éxito. Más tarde volvió a la Argentina, una vez cerradas sus causas judiciales, y se dedicó a diversas ocupaciones para mantener a su familia, tras las pérdidas sufridas.
En 1971 fue designado delegado personal de Juan Domingo Perón, en remplazo de Jorge Daniel Paladino. En tal carácter, llevó a cabo con éxito el plan de Perón para el retorno al poder en 1973, tras el fracaso de la Revolución Argentina y con la apertura que proponía el entonces presidente General Alejandro Agustín Lanusse. Este buscaba una concertación cívico militar que integrara al pueblo y a las masas peronistas con las Fuerzas Armadas, en un gobierno conducido por militares, idea que llevaba el nombre de Gran Acuerdo Nacional (GAN), lo cual no prosperó.
Cámpora trabajó duramente y logró todos los objetivos que allanaron las condiciones para el retorno triunfal del peronismo y de Perón a la legalidad y a la escena política. Reorganizó el movimiento, creando la rama juvenil (que representaba el creciente peso de la izquierda peronista, en particular la organización político-militar Montoneros) y logrando la afiliación masiva en todos los sectores. Logró acuerdos con otros partidos políticos más pequeños, para llevar el Frente Justicialista para la Liberación (FreJuLi) a los comicios; si bien falló en convencer al segundo partido mayoritario, el radicalismo, esto se debió más a la intransigencia tradicional y de su conducción (manejada por Ricardo Balbín) que a una falta de persuasión política. Aceitó acuerdos con el sector empresario, a través de la Confederación General Económica, dirigida por José Ber Gelbard. Además, logró el primer retorno de Perón en 17 años con total éxito, protegiendo la seguridad física de El General e inclusive se encargó de agenciarle una residencia en el país.
Héctor Cámpora se presentó en las elecciones de marzo de 1973 como candidato a presidente de Argentina por el FreJuLi, dado que una proscripción impuesta por el general Alejandro Agustín Lanusse se lo prohibía a Juan Domingo Perón. Llevó como vicepresidente a Vicente Solano Lima, del Partido Conservador Popular, desgajamiento del antiguo conservadurismo de la Provincia de Buenos Aires.
Ganó las elecciones con más del 49.5% de los votos. El líder radical, Ricardo Balbín, había salido segundo con un 25%, y, como el FreJuLi no había obtenido más del 50% de los votos, tenía derecho al ballotage. Sin embargo, queriendo evitar mayores crisis políticas y en busca de la normalización institucional, renunció a su derecho y reconoció la victoria de Cámpora. El delegado de Perón asumió el 25 de mayo de 1973, dándose así por finalizado el período dictatorial de la autoproclamada Revolución Argentina. Acudieron al acto de investidura entre otros el entonces presidente socialista de Chile, Salvador Allende, y el de Cuba, Osvaldo Dorticós. En la tradicional Plaza de Mayo, se concentraron para recibirlo más de un millón de personas.
En consonancia con su promesa electoral y el deseo del pueblo, su primera medida fue amnistiar a los presos políticos. Sin embargo, la euforia y la presión popular (hubo marchas generalizadas), más el hecho de que los presos habían tomado distintos centros de reclusión a lo largo del país, obligaron al recientemente electo presidente a liberar a los reclusos masivamente aún antes de la aprobación de la amnistía. El 28 de mayo Argentina reanudó las relaciones diplomáticas con Cuba, cortadas por el gobierno militar, y comenzó a proveer a ese país de productos alimenticios e industriales para romper el bloqueo estadounidense.
Como Ministro de Economía nombró a José Ber Gelbard, presidente de la Confederación General Económica, que procuró establecer un pacto social entre la Confederación General del Trabajo, el empresariado nacional y el Estado, lo que incluía un aumento de salarios y el congelamiento de precios. Se retornó a los lineamientos económicos de los anteriores gobiernos de Perón, con una política nacionalista, estatista y distribucionista.
Su cercanía con la izquierda peronista lo enfrentó con la derecha partidaria, representada por lo general por los líderes sindicales. El 20 de junio de 1973, al regresar Perón al país, tiene lugar la llamada Masacre de Ezeiza, un brutal enfrentamiento entre ambas alas del peronismo, que se disparaban con armas de fuego por el control del palco. La cifra de muertos por esos enfrentamientos se estima en decenas e incluso centenas de personas, pero nunca fue especificada.
Finalmente, el 13 de julio de 1973 y habiéndole retirado Perón el apoyo a su gobierno, Cámpora renunció a su cargo para permitir la realización de nuevas elecciones, donde habría de ganar Perón con más del 60% de los votos. Al asumir, lo nombró embajador en México. Luego del golpe de Estado de 1976 debió refugiarse en la embajada de México en la Ciudad de Buenos Aires, donde hubo de permanecer por más de tres años. Finalmente se le permite volar a México, donde muere poco después.
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Hacia el triunfo popular: Cámpora al gobierno-Perón al poder
Por ARITZ E ICIAR RECALDE
[De: Universidad y Liberación Nacional. Un estudio de la Universidad de Buenos Aires durante las tres gestiones peronistas: 1946-1952, 1952-1955 y 1973-1975. Puede descargar el libro completo desde el enlace de eSnips, pdf 3,70 MB]
Dada la necesidad de enfrentar las elecciones, se abriría dentro del peronismo un complejo debate en torno a qué sectores del Movimiento serían los abanderados en la conducción del nuevo armado electoral para 1973. La disputa se daría principalmente entre los siguientes actores: -entre el sindicalismo tradicional, a veces "demasiado autonomista" según Perón, pero pilar de la organización obrera y de la masividad del peronismo; -entre los políticos del partido, que desde 1955, estaría conformado por los actores menos devotos de la lucha dentro del frente nacional por el regreso del líder; -entre la juventud de la Tendencia, el sector más dinámico en términos de movilizaciones callejeras de la sociedad argentina entrada la década de 1970.
Hacia 1973 y bajo la mirada absorta de Lanusse, a la hora de elegir entre los tres actores mencionados, el armado político de Perón dispararía por izquierda: marcando un enfrentamiento con Lanusse y a diferencia de las propuestas del sindicalismo de la CGT que tenía a Cafiero como candidato, Perón nombraría a Cámpora en lugar de Paladino, como conductor del partido y responsable de estimular el proceso que se abría en la Argentina. La designación de Cámpora, tal como quedaría expresado en la nómina de los ministros y funcionarios de gobierno, no sería y pese a las relaciones del Tío con la izquierda, un gobierno de la Tendencia. Por el contrario, Cámpora nunca desconocería las órdenes de Perón, como si lo intentaría más tarde Montoneros. Pese al perfil de Cámpora, caracterizado por ser el dirigente más cercano a la Tendencia entre el abanico político antes mencionado, el armado de candidaturas contaría con funcionarios de las distintas expresiones del frente nacional, incluidos los personajes confesos de la derecha, tales como Osinde, consejero militar de Perón y responsable en parte de la organización de la masacre de Ezeiza. El "Tío", sería el delegado de Perón y a su vez, un referente fundamental de la Tendencia, moviendo el péndulo dentro de la conducción del movimiento nacional hacia la juventud y la izquierda peronista, pero no sólo eso. La señal sería clara por parte de Perón respecto del gobierno militar: intransigencia ante las propuestas de los promotores del GAN. La posibilidad de Lanusse de interferir en los debates del perfil del nuevo proceso, contenidas sus intenciones de ser candidato de gobierno, se reducirían ante el correr del tiempo y el crecimiento de la violencia callejera y militar de las Formaciones Especiales. En este marco, Cámpora ocuparía el sillón presidencial y desplazaría el lugar del candidato de los sindicatos y futuro gobernador de la provincia de Buenos Aires después de la dictadura de 1976, Antonio Cafiero. Asimismo, en el Comando Superior del Peronismo, Perón nombraría al hermano de Fernando Abal Medina, líder Montonero asesinado por la dictadura en William Morris: Juan Manuel Abal Medina sería el nuevo representante del Consejo, acentuando la disputa del General respecto de las intenciones del gobierno militar. El fantasma de la guerrilla de las FAR, FAP, Montoneros, ERP y Descamisados recorrería las calles, las comisarías, las fábricas y los gabinetes militares y Perón, lejos de desautorizarla, sonreiría y esperaría mientras se agitaban las banderas de la juventud combatiente. Con este dejar hacer a las Formaciones Especiales, Perón mostraría que no estaba dispuesto a ceder fácilmente a Lanusse las reglas y los términos de su regreso al poder. Abal Medina sería el responsable de garantizar el armado político que llevaría a Oscar Bidegain a la candidatura en la provincia de Buenos Aires, en lugar de la ambición de Manuel Anchorena y del sindicalista de la UOM, Luis Guerrero, víctima de un intento de asesinato por parte de Montoneros y personaje ligado a la derecha del Movimiento. El representante del Consejo promovería además, las aspiraciones de Cepernic en Santa Cruz, de Ragone en Salta, de Martínez Baca en Mendoza y de Atilio López en Córdoba, todos con buenas relaciones con la Tendencia.
El tercer peronismo ensillaba a la historia y la subía por izquierda y más tarde, trágicamente, la bajaría por derecha entrado el año 1975. Perón, además de auspiciar la acción de las Formaciones Especiales, ampliaría el frente político más allá del peronismo y con eso, pondría definitivamente en jaque al lanussismo. Inicialmente, llegaría a un acuerdo con sectores de la burguesía industrial: en abril de 1971, José Bel Gelbard y José Rucci establecerían un acuerdo entre la CGT y la CGE, anticipándose al futuro Pacto Social.
Luego, le llegaría el turno a los partidos políticos de la oposición: con posterioridad a la llegada de Perón al país en 1972, el General convocaría al sindicalismo nacional y a los partidos políticos al restaurante Nino, donde concurrirían políticos de la talla de Balbín. A esta invitación no concurrirían el Partido Comunista, el Partido Socialista, ni Manrique, pero si los representantes del resto del espectro político nacional. Anteriormente, Perón se reuniría con Frondizi en Puerta de Hierro.
