Mario Emilio Delfino (PRT-ERP). Nació en Rosario
el 17 de septiembre de 1942 (29 años), casado. Estudió ingeniería
en la Universidad de Santa Fe. Inició su militancia en Palabra
Obrera, que confluiría en el PRT. Abandonó sus estudios
universitarios para ingresar como obrero en el frigorífico
Swift de Rosario, donde trabajó 5 años. Detenido el 14 de
abril de 1970. El V congreso del PRT lo eligió miembro del
Comité Central en ausencia.
Alberto Carlos del Rey
(PRT-ERP). Nació en Rosario el 22 de febrero de 1949 (23
años), estudió ingeniería química en la Universidad de Rosario,
donde se integró al PRT. Participó del congreso fundacional
del ERP. Detenido el 27 de abril de 1971.
Alfredo Elías Kohon
(FAR): Nació en Entre Ríos el 22 de marzo de 1945 (27 años),
estudiaba ingeniería en la Universidad de Córdoba y trabajaba
en una fábrica metalúrgica. Formó parte de los comandos
Santiago Pampillón y fue fundador de las FAR local. Detenido
el 29 de diciembre de 1970.
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Clarisa Rosa Lea Place
(PRT-ERP). Nació en Tucumán el 23 de diciembre de 1948 (23
años), estudió derecho en la Universidad de Tucumán, donde
se integró al PRT. Participó del congreso fundacional del
ERP. Detenida en diciembre de 1970 durante un control de
rutina.
Susana Graciela Lesgart
de Yofre (MONTONEROS). Nació en Córdoba el 13 de octubre
de 1949 (22 años), maestra. Se radicó en Tucumán donde enseñaba
y compartía la vida con los trabajadores cañeros. Fue una
de las fundadoras de Montoneros en Córdoba. Detenida en
diciembre de 1971.
José Ricardo Mena
(PRT-ERP). Nació el 28 de marzo de 1951 en Tucumán (21 años),
obrero azucarero. Integró los primeras grupos del PRT en
Tucumán. Detenido tras la expropiación a un banco, en noviembre
de 1970.
Miguel Ángel Polti
(PRT-ERP). Nació en Córdoba el 11 de julio de 1951 (21 años),
estudió ingeniería química en la Universidad de Córdoba,
era hermano de José Polti, muerto en abril de 1971. Detenido
en Córdoba, en julio de 1971.
Mariano Pujadas (MONTONEROS). Nació en Barcelona
el 14 de junio de 1948 (24 años), fue fundador y dirigente
de Montoneros en Córdoba. Participó en la toma de La Calera.
Estaba a punto de terminar la carrera de ingeniero agrónomo
cuando fue detenido en una redada, en junio de 1971.
María Angélica Sabelli
(FAR). Nació en Buenos Aires el 12 de enero de 1949
(23 años), conoció a Carlos Olmedo cuando estudiaba en el
Colegio Nacional Buenos Aires. Cursaba matemática en la
facultad de ciencias exactas, trabajaba como empleada y
como profesora de matemática y latín. Detenida en febrero
de 1972 y salvajemente torturada.
Ana María Villareal de
Santucho (PRT-ERP). Nació en 9 de octubre de 1935 (36
años), era compañera de Mario Roberto Santucho y madre de
tres chicos. Licenciada en artes plásticas por la Universidad
de Tucumán. Junto a Santucho empezó a militar en el FRIP
(Frente Revolucionario Indoamericano y Popular) que luego
confluyó en el PRT. Detenida en un control de rutina en
un colectivo.
Humberto Segundo Suarez (PRT-ERP). Nació en Tucumán
el 1 de abril de 1947 (25 años), de origen rural, fue cañero,
obrero de la construcción y oficial panadero. Detenido en
marzo de 1971.
Humberto Adrián Toschi (PRT-ERP). Nació en 1 de abril
de 1947 en Córdoba (25 años), trabajaba en una empresa familiar
hasta que eligió ser obrero. Detenido, junto con Santucho
y Gorriarán Merlo, en una redada el 30 de agosto de 1971.
Jorge Alejandro Ulla (PRT-ERP). Nació en Santa Fe
el 23 de diciembre de 1944 (27 años), maestro; abandonó
sus estudios para trabajar como obrero en una fábrica metalúrgica.
Participó del congreso fundacional del ERP y en la primera
operación armada. Detenido junto con Humberto Toschi en
Córdoba, en agosto de 1971.
Los sobrevivientes:
Maria Antonia
Berger (MONTONEROS). Licenciada en sociología, había
sido detenida el 3 de noviembre de 1971. Herida por una
ráfaga de metralla logró introducirse en su celda, donde
recibió un tiro de pistola; fue la última en ser trasladada
a la enfermería. En la fecha de la masacre tenía 30 años.
Secuestrada a mediados de 1979.
Alberto Miguel Camps
(FAR). Estudiante, había sido detenido el 29 de diciembre
de 1970. Eludió la metralla arrojándose dentro de su propia
celda, donde fue baleado. En la fecha de la masacre tenía
24 años. Su cuerpo, enterrado como NN en el cementerio de
Lomas de Zamora, fue identificado en el año 2000.
Ricardo René Haidar
(MONTONEROS). Ingeniero químico, había sido detenido el
22 de febrero de 1972. Evadió las ráfagas de ametralladoras
introduciéndose en su celda, donde fue herido. En la fecha
de la masacre tenía 28 años. Secuestrado el 18 de diciembre
de 1982.
Salvaron sus vidas porque los fusiladores los creyeron muertos. Los tres están desaparecidos.
Seis presos lograron fugar el 15 de agosto, llegar a Chile y luego a Cuba:
Roberto Quieto. Secuestrado el 28 de diciembre de
1975. Desaparecido
Marcos Osatinsky.
Detenido en Córdoba, en la Jefatura de Policía se le aplicó
la "ley de fugas" y fue asesinado el 21 de agosto de 1975.
Su cadáver fue dinamitado.
Domingo Mena, desaparecido el 19 de julio de 1976
Mario Roberto Santucho, desaparecido
el 19 de julio de 1976
Enrique Gorriarán Merlo.
Sobrevivió. Fue secuestrado en México en octubre de 1995
y trasladado a Argentina. Procesado y condenado por los
hechos de La Tablada permaneció 8 años preso. Fue indultado
por el presidente Duhalde en 2003. Falleció de un paro cardiorrespiratorio
en Buenos Aires, el 22 de septiembre de 2006, a los 64 años.
Fernando Vaca Narvaja. Sobreviviente.
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Emisión del programa radial Atrapados en libertad por AM 530, La Voz de las Madres, el 27/10/08. |
Los militantes que participaron en el secuestro del avión:
Carlos
"Tomás" Goldemberg. Secuestrado en agosto de 1976.
Desaparecido.
Anna Wiessen. Desaparecida en 1979
Víctor Fernández Palmeiro. Murió luego de participar
en el operativo de ejecución del almirante Hermes Quijada,
portavoz de la versión oficial de la dictadura de Lanusse
sobre la masacre. La lápida que había en su tumba fue hallada
recientemente en las excavaciones que se están realizando
para sacar a la superficie las instalaciones del campo de
concentración Club Atlético, que funcionó en Paseo Colón
y Cochabamba, durante la dictadura militar iniciada el 24
de marzo de 1976.
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Por otro lado Francisco "Paco" Urondo entrevistó a los tres sobrevivientes de la masacre
en la cárcel de Devoto, donde los cuatro estaban detenidos,
la noche del 24 de mayo de 1973. Franciso Urondo murió enfrentando a la
dictadura militar en Mendoza, en julio de 1976.
Represalias sufridas por los familiares de algunos de los asesinados en la Base Almirante Zar:
Los padres y dos hermanos de Mariano Pujadas fueron secuestrados y asesinados el 14 de agosto de 1975 en Córdoba, por el Comando Libertadores de América, integrado por militares del Tercer Cuerpo de Ejército (ver nota al final de pagina y documento desclasificado).
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El 25 de abril de 1976 fueron secuestrados Rogelio y María Amelia Lesgart (hermanos de Susana Lesgart). El padre de ambos, Rogelio, también fue secuestrado y liberado pocos días después.
Arturo Lea Place, padre de Clarisa,
y su hermano Luis, fueron asesinados el 22/08/76.
Hugo Vaca Narvaja, padre de Fernando Vaca Narvaja,
fue decapitado y su cabeza apareció en una bolsa de nylon.
Miguel Hugo Vaca Narvaja (h) fue asesinado en
un fraguado intento de fuga de la Unidad
Penitenciaria Nº 1, el 12 de agosto de 1976.
Destino de algunos de los abogados de los presos políticos
del penal de Rawson que llevaron adelante las acciones judiciales
luego de la masacre:
Rodolfo Ortega Peña,
asesinado por la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina)
el 31 de julio de 1974.
Mario Amaya, asesinado por la dictadura.
Roberto Sinigaglia y Mario Hernández, desaparecidos.
En 2006 fue colocada
una placa en el lugar de los hechos, que junto a los nombres
de los 16 caídos dice: "Nunca más terrorismo de Estado.
En este lugar el 22 de agosto de 1972 fueron asesinados
16 presos políticos y otros 3 heridos de gravedad. Por siempre
respeto a la Constitución Nacional, verdad y justicia".

Tonada
de abrazos, estrellas y pañuelos
Por Enrique Gil Ibarra
Casi primavera en la Patagonia. Sol radiante, fresco, los arbolitos recién plantados se agitan en el viento suave, que apenas molesta, que se desplaza casi ignorado por los más de 500 compañeros de casi todo el país.
Las madres y las abuelas, como siempre: con sus pañuelos,
con sus ojos húmedos y afectuosos, con su sonrisa, hoy,
casi triunfante.
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Me abrazo con Alicia Bonet, mientras ella ríe y llora y ambos susurramos: "¡Qué día!" y nos miramos cómplices, subversivamente implicados en otro pedacito de utopía. La busco a la mamá de Capelo y la encuentro. Me mira desde su pequeña altura, desde su alma inmensa, y su mirada sabia y dolorida de décadas sigue consolándome, hoy mucho más que otras veces. Hoy, ella también se ha despojado de un cacho de duelo, hoy ha plantado por su hijo un nuevo árbol, que en esta oportunidad no será robado.
Elisa, eléctrica, va de un lado a otro, preguntando, confirmando, dando indicaciones de lo que viene después. Desde su subsecretaría de Derechos Humanos provincial, este es en gran medida su logro. Pero desde su recuerdo, los 35 años de lucha no se cumplieron hoy, sino el día que asumió como obligación personal ser la "apoderada" de Mariano Pujadas. Elisa Martínez, a la que no le importó no ser peronista, ni estar en desacuerdo con la lucha armada. Los compañeros estaban presos. Los ciudadanos de Trelew y de Rawson tenían que ser solidarios. Así de simple. Así de claro.
Los abrazos
se han multiplicado en la mañana que se acaba. Incontables,
estrechos, furiosos de nostalgia, recuperando años de soledad,
de desencuentros, ecos de discusiones lejanas que se subsumen
en una bandera con las dos estrellas. Nadie cuenta las puntas.
¿Para qué? Como en ese 15 de agosto, hoy da lo mismo.
Ya ha pasado la "hora formal". Los discursos, concretos
pero breves, dieron el marco necesario para institucionalizar
el acto. Sin embargo, sospecho que fueron algunas palabras
de ellos, algunas pequeñas frases, las que calaron más adentro
en todos: "nunca será tarde para hacer justicia" dijo Das
Neves. "Eran cinco bellos corazones" memorió Duhalde cuando
surgieron a su frente los fantasmas vivos de las cinco compañeras.
Por supuesto que el aire olía a muerte en aquellos días
de agosto del 72. Treinta y cinco años demoraron nuestras
ropas –las de todos- para sacudir un poco de ese hedor maligno
que nos acompañaba. Hedor que se fue disipando a medida
que la tarde comenzaba, derrotado por el aroma de las rosas
rojas, oscuras, q familiares, los amigos, los desconocidos,
iban dejando caer, como al descuido, frente a las fotografías.
Me abrazo con el hijo del Turco Haidar, con José. El Vasco
se ríe a carcajadas y le dice: "si tu viejo te viera, te
mata". Porque José es un chico de hoy. Se viste y se comporta
como un chico de hoy. Y charlamos, Y descubrimos que piensa
como nosotros. Y que también es un chico de ayer, y de mañana.
Entramos juntos,
con Fernando y Celedonio. Ayer el Cele, sin darle importancia,
nos refregó por la cara su estrellita federal. Una de aquellas.
Ayer por la noche revolví placares y hoy por la mañana,
solamente para joderlo al Cele, le di al Vasco una y me
prendí otra para mi. (Pero debe ser cierto que dios castiga
la malicia, porque la perdí ni bien llegamos).
El aeropuerto ya no es viejo. Pero es el mismo. Algunos preguntan: ¿las pintadas reproducen las que se fueron haciendo durante estos años? Les decimos que son las que se hicieron en estos años. Que no las hemos tocado. Por algún lado se oye un emocionado y suavecito: ¡mieerda!
"La
memoria se construye cada día, luchando en el presente",
y es por eso, también por esa pintada, que insistimos tanto
en estos años. "Tiene que ser un Centro Cultural, no queremos
un Museo". Ellos también insistieron. Pero el gobierno provincial
decidió: Centro Cultural. Aquí estamos. "Ahora viene el
desafío, Enrique, nosotros cumplimos" me dice Norberto.
Es cierto. Ahora hay que hacerlo funcionar. Ahora hay que
lograr que sus puertas abiertas las atraviese gente. La
que no es compañera "de antes". La que no sabe, la que nació
después, la que todavía tiene en su cabeza dos demonios,
y no sólo uno. Los que continuarán en un camino que no empezamos
nosotros, y que no podremos terminar. Hace muchos años,
leyendo a Omar Khayyam, una de sus frases me golpeó: "eres
una hebra en el tapiz del mundo".
¿Tan sólo una hebra? Si, pero ¡qué tapiz!
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Hoy, aunque con parches, con muchas, demasiadas hebras faltantes, el tapiz de nuestra generación pudo visualizarse por algunos minutos, extendiéndose a través de kilómetros desde las barricadas del mayo francés y de las tonadas cordobesas, los montes cerrados de la Sierra Maestra, atravesando el "sertao" brasilero, compartiendo la gloria del compañero Salvador, y descansando suavemente sus flecos aquí, en el fin del mundo, en medio de la árida planicie patagónica. El milagro de un diseño inconcluso, pero inteligible, remendado pacientemente durante décadas por esos pañuelos blancos, por los viajes, las protestas, las manifestaciones, las lágrimas.
El predio va quedando vacío. El Vasco me ha pedido que esperemos,
cuando la gente se vaya, cuando se apague la melodía de
las voces, "para mirar". Quiere pararse, supongo, solo frente
a la pista. Aquella en la que el "Gallego" Fernández Palmeiro
le colocó un fierro en la cabeza porque creyó que era un
militar que quería subir al avión tomado. "me salvó el Roby
–cuenta Fernando- que venía atrás mío y tuvo tiempo de gritarle:
`pará, Gallego, que es Vaca Narvaja´". Quiere llorar tranquilo,
me imagino, aunque todos simularemos que los montoneros
no lloramos. Mi turno llegará a la noche, cuando todos se
hayan ido. Cuando mi encuentro con el hijo del querido "Negro"
Quieto sea un recuerdo más, y una deuda menos. Será entonces,
cuando queden sólo un par de amigos de aquí o de allí, y
las últimas casi agotadas copas de vino. Salud. Hasta la
victoria.
Enrique Gil Ibarra
Trelew/22 de agosto del 2007

Una
herida clavada en mi costado
Por Eduardo Luis Duhalde
En agosto de 1972, con mi socio profesional Rodolfo Ortega
Peña, teníamos cerca de trescientas defensas jurídicas de
presos políticos. No fue de extrañar entonces que lo de
los 19 prisioneros que se entregaron a las autoridades en
el aeropuerto de Trelew -tras haber fugado de la cárcel
y no poder abordar el avión en que se alejaron sus restantes
seis compañeros- fueran defendidos nuestros, en algunos
casos, en patrocinio compartido con otros abogados.
Aquella madrugada
en que nos anoticiamos por llamadas periodísticas de lo
ocurrido en el atardecer y la noche anterior entre la Cárcel
de Rawson y el aeropuerto, los primeros nombres conocidos
nos indicaban que se trataba de varias de las personas cuyas
defensas técnicas teníamos a nuestro cargo. No vacilamos
en tratar de viajar a la cárcel de Rawson: fue imposible
hacerlo en avión. El gobierno militar había bloqueado todas
las plazas para el vuelo de ese día. Fue así como, a media
mañana, iniciamos con Ortega Peña junto a otros abogados
(Rodolfo Mattarollo, Carlos González Gartland, Miguel Radrizzani
Goñi, Pedro Galín) un tenso viaje en dos automóviles, que
de Bahía Blanca para abajo fue objeto de trabas en sucesivos
controles policiales, tendientes a impedir o demorar nuestro
arribo a destino.
Al llegar, comenzó una de las situaciones más dramáticas
que me tocó vivir en mi larga e intensa vida profesional.
Muy pocas veces sentí tanta impotencia y pude comprobar
en tal grado el desamparo que trae aparejado la ausencia
de respeto a ley y a las garantías individuales con que
someten los gobiernos militares a los ciudadanos.
