Tom y Jerry en la tormenta

Por José Pablo Feinmann

Con su habitual sarcasmo, con ese gesto de ser superior que suele adoptar, la Dra. Carrió dijo que las crisis le divierten, que le producen adrenalina. Las crisis no divierten a nadie. Aunque, sin duda, causan adrenalina. Un estado conflictivo del alma. También una angustia profunda. Y hasta una insoslayable desesperación. La sociedad civil asiste absorta a los movimientos bruscos, tambaleantes de un gobierno que no tiene brújula ni pareciera adivinar un horizonte posible.

Sólo atina a manotazos de náufrago sin destino ni costa a la vista. No sabe dónde amarrará un barco que escasamente sabe conducir. El macrismo no estaba preparado para gobernar. Ganó en 2015 porque el odio de la clase media al gobierno kirchnerista la llevó a elegir un gobierno de clase alta. Total, ya se sabe: los ricos no tienen necesidad de robar porque son eso, ricos. Se ignora que los ricos nunca están satisfechos y siempre necesitan más. La acumulación de dinero transforma al dinero en poder, de aquí que nunca se detenga. Porque el poder sólo se mantiene en tanto crece. Cuando deja de crecer retrocede. La voluntad de poder nietzscheana tiene como posibilidad los conceptos de conservación y aumento. Todo poder que no aumenta no logra conservarse. Si los votantes argentinos hubieran leído a Nietzsche –según la interpretación de Heidegger en La frase de Nietzsche “Dios ha muerto”– sabrían que el poder tiene que crecer constantemente si quiere conservarse. En suma, que si los ricos llegan al gobierno no es para ser patriotas, sino para ser más ricos. Los grandes negociados del macrismo en el poder así lo testimonian. Han gobernado para sí, para sus familias y para sus amigos, amistades que forman sociedades oligopólicas.

Macri dice haber sufrido mucho en estos cinco meses. Sólo se justificaría que sufra por haber causado sufrimientos a los demás. La sociedad vive en un estado de angustia e insatisfacción graves. Todos se han empobrecido. Algunos no tienen para terminar el día. Otros no tienen para termina el mes. Pero el que sufre es Macri. Hay un grado de cinismo importante en esas declaraciones. El gesto triste, amargo. La gesticulación dramática. Las apelaciones a los fenómenos meteorológicos, a las tormentas. El intento de hacer creer que él es bueno, que sufre por los demás.

¿Quiénes son los demás? Son los pobres de toda pobreza que ya pasan el treinta por ciento. O aceptan o ya empiezan a incurrir en los saqueos. Se dirá que son preparados, que no son verdaderos. Que detrás de ellos está el peronismo o el culpable de todo, el kirchnerismo. Pero los saqueos son una realidad. Si se sigue así aumentarán.

Los demás son los sectores medios. Casi todos votaron a Macri. Ahora, muchos están arrepentidos. Otros todavía esperan un milagro. Que el Gobierno domine la tan mentada tormenta. Que conjure la pesadilla de un retorno de Cristina, el hecho maldito de la política argentina. Los demás son los que quieren que Macri renuncie. Un periodista que defendió siempre al Gobierno y ahora está con aires de panqueque los denomina “el club del helicóptero”. No se equivoca mucho. La comparación insistente de Macri con De la Rúa caracteriza a estos sectores. Sin embargo, si se va Macri, ¿quién viene? Hay muchos que se anotan para un gobierno de transición hasta las elecciones de 2019, que podrían adelantarse. Pero será muy difícil mejorar la situación. El daño es muy profundo y la crisis está para quedarse y hasta para empeorar.

Los cambios que Macri llevó a cabo en su gabinete son nefastos. Eliminar los ministerios de Salud y Cultura expresa la cortedad de miras de esta gente. Son malos para gobernar y se muestran como malas personas. Les importan poco la salud, la cultura. Se quedaron con los ministerios que necesitan para sus negocios. Consiguieron aquietar el dólar. Tienen una ventaja histórica: el mundo gira hacia la derecha. Pero la derecha tiene que saber gobernar. Se trata de un gobierno de CEO inmaduros. El secretario Avelluto los parangonó con Tom y Jerry. No hay que interpretarlo mal. Dijo que Marcos Peña le era tan necesario a Macri como Jerry a Tom. Pero también –sin necesidad de decirlo– expresó que son como una caricatura del poder. Son un dibujo animado. Y la tormenta es para gente crecida, que sepa pilotearla. Son Tom y Jerry con el espíritu infantil de Tom y Jerry pero sin su genialidad.

Mientras todo sucede en la modalidad del vértigo aún no ha surgido una movilización masiva contra un gobierno que da zarpazos desatinados. Hay protestas sectoriales, pero la angustia domina a los que deberían salir a la calle a exigir soluciones populares y no la poda de ministerios esenciales para la vida de la república. Todo está por verse. En dos meses Macri tendrá que cambiar el rumbo o todo empeorará y el síndrome De la Rúa se volverá más inminente. Entre tanto todos tienen que trabajar en políticas alternativas, en planes de gobierno que puedan superar el daño y permitan mirar hacia un futuro que tiene que existir. De los mejores depende.

Entre los mejores está Cristina Fernández. La persiguen con saña. El juez Bonadio vive obsesionado con la idea de meterla presa. Esto expresa la peligrosidad de la ex presidenta. La verdadera enemiga del modelo Macri es ella. Así la señala el odio del oficialismo. Si la meten presa la protesta social será enorme. La transformarán en una mártir. Cristina no es Lula y Argentina no es Brasil. La furia macrista semeja la furia de la libertadora contra Perón. Quien se volvió clamorosamente popular por ser perseguido. A Cristina la persecución, los cuadernos, los allanamientos la favorecen. El votante anti Macri descubre que ella es el miedo mayor del neoliberalismo dueño de Balcarce 50. Quiere cambiar y Cristina es la mayor posibilidad de cambio. Así como en el 2015 el eslogan Cambiemos funcionó contra Cristina, ahora le funciona a favor. Los tiempos cambian. Durán Barba tendrá que buscarse otro empleo.

10/09/18 P/12

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