El gobierno militar encontraría cada vez más adversarios dentro de la política nacional y sus posibilidades de negociación con Perón, se desvanecerían. El 17 de octubre de 1972, la Junta de Comandantes en Jefe en ejercicio del poder político presidida por el teniente general Lanusse, promulgaría la Ley Nº 19.805, por la cual se convocaba a elecciones nacionales con el objeto de integrar el próximo gobierno constitucional de la Argentina, para el día 23 de marzo de 1973. Tras el exilio de 17 años y dos días, Perón lograría retornar al país el día 16 de noviembre de 1972 para desarrollar el armado electoral y dar la organización y el respaldo a los candidatos para las elecciones venideras. El 5 de diciembre Perón convocaría a la mayoría de los partidos y agrupaciones políticas -CGT, CGE, las 62 Organizaciones y algunas agrupaciones del interior-para conformar el FREJULI (Frente Justicialista de Liberación Nacional). Pocos días después renunciaría a su candidatura presidencial y sería proclamada por el Congreso Nacional del Justicialismo, la fórmula Héctor Cámpora-Vicente Solano Lima. El FREJULI estaría compuesto, a diferencia de la estructura del Movimiento Justicialista histórico, por la representación oficial del 25 % de la Rama Juvenil, que completaría el armado junto a las Ramas Femenina, Política y Sindical. El panorama eleccionario para enero de 1973, vencido el plazo legal para la presentación de listas de candidatos a los cargos electivos de presidente y vicepresidente de la nación, quedaría oficializado y junto a él el regreso de las masas a la política de gobierno.
Tras las multitudinarias elecciones del 11 de Marzo de 1973, en las que participan 14.065.472 electores, la fórmula Héctor Cámpora-Vicente Solano Lima obtiene casi el 50 por ciento de los votos contra el 21 por ciento de Balbín (UCR) y el 15 por ciento de Manrique (APF). La UCR declarará que, dadas las cifras, no tiene sentido hacer un ballotage a nivel nacional(251). Éste se realizará, en cambio, en la Capital Federal y en catorce distritos del interior del país donde ningún candidato obtendría el porcentaje indicado por la ley. De esta manera, el radicalismo se impondrá únicamente en la Capital, donde su candidato a senador será el futuro presidente argentino de la tercera década infame en Argentina , Fernando de la Rúa, que derrotará a Marcelo Sánchez Sorondo del FREJULI. En un acto que contaría con la presencia de los presidentes de Chile, Salvador Allende, y de Cuba, Osvaldo Dorticós, junto a más de un millón de peronistas en Plaza de Mayo, Plaza Congreso y en los alrededores de la casa de gobierno, asumiría el presidente Cámpora luego de años de lucha y resistencia del pueblo argentino. El reloj de la historia no podría ser atrasado y la nación inaugurada en el año 1945 ingresaba nuevamente bajo el ocaso cultural del coloniaje de un régimen que crujía tras años de batallas, trincheras, humo, muertos y perseguidos y que parecía, caería definitivamente en desgracia. Las masas tendrían su nuevo 17 de octubre, pero como veremos, la posibilidad de garantizar el programa popular sería más compleja que antes y en poco tiempo, los sueños de los argentinos despertarían con una dictadura sangrienta. De los catorce distritos del interior donde debió recurrirse al ballotage, el FREJULI triunfó en doce; en Neuquén y en Santiago del Estero, la victoria correspondió a Sapag y al peronismo disidente de Carlos Juárez, respectivamente. La APR (Alianza Popular Revolucionaria), cuarto partido en importancia en las elecciones, apoyó públicamente al FREJULI.
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Retomando la argumentación en torno a las elecciones, el 22 de mayo de 1973 la Junta de Comandantes en Jefe y el Ministro del Interior, firmarían la ley por la cual se derogaría el estado de sitio en nuestro país y el 25 de mayo, el Presidente Lanusse entregaría las insignias del poder a Cámpora en medio de una enorme movilización popular que abucheaba a los gobernantes salientes y, luego, por la noche, rodearía la cárcel de Villa Devoto, logrando la salida de numerosos detenidos políticos que en los años de proscripción del peronismo se habían multiplicado enormemente. Los nuevos ministros de la naciente gestión camporista, conformarían un gabinete más bien heterogéneo que trataría de mantener algún tipo de equilibrio entre los distintos sectores peronistas en pugna: como Ministro de trabajo fue designado Ricardo Otero, secretario de la UOM Capital y vandorista histórico; en Defensa y Justicia serían electos dos peronistas tradicionales, Ángel Robledo y Antonio Benítez; en Educación, Jorge Taiana, que venía del tronco del peronismo tradicional pero que mantenía buena relación con los sectores combativos de la Juventud Peronista (Puiggrós, un dirigente ligado a Montoneros, sería el rector interventor en la UBA).
Por su parte, como Ministro del Interior se designaría a Esteban Righi y como Ministro de Relaciones Exteriores y Culto a Juan Carlos Puig, ambos camporistas y posibles aliados de la izquierda peronista. En Economía, sería designado José Ber Gelbard, antiguo delegado de la CGE, representante del empresariado nacional y hombre cercano al Partido Comunista y al bloque soviético mundial. Por su parte, el Ministerio de Bienestar Social sería ocupado por López Rega, encarnación de la fracción más reaccionaria del movimiento peronista, que sería nombrado directamente por Perón.
En el terreno legislativo, la Tendencia contaría con ocho legisladores sobre una cámara de Diputados compuestas por 145 representantes del FREJULI: Armando Croatto, Santiago Díaz Ortiz, Jorge Glellel, Aníbal Iturrieta, Carlos Kunkel, Diego Muñiz Barreto, Roberto Vidaña y Rodolfo Vittar. Se calculaba que los funcionarios de la Tendencia en los gobiernos provinciales y las legislaturas locales llegarían a cincuenta; además, estaban ligados a las gobernaciones de Oscar Bidegain en Buenos Aires, a Alberto Martínez Baca en Mendoza, a Jorge Cepernic en Santa Cruz, a Miguel Ragone en Salta y a Ricardo Obregón Cano en Córdoba(252).
La breve gestión camporista -comprendida entre el 25 de mayo y el 13 de julio de 1973, fecha en que Cámpora y Vicente Solano Lima presentan sus renuncias para facilitar el acceso al gobierno a Perón como candidato del Movimiento Nacional Justicialista-, llevó adelante una serie de medidas que fueron radicalmente importantes en términos políticos y sociales, en el marco de un proyecto de reconstrucción nacional que tendrán cierta continuidad durante la breve gestión de Perón. En materia de legislación, por ejemplo, Esteban Righi desde el Ministerio del Interior promovería la promulgación de las leyes Nº 20.508, 20.509 y 20.510 que establecían la amnistía, derogaban las leyes represivas y suprimían el denominado fuero antisubversivo. Se firmaría el Decreto Nº 11 de indulto, por expresa disposición de Cámpora, que alcanzaría a 371 presos políticos. También, por intermedio del Ministro del Interior, se suprimía el funcionamiento del Departamento de Informaciones Antidemocráticas (DIPA), destruyendo todo el material allí archivado. Se firmarían los Decretos Nº 503 y 504, que anulaban las disposiciones dictadas en 1955 que privaban a Perón del uso de uniforme militar, del grado correspondiente y de la baja en el Ejército. Con respecto a la política internacional, en este período y por intermedio del Ministro Juan Carlos Puig y su secretario, Jorge Alberto Vázquez, se reanudarían las relaciones diplomáticas entre Argentina y Cuba, que se hallaban suspendidas desde febrero de 1962 cuando Cuba fue separada de la OEA.
Además, se establecerían relaciones diplomáticas con la República Democrática Alemana, Vietnam y Corea del Norte, continuando la política exterior del segundo gobierno peronista interrumpida en 1955 y base para la consolidación de la tercera posición. En materia económica, se intentaría saldar la interna entre las distintas vertientes del Movimiento y el 6 de junio se firmaría el Pacto Social, que fijaría un aumento masivo de salarios de un 15 % y se congelarían los precios en el marco de la suspensión de las paritarias por dos años, dejando como saldo que los trabajadores pasaran a apropiarse del 35% de la renta nacional en mayo de 1973, al 48% con posterioridad al acuerdo. En este marco, se anunciaría además un plan de viviendas. Se congelaban los precios de los artículos esenciales y se intervenían mercados públicos y privados a la vez que se dictaban normas para industriales y fraccionadores. Una de las primeras medidas a tomar, sería la regulación del mercado de carnes para asegurar el abastecimiento interno. A su vez, se anularían algunos beneficios de promoción industrial a empresas extranjeras y se negarían los permisos de importación solicitados para la construcción del Hotel Sheraton. Se intervendrían las empresas del Estado, YCF, YPF, OSN, Gas, Correos y Teléfonos, Ferrocarriles y Subterráneos, Elma y Administración General de Puertos; se dictaminaría que no se computaran las inasistencias de los maestros, se aumentarían los impuestos al patrimonio neto, se concederían exenciones de impuestos para la fabricación de calzado y textiles, se suspenderían los juicios de desalojo en los arrendamientos rurales, etc.
Las entidades empresarias, mediante declaración pública y por lo menos por un tiempo, darían su respaldo al Pacto Social. Además, se comenzaba a gestionar el proyecto de los planes trienales. Esta tregua entre los empresarios, los sindicalistas y la juventud alineada en la Tendencia, duraría poco y tras la muerte de Perón, se fragmentaría e iniciaría una violenta lucha por el poder y la conducción del frente popular. Siguiendo en el plano económico y tras la renuncia de Cámpora, el breve intervalo de Lastiri en el poder y durante la gestión de Perón, el '73 continúo siendo un año de reformas fundamentales para la soberanía de la Argentina. Se sancionó la ley de renacionalización de los depósitos bancarios y otra de regionalización de los bancos de la nación. Se renacionalizaron el Banco Argentino de Comercio (Chase Maniatan, NY), el Banco Argentino del Atlántico S.A., el Banco Francés del Río de La Plata (Morgan, NY), Mar del Plata (City, NY) y las sucursales de Córdoba y de Rosario del Banco Santander S.A.(254). Se resolvió prohibir los embarques de trigo, harina y trigo para semilla, correspondientes a operaciones concertadas en las gestiones militares con países extranjeros frente al desabastecimiento para el consumo interno. El 6 de agosto se otorgaría a Cuba un crédito por 200 millones de dólares -gran parte de ellos gestionados por intermedio del Banco Comercial de La Plata liderado por David Graiver-y se autorizaría a empresas argentinas a exportar autos a ese país, lo cual le permitiría a la isla romper el bloqueo norteamericano y adquirir maquinaria liviana y automotores fabricados en nuestro territorio. En un intento del Justicialismo por reforzar el frente externo en el marco de una clara avanzada del imperialismo a nivel latinoamericano, a partir de lo que serían las dictaduras en Chile, Uruguay y Brasil, Argentina se presentaría como candidata al Movimiento de Países No Alineados con sede en Argel.