Desde la mañana del 17 de agosto, Rawson parecía, por un
lado, una ciudad ocupada, las patrullas militares la controlaban,
incluyendo hasta el comedor del Hotel Provincial. Pero,
por otro, era un páramo sólo recorrido por los fuertes vientos
invernales: los habitantes -sensatamente- sólo se dejaban
ver lo indispensable. Una indescriptible sensación de muerte
nos embargaba, era una crónica anunciada. íbamos de la cercanía
de la cárcel a la zona próxima a la base Almirante Zar,
donde tenían a los prisioneros, sin que en ningún lado nos
permitieran acercarnos. Constantemente pedíamos entrevistar
al juez de la Cámara Federal Jorge V. Quiroga, que había
viajado desde Buenos Aires y que instruía el sumario, sin
que accediera a recibirnos: hasta llegamos a presentarle
escritos pasándolos por debajo de la puerta de su habitación
del hotel, reclamándole seguridad para nuestros defendidos.
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Todo era vano. Salíamos a la calle y éramos vigilados, mientras los despachos militares y judiciales continuaban herméticamente cerrados para nosotros. El clima era cada vez más lúgubre: advertíamos que estábamos jugando tiempo de descuento: a vida de los prisioneros corría cada hora más peligro y se nos escurría entre las manos. Ortega Peña, Mattarollo, González Gartland y yo fuimos detenidos junto al abogado de Trelew, Mario Amaya, asesinado luego por el golpe del 76, que no le perdonó su participación en la defensa de aquellos prisioneros. Se nos amenazó con fusilarnos, y tras un recurso de hábeas corpus presentado en Buenos Aires, fuimos liberados. Amaya continuó detenido. Intentamos entonces hacer una conferencia de prensa en el estudio de Romero, otro abogado de dicha ciudad. Un explosivo en su puerta, impidió hacerla.
Comprendimos
que nada podíamos hacer allá. Nos embargaba el dolor, la
impotencia, el sentirnos absolutamente inútiles frente a
la negación de todo derecho. Lo único posible era volver
de inmediato a la ciudad de Buenos Aires, a denunciar que
el crimen avanzaba a pasos agigantados.
En la tarde del 22 de agosto, en la sede de la Asociación
Gremial de Abogados, en nombre de los profesionales intervinientes,
Rodolfo Ortega Peña, en conferencia de prensa, hizo pública
denuncia de la situación y reclamó por la vida de los 19
prisioneros. Esa noche un artefacto explosivo estalló en
dicho organismo.
Concomitante con aquella denuncia, en la base Almirante
Zar la pedagogía criminal del terrorismo de Estado producía
la masacre de Trelew. Una danza de horror, en el pasillo
y las celdas, dejaba 16 cuerpos inertes y tres heridos graves.
La sangre en las paredes, los restos de masa encefálica,
las marcas de los centenares de balas disparadas contra
las víctimas indefensas, mostraba en plenitud la furia homicida
y ejemplificadora.
Masacraban a estos jóvenes militantes, pero apuntaban más
que a sus corazones, a matar las utopías que anidaban en
ellos, sus sueños transformadores y su pasión argentina:
no se condenaba su metodología violenta; por lo contrario,
aquel hacer de los marinos a cargo del capitán Sosa era
un himno a la violencia más extrema (sólo la perversión
hipócrita asesina sin piedad en nombre del derecho a la
vida).
TRELEW
- ¿Cuántas muertes
nos hubiéramos ahorrado todos los argentinos
si las prisiones preventivas dictadas la semana
pasada por el juez federal Hugo Sastre contra
los responsables de la Masacre de Trelew hubieran
sido dictadas el mismo 22 de agosto de 1972?
Es difícil responder, pero seguro que muchas,
miles. Porque, para mi generación, la impunidad
de aquella masacre fue determinante cuando debíamos
decidir qué hacer, cuando tuvimos que decidir
si mirábamos hacia otro lado o nos incorporábamos
a alguno de los movimientos políticos vigentes,
independientemente del compromiso que estuviéramos
dispuestos a asumir. Del compromiso y de los
riesgos que, por cierto, no dependían de nosotros.
En mi caso, los fusilamientos de Trelew terminaron
con la felicidad de nuestra casa familiar, un
ambiente muy politizado pero siempre pacifista,
por donde habían pasado intelectuales, artistas,
militantes políticos de distintos partidos,
con nombre y apellido verdaderos, con trayectorias
públicas reconocibles, cargados de historias
que el tiempo transformó en leyendas.El bombardeo a Plaza de Mayo pertenecía a la historia, era parte de la leyenda urbana, tenía algo de irreal para los adolescentes que en 1972 teníamos 16 años. Los fusilamientos de Trelew, en cambio, eran una canallada que se podía sentir en carne propia, eran una amenaza. Y cualquiera de nosotros se podía identificar fácilmente con cualquiera de los jóvenes que habían intentado escaparse de la cárcel de Rawson una semana antes de que los fusilaran. Envidiábamos la tranquilidad con la que se habían entregado luego de perder el avión que los hubiera llevado a la libertad, la convicción con la que actuaban. En aquel entonces yo me devoraba toda la prensa política que caía a mis manos y, aunque confieso que me costaba creer, ya en aquel entonces, que fuéramos capaces de torcer el rumbo del mundo, no podía dejar de sentirme solidario con aquellos militantes que habían sido fusilados por un puñado de cobardes. De a poco fueron llegando a casa algunos militantes relacionados con la tragedia. Un viudo, la hermana de una de las mujeres asesinadas, que no usaba corpiño (ante mi ingenuidad, siempre repetía “el que no conoce que aprenda y el que conoce que admire”), el abogado de uno de ellos, y de a poco todos nosotros fuimos reemplazando a nuestros antiguos amigos por otros, nuestras fantasías de estudio y de progreso profesional por otros proyectos, y aprendimos a crecer con la sombra y la amenaza de Trelew sobre nuestras conciencias. Cuántas vidas nos hubiéramos ahorrado si las prisiones dictadas hoy contra los asesinos de aquel entonces se hubieran decidido en el momento adecuado, estableciendo una barrera infranqueable entre el bien y el mal, entre lo justo y lo injusto. Es verdad que ni la democracia ni los derechos humanos pertenecían a nuestro universo político, pero si en algún momento hubiéramos recibido desde el Estado alguna señal inequívoca de justicia, otra hubiera sido nuestra historia, y mejor. Quizás haya sido necesario el sacrificio de gran parte de una generación para que el juez Sastre hoy pueda dictar estas prisiones. Ojalá no haya sido en vano. Ni la muerte de mi hermana Soledad, ni la de su marido, ni la de Liliana Lesgart, que no usaba corpiño y que me permitió soñar durante diez años de cárcel con un amor redondo y completo. Juan Schjaer, febrero 2008 |
Tampoco fue el exceso de una guardia ebria. Esta había sido
la mera ejecutora de una orden secreta y directa del presidente
Lanusse y de los comandantes en jefe. Trataban de restablecer
la autoridad de los militares, golpeada en su orgullo envanecido,
ahogando en sangre a los que habían osado desafiarla.
Pero la vida de la Nación, que es mucho más rica que los
lineales propósitos dictatoriales, hizo que Trelew fuera
para el régimen de Lanusse lo que Malvinas para el gobierno
de Galtieri. Un gran espasmo, un enorme escalofrío e indignación
recorrió el cuerpo social. Un creciente sentimiento colectivo
de repudio y espanto embargó al pueblo argentino. Ocho meses
después, el 25 de mayo de 1973, esos militares debieron
entregar el gobierno, aunque tres años más tarde volverían
a asaltar el poder para producir el vasto genocidio.
En mi modesta historia personal, percibí en Trelew, tan
palpable como nunca antes, la diferencia entre un estado
de derecho y la barbarie autoritaria. En esa comunión con
la tragedia sentí la reafirmación del compromiso con los
derechos humanos y con la vida, que en medio de tanta impotencia
y fracaso recibía como un mandato irrenunciable.
Palabras de un padre
A un año de la matanza, Manfredo Sabelli, padre de María
Angélica, revivió su último encuentro con su hija en el
texto emocionado que se transcríbe a continuación.
Llegué a Rawson el domingo 13, preocupado por las noticias
de una epidemia de gripe en la cárcel, pero mi hija me tranquilizó
apenas la vi. Ella también había caído enferma, y a pesar
de que se la notaba débil y pálida, tenía un aspecto animoso.
Sus compañeros médicos la habían tratado con vitaminas y
antibióticos (me contó ella) y lo único que echaba de menos
eran los mimos de esos días. Hablamos de nuestras cosas
y nos divertimos en grande. Siempre sonreía, María Angélica,
con la mirada despierta y la cara llena de luz.
No nos importó separarnos ese domingo, sentíamos que aún
nos quedaban muchas horas juntos y esperábamos disfrutarlas
sin pensar en la soledad de mañana. Desde algún tiempo atrás,
el régimen de visitas al Penal primero se había extendido
a cinco días por semana y luego reducido a cuatro, de 9
a 11.30 y de 14.30 a 16. Las horas pasaban volando y yo
me preguntaba si habría una red para cazar las horas que
se iban, como si fueran mariposas.
Siempre era lo mismo en Rawson: yo me alojaba en casa de
unos parientes de buena voluntad y llenaba mis ratos vacíos
hablando de María Angélica. El martes llegué al Penal a
las 9 en punto. Al rato apareció ella en la capilla. Sonreía,
me acuerdo.
Volvimos a hablar de su madre y de Chela, de mis máquinas
de escribir y calcular. Yo le repetí las historias que ya
le había contado.
Al despedirnos me dijo: -No vengas esta tarde, papá. Tengo
una conferencia con las chicas delegadas. Amagué una protesta.
¿Te molestaría no venir, papá?, insistió ella. Yo le mentí
que de ningún modo, que me daba lo mismo. Al fin de cuentas,
nos quedaba todo el miércoles para vernos y todos los días
del año para escribirnos cartas.
Me acuerdo bien de aquel 15 de agosto: hacía frío, con un
poco de viento y el cielo estaba nublado. De lo que no me
acuerdo es de si besé a María Angélica por última vez en
la frente o en la mejilla.
Fuente: Revista La Maga, 19 de julio 1998

Crónica
publicada por el diario Noticias, 22 de agosto de 1974
La cárcel de Rawson,
una de las más seguras del país, comenzó a relacionarse
con la represión política poco después del
Viborazo de marzo de 1971, cuando el gobierno militar
trasladó ese penal a los detenidos durante la rebelión popular
cordobesa. En abril de 1972, alrededor de 200 prisioneros
políticos compartían seis pabellones colmando prácticamente
la capacidad del penal. En las inmediaciones, una base aeronaval
con 600 soldados, dos aviones de reconocimiento, una compañía
de Gendarmería con refuerzo de Ejército estacionada a cinco
cuadras de la prisión, 500 efectivos de la policía provincial
y una delegación de la Policía Federal, además de los 60
hombres del Distrito Militar de Trelew y la Base Naval de
Puerto Madryn, con helicópteros a 60 kilómetros de Rawson,
y la octava brigada del V Cuerpo de Ejército en Comodoro
Rivadavia.
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(…) En el aeropuerto de Trelew el 15 de agosto, Rubén Pedro Bonet también había señalado a los periodistas: "Nuestro objetivo, haber tomado la cárcel, haber venido hasta aquí e intentado la fuga, ha sido reincorporarnos a la lucha activa", y agregaba "ya que estamos en la Patagonia concebimos esta Nación y esta lucha como la continuación de la que libraron todos los obreros rurales y los obreros industriales en el año 1921 y que fueron asesinados por el Ejército, por la represión".
(…) Cerca de
las 18 horas, a medida que se cumplían las últimas tareas
previas de cada pabellón, los combatientes convergían sobre
las rejas entonando una canción salteña, "la de Luis Burela"
que recuerda la historia de los primeros montoneros de Güemes.
A las 18.24 horas, llegó desde afuera el aviso de que estaba
en camino el avión previsto, era el límite máximo de espera
y ya se estaba por levantar la operación, los guerrilleros
coparon todo el interior del penal (cuatro puestos centrales
que controla respectivamente dos pabellones cada uno), la
sala de biblioteca, aulas, cocina, enfermería y sobre todo
dirección y la sala de armas. Luego un grupo de vanguardia
llega hasta la caseta que controla la entrada al penal donde
se produjo el único enfrentamiento armado en el que resultó
muerto un guardiacárcel, y finamente los otros dos puestos
de muralla que controlaban el frente del establecimiento
penitenciario. El grupo 1, Quieto, Osatinsky, Santucho,
Mena, Gorriarán, Vaca Narvaja, ocupan el auto que trae el
apoyo externo.
La camioneta y los dos camiones previstos no llegaron.
Se intentó llegar al aeropuerto en remises de Rawson que fueron abordados por los otros 19 de la "vanguardia". Antes de irse Bonet volvió a la caseta de entrada al penal para informar que no había camiones y que sólo fugaría la vanguardia y recordó la forma en que se había previsto la entrega del penal en caso de derrota.
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Los 19 tuvieron un camino accidentado y llegaron cuando el avión ya decolaba. Los que quedaron en el penal, con solo un par de FAL lo mantuvieron en sus manos hasta que se garantizó el respeto a sus vidas. Luego, al entregar el establecimiento a las fuerzas de Ejército y Gendarmería fueron encerrados en cada celda del pabellón 7. Una ráfaga de FAL que erró por milímetros a dos combatientes rendidos fue el inicio de la etapa de más abierta represión.
(…) Desde la llegada a la base Almirante Zar, rigurosamente incomunicados, sancionados cada vez que eran encontrados hablando, los prisioneros mantuvieron diálogos usando le lenguaje de las manos y a veces el sistema morse con los golpes. Creyeron que la presencia de numerosos periodistas, médicos y jueces en el aeropuerto eran una garantía suficiente para sus vidas, aunque no para evitar la tortura.
(…) En el último
minuto, cuando los están haciendo formar a los 19 en los
pasillos, a las 3.30 de la madrugada del 22 de agosto, el
capitán Sosa le pone a Haidar la pistola en la cabeza para
que apoye la barbilla contra el pecho y mire al piso. Haidar
piensa que el marino está loco, y alcanza a comentarlo con
Kohon. Después las ráfagas de Sosa, Bravo y Marchard, se
abatieron sobre los guerrilleros. Sosa, Bravo y el teniente
Fernández recorrieron las celdas rematando a los caídos
y matando a quienes ni siquiera habían sido alcanzados,
como Delfino o Kohon.
Seis horas más tarde recibieron atención de enfermeros,
y recién al mediodía la de médicos. En ese tiempo murieron
Astudillo, Kohon, Polti y Bonet.
El 30 de abril de 1973, el presidente general Lanusse premió
al capitán de corbeta Luis Emilio Sosa con una beca para
instruirse en la infantería de marina norteamericana, en
Estados Unidos, con sobresueldos y otras recompensas. Los
paraderos de Sosa, Bravo y Marchand son de los secretos
más celosamente guardados por la Marina hasta hoy.
Al tiempo de la masacre, los prisioneros que seguían en
Rawson recibieron cartas de los hijos de Pedro Bonet de
4 y 5 años, contaban a sus "queridos tíos" que la gente
les decía que su padre "era como San Martín pero que todavía
por unos años" no iban a encontrar estatuas con su figura.
Las tres hijas de Ana María Villarreal de Santucho no creían
que su madre había muerto, "lo que pasa es que mamita es
pícara y está escondida para que no la encuentren". El montonero
Miguel Bustos escribía: "No olvido las sombras de los rendidos
en el aeropuerto (las armas en el suelo/sonrientes como
acabados de nacer/ con el coraje intacto/entregados a un
enemigo infame)".

La
"Vida" después Trelew -
35 Años de lucha por la Justicia
Por Alicia L. de Bonet- Krueger
El 15 de Agosto de 1972, un grupo de 6 dirigentes de FAR,
Montoneros y ERP integrado por Mario Santucho, Roberto Quieto,
Fernando Vaca Narvaja, Enrique Gloriarán Merlo, Domingo
Mena y Mario Osatinsky logran fugarse del penal de máxima
seguridad de Rawson y abordar un avión en el aeropuerto
de Trelew, esperaron al resto de compañeros. El avión es
tomado y despega con rumbo a Chile y a Cuba.
"Pensad que esto ha sucedido, os encomiendo estas palabras"
Primo Levi sobreviviente de los campos de concentración
nazis.
El
segundo grupo integrado por miembros de dichas organizaciones
llega al aeropuerto con retraso sin posibilidad de despegar.
Toman el Aeropuerto de Trelew 19 compañeros: Ana Villarreal
de Santucho, Carlos Astudillo, Eduardo Capello, Carlos del
Rey, José Mena, Clarisa Lea Place, Humberto Suarez, Humberto
Toschi, Jorge Ulla, Mario Delfino, Alfredo Kohon, Miguel
Angel Polti, Mariano Pujadas, Ricardo Haidar, Susana Lesgart,
Maria Angelica Sabelli, Maria Antonia Berger, Alberto Camps
y mi esposo Rubén Bonet después serán conducidos a la Base
Almirante Zar.
Fue la más grande operación que se concibió de manera unitaria
por las organizaciones peronistas y no peronistas en esos
años de militancia.
El gobierno del Gral. Lanusse declara el Estado de Emergencia
y la zona queda bajo el mando de V Cuerpo del ejército.
Al enterarnos de la fuga, familiares de los compañeros decidimos
viajar a Rawson y alquilamos una avioneta. Por su lado,
los abogados de los compañeros (Los Dres, Ortega Peña, Duhalde,
Galin, González Garland y Mattarollo) viajan también a Rawson
en remises.
