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NOTAS EN ESTA SECCION
La primavera camporista | Héctor J.
Cámpora |
Hacia el triunfo popular: Cámpora al gobierno, Perón al poder, por Eritz
e Iciar Recalde
Héctor J. Cámpora (entrevista Primera Plana,
1972) |
34º aniversario
del triunfo electoral de Cámpora, por Carlos Kunkel
La proclamación de la fórmula presidencial
| La hora de Cámpora, por José
Pablo Feinmann
Cámpora entre Buenos Aires
y México, por Noé Jitrik |
Apuntes sobre El presidente
que no fue
El presidente que no fue
(fragmento), Miguel Bonasso |
El relevo de Cámpora |
La repatriación de sus restos
“Lupín” en la Plaza de Cámpora
(Extracto del libro "Setentistas" de Fernando Amato y Christian Boyanovsky
Bazán)
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Dto Estado USA sobre la estadía en la embajada de México
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Homenaje a Cámpora |
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Montonera | Revista De Frente
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Mona Moncalvillo - Entrevista con Esteban Righi, Revista Unidos, 1986
| Juan
Iván Ladeuix, el PJ en 1973
Miguel Bonasso - "Campora se parecía a Illía
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Asuncion de Campora, Punto Final 185, 05/06/73
Entre el gobierno
y el poder, Punto Final 180, 27 de marzo 1973 |
La Universidad de Buenos Aires durante el
gobierno de Cámpora
"El caso argentino, dilema no resuelto, Punto Final 182, 24/04/73
|
Juan Manuel Abal Medina, entrevista Revista
Siete Dias, marzo 1983
Jorge
Abelardo Ramos - Entre Cámpora y Perón (entrevista 1973) |
Respuesta del ERP al presidente Cámpora
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La
primavera camporista. El peronismo, de la proscripción al poder
Desde
el derrocamiento del segundo gobierno del Gral. Juan D. Perón hasta la
convocatoria a elecciones en 1972 el peronismo -identidad política mayoritaria
de la población- estuvo proscripto y su líder exiliado. Durante ese período
surgieron distintas agrupaciones peronistas que evidenciaban la vigencia de esa
identidad a pesar de los embates represivos. Con el tiempo, el fin de la
proscripción, el regreso del Gral. Juan D. Perón a la Argentina y el acceso del
peronismo al poder se fueron perfilando como los objetivos políticos inmediatos
de estas agrupaciones.
Si la dictadura del Gral. Juan Carlos Onganía, instaurada en 1966, constituyó el
telón de fondo de una ola de movilización política y social sin precedentes, el
surgimiento de Montoneros marcó un nuevo punto de inflexión. Esta organización
político-militar, que se reivindicaba peronista, hizo su primera aparición
pública en mayo de 1970 con el secuestro y fusilamiento del Gral. Eduardo
Aramburu -enemigo histórico del peronismo y principal responsable de los
fusilamientos de 1956. Este acontecimiento -recibido con inmensa simpatía por
amplios sectores de la población- forzaría la renuncia del Gral. Onganía y
desataría una crisis en el seno del poder militar. Pero más importante aún fue
la acelerada y creciente gravitación que a partir de entonces tendría Montoneros
en el escenario político. Muy pronto sería esta organización la que
capitalizaría en gran medida una movilización social que venía gestándose desde
años atrás. En efecto, incentivada por los permanentes guiños de apoyo y
complicidad que el Gral. Juan D. Perón les dedicaba desde su exilio en Madrid, y
tras volcarse a la organización de la Juventud Peronista (JP) en barrios,
universidades, villas y, en menor medida, sindicatos, Montoneros se erigió en el
principal referente de las nuevas camadas de jóvenes peronistas sensibles a la
injusticia social, para quienes los discursos y prácticas de las estructuras
tradicionales del peronismo -encarnadas en la "burocracia sindical"- resultaban
demasiado cercanas a las ideologías de derecha y manifiestamente proclives a
negociar con el poder. Pero Montoneros también se convertía en polo de atracción
de aquellos jóvenes de izquierda que, proviniendo de familias no peronistas y
aun "gorilas", consideraban que todo movimiento u organización que se propusiera
un cambio revolucionario debía incluir -necesariamente- al peronismo.
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La intensidad de la protesta
política y social, cuya expresión más acabada podía encontrarse en la
recurrencia de los estallidos populares que siguieron al Cordobazo y en el
festejo con que amplios sectores sociales acompañaban las acciones de las
incipientes organizaciones guerrilleras, fue creciendo hasta imponer un clima de
notoria ingobernabilidad. Así, ante una presión popular prácticamente
insostenible -y que iba identificándose cada vez más con el peronismo y con
Perón- la dictadura se vio obligada a organizar una salida democrática. A pesar
de la voluntad de los grupos más conservadores y del propio poder militar,
resultaba evidente que aquella salida debía incluir como condición sine qua non
el fin de la proscripción del peronismo y el regreso del Gral. Juan D. Perón al
país. Así lo habían demostrado los fallidos intentos de negociar con distintos
actores políticos una propuesta institucional que excluyera al Gral. Juan D.
Perón.
Evidencia también del poder de movilización que iba adquiriendo la Juventud
Peronista fue la exitosa campaña política que ésta llevó adelante por el regreso
del Gral. Perón: el "Luche y vuelve", que culminó con la primera visita del
histórico líder a la Argentina en noviembre de 1972, después de 17 años de
exilio. La alegría y la movilización popular que acompañaron a esta breve visita
preanunciaban el clima de fiesta que se avecinaba.
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En este contexto, el Gral. Alejandro Lanusse -último dictador del período- se
vio obligado a convocar a elecciones. Quedaba, sin embargo, una última
posibilidad para impedir la llegada del Gral. Juan D. Perón al sillón
presidencial. La "cláusula de residencia", negociada precipitadamente en la
reglamentación del acto electoral, se orientaba en esa dirección al prohibir la
candidatura de quienes no hubieran estado residiendo en la Argentina con
anterioridad a agosto de 1972. La posición del peronismo fue desafiante y, si
revelaba el carácter ficticio que los protagonistas le adjudicaban a la
representación política, ponía también en evidencia quién ocupaba y ocuparía la
centralidad del escenario político: la consigna de la campaña electoral fue
Cámpora al gobierno, Perón al poder.
Héctor Cámpora había sido recientemente designado por el líder como su delegado
personal. Contaba con el apoyo y la simpatía no sólo de la JP -que lo había
apodado cariñosamente "el Tío"- sino también de sectores más amplios del
espectro político y social que pugnaban por una transformación económica y
social atenta a las demandas de los sectores populares y del capital industrial
nacional. Finalmente, es probable que no pocos hayan pensado en el gobierno de
Cámpora tan sólo como un período transicional hacia un gobierno encabezado por
el propio Gral. Juan D. Perón.
En las elecciones del 11 de marzo de 1973, la fórmula Cámpora-Solano Lima triunfó sin mayores sorpresas con el 50% de los votos. El 25 de mayo, Héctor Cámpora asumió la Presidencia de la Nación en un clima de intensa algarabía popular. Se van, se van y nunca volverán era la consigna coreada en las calles por las multitudes que, sabiendo que la movilización popular había forzado la salida de los militares del gobierno, festejaban el fin de la dictadura y, en su mayoría, el retorno del peronismo al poder después de 18 años de proscripción.
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Gran parte de la izquierda no
peronista también se sumó a los festejos. La llegada de Héctor Cámpora al poder
parecía anunciar la inminencia de un tiempo de transformación social que pondría
fin a los privilegios económicos y a la dependencia del capital extranjero. La
hora del cambio y de la "liberación nacional" se acercaba. La presencia del
presidente chileno, Salvador Allende y del cubano, Osvaldo Dorticós -en
representación de las dos experiencias socialistas del continente- reforzaban el
clima del evento. Y, como constatación de su inmenso poder y del carácter
popular del nuevo gobierno, esa misma noche una enorme multitud se dirigió a la
cárcel de Villa Devoto imponiendo de hecho la liberación inmediata de todos los
presos políticos, en su mayoría dirigentes sindicales y militantes de las
organizaciones guerrilleras. La liberación fue acompañada, casi simultáneamente,
por la firma de un indulto presidencial (días después, el Congreso aprobó una
Ley de Amnistía). El 25 de mayo de 1973 fue, sin lugar a dudas, una jornada
histórica.
Este clima de festejo se prolongó durante todo el gobierno de Héctor Cámpora,
convirtiendo a este período en una verdadera "primavera" para importantes
sectores de la población. Las expectativas de la Juventud Peronista -actor
político clave de este proceso- se vieron satisfechas en gran medida; puesto que
el peronismo de izquierda y sus simpatizantes -nucleados alrededor de lo que se
llamó La Tendencia- ocupó espacios institucionales de importancia: varias bancas
en el Congreso, varias gobernaciones, algunas de ellas muy importantes, como
Buenos Aires, Córdoba y Mendoza; dos o tres ministerios y las universidades, que
fueron la gran base de movilización de la JP. En áreas como la salud y la
educación se impulsaron distintos proyectos que tenían a los sectores populares
como principales beneficiarios. En términos generales, se esbozó una política
económica más atenta a las demandas de los asalariados y excluidos y
caracterizada por una mayor regulación estatal de las relaciones entre capital y
trabajo.
La llamada "primavera camporista" habría de durar tan sólo 49 días. Tras el tan
ansiado regreso definitivo del Gral. Juan D. Perón a la Argentina (en junio de
1973) y el enfrentamiento entre distintos grupos del peronismo que culminó en
una masacre perpetrada desde la derecha en el aeropuerto de Ezeiza -donde una
masa multitudinaria encabezada por las distintas agrupaciones de la JP había ido
a recibir al líder-, Héctor Cámpora renunció el 13 de julio.
Aunque no todos los actores sociales y políticos pudieran vislumbrarlo así,
comenzaba el fin de esta "primavera" y el inicio de un nuevo período signado
fundamentalmente por una acelerada agudización de los conflictos entre la
izquierda y la derecha peronistas. En este delicado escenario, la persistencia
de la actividad armada de la principal organización guerrillera no peronista -el
PRT-ERP- contribuiría a la agudización de los conflictos políticos.
[Memoria Abierta, De memoria, testimonios, textos y otras fuentes sobre el
terrorismo de Estado en Argentina]

Héctor
José Cámpora, llamado afectuosamente El Tío por las jóvenes generaciones
peronistas de los años 70, nació en Mercedes, provincia de Buenos Aires,
el 26 de marzo de 1909. Fue presidente del centro de estudiantes de odontología
de la facultad dependiente de la Universidad Nacional de Córdoba en 1930.
Culminó la carrera de odontología y decidió radicarse en San Andrés de Giles,
provincia de Buenos Aires.
Fue un leal defensor de la Causa Nacional impulsada por el General Perón
a partir de 1945. Acompañó a Eva Perón durante su viaje a Europa en 1947.
Electo diputado nacional, ejerció la presidencia de la Cámara de diputados entre
1948 y 1952. Tras la muerte
de Evita, sectores reaccionarios y nacionalistas desplazaron a moderados
e izquierdistas, tanto de la administración del Estado como del entorno
del presidente Perón.
En 1955, tras el golpe de Estado por la autodenominada Revolución Libertadora,
se presentó ante la justicia para blanquear su situación, sin embargo fue
acusado falsamente de corrupción y malversación de fondos y confinado al
penal de Ushuaia junto al empresario Jorge Antonio, al dirigente de la resistencia
John William Cooke y al líder nacionalista Guillermo Patricio Kelly, quien
en varias entrevistas ha recordado que cuando se fugaron de ese penal en
1956, vestidos como mujeres, y cruzaron la frontera con Chile, Cámpora lloraba.
Más tarde, ya cerradas las causas judiciales, regresó al país, dedicándose
a diversas ocupaciones para sostener a su familia.
En 1971 fue designado delegado personal de Juan Domingo Perón en remplazo de Jorge Daniel Paladino, quien fuera acusado de desnaturalizar la función al haberse convertido en portavoz de la opinión militar. En tal carácter Cámpora llevó a cabo con éxito el plan de Perón para su retorno al poder en 1973, tras el fracaso de la Revolución Argentina y con la apertura que proponía el entonces presidente General Alejandro Agustín Lanusse. Este buscaba una concertación cívico-militar que integrara al pueblo y a las masas peronistas con las Fuerzas Armadas, en un gobierno conducido por militares, idea que llevaba el nombre de Gran Acuerdo Nacional (GAN), lo cual no prosperó.
Cámpora trabajó duramente y logró los objetivos que allanaron las condiciones para el retorno triunfal del peronismo al poder y de Perón a la legalidad y la escena política. Reorganizó el movimiento, creando la rama juvenil (que representaba el creciente peso de la izquierda peronista, en particular la organización político-militar Montoneros) y logrando la afiliación masiva en todos los sectores. Logró acuerdos con otros partidos políticos más pequeños para conformar del Frente Justicialista para la Liberación (FreJuLi); si bien falló en convencer al segundo partido mayoritario, la Unión Cívica Radical, se debió más a la intransigencia de su conductor, Ricardo Balbín, que a una falta de persuasión política. Aceitó acuerdos con el sector empresario a través de la CGE (Confederación General Económica) conducida por el empresario José Ber Gelbard. Pero el logro fundamental en esta etapa fue el exitoso primer retorno de Perón tras 17 años de exilio.
Héctor Cámpora se presentó en las elecciones de marzo de 1973 como candidato por el FreJuLi, debido a la proscripción técnica hacia Perón de la dictadura de Alejandro Agustín Lanusse, que determinaba que los candidatos presidenciales debían acreditar un período previo de residencia en el país, que Perón obviamente no podía satisfacer. La cláusula había sido diseñada ex profeso en contra de la candidatura de Perón. Como vicepresidente de la fórmula fue designado Vicente Solano Lima, del Partido Conservador Popular, un desgajamiento del antiguo conservadurismo de la provincia de Buenos Aires.
La fórmula Cámpora- Solano Lima
alcanzó el 49.5% de los votos y la UCR ocupó el segundo lugar con un 25%.
Como el FreJuLi no alcanzó más del 50% de los votos la legislación habilitaba
una segunda vuelta o ballotage. Sin embargo, para evitar su segura derrota,
la UCR renunció a ese derecho y aceptó la victoria de Cámpora, quien asumió
el 25 de mayo de 1973, dándose así por finalizado el período dictatorial
de la autoproclamada Revolución Argentina. Acudieron al acto de investidura,
entre otros, el entonces presidente socialista de Chile, Salvador Allende,
y el de Cuba, Osvaldo Dorticós, en la tradicional Plaza de Mayo se concentraron
alrededor de un millón de personas para recibirlo.
En consonancia con su promesa electoral y el deseo del pueblo, su primera medida fue -a horas de asumir- liberar los luchadores sociales retenidos en prisión por la dictadura. El Parlamento trató el tema esa misma noche y fueron amnistiados masivamente numerosos presos políticos. El 28 de mayo Argentina reanudó relaciones diplomáticas con Cuba y proveyó a ese país de automóviles e insumos industriales, rompiendo por primera vez el bloqueo económico de Estados Unidose al que había adherido la dictadura.