Las primeras dificultades del frente nacional durante el tercer gobierno peronista
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Luego de 17 años, un candidato peronista sería el responsable de llevar las riendas de la política nacional. Ahora bien, el peronismo de 1970 ya no era el mismo del 1945, tal como lo había pronosticado Cooke en la década anterior. Este esquema de frente nacional tendría entre sus actores a los obreros, a la CGE y a la juventud del "Luche y vuelve" que llegado el año 1973, tendería a centralizarse en Montoneros. Ni las FFAA, ni la Iglesia serían parte del nuevo diseño de gobierno. Dentro de la CGE, factor que a la larga sería contraproducente, ingresaría además el capital transnacional con la UIA. Participarían en el acuerdo también, sectores anteriormente comprometidos con la Libertadora: fracciones de la UCR que hacia 1973 y tras los acuerdos con Perón, abandonarían por lo menos por un tiempo, su posición antipopular y apoyarían la presentación a elecciones del FREJULI, convirtiéndose en fiscalizadores de la posibilidad del acto y del triunfo peronista. No sólo los actores políticos del frente nacional habían cambiado, sino que además, las condiciones materiales del tercer peronismo eran otras: las divisas de posguerra eran cosa del pasado y toda posibilidad de implementar una política industrial, nacionalista y popular dependería ahora, de un acuerdo político entre la CGT y la CGE. El Pacto Social sería el tratado a través del cual, el movimiento nacional debería enfrentar el programa del capital trasnacional, financiero y terrateniente. Las divisas del primer peronismo serían sinónimo de la negociación entre la CGT y CGE del Pacto Social del tercer gobierno. La CGT, en el marco del Pacto tendría en el país a su dirigente y junto a él, el recuerdo de los días de bonanza del primer peronismo; la CGE, en muchos casos a regañadientes, debería pactar con la CGT tras una década de fallidos intentos de disciplinar a la clase obrera. Los terratenientes y el capital industrial y financiero trasnacional, serían los perjudicados del nuevo esquema político del peronismo y con este propósito, por ejemplo, el gobierno redactará la nueva Ley Agraria y se nacionalizarán los depósitos bancarios. En este juego político del GAN, otro de los actores que quedaría en falsa escuadra dentro del frente nacional, sería la juventud y las Formaciones Especiales. El Socialismo Nacional acaudillado por la Tendencia no encontraría lugar en el GAN y por eso, el pacto sería apoyado descontentamente por la juventud, que por un tiempo, estaría a la espera de las señales de Perón para marchar hacia la radicalización de la revolución justicialista.
Las tensiones políticas del movimiento nacional en 1973 se agudizarían, ya que entre otras cuestiones, habían cambiado los actores y el contexto respecto del primer peronismo y tal como lo había expresado Cooke, las alternativas para resolver el conflicto social en Argentina deberían ser otras: la posibilidad de pactar sobre principios similares a los de 1945 que intentó Perón en 1973, duraría el período en que se mantuvo con vida el General, único dirigente capaz de mantener unido el frente nacional. Tras décadas de proscripción, represión e intensa resistencia del Movimiento Nacional Justicialista, éste llegaba nuevamente al poder y junto a él, las banderas de los protagonistas de la lucha popular: la juventud argentina, activistas de los frentes de masas y militantes de las Formaciones Especiales y del Luche y vuelve, que flameaban la consigna del Socialismo Nacional fogueado por Perón desde el exilio; en el mismo cuadro, gran parte de los obreros y de las conducciones de varios sindicatos, elevaban los principios de la justicia social y del peronismo histórico, cercano a la Tercera Posición de la década de 1940. Esta interna del movimiento nacional durante la gestión de Cámpora tendría a los primeros, a la "gloriosa Juventud Peronista", como actor central para el desembarco y el armado político del "Tío" y adquiriría un rol protagónico en la universidad del período, como analizaremos en los capítulos siguientes. [NOTA: descargar el libro completo en pdf].
La correlación de fuerzas políticas dentro del Movimiento, se modificaría con la llegada de Perón al poder un par de meses después de la victoria de Cámpora. Ahora bien, el conflicto entre la Tendencia y Perón quedaría expresado antes de la llegada del General, en el marco de una reunión entre el líder en el exilio y cuadros de la juventud. Este encuentro estaría augurando lo que sería la ruptura con Montoneros del 1º de mayo de 1974. La famosa reunión se llevaría a cabo en Roma y estaría organizada por sectores de Montoneros y FAR por intermedio de Firmenich, Quieto y Perdía. La "juventud" demandaría al General 300 cargos de gobierno, solicitud que Perón esquivaría y respondería ofreciendo espacios en la administración, pero no en los lugares propuestos por la juventud.
Perón ofrecía a la juventud el manejo de la política social de la Fundación Eva Perón para ir consolidando el trasvasamiento generacional.255 El viejo General, a diferencia de lo que suponían algunos sectores de la juventud, no estaría dispuesto a compartir la conducción del Movimiento.
Asimismo, las Formaciones Especiales y algunos sectores de la Tendencia, no estarían tampoco dispuestos a abandonar fácilmente la lucha armada y a someterse a los tiempos políticos y a las propuestas programáticas de Perón. Este divorcio de intereses, la diferencia sobre los tiempos políticos y en muchos casos, las marcadas divergencias de puntos de vista entre la juventud y Perón, serían uno de los elementos que llevarían al fracaso del tercer gobierno peronista y a su caída estrepitosa con la muerte de Perón y la llegada de la dictadura de 1976.
El gabinete de Cámpora contenía en su interior la tensión explosiva del movimiento nacional, mantenida en suspenso por lo menos por un tiempo, bajo la firma del Pacto Social.
No habría transcurrido demasiado tiempo del Pacto, específicamente el 20 de junio en Ezeiza, para que estas contradicciones se expresaran fatalmente y evidenciaran la dificultad para sostener la tregua. En estas jornadas, los hombres de López Rega por intermedio de Osinde, ex Jefe de Seguridad del Servicio de Información del Ejército en el período anterior a 1955 y consejero militar de Perón, iniciaría lo que sería el primer gran suceso público de enfrentamiento y por qué no, el paso inicial para el posterior conflicto directo entre la derecha y la izquierda del peronismo. Los embriones de las AAA operarían en Ezeiza y posteriormente serían las fuerzas de choque del lopezreguismo, expresión de la derecha del Movimiento, ligadas según denuncias de Agustín Tosco, a la CIA y a EEUU. La acción de López Rega a lo largo de su gestión de gobierno sería la de desestabilizar toda posibilidad de unidad del frente nacional a través de acciones terroristas de secuestro y asesinato de dirigentes políticos de la Tendencia. La persecución a la Tendencia por parte de la AAA adquirirá supremacía tras la muerte de Perón bajo el gobierno de Isabel Martínez (256).
NOTAS
250 La listas participantes serían las siguientes: FREJULI (Frente Justicialista de Liberación): Héctor CámporaVicente Solano Lima; UCR (Unión Cívica Radical): Ricardo Balbín-Eduardo Gamond; APR (Alianza Popular Revolucionaria): Oscar Alende-Horacio Sueldo; APF (Alianza Popular Federalista): Francisco ManriqueRafael Martínez Raymonda; ARF (Alianza Republicana Federal): Ezequiel Martínez-Leopoldo Bravo; FRIP (Frente de Izquierda Popular): Jorge Abelardo Ramos-José Silvetti; Nueva Fuerza: Julio Chamizo-Raúl Ondarts; PSD (Partido Socialista Democrático): Américo Ghioldi-René Palestra; PST (Partido Socialista de los Trabajadores): Juan Carlos Coral-Nora Ciaponi 251 FREJULI: 5.908.414 (49,56 %); UCR: 2.537.605 (21, 29 %); APF: 1.775.867 (14, 90 %); APR: 885.201 (7, 43 %); ARF: 347.215 (2, 91 %); Nueva Fuerza: 235.188 (1, 97 %); PSD: 109.068 (0, 91 %); PST: 73.796 (0, 62 %); FRIP: 48.571 (0, 41 %).
251 17 252 Gillespie (1987), p. 167.
253 Seoane, María, El Burgués maldito, Planeta, Buenos Aires, 1998, p. 255.
254 Seoane (1998), p. 261.
255 Galasso, Norberto, La Dictadura Militar en Retirada, Cuadernos para otra historia, N° 27, Centro Cultural Enrique Santos Discépolo, Buenos Aires, 2000.
256 Flaskamp, Carlos, Perón y la Triple A, Desafíos, N 3°, Buenos Aires, diciembre de 2005.
Héctor J. Cámpora - Entrevista Primera Plana, 1972
Héctor Jorge Cámpora nació en 1909. Inició su vida política militando en el conservadurismo en San Andrés de Giles, provincia de Buenos Aires. En 1945, junto con otros dirigentes conservadores menores, ingresó al peronismo. En 1946 fue electo diputado, y ocupó la presidencia de la Cámara entre 1948 y 1952. Impuso una fuerte regimentación de la bancada peronista y sancionó con dureza a los opositores. Sobre todo, se hizo famoso por su adhesión incondicional a Perón, que lo llevó a presentar veintiún proyectos de homenaje, y a declarar que antes que “consecuente” él era “obsecuente”.
En 1955 fue detenido, al igual que otros muchos dirigentes peronistas. En marzo de 1957 se fugó de la cárcel de Río Gallegos, junto con John William Cooke, Jorge Antonio, Guillermo Patricio Kelly y José Espejo. Se mantuvo en un segundo plano hasta que sorpresivamente, en noviembre de 1971, Perón lo convocó y lo designó su delegado personal, en reemplazo de Jorge Daniel Paladino.
Desde abril de 1971, el presidente Lanusse había iniciado la búsqueda de una salida política para la Revolución Argentina, negociando con los partidos reunidos en La Hora del Pueblo, de la que Paladino era un importante animador. La designación de Cámpora indicaba que Perón quería controlar personalmente, sin intermediarios independientes, la compleja negociación que se iniciaba. Por entonces Perón acentuó sus ataques al gobierno, estimuló a los grupos juveniles, que pronto serían incorporados a la dirección del Movimiento, y atacó a las Fuerzas Armadas desde la revista Las Bases, que dirigía la hija de su secretario López Rega.