Estos compañeros eran muy jovencitos (entre 20 y 30 años),
la mayoría de los familiares eran los padres, eran pocos
los que ya tenían esposa e hijos. En Rawson, nos vamos unos
a hablar con los militares que estaban al mando en la región,
otros, con la iglesia y otros con políticos. Queríamos que
les hagan llegar mantas y comida y sobretodo que supieran
que nos estábamos ocupando de ellos. Pero nadie nos escuchó,
seguimos tratando de hacer algo y nos detuvieron.
En la comisaría de Rawson, estaba con los padres de Mariano,
de Susana, de Maria Angélica, entre otros, nos tomaron las
impresiones digitales y nos hicieron el prontuario mientras
nos "aconsejaban" que volviéramos a nuestras casas. Esta
era la condición para liberarnos. Los “viejos” no podían
creer que se las agarraran con ellos y me decían: “yo soy
medico en mi pueblo y lo único que quiero saber es como
esta mi hija, ¿por qué no me van a dejar acercarme a ella?”
- “Si mi hijo hizo lo que considero que tenia que hacer,
¿Por qué se la agarran conmigo?” - “Che ¿te parece que tengo
cara de gangster?”. Tenían fuerza, humor, orgullo por el
camino que habían elegido sus hijos. Para salir, prometimos
a los policías que nos iríamos a nuestras casas.
Nos fuimos a Trelew y seguimos buscando información. Yo era maestra y un poco periodista de “Nuevo Hombre” de esa manera conseguí fotos del aeropuerto cuando estaba tomado y una cinta grabada por la televisión de la Conferencia de Prensa. En esa cinta, los compañeros explican las razones de sus luchas y las negociaciones antes de entegarse. En ese momento, se encontraban con ellos en el aeropuerto los periodistas del diario Jornada y Chubut, el Dr. Amaya, abogado, el Juez Godoy y el Dr. Viglione, médico que los revisó y verificó que se encontraban en buen estado de salud. En las negociaciones, autorizan su traslado nuevamente a la cárcel de Rawson: El Capitán Sosa da “su palabra de honor". Mariano habla en nombre de Montoneros, Maria Antonia de la FAR y Rubén del ERP. Firman un acta. Sin embargo, finalmente se los llevan a la Base Almirante Zar.
Esa Conferencia de Prensa queda inmortalizada en la película “Ni olvido, ni perdón” de Raymundo Gleyzer.
Intentamos ir
a la Base pero había militares por todos lados controlando,
nos vuelven a detener y nos llevan a la comisaría de Trelew.
Los abogados se enfrentan a un hermético cerco de silencio
que les impide todo contacto con los detenidos de la Base
y de la cárcel de Rawson. Los detienen también para su identificación,
al igual que los chóferes de los remises que los condujeron.
Los Doctores Amaya y Solari Irigoyen que eran abogados locales
tampoco logran tomar contacto con los presos y el Dr. Amaya
queda detenido. Los jueces Quiroga y Godoy no reciben ninguna
petición ni habeas corpus de los abogados. Los abogados
convocan una Conferencia de Prensa en el estudio del Dr.
Romero y del Dr. Amaya. Poco después, el estudio es allanado.
Lo que obliga a realizar sus declaraciones en la calle.
Al día siguiente, decidimos todos regresar a nuestras casas.
El 22 de Agosto, muy temprano, escucho en la radio, una
de las primeras versiones de los militares diciendo que
los compañeros presos en la Base intentaron fugarse, que
hay muertos y heridos. Inmediatamente, todos los familiares
nos ponemos en contacto con los abogados. Nos dicen que
nos vayamos directamente al Aeroparque para viajar a Trelew,
sobretodo nos aconsejan no pasar por sus oficinas ni por
la Asociación Gremial de Abogados donde solíamos reunirnos.
Poco después una bomba explota y destruye el local de la
Asociación.
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Y explico a mis hijos, Hernán de 6 años y Mariana de 4
años que les llevo “curitas” para curar a papá y a los tíos
y a las tías que se habían peleado con los militares (ellos
hacia dos años que visitaban a su papá en las cárceles de
Devoto y de Rawson). Tomo un taxi y le pido al chofer que
ponga la radio, le explico por qué; cuando llegamos al aeropuerto,
no me cobra y me dice Sra. si a su marido lo matan es porque
él luchaba por todos nosotros. Era así que se vivió desde
un primer momento la masacre de Trelew en el pueblo.
Tomo
un taxi aéreo con los Dres Landaburu, Sandler, Cavilla y
Lombardi hasta Bahía Blanca para ir al Hospital donde se
encontraban los heridos. En el camino, anuncian por la radio
que Rubén acaba de morir. Regreso, entonces a Ezeiza para
recuperar el féretro. Al llegar, recupero a mis hijos y
nos enteramos que los cuerpos de los compañeros los enviaron
a sus lugares de nacimiento; en Rosario, Córdoba, Tucumán,
Entre Ríos, Santa Fé, Santiago del Estero, Capital y a Pergamino
en mi caso. Seguramente, viendo las manifestaciones estudiantiles
y populares que se estaban produciendo en Capital, los militares
deciden de esta manera evitar todo funeral popular. A Capital,
llegan los cuerpos de Eduardo Capello, Maria Angélica Sabelli
y Ana Maria Villarreal de Santucho. Quienes serían velados
en la Sede Justicialista de Avenida de La Plata.
Tomo un ómnibus para ir a Pergamino con mis hijos, les explico
que no se pudo curar a papa y a los tíos y tías que estaban
muertos. Mariana, mi hija quería saber si el tío Chupete
había muerto también (Eduardo Capello, era su preferido).
Empezaron a hacerme preguntas sobre la muerte “¿cómo se
hace para respirar y comer dentro de un cajón?” Hicieron
dibujos para su papa, que pegué en el cajón.
Mientras yo estaba convencida que jamás, ni Rubén, ni Mariano,
ni los otros compañeros podían haber hecho un solo gesto
para fugarse. Tenían una fuerte moral revolucionaria, ya
habían sido torturados y se mantenían siempre firmes, sabían
que estaban rodeados por la Marina, que el lugar estaba
en medio del desierto, que no tenían comunicación con el
exterior. Simplemente yo pensaba que los habían matado a
sangre fría, a pesar de las versiones “oficiales” que aumentaban
la confusión. En esos años, no había antecedentes que se
hubiera matado a un grupo tan grande de presos políticos
en el país y todos comenzamos a hablar de “Masacre”, hasta
gente que no estaba de acuerdo con los grupos armados.
Cuando llego a Pergamino, de la misma manera que a todos los familiares fuimos interrogados por la policía, se tenia que firmar una orden militar para que no hubiera ceremonia, velatorio, y que se enterrara inmediatamente al familiar; Para mí, era imposible aceptar estas condiciones, yo quería comprobar que el que estaba en el cajón era Rubén y lo que le habían hecho. Por eso, dejé el cajón en la morgue y empecé a realizar gestiones con la policía para poder abrir el cajón. No fue fácil, ya que hicieron circular en el pueblo, que el ERP iba a recuperar el cuerpo con lo cual el cementerio estaba rodeado de militares. Al final, entre amenazas y tratativas, me permiten identificarlo. Entro con un lápiz y un papel, escribo todo lo que veo; era Rubén, tenia hematomas, tenia especies de grandes lunares (después supe que era la entrada de balas) y una parte de la cabeza destrozada.
Me entero, luego, que en diferentes lugares del país se
abrieron los cajones, que había enormes manifestaciones
y que con tanques habían desalojado la Sede Justicialista.
A partir de ese momento, estaba convencida que no se podía
ocultar la verdad de lo que había pasado, era necesario
denunciarlo para que no se continuara matando con total
impunidad.
Unos días después
inicio el juicio caratulado “Alicia de Bonet contra el Estado
Nacional (Comando en Jefe de la Armada)” en el Juzgado de
primera instancia n°6. El juez ordena la autopsia de Rubén.
En la autopsia, se menciona 3 heridas de bala de distancia
y calibre semejante, una herida en la cabeza de bala de
otro tipo de proyectil, disparado a corta distancia por
lo cual se verifica que es “un tiro de gracia”.
El mismo juicio lo inicia la familia de Ana Villareal de
Santucho representada por la Dra. Manuela Santucho. El 26
de Octubre 1972 acompaño a mi abogado Dr. Mario Diehl Gainza
a la cárcel de Villa Devoto donde se constituyo el tribunal,
para tomar declaraciones a los tres sobrevivientes. Están
presentes todos los abogados de los compañeros. Primero
declara Alberto Camps, luego Ricardo Haidar y finalmente
Maria Antonia Berger quienes a pesar de estar heridos e
incomunicados nombran al Teniente Bravo, al Suboficial Marechal,
al oficial Sosa y explican con detalles similares cómo procedieron
a fusilarlos.
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Estos testimonios fueron recogidos por Francisco Urondo el 23 de mayo 1973 en la cárcel de Villa Devoto, los publicó en dos libros “Trelew” y “Trelew, La patria fusilada”.
El Juicio siguió su curso hasta 1974, en que empezó a actuar
las triple A con sus asesinatos y bombas. Cuando asesinaron
al abogado de Rubén, el Dr. Rodolfo Ortega Pena, hablé con
los padres de Mariano, Susana, de Clarisa y me decían “pero
querida, no te preocupes por nosotros, somos personas mayores,
cuídate vos y los chicos” .No podían imaginar tanta crueldad.!!!
Juan Gelman escribe, en 1972 "Glorias", versos premonitorios
de lo que iba a suceder:
..¿Acaso no esta corriendo la sangre de los fusilados en
Trelew?…
...¿hay algún sitio del país donde esa sangre no este corriendo
ahora?....
Relataré algunos de los casos de ”la sangre que siguió corriendo“
después de Trelew:
- Alberto Camps murió el 16 de agosto de 1977 en un enfrentamiento
en su domicilio,
- Maria Antonia Berger murió en 1979 en un enfrentamiento
y su cuerpo fue mostrado en la ESMA como trofeo,
- Ricardo Haidar está desaparecido desde 1980.
- Roberto Quieto fue secuestrado y está desaparecido desde
1975,
- Marcos Osatinsky fue ejecutado en 1975, sus hijos José
y Mario de 18 y 15 años murieron en un enfrentamiento en
su domicilio, su esposa Sara fue secuestrada,
- Mario Santucho murió en un enfrentamiento en 1976, gran
parte de su familia permanece desaparecida (hermanos, esposas,
sobrinas).Entre ellos la Dra. Manuela Santucho.
- El padre y el hermano de Fernando Vaca Narvaja fueron
asesinados en 1976.
El 14 de agosto de 1975 fueron secuestrados los padres de
Mariano Pujadas, José Maria y Josefa junto a su hija Maria
José, su hijo José Maria y su compañera Mirta. Fueron ametrallados,
dinamitados y tirados sus cuerpos en un pozo: Mirta se salva
y muere años después de las secuelas.
Arturo Lea Place padre de Clarisa fue matado y su hermano
Luis detenido. Una vez liberado abandono el país.
El hermano de Eduardo Capello, Jorge es secuestrado junto
con su compañera Irma y el hijo de ella de 12 años. Están
desaparecidos.
El hermano de Susana Lesgart, Rogelio es arrestado en 1976,
sus hermanas Maria Amelia y Adriana se encuentran desaparecidas
desde 1979.
Muchos familiares han sobrevivido por haber vivido clandestinamente
y/o haber salido del país.
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Raymundo Gleyzer está desaparecido
desde mayo de 1976.
Paco Urondo muere en un enfrentamiento junto a su mujer
en marzo de 1976.
El 22 de agosto
de 1976 se descubren 60 cuerpos de personas que habían sido
secuestradas por las Fuerzas Armadas.
Los presos políticos y sindicales de las cárceles del país
en especial los de Rawson fueron duramente castigados, muchos
de ellos están desaparecidos o tuvieron que salir del país.
Entre 1974 y 1983, hubo más de 200 abogados, asesinados
y desaparecidos, en el ejercicio de su profesión; defendiendo
el derecho a la libertad y a la vida de presos políticos
y sindicales. Con ellos se eliminó la defensa legal y se
silenció la Justicia. Los que pudieron salvarse vivieron
en la clandestinidad hasta salir del país.
La población de Rawson y de Trelew sufrió persecución, tortura,
por haber sido testigos, apoderados, sindicalistas, políticos,
periodistas, amigos, médicos, docentes, obreros, estudiantes
o miembros de la comisión de solidaridad con los presos
de Rawson y de Trelew.
Estas informaciones no son exhaustivas, solo son una parte
del iceberg que constituyó en nuestro país la aplicación
de la política llamada de "Terrorismo de Estado" que se
tradujo por la eliminación física de todos aquellos que
se suponía opositores al régimen gubernamental vigente,
sin respeto de ninguna ley nacional o internacional de protección
de la vida de las personas y que culmino con los 30 000
muertos y desaparecidos.
A
partir de agosto de 1974, viví en la clandestinidad con
mi familia. Mis compañeros de trabajo me avisaron que los
militares habían ido a buscarme a la escuela y que la directora
había recibido la orden de mi captura de parte de la Marina.
En 1977, salí del país con mi familia.
Una vez restablecida la democracia en Argentina, comencé
a mandar cartas a los presidentes argentinos para que se
hiciera justicia por Trelew. Traté de reabrir el juicio
iniciado pero había desaparecido de los Tribunales.
En 2005 fui invitada junto a otros familiares y ex- presos
de Rawson a “los actos oficiales” de conmemoración de los
33 años de la Masacre de Trelew. Fuimos recibidos por la
Secretaria de Derechos Humanos de Chubut, Sra. Elisa Martines,
por el Subsecretario Dr. Mattarollo y el Secretario de Derechos
Humanos de la Nación Dr. Duhalde y más tarde por el Sr.
Presidente de la Nación Dr. Kirchner. Por primera vez después
de 33 años que reclamaba justicia era escuchada por las
más altas autoridades del país. Todos nos dieron su apoyo
para que la masacre de Trelew no quede impune.
Se decidió transformar el Aeropuerto de Trelew en Monumento
a la Memoria.
Unos meses después varios familiares iniciamos una Querella
contra el Estado, esto fue en el mes de febrero 2006. Nuevamente
comenzaron a llover las amenazas sobre algunos de los testigos
y poco después se denunciaban a los Servicios de Inteligencia
de la Marina, situados en la Base de Trelew por sus actuaciones.
Así pudimos saber que nunca dejaron de funcionar, ni antes
de la democracia, ni ahora. Los que quedaron vivos y se
manifestaron contra la impunidad de Trelew teníamos seguimientos,
fotografías, informes, datos sobre las actividades que realizábamos
desde los espectadores que fueron a ver la valiente película
"Trelew" de Mariana Arruti, que restituye la verdad histórica
de estos hechos hasta la entrevista que los familiares tuvimos
con el Presidente, pasando por altos funcionarios, abogados,
familiares, piqueteros, gente del pueblo. Todos estábamos
en esas carpetas que retiró el juez de la Base Almirante
Zar.
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La Querella
iniciada esperamos que permita que la Masacre sea considerada
como un "crimen de lesa humanidad" o sea imprescriptible,
que los marinos que ayer salieron protegidos del país a
las embajadas de EEUU y de Sudáfrica entre otras y que hoy
siguen viviendo en barrios protegidos y que fueron los que
actuaron en la masacre sean juzgados y que se haga justicia
por los compañeros fusilados el 22 de Agosto de 1972.
En la actualidad el juez federal Hugo Sastre, a cargo de
la querella, ha procesado a 9 marinos por el caso de espionaje
ilegal por delito de abuso de autoridad y separados de sus
cargos.
Se están tomando declaraciones a gran cantidad de personas
que han podido aportar sus testimonios.
Se ha citado al médico que firmó las actas de defunción
de los militantes fusilados, para que declare.
El equipo de física forense del Instituto Balseiro realizara
una pericia sobre las paredes de las celdas donde fueron
acribillados. La justicia está haciendo su trabajo.
Es el primer
22 de agosto que puedo tener confianza que el compromiso
que asumí junto a mis hijos por la Memoria, la Verdad y
la Justicia de la Masacre de Trelew se transforme en realidad.
Bibliografía:
Libros
"Abogados Desaparecidos", Familiares de detenidos y desaparecidos
"Proceso de explotación y represión en la Argentina", Foro
de Buenos Aires por la vigésima de los Derechos Humanos
"Trelew" de Francisco Urondo
"Nunca Mas", CONADEP
"Argentine:dossier d'un génocide", Commission Argentine
des Droits de l'Homme
"Héroes", Gregorio Levenson y Ernesto Jauretche
"Trelew: La Patria Fusilada" de Francisco Urondo
Películas
"Ni olvido ni Perdón", Raymundo Gleyzer
"Trelew" de Mariana Arruti
Sra. Alicia L. de Bonet – Krueger
22 de agosto de 2007

Por Nora Veiras desde Trelew
"Una semana por mes veníamos con mi marido a verlo desde Buenos Aires. Teníamos un Citröen 3 CV y siempre llegábamos con los vidrios rotos por los ripios del camino. Nos emponchábamos con todo. Pensaba en el frío y le tejía pullóveres y medias. El los repartía para todos... Acá lo mataron, fue al primero que le llegó la ráfaga de ametralladora." A los 84 años, la mirada cristalina de Soledad Capello, la madre de Eduardo, se nubla un instante al señalar el salón de la Base Naval Almirante Zar de Trelew, donde la Armada trató de borrar las huellas de las celdas en las que el capitán de corbeta Sosa y el teniente Bravo asesinaron a dieciséis presos políticos y dejaron mal heridos a tres en la madrugada del 22 de agosto de 1972. En ese lugar el Ministerio de Defensa y la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación colocaron ayer una placa con el lema "Nunca Más, terrorismo de Estado" con los nombres de los fusilados y un compromiso "Por siempre respeto a la Constitución nacional, por la Verdad y la Justicia".