Como Ministro de Economía Cámpora
nombró a José Ber Gelbard, presidente de la Confederación General Económica,
facilitando el establecemiento de un "Pacto Social" entre la Confederación
General del Trabajo, el empresariado nacional y el Estado, lo que incluía
aumento de salarios y congelamiento de precios. Se retornaron los lineamientos
económicos de anteriores gobiernos justicialistas: un Estado fuerte e intervencionista
y regulador orientado hacia una distribución más justa de la riqueza.
Pero su afinidad ideológica con la izquierda peronista lo enfrentó con la
derecha partidaria, representada esencialmente por las cúpulas sindicales,
quienes no ocultaban que hubiesen preferido a Antonio Cafiero - ex ministro
de economía durante la segunda presidencia de Perón y cercano al sindicalismo-
en su lugar. El 20 de junio de 1973, al regresar Perón al país, se produce
la llamada Masacre de Ezeiza, brutal enfrentamiento
entre sectores antagónicos por el control de un palco donde hablaría Perón,
ceremonia finalmente abortada. La cifra de muertos se estima en decenas
e incluso centenas de personas, pero el hecho nunca fue investigado oficialmente.
Finalmente, el 13 de julio de 1973 y habiéndole retirado Perón el apoyo
a su gobierno, Cámpora renuncia al cargo, permitiendo la realización de
nuevas elecciones, donde habría de ganar Perón con más del 60% de los votos.
El gesto de la renuncia promueve que Perón califique a Cámpora como
"extraordinario ciudadano argentino". Al asumir, Perón lo nombra embajador en México. Luego del golpe de Estado
de 1976, y encontrándose en el país, debió refugiarse en la embajada de
México en Buenos Aires, donde, agobiado por el cáncer, hubo de permanecer
durante más de tres años. Obligada por la presión internacional, la dictadura
finalmente le permite volar a México, donde muere poco después, en Cuernavaca,
el 18 de diciembre de 1980. En 1991 fueron repatriados sus restos. En 2008
fue emplazado su busto en la galería de ex presidentes de la Casa de Gobierno.
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Hacia
el triunfo popular: Cámpora al gobierno-Perón al poder
Por Aritz e Iciar Recalde
[De: Universidad y Liberación Nacional. Un estudio
de la Universidad de Buenos Aires durante las tres gestiones peronistas:
1946-1952, 1952-1955 y 1973-1975. Puede descargar el libro completo desde
el enlace de eSnips, pdf 3,70 MB]
Dada la necesidad de enfrentar las elecciones, se abriría dentro del peronismo
un complejo debate en torno a qué sectores del Movimiento serían los abanderados
en la conducción del nuevo armado electoral para 1973. La disputa se daría
principalmente entre los siguientes actores: -entre el sindicalismo tradicional,
a veces "demasiado autonomista" según Perón, pero pilar de la organización
obrera y de la masividad del peronismo; -entre los políticos del partido,
que desde 1955, estaría conformado por los actores menos devotos de la lucha
dentro del frente nacional por el regreso del líder; -entre la juventud
de la Tendencia, el sector más dinámico en términos de movilizaciones callejeras
de la sociedad argentina entrada la década de 1970.
Hacia 1973 y bajo la mirada absorta de Lanusse, a la hora de elegir entre los tres actores mencionados, el armado político de Perón dispararía por izquierda: marcando un enfrentamiento con Lanusse y a diferencia de las propuestas del sindicalismo de la CGT que tenía a Cafiero como candidato, Perón nombraría a Cámpora en lugar de Paladino, como conductor del partido y responsable de estimular el proceso que se abría en la Argentina. La designación de Cámpora, tal como quedaría expresado en la nómina de los ministros y funcionarios de gobierno, no sería y pese a las relaciones del Tío con la izquierda, un gobierno de la Tendencia. Por el contrario, Cámpora nunca desconocería las órdenes de Perón, como si lo intentaría más tarde Montoneros. Pese al perfil de Cámpora, caracterizado por ser el dirigente más cercano a la Tendencia entre el abanico político antes mencionado, el armado de candidaturas contaría con funcionarios de las distintas expresiones del frente nacional, incluidos los personajes confesos de la derecha, tales como Osinde, consejero militar de Perón y responsable en parte de la organización de la masacre de Ezeiza. El "Tío", sería el delegado de Perón y a su vez, un referente fundamental de la Tendencia, moviendo el péndulo dentro de la conducción del movimiento nacional hacia la juventud y la izquierda peronista, pero no sólo eso. La señal sería clara por parte de Perón respecto del gobierno militar: intransigencia ante las propuestas de los promotores del GAN. La posibilidad de Lanusse de interferir en los debates del perfil del nuevo proceso, contenidas sus intenciones de ser candidato de gobierno, se reducirían ante el correr del tiempo y el crecimiento de la violencia callejera y militar de las Formaciones Especiales. En este marco, Cámpora ocuparía el sillón presidencial y desplazaría el lugar del candidato de los sindicatos y futuro gobernador de la provincia de Buenos Aires después de la dictadura de 1976, Antonio Cafiero. Asimismo, en el Comando Superior del Peronismo, Perón nombraría al hermano de Fernando Abal Medina, líder Montonero asesinado por la dictadura en William Morris: Juan Manuel Abal Medina sería el nuevo representante del Consejo, acentuando la disputa del General respecto de las intenciones del gobierno militar. El fantasma de la guerrilla de las FAR, FAP, Montoneros, ERP y Descamisados recorrería las calles, las comisarías, las fábricas y los gabinetes militares y Perón, lejos de desautorizarla, sonreiría y esperaría mientras se agitaban las banderas de la juventud combatiente. Con este dejar hacer a las Formaciones Especiales, Perón mostraría que no estaba dispuesto a ceder fácilmente a Lanusse las reglas y los términos de su regreso al poder. Abal Medina sería el responsable de garantizar el armado político que llevaría a Oscar Bidegain a la candidatura en la provincia de Buenos Aires, en lugar de la ambición de Manuel Anchorena y del sindicalista de la UOM, Luis Guerrero, víctima de un intento de asesinato por parte de Montoneros y personaje ligado a la derecha del Movimiento. El representante del Consejo promovería además, las aspiraciones de Cepernic en Santa Cruz, de Ragone en Salta, de Martínez Baca en Mendoza y de Atilio López en Córdoba, todos con buenas relaciones con la Tendencia.
El tercer peronismo ensillaba
a la historia y la subía por izquierda y más tarde, trágicamente, la bajaría
por derecha entrado el año 1975. Perón, además de auspiciar la acción de
las Formaciones Especiales, ampliaría el frente político más allá del peronismo
y con eso, pondría definitivamente en jaque al lanussismo. Inicialmente,
llegaría a un acuerdo con sectores de la burguesía industrial: en abril
de 1971, José Bel Gelbard y José Rucci establecerían un acuerdo entre la
CGT y la CGE, anticipándose al futuro Pacto Social.
Luego, le llegaría el turno a los partidos políticos de la oposición: con
posterioridad a la llegada de Perón al país en 1972, el General convocaría
al sindicalismo nacional y a los partidos políticos al restaurante Nino,
donde concurrirían políticos de la talla de Balbín. A esta invitación no
concurrirían el Partido Comunista, el Partido Socialista, ni Manrique, pero
si los representantes del resto del espectro político nacional. Anteriormente,
Perón se reuniría con Frondizi en Puerta de Hierro.
El gobierno militar encontraría cada vez más adversarios dentro de la política
nacional y sus posibilidades de negociación con Perón, se desvanecerían.
El 17 de octubre de 1972, la Junta de Comandantes en Jefe en ejercicio del
poder político presidida por el teniente general Lanusse, promulgaría la
Ley Nº 19.805, por la cual se convocaba a elecciones nacionales con el objeto
de integrar el próximo gobierno constitucional de la Argentina, para el
día 23 de marzo de 1973. Tras el exilio de 17 años y dos días, Perón lograría
retornar al país el día 16 de noviembre de 1972 para desarrollar el armado
electoral y dar la organización y el respaldo a los candidatos para las
elecciones venideras. El 5 de diciembre Perón convocaría a la mayoría de
los partidos y agrupaciones políticas -CGT, CGE, las 62 Organizaciones y
algunas agrupaciones del interior-para conformar el FREJULI (Frente Justicialista
de Liberación Nacional). Pocos días después renunciaría a su candidatura
presidencial y sería proclamada por el Congreso Nacional del Justicialismo,
la fórmula Héctor Cámpora-Vicente Solano Lima. El FREJULI estaría compuesto,
a diferencia de la estructura del Movimiento Justicialista histórico, por
la representación oficial del 25 % de la Rama Juvenil, que completaría el
armado junto a las Ramas Femenina, Política y Sindical. El panorama eleccionario
para enero de 1973, vencido el plazo legal para la presentación de listas
de candidatos a los cargos electivos de presidente y vicepresidente de la
nación, quedaría oficializado y junto a él el regreso de las masas a la
política de gobierno.
Tras las multitudinarias elecciones del 11 de Marzo de 1973, en las que participan 14.065.472 electores, la fórmula Héctor Cámpora-Vicente Solano Lima obtiene casi el 50 por ciento de los votos contra el 21 por ciento de Balbín (UCR) y el 15 por ciento de Manrique (APF). La UCR declarará que, dadas las cifras, no tiene sentido hacer un ballotage a nivel nacional(251). Éste se realizará, en cambio, en la Capital Federal y en catorce distritos del interior del país donde ningún candidato obtendría el porcentaje indicado por la ley. De esta manera, el radicalismo se impondrá únicamente en la Capital, donde su candidato a senador será el futuro presidente argentino de la tercera década infame en Argentina , Fernando de la Rúa, que derrotará a Marcelo Sánchez Sorondo del FREJULI. En un acto que contaría con la presencia de los presidentes de Chile, Salvador Allende, y de Cuba, Osvaldo Dorticós, junto a más de un millón de peronistas en Plaza de Mayo, Plaza Congreso y en los alrededores de la casa de gobierno, asumiría el presidente Cámpora luego de años de lucha y resistencia del pueblo argentino. El reloj de la historia no podría ser atrasado y la nación inaugurada en el año 1945 ingresaba nuevamente bajo el ocaso cultural del coloniaje de un régimen que crujía tras años de batallas, trincheras, humo, muertos y perseguidos y que parecía, caería definitivamente en desgracia. Las masas tendrían su nuevo 17 de octubre, pero como veremos, la posibilidad de garantizar el programa popular sería más compleja que antes y en poco tiempo, los sueños de los argentinos despertarían con una dictadura sangrienta. De los catorce distritos del interior donde debió recurrirse al ballotage, el FREJULI triunfó en doce; en Neuquén y en Santiago del Estero, la victoria correspondió a Sapag y al peronismo disidente de Carlos Juárez, respectivamente. La APR (Alianza Popular Revolucionaria), cuarto partido en importancia en las elecciones, apoyó públicamente al FREJULI.
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Retomando la argumentación en
torno a las elecciones, el 22 de mayo de 1973 la Junta de Comandantes en
Jefe y el Ministro del Interior, firmarían la ley por la cual se derogaría
el estado de sitio en nuestro país y el 25 de mayo, el Presidente Lanusse
entregaría las insignias del poder a Cámpora en medio de una enorme movilización
popular que abucheaba a los gobernantes salientes y, luego, por la noche,
rodearía la cárcel de Villa Devoto, logrando la salida de numerosos detenidos
políticos que en los años de proscripción del peronismo se habían multiplicado
enormemente. Los nuevos ministros de la naciente gestión camporista, conformarían
un gabinete más bien heterogéneo que trataría de mantener algún tipo de
equilibrio entre los distintos sectores peronistas en pugna: como Ministro
de trabajo fue designado Ricardo Otero, secretario de la UOM Capital y vandorista
histórico; en Defensa y Justicia serían electos dos peronistas tradicionales,
Ángel Robledo y Antonio Benítez; en Educación, Jorge Taiana, que venía del
tronco del peronismo tradicional pero que mantenía buena relación con los
sectores combativos de la Juventud Peronista (Puiggrós, un dirigente ligado
a Montoneros, sería el rector interventor en la UBA).
Por su parte, como Ministro del Interior se designaría a Esteban Righi y
como Ministro de Relaciones Exteriores y Culto a Juan Carlos Puig, ambos
camporistas y posibles aliados de la izquierda peronista. En Economía, sería
designado José Ber Gelbard, antiguo delegado de la CGE, representante del
empresariado nacional y hombre cercano al Partido Comunista y al bloque
soviético mundial. Por su parte, el Ministerio de Bienestar Social sería
ocupado por López Rega, encarnación de la fracción más reaccionaria del
movimiento peronista, que sería nombrado directamente por Perón.
En el terreno legislativo, la Tendencia contaría con ocho legisladores sobre
una cámara de Diputados compuestas por 145 representantes del FREJULI: Armando
Croatto, Santiago Díaz Ortiz, Jorge Glellel, Aníbal Iturrieta, Carlos Kunkel,
Diego Muñiz Barreto, Roberto Vidaña y Rodolfo Vittar. Se calculaba que los
funcionarios de la Tendencia en los gobiernos provinciales y las legislaturas
locales llegarían a cincuenta; además, estaban ligados a las gobernaciones
de Oscar Bidegain en Buenos Aires, a Alberto Martínez Baca en Mendoza, a
Jorge Cepernic en Santa Cruz, a Miguel Ragone en Salta y a Ricardo Obregón
Cano en Córdoba(252).
La breve gestión camporista -comprendida entre el 25 de mayo y el 13 de
julio de 1973, fecha en que Cámpora y Vicente Solano Lima presentan sus
renuncias para facilitar el acceso al gobierno a Perón como candidato del
Movimiento Nacional Justicialista-, llevó adelante una serie de medidas
que fueron radicalmente importantes en términos políticos y sociales, en
el marco de un proyecto de reconstrucción nacional que tendrán cierta continuidad
durante la breve gestión de Perón. En materia de legislación, por ejemplo,
Esteban Righi desde el Ministerio del Interior promovería la promulgación
de las leyes Nº 20.508, 20.509 y 20.510 que establecían la amnistía, derogaban
las leyes represivas y suprimían el denominado fuero antisubversivo. Se
firmaría el Decreto Nº 11 de indulto, por expresa disposición de Cámpora,
que alcanzaría a 371 presos políticos. También, por intermedio del Ministro
del Interior, se suprimía el funcionamiento del Departamento de Informaciones
Antidemocráticas (DIPA), destruyendo todo el material allí archivado. Se
firmarían los Decretos Nº 503 y 504, que anulaban las disposiciones dictadas
en 1955 que privaban a Perón del uso de uniforme militar, del grado correspondiente
y de la baja en el Ejército. Con respecto a la política internacional, en
este período y por intermedio del Ministro Juan Carlos Puig y su secretario,
Jorge Alberto Vázquez, se reanudarían las relaciones diplomáticas entre
Argentina y Cuba, que se hallaban suspendidas desde febrero de 1962 cuando
Cuba fue separada de la OEA.