Tres días después de realizada esta entrevista, Las Bases difundió un célebre documento de Perón: “La única verdad es la realidad”, cuyas líneas principales son anticipadas en estas declaraciones de Cámpora. Perón alienta medidas económicas de urgencia, reclama que se anticipe el llamado a elecciones y propone la constitución de un Frente Nacional que pronto se denominaría Frente Cívico de Liberación Nacional integrado por peronistas, frondicistas, conservadores populares y demócrata-cristianos. El documento es cauto respecto del gobierno y abre la puerta a una negociación, aunque Cámpora reclama que se la haga a través de representantes de alto nivel descartando al embajador en España, brigadier Rojas Silveyra.
De ahí en más, el diálogo entre Perón y Lanusse tuvo algunos momentos de fluidez y muchos muy ríspidos. Cámpora tradujo fielmente las instrucciones de Perón –quien de todos modos jugó con otras cartas– y puso un empeño personal en convencerlo de que retornara al país. El retorno se produjo en noviembre de 1972: Perón se entrevistó con los partidos políticos, organizó el Frejuli y se marchó el 14 de diciembre, indicando a Cámpora como candidato presidencial.
Los siete meses siguientes fueron sin duda los más notables en la vida de Cámpora: candidato presidencial triunfante y presidente vicario por propia voluntad, hasta su renuncia en julio de 1973. Luego fue embajador en México, retornó al país a fines de 1975 para asilarse en la Embajada de México luego del golpe de Estado de 1976. Los militares, ensañados con él, no le permitieron abandonar el país. Luego de una larga residencia obtuvo el salvoconducto que le permitió asilarse en México, donde murió en 1980.
En 1972, la revista Primera Plana empezaba a ser usada por los peronistas para hostigar a Lanusse, promoviendo el descontento entre los militares, y sobre todo entre los aeronautas. Desde junio comenzó a aparecer una columna sin firma, escrita por Julián Licastro, ex militar y dirigente juvenil, donde se traducían las ideas de los grupos juveniles radicalizados, en términos adecuados para los militares. La revista fue suspendida por el gobierno en septiembre de ese año.
[Por Sylvia Saítta y Luis Alberto Romero, Página/12, 17/02/06]
Reportaje de la revista Primera Plana, Nº 472, el 11 de febrero de 1972
"Sí, ya lo creo. Fueron diez días de intenso trabajo." En el Aeropuerto de Barajas, la madrugada del jueves 10, un sonriente Juan Perón sintetizaba a Primera Plana el resultado de sus últimas reuniones con Héctor Jorge Cámpora.
Entretanto, éste –impecable camisa de seda natural, pantalón beige, blazer azul– ascendía al Boeing 707 320B, matrícula norteamericana N 739 AL, que iba a traerlo de regreso a Buenos Aires. Ya sobre Ezeiza, el aparato debió revolotear más de una hora por falta de plafond para el aterrizaje. Fue el momento aprovechado por Primera Plana: abordando al Delegado Personal, consiguió recoger sus enfoques y revelaciones a tres mil metros del suelo. Una táctica previsora. Cuando el avión hubo tocado finalmente la pista, Cámpora apenas platicó unos minutos con los periodistas. En seguida fue introducido por su hijo Carlos Alberto y por el secretario general Jorge Gianola en su Chevrolet 400 verde, que partió hacia lo desconocido.
P. P.: –Doctor Cámpora, de sus conversaciones con Perón, ¿qué conclusiones extrae usted sobre el modo en que él ve lo que está sucediendo en la Argentina?
H. J. C.: –El general se halla sumamente preocupado sobre la situación económica en nuestro país y sobre las penurias que el costo de vida y el desempleo infligen al pueblo trabajador.
P. P.: –¿Y en lo político? ¿Insiste en su exigencia de que se acorte el plazo para la convocatoria a elecciones?
H. J. C.: –Sí, señor. Categóricamente.
P. P.: –¿Confían en que al fin se concretará la salida electoral?
H. J. C.: –¿Nosotros? Como la gran mayoría del pueblo argentino, somos escépticos.
P. P.: –El general Perón ha emplazado hasta junio al gobierno para que culminen las definiciones electorales. Ese plazo, ¿se mantiene o se ha acortado?
H. J. C.: –En ese terreno, el justicialismo continúa la tarea emprendida.
P. P.: –¿Qué piensa acerca de las manifestaciones que el Presidente habría formulado a sus camaradas de armas, calificando al futuro gobierno como "de transición y consolidación"?
P. P.: –A propósito de unidad, seguramente usted conversó con el general sobre la situación interna planteada en el justicialismo entre ciertos gremialistas y los representantes de la juventud...
H. J. C.: –Mire, acontecimientos así, lejos de resultar negativos, son los que verdaderamente le dan vida al Movimiento. Pero, en última instancia, usted sabe que para todo verdadero peronista no hay nada mejor que otro peronista. Si en estos momentos el país está asistiendo al espectáculo de antiguos adversarios políticos sentados a la misma mesa de una coincidencia, ¿cómo no van a poder superarse las diferencias que se generen entre peronistas?
P. P.: –Hoy se cierra la afiliación en el Partido Justicialista. ¿Cuándo quedará concluido el proceso de organización interna?
H. J. C.: –El 7 de mayo, día en que se conmemora el cumpleaños de la compañera Evita, se realizarán las elecciones de las cuales saldrán las autoridades partidarias definitivas. Con eso se completa el proceso de organización interna.
P. P.: –¿Habrá lista única?
H. J. C.: –Ese es el deseo del general Perón, expresado en la cinta a que usted hacía referencia. El jefe del justicialismo previene contra el peligro de los enfrentamientos internos, fomentados y aprovechados por nuestros enemigos.
P .P.: –Hablando de otra cosa, doctor Cámpora, ¿qué novedades trae acerca de las actividades próximas de Isabelita?
H. J. C.: –Lo primero que haré será ir a verla.
P. P.: –Tenemos entendido que ha postergado su gira al interior.
H. J. C.: –En efecto. La Comisión Nacional que integran todas las ramas del Movimiento y que debía programar esa gira de la señora estimó más conveniente postergar dicho viaje para mediados de marzo. Y como el general estaba ansioso por ver a su señora esposa, resolvieron que ella se trasladase ahora a Madrid, a fin de regresar a Buenos Aires sobre la fecha de la gira. La visita de la señora Isabel Perón ha despertado un enorme interés y entusiasmo en las provincias y es preciso diagramar su trayecto con el máximo cuidado, tratando de conciliar las aspiraciones de todos. Esto se los digo como un trascendido; oportunamente la Comisión dará a conocer el programa definitivo.
P. P.: –Una última pregunta, doctor Cámpora. ¿Vuelve Perón? ¿Cuándo?
H. J. C.: –Según calcula su abogado, el doctor Isidoro Ventura Mayoral, los procesos calumniosos e injuriosos que la reacción oligárquica urdió contra el general Perón podrían declararse prescriptos alrededor del mes de abril. Si ello se concreta, si el gobierno cumple entregando el pasaporte y si Perón estima que existen las lógicas condiciones de seguridad personal, el ilustre argentino va a regresar a su patria. Porque Juan Perón siempre hace lo que quiere el pueblo. Y su retorno triunfal a nuestra tierra hace dieciséis años que es el clamor unánime de las grandes mayorías argentinas.
34º aniversario del triunfo electoral de Cámpora
Por Carlos Kunkel (2007)
Hoy volvemos, como en tantas oportunidades lo hemos hecho, a rendir Homenaje a nuestro querido e inolvidable Tío. Vivimos momentos muy trascendentes después de todo lo que nos toco vivir a partir de aquel Noviembre del año 1971 cuando el Conductor del Movimiento, nuestro Jefe eterno Juan Perón, nombro a Héctor Cámpora Delegado Personal y Jefe del Movimiento en la Argentina.
Los dirigentes de la Juventud Peronista concurrimos inmediatamente a ponernos a su disposición y a acompañarlos en esta gesta.
Lo acompañamos a lo largo del Luche y Vuelve; lo acompañamos a lo largo de toda la resistencia que hubo que hacer porque hubo demasiados que habían pactado con los Liberales de la Dictadura de Lanusse y que querían que buscáramos soluciones intermedias que dejaran afuera, en el exilio al General Perón.
Héctor Cámpora desde el primer día apostó a nuestra Generación. Nos permitió que fuéramos junto a él, que levantáramos las Banderas, rindió Homenaje a los Compañeros que iban cayendo, pero por sobre todas las cosas rindió Homenaje en cada actitud, en cada minuto de su vida y de su gestión a ese compromiso con el Pueblo y con la Patria, y esa Lealtad con el Gral. Perón.
Perón siempre nos decía que al Peronista que vaya a ocupar un puesto de importancia, de relevancia, hay que pedirle que sea Leal, Honesto y Capaz... En ese orden.
Cámpora así como es símbolo de la Primavera, de felicidad Popular, lo era en el ´73, que lleva su nombre la "Primavera de Cámpora", también es símbolo de la Lealtad. Nadie en la Argentina, peronista o no peronista, cuando piensa en la palabra Lealtad y quiere asociarlo con una persona duda con respecto a cual es la persona que más simbolizó corpóreamente la palabra Lealtad: Héctor J. Cámpora.
Con respecto a su honestidad, no soy yo quien tiene que venir aquí, a su Pueblo, a decir lo que fue la transparencia y la vida de Héctor Cámpora.
Y con respecto a su capacidad, si no hubieran logrado los liberales impedir, 1º a través de las provocaciones fomentando la división del Movimiento Nacional y luego a través de la sangrienta Dictadura de José Alfredo Martínez de Hoz y Videla desarrollar y cumplir el Programa del 11 de Marzo de 1973, nuestra querida Nación tendría ahora toda la integración social, toda la infraestructura y todo el desarrollo que nos está faltando y por el que estamos luchando.
El 25 de Mayo del año 2003, cuando en el Salón Blanco Néstor Kirchner terminó de tomar juramento a sus Ministros me abrazó me dijo: "Treinta años Flaco…"
El 25 de Mayo de 1973 hubo un nuevo intento de represión por parte de los resabios del régimen y fue la Juventud Peronista la que lideró la zona de la Plaza de Mayo y la que acordonó el lugar por el que entraron todos los que tenían que entrar al Salón Blanco para asistir a la Ceremonia de Asunción de los Ministros junto a Héctor Cámpora.
Entre esa Juventud Peronista a mi me tocaba estar como Jefe de la JP de La Plata y Diputado Nacional, y había montones de jóvenes de la JP de La Plata y de otros lugares, que fueron los que acordonaron y pusieron el orden Popular como alternativa al orden de la Dictadura.
Entre esos jóvenes estaba Néstor Carlos Kirchner.