Todo el entorno
es hostil. La estepa, el viento, la nada que rodea ese lugar
todavía treinta y cuatro años después de la masacre le da
otra dimensión a la fuga del penal de Rawson. El 15 de agosto,
los líderes de la conducciones guerrilleras del ERP Mario
Roberto Santucho, Enrique Gorriarán Merlo y Domingo Mena;
Fernando Vaca Narvaja (Montoneros) y Marcos Osatinsky y
Roberto Quieto de las FAR habían logrado llegar al aeropuerto
de Trelew para huir rumbo a Chile en un avión secuestrado.
Los diecinueve cuadros políticos que salieron en segundo
término llegaron tarde y tuvieron que rendirse. Violando
el compromiso asumido por el capitán Sosa, no los devolvieron
al penal sino que los recluyeron en la Base Almirante Zar.
Una semana después los ejecutaron a mansalva. La investigación
judicial recién se abrió el año pasado y pasó a Rawson en
febrero. Está a cargo del juez Hugo Sastre.
Eduardo Luis Duhalde era en aquella época abogado de varios
de los fugados y detenidos en Chubut. Junto a Rodolfo Ortega
Peña, Carlos González Garland y Rodolfo Mattarolo fueron
los primeros abogados en llegar a Trelew. Sumaron a su periplo
a Hipólito Solari Yrigoyen y Mario Abel Amaya, pero ningún
recurso legal era considerado. "Es muy raro que la historia
te dé una segunda oportunidad para tratar de que se haga
justicia", dice el ahora secretario de Derechos Humanos
que se presentó como querellante en la causa. "La forma
en la que se protegió a los autores materiales es la mejor
prueba de que este episodio criminal no lo hizo la guardia,
ni siquiera los mandos de la Marina. Fue una decisión de
la Junta de Comandantes en Jefe. En ese momento (Alejandro
Agustín) Lanusse estaba negociando con Perón ‘si le daba
el cuero’ o no para volver. La fuga fue un golpe durísimo
al poder de las Fuerzas Armadas. Los psicoanalistas dirían
que fue una tremenda herida narcisista", dijo a Página/12.
El paradero de los ejecutores del fusilamiento, Sosa y Bravo, que pidieron el retiro de la Armada durante la última dictadura, es uno de esos secretos que nadie explica. El secretario de Asuntos Militares, José María Vásquez Ocampo, sugirió ante este diario que se podría haber cambiado la identidad y señaló que "es un tema de la Justicia". Duhalde recordó que uno de los jefes de la ESMA, Jorge "El Tigre" Acosta, invitó a Sosa a ese centro clandestino y lo paseó ante los prisioneros como reconocimiento a su "trabajo" precursor en la aplicación del terrorismo de Estado.
Las secuelas
de la masacre en la que murieron Clarisa Lea Place, Susana
Lesgart, María Angélica Sabelli, Ana María Villarreal de
Santucho, Carlos Astudillo, Pedro Bonnet, Eduardo Capello,
Alberto Del Rey, Mario Emilio Delfino, Alfredo Khon, José
Ricardo Mena, Mariano Pujadas, Humberto Suárez, Miguel Angel
Polti, Humberto Toschi y Alejandro Ulloa y fueron heridos
María Antonia Berger, Alberto Miguel Camps y René Haidar
siguieron generando más muertes. Fueron asesinados el almirante
Hermes Quijano, quien desde el gabinete de Lanusse puso
la cara para justificar los fusilamientos en un supuesto
intento de fuga, y el juez federal del "Camarón" Jorge Quiroga,
que se trasladó a Trelew para conjurar todo intento de justicia.
Los represores se ensañaron con las familias de las víctimas:
asesinaron a los padres, dos hermanos y una cuñada de Pujadas;
a la familia de Vaca Narvaja la diezmaron; hicieron desaparecer
al hermano de Capello y su esposa.
El hostigamiento alcanzó también a los posibles testigos
del horror. Recién el año pasado, Miguel Marilco, empleado
de la funeraria de Trelew que había tenido que poner los
cuerpos en los cajones, se atrevió a dar su testimonio.
"No hablés porque vamos a reventar a tu hijo", le habían
dicho y durante treinta y tres años el temor clausuró su
memoria.
Alicia Sanguinetti era una de las presas políticas de Rawson.
"Era una de los que íbamos a salir en los camiones que no
llegaron", recuerda y explica "estábamos frustrados pero
contentos por los que salieron. Teníamos una disciplina
militante. Lo importante era la dirigencia, después los
cuadros políticos y después los militantes". El traslado
a celdas individuales, el verdugueo constante, los interrogatorios
arreciaron en el penal y "gracias a la solidaridad de afuera
no fue una masacre adentro", dice esta mujer que tiene a
su compañero Alberto Funarris, a tres primos y a un cuñado
desaparecidos.
Los fantasmas de aquel pasado invadieron ayer la recorrida
de funcionarios, familiares y sobrevivientes de aquella
tragedia. En la puerta de la Base Almirante Zar, uno de
los pocos marinos que apareció se acercó a saludar a Nora
Cortiñas, madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora.
Una tensa mano extendida frenó al uniformado.
–¿Nos va a seguir espiando? Le cuento que llegamos ayer,
hoy estamos acá y más tarde vamos a hacer un acto con Hijos...
El marino optó por el silencio. La historia y la crónica
reciente no deja margen para la inocencia. En marzo pasado
en esa misma base, un suboficial denunció las tareas de
espionaje interno a las que lo obligaban sus jefes. La causa
avanza a tientas en la Justicia, pero provocó el relevo
de parte de la cúpula de la Armada y la reformulación de
la Inteligencia Interior.
Fuente: Página/12, 23/08/06

La
demanda de la memoria
Por Pablo Dratman
(22/08/07)
Un puñado de
versos atravesó el tiempo y ancló la memoria en el viejo
Aeropuerto de Trelew. Conmovedora y entrañable, la voz de
Tati Almeida desgranó la poesía de su hijo Alejandro, detenido
y desaparecido en la década del setenta. La mujer, un emblema
de las Madres de Plaza de Mayo, ofrendó el legado que dejó
aquel adolescente cuando escribió hace más de tres décadas
un poema sobre el asesinato de los militantes en la Base
Zar y que títuló "Trelew". Ayer, esa palabra resonó como
un trueno, pese a que Tati Almeida la pronunció con serenidad,
sin dramatismo.
Ese hilo de plata que enhebró aquel retazo trágico y deslumbrante
de nuestra historia con la búsqueda actual de verdad y justicia,
sintetizó el espíritu del acto que inauguró el Centro Cultural
de la Memoria en la terminal aérea y que abre un espacio
de recuerdo y reflexión sobre la Masacre de Trelew, sin
dudas el hito inicial del sangriento camino que desembocó,
más tarde, en el mayor genocidio de la historia argentina.
Fue un acto
que reivindicó conceptualmente la memoria, planteada como
un desafío que compromete con la verdad y la Justicia. No
fue un acto político, ni siquiera institucional; las mujeres
y los hombres -muchos de ellos víctimas de los más terribles
tormentos- desplegaron sus banderas, saludaron con sus puños
en alto y sus dedos en "v", en el marco del más terrible
ensordecedor de los silencios.
Fue una convocatoria a evitar el olvido, pero al mismo tiempo
una renovación del compromiso con la democracia a partir
de la política como condición inherente al hombre.
Quienes
ayer fueron reivindicados y cuyo martirologio aún demanda
una respuesta de la Justicia, enfrentaron a una dictadura
que había monopolizado la política condenando al ostracismo
político al conjunto del pueblo.
Sin política la existencia del hombre resulta inconcebible,
y por consiguiente la eliminación de la política es imposible,
a menos que se la reduzca exclusivamente al ajetreo de los
comités en vísperas electorales. La experiencia de la historia
contemporánea de nuestro país muestra que cada vez que las
dictaduras lo intentaron, en verdad lo que pretendían era
convertir al pueblo en una masa de consentimiento, para
una política que otros procuraban hacer en su nombre, para
acentuar el privilegio económico de las minorías poseedoras
de la riqueza, o para desintegrar el patrimonio económico
y moral de la nación. Contra eso lucharon los militantes
que ayer fueron recordados en el Aeropuerto Viejo de Trelew.
Hubo discursos, pero el acto fue esencialmente una imagen
cargada con hechos de nuestro pasado reciente, aún no debidamente
debatidos en los planos ideológico y político, y mucho menos
resueltos en el ámbito de la Justicia. Ese recorte de la
historia plantado con indudable coraje político en el centro
de la escena donde comenzó a labrarse la masacre, fue en
si mismo una convocatoria a la memoria y la reflexión para
pensar en el futuro. Ese es el punto.
Alguien dijo que Trelew no debería ser asociada a la muerte,
sino a la memoria. Otros, después de escuchar a Tati Almeida,
pensaron que había que asociarla a la vida. Y no se equivocaron:
¿Que otra sensación puede despertar la actitud de una madre
que convoca a la esperanza desde la poesía que escribió
aquel hijo adolescente que busca sin resignación desde hace
más de tres décadas? La poesía, como se dijo, se llama "Trelew"
y fue un canto a la vida.
Fuente: www.diariodemadryn.com

Rawson
y Trelew
Por Rubén Batallés
(1)
En
la cárcel de Rawson el PRT ERP le propuso a las FAR una
fuga conjunta, que éstas aceptaron. También fue invitado
Montoneros como organización, pero la dirección externa
no estuvo de acuerdo y dejó la resolución final librada
a sus propios presos. La participación de la "eme" quedó
limitada a la decisión de los montoneros presos.
En verdad, tampoco la dirección externa del PRT ni de las
FAR estaban del todo convencidas de las posibilidades de
éxito. Esa falta de confianza acarrearía graves consecuencias.
Tomó cuerpo, pues, el intento de fuga de más de un centenar
de presos políticos de diferentes organizaciones armadas.
Desecharon cavar un túnel por la dureza del terreno (aunque
en los años 80 la requisa descubrió un principio de excavación
disimulada bajo las baldosas de una celda).
El plan contempló escapar en camiones hasta el aeropuerto
de Trelew, distante unos 20 kilómetros, y de ahí en avión
hasta Santiago de Chile.
Facio, un guardiacárcel amigo de Mena, aceptó entrar algunas
armas a cambio de dinero. Más tarde la represión lo descubrió
y asesinó.
A último momento se invitó a Tosco, quien declinó por su
carácter de dirigente de masas. Pero aclaró que estaba a
disposición en todo lo que pudiera colaborar. Y en efecto,
ayudó a controlar el penal mientras los guerrilleros intentaban
fugar.
Constituyó todo un acuerdo no sólo militar sino político,
de unidad entre las principales organizaciones guerrilleras.
Es conocido que el copamiento interno del penal fue cumplido
perfectamente. En la última guardia se produjo un ligero
tiroteo, durante el cual Osatinsky abatió al guardiacárcel
Valenzuela.
Estos disparos llevaron a que José Luis Marcos del PRT y
Jorge Omar Lewinger de las FAR, que estaban a cargo de los
camiones, pensaran que la fuga había sido descubierta y
fracasado. Por tanto, precipitadamente, ordenaron retirarse
con los camiones.
En cambio, otro joven compañero de las FAR, Carlos Goldemberg,
desobedeció la orden de retirada. Valientemente, se aproximó
con su coche al portón del penal. En ese vehículo pudieron
trasladarse los 6 compañeros de la vanguardia.
Un avión de Austral procedente de Río Gallegos había sido
copado por otros compañeros: Ana Weissen de las FAR y Fernández
Palmeiro y Ferreira Beltrán del PRT-ERP.
Al
salir del penal el segundo contingente de 19 compañeros,
no encontró los móviles para la retirada. Aunque apelaron
a taxis de la zona, perdieron minutos preciosos. Cuando
llegaron al aeropuerto vieron que el avión, que los había
esperado más de lo previsto, ya despegaba.
Santucho, Mena, Gorriarán del ERP, Osatinsky y Quieto de
las FAR, Vaca Narvaja de Montonoeros, más los 4 compañeros
de apoyo (Ana Weissen, Carlos Goldemberg, Ferreira Beltrán,
Fernández Palmeiro) aterrizaron en Chile. Quedaron demorados.
El MIR, la izquierda del Partido Socialista y de la Democracia
Cristiana, ganaron las calles exigiendo su libertad.
Argentina y el continente se estremecieron.
(…)
A la semana, en Trelew fueron asesinados fríamente 16 de
los 19 capturados.
Entre ellos 4 compañeras. Fue el primer crimen múltiple
de compañeras. La primera guerrillera muerta en combate
había sido Liliana Gelín, de las FAR.
Esa noche, los recluidos en las celdas de Rawson, rabiosos
de dolor, escucharon la voz potente y solidaria de Agustín
Tosco. De allí en adelante el Gringo pasaría a ser un estrecho
aliado del PRT.
Los 3 baleados que sobrevivieron, Antonia Berger, Alberto
Camps y René Haidar, caerían años después en la nueva Resistencia
a la barbarie fascista.
Finalmente Allende, que 5 años antes había ayudado a la
evacuación de Pombo y otros guerrilleros sobrevivientes
de la columna del Che, extendió un salvoconducto y los prófugos
arribaron a Cuba. Allí Roby pudo entrevistarse con Fidel.
Paradójicamente, las relaciones políticas del PC cubano
eran más afines con Montoneros y las del Ejército Rebelde
con el PRT ERP.
(1) Militante Histórico del PRT y del ERP. En 1968 participó
junto a Mario Roberto Santucho y otros militantes, en la
primera expropiación del Banco de Escobar, donde sería detenido
en la fuga. Confundador del actual PRT Santucho. Falleció
el 14 de diciembre de 2004.
Fuente: PRT Santucho

Compañeros
fusilados en Trelew en la base Almirante Zar el 22 de agosto
de 1972 ¡presentes!
Por Lucrecia Cuesta
La dictadura estaba herida de muerte con
el Cordobazo. La estrategia para producir los cambios necesarios
para que todo siguiera igual estaba montada, el "Gran Acuerdo
Nacional" buscaba recomponer el sistema político con un
proyecto sustentado por la burguesía nacional y el acatamiento
de las masas obreras a su condición de supuestos socios
del capital. En cualquier otro país capitalista estos propósitos
hubiesen tenido un trámite que evitara la masacre, pero
vivimos en Argentina y Argentina es un país demasiado joven
y muy cruel.