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Además, se establecerían relaciones diplomáticas con la República Democrática Alemana, Vietnam y Corea del Norte, continuando la política exterior del segundo gobierno peronista interrumpida en 1955 y base para la consolidación de la tercera posición. En materia económica, se intentaría saldar la interna entre las distintas vertientes del Movimiento y el 6 de junio se firmaría el Pacto Social, que fijaría un aumento masivo de salarios de un 15 % y se congelarían los precios en el marco de la suspensión de las paritarias por dos años, dejando como saldo que los trabajadores pasaran a apropiarse del 35% de la renta nacional en mayo de 1973, al 48% con posterioridad al acuerdo. En este marco, se anunciaría además un plan de viviendas. Se congelaban los precios de los artículos esenciales y se intervenían mercados públicos y privados a la vez que se dictaban normas para industriales y fraccionadores. Una de las primeras medidas a tomar, sería la regulación del mercado de carnes para asegurar el abastecimiento interno. A su vez, se anularían algunos beneficios de promoción industrial a empresas extranjeras y se negarían los permisos de importación solicitados para la construcción del Hotel Sheraton. Se intervendrían las empresas del Estado, YCF, YPF, OSN, Gas, Correos y Teléfonos, Ferrocarriles y Subterráneos, Elma y Administración General de Puertos; se dictaminaría que no se computaran las inasistencias de los maestros, se aumentarían los impuestos al patrimonio neto, se concederían exenciones de impuestos para la fabricación de calzado y textiles, se suspenderían los juicios de desalojo en los arrendamientos rurales, etc.
Las entidades empresarias, mediante
declaración pública y por lo menos por un tiempo, darían su respaldo al
Pacto Social. Además, se comenzaba a gestionar el proyecto de los planes
trienales. Esta tregua entre los empresarios, los sindicalistas y la juventud
alineada en la Tendencia, duraría poco y tras la muerte de Perón, se fragmentaría
e iniciaría una violenta lucha por el poder y la conducción del frente popular.
Siguiendo en el plano económico y tras la renuncia de Cámpora, el breve
intervalo de Lastiri en el poder y durante la gestión de Perón, el '73 continúo
siendo un año de reformas fundamentales para la soberanía de la Argentina.
Se sancionó la ley de renacionalización de los depósitos bancarios y otra
de regionalización de los bancos de la nación. Se renacionalizaron el Banco
Argentino de Comercio (Chase Maniatan, NY), el Banco Argentino del Atlántico
S.A., el Banco Francés del Río de La Plata (Morgan, NY), Mar del Plata (City,
NY) y las sucursales de Córdoba y de Rosario del Banco Santander S.A.(254).
Se resolvió prohibir los embarques de trigo, harina y trigo para semilla,
correspondientes a operaciones concertadas en las gestiones militares con
países extranjeros frente al desabastecimiento para el consumo interno.
El 6 de agosto se otorgaría a Cuba un crédito por 200 millones de dólares
-gran parte de ellos gestionados por intermedio del Banco Comercial de La
Plata liderado por David Graiver-y se autorizaría a empresas argentinas
a exportar autos a ese país, lo cual le permitiría a la isla romper el bloqueo
norteamericano y adquirir maquinaria liviana y automotores fabricados en
nuestro territorio. En un intento del Justicialismo por reforzar el frente
externo en el marco de una clara avanzada del imperialismo a nivel latinoamericano,
a partir de lo que serían las dictaduras en Chile, Uruguay y Brasil, Argentina
se presentaría como candidata al Movimiento de Países No Alineados con sede
en Argel.
Las primeras dificultades del frente nacional durante el tercer gobierno
peronista
Luego
de 17 años, un candidato peronista sería el responsable de llevar las riendas
de la política nacional. Ahora bien, el peronismo de 1970 ya no era el mismo
del 1945, tal como lo había pronosticado Cooke en la década anterior. Este
esquema de frente nacional tendría entre sus actores a los obreros, a la
CGE y a la juventud del "Luche y vuelve" que llegado el año 1973, tendería
a centralizarse en Montoneros. Ni las FFAA, ni la Iglesia serían parte del
nuevo diseño de gobierno. Dentro de la CGE, factor que a la larga sería
contraproducente, ingresaría además el capital transnacional con la UIA.
Participarían en el acuerdo también, sectores anteriormente comprometidos
con la Libertadora: fracciones de la UCR que hacia 1973 y tras los acuerdos
con Perón, abandonarían por lo menos por un tiempo, su posición antipopular
y apoyarían la presentación a elecciones del FREJULI, convirtiéndose en
fiscalizadores de la posibilidad del acto y del triunfo peronista. No sólo
los actores políticos del frente nacional habían cambiado, sino que además,
las condiciones materiales del tercer peronismo eran otras: las divisas
de posguerra eran cosa del pasado y toda posibilidad de implementar una
política industrial, nacionalista y popular dependería ahora, de un acuerdo
político entre la CGT y la CGE. El Pacto Social sería el tratado a través
del cual, el movimiento nacional debería enfrentar el programa del capital
trasnacional, financiero y terrateniente. Las divisas del primer peronismo
serían sinónimo de la negociación entre la CGT y CGE del Pacto Social del
tercer gobierno. La CGT, en el marco del Pacto tendría en el país a su dirigente
y junto a él, el recuerdo de los días de bonanza del primer peronismo; la
CGE, en muchos casos a regañadientes, debería pactar con la CGT tras una
década de fallidos intentos de disciplinar a la clase obrera. Los terratenientes
y el capital industrial y financiero trasnacional, serían los perjudicados
del nuevo esquema político del peronismo y con este propósito, por ejemplo,
el gobierno redactará la nueva Ley Agraria y se nacionalizarán los depósitos
bancarios. En este juego político del GAN, otro de los actores que quedaría
en falsa escuadra dentro del frente nacional, sería la juventud y las Formaciones
Especiales. El Socialismo Nacional acaudillado por la Tendencia no encontraría
lugar en el GAN y por eso, el pacto sería apoyado descontentamente por la
juventud, que por un tiempo, estaría a la espera de las señales de Perón
para marchar hacia la radicalización de la revolución justicialista.
Las tensiones políticas del movimiento nacional en 1973 se agudizarían,
ya que entre otras cuestiones, habían cambiado los actores y el contexto
respecto del primer peronismo y tal como lo había expresado Cooke, las alternativas
para resolver el conflicto social en Argentina deberían ser otras: la posibilidad
de pactar sobre principios similares a los de 1945 que intentó Perón en
1973, duraría el período en que se mantuvo con vida el General, único dirigente
capaz de mantener unido el frente nacional. Tras décadas de proscripción,
represión e intensa resistencia del Movimiento Nacional Justicialista, éste
llegaba nuevamente al poder y junto a él, las banderas de los protagonistas
de la lucha popular: la juventud argentina, activistas de los frentes de
masas y militantes de las Formaciones Especiales y del Luche y vuelve, que
flameaban la consigna del Socialismo Nacional fogueado por Perón desde el
exilio; en el mismo cuadro, gran parte de los obreros y de las conducciones
de varios sindicatos, elevaban los principios de la justicia social y del
peronismo histórico, cercano a la Tercera Posición de la década de 1940.
Esta interna del movimiento nacional durante la gestión de Cámpora tendría
a los primeros, a la "gloriosa Juventud Peronista", como actor central para
el desembarco y el armado político del "Tío" y adquiriría un rol protagónico
en la universidad del período, como analizaremos en los capítulos siguientes.
[NOTA: descargar el libro completo en pdf].
La
correlación de fuerzas políticas dentro del Movimiento, se modificaría con
la llegada de Perón al poder un par de meses después de la victoria de Cámpora.
Ahora bien, el conflicto entre la Tendencia y Perón quedaría expresado antes
de la llegada del General, en el marco de una reunión entre el líder en
el exilio y cuadros de la juventud. Este encuentro estaría augurando lo
que sería la ruptura con Montoneros del 1º de mayo de 1974. La famosa reunión
se llevaría a cabo en Roma y estaría organizada por sectores de Montoneros
y FAR por intermedio de Firmenich, Quieto y Perdía. La "juventud" demandaría
al General 300 cargos de gobierno, solicitud que Perón esquivaría y respondería
ofreciendo espacios en la administración, pero no en los lugares propuestos
por la juventud.
Perón ofrecía a la juventud el manejo de la política social de la Fundación
Eva Perón para ir consolidando el trasvasamiento generacional.255 El viejo
General, a diferencia de lo que suponían algunos sectores de la juventud,
no estaría dispuesto a compartir la conducción del Movimiento.
Asimismo, las Formaciones Especiales y algunos sectores de la Tendencia,
no estarían tampoco dispuestos a abandonar fácilmente la lucha armada y
a someterse a los tiempos políticos y a las propuestas programáticas de
Perón. Este divorcio de intereses, la diferencia sobre los tiempos políticos
y en muchos casos, las marcadas divergencias de puntos de vista entre la
juventud y Perón, serían uno de los elementos que llevarían al fracaso del
tercer gobierno peronista y a su caída estrepitosa con la muerte de Perón
y la llegada de la dictadura de 1976.
El gabinete de Cámpora contenía en su interior la tensión explosiva del
movimiento nacional, mantenida en suspenso por lo menos por un tiempo, bajo
la firma del Pacto Social.
No habría transcurrido demasiado tiempo del Pacto, específicamente el 20 de junio en Ezeiza, para que estas contradicciones se expresaran fatalmente y evidenciaran la dificultad para sostener la tregua. En estas jornadas, los hombres de López Rega por intermedio de Osinde, ex Jefe de Seguridad del Servicio de Información del Ejército en el período anterior a 1955 y consejero militar de Perón, iniciaría lo que sería el primer gran suceso público de enfrentamiento y por qué no, el paso inicial para el posterior conflicto directo entre la derecha y la izquierda del peronismo. Los embriones de las AAA operarían en Ezeiza y posteriormente serían las fuerzas de choque del lopezreguismo, expresión de la derecha del Movimiento, ligadas según denuncias de Agustín Tosco, a la CIA y a EEUU. La acción de López Rega a lo largo de su gestión de gobierno sería la de desestabilizar toda posibilidad de unidad del frente nacional a través de acciones terroristas de secuestro y asesinato de dirigentes políticos de la Tendencia. La persecución a la Tendencia por parte de la AAA adquirirá supremacía tras la muerte de Perón bajo el gobierno de Isabel Martínez (256).
NOTAS
250 La listas participantes serían las siguientes: FREJULI (Frente Justicialista
de Liberación): Héctor CámporaVicente Solano Lima; UCR (Unión Cívica Radical):
Ricardo Balbín-Eduardo Gamond; APR (Alianza Popular Revolucionaria): Oscar
Alende-Horacio Sueldo; APF (Alianza Popular Federalista): Francisco ManriqueRafael
Martínez Raymonda; ARF (Alianza Republicana Federal): Ezequiel Martínez-Leopoldo
Bravo; FRIP (Frente de Izquierda Popular): Jorge Abelardo Ramos-José Silvetti;
Nueva Fuerza: Julio Chamizo-Raúl Ondarts; PSD (Partido Socialista Democrático):
Américo Ghioldi-René Palestra; PST (Partido Socialista de los Trabajadores):
Juan Carlos Coral-Nora Ciaponi 251 FREJULI: 5.908.414 (49,56 %); UCR: 2.537.605
(21, 29 %); APF: 1.775.867 (14, 90 %); APR: 885.201 (7, 43 %); ARF: 347.215
(2, 91 %); Nueva Fuerza: 235.188 (1, 97 %); PSD: 109.068 (0, 91 %); PST:
73.796 (0, 62 %); FRIP: 48.571 (0, 41 %).
251 17 252 Gillespie (1987), p. 167.
253 Seoane, María, El Burgués maldito, Planeta, Buenos Aires, 1998, p. 255.
254 Seoane (1998), p. 261.
255 Galasso, Norberto, La Dictadura Militar en Retirada, Cuadernos para
otra historia, N° 27, Centro Cultural Enrique Santos Discépolo, Buenos Aires,
2000.
256 Flaskamp, Carlos, Perón y la Triple A, Desafíos, N 3°, Buenos Aires,
diciembre de 2005.
Héctor
J. Cámpora - Entrevista Primera Plana, 1972
Héctor Jorge Cámpora nació en
1909. Inició su vida política militando en el conservadurismo en San Andrés
de Giles, provincia de Buenos Aires. En 1945, junto con otros dirigentes
conservadores menores, ingresó al peronismo. En 1946 fue electo diputado,
y ocupó la presidencia de la Cámara entre 1948 y 1952. Impuso una fuerte
regimentación de la bancada peronista y sancionó con dureza a los opositores.
Sobre todo, se hizo famoso por su adhesión incondicional a Perón, que lo
llevó a presentar veintiún proyectos de homenaje, y a declarar que antes
que “consecuente” él era “obsecuente”.
En 1955 fue detenido, al igual que otros muchos dirigentes peronistas. En
marzo de 1957 se fugó de la cárcel de Río Gallegos, junto con John William
Cooke, Jorge Antonio, Guillermo Patricio Kelly y José Espejo. Se mantuvo
en un segundo plano hasta que sorpresivamente, en noviembre de 1971, Perón
lo convocó y lo designó su delegado personal, en reemplazo de Jorge Daniel
Paladino.
Desde abril de 1971, el presidente Lanusse había iniciado la búsqueda de
una salida política para la Revolución Argentina, negociando con los partidos
reunidos en La Hora del Pueblo, de la que Paladino era un importante animador.
La designación de Cámpora indicaba que Perón quería controlar personalmente,
sin intermediarios independientes, la compleja negociación que se iniciaba.
Por entonces Perón acentuó sus ataques al gobierno, estimuló a los grupos
juveniles, que pronto serían incorporados a la dirección del Movimiento,
y atacó a las Fuerzas Armadas desde la revista Las Bases, que dirigía la
hija de su secretario López Rega.
Tres días después de realizada
esta entrevista, Las Bases difundió un célebre documento de Perón: “La única
verdad es la realidad”, cuyas líneas principales son anticipadas en estas
declaraciones de Cámpora. Perón alienta medidas económicas de urgencia,
reclama que se anticipe el llamado a elecciones y propone la constitución
de un Frente Nacional que pronto se denominaría Frente Cívico de Liberación
Nacional integrado por peronistas, frondicistas, conservadores populares
y demócrata-cristianos. El documento es cauto respecto del gobierno y abre
la puerta a una negociación, aunque Cámpora reclama que se la haga a través
de representantes de alto nivel descartando al embajador en España, brigadier
Rojas Silveyra.
De ahí en más, el diálogo entre Perón y Lanusse tuvo algunos momentos de
fluidez y muchos muy ríspidos. Cámpora tradujo fielmente las instrucciones
de Perón –quien de todos modos jugó con otras cartas– y puso un empeño personal
en convencerlo de que retornara al país. El retorno se produjo en noviembre
de 1972: Perón se entrevistó con los partidos políticos, organizó el Frejuli
y se marchó el 14 de diciembre, indicando a Cámpora como candidato presidencial.
Los siete meses siguientes fueron sin duda los más notables en la vida de
Cámpora: candidato presidencial triunfante y presidente vicario por propia
voluntad, hasta su renuncia en julio de 1973. Luego fue embajador en México,
retornó al país a fines de 1975 para asilarse en la Embajada de México luego
del golpe de Estado de 1976. Los militares, ensañados con él, no le permitieron
abandonar el país. Luego de una larga residencia obtuvo el salvoconducto
que le permitió asilarse en México, donde murió en 1980.