Esa vuelta después de 30 años significaba nada más y nada menos que la reafirmación de aquella apuesta que habían hecho numerosos Dirigentes de los Fundadores del Peronismo: Héctor Cámpora; alguien que no proviniendo del Peronismo pero se había incorporado posteriormente, nuestro Vicepresidente Vicente Solano Lima; los Gobernadores de Santa Cruz Jorge Cepernic, de Chubut Benito Fernandez, de Neuquén Elías Sapag, de La Pampa Regazoli, de San Luis Elías Adre, de Mendoza Alberto Martinez Vaca, Miguel Ragone de Salta, secuestrado y desaparecido el 11 de Marzo de 1976, único ex Gobernador de América que aún continúa en la condición de desaparecido; el Gobernador de Catamarca Mont, un riojano que después se olvidó, se quebró y traicionó; Don Julio Romero de Corrientes, el Dr. Ricardo Obregón Cano de Córdoba, el Gobernador de Santa Fe Silvestre Begnis, que provenía del Desarrollismo; y por sobre todas las cosas los bonaerenses tenemos siempre bien presente a Don Oscar Bidegain; y numerosos dirigentes que desde distintos lugares protagonizaron y acompañaron al Tío Cámpora en esta gesta para lograr que el Luche y Vuelve se concretara, y para lograr que un sueño y una esperanza anidara en el corazón de los argentinos.
De millones de jóvenes y de millones de los mayores que habían vivido la realidad de esa Década Gloriosa del Peronismo del ´45 al ´55; que también lo tuvo al Tío como protagonista central siendo Presidente de la Cámara de Diputados de la Nación y a Oscar Bidegain Presidente del Bloque de Diputados Justicialistas
La Juventud de los Sesenta y de los Setenta tenía como referentes a Perón, a Eva Perón y a todos estos Dirigentes que habían sido los Fundadores del Movimiento Peronista y los que habían sido Actores y Protagonistas fundamentales de la Resistencia.
El día en que el Sabio General que fundó el Movimiento nos dijo que la Revolución Peronista se podía hacer con sangre o con tiempo, nos pidió que le diéramos tiempo.
Nosotros, impulsados por esa fuerza y ese ánimo redentor y de Justicia propio de la Juventud, quisimos concretarla en el corto plazo, pusimos demasiada sangre; y arrastramos dolores, pero el dolor central que arrastramos es que no pudimos evitar los sufrimientos que el Liberalismo deliberadamente inflingió al Pueblo Argentino y el atraso social que logró en sus casi 25 o 30 años de hegemonía, que culminaron definitivamente en Diciembre del 2001.
Pero después de poner la sangre pusimos el tiempo. Y ahora aquí estamos. Los nietos y los hijos de todo este Proceso del Peronismo. Aquí esta nuestro Compañero Néstor Kirchner, ahí estará a partir del 10 de Diciembre Cristina Kirchner para cumplir el compromiso que reafirmamos públicamente ante la Nación Argentina el 25 de Mayo del año 2003.
Después de tanto transito por la adversidad, no hemos llegado a la función para dejar en la puerta de los despachos las convicciones por las que tantos Argentinos dieron su vida.
Venimos a reafirmar que vamos a construir esa Patria Grande con la que soñaron los Fundadores del Peronismo; que vamos a rescatar las banderas históricas de San Martín, de Rosas, de Yrigoyen y de Juan y Eva Perón; y que vamos a decirle ¡SI! a la Unidad Sudamericana.
Y por ello Compañeros, podemos decirle hoy al Tío: no hemos olvidado su ejemplo y estamos para hacer realidad sus sueños y su obra.
Muchas Gracias.
Fuente: www.nacionalypopular.com
La proclamación de la fórmula, jueves 15/02/73 estadio Atlanta
Por Edgardo Imas
imased@yahoo.com
ACTO DE PROCLAMACIÓN DE LA CANDIDATURA DE HÉCTOR CÁMPORA A PRESIDENTE DE LA NACIÓN POR EL FRENTE JUSTICIALISTA DE LIBERACIÓN (FREJULI)
Una multitud pocas veces vista en la historia del estadio (Atlanta) rebasó las instalaciones del León Kolbowski en la concentración donde el peronismo proclamó sus candidatos e inició la campaña proselitista para las elecciones presidenciales llamadas por la dictadura militar para el 11 de marzo de 1973.
Los comicios habían sido convocados, con el general Juan Domingo Perón aún en el exilio, por la dictadura militar que había asaltado el poder el 28 de junio de 1966, derrocando al gobierno constitucional del radical Arturo Illia, si bien éste había asumido al ganar unas elecciones en 1964, en las cuales estuvo proscrito el peronismo. Entre 1966 y 1973 se habían sucedido tres dictadores castrenses: Juan Carlos Onganía, Roberto Levingston y Agustín Lanusse.
Fracasadas distintas maniobras continuistas del general Lanusse —entre ellas, el Gran Acuedo Nacional (GAN)—, y con la bendición del ex presidente Perón desde Madrid y del líder radical Ricardo Balbín para descomprimir la situación política y social, el general fijó la fecha de los comicios y de la entrega del mando al nuevo gobierno surgido del pronunciamiento de las urnas.
En el mitin en el cual se proclamó la candidatura a presidente de Héctor Cámpora y a vice de Vicente Solano Lima, del diminuto Partido Conservador Popular (PCP) —uno de los socios con los que se armó el frente—, hubo un gran entusiasmo y participación, síntomas de un tiempo pasional y esperanzado en un futuro distinto y mejor. El 70% de los asistentes eran jóvenes y mujeres. De ello da cuenta, por ejemplo, que durante cinco horas casi nadie se movió ni dejó de gritar dado que el acto propiamente dicho —anunciado para las 20.30— recién pudo comenzar a medianoche por el derrumbe del palco levantado en el campo de juego sin consecuencias lamentables.
El percance ocurrió cuando a las 22.40 arribaron Cámpora y Solano Lima a quienes numerosos jóvenes les hicieron un cordón protector para que llegaran al palco colmado de personas. La precaria construcción no soportó el peso de tantas personas y se vino abajo. Mientras se improvisaba esto, Cámpora recorrió el campo de juego como si estuviera dando una vuelta olímpica y fue aclamado por la multitud. Incluso se trepó varias veces al alambrado olímpico para estrechar las manos de quienes querían pugnaban por saludarlo.
Los simpatizantes peronistas gritaban vivas a Perón y al Tío Cámpora, y agitaban banderas argentinas —varias de ellas con la leyenda "Montoneros"—y pancartas con leyendas como "Liberación o dependencia" y "Sonríe, Perón te ama" y con imágenes de Perón y Evita.
Si bien hubo cánticos en común, desde dos sectores de las tribunas se escucharon versiones distintas: "Perón, Evita, la patria socialista" y "Perón, Evita, la patria peronista", una confirmación de una aún irresuelta pelea política e ideológica en el movimiento, que en los dos años siguientes pasaría a una escala mayor.
Entre las personalidades presentes estuvieron el dirigente de las 62 Organizaciones, el metalúrgico Lorenzo Miguel; el líder sindical portuario Eustaquio Tolosa; los jóvenes candidatos a diputados nacionales Leonardo Bettanin y Virginia Sanguinetti; el cantante Leonardo Favio; el secretario del PJ, Juan Manuel Abal Medina; Marcelo Sánchez Sorondo y José Antonio Allende, dirigentes justicialistas.
Luego de que el locutor Leonardo Biancotti leyera decenas de adhesiones (entre otras, las de Rodolfo Galimberti y Julián Licastro) y de la entonación del Himno Nacional y de la Marcha Peronista, a la 0.15 comenzó el único discurso de la noche, a cargo de Héctor Cámpora, ya que por la hora se suspendió el resto de las alocuciones.
El candidato a presidente auguró el triunfo, que "no podrá ser impedido por Lanusse ni por la Junta", y agregó que "la ciudadanía había roto la trampa".
En relación con el famoso desafío lanzado por el presidente Lanusse en el sentido de que a Perón no le daba el cuero para regresar al país, el Tío afirmó que "a otros no les daba el cuero para aguantarlo y que en pocos días lo tendríamos al General entre nosotros nuevamente". A tono con el eslogan de campaña: "Cámpora al gobierno, Perón al poder", el candidato reconoció que "el pueblo vibra por Perón y no por mí".
Se calcula que los organizadores del acto pagaron por el alquiler del estadio $3.000.000.
Veinticuatro días después el Frejuli se imponía en las urnas a la UCR, arañando el 50% de los votos. Por eso, se convino en no desarrollar la segunda vuelta electoral entre el primer y segundo, prevista para el caso de que nadie superara la mitad de los sufragios.
Fuente: www.sentimientobohemio.com.ar
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La hora de Cámpora
Por José Pablo Feinmann
Los acontecimientos que todos conocen relegaron a un lugar de insignificación un hecho que merece trascender. Su protagonista es un buen tipo. Vamos a decirlo primero así, como lo decimos en la Argentina, donde les decimos buenos tipos a los tipos que, en efecto, son buenas personas, no traicionan, saben ser amigos, no roban, son puros, tienen una moral y no sólo la tienen sino que la practican. De esos tipos, pocos. Con los dedos de la mano alcanza para numerarlos. A los buenos tipos además –sin solemnidad, sólo con gran respeto– les decimos "hombres buenos". "Hombres dignos." Y, sin demasiado esfuerzo, los queremos, se nos hace fácil quererlos. Facilidad que ellos hacen posible. Estoy hablando de Héctor Cámpora.
El jueves 28 de diciembre, en el Salón Blanco de la Casa Rosada, el hijo y los nietos de Héctor Cámpora le entregaron al presidente Kirchner el bastón y la banda presidencial que fueran de su padre, de su abuelo. Uno no va a muchos lados. Uno, cada vez más, es de salir poco. Hay mucho que hacer, ya no somos jóvenes y la obra está sin terminar. Sabemos que nunca vamos a escribir nuestro mejor libro, pero lo seguimos intentando. Sin embargo, si se trata de recordarlo a Cámpora, uno está ahí. Sabe por qué. Uno dice "Cámpora" y piensa en la primavera. Muy pocos pueden convocar algo tan florido, la mejor estación del año, los pibes en los parques, los pájaros y el amor a todo trapo. Porque la Primavera de Praga es de Praga, pero no es de ningún tipo. En cambio, la Primavera Camporista es de Cámpora, lleva su nombre. ¿Qué es políticamente una primavera? Es un raro momento de la Historia en que creemos que en el futuro espera la felicidad, tal como la sentimos en el presente y aún mejor. Un momento en que la Historia parece, para siempre, nuestra. Tan nuestra que nadie nos la podrá quitar. Durante la Primavera tenemos una visión lineal de la Historia: la Historia avanza, incontenible, en la dirección de nuestros deseos. Más aún: la Historia existe para que, en ella, se realicen nuestros sueños. Eso fue la Primavera Camporista. Duró poco. Fue un romance juvenil y todos sabemos que los romances juveniles son intensos, locos, pero breves. (Años después hubo otra primavera: la de Alfonsín y el Juicio a las Juntas. Pero terminó mal, negándose, y el abogado de Chascomús se deshilachó sin remedio y por su propia mano.)