Regreso a TrelewPor Tomás Eloy Martínez Trelew no se parece en casi nada a la ciudad que era hace 35 años, cuando la vi por primera vez. Su población se ha multiplicado cuatro veces: de los veintiséis mil habitantes de entonces a los casi cien mil de ahora. En el centro abundan los cafés, los negocios atareados, los turistas que tratan de acercarse a las ballenas en el océano próximo. Sólo no han cambiado las ondulaciones que separan el casco urbano de la estepa, el té de la tarde que los galeses dejaron como una costumbre de siempre cuando colonizaron la región en 1865, las siestas inevitables. El aeropuerto de 1972, donde se refugiaron y se rindieron sin condiciones los diecinueve guerrilleros fugitivos del penal de Rawson, ya no está donde estaba. El nuevo es un imponente conjunto de dos plantas situado en el camino a Gaiman, siete kilómetros hacia el Oeste, en vez del modesto edificio que antes desafiaba la soledad quince kilómetros al Este, cerca del mar. A las pocas horas de llegar tuve que declarar como testigo ante el juez federal Hugo Sastre por un libro que publiqué en 1973, La pasión según Trelew. Allí se relata la fuga en masa de 115 guerrilleros desde Rawson, el 15 de agosto de 1972, el fracaso de casi todos en alcanzar a tiempo el avión de Austral capturado por sus compañeros en Comodoro Rivadavia, y la rendición sin condiciones de los diecinueve que llegaron tarde y se quedaron en tierra, mientras los otros rezagados volvían a la cárcel. Los que se rindieron fueron sacados de sus celdas la madrugada del 22 de agosto y ametrallados por los oficiales de la Marina encargados de su custodia. Así lo recuerda Trelew, el documental de Mariana Arruti que vi el día del 35° aniversario. Pocos relatos de esa tragedia sin drama –o de cualquier tragedia en general– me han parecido tan ascéticos y a la vez tan conmovedores. Arruti logra el prodigio de restablecer el pasado tal como fue –el pasado en sí que Proust aspiraba a resucitar– desplegando con prolijidad imágenes de los noticiarios, declaraciones de testigos y retratos silenciosos de los lugares tal como el tiempo los ha dejado. En sus primeros minutos, Trelew relata la solidaridad que poco a poco despertó entre los habitantes comunes de la ciudad cuando los primeros presos políticos llegaron al penal de Rawson y cómo se crearon amistades imposibles entre los que ya estaban en la ciudad y los familiares que iban llegando de lugares distantes con medicamentos y ropa. Casi en seguida, la película se detiene en los preparativos de una fuga en masa que parecía empresa de locos y que fracasa a última hora por una señal mal comprendida. Es el mejor momento de Trelew. En la narración de Arruti hay un despojamiento visual y un ascetismo expresivo que hace pensar en Un condenado a muerte se escapa, la obra maestra que Robert Bresson dirigió en 1957. Los detalles de los muros, de las escaleras descascaradas, de las celdas sin nadie, tienen una densidad casi metafísica. Cuando me propuse narrar esa fuga en 1973, Ana Wiessen, una de las guerrilleras que esperaban a los fugitivos en Trelew para llevarlos al aeropuerto, me dijo que, al no verlos llegar a la hora convenida, tuvo “un pensamiento judío”. “Los judíos –explicó– siempre comparamos los signos que nos envía Dios con otros signos más terrenales para averiguar si aquéllos son falsos. Pero también Dios puede querer engañarnos. Por lo tanto, Dios nos ha engañado, me dije. Y ése fue un verdadero pensamiento judío.” Ana Wiessen hablaba en tiempos inclementes. Todo lo que entonces decía podía incriminarla, devolverla a la cárcel, arrastrarla a la muerte. La película de Arruti lleva esa duda metafísica más lejos, porque la transforma en culpa. Uno de los responsables de transportar a los fugitivos, Jorge Lewinger, confiesa que interpretó mal las señales que le daban desde el penal, o que las confundió, y que ese error no ha dejado de atormentarlo. Trelew reúne, por fin, los testimonios de mucha gente que se había negado a hablar. De hecho, cuando emprendí la investigación para mi libro de 1973, me dijeron que Jorge Lewinger había participado en la fuga pero que hablar podía costarle la vida. Y no hay libro en el mundo que valga la vida de un solo ser humano. Tanto el juez federal Hugo Sastre como la película de Mariana Arruti cuentan que la Marina sigue negándose a colaborar en la investigación. Nadie ha querido echar luz sobre un grave episodio de sangre que sigue atribuyéndose al descontrol de dos o tres oficiales navales durante la madrugada del 22 de agosto. Hubo dieciséis muertos aquel día –y casi todos ellos fueron rematados por una descarga final–, más tres sobrevivientes que inculparon a esos oficiales antes de que los tres desaparecieran a su vez, años más tarde, en los campos de tormento de la dictadura. Acaso los señalados tengan una versión indulgente de lo que hicieron pero, mientras sus camaradas de armas callen, los habitantes de Trelew y los que escriben esa historia seguirán creyéndolos culpables. Más que los relatos de la fuga y de la matanza, que todavía arrebatan el corazón de tanta gente, lo que sigue impresionándome es la simetría entre lo que sucedió la madrugada del 22 de agosto de 1972 en la base naval y lo que padecieron los habitantes de Trelew cuarenta días más tarde. Al amanecer del 11 de octubre, aquel mismo año, diecinueve ciudadanos fueron detenidos en el viejo aeropuerto por las patrullas del ejército que habían invadido las calles y bloqueado las salidas hacia Rawson, Puerto Madryn y la zona de las chacras galesas. Ninguno de esos prisioneros era digno de sospecha. Se trataba de militantes pacíficos de partidos políticos que actuaban en la democracia, profesores secundarios o universitarios, dirigentes sindicales y hasta un intendente radical recién elegido Algunos de ellos ni siquiera sabían por qué los llevaban, con las manos atadas a las espaldas, hacia un campamento improvisado junto a un avión Hércules C-130. Las cifras, quizá por azar, son simbólicas: dieciséis prisioneros cayeron en la base naval; tres sobrevivieron a la matanza. Cuarenta días más tarde, de los diecinueve rehenes a los que levantaron de la cama en medio de la noche, tres fueron liberados sin explicaciones a las pocas horas. Los otros dieciséis fueron enviados a la cárcel de Villa Devoto. Llegué a Trelew en esos días y fui testigo de la indignación con que la ciudad entera respondió al arresto de algunos de sus habitantes. Más de tres mil personas –la décima parte de la población– colmó durante una semana la sala del teatro Español desde el amanecer hasta la noche para reclamar la devolución de sus presos sin causa. Nadie dormía. La gente comía en los asientos de la platea, florecían las asambleas y los discursos. Allí encontré, convertida en una Pasionaria patagónica, a Teresita Belfiore, una compañera de la Escuela de Letras de Tucumán, que enseñaba Lenguas Clásicas en el Instituto Universitario de Trelew. Se cantaban sin tregua poemas compuestos al calor de la vigilia, se leían mensajes de solidaridad de los pueblos vecinos. Salvo en la Patagonia misma, ya casi nadie se acuerda de aquella rebelión espontánea, desatada por ciudadanos de a pie. Es, sin embargo, una rebelión ejemplar. Demuestra la fuerza que puede tener un pueblo entero cuando lo enciende una causa justa. La matanza de Trelew cambió los vientos de la política argentina y se convirtió en una semilla de odio. Aunque nadie lo sabía entonces, faltaban pocos meses para que Juan Perón regresara de su exilio de dieciocho años. El gobierno de Alejandro Lanusse prometía elecciones libres, sin proscripciones. Sin las heridas de Trelew, acaso habría sido más fácil apagar los incendios que vinieron después. Pero aquel 22 de agosto se abrió una grieta inútil, y por allí fluyó la sangre de mucha gente. © La Nacion, 25/08/07 |
Somos hijos del cordobazo,
en las calles de Córdoba aprendimos que el dueño de la Revolución
era el propio pueblo, sus masas explotadas; en las calles
de Córdoba el pueblo argentino enterró igual que lo está
haciendo hoy el régimen de terror que nos habían impuesto
los bombardeos de junio sobre la Plaza de Mayo contra un
gobierno electo por el pueblo y sobre miles de ciudadanos
inermes. ¿Podíamos creer en la democracia que nos proponían
18 años después los mismos asesinos del pueblo?
En este contexto, la lucha armada no sólo era legítima,
son que no tenía nada que ver con cualquiera de los numerosos
precedentes históricos que esta forma de lucha tuvo en la
historia de los partidos políticos de la Argentina, como
lo demuestran sin ir más lejos los miles de radicales inmolados
durante los motines yrigoyenistas, y hoy olvidados por sus
propios correligionarios. O esa masacre que, en un Día de
la Bandera destruyó en el cuerpo de la multitud un movimiento
histórico y le dejó al país el escarnio que hoy padecemos.
Yo era joven y no se vayan a creer que en ese momento la
gente estaba encantada de ir a votar o que la juventud y
las amplias mayorías se desvivían por ser candidatos en
una lista sábana. Hoy, que ya no tengo esos años sé que
a nuestro país le costó menos vidas imponer la jornada de
8 horas que lograr la ley Sáenz Peña.
Yo era joven y estaba prisionera cuando los compañeros decidieron
la fuga del tenebroso penal de Rawson.
Todos ustedes saben que el primer deber de u prisionero
es la libertad. Fuimos una generación avisada por la Historia.
Sabíamos que el Gran Acuerdo Nacional, igual que la Ley
Sáenz Peña, podía ser otra de esas primaveras destinadas
por las clases dominantes a desposeer a los explotados de
la utopía de protagonizar su propia historia. El escándalo
de nuestra generación no fueron las armas, sino el propósito
de que asumimos incorporarnos a la causa del pueblo como
sujeto activo de su propio acontecer.
Trelew es la expresión más acabada de lo que acabo de decirles,
la alegría popular por la fuga se transformó en un instante
en la indignación más profunda que atravesó aquella sociedad
al intuir la burda mentira de los verdugos para encubrir
una impunidad que todavía hoy persiste, en un Estado que
sumó a su dimensión criminal las políticas sociales y económicas.
Trelew unió a todos los combatientes y esa unidad llevó
a una escala hasta entonces desconocida la homogénea respuesta
popular que terminó de desalojar a los militares de los
poderes formales de la República. En el aeropuerto de Trelew
y frente a las cámaras de televisión la vieja resistencia
popular adquirió para millones de argentinos el rostro público
de la revolución. Los verdugos sin embargo permanecieron
en el mismo sitio y si lo miramos más atentamente, ahí tenemos
a los jefes del Ejército y de la Marina actuales yendo a
reclamarle a un presidente inelecto por los juicios de la
verdad.
El gobierno que en 1973 fue electo por el pueblo no castigó
a los hechores de la masacre. Apenas en Salta el gobierno
democrático de Ragone encarceló y juzgó a torturadores con
el resultado que ya sabemos: ninguno de los responsables
políticos de esa medida ejemplar, comenzando por el propio
Miguel Ragone, se salvó de que los asesinaran las bandas
fascistas de los militares y oligarcas argentinos.
Los asesinos de Trelew, como el huevo de la serpiente, alumbraron
la noche del 24 de marzo de 1976.
La única diferencia que mantenían con el gobierno militar
de Lanusse consistía en no haber sido beneficiarios de las
monumentales coimas de los altos mandos en su gran acuerdo
con la entonces llamada burguesía nacional y de la que apenas
hoy queda el adjetivo.
Ninguno de los errores que hemos cometido, ni nuestro vanguardismo,
ni la mirada insuficiente al ritmo colectivo que la profunda
crisis traía, han llegado a adquirir la monstruosa dimensión
desplegada por el terrorismo de Estado y la revancha de
los burgueses depredadores que aún hoy dominan sobre nuestro
país.
La distancia que el tiempo nos permite ilumina minuciosamente
zonas de la realidad que cuando éramos jóvenes permanecían
en el terreno de nuestras consignas. Toda la confrontación
de los 70 estaba monitoreada al detalle desde el centro
de lo que hoy conocemos como un Estado mundial de las empresas
transnacionales, ninguno de los verdugos disparó un solo
balazo sin el OK de los yanquis. Los primeros desaparecidos
datan de los tiempos de Lanusse, la CIA tenía una oficina
en la Policía Federal, la embajada virreinal verificaba
la limpieza de los sectores juveniles del sindicalismo y
de las cúpulas sindicales, una práctica que venía de los
lejanos años 60, el Plan Conintes; y la sociedad argentina
demoró más de 20 años en conocer la existencia del Plan
Cóndor.
Y así Trelew sigue sucediendo. Tanto sus enseñanzas para
el campo popular, para lo que el pueblo puede y sus conciencias
deben, como en lo referente a las intenciones criminales
del poder.
Trelew ha sucedido en el Puente Pueyrredón. ¿Hemos sabido
sacar las lecciones de unidad que la sangre de los caídos
nos impuso durante los primeros días? ¿Preferimos seguir
ignorando que la cadena de impunidad configura un verdadero
estado de guerra contra el pueblo?
¿Volveremos a ignorar que ante este estado de cosas nadie
es dueño de la verdad?
Ninguno de los sacrificios que atravesó nuestra generación,
la generación de Trelew, fue en vano, por la sencilla razón
de que lo primero que poníamos en juego a la hora de proponer
una verdad, era nuestra disposición de dar la vida en practicarla.
Jamás en nuestra historia el poder depredador de las clases
dominantes en Argentina ha sido desafiado por un arco social
más amplio y seguro de sí que el establecido por la consigna
"que se vayan todos y no quede ni uno solo".
La dictadura y 160 años de democracia representantiva y
delegativa han sido enterrados en la noche y la tarde del
último mes de diciembre y lo que nunca había sucedido, tampoco
estaba previsto acaso, en las palabras y conceptos que daban
lugar a nuestros sueños.
Estamos en la tierra que abrieron nuestros queridos compañeros
y que fue abonada por la complicidad y la ternura inmortal
de nuestros caídos. El pueblo nos quiere unidos.
La unidad del pueblo es un desafío ético y lo que Trelew
hoy nos dice es que sin esa moral no habrá condiciones para
una fuerza que sostenga el futuro sin impunidad, ni habrá
oportunidades para el poder, la democracia será participativa
o la noche se hará cargo de nuestros sueños.
Las Madres abrieron la primera trinchera en la noche de
la dictadura preguntando dónde estaban todos nuestros compañeros.
Y nosotros, treinta años después también estamos aquí preguntando:
señores Stella y Brinzoni, ministro Jaunarena, presidente
Duhalde, ¿dónde están el capitán de corbeta Luis Emilio
Sosa y el teniente de fragata Roberto Guillermo Bravo?
Ahora quisiera agregar unas palabras en relación a la presencia
en ese momento en la cárcel que me tocó vivir después de
la fuga.
Días anteriores a la fuga, dos o tres días antes, yo estaba
en el penal de Rawson. Me llaman desde el Camarón y dos
o tres días antes de la fuga me trasladan al buque Granaderos.
Por supuesto que ahí también los verdugos cumplieron con
su cometido. Éramos escasa mujeres, y fuimos víctimas de
los mayores atropellos. Permanentemente nos tenían con requisas,
con atropellos verbales, impidiendo que pudiéramos ver a
nuestros familiares. Las mayoría éramos mujeres con hijos.
En cada lugar ellos cumplieron con un cometido: perseguirnos
psíquicamente e impedirnos cosas elementales, nos sacaron
el recreo, nos limitaron en la comida, requisas permanentes.
En ese momento creo que estaba Ruiz –después pasó al penal
de Rawson– y fue terminante. Me dijo personalmente, a mí
y a otras compañeras: "Si se fugaban todos de Rawson no
sabemos cuál hubiera sido el destino de ustedes".
[Exposición oral en FACULTAD DE FILOSOFIA Y LETRAS - CATEDRA
LIBRE DE DERECHOS HUMANOS - A 30 AÑOS DE LA MASACRE DE TRELEW
- Resistencia popular y terrorismo de Estado - Foro Nº 2,
23 de agosto de 2002]

A 34 años de la masacre de los prisioneros políticos
El pacto de silencio de Trelew
Por Susana Viau
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La idea de la fuga estuvo siempre viva en los seis pabellones que los presos políticos ocupaban en el penal de Rawson. Luego de descartar que un avión contratado fuera obligado a aterrizar en las adyacencias de la cárcel, como les sugerían sus compañeros desde el exterior, Mario Roberto Santucho, Enrique Gorriarán y Marcos Osatinsky, integrantes del comité encargado de la planificación y ejecución de la huida, se inclinaron por un diseño que parecía más sencillo: tras el copamiento de la cárcel, en camiones y camionetas, 110 guerrilleros se trasladarían hasta el aeropuerto. Allí abordarían aviones de línea para cruzar la cordillera. Si lo conseguían, podrían afirmar que habían protagonizado la fuga más grande de la historia argentina. Contaban con que el gobierno del socialista chileno Salvador Allende, por principios o por condicionamientos, no podría devolverlos a la dictadura. Fueron meses de trabajo intenso, sigiloso. Fabricaron uniformes, gorras, bordaron las insignias del servicio penitenciario, levantaron planos, acumularon información minuciosa de la rutina de los guardias, estudiaron horarios de aviones, frecuencias de vuelos. Habían logrado ingresar unas pocas armas cortas que servirían para reducir a los primeros efectivos; el resto del armamento lo proveerían los propios carceleros. Los militares iban a sospechar siempre que las pistolas habían sido introducidas en el penal durante las visitas por el abogado radical Mario Abel Amaya. Se tomaron un tiempo, pero no lo olvidaron: Amaya fue detenido y asesinado a golpes en la cárcel cuatro años después, en octubre de 1976.
A las 18.30 del 15 de agosto de 1972, con unos minutos de
retraso, Santucho se quitó el sweater que llevaba puesto
y lo agitó. Era la señal de comienzo de la operación gestada
por el acuerdo del Partido Revolucionario de los Trabajadores
(PRT) y de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). Montoneros,
desde el exterior, se había negado a avalar la acción, al
menos como organización. Consideraba que no serviría sino
para poner piedras en el camino de las elecciones generales
que se avecinaban. Sin embargo, sus militantes detenidos
en Rawson no quisieron quedar al margen del intento. Su
representante en el Comité de Fuga era Fernando Vaca Narvaja
e integraba el contingente destinado a salir en el primero
de los vehículos junto a Santucho, Gorriarán, Domingo Mena
(todos dirigentes del PRT), Marcos Osatinsky y Roberto Quieto
(jefes de las FAR). Tiempo después, "el gringo" Mena le
contaría a su compañero del Buró Político Luis Mattini que
él llevaba también un uniforme "pero yo parecía un comisario
de pueblo. Vaca Narvaja lo llevaba como un oficial". Vaca
Narvaja tenía, sin duda, el "physique du rôle" y su prestancia
ayudó a disuadir al guardia que, extrañado, dudó al verlos
llegar. Un rato después, cuando con Santucho corrieron por
la pista del aeropuerto para detener el avión que carreteaba,
fue la naturalidad con que llevaba el uniforme de mayor
del ejército la que terminó de convencer a los pilotos de
que debían detener la máquina. El uso del uniforme constituía
una afrenta adicional para el honor militar. Al punto de
que al arribar a Chile, se le solicitó al jefe montonero
que, para desembarcar, se desvistiera.
Durante la fuga, los guerrilleros abrieron fuego una sola
vez. Marcos Osatinsky disparó contra el guardiacárcel Juan
Gregorio Valenzuela, el único que atinó a resistirse. Según
estaba estipulado, una vez tomados los pasillos, los pabellones,
la dirección y los puestos de guardia, buscaron los camiones.
Pero los transportes no estaban allí. Sólo se había hecho
presente un coche en el que estaba como chofer el militante
de las FAR Carlos Goldemberg. A él ascendieron los seis
máximos dirigentes. Convencidos de que la fuga masiva había
fracasado, los restantes detenidos llamaron taxis y remises.