En 1972, la revista Primera Plana empezaba a ser usada por los peronistas
para hostigar a Lanusse, promoviendo el descontento entre los militares,
y sobre todo entre los aeronautas. Desde junio comenzó a aparecer una columna
sin firma, escrita por Julián Licastro, ex militar y dirigente juvenil,
donde se traducían las ideas de los grupos juveniles radicalizados, en términos
adecuados para los militares. La revista fue suspendida por el gobierno
en septiembre de ese año.
[Por Sylvia Saítta y Luis Alberto Romero, Página|12, 17/02/06]
Reportaje
de la revista Primera Plana, Nº 472, el 11 de febrero de 1972
"Sí, ya lo creo. Fueron diez días de intenso trabajo." En el Aeropuerto
de Barajas, la madrugada del jueves 10, un sonriente Juan Perón sintetizaba
a Primera Plana el resultado de sus últimas reuniones con Héctor Jorge Cámpora.
Entretanto, éste –impecable camisa de seda natural, pantalón beige, blazer
azul– ascendía al Boeing 707 320B, matrícula norteamericana N 739 AL, que
iba a traerlo de regreso a Buenos Aires. Ya sobre Ezeiza, el aparato debió
revolotear más de una hora por falta de plafond para el aterrizaje. Fue
el momento aprovechado por Primera Plana: abordando al Delegado Personal,
consiguió recoger sus enfoques y revelaciones a tres mil metros del suelo.
Una táctica previsora. Cuando el avión hubo tocado finalmente la pista,
Cámpora apenas platicó unos minutos con los periodistas. En seguida fue
introducido por su hijo Carlos Alberto y por el secretario general Jorge
Gianola en su Chevrolet 400 verde, que partió hacia lo desconocido.
P. P.: –Doctor Cámpora, de sus conversaciones con Perón, ¿qué conclusiones
extrae usted sobre el modo en que él ve lo que está sucediendo en la Argentina?
H. J. C.: –El general se halla sumamente preocupado sobre la situación económica
en nuestro país y sobre las penurias que el costo de vida y el desempleo
infligen al pueblo trabajador.
P. P.: –¿Y en lo político? ¿Insiste en su exigencia de que se acorte el
plazo para la convocatoria a elecciones?
H. J. C.: –Sí, señor. Categóricamente.
P. P.: –¿Confían en que al fin
se concretará la salida electoral?
H. J. C.: –¿Nosotros? Como la gran mayoría del pueblo argentino, somos escépticos.
P. P.: –El general Perón ha emplazado hasta junio al gobierno para que culminen
las definiciones electorales. Ese plazo, ¿se mantiene o se ha acortado?
H. J. C.: –En ese terreno, el justicialismo continúa la tarea emprendida.
P.
P.: –¿Qué piensa acerca de las manifestaciones que el Presidente habría
formulado a sus camaradas de armas, calificando al futuro gobierno como
"de transición y consolidación"?
P. P.: –A propósito de unidad,
seguramente usted conversó con el general sobre la situación interna
planteada en el justicialismo entre ciertos gremialistas y los representantes
de la juventud...
H. J. C.: –Mire, acontecimientos así, lejos de resultar negativos, son
los que verdaderamente le dan vida al Movimiento. Pero, en última instancia,
usted sabe que para todo verdadero peronista no hay nada mejor que otro
peronista. Si en estos momentos el país está asistiendo al espectáculo
de antiguos adversarios políticos sentados a la misma mesa de una coincidencia,
¿cómo no van a poder superarse las diferencias que se generen entre
peronistas?
P. P.: –Hoy se cierra la afiliación en el Partido Justicialista. ¿Cuándo
quedará concluido el proceso de organización interna?
H. J. C.: –El 7 de mayo,
día en que se conmemora el cumpleaños de la compañera Evita, se realizarán
las elecciones de las cuales saldrán las autoridades partidarias definitivas.
Con eso se completa el proceso de organización interna.
P. P.: –¿Habrá lista única?
H. J. C.: –Ese es el deseo del general Perón, expresado en la cinta
a que usted hacía referencia. El jefe del justicialismo previene contra
el peligro de los enfrentamientos internos, fomentados y aprovechados
por nuestros enemigos.
P .P.: –Hablando de otra cosa, doctor Cámpora, ¿qué novedades trae acerca de las actividades próximas de Isabelita?
H. J. C.: –Lo primero que
haré será ir a verla.
P. P.: –Tenemos entendido que ha postergado su gira al interior.
H. J. C.: –En efecto. La Comisión Nacional que integran todas las ramas
del Movimiento y que debía programar esa gira de la señora estimó más
conveniente postergar dicho viaje para mediados de marzo. Y como el
general estaba ansioso por ver a su señora esposa, resolvieron que ella
se trasladase ahora a Madrid, a fin de regresar a Buenos Aires sobre
la fecha de la gira. La visita de la señora Isabel Perón ha despertado
un enorme interés y entusiasmo en las provincias y es preciso diagramar
su trayecto con el máximo cuidado, tratando de conciliar las aspiraciones
de todos. Esto se los digo como un trascendido; oportunamente la Comisión
dará a conocer el programa definitivo.
P. P.: –Una última pregunta, doctor Cámpora. ¿Vuelve Perón? ¿Cuándo?
H. J. C.: –Según calcula su abogado, el doctor Isidoro Ventura Mayoral,
los procesos calumniosos e injuriosos que la reacción oligárquica urdió
contra el general Perón podrían declararse prescriptos alrededor del
mes de abril. Si ello se concreta, si el gobierno cumple entregando
el pasaporte y si Perón estima que existen las lógicas condiciones de
seguridad personal, el ilustre argentino va a regresar a su patria.
Porque Juan Perón siempre hace lo que quiere el pueblo. Y su retorno
triunfal a nuestra tierra hace dieciséis años que es el clamor unánime
de las grandes mayorías argentinas.
34º
aniversario del triunfo electoral de Cámpora
Por Carlos Kunkel (2007)
Hoy volvemos, como en tantas oportunidades lo hemos hecho, a rendir
Homenaje a nuestro querido e inolvidable Tío. Vivimos momentos muy trascendentes
después de todo lo que nos toco vivir a partir de aquel Noviembre del
año 1971 cuando el Conductor del Movimiento, nuestro Jefe eterno Juan
Perón, nombro a Héctor Cámpora Delegado Personal y Jefe del Movimiento
en la Argentina.
Los dirigentes de la Juventud Peronista concurrimos inmediatamente a
ponernos a su disposición y a acompañarlos en esta gesta.
Lo acompañamos a lo largo del Luche y Vuelve; lo acompañamos a lo largo
de toda la resistencia que hubo que hacer porque hubo demasiados que
habían pactado con los Liberales de la Dictadura de Lanusse y que querían
que buscáramos soluciones intermedias que dejaran afuera, en el exilio
al General Perón.
Héctor Cámpora desde el primer día apostó a nuestra Generación. Nos
permitió que fuéramos junto a él, que levantáramos las Banderas, rindió
Homenaje a los Compañeros que iban cayendo, pero por sobre todas las
cosas rindió Homenaje en cada actitud, en cada minuto de su vida y de
su gestión a ese compromiso con el Pueblo y con la Patria, y esa Lealtad
con el Gral. Perón.
Perón siempre nos decía que al Peronista que vaya a ocupar un puesto
de importancia, de relevancia, hay que pedirle que sea Leal, Honesto
y Capaz... En ese orden.
Cámpora así como es símbolo de la Primavera, de felicidad Popular, lo
era en el ´73, que lleva su nombre la "Primavera de Cámpora", también
es símbolo de la Lealtad. Nadie en la Argentina, peronista o no peronista,
cuando piensa en la palabra Lealtad y quiere asociarlo con una persona
duda con respecto a cual es la persona que más simbolizó corpóreamente
la palabra Lealtad: Héctor J. Cámpora.
Con respecto a su honestidad, no soy yo quien tiene que venir aquí,
a su Pueblo, a decir lo que fue la transparencia y la vida de Héctor
Cámpora.
Y
con respecto a su capacidad, si no hubieran logrado los liberales impedir,
1º a través de las provocaciones fomentando la división del Movimiento
Nacional y luego a través de la sangrienta Dictadura de José Alfredo
Martínez de Hoz y Videla desarrollar y cumplir el Programa del 11 de
Marzo de 1973, nuestra querida Nación tendría ahora toda la integración
social, toda la infraestructura y todo el desarrollo que nos está faltando
y por el que estamos luchando.
El 25 de Mayo del año 2003, cuando en el Salón Blanco Néstor Kirchner
terminó de tomar juramento a sus Ministros me abrazó me dijo: "Treinta
años Flaco…"
El 25 de Mayo de 1973 hubo un nuevo intento de represión por parte de
los resabios del régimen y fue la Juventud Peronista la que lideró la
zona de la Plaza de Mayo y la que acordonó el lugar por el que entraron
todos los que tenían que entrar al Salón Blanco para asistir a la Ceremonia
de Asunción de los Ministros junto a Héctor Cámpora.
Entre esa Juventud Peronista a mi me tocaba estar como Jefe de la JP
de La Plata y Diputado Nacional, y había montones de jóvenes de la JP
de La Plata y de otros lugares, que fueron los que acordonaron y pusieron
el orden Popular como alternativa al orden de la Dictadura.
Entre esos jóvenes estaba Néstor Carlos Kirchner.
Esa vuelta después de 30 años significaba nada más y nada menos que
la reafirmación de aquella apuesta que habían hecho numerosos Dirigentes
de los Fundadores del Peronismo: Héctor Cámpora; alguien que no proviniendo
del Peronismo pero se había incorporado posteriormente, nuestro Vicepresidente
Vicente Solano Lima; los Gobernadores de Santa Cruz Jorge Cepernic,
de Chubut Benito Fernandez, de Neuquén Elías Sapag, de La Pampa Regazoli,
de San Luis Elías Adre, de Mendoza Alberto Martinez Vaca, Miguel Ragone
de Salta, secuestrado y desaparecido el 11 de Marzo de 1976, único ex
Gobernador de América que aún continúa en la condición de desaparecido;
el Gobernador de Catamarca Mont, un riojano que después se olvidó, se
quebró y traicionó; Don Julio Romero de Corrientes, el Dr. Ricardo Obregón
Cano de Córdoba, el Gobernador de Santa Fe Silvestre Begnis, que provenía
del Desarrollismo; y por sobre todas las cosas los bonaerenses tenemos
siempre bien presente a Don Oscar Bidegain; y numerosos dirigentes que
desde distintos lugares protagonizaron y acompañaron al Tío Cámpora
en esta gesta para lograr que el Luche y Vuelve se concretara, y para
lograr que un sueño y una esperanza anidara en el corazón de los argentinos.
De millones de jóvenes y de millones de los mayores que habían vivido
la realidad de esa Década Gloriosa del Peronismo del ´45 al ´55; que
también lo tuvo al Tío como protagonista central siendo Presidente de
la Cámara de Diputados de la Nación y a Oscar Bidegain Presidente del
Bloque de Diputados Justicialistas
La Juventud de los Sesenta y de los Setenta tenía como referentes a
Perón, a Eva Perón y a todos estos Dirigentes que habían sido los Fundadores
del Movimiento Peronista y los que habían sido Actores y Protagonistas
fundamentales de la Resistencia.
El
día en que el Sabio General que fundó el Movimiento nos dijo que la
Revolución Peronista se podía hacer con sangre o con tiempo, nos pidió
que le diéramos tiempo.
Nosotros, impulsados por esa fuerza y ese ánimo redentor y de Justicia
propio de la Juventud, quisimos concretarla en el corto plazo, pusimos
demasiada sangre; y arrastramos dolores, pero el dolor central que arrastramos
es que no pudimos evitar los sufrimientos que el Liberalismo deliberadamente
inflingió al Pueblo Argentino y el atraso social que logró en sus casi
25 o 30 años de hegemonía, que culminaron definitivamente en Diciembre
del 2001.
Pero después de poner la sangre pusimos el tiempo. Y ahora aquí estamos.
Los nietos y los hijos de todo este Proceso del Peronismo. Aquí esta
nuestro Compañero Néstor Kirchner, ahí estará a partir del 10 de Diciembre
Cristina Kirchner para cumplir el compromiso que reafirmamos públicamente
ante la Nación Argentina el 25 de Mayo del año 2003.
Después de tanto transito por la adversidad, no hemos llegado a la función
para dejar en la puerta de los despachos las convicciones por las que
tantos Argentinos dieron su vida.
Venimos a reafirmar que vamos a construir esa Patria Grande con la que
soñaron los Fundadores del Peronismo; que vamos a rescatar las banderas
históricas de San Martín, de Rosas, de Yrigoyen y de Juan y Eva Perón;
y que vamos a decirle ¡SI! a la Unidad Sudamericana.
Y por ello Compañeros, podemos decirle hoy al Tío: no hemos olvidado
su ejemplo y estamos para hacer realidad sus sueños y su obra.
Muchas Gracias.
Fuente: www.nacionalypopular.com
La
proclamación de la fórmula, jueves 15/02/73 estadio Atlanta
Por Edgardo Imas
imased@yahoo.com
ACTO DE PROCLAMACIÓN DE LA CANDIDATURA DE HÉCTOR CÁMPORA A PRESIDENTE
DE LA NACIÓN POR EL FRENTE JUSTICIALISTA DE LIBERACIÓN (FREJULI)
Una multitud pocas veces vista en la historia del estadio (Atlanta)
rebasó las instalaciones del León Kolbowski en la concentración donde
el peronismo proclamó sus candidatos e inició la campaña proselitista
para las elecciones presidenciales llamadas por la dictadura militar
para el 11 de marzo de 1973.
Los comicios habían sido convocados, con el general Juan Domingo Perón
aún en el exilio, por la dictadura militar que había asaltado el poder
el 28 de junio de 1966, derrocando al gobierno constitucional del radical
Arturo Illia, si bien éste había asumido al ganar unas elecciones en
1964, en las cuales estuvo proscrito el peronismo. Entre 1966 y 1973
se habían sucedido tres dictadores castrenses: Juan Carlos Onganía,
Roberto Levingston y Agustín Lanusse.
Fracasadas distintas maniobras continuistas del general Lanusse -entre
ellas, el Gran Acuedo Nacional (GAN)-, y con la bendición del ex presidente
Perón desde Madrid y del líder radical Ricardo Balbín para descomprimir
la situación política y social, el general fijó la fecha de los comicios
y de la entrega del mando al nuevo gobierno surgido del pronunciamiento
de las urnas.
En el mitin en el cual se proclamó la candidatura a presidente de Héctor
Cámpora y a vice de Vicente Solano Lima, del diminuto Partido Conservador
Popular (PCP) -uno de los socios con los que se armó el frente-, hubo
un gran entusiasmo y participación, síntomas de un tiempo pasional y
esperanzado en un futuro distinto y mejor. El 70% de los asistentes
eran jóvenes y mujeres. De ello da cuenta, por ejemplo, que durante
cinco horas casi nadie se movió ni dejó de gritar dado que el acto propiamente
dicho -anunciado para las 20.30- recién pudo comenzar a medianoche por
el derrumbe del palco levantado en el campo de juego sin consecuencias
lamentables.