Cámpora no parecía destinado a ser un revolucionario. (Porque esto, objetivamente, terminó por ser.) Durante el primer peronismo, ese que pinta Santoro con los colores de un Paraíso Perdido, Cámpora era un simple dentista, un hombre de San Andrés de Giles que arrimó un bochín al corazón del Poder. Era obsecuente, y era feliz con la obsecuencia. Quería tanto a Perón y a Evita que no hacía otra cosa sino lo que le decían. Hay una anécdota (seguramente falsa: tiene un tufillo indisimulable de sorna y desdén oligárquico, pero es ingeniosa) que lo muestra siguiéndola a Evita, siempre apurada, siempre afiebrada por la acción, y Cámpora, fiel, detrás de ella y ella, de pronto, le pregunta: "Che, Camporita, ¿qué hora es?". Y Cámpora dice: "La que usted quiera, señora". Divertida la anécdota, pero como dije: falsa. Es inimaginable que una mujer como Evita no tuviera un reloj. Y caro.
Pasan los años y Cámpora pasa a ser el delegado de Perón, que está en Madrid, exiliado. Y aquí empieza a pasarle algo raro. Empieza a conocer a los pibes de la izquierda peronista. Se lleva bien con ellos. Los pibes le dicen "Tío". Y a Cámpora le gusta: ¡ser el Tío de todos esos muchachos ruidosos, quilomberos y, algunos de ellos, amigos de los fierros! A los fierreros Perón les dice: "formaciones especiales". Era la forma de integrarlos. Perón integraba todo, todo le servía, lo bueno, lo malo, lo infame. Se creía el gran ajedrecista de la Historia, el Mago que podría conjurar todos los infiernos de un país en llamas. Cámpora sale elegido para ser Presidente. Perón está proscripto, ¿quién, entonces, sino Cámpora, el fiel, el leal Camporita para tomar su lugar? El 11 de marzo de 1973 gana cómodo. Le hacen, a la noche, un reportaje en la TV y dice: "¡Basta de golpear a nuestros muchachos!". Le habían dicho que la policía golpeaba a los militantes que festejaban el triunfo. Tiene a su lado, como compañero de fórmula, a un conservador, Solano Lima, también sobrepasado por los hechos. Otro buen tipo. El 25 de mayo asume. La plaza es una fiesta sin límites. Vienen Allende y Dorticós. Oigan, no es una fiesta del populismo. Y si no, digan que Allende y Dorticós eran populistas. Es la jornada más triunfal de la izquierda revolucionaria en la Argentina. Cámpora dicta la ley de amnistía y todos los presos salen a la calle, a festejar, a vivir la primavera. Allende, por televisión, dice: "¿Cómo no le habrá de ir bien a este gobierno? Vean ustedes el apoyo de masas que tiene". Le faltaban tres meses para caer. A Cámpora, 45 días. Restablece relaciones con Vietnam del Norte. Dice un discurso combativo desde el balcón de la Rosada. Luego intenta gobernar. Perón lo llama a Madrid. (Esto no sé si es antes o después de asumir: hay que preguntarle a Bonasso, que lo quiso, como todos, mucho.) Perón, duro y fiero, le reprocha sus vínculos con la JP. Cámpora, rebelde, ya no obsecuente, le dice: "Usted pensará como quiera, general. Pero si yo soy Presidente es por usted y por la Juventud Peronista". La Historia, que es azarosa, laberíntica, lo había puesto en el lugar del revolucionario. Las masas juveniles estaban con él. Los militares, al acecho, ya tienen su nombre en la peor de las listas, la de los que deben morir. Vuelve Perón, estalla lo de Ezeiza y en pocos días más, entre los sindicatos, Osinde, López Rega y el general Perón al frente de este comando fascista, de estos héroes de la "etapa dogmática", del giro a la derecha, de la negociación con los milicos o, mejor dicho, de la claudicación ante un Ejército que exigía normalidad, basta de tomas de fábricas, basta de ese petardista de Galimberti proponiendo milicias populares, basta de primaveras imprudentes, subversivas, lo tiran al Tío por la ventana, sin asco ni respeto.
Murió exiliado en la embajada de México (*). Llevaba años ahí. Si Videla lo agarraba lo hacía desollar vivo y en su presencia, para gozar. Murió de un cáncer que no pudo atenderse adecuadamente: una embajada no es un lugar para curar un cáncer ni, peor aún, para amenguar su dolor. Los milicos lo odiaban como a uno de sus peores enemigos: esto lo honra. "Fue un hombre digno", dijo Kirchner al recibir los atributos que el hijo y los nietos le entregaron. "Che, Camporita, ¿qué hora es?" Es la suya, querido Tío. La hora en que lo recordamos como lo que usted fue. Algo insólito, extraordinario: un hombre bueno. Llevamos su primavera en el corazón. La llevamos, entre otras cosas, porque nunca más tuvimos otra. Pero todavía estamos aquí, y esperamos.
Fuente: Página/12, 31/12/06
(*) El autor incurre en un error, ya que Cámora muere en México y no en la embajada, como lo explica Noé Jitrik en la siguiente nota.
Cámpora entre Buenos Aires y México
Por Noe Jitrik
En un emotivo artículo publicado en contratapa del domingo 31, mi buen y querido amigo José Pablo Feinmann evoca la figura de Héctor Cámpora, a quien designa como "un hombre bueno". Como todo lo que escribe José Pablo, es inspirado y, en este caso, rememorativo de lo que esa figura representó para muchos que, como él, cifraban todas sus esperanzas de algún cambio en el peronismo primero y en el país como consecuencia. El artículo tiene de bueno que la primitiva adoración por Perón, que fue el mérito y a la vez el punto débil de Cámpora, está muy atenuada en el propio Feinmann, hasta el punto de que hace un paquete con "los sindicatos, Osinde, López Rega" y lo pone a Perón "al frente de este comando fascista", son ésas sus palabras.
Estos matices me interesan tanto más cuanto que no compartí ese vasto campo de adjetivos que parecen dibujar una época prometedora, la "primavera camporista", como era usual decir entonces. Pero, en cambio, compartí algunas jornadas con el propio Cámpora en México durante sus dos exilios. Tuve la oportunidad de conversar varias veces con él y, cuando llegó de su prolongado asilo en la Embajada de México en Buenos Aires, lo pude acompañar cuando fue a entrevistar al presidente José López Portillo, flanqueado por otros exiliados, como Esteban Righi, Rafael Pérez, entre otros, todos miembros de la Comisión Argentina de Solidaridad.
Esta mención tiene que ver con la nota de Feinmann porque obliga a una rectificación histórica, error sin duda involuntario; en efecto, contrariamente a lo que afirma, Cámpora no "murió exiliado en la Embajada de México" sino en México, adonde llegó luego de una campaña internacional por su liberación, acompañado por su hijo Héctor y Juan Manuel Abal Medina, y fueron recibidos por el conjunto de los exiliados y de inmediato integrados a las tareas del exilio en la CAS. Es más, Cámpora fue velado en el local de la Comisión Argentina de Solidaridad y de ahí sus restos fueron llevados a un cementerio del sur de la ciudad, donde unos años antes habíamos entregado los restos de Miguel Angel Piccato, otro excelente compañero, que militaba en el radicalismo. Ambas muertes fueron igualmente dolorosas no sólo por la pérdida que implicaban sino también porque nos hacían sentir, más allá de cualquier análisis político, que el exilio podía prolongarse indefinidamente: los muertos tienden sus raíces en tierras protectoras pero al mismo tiempo alejan con más fuerza de la propia. Pude entonces comparar destinos, conmovedoras simetrías de la historia: Manuel Azaña, protagonista principal del drama español, está enterrado también lejos, en el cementerio de Montauban, al sur de Francia, donde llegaron cientos de exiliados españoles, algunos de los cuales nunca pudieron regresar. Tampoco los restos de Azaña.
En cambio, los restos de Cámpora pudieron ser traídos a Buenos Aires y su figura recuperada. En el libro de Miguel Bonasso, así como en el que escribieron al alimón Jorge Bernetti y Mempo Giardinelli, hay más información sobre lo que eso fue y significó, junto con lo que significó el exilio en México y sobre todo la CAS (Comisión Argentina de Solidaridad), cuyo papel no ha sido del todo relevado históricamente pero que se suele mencionar con liviandad. Me he preguntado muchas veces en estos años, desde 1984 hasta ahora, por qué algo así, que violenta la historia, ha podido producirse. Encuentro una explicación: la CAS agrupaba a exiliados que reivindicaban ese carácter, de diversas procedencias políticas, desde izquierda independiente hasta radicales y peronistas, y procuraba recibirlos, ayudarlos, solucionar problemas y realizar una labor de denuncia contundente acerca de los horrores de la dictadura; no participaron de esa iniciativa los miembros de Montoneros y ERP, que se agruparon en torno del Cospa (Comité de Solidaridad con el Pueblo Argentino), hasta que muchos de ellos rompieron con sus organizaciones y decidieron integrarse a la CAS que, de este modo, terminó siendo la organización principal y decisiva del exilio. Después, en el relato del exilio se intenta excluir a la CAS y lo que fue su trabajo y su significado para poner el acento en la paulatina, incesante y recuperada visión guerrillera de esta historia a la que asistimos desde hace un quinquenio por lo menos.
No es la primera vez que esto ocurre. Cámpora, tal vez, que ingresó a la CAS y, como dije, fue despedido en ella por todo el exilio, es recordado por su simpatía hacia aquella "juventud primaveral y maravillosa" pero se omite o se deja de lado –siento que de manera deliberada e implícitamente desvalorizadora– una historia que podría permitir el establecimiento de un juicio menos sesgado y más justo acerca de lo que fue realmente el exilio. Que no fue un mero campo de entrenamiento militar para un regreso triunfal sino, sobre todo, una experiencia humana cuyas consecuencias y alcances, ellas sí, son insoslayables.