Así, otros 19 prisioneros alcanzaron el aeropuerto. Era
demasiado tarde. El BAC 111 de Austral ya había levantado
vuelo. Entre el pasaje estaban Víctor "el gallego" Fernández
Palmeiro y Alejandro Ferreyra, ambos del PRT, y Ana Wiesen,
de las FAR, quienes tenían como misión ingresar en la cabina
y controlar a los pilotos. Losguerrilleros que habían quedado
en tierra pactaron su entrega: pidieron la presencia de
un juez y de un médico que constatara su estado físico.
Actuaban como voceros Rubén Pedro "el Indio" Bonet y Mariano
Pujadas. Exigieron ser devueltos a Rawson y no a dependencias
militares. El capitán de corbeta Luis Emilio Sosa les dio
su palabra de que así se haría. Sin embargo, el ómnibus
que los trasladaba tuvo una larga parada a mitad de camino
y al reanudar la marcha el destino había cambiado: se dirigían
a la base naval Almirante Zar. Transcurrió una semana. Los
sucesos del sur tenían en vilo al gobierno del general Alejandro
Agustín "el cano" Lanusse, quien por esas cosas del destino
(en realidad, por su ferviente antiperonismo) había pasado
un largo período prisionero en Rawson, donde, solía recordar,
había trabajado en la construcción del campo de fútbol.
La foto con uniforme de preso estaba, para el que quisiera
mirarla, debajo del vidrio de su escritorio.
El 21 de agosto
fue un día de reuniones militares en la Casa Rosada. Desde
las 11 de la mañana se dio cita ahí la Junta de Comandantes:
Lanusse, el brigadier Carlos Alberto Rey y el almirante
Guido Natal Coda. El secretario de la junta, brigadier Ezequiel
Martínez, el secretario de la presidencia Rafael Panullo
y el ministro del Interior, el radical Arturo Mor Roig,
iban y venían. Estuvieron hasta altas horas. Se cuenta que
un corresponsal de la prensa inglesa comentó a sus colegas
de Balcarce 50: "Esta noche los matan a todos". No era una
corazonada. Ciertos datos se habían filtrado. La gente común
sentía que, con las horas, el ambiente se enrarecía. Algo
terrible iba a ocurrir. A las 3.30 del 22, el capitán Sosa,
seguido por el capitán Herrera y los tenientes Roberto Bravo
y Del Real, sacó a los rehenes de sus celdas y comenzó a
disparar. Murieron Mario Delfino, Rubén Bonet, Ana María
Villarreal de Santucho, Eduardo Capello, Carlos Alberto
del Rey, Clarisa Lea Place, José Ricardo Mena, Miguel Angel
Polti, Humberto Suárez, Humberto Toschi y José Alejandro
Ulla, todos del PRT; Carlos Astudillo, Alfredo Kohon, María
Angélica Sabelli, de las FAR y Mariano Pujadas y Adriana
Lesgart de Yofre de Montoneros. Sobrevivieron, malamente
heridos, María Antonia Berger y Ricardo René Haidar, de
Montoneros, y Alberto Miguel Camps, de las FAR.
El capitán Sosa fue premiado con un curso en los Estados
Unidos y, al igual que el teniente Bravo, con un puestito
en la embajada argentina en Washington. Se dice que más
tarde, Sosa pasó por un país latinoamericano y hay quien
creyó verlo por Buenos Aires durante la Guerra del Atlántico
Sur. Lo único firme es que Sosa pasó a retiro el 1º de abril
de 1981. Dos años antes, el 1º de abril de 1979, lo había
hecho el teniente Bravo. Afirman que su paradero es el secreto
mejor guardado por la marina, que tiene muchos. Podrían
haber muerto. Quizás. O tal vez no, han tenido suerte y
gozan de una vejez silenciosa y tranquila y algún placer
que, de tanto en tanto, les permiten los haberes que deben
seguir cobrando por los servicios a la patria.
Fuente: Página/12, 22/08/06

2005
- A 33 años de la masacre
El 15 de agosto
de 1972, en la postrimería del gobierno dictatorial de General
Alejandro A. Lanusse, veinticinco presos políticos, pertenecientes
al ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo); las FAR (Fuerzas
Armadas Revolucionarias) y Montoneros, se fugaron del penal
de Rawson en la provincia de Chubut. Seis de ellos lograron
llegar al Chile de Salvador Allende. Diecinueve no alcanzaron
a subir al avión. Se entregaron luego de acordar públicamente
garantías para su integridad física.
El 22 de agosto los diecinueve prisioneros fueron fusilados
a mansalva con ráfagas de ametralladoras en la base naval
Almirante Zar.
Como antes había sucedido en la masacre de José León Suárez,
algunos sobrevivieron para contar la historia, para mantener
viva la memoria, para no olvidar, ni perdonar.
LA FUGA
La cárcel de Rawson tenía ocho pabellones. Los cuatro primeros
eran de presos comunes y los restantes, de los políticos.
Los pabellones de mujeres estaban en los pisos superiores.
El 15 de agosto a las 18.30 comenzó la toma del penal y
la fuga. En diez minutos tomaron los puntos neurálgicos
y redujeron a un grupo de aproximadamente 60 guardias. El
guardiacárcel Juan Gregorio Valenzuela, que intentó impedir
la fuga, resultó ser el único muerto en los sucesos.
Los guerrilleros estaban numerados jerárquicamente para
la fuga del 1 al 110. Fuera de la cárcel, no encontraron
los camiones que debían estar esperándolos para llevarlos
al aeropuerto de Trelew; los disparos que se escucharon
provenientes del penal, los habían dispersado.
El primer contingente formado por los seis máximos jefes
guerrilleros tomó el único coche que había permanecido,
con el estudiante de Agronomía y Veterinaria Carlos Goldenberg
(FAR) al volante. Los 19 guerrilleros restantes, que habían
logrado salir, llamaron taxis desde la guardia del penal.
Llegarían al aeropuerto de Trelew con un retardo fatal.
Los seis jefes del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP),
las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y Montoneros,
integrado por Mario Roberto Santucho, Roberto Quieto, Enrique
Gorriarán Merlo, Domingo Mena, Marcos Osatinsky y Fernando
Vaca Narvaja, lograron abordar en el aeropuerto un avión
de Austral que previamente había sido copado y escaparon
hacia Chile donde el gobierno de Salvador Allende les permitió
seguir viaje a Cuba.
Los otros presos que se habían escapado llegaron al aeropuerto
justo cuando despegaba el avión que llevaba a sus compañeros.
Intentaron tomar, sin éxito, otro avión que debía arribar
pero que finalmente no descendió al ser alertado desde la
base naval Almirante Zar.
Después de una conferencia de prensa en el aeropuerto, se
entregaron ante los periodistas y con la promesa de las
autoridades judiciales y militares de que sus vidas serían
respetadas, fueron alojados en la base naval Almirante Zar.
LA MASACRE
"El 22 de agosto de 1972, a las 3.30 de la mañana, los 19
presos fueron obligados a salir de sus celdas, los hicieron
pararse en fila en el pasillo y los ametrallaron a mansalva.
Los gritos se mezclaron con la furia de las ametralladoras,
el humo se confundió con la sangre. Gritaban de dolor los
heridos, gritaban de locura asesina sus verdugos. Quienes
sobrevivieron a la primera ráfaga se tiraron dentro de los
calabozos.
María Antonia Berger, luego de recibir un primer impacto
en el estómago se arrojó dentro de su celda, la sangre brotaba
de su vientre tiñendo su revolución de carmesí. Escuchó
ruido de botas y escuchó tiros de gracia. Los quejidos e
insultos de sus compañeros en la hora final, se fueron acallando.
María Antonia, con su dedo ensangrentado, escribió "papá",
"mamá" en la pared. De pronto, un segundo impacto le destrozó
la mandíbula. Los asesinos borraron su escrito con zaña.
Ella todavía estaba viva, sentía que le estallaba la cabeza,
pero no se movió, no se quejó. Creyeron que estaba muerta
y siguieron su masacre por las otras celdas.
María Antonia, volvió a pintar su dedo con sangre, pero
esta vez escribió en la pared la palabra LOMJE, consigna
que durante mucho tiempo se pintó en los muros de la ciudad
"Libres o Muertos, Jamás Esclavos".
Virginia Giussani
Al amanecer del martes 22 de agosto, la armada hizo circular
la versión de que las muertes habían sido el resultado de
un nuevo intento de fuga. Mariano Pujadas, uno de los guerrilleros
había intentado, según la versión oficial, arrebatarle el
arma al teniente de corbeta Luis Emilio sosa. María Antonia
Berger; Alberto Miguel Camps y Ricardo René Haidar los únicos
sobrevivientes de la masacre se encargaron de que el mundo
supiera la verdad.
En los días sucesivos, hubo manifestaciones en las principales
ciudades de la Argentina y más de 60 bombas fueron colocadas
en protesta por la matanza. Peronistas, radicales, intransigentes,
socialistas, comunistas, trotskistas y democristianos, condenaron
al gobierno. Perón calificó a las muertes de "asesinatos".
La opinión pública descreyó de la versión oficial. El 25
de agosto la CGT declaró un paro activo de 14 horas. Se
prohibieron los velatorios públicos de los guerrilleros
ejecutados.
El comisario Alberto Villar -luego jefe de policía de Perón
y uno de los mentores de la Triple A- irrumpió con tanquetas
en la sede del Partido Justicialista donde se velaban los
cadáveres de tres de los guerrilleros asesinados.
Ana Villareal, compañera de Santucho, fue sepultada en el
cementerio de Boulogne.
Pero allí no terminó todo. La sede de la Asociación Gremial
de Abogados fue dinamitada, se exterminó a las familias
de Clarisa Lea Place, Roberto Santucho y Mariano Pujadas,
la mayor parte de los hermanos y hermanas de los fusilados
están hoy desaparecidos y el letrado Mario Amaya, que escoltó
con su auto al micro de la armada que el 16 trasladó a los
detenidos hasta la base naval, fue asesinado durante la
última dictadura.
Agencia Walsh
Fuentes: La Voluntad de Eduardo Ánguita y Martín Caparrós.
Artículo de "La Fogata" basado en Todo o Nada" de María
Seone y "A vencer o morir" de Daniel De Santis (22-8-02)
Artículo de Virginia Giussani publicado por "La Insignia"
(23-8-02)
Memorias
de vidas
Los revolucionarios de esos años arriesgaban todo por el
supremo objetivo de la revolución socialista, aun aquellos
que aceptaban el liderazgo de Juan Perón, por muy contradictorias
que pudieran resultar esas dos opciones simultáneas para
los que identificaban al veterano General con la contrarrevolución.
Lo mismo que en el resto de la sociedad, también en la guerrilla
el peronismo era un parte-aguas excluyente. Esa diferencia
no impidió, sin embargo, que para organizar y ejecutar la
fuga del penal de Rawson, punto inicial de la tragedia que
hoy se recuerda, reunieran inteligencias y recursos en un
comando unificado ni que el estereotipado antiperonismo
de la Marina hiciera ninguna distinción al momento de fusilar
a los prisioneros de la base naval de Trelew. Los muertos
fueron once miembros del PRT-ERP, tres de FAR y dos de Montoneros,
y tres sobrevivieron a sus heridas porque los verdugos no
hicieron a tiempo, antes que llegaran otros testigos, a
rematarlos de un balazo, como sucedió con otras víctimas
y pudieron aguantar por horas hasta que recibieron cuidados
médicos.
Aquel momento de coincidencia logró la hazaña de perforar
la "máxima seguridad" que los militares le atribuían a ese
penal, tan lejos de todo y tan cerca de bases y cuarteles
militares. Fue una humillación que las fuerzas armadas y
el gobierno de facto encabezado por el general Alejandro
Agustín Lanusse se cobraron de la peor manera, con premeditación
y alevosía, con tiempo suficiente para elaborar la decisión
y cumplirla a sangre fría. Aunque los carceleros de aquella
madrugada del 22 de agosto alegaron defensa propia el inverosímil
relato careció de consistencia y no pudo resistir el testimonio
de María Antonia Berger, Alberto Miguel Camps y Ricardo
René Haidar, los sobrevivientes.
Esa incapacidad para justificar la conducta criminal pudo
haber influido en la decisión posterior de clandestinizar
el plan represivo del terrorismo de Estado a partir de marzo
de 1976. En todo caso, esa madrugada quedó instalada la
opción de la muerte como "solución final" para el desafío
de la insurgencia. Desde la perspectiva del poder establecido,
había que quebrar de cualquier modo la voluntad popular
de tomar en sus manos el destino propio. En ese momento,
fracasaron en el propósito de dominar por el terror, ya
que apenas seis meses después la mayoría popular impuso
en las urnas al hasta entonces proscrito peronismo, representado
por la candidatura de Héctor J. Cámpora, quien asumiría
en mayo de 1973 escoltado por los presidentes de Cuba, Osvaldo
Dorticós, y de Chile, Salvador Allende.
Hijos de su época, ninguno de los guerrilleros buscó la
muerte con vocación suicida, ni en la toma del penal ni
en el copamiento del aeropuerto de Trelew o en la rendición
incondicional. Para detener ese ímpetu y retroceder la historia,
el establishment conservador tuvo que empeñar el máximo
esfuerzo durante el último cuarto del siglo XX, cometer
asesinatos masivos y aplicar tormentos de todo tipo.
Recordar no es tarea vana ni mera deformación necrofílica.
Forma parte sustancial de una misma y única batalla entre
los fundamentalistas que quieren ponerle fin a la historia
y los soñadores del futuro, los que atesoran la premonición
cierta de lo que vendrá. En La Patria fusilada,texto en
el que Francisco Urondo recopila los recuerdos de aquellos
tres sobrevivientes sobre la tragedia de Trelew, la primera
página está ocupada por un poema de Juan Gelman ("Condiciones")
que termina así: "...el ciego a los oleajes de dolor y de
sueño bajo las condiciones objetivas ¿no será oportunista?
/ por falta de memoria o miedo ¿quiere enterrar al ave?".
Hoy en día, aunque hay otros cielos, otras las "condiciones",
aun con las alas recortadas o enjaulada el ave nunca pierde
la tentación de volar. Las memorias de vidas enseñan que
sólo se trata de encontrar la oportunidad.
Fuente: La Fogata

El
silencio de la Marina
La base Almirante Zar de la Marina, donde se asesinó a los
16 guerrilleros
Por Osvaldo Bayer
Cuesta
pensarlo, cuesta finalmente entenderlo. Y no se entiende.
La ferocidad, la brutalidad, la vocación del crimen. ¿Qué
calificativo cabe para sus autores? En una Argentina católica,
apostólica, romana. Donde todos los miembros de nuestras
fuerzas armadas, sin excepción, han tomado la primera comunión
y por supuesto se han casado por la iglesia, y se confiesan
regularmente. Lo de Trelew es sólo imaginable en Siberia,
en un relato de Dostoiewski. Diecinueve prisioneros –mujeres
y hombres, todos jóvenes; Ana María Santucho, encinta de
ocho meses– son mantenidos en calabozos, molestados, desnudados,
maltratados, para luego fusilarlos impunemente. Los fusiladores
son oficiales y suboficiales de la Marina de Guerra. Mientras
se asesina a los presos, se los insulta. ¿Qué educación
recibieron esos marinos? ¿Qué conducta llevaban y llevan
esos marinos en sus hogares?
Después del bárbaro asesinato, la mentira. Se inventa una
subversión, se aplica la ley de fugas. Los comunicados de
los altos jefes de la Marina, aceptados y elogiados por
el propio presidente de la Nación, general Lanusse, hombre
probo y religioso, según sus biógrafos.
Pero, ¿y después? ¿Qué se hizo después cuando retornó la
democracia?: ¿se juzgó a los asesinos? ¿Se esclareció el
hecho hasta sus últimas consecuencias? No, nada de eso,
todo siguió su camino habitual. Los muertos, muertos están.
Al contrario, se protegió a los dos asesinos máximos del
hecho: el capitán de corbeta Luis Emilio Sosa y el teniente
de fragata Roberto Guillermo Bravo fueron enviados a la
embajada argentina en Washington a "hacer cursos". Hoy los
asesinos estarán paseando sus nietos por los parques de
la Recoleta con una buena pensión en el bolsillo. De los
16 jóvenes asesinados en forma tan vil, queda esa última
foto. En el aeropuerto de Trelew. Están todos expectantes.
Entre la vida y la muerte. Tienen un rasgo de nobleza que
los marinos de guerra pagarán con falsa moneda. Los revolucionarios
no toman rehenes para después negociarlos por su libertad.
No. Prefieren entregarse y no crear más problemas. Ya se
ha llegado al pacto: ellos se entregan y el capitán de corbeta
Sosa los devolverá al penal de Rawson. Pero el marino de
guerra argentino los traiciona como lo pudiera sólo hacer
un villano de la peor especie... El transporte se dirigirá
directamente a la base naval del lugar. Allí los asesinarán.
No hubo ningún oficial de la Marina de Guerra que protestara
o pidiera la baja ante tal ignominia realizada por jefes
de esa arma. Todos se callan la boca. Y tal vez aplaudan
la ignominia. Después serán proclamados "héroes de Malvinas"
por Hadad en Radio Diez. El ministro del Interior de ese
gobierno de Lanusse es nada menos que el radical Mor Roig,
íntimo de Ricardo Balbín. Mira hacer y se calla la boca.