El
percance ocurrió cuando a las 22.40 arribaron Cámpora y Solano Lima
a quienes numerosos jóvenes les hicieron un cordón protector para que
llegaran al palco colmado de personas. La precaria construcción no soportó
el peso de tantas personas y se vino abajo. Mientras se improvisaba
esto, Cámpora recorrió el campo de juego como si estuviera dando una
vuelta olímpica y fue aclamado por la multitud. Incluso se trepó varias
veces al alambrado olímpico para estrechar las manos de quienes querían
pugnaban por saludarlo.
Los simpatizantes peronistas gritaban vivas a Perón y al Tío Cámpora,
y agitaban banderas argentinas -varias de ellas con la leyenda "Montoneros"-y
pancartas con leyendas como "Liberación o dependencia" y "Sonríe, Perón
te ama" y con imágenes de Perón y Evita.
Si bien hubo cánticos en común, desde dos sectores de las tribunas se
escucharon versiones distintas: "Perón, Evita, la patria socialista"
y "Perón, Evita, la patria peronista", una confirmación de una aún irresuelta
pelea política e ideológica en el movimiento, que en los dos años siguientes
pasaría a una escala mayor.
Entre las personalidades presentes estuvieron el dirigente de las 62
Organizaciones, el metalúrgico Lorenzo Miguel; el líder sindical portuario
Eustaquio Tolosa; los jóvenes candidatos a diputados nacionales Leonardo
Bettanin y Virginia Sanguinetti; el cantante Leonardo Favio; el secretario
del PJ, Juan Manuel Abal Medina; Marcelo Sánchez Sorondo y José Antonio
Allende, dirigentes justicialistas.
Luego de que el locutor Leonardo Biancotti leyera decenas de adhesiones
(entre otras, las de Rodolfo Galimberti y Julián Licastro) y de la entonación
del Himno Nacional y de la Marcha Peronista, a la 0.15 comenzó el único
discurso de la noche, a cargo de Héctor Cámpora, ya que por la hora
se suspendió el resto de las alocuciones.
El candidato a presidente auguró el triunfo, que "no podrá ser impedido
por Lanusse ni por la Junta", y agregó que "la ciudadanía había roto
la trampa".
En relación con el famoso desafío lanzado por el presidente Lanusse
en el sentido de que a Perón no le daba el cuero para regresar al país,
el Tío afirmó que "a otros no les daba el cuero para aguantarlo y que
en pocos días lo tendríamos al General entre nosotros nuevamente". A
tono con el eslogan de campaña: "Cámpora al gobierno, Perón al poder",
el candidato reconoció que "el pueblo vibra por Perón y no por mí".
Se calcula que los organizadores del acto pagaron por el alquiler del
estadio $3.000.000.
Veinticuatro días después el Frejuli se imponía en las urnas a la UCR,
arañando el 50% de los votos. Por eso, se convino en no desarrollar
la segunda vuelta electoral entre el primer y segundo, prevista para
el caso de que nadie superara la mitad de los sufragios.
Fuente: www.sentimientobohemio.com.ar
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La hora de Cámpora
Por José Pablo Feinmann
Los acontecimientos que todos conocen relegaron a un lugar de insignificación
un hecho que merece trascender. Su protagonista es un buen tipo. Vamos
a decirlo primero así, como lo decimos en la Argentina, donde les decimos
buenos tipos a los tipos que, en efecto, son buenas personas, no traicionan,
saben ser amigos, no roban, son puros, tienen una moral y no sólo la
tienen sino que la practican. De esos tipos, pocos. Con los dedos de
la mano alcanza para numerarlos. A los buenos tipos además –sin solemnidad,
sólo con gran respeto– les decimos "hombres buenos". "Hombres dignos."
Y, sin demasiado esfuerzo, los queremos, se nos hace fácil quererlos.
Facilidad que ellos hacen posible. Estoy hablando de Héctor Cámpora.
El jueves 28 de diciembre, en el Salón Blanco de la Casa Rosada, el
hijo y los nietos de Héctor Cámpora le entregaron al presidente Kirchner
el bastón y la banda presidencial que fueran de su padre, de su abuelo.
Uno no va a muchos lados. Uno, cada vez más, es de salir poco. Hay mucho
que hacer, ya no somos jóvenes y la obra está sin terminar. Sabemos
que nunca vamos a escribir nuestro mejor libro, pero lo seguimos intentando.
Sin embargo, si se trata de recordarlo a Cámpora, uno está ahí. Sabe
por qué. Uno dice "Cámpora" y piensa en la primavera. Muy pocos pueden
convocar algo tan florido, la mejor estación del año, los pibes en los
parques, los pájaros y el amor a todo trapo. Porque la Primavera de
Praga es de Praga, pero no es de ningún tipo. En cambio, la Primavera
Camporista es de Cámpora, lleva su nombre. ¿Qué es políticamente una
primavera? Es un raro momento de la Historia en que creemos que en el
futuro espera la felicidad, tal como la sentimos en el presente y aún
mejor. Un momento en que la Historia parece, para siempre, nuestra.
Tan nuestra que nadie nos la podrá quitar. Durante la Primavera tenemos
una visión lineal de la Historia: la Historia avanza, incontenible,
en la dirección de nuestros deseos. Más aún: la Historia existe para
que, en ella, se realicen nuestros sueños. Eso fue la Primavera Camporista.
Duró poco. Fue un romance juvenil y todos sabemos que los romances juveniles
son intensos, locos, pero breves. (Años después hubo otra primavera:
la de Alfonsín y el Juicio a las Juntas. Pero terminó mal, negándose,
y el abogado de Chascomús se deshilachó sin remedio y por su propia
mano.)
Cámpora no parecía destinado a ser un revolucionario. (Porque esto,
objetivamente, terminó por ser.) Durante el primer peronismo, ese que
pinta Santoro con los colores de un Paraíso Perdido, Cámpora era un
simple dentista, un hombre de San Andrés de Giles que arrimó un bochín
al corazón del Poder. Era obsecuente, y era feliz con la obsecuencia.
Quería tanto a Perón y a Evita que no hacía otra cosa sino lo que le
decían. Hay una anécdota (seguramente falsa: tiene un tufillo indisimulable
de sorna y desdén oligárquico, pero es ingeniosa) que lo muestra siguiéndola
a Evita, siempre apurada, siempre afiebrada por la acción, y Cámpora,
fiel, detrás de ella y ella, de pronto, le pregunta: "Che, Camporita,
¿qué hora es?". Y Cámpora dice: "La que usted quiera, señora". Divertida
la anécdota, pero como dije: falsa. Es inimaginable que una mujer como
Evita no tuviera un reloj. Y caro.
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Pasan
los años y Cámpora pasa a ser el delegado de Perón, que está en Madrid,
exiliado. Y aquí empieza a pasarle algo raro. Empieza a conocer a los
pibes de la izquierda peronista. Se lleva bien con ellos. Los pibes
le dicen "Tío". Y a Cámpora le gusta: ¡ser el Tío de todos esos muchachos
ruidosos, quilomberos y, algunos de ellos, amigos de los fierros! A
los fierreros Perón les dice: "formaciones especiales". Era la forma
de integrarlos. Perón integraba todo, todo le servía, lo bueno, lo malo,
lo infame. Se creía el gran ajedrecista de la Historia, el Mago que
podría conjurar todos los infiernos de un país en llamas. Cámpora sale
elegido para ser Presidente. Perón está proscripto, ¿quién, entonces,
sino Cámpora, el fiel, el leal Camporita para tomar su lugar? El 11
de marzo de 1973 gana cómodo. Le hacen, a la noche, un reportaje en
la TV y dice: "¡Basta de golpear a nuestros muchachos!". Le habían dicho
que la policía golpeaba a los militantes que festejaban el triunfo.
Tiene a su lado, como compañero de fórmula, a un conservador, Solano
Lima, también sobrepasado por los hechos. Otro buen tipo. El 25 de mayo
asume. La plaza es una fiesta sin límites. Vienen Allende y Dorticós.
Oigan, no es una fiesta del populismo. Y si no, digan que Allende y
Dorticós eran populistas. Es la jornada más triunfal de la izquierda
revolucionaria en la Argentina. Cámpora dicta la ley de amnistía y todos
los presos salen a la calle, a festejar, a vivir la primavera. Allende,
por televisión, dice: "¿Cómo no le habrá de ir bien a este gobierno?
Vean ustedes el apoyo de masas que tiene". Le faltaban tres meses para
caer. A Cámpora, 45 días. Restablece relaciones con Vietnam del Norte.
Dice un discurso combativo desde el balcón de la Rosada. Luego intenta
gobernar. Perón lo llama a Madrid. (Esto no sé si es antes o después
de asumir: hay que preguntarle a Bonasso, que lo quiso, como todos,
mucho.) Perón, duro y fiero, le reprocha sus vínculos con la JP. Cámpora,
rebelde, ya no obsecuente, le dice: "Usted pensará como quiera, general.
Pero si yo soy Presidente es por usted y por la Juventud Peronista".
La Historia, que es azarosa, laberíntica, lo había puesto en el lugar
del revolucionario. Las masas juveniles estaban con él. Los militares,
al acecho, ya tienen su nombre en la peor de las listas, la de los que
deben morir. Vuelve Perón, estalla lo de Ezeiza y en pocos días más,
entre los sindicatos, Osinde, López Rega y el general Perón al frente
de este comando fascista, de estos héroes de la "etapa dogmática", del
giro a la derecha, de la negociación con los milicos o, mejor dicho,
de la claudicación ante un Ejército que exigía normalidad, basta de
tomas de fábricas, basta de ese petardista de Galimberti proponiendo
milicias populares, basta de primaveras imprudentes, subversivas, lo
tiran al Tío por la ventana, sin asco ni respeto.
Murió exiliado en la embajada de México (*). Llevaba años ahí. Si Videla
lo agarraba lo hacía desollar vivo y en su presencia, para gozar. Murió
de un cáncer que no pudo atenderse adecuadamente: una embajada no es
un lugar para curar un cáncer ni, peor aún, para amenguar su dolor.
Los milicos lo odiaban como a uno de sus peores enemigos: esto lo honra.
"Fue un hombre digno", dijo Kirchner al recibir los atributos que el
hijo y los nietos le entregaron. "Che, Camporita, ¿qué hora es?" Es
la suya, querido Tío. La hora en que lo recordamos como lo que usted
fue. Algo insólito, extraordinario: un hombre bueno. Llevamos su primavera
en el corazón. La llevamos, entre otras cosas, porque nunca más tuvimos
otra. Pero todavía estamos aquí, y esperamos.
Fuente: Página|12, 31/12/06
(*) El autor incurre en un error, ya que Cámora muere en México y no en la embajada, como lo explica Noé Jitrik en la nota siguiente.
Cámpora
entre Buenos Aires y México
Por Noe Jitrik
En un emotivo artículo publicado en contratapa del domingo 31, mi buen
y querido amigo José Pablo Feinmann evoca la figura de Héctor Cámpora,
a quien designa como "un hombre bueno". Como todo lo que escribe José
Pablo, es inspirado y, en este caso, rememorativo de lo que esa figura
representó para muchos que, como él, cifraban todas sus esperanzas de
algún cambio en el peronismo primero y en el país como consecuencia.
El artículo tiene de bueno que la primitiva adoración por Perón, que
fue el mérito y a la vez el punto débil de Cámpora, está muy atenuada
en el propio Feinmann, hasta el punto de que hace un paquete con "los
sindicatos, Osinde, López Rega" y lo pone a Perón "al frente de este
comando fascista", son ésas sus palabras.
Estos matices me interesan tanto más cuanto que no compartí ese vasto
campo de adjetivos que parecen dibujar una época prometedora, la "primavera
camporista", como era usual decir entonces. Pero, en cambio, compartí
algunas jornadas con el propio Cámpora en México durante sus dos exilios.
Tuve la oportunidad de conversar varias veces con él y, cuando llegó
de su prolongado asilo en la Embajada de México en Buenos Aires, lo
pude acompañar cuando fue a entrevistar al presidente José López Portillo,
flanqueado por otros exiliados, como Esteban Righi, Rafael Pérez, entre
otros, todos miembros de la Comisión Argentina de Solidaridad.
Esta
mención tiene que ver con la nota de Feinmann porque obliga a una rectificación
histórica, error sin duda involuntario; en efecto, contrariamente a
lo que afirma, Cámpora no "murió exiliado en la Embajada de México"
sino en México, adonde llegó luego de una campaña internacional por
su liberación, acompañado por su hijo Héctor y Juan Manuel Abal Medina,
y fueron recibidos por el conjunto de los exiliados y de inmediato integrados
a las tareas del exilio en la CAS. Es más, Cámpora fue velado en el
local de la Comisión Argentina de Solidaridad y de ahí sus restos fueron
llevados a un cementerio del sur de la ciudad, donde unos años antes
habíamos entregado los restos de Miguel Angel Piccato, otro excelente
compañero, que militaba en el radicalismo. Ambas muertes fueron igualmente
dolorosas no sólo por la pérdida que implicaban sino también porque
nos hacían sentir, más allá de cualquier análisis político, que el exilio
podía prolongarse indefinidamente: los muertos tienden sus raíces en
tierras protectoras pero al mismo tiempo alejan con más fuerza de la
propia. Pude entonces comparar destinos, conmovedoras simetrías de la
historia: Manuel Azaña, protagonista principal del drama español, está
enterrado también lejos, en el cementerio de Montauban, al sur de Francia,
donde llegaron cientos de exiliados españoles, algunos de los cuales
nunca pudieron regresar. Tampoco los restos de Azaña.
En cambio, los restos de
Cámpora pudieron ser traídos a Buenos Aires y su figura recuperada.
En el libro de Miguel Bonasso, así como en el que escribieron al alimón
Jorge Bernetti y Mempo Giardinelli, hay más información sobre lo que
eso fue y significó, junto con lo que significó el exilio en México
y sobre todo la CAS (Comisión Argentina de Solidaridad), cuyo papel
no ha sido del todo relevado históricamente pero que se suele mencionar
con liviandad. Me he preguntado muchas veces en estos años, desde 1984
hasta ahora, por qué algo así, que violenta la historia, ha podido producirse.
Encuentro una explicación: la CAS agrupaba a exiliados que reivindicaban
ese carácter, de diversas procedencias políticas, desde izquierda independiente
hasta radicales y peronistas, y procuraba recibirlos, ayudarlos, solucionar
problemas y realizar una labor de denuncia contundente acerca de los
horrores de la dictadura; no participaron de esa iniciativa los miembros
de Montoneros y ERP, que se agruparon en torno del Cospa (Comité de
Solidaridad con el Pueblo Argentino), hasta que muchos de ellos rompieron
con sus organizaciones y decidieron integrarse a la CAS que, de este
modo, terminó siendo la organización principal y decisiva del exilio.
Después, en el relato del exilio se intenta excluir a la CAS y lo que
fue su trabajo y su significado para poner el acento en la paulatina,
incesante y recuperada visión guerrillera de esta historia a la que
asistimos desde hace un quinquenio por lo menos.