Fuente: Página/12, 07/01/07
Apuntes sobre "El presidente que no fue"
"El presidente que no fue" es una nueva batalla ganada contra el olvido. A lo largo de casi 700 páginas, Miguel Bonasso cumple con creces su objetivo inicial: desenterrar a Héctor José Cámpora del pozo al que la historia oficial lo condenó lenta pero inexorablemente. Como dice el autor en el comienzo: "Pocos sabían quién había sido en verdad ese hombre tan sencillo, casi rústico, que una democracia desmemoriada había dejado en su destierro mexicano. El olvido se cerraba sobre una política rica en peripecias".
Bonasso reconstruye la figura de Héctor Cámpora, de quien fue Secretario de Prensa, a partir de un varias veces postergado encuentro con los archivos del presidente más fugaz de la historia argentina. "La lectura de aquellos materiales (...) -explica- me catapultó a la locura. A la busca de testigos, amigos que se habían convertido en enemigos, enemigos que ya no tenían más fuerza para odiar, amigos que seguían siendo amigos. Los papeles eran puertas que abrían otras puertas, que se multiplicaban en bibliotecas y hemerotecas, en los laberintos de una memoria bombardeada pero no destruida"
Las páginas del libro se fortalecen con un impresionante arsenal literario, histórico y documental. De ahí sobresale la correspondencia entre Cámpora y Juan Domingo Perón durante l972 y l973. Es decir, el período que va desde que el primero se transforma en Delegado del segundo en Argentina y hasta que el General lo desplaza de la presidencia de la Nación antes de que cumpla cincuenta días de gestión. En el interregno, Cámpora se convierte en la cara visible de la campaña, que bajo la consigna "Luche y vuelve", posibilita el retorno del peronismo al poder después de dieciocho años de proscripciones.
De esa relación epistolar surge también la información que Bonasso utiliza para reafirmar la responsabilidad de Perón en la creación de la siniestra Alianza Anticomunista Argentina, Triple A, dirigida por su secretario privado, José López Rega. Asímismo Bonasso reconoce que ya desde 1968 hubo voces que, desde fuera del peronismo, denunciaron la verdadera estrategia de Perón hasta el cansancio.
Como se hace evidente, "El presidente que no fue" no muestra la biografía de una figura aislada sino que la presenta en relación a sus aliados, sus enemigos, sus parientes y a un contexto internacional que hoy resulta extraño.
"Cuando todo parecía derrumbarse, cuando la desesperanza sobrecogía nuestros corazones, cuando los años transcurrían y la calumnia, la persecución y la entrega se enseñoreaban en los cuatro confines de la heredad argentina, su palabra rectora y su acción acertada disipaba nuestras inquietudes, nos fortalecía en la resistencia y nos animaba a seguir en la lucha, dándonos el ejemplo de los grandes capitanes de la historia"Héctor J. Cámpora, mayo de 1973 |
Bonasso es cronista de un tiempo que lo tuvo también como protagonista. Y eso nos brinda la posibilidad de acceder a grandes descripciones. Momentos tan disímiles como la noche en que todos los presos políticos de la dictadura lanussista recuperaron su libertad y la trágica jornada de la masacre de Ezeiza. En este último caso, el autor -desde el título de un capítulo que rotula "La emboscada"- desnuda la teoría de los dos demonios que nos habla de "enfrentamiento" y que se agigantará poco después cuando la dictadura de Videla, Massera y compañía argumente que llegó para combatir a la subversión y lance un exterminio masivo.
En el libro, aparece naturalizada la estrecha relación de Perón con el fascismo de Francisco Franco en España, y los coqueteos con la dictadura paraguaya de Alfredo Stroessner, lo que aún hoy no deja de ser sorprendente.
Es cierto que Bonasso nos muestra una historia parcial en algunos pasajes, pero a la vez nos involucra en el debate del pasado con vistas al futuro. Y eso no es poca cosa, después de años de oscurantismo y censores que nos advierten que aún es demasiado pronto para hablar de nuestro pasado reciente.
Por otra parte es evidente que el libro relega e incluso realiza caracterizaciones simplistas de algunas expresiones políticas de peso. De cualquier manera, se trata, en verdad, de varios libros, muchos de los cuales todavía no han terminado de escribirse. Es tarea de todos los que se comprometen con un proyecto diferente de sociedad contribuir a ese esfuerzo.
"El presidente que no fue" acumula una lista importante de méritos, aunque quizás se destaque la sinceridad con que está escrito. La única forma de recuperar el pasado hoy es desde la sinceridad, para que el testimonio sea útil también a los que recién empiezan a asomarse a la Historia, con ganas de enfrentarla.
Como dice Gabriel Fernández en su artículo de junio de este año en el periódico de Madres de Plaza de Mayo: "La memoria política de una sociedad tiene tres movimientos básicos: el reconocimiento de la existencia de un pasado, la crítica del mismo y la aplicación de experiencias en el accionar presente. Su interrelación se despliega como proceso y esa continuidad fortalece el hacer de un pueblo, porque la historia es política y la política es siempre, proyección. (...). Hoy necesitamos anular los mecanismos que durante años nos impidieron aceptar la existencia de luchas populares en los 50, 60 y 70. Militantes que resultaron fruto de una inversión colectiva han sido rebajados a individualidades ambiciosas que disponían de la vida ajena. Ernesto Che Guevara ha sido presentado como un exabrupto de la historia americana.
"Pero también necesitamos la crítica de lo actuado. (...) la reivindicación a libro cerrado sólo convoca a la reiteración y la reiteración no resulta posible (...) en lugar de constituirse en opción reivindicable a superar la gesta anterior puede transformarse en modelo opresivo para las nuevas generaciones. (...) sin ruptura, el pasado se cristaliza y se presume eterno, esteriliza proyectos, desvaloriza lo mejor: el tener que inventar todos los días una nueva política popular".
Esa línea que marca Fernández es la que vuelve a señalar "El presidente que no fue" y que se extiende también en una serie de libros, artículos, películas y expresiones diversas que nos abren el camino hacia el debate sincero de un pasado que todavía hoy se nos pretende negar. La pregunta entonces es cómo recuperamos la memoria histórica y, sobre todo, para quién. Si lo hacemos de manera acrítica, es probable que nuestro esfuerzo lo capitalicen precisamente aquellos que pugnan por sepultarla. Si lo hacemos para saldar cuentas pendientes con nosotros mismos, apoyándonos en una Historia que pretendemos clausurada, entonces estamos recuperando una memoria inerme. Si en cambio, la rescatamos con vistas al futuro, para las próximas generaciones ávidas de ese pasado, si somos capaces de pensar más allá de nuestras propias vidas y experiencias, entonces sí la memoria logrará una incidencia política práctica.
Con su investigación, Miguel Bonasso vuelve a abrir un frente de lucha contra el olvido a partir de un personaje político que reivindica pero no ensalza: "La curiosa paradoja de una lealtad sin fisuras que había terminado por enajenarle lo que más valoraba: la amistad del General. La cesión a Perón de todo, a cambio de nada". Así logra acercarnos a un hombre y a una época que muchos prefieren
borrar y tiende un puente con el presente: "El regreso de Cámpora a la Argentina , el 9 de diciembre de l99l, puso en evidencia lo bien que funciona la máquina de la desmemoria. Si al moribundo de l979 lo habían lapidado los insultos, al cadáver de los noventa lo sepultaron los elogios, que le tributaron en el Salón del Congreso (...) ‘El legado de Cámpora es inequívocamente el de la lealtad inclaudicable a las ideas que abrazó’, dijo el Presidente de la Cámara de Diputados, Alberto Pierri, que le vendía papel a Massera cuando al homenajeado lo condenaban al cáncer terminal de la calle Arcos (reteniéndolo durante tres años y medio en la Embajada de México)". Sólo cuando los militares tuvieron la certeza de que moriría, lo dejaron salir del país.
Doce años después, el presidente Menem no fue a recibir sus restos. Como explica Bonasso "esta ausencia necesitaría dos años y un deceso para terminar de perfeccionarse como símbolo del posperonismo gerencial, con la visita de Menem al velatorio del almirante Isaac Francisco Rojas (que reivindicaba bombardeos y fusilamientos) a quien había llegado a considerar su ‘amigo’ ".
El autor de "Recuerdo de la muerte" cuenta que inició esta investigación precisamente porque no le gusta cómo se escribe la Historia. Ocurre, y Bonasso bien lo sabe, que la Historia es siempre conflicto; de ese mismo conflicto forma parte su explicación. Por eso, y a la luz de los resultados, "El presidente que no fue" es una nueva batalla ganada contra el olvido.
La recuperación de una memoria activa con vistas al futuro, que reavive la polémica en lugar de asesinarla, es un ejercicio que todos, incluido el propio Bonasso por supuesto, debemos seguir practicando
Fuente: www.hijos-capital.org.ar
El Presidente que no fue (fragmento)
Por Miguel Bonasso
"La mañana del martes 23 de marzo Héctor Cámpora se despertó en su austero dormitorio de San Andrés de Giles, mirando sin ver el viejo armario de luna coronado por dos cajas de sombreros que Nené había dejado arrumbadas, como malos recuérdos del último viaje a España. Afuera, en la fría sala, se oís bostezar a uno de los custodios, de los "suyos de siempre", y no de los que le había puesto -para vigilarlo-"su amigo", el ministro del Interior. Había dormido profundamente, suprimiendo arenas movedizas de la conciencia, pero a medida que íba reconociendo el mundo, volvían los temores del día anterior.
"Una Argentina inerme ante la matanza."
Y más abajo: "Al cabo de una jornada en la que cundieron las versiones de un inminente golpe militar: LA PRESIDENTE REUNIO AL GABINETE EN SU DESPACHO".
Al dar vuelta de páginas de La Opinión aumentaba su desasosiego y la convicción dé que "Timerman, como siempre, está jugado al golpe". Las principales páginas de la sección política llevaban una elocuente cornisa: "LA AGONIA DEL REGIMEN"; las de policiales: "LA ESCALADA SUBVERSIVA"; las de economía: "LA CRISIS ECONOMICA".