Igual que el tuerto Gómez, ministro de Yrigoyen cuando el
Ejército Argentino fusiló a centenares de gauchos, peones
rurales, en la Patagonia. Los dos ministros radicales no
oyeron, no vieron, no comentaron. Tradición democrática.
Traición a la República.
Pero la valentía armada de esa tragedia tendrá su fin operístico
de máxima cobardía. Serán atacados con tanques los velatorios
de los fusilados. Además nuestra valiente policía al mando
del comisario general Villar les sacudirá una paliza indecible
a las madres y hermanas de los fusilados, que defienden
a sus muertos. Esa orden la dio el general Sánchez de Bustamante,
que ganó esa única batalla de su vida contra los deudos
de los asesinados y las velas de luto. Ah, general, con
ese apellido, usted ha pasado para siempre a la historia
del ejército sanmartiniano.
Las heroicas avanzadas de la Patria se llevaron hasta los
ataúdes. Siempre en perfecto orden y con gesto altruista.
No será éste hoy un análisis ni histórico ni sociológico.
Expresará toda nuestra sorpresa ante el proceder sanguinario
y traidor de la Marina de Guerra argentina. Y la profunda
torpeza y oportunismo que atestiguan el hecho de que el
último decreto de Lanusse como presidente de facto será
otorgarle un sobresueldo especial al capitán de corbeta
Sosa y al teniente Bravo para que la pasen bien en Estados
Unidos. Así terminó su mandato Lanusse, mandato que había
robado a la democracia argentina. Un final muy digno del
señor general.
Hemos querido hacer un análisis ético, en esta Argentina
de hoy sin ética. Si todavía se tiene dignidad habría que
obligar al comandante de la Marina, a hacer un juicio de
la verdad acerca del crimen de Trelew. Es la propia Marina
la que tiene que dejar en claro quiénes fueron los responsables
y los culpables directos. Alejar para siempre de ese cuerpo
uniformado a los asesinos calificándolos de indignos traidores
a la Patria. Y en la base naval almirante Zar de Trelew
levantar una escultura que recuerde la tragedia del cobarde
fusilamiento de prisioneros. Y que en esa escultura se haga
alusión precisamente a que entre los asesinados figuraba
una criatura a quien le faltaba apenas un mes para nacer
del vientre de la joven Ana Villarroel de Santucho.
Luis
Emilio Sosa, el fusilador
Sosa, el capitán de corbeta. Sosa, el que se comprometió
-en presencia de un juez y frente a testigos- a trasladar
a los evadidos nuevamente al penal de Rawson, Sosa, el que
les garantizó que no los recluiría en la Base Aeronaval
Almirante Zar. Sosa, el que se mostró ofendidísimo cuando
los presos políticos le manifestaron que su negativa a quedar
detenidos en una base de la Marina obedecía a experiencias
personales de torturas y vejámenes por parte de personal
de esa fuerza. Sosa, el mismo que se asombró porque alguien
pudiera temerle. Sosa, el mismo que traicionó su palabra
de ¿honor? y apenas los diecinueve jóvenes se entregaron,
después de deponer sus armas, los subió a un colectivo para
hacer exactamente lo opuesto a aquello que había pactado.
Sosa, el que se sintió dueño y señor de hacer su voluntad
y que los depositó, seguramente con regocijo, en la Base
Aeronaval donde consumaría su masacre.
El asesino de Trelew
Capitán de Corbeta Luis Emilio Sosa
¿Quién es este Sosa ¿Dónde está? Sosa? ¿Dónde lo escondieron?
El capitán de corbeta Luis Emilio Sosa recibió adiestramiento
en Fort Gulick, Panamá.
¿Lo adiestraron para qué? Para ser un idóneo en la "lucha
antiguerrillera".
Aprendió bien.
Cuando mata, mata.
Ahora, para mentir hace falta un poquito de inteligencia,
y de eso no pudieron inyectarle en Fort Gulick.
En la revista Marcha, del 8 de setiembre de 1972, en la
nota titulada Trelew.. la obra de los marines, Martín Virasoro
refiere, con bronca contenida pero explícita, la insólita
versión suministrada por el capitán de corbeta de que los
evadidos habían muerto en un intento de fuga en un relato
totalmente inverosímil, al que Virasoro describe como "cuento
infantil el relato del militar que asevera que "el guerrillero
Pujadas, mediante un golpe de karate lo arrojó al suelo
(a Sosa) y le quitó el arma, no obstante lo cual él, Sosa,
logró zafarse y dio la orden de reprimir suena raro definitivamente".
Y continúa: "Diecinueve a cero es una cifra concluyente
para estimar que Sosa es una especie de Batman, si no fuese
porque corresponde simplemente denominarlo con el nombre
correcto: criminal, asesino, psicópata. Pujadas y el resto
del grupo, incluida la mujer de Santucho, grávida de ocho
meses, sabían perfectamente que no tenía sentido alguno
pretender huir, como lo asevera la versión oficial. Ni estando
completamente locos podrían tener la esperanza de que, dada
la voz de alarma, pudiesen hacer nada, aun con una metralleta,
contra los dos mil hombres de la guarnición, contra los
tanques, los carriers, las tanquetas. Y menos todavía en
la inhóspita zona a la que debían ingresar, supuesto de
que hubiesen logrado salir de la Base. Por eso soportaron
todas las provocaciones, escupitajos incluidos del capitán
Sosa El cronista de Marcha saca la conclusión más coherente:
"Sosa la pensó bien, No debía haber soldados conscriptos.
Sólo oficiales y suboficiales de los más fieles, los más
gorilas. Por eso eligió la hora que eligió. Nada de testigos
que, al volver a ser civiles al terminar la conscripción,
no puedan con su conciencia y refieran la verdad. De todos
modos la imaginación gorila es corta para todo lo que no
sea represión y violencia.
De ahí que, alrededor de las 4 de esa madrugada, cuando
Lanusse fue despertado telefónicamente por el general Betti,
quien le refirió la primera versión (la de Sosa), estalló
en los más gruesos improperios del repertorio de la caballería
y los coronó con preguntas tales como: ¿Ni siquiera cinco
heridos, general?; ¿cómo, tampoco uno solo entre los nuestros
con heridas ¿Qué le vamos a decir al país ahora?-.
Aunque a las Fuerzas Armadas nunca les importó dar explicaciones
creíbles, la de Sosa era tan pueril que hasta a los más
recalcitrantes representantes de la dictadura los dejaba
sin respuestas. Cuando el contralmirante Hermes Quijada
concluyó de brindarle a la prensa otra versión oficial (parecida,
pero diferente), un periodista le preguntó si Sosa estaba
herido. La respuesta de Quijada -que como se recordará tuvo
su bautismo como aviador naval ametrallando a los civiles
en la Plaza de Mayo el 16 de junio de 1955- sonó tan absurda
como la versión: "No puedo contestar. Es secreto de sumario".
La nota de Virasoro concluye con una gráfica sentencia:
"El capitán de corbeta Sosa no es un torturador, no le gusta
eso. Prefirió el nombre de asesino".
Y a Sosa, el
fusilador, no se lo volvió a ver por los alrededores de
Trelew. Ni por ningunos otros alrededores. Se tejieron muchas
versiones: que la Marina lo guardaba" para protegerlo era
una de ellas. Otra decía que lo "guardaba" para utilizarlo
en situaciones similares, que era un "duro" entrenado para
"misiones especiales" (léase asesinar a víctimas indefensas).
Lo cierto es que no se supo nada de él.
Pero el Boletín Oficial de la República Argentina, que registra
a diario los textos de decretos, leyes y resoluciones del
Gobierno, publicó en junio del 73 el último decreto firmado
por Lanusse a sólo veinticinco días de entregar el poder:
el 30 de abril de 1973 la dictadura lanussista parió el
decreto 3.495 cuyo el texto completo dice: VISTO, lo informado
por el señor comandante en jefe de la Armada y lo propuesto
por el Ministerio de Defensa y CONSIDERANDO: que es muy
conveniente para la Armada Argentina que un oficial jefe
realice el curso de infantería para Infantería de Marina,
en los Estados Unidos de América; que por la naturaleza
de la comisión, la misma no puede ser cumplida por integrantes
de nuestra representación diplomática, debiendo estar integrada
por personal seleccionado, teniendo en cuenta la necesidad
de una continuidad de la experiencia que se obtenga y su
futura actividad dentro del servicio; que la fecha de iniciación
de la presente comisión está prevista a partir del 15 de
mayo de 1973, con una duración de trescientos sesenta y
seis (366) días, incluyendo los tiempos de traslados."que
tal providencia se halla incluida en el programa de viajes
al exterior - Armada Argentina- año 1973, a elevarse oportunamente
al Poder Ejecutivo; Por ello, el Presidente de la Nación
Argentina decreta:
Artículo 1º
- Nómbrase para prestar servicios en la Agregaduría Naval
a la Embajada de la República Argentina en los Estados Unidos
de América y Canadá en "misión transitoria" y por el término
de trescientos sesenta y seis (366) días, al señor capitán
de corbeta de Infantería de Marina don Luis Emilio Sosa,
a fin de que realice el curso de infantería para Infantería
de Marina.
Artículo 2º - El citado oficial jefe, percibirá en compensación
de todo gasto, hasta un máximo diario de cuarenta dólares
estadounidenses (u$s 40).
Artículo
Y - Los gastos que demanda la presente comisión deberán
ser imputados a la partida del ejercicio 1973 que se indica:
2. 10; 52; 0.379; 1; 1233; 228; 01; 2.10; 52; 01; 0.379-1
1; 12; 1223; 2371, 13.
Artículo 40 - En las oportunidades que lo solicite el Comando
en Jefe de la Armada, se procederá a girar los importes
correspondientes a los haberes mensuales respectivos Artículo
5º - Por el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto,
se extenderá el pasaporte correspondiente.
Artículo 6º - Comuníquese, publíquese dése a la Dirección
Nacional de Registro Oficial, al Tribunal de Cuentas de
la Nació y a la Contaduría General de la Nación. anótese
,, archívese en el Ministerio de Defensa. Comando en Jefe
de la Armada.
Dirección General del Personal Naval. Agustín LANUSSE, Carlos
G.N. CODA, Eduardo E, AGUIRRE OBARRIO, Eduardo F. MCLOUGLILIN.
La revista Marcha, que en su edición del 30 de junio del
73 lo publicó íntegro, con el título de El último decreto
de Lanusse hizo los siguientes comentarios: "Lanusse era
Comandante en Jefe del Ejército; Coda, su colega en la Armada
nacional; Agarre Obarrio, ministro de Defensa nacional;
y McLouglilin, ministro de Relaciones Exteriores y Culto.
El capitán Sosa era segundo jefe de la base aeronaval Almirante
Zar, de Trelew, Chubut, la madrugada del 22 de agosto de
1972, cuando fueron fusilados a mansalva, sin juicio previo
y sin aviso, dieciséis presos políticos, salvándose milagrosamente
otros tres aunque con graves heridas. El valiente y pundonoroso
marino, que ya había recibido instrucción "antiguerrillera"
en bases de Estados Unidos con antelación a su hazaña del
22 de agosto, fue el oficial jefe que dirijio la matanza.
Cumplido su patriótico deber, descansará de sus fatigas
occidentales y cristianas en otra base yanqui, lejos de
las miradas acusadoras de sus compatriotas y camaradas de
oficio. El reposo del guerrero".
La pregunta que cabe es sobre qué antecedentes se lo consideró
a Sosa "personal seleccionado" y, en todo caso, seleccionado
para qué. Lo que es obvio, a la luz de los años de plomo
que se vivirían en la Argentina, es para qué las Fuerzas
Armadas sentían como imprescindible la necesidad de una
continuidad (de la experiencia que se obtenga y su futura
actividad dentro del servicio. En particular de los Sosa
que repetirían una y otra vez, treinta mil veces, su accionar
de machos bravíos.
Como para ratificar que Sosa aún continuaba en su período
de reinstrucción antiguerrillera en una base yanqui, un
escrito presentado en 1974 por el doctor Jorge Carlos Ibarborde
-en respuesta a uno de los juicios entablados contra la
Armada por la masacre de Trelew - daba cuenta de que el
fusilador y sus cómplices "no podrian concurrir a declarar
en las audiencias señaladas, por cuanto ,se encuentran en
el extranjero" y, genti1mente, indicaba los domicilios de
los homicidas para que, la parte que los propuso adopte
las medidas que considere Capitán de Corbeta D. Luis Emilio
Sosa. Agregaduría Naval Argentina S 1, 6 Corcoran St. N
W. Washington D.C. - EE.UU.", el mismo domicilio consignaba
para su brazo derecho y coejecutor en la Masacre de Trelew
el Teniente de Fragata D. Roberto Guillermo Bravo".
Luego durante años, su paradero fue uno de los secretos
guardados con más por la Armada. Según la revista Hechos
y Noticias, del 19 de agosto de 1984 "durante la guerra
de las Malvinas se sostenía que el fusilador estaba anclado
en Puerto Belgrano. Un año más tarde, aparecía como agregado
militar en la Embajada argentina en Honduras. Y ¡oh sorpresa!,
con el advenimiento del gobierno democrático una foto de
la agencia oficial Télam (de] 21 de junio último - 1984-)
revela que el capitán de navío Luis Emilio Sosa está aquí,
No usa más distintivo de Infantería de Marina ni de paracaidista
militar; utiliza el del Crucero General Belgrano Sin embargo,
esté donde esté, Sosa puede sentirse orgulloso. Ni la masacre
de 23 de enero de 1989 contra los miembros del Movimiento
Todos por la Patria (MTP) ejecutada en La Tablada por nuestras
Fuerzas Armadas contra jóvenes que depusieron sus armas,
ni la del 22 de abril de este año realizada por los centuriones
de Fujimori contra los integrantes del Movimiento Revolucionario
Tupac Amaru (MRTA), en Perú, superan su hazaña.
Las lamentables excusas que "en nombre de la democracia
y las instituciones" esgrimen los los justificadores de
estas trágicas muertes sustentan el pobre argumento de que
los subversivos estaban armados. Los muertos de Sosa eran
detenidos políticos y estaban indefenso ni siquiera sospechaban
que él tenía una guerra personal contra ellos, contra su
juventud y sus utopías- los masacrados de Trelew, inermes,
no sabían de su sed sangre, no conocían su vampirismo. Si
aún ronda por este mundo, el asesino Sosa puede sentirse
seguro de que nadie batió su récord, aunque sus fusilamientos
no hayan sido transmitidos por televisión.
Con la amnistía del 25 de mayo de 1973, Camps, Berger y
Haidar salieron en libertad. Ese mismo día y cuando aún
no habían abandonado la prisión, el poeta Francisco Urondo
les hizo una larga entrevista donde relataron los fusilamientos.
Dos de ellos fueron desaparecidos durante la dictadura de
Videla, y Camps murió en un enfrentamiento. Haciendo clic
aquí, podes descargar el reportaje realizado por Paco Urondo
a los sobrevivientes
Fuente: La Fogata

Revista
Punto Final , Chile, 1973
Suplemento Documentos de
la mítica revista chilena de izquierda
Punto Final del 12 de
septiembre de 1972. Relata la fuga y los fusilamientos de
Trelew y una entrevista a Roberto Mario Santucho (PRT-ERP),
Marcos Osatinsky (FAR) y Fernando Vaca Narvaja (Montoneros)
poco antes que partieran hacia La Habana.
Fragmento entrevista
¿Cómo se enteraron ustedes
de la matanza de sus compañeros en la base aeronaval de
Trelew? ¿Cuándo les llegó la noticia y cuál fue la reacción
de ustedes?
SANTUCHO: Primero nos llegó a través de los diarios y de
la radio. Después, en la noche del 22, nos fue confirmada
por el director de investigaciones, quien nos dio los nombres
de los compañeros muertos. Está claro que la acción de la
dictadura fue perfectamente consciente, planificada, pensada
y selectiva, en el sentido de que se dirigió contra cuadros
de nuestras organizaciones, contra compañeros que expresaban
lo mejor de nuestro pueblo, la vanguardia revolucionaria
del pueblo argentino. El enemigo conocía su capacidad, sus
características. Por el temor irracional que siente ante
la lucha revolucionaria, porque ve a los revolucionarios
como su enterrador, fue llevado a esta acción, pese a que
se tomaron todos los recaudos, a que se movilizaron sectores
del pueblo en la Argentina, organizaciones de masa, sindicales,
comisiones de solidaridad.
Una semana después, la dictadura se decidió por la eliminación
física de estos compañeros. Porque tal es su temor a cada
uno de estos combatientes revolucionarios que prefieren
afrontar todas las consecuencias políticas en una acción
de este tipo y no tener que enfrentar a un grupo de compañeros
como los que asesinaron. En esto son coherentes con la situación
de nuestro país desde que se estableció la dictadura militar
de Onganía. Desde entonces se produce esta forma de violencia
desesperada del partido militar, que se debate para mantener
el capitalismo en la Argentina. Frente al embate de las
masas, ha creado la situación de un ejercicio de la violencia
permanente contra el pueblo argentino.
Ante eso, nuestro pueblo se ha movilizado también violentamente.
Ha aceptado el desafío y se expresa tanto en las movilizaciones
del conjunto del pueblo como en la existencia y desarrollo
de nuestras organizaciones. El pueblo argentino aceptó llevar
la lucha al terreno planteado por el enemigo, y lo hace
masivamente y de manera organizada.