No es la primera vez que esto ocurre. Cámpora, tal vez, que ingresó
a la CAS y, como dije, fue despedido en ella por todo el exilio, es
recordado por su simpatía hacia aquella "juventud primaveral y maravillosa"
pero se omite o se deja de lado –siento que de manera deliberada e implícitamente
desvalorizadora– una historia que podría permitir el establecimiento
de un juicio menos sesgado y más justo acerca de lo que fue realmente
el exilio. Que no fue un mero campo de entrenamiento militar para un
regreso triunfal sino, sobre todo, una experiencia humana cuyas consecuencias
y alcances, ellas sí, son insoslayables.
Fuente: Página|12, 07/01/07
Apuntes
sobre "El presidente que no fue"
"El presidente que no fue" es una nueva batalla ganada contra el olvido.
A lo largo de casi 700 páginas, Miguel Bonasso cumple con creces su
objetivo inicial: desenterrar a Héctor José Cámpora del pozo al que
la historia oficial lo condenó lenta pero inexorablemente. Como dice
el autor en el comienzo: "Pocos sabían quién había sido en verdad ese
hombre tan sencillo, casi rústico, que una democracia desmemoriada había
dejado en su destierro mexicano. El olvido se cerraba sobre una política
rica en peripecias".
Bonasso reconstruye la figura de Héctor Cámpora, de quien fue Secretario
de Prensa, a partir de un varias veces postergado encuentro con los
archivos del presidente más fugaz de la historia argentina. "La lectura
de aquellos materiales (...) -explica- me catapultó a la locura. A la
busca de testigos, amigos que se habían convertido en enemigos, enemigos
que ya no tenían más fuerza para odiar, amigos que seguían siendo amigos.
Los papeles eran puertas que abrían otras puertas, que se multiplicaban
en bibliotecas y hemerotecas, en los laberintos de una memoria bombardeada
pero no destruida"
Las páginas del libro se
fortalecen con un impresionante arsenal literario, histórico y documental.
De ahí sobresale la correspondencia entre Cámpora y Juan Domingo Perón
durante l972 y l973. Es decir, el período que va desde que el primero
se transforma en Delegado del segundo en Argentina y hasta que el General
lo desplaza de la presidencia de la Nación antes de que cumpla cincuenta
días de gestión. En el interregno, Cámpora se convierte en la cara visible
de la campaña, que bajo la consigna "Luche y vuelve", posibilita el
retorno del peronismo al poder después de dieciocho años de proscripciones.
De esa relación epistolar surge también la información que Bonasso utiliza
para reafirmar la responsabilidad de Perón en la creación de la siniestra
Alianza Anticomunista Argentina, Triple A, dirigida por su secretario
privado, José López Rega. Asímismo Bonasso reconoce que ya desde 1968
hubo voces que, desde fuera del peronismo, denunciaron la verdadera
estrategia de Perón hasta el cansancio.
Como se hace evidente, "El presidente que no fue" no muestra la biografía
de una figura aislada sino que la presenta en relación a sus aliados,
sus enemigos, sus parientes y a un contexto internacional que hoy resulta
extraño.
"Cuando
todo parecía derrumbarse, cuando la desesperanza sobrecogía
nuestros corazones, cuando los años transcurrían y la calumnia,
la persecución y la entrega se enseñoreaban en los cuatro
confines de la heredad argentina, su palabra rectora y su
acción acertada disipaba nuestras inquietudes, nos fortalecía
en la resistencia y nos animaba a seguir en la lucha, dándonos
el ejemplo de los grandes capitanes de la historia"
Héctor J. Cámpora, mayo
de 1973
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Bonasso es cronista de un
tiempo que lo tuvo también como protagonista. Y eso nos brinda la posibilidad
de acceder a grandes descripciones. Momentos tan disímiles como la noche
en que todos los presos políticos de la dictadura lanussista recuperaron
su libertad y la trágica jornada de la masacre de Ezeiza. En este último
caso, el autor -desde el título de un capítulo que rotula "La emboscada"-
desnuda la teoría de los dos demonios que nos habla de "enfrentamiento"
y que se agigantará poco después cuando la dictadura de Videla, Massera
y compañía argumente que llegó para combatir a la subversión y lance
un exterminio masivo.
En el libro, aparece naturalizada la estrecha relación de Perón con
el fascismo de Francisco Franco en España, y los coqueteos con la dictadura
paraguaya de Alfredo Stroessner, lo que aún hoy no deja de ser sorprendente.
Es cierto que Bonasso nos muestra una historia parcial en algunos pasajes,
pero a la vez nos involucra en el debate del pasado con vistas al futuro.
Y eso no es poca cosa, después de años de oscurantismo y censores que
nos advierten que aún es demasiado pronto para hablar de nuestro pasado
reciente.
Por otra parte es evidente que el libro relega e incluso realiza caracterizaciones
simplistas de algunas expresiones políticas de peso. De cualquier manera,
se trata, en verdad, de varios libros, muchos de los cuales todavía
no han terminado de escribirse. Es tarea de todos los que se comprometen
con un proyecto diferente de sociedad contribuir a ese esfuerzo.
"El presidente que no fue" acumula una lista importante de méritos,
aunque quizás se destaque la sinceridad con que está escrito. La única
forma de recuperar el pasado hoy es desde la sinceridad, para que el
testimonio sea útil también a los que recién empiezan a asomarse a la
Historia, con ganas de enfrentarla.
Como
dice Gabriel Fernández en su artículo de junio de este año en el periódico
de Madres de Plaza de Mayo: "La memoria política de una sociedad tiene
tres movimientos básicos: el reconocimiento de la existencia de un pasado,
la crítica del mismo y la aplicación de experiencias en el accionar
presente. Su interrelación se despliega como proceso y esa continuidad
fortalece el hacer de un pueblo, porque la historia es política y la
política es siempre, proyección. (...). Hoy necesitamos anular los mecanismos
que durante años nos impidieron aceptar la existencia de luchas populares
en los 50, 60 y 70. Militantes que resultaron fruto de una inversión
colectiva han sido rebajados a individualidades ambiciosas que disponían
de la vida ajena. Ernesto Che Guevara ha sido presentado como un exabrupto
de la historia americana.
"Pero también necesitamos la crítica de lo actuado. (...) la reivindicación
a libro cerrado sólo convoca a la reiteración y la reiteración no resulta
posible (...) en lugar de constituirse en opción reivindicable a superar
la gesta anterior puede transformarse en modelo opresivo para las nuevas
generaciones. (...) sin ruptura, el pasado se cristaliza y se presume
eterno, esteriliza proyectos, desvaloriza lo mejor: el tener que inventar
todos los días una nueva política popular".
Esa línea que marca Fernández es la que vuelve a señalar "El presidente
que no fue" y que se extiende también en una serie de libros, artículos,
películas y expresiones diversas que nos abren el camino hacia el debate
sincero de un pasado que todavía hoy se nos pretende negar. La pregunta
entonces es cómo recuperamos la memoria histórica y, sobre todo, para
quién. Si lo hacemos de manera acrítica, es probable que nuestro esfuerzo
lo capitalicen precisamente aquellos que pugnan por sepultarla. Si lo
hacemos para saldar cuentas pendientes con nosotros mismos, apoyándonos
en una Historia que pretendemos clausurada, entonces estamos recuperando
una memoria inerme. Si en cambio, la rescatamos con vistas al futuro,
para las próximas generaciones ávidas de ese pasado, si somos capaces
de pensar más allá de nuestras propias vidas y experiencias, entonces
sí la memoria logrará una incidencia política práctica.
Con su investigación, Miguel Bonasso vuelve a abrir un frente de lucha
contra el olvido a partir de un personaje político que reivindica pero
no ensalza: "La curiosa paradoja de una lealtad sin fisuras que había
terminado por enajenarle lo que más valoraba: la amistad del General.
La cesión a Perón de todo, a cambio de nada". Así logra acercarnos a
un hombre y a una época que muchos prefieren borrar y tiende un puente
con el presente: "El regreso de Cámpora a la Argentina , el 9 de diciembre
de l99l, puso en evidencia lo bien que funciona la máquina de la desmemoria.
Si al moribundo de l979 lo habían lapidado los insultos, al cadáver
de los noventa lo sepultaron los elogios, que le tributaron en el Salón
del Congreso (...) ‘El legado de Cámpora es inequívocamente el de la
lealtad inclaudicable a las ideas que abrazó’, dijo el Presidente de
la Cámara de Diputados, Alberto Pierri, que le vendía papel a Massera
cuando al homenajeado lo condenaban al cáncer terminal de la calle Arcos
(reteniéndolo durante tres años y medio en la Embajada de México)".
Sólo cuando los militares tuvieron la certeza de que moriría, lo dejaron
salir del país.
Doce años después, el presidente Menem no fue a recibir sus restos.
Como explica Bonasso "esta ausencia necesitaría dos años y un deceso
para terminar de perfeccionarse como símbolo del posperonismo gerencial,
con la visita de Menem al velatorio del almirante Isaac Francisco Rojas
(que reivindicaba bombardeos y fusilamientos) a quien había llegado
a considerar su ‘amigo’ ".
El autor de "Recuerdo de la muerte" cuenta que inició esta investigación
precisamente porque no le gusta cómo se escribe la Historia. Ocurre,
y Bonasso bien lo sabe, que la Historia es siempre conflicto; de ese
mismo conflicto forma parte su explicación. Por eso, y a la luz de los
resultados, "El presidente que no fue" es una nueva batalla ganada contra
el olvido.
La recuperación de una memoria activa con vistas al futuro, que reavive
la polémica en lugar de asesinarla, es un ejercicio que todos, incluido
el propio Bonasso por supuesto, debemos seguir practicando
Fuente: www.hijos-capital.org.ar
El
Presidente que no fue (fragmento)
Por Miguel Bonasso*
"La mañana del martes 23 de marzo Héctor Cámpora se despertó en su austero
dormitorio de San Andrés de Giles, mirando sin ver el viejo armario
de luna coronado por dos cajas de sombreros que Nené había dejado arrumbadas,
como malos recuérdos del último viaje a España. Afuera, en la fría sala,
se oís bostezar a uno de los custodios, de los "suyos de siempre", y
no de los que le había puesto -para vigilarlo-"su amigo", el ministro
del Interior. Había dormido profundamente, suprimiendo arenas movedizas
de la conciencia, pero a medida que íba reconociendo el mundo, volvían
los temores del día anterior.
"Una Argentina inerme ante la matanza."
Y más abajo: "Al cabo de una jornada en la que cundieron las versiones
de un inminente golpe militar: LA PRESIDENTE REUNIO AL GABINETE EN SU
DESPACHO".
Al dar vuelta de páginas de La Opinión aumentaba su desasosiego y la
convicción dé que "Timerman, como siempre, está jugado al golpe". Las
principales páginas de la sección política llevaban una elocuente cornisa:
"LA AGONIA DEL REGIMEN"; las de policiales: "LA ESCALADA SUBVERSIVA";
las de economía: "LA CRISIS ECONOMICA".
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Un viejo enemigo del peronismo,
el ex capitán de navío Francisco Manrique, sostenía que un "gobierno
muerto está siendo desalojado". El partido Nueva Fuerza, que pertenecía
al ingeniero Alvaro Alsogaray, profetizaba que los dirigentes políticos,
sindicales y empresariales vinculados al peronismo serían "barridos".
El clásico boletín antisubversivo registraba diez muertes violentas
en la jornada, omitiendo destacar que la inmensa mayoría de las víctimas
habían sido asesinadas por grupos paramilitares como el "Comando Libertadores
de América", una estructura clandestina del Ejército que había reemplazado
a la muy devaluada Triple A de López Rega. Sin incómodos desgloses,
La Opinión registraba "un muerto cada cinco horas y una bomba cada tres".
En la misma edición, informaba que la inflación había trepado al 30
por ciento mensual y al 700 por ciento anual. Cables de Estados Unidos
citaban declaraciones del senador republicano Jesse Helms elogiando
a las Fuerzas Armadas argentinas como único "elemento constitucional
que puede todavía garantizar las libertades y los derechos humanos".
El New York Times, por su parte, auguraba la renuncia o la caída de
"la aturdida y trágica figura instalada en la Casa Rosada".
Entre los múltiples movimientos de tropas que consignaba la crónica
periodística, había uno referido al Regimiento 6 de Infantería con base
en la vecina ciudad de Mercedes, donde Cámpora había nacido el 26 de
marzo de 1909.
Ese regimiento, que conocía desde los tiempos en que lo comandaba el
coronel Rafael Videla (padre del general Jorge Rafael Videla), tenía
ya la misión de capturarlo y asesinarlo.
A tres días de cumplir sesenta y siete años y a tres años de la victoria
del 11 de marzo, Cámpora esperaba noticias decisivas en su viejo reducto
de San Andrés de Giles, uno de esos caserones típicos de la campiña
bonaerense; grises, chatos, de una planta, con un balcón a cada lado
de la entrada principal que daba a la calle San Martín. Obviamente,
la calle del pueblo.
Como otros caudillos bonaerenses, Don Héctor prefería esperar los acontecimientos en su territorio; el pueblo que había elegido cuarenta años atrás y al que regresó de todos los golpes y destierros de una política impiadosa. Claro que había regresos y regresos: el diario informaba, también, que el Turco Jorge Antonio acababa de llegar tras veinte años de exilio en España. Un largo destierro que solo interrumpió con cortos viajes al país, como el que hizo en julio de 1974, para velar a Perón. Peleado con Isabel y López Rega llegaba a ver pasar el cadáver de su enemiga, proponiendo una coincidencia cívico-militar y la reiterada fantasía de los capitales árabes. Jorge Antonio le evocó la fuga de Río Gallegos, que también había sido en marzo, diecinueve años antes. El golpe del 55 y los errores de la primera caída. Los "entornos" y los acomodados, los corruptos y los traidores como Teisaire.
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-¿Por qué, Señor, por qué?-preguntó mentalmente a un destinatario no
definido, que podía ser Dios o Perón, mientras caminaba por el patio
cubierto al que daban el comedor sombrío con muebles de su suegra y
la cocina donde hervía el puchero. Al final de este patio-corredor había
un cobertizo, las habitaciones de servicio, un pequeño jardín con naranjos
y el garage, que tenía la previsora virtud de salir a otra calle, transversal
a San Martín, la calle Avellaneda. Avellaneda 258; un detalle sin mayor
importancia durante décadas, pero que dentro de pocas horas le salvaría
la vida.
A esas horas Raúl Gustavo Trombetta, el Lali Trombetta, sodero de San
Andrés de Giles, llegaba con su esposa al departamento de la calle Libertad
1571, donde vivían los Cámpora cuando estaban en la Capital.
María Georgina Acevedo de Cámpora, la Tía Nené, los recibió con su sonrisa
sempiterna, pero se veía a la legua que estaba angustiada. Los sacó
de la sala, presidida por el gran óleo de Evita, los metió en el comedor
y cerró la puerta.
Debían llevarle a su marido un mensaje contundente: el golpe sería esa
mismo noche y Héctor encabezaba la lista de los más buscados. Debía
escapar, ya.