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Un viejo enemigo del peronismo, el ex capitán de navío Francisco Manrique, sostenía que un "gobierno muerto está siendo desalojado". El partido Nueva Fuerza, que pertenecía al ingeniero Alvaro Alsogaray, profetizaba que los dirigentes políticos, sindicales y empresariales vinculados al peronismo serían "barridos". El clásico boletín antisubversivo registraba diez muertes violentas en la jornada, omitiendo destacar que la inmensa mayoría de las víctimas habían sido asesinadas por grupos paramilitares como el "Comando Libertadores de América", una estructura clandestina del Ejército que había reemplazado a la muy devaluada Triple A de López Rega. Sin incómodos desgloses, La Opinión registraba "un muerto cada cinco horas y una bomba cada tres". En la misma edición, informaba que la inflación había trepado al 30 por ciento mensual y al 700 por ciento anual. Cables de Estados Unidos citaban declaraciones del senador republicano Jesse Helms elogiando a las Fuerzas Armadas argentinas como único "elemento constitucional que puede todavía garantizar las libertades y los derechos humanos". El New York Times, por su parte, auguraba la renuncia o la caída de "la aturdida y trágica figura instalada en la Casa Rosada".
Entre los múltiples movimientos de tropas que consignaba la crónica periodística, había uno referido al Regimiento 6 de Infantería con base en la vecina ciudad de Mercedes, donde Cámpora había nacido el 26 de marzo de 1909.
Ese regimiento, que conocía desde los tiempos en que lo comandaba el coronel Rafael Videla (padre del general Jorge Rafael Videla), tenía ya la misión de capturarlo y asesinarlo.
A tres días de cumplir sesenta y siete años y a tres años de la victoria del 11 de marzo, Cámpora esperaba noticias decisivas en su viejo reducto de San Andrés de Giles, uno de esos caserones típicos de la campiña bonaerense; grises, chatos, de una planta, con un balcón a cada lado de la entrada principal que daba a la calle San Martín. Obviamente, la calle del pueblo.
Como otros caudillos bonaerenses, Don Héctor prefería esperar los acontecimientos en su territorio; el pueblo que había elegido cuarenta años atrás y al que regresó de todos los golpes y destierros de una política impiadosa. Claro que había regresos y regresos: el diario informaba, también, que el Turco Jorge Antonio acababa de llegar tras veinte años de exilio en España. Un largo destierro que solo interrumpió con cortos viajes al país, como el que hizo en julio de 1974, para velar a Perón. Peleado con Isabel y López Rega llegaba a ver pasar el cadáver de su enemiga, proponiendo una coincidencia cívico-militar y la reiterada fantasía de los capitales árabes. Jorge Antonio le evocó la fuga de Río Gallegos, que también había sido en marzo, diecinueve años antes. El golpe del 55 y los errores de la primera caída. Los "entornos" y los acomodados, los corruptos y los traidores como Teisaire.
-¿Por qué, Señor, por qué?-preguntó mentalmente a un destinatario no definido, que podía ser Dios o Perón, mientras caminaba por el patio cubierto al que daban el comedor sombrío con muebles de su suegra y la cocina donde hervía el puchero. Al final de este patio-corredor había un cobertizo, las habitaciones de servicio, un pequeño jardín con naranjos y el garage, que tenía la previsora virtud de salir a otra calle, transversal a San Martín, la calle Avellaneda. Avellaneda 258; un detalle sin mayor importancia durante décadas, pero que dentro de pocas horas le salvaría la vida.
A esas horas Raúl Gustavo Trombetta, el Lali Trombetta, sodero de San Andrés de Giles, llegaba con su esposa al departamento de la calle Libertad 1571, donde vivían los Cámpora cuando estaban en la Capital.
María Georgina Acevedo de Cámpora, la Tía Nené, los recibió con su sonrisa sempiterna, pero se veía a la legua que estaba angustiada. Los sacó de la sala, presidida por el gran óleo de Evita, los metió en el comedor y cerró la puerta.
Debían llevarle a su marido un mensaje contundente: el golpe sería esa mismo noche y Héctor encabezaba la lista de los más buscados. Debía escapar, ya.
El matrimonio hizo el viaje de regreso a toda velocidad. En San Andrés, Lali estacionó el auto a pocos metros del caserón. Saludó con apresión al policía de guardia y entró al frío recibimiento de baldosas. Los custodios de la Federal eran un obstáculo a salvar para la fuga. Pero los principales escollos se los ponía por delante el propio Don Héctor. Dos meses atrás, cuando se hizo evidente que regresarían los militares, empezó a insistirle: "Doctor, tiene que volverse a México". La respuesta era invariable: "¿Por qué?, si yo no hice nada malo. No tengo por qué escaparme como un bandido".
Esta vez lo escuchó en un grave silencio. Luego preguntó que estaban por hacer su mujer y su hijo mayor.
-Se van, Don Héctor -repuso el sodero-. Ya se deben haber ido.
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Este último dato lo convenció. Le dijo a Lali que fuera a San Antonio de Areco, lo viera al Gordo T y le pidiera las llaves de su quinta, para esconderse allí. Era una de las alternativas que habían pensado, en previsión de este emergencia. Aunque San Antonio estaba a unos veinticinco kilómetros de Giles, no había tiempo que perder.
Cámpora se encerró en su dormitorio y se puso a preparar las valijas. Le repugnaba la idea de escaparse, pero intuía que esta vez no podía presentarse a los militares y decirles, como les había dicho en el 55: "Acá estoy, pueden investigarme". No tenía una idea cabal del maremoto represivo que se cernía sobre la Argentina, pero tampoco ignoraba que habría muertos y que él bien podía ser uno de ellos.
A las cinco de la tarde, mientras el sodero alertaba al ex presidente, los principales políticos del país se aglomeraban en Rivadavia 882, donde tenía su estudio el hermano del jefe radical, Ricardo Balbín, para escuchar a Carlos Juárez, un antiguo hereje de la conducción peronista, convertido en vocero del Partido Justicialista. "La Señora Presidente -dijo Juárez-está a punto de conversar con los tres comandantes, para superar la crisis".
El cónclave de los políticos se prolongó varias horas. Antes de que se llegara a ninguna conclusión, el doctor Oscar Alende, titular del Partido Intransigente, pidió perdón por abandonarlos en función de un "acto narcisista". Quería ver por televisión, junto a su esposa, el discurso que acababa de grabar y que iba a difundirse esa noche por la Cadena Nacional de Radio y Televisión. El espacio, cedido por la Presidenta a los opositores en una busca desesperada de oxígeno, había sido usado por Balbín, seis días antes, para un diagnóstico implacable: "todo está naufragado". En verdad, la dirigencia radical venía manteniendo reuniones con los golpistas desde octubre del año anterior.
El sodero Lali recorrió San Antonio de Areco con angustia: el Gordo T no apariecía por ningún lado. Rehízo el camino a Giles pensando en una segunda alternativa, pero al pasar cerca de la comisaría vio la camioneta del Gordo estacionada frente a la casa de un pariente. No se animó a bajar por la vecindad con los policías y prefirió esperarlo. Se quedó una hora dentro del coche, pero el Gordo no dio señales de vida. En la radio anunciaron a Oscar Alende. Eran las ocho y media de la noche del 23 de marzo. El mensaje en favor de la democracia se había adelantado media hora para no superponerse con el partido River-Portuguesa, por la Copa Libertadores de América, que comenzaba a las 21.
Cámpora, con aire de total normalidad, estaba en la sala viendo por televisión al doctor Alende, con quien se lo había vinculado en una posible fórmula frentista para las elecciones presidenciales del 77, que ahora podrían adelantarse para salvar a un gobierno agonizante. El último delegado de Perón estaba acompañado por uno de sus custodios de confianza, el chofer Oscar Moya, y uno de los agentes de la Federal, que se había replegado a un discreto segundo plano. En cuanto Lali entró, Don Héctor le hizo una rápida seña con las cejas, como en los partidos de truco que jugaban en el Club Almafuerte. En la tele Alende convocaba a la "convergencia de las fuerzas revolucionarias de la Argentina".
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A cien kilómetros de allí, en la sede del Ministerio de Defensa, el teniente general Jorge Rafael Videla, el almirante Emilio Eduardo Massera y el Brigadier Orlando Ramón Agosti, escuchaban al nuevo titular de la cartera, José Deheza, un nacionalista católico, yerno del general Eduardo Lonardi (el jefe militar que derrocó a Perón en 1955), convertido al peronismo e integrado al gobierno isabelino. Deheza aseguró a los comandantes que ni a él ni a la Presidente les temblaría la mano si hubiera que firmar sentencias de muerte a los subversivos. La declaración no conmovió a sus interlocutores. El general Videla fue el único que habló: cortésmente pidió permiso para ir al baño.
En la Casa Rosada, Isabel Perón mantenía una reunión con ex ministros, dirigentes sindicales y legisladores ultraverticalistas. Su nuevo ministro del Interior, Roberto Ares, llegado al gobierno en la décima recomposición del gabinete desde el 1º de julio de 1974, se despedía de los periodistas acreditados con una sonrisa y una promesa temeraria: "Hasta mañana, muchachos". Afuera, en una Plaza de Mayo desierta, veinte mujeres coreaban: "Se siente, se siente, Isabel Presidente".
Se encerraron en lo que solía ser el despacho de abogado de Héctor y Carlos para arreglar los detalles de la fuga. Cámpora ya tenía preparadas dos valijas y le contrarió mucho saber que el Gordo T estaba tan cerca y al mismo tiempo inaccesible. Lali lo apremió para escapar cuanto antes y logró convencerlo. Irían directamente a San Antonio y le caerían, de sopetón, al Gordo. El único problema eran esos policías que de cuidadores se podían transformar súbitamente en carceleros. Decidieron engañarlos: les dirían que el doctor no cenaría afuera como solía hacerlo muchas veces. Que fueran ellos a comer antes de que se les hiciera tarde. Si tenían escrúpulos y no querían ir juntos se la jugarían igual: Cámpora saldría con Moya y el otro custodio por la puerta de atrás. Lali debía irse primero, como si nada pasara, pero los esperaría a cinco kilómetros de distancia, en un discreto cruce de la ruta 41.
Cuando dejó la casa los dos policías charlaban en el zaguán tan tranquilos. Uno miraba la hora. Adentro, Cámpora y sus dos hombres de confianza se movieron como sombras, tapando los ruidos de la fuga con la transmisión del partido a todo volúmen. Cargaron las valijas en el Fairlane azul de Don Héctor, levantaron la cortina metálica del garage, pesada y ruidosa, y apareció ante sus ojos la chatura nocturna y despoblada de la calle Avellaneda. Nadie en la vereda de enfrente. Moya metió la primera y el auto salió del garaje. Antes de recorrer los cincuenta metros que lo separaban de la esquina, se cortó la luz. El auto cruzó en tinieblas la calle San Martín, iluminando con sus faros las aceras despobladas.
Después se dijo que el apagón había sido intencional.
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