El matrimonio hizo el viaje
de regreso a toda velocidad. En San Andrés, Lali estacionó el auto a
pocos metros del caserón. Saludó con apresión al policía de guardia
y entró al frío recibimiento de baldosas. Los custodios de la Federal
eran un obstáculo a salvar para la fuga. Pero los principales escollos
se los ponía por delante el propio Don Héctor. Dos meses atrás, cuando
se hizo evidente que regresarían los militares, empezó a insistirle:
"Doctor, tiene que volverse a México". La respuesta era invariable:
"¿Por qué?, si yo no hice nada malo. No tengo por qué escaparme como
un bandido".
Esta vez lo escuchó en un grave silencio. Luego preguntó que estaban
por hacer su mujer y su hijo mayor.
-Se van, Don Héctor -repuso el sodero-. Ya se deben haber ido.
Este último dato lo convenció.
Le dijo a Lali que fuera a San Antonio de Areco, lo viera al Gordo T
y le pidiera las llaves de su quinta, para esconderse allí. Era una
de las alternativas que habían pensado, en previsión de este emergencia.
Aunque San Antonio estaba a unos veinticinco kilómetros de Giles, no
había tiempo que perder.
Cámpora se encerró en su dormitorio y se puso a preparar las valijas.
Le repugnaba la idea de escaparse, pero intuía que esta vez no podía
presentarse a los militares y decirles, como les había dicho en el 55:
"Acá estoy, pueden investigarme". No tenía una idea cabal del maremoto
represivo que se cernía sobre la Argentina, pero tampoco ignoraba que
habría muertos y que él bien podía ser uno de ellos.
A las cinco de la tarde, mientras el sodero alertaba al ex presidente,
los principales políticos del país se aglomeraban en Rivadavia 882,
donde tenía su estudio el hermano del jefe radical, Ricardo Balbín,
para escuchar a Carlos Juárez, un antiguo hereje de la conducción peronista,
convertido en vocero del Partido Justicialista. "La Señora Presidente
-dijo Juárez-está a punto de conversar con los tres comandantes, para
superar la crisis".
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El cónclave de los políticos se prolongó varias horas. Antes de que
se llegara a ninguna conclusión, el doctor Oscar Alende, titular del
Partido Intransigente, pidió perdón por abandonarlos en función de un
"acto narcisista". Quería ver por televisión, junto a su esposa, el
discurso que acababa de grabar y que iba a difundirse esa noche por
la Cadena Nacional de Radio y Televisión. El espacio, cedido por la
Presidenta a los opositores en una busca desesperada de oxígeno, había
sido usado por Balbín, seis días antes, para un diagnóstico implacable:
"todo está naufragado". En verdad, la dirigencia radical venía manteniendo
reuniones con los golpistas desde octubre del año anterior.
El sodero Lali recorrió San Antonio de Areco con angustia: el Gordo
T no apariecía por ningún lado. Rehízo el camino a Giles pensando en
una segunda alternativa, pero al pasar cerca de la comisaría vio la
camioneta del Gordo estacionada frente a la casa de un pariente. No
se animó a bajar por la vecindad con los policías y prefirió esperarlo.
Se quedó una hora dentro del coche, pero el Gordo no dio señales de
vida. En la radio anunciaron a Oscar Alende. Eran las ocho y media de
la noche del 23 de marzo. El mensaje en favor de la democracia se había
adelantado media hora para no superponerse con el partido River-Portuguesa,
por la Copa Libertadores de América, que comenzaba a las 21.
Cámpora, con aire de total normalidad, estaba en la sala viendo por
televisión al doctor Alende, con quien se lo había vinculado en una
posible fórmula frentista para las elecciones presidenciales del 77,
que ahora podrían adelantarse para salvar a un gobierno agonizante.
El último delegado de Perón estaba acompañado por uno de sus custodios
de confianza, el chofer Oscar Moya, y uno de los agentes de la Federal,
que se había replegado a un discreto segundo plano. En cuanto Lali entró,
Don Héctor le hizo una rápida seña con las cejas, como en los partidos
de truco que jugaban en el Club Almafuerte. En la tele Alende convocaba
a la "convergencia de las fuerzas revolucionarias de la Argentina".
A cien kilómetros de allí,
en la sede del Ministerio de Defensa, el teniente general Jorge Rafael
Videla, el almirante Emilio Eduardo Massera y el Brigadier Orlando Ramón
Agosti, escuchaban al nuevo titular de la cartera, José Deheza, un nacionalista
católico, yerno del general Eduardo Lonardi (el jefe militar que derrocó
a Perón en 1955), convertido al peronismo e integrado al gobierno isabelino.
Deheza aseguró a los comandantes que ni a él ni a la Presidente les
temblaría la mano si hubiera que firmar sentencias de muerte a los subversivos.
La declaración no conmovió a sus interlocutores. El general Videla fue
el único que habló: cortésmente pidió permiso para ir al baño.
En la Casa Rosada, Isabel Perón mantenía una reunión con ex ministros,
dirigentes sindicales y legisladores ultraverticalistas. Su nuevo ministro
del Interior, Roberto Ares, llegado al gobierno en la décima recomposición
del gabinete desde el 1º de julio de 1974, se despedía de los periodistas
acreditados con una sonrisa y una promesa temeraria: "Hasta mañana,
muchachos". Afuera, en una Plaza de Mayo desierta, veinte mujeres coreaban:
"Se siente, se siente, Isabel Presidente".
Se encerraron en lo que solía ser el despacho de abogado de Héctor y
Carlos para arreglar los detalles de la fuga. Cámpora ya tenía preparadas
dos valijas y le contrarió mucho saber que el Gordo T estaba tan cerca
y al mismo tiempo inaccesible. Lali lo apremió para escapar cuanto antes
y logró convencerlo. Irían directamente a San Antonio y le caerían,
de sopetón, al Gordo. El único problema eran esos policías que de cuidadores
se podían transformar súbitamente en carceleros. Decidieron engañarlos:
les dirían que el doctor no cenaría afuera como solía hacerlo muchas
veces. Que fueran ellos a comer antes de que se les hiciera tarde. Si
tenían escrúpulos y no querían ir juntos se la jugarían igual: Cámpora
saldría con Moya y el otro custodio por la puerta de atrás. Lali debía
irse primero, como si nada pasara, pero los esperaría a cinco kilómetros
de distancia, en un discreto cruce de la ruta 41.
Cuando dejó la casa los
dos policías charlaban en el zaguán tan tranquilos. Uno miraba la hora.
Adentro, Cámpora y sus dos hombres de confianza se movieron como sombras,
tapando los ruidos de la fuga con la transmisión del partido a todo
volúmen. Cargaron las valijas en el Fairlane azul de Don Héctor, levantaron
la cortina metálica del garage, pesada y ruidosa, y apareció ante sus
ojos la chatura nocturna y despoblada de la calle Avellaneda. Nadie
en la vereda de enfrente. Moya metió la primera y el auto salió del
garaje. Antes de recorrer los cincuenta metros que lo separaban de la
esquina, se cortó la luz. El auto cruzó en tinieblas la calle San Martín,
iluminando con sus faros las aceras despobladas.
Después se dijo que el apagón había sido intencional.
* Miguel Bonasso (1940),
periodista de investigación y escritor, nació en Buenos Aires, Argentina.
Se inició en la profesión en el semanario Leoplán y fue sucesivamente
jefe de redacción de las revistas Análisis, Extra y Semana Gráfica,
además de uno de los editores del diario La Opinión que dirigía Jacobo
Timerman.
Entre enero y marzo de 1973 fue secretario de Prensa del Frente Justicialista
de Liberación (FREJULI) y luego asesor de Héctor Cámpora durante su
corta presidencia.
En 1974 fundó y dirigió el diario Noticias, posteriormente clausurado
por orden de López Rega, jefe del grupo parapolicial Alianza Anticomunista
Argentina
(Triple A).
Después del golpe de 1976, Miguel Bonasso vivió en la clandestinidad
hasta abril de 1977, en que salió del país. Integró, en Roma, el Consejo
Superior de Montoneros; para, dos años más tarde, romper con la conducción
oficial.
Durante los doce años que residió en México continuó ejerciendo el periodismo
como editor de la agencia Alasei (Agencia latinoamericana de Servicios
Especiales de Información); fue columnista del semanario Proceso y corresponsal
de diversos medios latinoamericanos, como la revista Semana de Bogotá.
También en México presidió la Asociación de Corresponsales Extranjeros.
En 1984 publicó Recuerdo de la muerte, una novela basada en hechos reales
ocurridos en el campo de concentración de la Escuela de Mecánica de
la Armada, que fue traducida a varios idiomas y ganadora de varios premios.
En 1990 Miguel Bonasso publicó la La memoria donde ardía. En 1997, El
presidente que no fue, una biografía de Héctor Cámpora, que recibió
el premio Planeta a la mejor investigación periodística y el Walsh de
la Facultad de Periodismo de la Universidad Nacional de La Plata.
Ese mismo año realiza la investigación y el guión para el documental
de largometraje Evita: la tumba sin paz, que dirigió Tristán Bauer y
produjo Ana de Skalon para Channel Four de Londres. El mismo equipo
(De Skalon, Bauer y Bonasso) se volvió a unir para realizar el largometraje
Iluminados por el fuego (2005).
En 1999 editó Don Alfredo que al año siguiente le valió nuevamente el
premio Rodolfo Walsh en la Semana Negra de Gijón. En noviembre del 2000
salió la edición argentina de Diario de un clandestino que en febrero
de 2002 recibe el premio José María Arguedas de narrativa que otorga
Casa de las Américas y traducido al italiano en 2006.
Bonasso dictó la cátedra de Periodismo de Investigación en el curso
superior de la Carrera de licenciatura en Comunicación Social de la
Universidad Nacional de Quilmes.
En agosto de 2003 fue elegido Diputado Nacional.
El
relevo de Cámpora
Roberto Fernández Taboada y Pedro Olgo Ochoa [Revista Somos, septiembre
1983]
Los hechos que rodearon el relevo del presidente Cámpora siempre tuvieron
perfiles brumosos. A diez años de aquellos sucesos, SOMOS habló con
protagonistas claves y consiguió revelar la intimidad del proceso.
Las dos reuniones en Gaspar Campos. Los cargos contra Cámpora. La enfermedad
de Perón. La restitución del grado militar.
El charter ya perforaba la madrugada sobre el Atlántico, cuando Perón
sintió una llamarada de dolor debajo de las costillas. Le pareció que
era ese problema duodenal que de tanto en tanto lo ponía en jaque y
por eso echó mano a las pastillas de alcalino que siempre llevaba con
él. Pero esta vez no le calmaron el dolor. Atrás, en la cabina, venía
un mundo de gente y allí Cámpora -el presidente- prodigaba su prolija
sonrisa ajeno a la escena que en ese momento vivía su jefe. Y también,
por supuesto, ajeno a la otra escena que no muchas horas después iba
a vivir, nervioso y congestionado, en la casa de Gaspar Campos.
-El general está con frío. La calefacción está muy baja -dijo el presidente
de la Cámara de Diputados.
-¿A usted le parece, Lastiri? -inquirió, preocupada, Isabel.
Lastiri le acercó un vaso de whisky y al rato el general empezó a sentirse
mejor. Y no sólo él, sino también las otras cinco personas que viajaban
en el compartimiento: Isabel Perón, Raúl Lastiri, el ministro Antonio
Benítez y las mujeres de ambos. Perón había tenido una angina de pecho.
Había caminado por la mortal comisa del infarto.
En Ezeiza ya habían empezado los desórdenes, que dejarían como saldo
decenas de muertos, cuando el avión llegó a Porto Alegre. El vicepresidente
-pero entonces presidente en ejercicio- se comunicó con Cámpora: -El
charter no puede aterrizar en Ezeiza -resolvió Vicente Solano Lima.
Cámpora discutió un momento con el vicepresidente. No podía creer o
entender lo que estaba pasando. El charter aterrizó en Morón. Allí,
Perón se encaró con el ministro Esteban Righi:
-La culpa la tiene usted, chiquilín, que no ha sabido hacer las cosas.
Algunos testigos aseguran que Perón, visiblemente enojado, lo increpó
con algo más que ese chiquilín despectivo al ministro del Interior del
presidente Cámpora. En el fárrago, las crónicas de ese día -informadas
de apuro y tangencialmente- maliciaron no sin cierta puntería: ". .
.el general Perón no estaría bien de salud" y ". . .el ministro Righi
habría presentado la renuncia". Pero durante casi una veintena de días
-hasta que la noticia fue anticipada por Solano Lima a un grupo de periodistas
casi exactamente a las diez y media de la noche del jueves 12 de julio
de 1973- ignoraron que en los hechos Cámpora ya había perdido el puente
de mando de la Casa Rosada en la mañana del 21 de junio, justo un día
después de la matanza de Ezeiza.
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Las razones más íntimas
que impulsaron a Perón a designar a Héctor J. Cámpora, primero su delegado
personal y más tarde candidato a la Presidencia, seguirán siendo materia
de polémica. Se ha hablado de su docilidad, de sus largos años de militancia,
de su lealtad al jefe. Pero días pasados, un ex ministro del gabinete
de Cámpora, también ex ministro del gabinete de Perón y hombre de la
vieja guardia peronista añadió otro argumento: "¿Por qué Cámpora? Habrá
otras razones. No las niego. Pero ésta fue fundamental: Cámpora era
un hombre al que las Fuerzas Armadas -para decirlo gráficamente- no
lo tragaban por nada del mundo. Y Perón calibró que si los militares
terminaban aceptando a Cámpora, con él no tendrían después el más mínimo
problema".
Perón pasó la noche del 20 de junio en la residencia de Olivos. El 21,
muy temprano y sin que Cámpora fuera enterado, salió de la quinta presidencial
por la puerta 5 eludiendo la gruesa guardia periodística. Un poco después
llegó a su casa de Gaspar Campos 1065. Entre las 7 y las 8 y media de
la mañana empezaron a sonar los teléfonos en las casas de los ministros
del gabinete de Cámpora. Pero no en la de todos. El mensaje, detrás
del cual bien pudo haber estado la propia voz de José López Rega, era
muy simple: -Véngase a Gaspar Campos que el general quiere hablarle.
El gabinete se reunió con la notoria ausencia de Esteban Righi, ministro
del Interior, y de Juan Carlos Puig, ministro de Relaciones Exteriores.
Era el ala izquierda de Cámpora, otro notorio ausente en los primeros
tramos de la reunión.
Los ministros estaban apichonados, sentados a esa mesa ubicada en una
de las salas de la planta baja de Gaspar Campos. "Imagínese -recordó
días atrás ante SOMOS uno de aquellos ex ministros-. El jefe nos estaba
diciendo que no le era grato el mundo que rodeaba a Cámpora. Que contrariaba
no sólo sus ideales sino también sus propósitos. Quería un gobierno
serio, prudente. Grato a la mayoría de los argentinos. Y bueno, al fin
y al cabo, aunque nosotros éramos de la vieja guardia, lo cierto era
que también éramos los ministros de Cámpora."
Todo parece sugerir que Cámpora notó rápidamente en Olivos la ausencia
de Perón que era más madrugador que él. Inmediatamente se puso en marcha
hacia Gaspar Campos. Cuando entró, Perón ya estaba hablándole a sus
ministros. Era una atmósfera de enorme tensión. El edecán, coronel Corral,
quiso retirarse. Pero Perón, adelantando un tanto su mano, lo detuvo:
-No. No. Quédese. Era obvio que quería tener un testigo militar.
"Entonces -recordó ante SOMOS uno de los asistentes a aquella reunión
cumbre- el general le reprochó a Cámpora, en términos muy duros, la
infiltración izquierdista en el gobierno. Y le criticó los nombramientos
que, dentro de esa tendencia, había producido. Perón levantaba el dedo
índice mientras hablaba. Yo nunca lo había visto así. Estaba muy enojado,
muy disgustado. Estaba marcada ya la ruptura con Cámpora." La reunión
duró algo menos de una hora. Los cronistas apostados a dos cuadras de
la casa de Gaspar Campos (no era posible acercarse más) detectaron la
llegada de algunos de los ministros. Pero eso, claro está, era algo
natural: al fin y al cabo Perón estaba de vuelta en el país. Sin embargo
esa reunión había sido crucial. El día 23 los cronistas también vieron
pasar rumbo a la casa de Perón a Benito Llambí, director de ceremonial
de la Cancillería. Pareció una visita de rutina. Pero en ese encuentro
Perón le ofreció el Ministerio del Interior. Entre la vieja guardia
peronista se comenta que Perón había sugerido los nombres de Antonio
Benítez para la cartera de Interior y posiblemente a Llambí para Relaciones
Exteriores. Pero Cámpora, presionado por la Tendencia, negoció los nombres
de Righi y Juan Carlos Puig. Cuando subió Lastiri, éstos fueron los
dos únicos cambios que se produjeron en el gabinete. Llambí fue a Interior
y Juan Vignes a la Cancillería.
Esa noche del 21 de junio
de 1973 Perón pronunció un enérgico discurso. Lo armó sobre el esqueleto
que había preparado ya en España para redondear con la improvisación
tras su llegada a Ezeiza. Tal vez (siempre se pensó así) en cuanto conoció
los trágicos desórdenes corrigió algunos párrafos y añadió otros. En
ese discurso llamó a un acuerdo nacional ("...Este es un problema que
lo arreglamos entre todos los argentinos o no lo arregla nadie. Por
eso deseo hacer un llamado a todos para que comencemos a ponemos de
acuerdo...") y lanzó sugestivos dardos:
- Los peronistas tenemos que retomar a la conducción de nuestro movimiento,
ponerlo en marcha y neutralizar a los que pretenden deformarlo desde
abajo o desde arriba.
- Deseo advertir a los que tratan de infiltrarse en los estamentos populares
o estatales que por ese camino van mal.
- A los enemigos embozados, encubiertos o disimulados, les aconsejo
que cesen en sus intentos, porque cuando los pueblos agotan su paciencia,
suelen hacer tronar el escarmiento.
La noche del 26 de junio
Perón volvió a sentir los dolores que lo habían asaltado en el avión.
A la mañana siguiente se levantó tarde. En la planta baja lo esperaba
Osvaldo Carena, médico de la Fundación Eva Perón: - Discúlpeme que lo
haya hecho esperar, doctor. Pero tuve una mala noche. El dolor en el
pecho era fuerte v tuve que abrir una ventana para poder respirar. El
médico no tuvo dudas:
-General, vamos a volver arriba por el ascensor y se va a quedar en
cama. Le voy a hacer un electrocardiograma. El electro no dio las señales
corrientes de un infarto, pero tampoco era normal. De todos modos exámenes
posteriores lo confirmaron. El doctor Pedro Cosio al pie de la escalera
donde estaban Isabel y López Rega, les dijo que ante un infarto, por
chico que fuera, era necesario internar al enfermo en un área de cuidado
intensivo. Entonces encontró esta respuesta insólita y sugestiva: De
ninguna manera. De ninguna manera -casi gritó López Rega-. Esto va en
detrimento del prestigio político del general. Cómo van a elegir presidente
a un enfermo. . . Perón estuvo en cuidado intensivo durante cinco días.
No hubo recaídas y a la semana se retiró al médico de guardia. Los miembros
del gabinete y el propio vicepresidente Vicente Solano Lima recibieron
una sorpresiva convocatoria que al parecer piloteó (por lo menos en
algunos casos) Raúl Lastiri: debían concurrir a una reunión de gabinete
a realizarse en Gaspar Campos. Fue el miércoles 4 de julio de 1973 y
la información oficial aseguró que se había tratado la ley de ministerios.
No fue así.
Perón
recibió a los funcionarios en la planta baja, los convidó con café,
departió apenas unos momentos casi protocolares y subió al primer piso.
Isabel Perón se sentó en una de las cabeceras de la mesa, en el espacioso
comedor de la casa de Gaspar Campos. A su lado se sentó Cámpora. Del
otro, se ubicó López Rega. Solano Lima ocupó la restante cabecera flanqueado
por dos ministros influyentes: José Ber Gelbard, que timoneaba la economía,
y Ángel Federico Robledo, que desde Defensa piloteaba el sutil rumbo
que terminaría -pocos días después- con la restitución al viejo caudillo
del grado y los honores en el Ejército. López Rega se frotó las manos
y empezó a hablar. "Fue una reiteración de cargos contra Cámpora -reveló
días pasados a SOMOS uno de los asistentes-. Criticó la gestión del
presidente que había dado lugar a la inserción en el gobierno de grupos
jóvenes de extrema izquierda." La exposición del todopoderoso ministro
de Bienestar Social duró unos ocho o diez minutos. Cámpora tenía la
cara congestionada.
El lunes pasado, en su departamento de la Avenida Santa Fe al 1500,
el ex vicepresidente Vicente Solano Lima recordó ante SOMOS algunos
pormenores de aquella tensa reunión:
-¿Cómo se defendió el presidente Cámpora?
-Dijo que había sido elegido presidente con la conformidad del general
Perón. Que le era leal. Y que si alguna vez discrepaba, elevaría su
renuncia inmediatamente. Dijo además que él había recorrido todo el
país y que había logrado la certidumbre de que el pueblo quería ser
gobernado por el señor general don Juan Domingo Perón, como él decía
siempre.
-¿Quién habló más tiempo, él o López Rega?
-El habló menos que López Rega. Se defendió con gran fervor. Reiteró
una y otra vez que él se ajustaba a lo que Perón resolviera y que había
sido siempre profundamente peronista. Lo cual era verdad.
-Pero ya López Rega había producido la crisis.
-Claro. Entonces pidió la palabra Robledo. Y yo dije: "Señor ministro:
me siento aludido por las palabras que se han pronunciado aquí. Le pido
que difiera por un momento el uso de la palabra". Me dijo que sí y entonces
yo dije: "Como lo ha señalado el señor presidente de la Nación, el pueblo
argentino quiere ser gobernado por el general Juan Domingo Perón. Para
que ello sea posible presento en este mismo acto mi renuncia indeclinable
de vicepresidente". Porque si renunciaba Cámpora y yo no renunciaba,
la presidencia me tocaba a mí. Los ministros sabían ya de qué se trataba
porque para eso habían estado en la reunión del 21 de junio. Y Solano
Lima también. Había mantenido una conversación previa con Perón en la
que entre otros temas políticos el viejo caudillo sacó a relucir algunos
otros reproches al presidente Cámpora.
Las renuncias, que recién estallaron en los titulares de los matutinos
del viernes 13 de julio se produjeron, en realidad, en esa reunión ampliada
de gabinete del miércoles 4. Allí se formó, entonces, una comisión que,
presidida por Solano Lima e integrada por los ministros Benítez y Righi,
tomó en sus manos la solución de los últimos detalles, que no eran pocos.
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Había algunos interrogantes
sobre la instrumentación legal que requeriría el previsible traspaso
del poder a Juan Perón. En el Congreso, la demanda de textos constitucionales
a la biblioteca parlamentaria fue formidable. Es que la cuestión no
era fácil. El artículo 72 de la Constitución especifica que en caso
de enfermedad, ausencia de la Capital Federal, muerte, renuncia o destitución
del presidente, el Poder Ejecutivo será ejercido por el vicepresidente.
Solano Lima ya había allanado este camino. Pero además estaba la ley
de acefalía, sancionada en 1868. Y esta ley especificaba que la sucesión
correspondía al presidente provisional del Senado, en segundo término
al presidente de la Cámara de Diputados y en tercer lugar, al titular
de la Corte Suprema de Justicia. El senador Alejandro Díaz Bialet era
el señalado por los textos legales. Pero este parlamentario no pertenecía
al círculo más íntimo de Perón. La solución fue encontrada rápidamente:
Díaz Bialet pediría licencia para realizar una misión oficial en el
exterior cuya duración se prolongaría lo suficiente como para justificar
que asumiera como presidente de la Nación el titular de la Cámara de
Diputados, Raúl Lastiri, yerno de José López Rega. Se informó entonces
que Díaz Bialet cumpliría una misión en el exterior para fijar la posición
argentina en la IV Conferencia de Países No Alineados. La reunión, en
la que Díaz Bialet asumió el rango de embajador extraordinario y plenipotenciario
en misión especial, empezó el 29 de agosto, en Argel. Ya no había escollos
y la Asamblea Legislativa que debía aceptar las renuncias de Héctor
J. Cámpora y de Vicente Solano Lima -y al mismo tiempo ungir a Raúl
Lastiri- se reunió el viernes 13 de julio. A las 10 de la mañana las
galerías del recinto rebosaban de público fácilmente reconocible como
del sector gremial, poco dispuesto a ceder espacio ante una posible
embestida de los sectores de izquierda que ya habían levantado el slogan:
"el pueblo ya lo dice, Cámpora es el vice". Es que unas 48 horas antes,
desde Corrientes, el vicegobernador bonaerense -y caudillo metalúrgico-
Victorio Calabró había lanzado una proclama que retumbó en todo el país:
"Estando el general Perón en la Argentina, no puede ser presidente de
la República nadie más que él. No puede ser sólo poder. Debe ser a corto
plazo, ya, gobierno y poder". A las cuatro de la tarde entró al recinto
el grueso de los legisladores. A las ocho y media, la Asamblea Legislativa
consagró a Lastiri en la Presidencia. Se entonó el Himno y se dio por
levantada la sesión. En la calle, algunos se entusiasmaban con la posibilidad
de la fórmula Perón-Balbín. Asaltado por los periodistas Balbín (que
estaba al tanto de los hechos) dijo: "Aquí pasa como con el muchacho
que dice estar de novio y todos lo saben. . . menos la novia. El único
que no lo sabe soy yo". Pero se guardó la picardía rápidamente y con
tono serio apuntó: "Esto no hace a la determinación de un hombre".
No sólo los nombramientos fuera de línea (que por supuesto no se detenían
en el escalón ministerial) pudo achacarle Perón a Cámpora. En menos
de 30 días de gobierno se habían sumado los motines en las cárceles,
el erp y los montoneros habían copado el aeropuerto de Tucumán, muchos
ejecutivos extranjeros dejaban el país, en pocas semanas se habían sumado
más de una docena de secuestros personales, y un avión de Aerolíneas
había sido desviado hacia Cuba. Pero si esto era preocupante no lo era
menos la vigorosa infiltración que los sectores de ultraizquierda estaban
llevando a cabo en los organismos estatales que, además, al menor conflicto
se paralizaban o eran tomados por el personal o por activistas. Había
una visible pugna interna entre las fracciones del peronismo que Cámpora
no alcanzaba a gobernar. La situación era realmente dramática y tocó
el nervio político de Perón: había venido dispuesto a dar su toque en
las grandes líneas de gobierno, pero la situación lo impulsó a relevar
a Cámpora y tomar las riendas en sus manos. Estaba enfermo y eso lo
entristecía, pero Cámpora, a las 11 de la mañana del jueves 12 de julio
le alegró también la vida: le había llevado el decreto que le restituía
el grado y los honores en el Ejército Argentino. Automáticamente pasaba
también a retiro, pero ya se sentía mejor cuando el martes 10 recibió
la visita del comandante Jorge Raúl Carcagno y al día siguiente la del
almirante Carlos Alvarez y la del brigadier general Héctor Luis Fautario.
Nidia A. G. Orbea Álvarez de Fontanini
El 9 de diciembre de 1991
retornaron a suelo argentino sus restos.
El 09/12/91, el ministro de Defensa Antonio Erman González encabezó
la comisión de recepción del féretro en el aeropuerto de Ezeiza, acompañado
por el embajador de México en la Argentina Jesús Puente Leiva, los Dip.
Nac. Lorenzo Pepe y Roberto Cruz y el ex legislador Miguel Unamuno -Justicialistas-.
Propósito de lograr la unidad nacional
|
En ese momento el ministro manifestó que la decisión de promover la
repatriación de sus restos constituye "una contribución más para terminar
con todas las antinomias y los enfrentamientos que hicieron que esta
sociedad viviera en etapas anteriores en un divorcio permanente. Es
una colaboración más para entrar definitivamente en el camino de la
reconciliación nacional. El objetivo que nos proponemos es hacer una
Argentina, no sólo sólida y una potencia en la que han soñado varias
generaciones, sino una nación armonizada. Es un lineamiento más de los
inspirados por el presidente Carlos Menem para contribuir a la pacificación
definitiva de los espíritus en la Argentina".
El Dip. Lorenzo Pepe destacó que "esta repatriación coloca de alguna
manera un broche de oro a actitudes que el Poder Ejecutivo ha tenido
para aquietar las divisiones entre los argentinos" y manifestó que "la
presencia del Parlamento ahora es impulsar, hasta que las fuerzas den,
a que haya una sociedad que conviva en el estado de derecho con tolerancia
y que tenga el sentido de la posibilidad del disenso en el marco de
la ley".
Homenaje del embajador mexicano y de amigos
El Embajador mexicano reconoció a Cámpora como "un notable referente
y un símbolo de unión entre los dos países". Desde Ezeiza lo trasladaron
al Salón Azul del Congreso Nacional donde lo esperaban los integrantes
del comité de recepción: Ricardo Anzorena, Manuel Araux Castex, Miguel
Ángel Bercaitz, Hernán Biancotti, Ernesto Corvalán Nanclares, Agustín
Díaz Bialet, Rodolfo Desperbasques, Alberto Gianola y Arturo Pons Bedoya.
Concurrieron para rendirle un merecido homenaje: el titular de la CGT
Azopardo Saúl Ubaldini; el montonero Mario Eduardo Firmenich, que se
encontraba allí cuando ingresó el ex presidente Raúl Alfonsín, quien
fue acompañado por la dirigente justicialista Nilda Garré -tomándolo
del brazo- para que primero saludara a la Sra. Georgina Acevedo de Cámpora
y a su hijo Héctor.
Amigos y políticos se acercaron para testimoniar su reconocimiento porque
como afirmó el presidente de la Cámara de Diputados Alberto Pierri,
Cámpora dejó un legado que "es inequívocamente el de la lealtad inclaudicable".
Desde allí, con una guardia de honor del Regimiento de Granaderos a
Caballo, sus restos fueron retirados del Congreso y trasladados al cementerio
de San Andrés de Giles -situado a 110 km. al oeste de la Capital Federal-,
lugar donde había vivido y ejercido su profesión. Allí también estuvieron
varios dirigentes de Montoneros.
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