Esta dinámica irreversible ha de continuar desarrollándose
en el doble terreno de la lucha armada y la lucha no armada
de las masas. En este proceso se forjarán y crecerán las
organizaciones guerrilleras, convirtiéndose en fuerzas poderosas.
Apoyado sobre esta fuerza militar revolucionaria, nuestro
pueblo terminará por derribar al partido militar, destruir
el injusto sistema capitalista y establecer una perspectiva
de felicidad para nuestro pueblo y de independencia para
nuestra patria en el socialismo.
¿Podría informar cuáles eran las características de los
compañeros asesinados en Trelew?
SANTUCHO: Los compañeros pertenecían a un grupo seleccionado
para salir. Eran los mejores compañeros. Al reducirse la
perspectiva de sacar a todos, salen los compañeros más necesarios.
De manera que esos diecinueve compañeros formaban el grupo
de los más capaces, más experimentados y mejores que había
en el penal.
¿Ustedes creen que la masacre es una represalia por la fuga?
SANTUCHO: Efectivamente. Es un derivado de la fuga y una
expresión de la desesperación de la dictadura ante su incapacidad
para controlar a los revolucionarios.
(continúa)
Descargar
facsímil pdf tal como fue publicado en Punto Final en
1972.
Ese día fue sellada con sangre la unidad de los revolucionarios que luchaban por la patria socialista y fue una derrota política de la dictadura, acelerando su retirada. Consideramos útil para la militancia de la resistencia reproducir parte de la declaración conjunta de las organizaciones armadas peronistas (FAR y Montoneros) y marxistas (PRT-ERP) en el aeropuerto de Trelew el 15 de agosto de 1972. Esta declaración fue hecha por Mariano Pujadas, Pedro Bonnet y María Antonia Berges en representación de los 19 combatientes que luego de la toma del penal de Rawson y del aeropuerto de Trelew, tuvieron que rendirse ante las fuerzas superiores de la infantería de Marina, Ejército y policía. Recordemos que los cuadros de conducción pudieron copar un avión y fugar a Chile, burlando todos los cercos militares. Ellos eran Mario Roberto Santucho, Domingo Mena y Enrique Gorriarán Merlo, todos del PRT-ERP, Marcos Osatinsky y Roberto Quieto, de las FAR y Montoneros.
PALABRA DE COMPAÑEROS
"El objetivo de haber tomado la cárcel,
el haber venido hasta aquí e intentar la fuga, ha sido
el deseo de reincorporarnos a la lucha activa. Hemos
fracasado, pero por suerte varios compañeros nuestros
en este momento están arribando a Puerto Montt, lo cual
significa que una serie de cuadros de las distintas
organizaciones armadas FAR, ERP, Montoneros, se van
a reincorporar activamente a la lucha. Esto, para nosotros,
ha sido un éxito entonces, aquí en la Patagonia concebimos
esta lucha, esta acción como la continuación de la lucha
que libraron los obreros rurales, industriales, que
en el año 21 fueron asesinados por el Ejército, por
la represión. Entre ellos se encontraban compañeros
uruguayos, argentinos, como Pinto y Uteredo, como Frant,
como continuadores de ellos somos los continuadores
tambièn del comandante Che Guevara porque estamos por
la revolución, por la liberación del imperialismo yanqui
y por la construcción de la patria socialista".
Cristian Luna
COMO FUERON LOS HECHOS
Al entererarse de su traslado a Rawson, Santucho conversó con Agustín Tosco la posibilidad de la fuga de Rawson. "Che gringo, ¿cuántos kilómetros hay del penal de Rawson al aeropuerto mas próximo?", dijo Santucho. "Ni se te ocurra, Negro, es imposible fugarse de allí, ni con un submarino ruso", respondió Tosco.
A principios
de junio de 1972, Santucho ya había aceitado suficientemente
los contactos con el exterior como para poner en marcha
el operativo de la fuga. Las noticias que le llegaban sobre
la coyuntura política lo convencían de que no habría elecciones
limpias: Lanusse había congelado los fondos sindicales y
suspendido la personería gremial de la CGT por el respaldo
de ésta a Perón; además, había establecido el 25 de agosto
como fecha tope para que los candidatos de la futuras elecciones
fijaran residencia en el país. La intención obvia era dejar
fuera de carrera a Perón. Santucho también descartaba la
posibilidad de un golpe de Estado que frenara el proceso
electoral. En cuanto a la necesidad de que la guerrilla
abandonara las armas decía que "al no darse posibilidad
alguna de una elección verdaderamente limpia y al no encabezar
a las masas en este terreno ninguna corriente antiimperialista
(el Partido Justicialista, el radicalismo y la burocracia
sindical no lo son el desarrollo del proceso electoral no
obliga a la tregua, y hace posible y necesario el entrelazamiento
de la lucha armada con la lucha democrática ( ... )". Sin
embargo, insistía en la idea de preparar una fórmula con
candidatos obreros en caso de participar en las elecciones.")
Ello era, en realidad, una respuesta a Montoneros, quienes
ya habían anticipado su posición favorable a una tregua
ante el inminente retorno de Perón.
Santucho seguía creyendo
que una organización que se denominaba revolucionaria no
debía someterse a "una dirección burguesa". Jamás dejaría
de presionar a Montoneros para que se radicalizara hacia
la izquierda. Ese momento llegará, pero por la combinación
de tres circunstancias: las propias concepciones de Montoneros;
la presencia del ERP, disputándole el terreno político de
la izquierda armada; y la futura relación traumática con
Perón.
El hecho de que Lanusse
estuviera realizando los últimos movimientos en el tablero
para condicionar la salida electoral y la arremetida contra
las organizaciones sindicales - también había sido intervenida
la CGT de Córdoba y apresados u obligados a la clandestinidad
sus dirigentes, proporcionaba a Santucho el principal argumento
para insistir en la fuga y no confiar, como Montoneros,
en que el nuevo gobierno, si lo había, dejaría en libertad
a los presos políticos, y mucho menos si éstos eran guerrilleros.
Las FAR coincidían con Montoneros en la necesidad de una
tregua pero pensaban que había que asegurar la libertad
de los presos, sin apostar todas las cartas a la bondad
de un gobierno peronista. Por eso cuando el ERP decidió
la fuga del penal, sólo contó con el apoyo decidido de las
FAR y cierta complicidad de Montoneros.'
La idea de Santucho
parecía, al principio, descabellada. Pretendía organizar
la evasión de cerca de ciento diez militantes políticos
de las tres fuerzas guerrilleras más importantes del país,
romper una inexpugnable fortaleza del régimen ubicada en
una zona semidesértica, y enfrentarse con éxito a un contingente
de 70 soldados, 1000 infantes de marina, 200 gendarmes y
unos cien policías, que eran la custodia del lugar.
Lo que sucedió después
fue documentado en numerosas entrevistas y libros, pero
hubo una historia íntima de la fuga y de los hechos de Trelew
que es posible narrar tres décadas después de acuerdo a
los testimonios de varios de sus protagonistas.
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TRELEW Y UNO 16 rosas rojas nacidas de madrugada regresarán cada noche de la tierra liberada (pintada callejera) retomo la vida de ustedes inconclusa retomo la poesía aquella también inconclusa retomo mi propio camino entonces (hace tres años Trelew 22 de agosto) y busco mientras voy desempacando las viejas letras casi abandonadas intentando nuevamente redondear esta pequeña ofrenda este canto inútil este trágico recuerdo este renovado lamento y así reconstruir aquel poema consciente de que ni las viejas letras ni las nuevas sirven para mucho llegado el caso como tampoco sirven para mucho las buenas intenciones y los mejores deseos que si acaso alcanzaran para reemplazar a alguien carajo aunque este intento no pretenda eso aunque sólo se trate de regresar la memoria hasta aquella vida inconclusa de ustedes y seguirla hasta aquí y hasta más allá reflexivamente hasta el propio instante en que intentamos cuestionar nuestra ajetreada conciencia diaria aunque sólo se trate de contabilizar si querés Trelew bandera y grito de guerra de cuántos Trelew más aunque sólo se trate de volcar medio complicadamente la bronca que viene amontonándose de lejos en tiempo y esperanzas y que te enciende los puños y también la mirada aunque sólo se trate de escribir buscando escupir toda esa bronca amontonada todo el odio toda esa necesidad que te invade por momentos de acabar con medio mundo y un poco más si querés de mandar todo a la mierda aunque sólo se trate de escribir pensando (no como la forma más comprometida de pensar) en una fecha en un lugar en 16 compañeros y cómo y dónde te agarró todo eso y cómo lo trasladas a otras fechas a otros lugares y a otros 16 por cuántos más compañeros y qué tiene que ver todo eso con la vida con el compromiso con la necesidad de escribir entre otras cosas que sabés más necesarias y entonces te surge la reflexión mezcla de ironía y sonrisa cansada y las palabras que ya son lugares comunes morir para que la vida viva morir buscando recorrerle su cono de sombra a la vida morir rastreando la luz entre tanta mierda junta morir para que el hombre viva morir apostándole a las tan vapuleadas esperanzas y alegrías morir a manos de los señores defensores oficiales del amor que empuñan su civilización y democracia calibre 9 morir a manos de la propia historia que vos ayudas a hacer y que escriben otros... todavía morir... vivir... morir... vivir tal vez se trate de pura necesidad dialéctica que se yo retomo la vida de ustedes inconclusa retomo la poesía aquella también inconclusa retomo mi propio camino entonces (hace tres años trelew 22 de agosto) y busco mientras la memoria sentenciada que transcurre recompone aquella mañana fría de otra Patagonia trágica unos 50 años después junto a la soledad fría de aquella cárcel regimentosa junto a la trampa fría muy mal disimulada 16 vidas fusiladas lo único caliente 16 rosas que custodian el camino de esperanzas y alegrías 16 puños que se alzan por haberse acercado a la victoria y más allá de toda esta metáfora repensada mil veces complicada contradictoria lo real lo cierto una fe cada vez mayor en el triunfo por ustedes cumpas por ustedes.- agosto / 75
Carlos Aiub (1949-1977) |
El ERP había
estado discutiendo varios planes de fuga. Uno, que Santucho
consideró como alocado, incluía un rescate en un avión alquilado
que aterrizara en el campo de la cárcel. Había sido diseñado
por el comité militar de Buenos Aires. El otro, que finalmente
se llevó a cabo, fue diseñado por Santucho, Gorriarán Merlo
y Osatinsky, pero había sido resistido por el comité militar
bonaerense del ERP, lo que Santucho considerará como una
de las causas de las dificultades posteriores a la fuga.
La evasión debía comenzar
con una señal enviada por los contingentes guerrilleros
desde afuera del penal. Recibida la señal, Santucho que
ya era sin duda el jefe indiscutido de todos los grupos
armados dijo: "Ahora, y se quitó su pullover, como contraseña.
Mientras, Marcos Osatinsky se dirigía hacia la puerta enfundado
en un gabán de bolsillos anchos y grandes, cargado con una
pistola con silenciador entrada pacientemente por las visitas
en latas de dulce de batata. La sospecha de que el abogado
radical Mario Amaya había colaborado en ello le costará
la vida en 1976. Los guerrilleros tenían pocas armas, algunas
púas, cuchillos y palos. A su vez, Roberto Quieto marchaba
hacia una cita con el director del penal.
Eran, exactamente, las 18 del martes 15 de agosto de 1972.
Cuando comenzó
la fuga, Osatinsky disparó sobre el guardiacárcel Juan Gregorio
Valenzuela, que intentó impedir el escape, matándolo. Los
guerrilleros lograron copar el penal. Los sindicalistas
presos habían decidido no participar en la fuga. Los primeros
en alcanzar la puerta fueron Santucho, Menna, Osatinsky,
Vaca Narvaja, Gorriarán Merlo y Quieto. Los guerrilleros
estaban numerados para el orden de fuga del 1 al 110. Cuando
ya estaban afuera de la cárcel, Santucho y los demás no
encontraron los camiones que debían estar esperándolos para
llevarlos al aeropuerto de Trelew; los tiros adentro de
la cárcel los habían dispersado. El primer contingente de
los seis máximos jefes guerrilleros tomó el único coche
que había permanecido, con el estudiante de Agronomía y
Veterinaria Carlos Goldenberg (FAR) al volante. Los 19 guerrilleros
restantes, que habían logrado salir, llamaron desde la guardia
del penal a taxis y remises. Llegarían al aeropuerto de
Trelew con un retardo fatal.
Santucho y el primer
grupo entraron al aeropuerto cuando el avión de Austral
-un BAC 111 con 96 personas a bordo- estaba carreteando.
Santucho cruzó la pista corriendo junto a Vaca Narvaja que,
disfrazado de mayor del Ejército, hizo señas al avión para
que parara. De la torre de control no entendían lo que estaba
sucediendo. El avión se detuvo en ese momento porque los
guerrilleros que habían subido antes en Trelew -el estudiante
de Medicina Alejandro Ferreyra Beltrán (ERP); la maestra
Ana Wiesen (FAR) y Víctor José Fernández Palmeiro (ERP)--
ocuparon la cabina y amenazaron al comandante de a bordo.
Los primeros seis guerrilleros subieron, y ordenaron esperar
unos minutos. Desde la torre de control del aeropuerto ya
se había avisado a un avión de Aerolíneas Argentinas próximo
a llegar, que no aterrizara. El piloto del BAC 111 intentó
resistirse. Dijo: "No hay combustiblepara llegar a Puerto
Montt". Encañonándolo, Santucho respondió: "Pues habrá que
llegar igual".
* A las once y cuarto de la noche, el 15 de agosto de 1972, los diecinueve combatientes que no habían podido evadirse de Trelew entregaron las armas en la rotonda del aeropuerto y fueron llevados en ómnibus a la base Almirante Zar. El capitán de corbeta Luis Emilio Sosa, jefe de las tropas de represión, les explicó que la medida era provisional y se tomaba porque la zona había sido declarada en estado de emergencia.
* Una hora antes había aterrizado en el aeropuerto de Pudahuel, Santiago, el avión de Austral capturado en Trelew. Las carreteras de acceso a la capital chilena estaban cerradas por los carabineros y los periodistas eran mantenidos a distancia, para evitar todo contacto con los guerrilleros fugitivos. Caía una lluvia intensa. A las once y media (hora de Buenos Aires), Santucho, Osatinsky y dos jefes policiales comenzaron a parlamentar en un salón central del aeropuerto de Santiago. La conversación duró seis horas y cinco minutos.
* En Trelew, el ómnibus militar llegó a la base poco antes de medianoche. El juez Alejandro Godoy, el director del diario Jornada, el subdirector del diario El Chubut y el abogado Mario Abel Amaya no pudieron franquear el portón de entrada y fueron invitados a marcharse.
* A las dos de la madrugada, el 16 de agosto, el comandante de la brigada de infantería, general Eduardo Ignacio Betti, llegó a Rawson desde Comodoro Rivadavia y tomó el mando de la zona de emergencia. A las cinco se reunió con el comandante del V cuerpo de ejército, general Manuel Angel Ceretti, quien acababa de viajar desde Bahía Blanca. Se movilizaron dos millares de efectivos para rastrillar el área. Se reforzó la vigilancia en la frontera entre las provincias de Chubut y Río Negro. Fueron alertados todos los puestos policiales para evitar que los guerrilleros -en cuyo poder estaba el penal todavía- y sus eventuales auxiliares externos ensayaran otra fuga. Ambos generales decidieron la suspensión de todas las ceremonias de homenaje a José de San Martín que se preparaban para el día siguiente en la zona de emergencia, por falta de garantías". Al amanecer, el alerta militar se extendió desde la cordillera a la costa en las provincias de Chubut, Neuquén y Río Negro, norte de Santa Cruz y sur de Buenos Aires.
* A las 5.20, hora de Buenos Aires, Santucho y Osatinsky informaron a sus compañeros -aún refugiados en el avión de Austral- sobre las negociaciones en el aeropuerto, parlamentaron otra vez con los jefes policiales y regresaron al BAC III. A las 5.45, los seis fugitivos del penal y sus cuatro ayudantes -Wiessen, Goldenberg, Ferreyra, Fernández Palmeiro- bajaron a tierra. Siete minutos más tarde, los pasajeros varones retenidos a bordo se reunieron en el vestíbulo con sus esposas e hijos, liberados cinco horas antes. El avión emprendió el regreso y llegó al aeroparque de Buenos Aires a las 7.32 de la mañana, bajo una lluvia implacable.
* Las autoridades militares detuvieron a siete de los pasajeros, acusándolos de conversar con los combatientes sin ocultar su simpatía.
* A las 8.08, los detenidos que mantenían bajo control el penal de Rawson se rindieron incondicionalmente a las tropas del general Betti. La prohibición de acercarse al penal era absoluta. A las 11, el periodista Horacio Augusto Finoli, de la agencia Associated Press, fue herido por un soldado cuando intentaba tomar fotografías.
* Hacia el mediodía, los abogados González Garland, Matarollo, Ortega Peña, Duhalde y Galín, defensores de algunos de los guerrilleros, trataron de llegar a Trelew en automóviles de remise. Tropezaron con un cerco militar que les impidió acercarse a la ciudad. A la misma hora, los abogados Amaya e Hipólito Solari Yrigoyen, quienes no se habían movido de Rawson, trataron de visitar a los presos. Las autoridades militares les informaron que "ese día no era posible, y que ya no lo sería nunca".
*.A las 18, el grupo completo de abogados entrevistó a Jorge V Quiroga, juez de la cámara federal especial, quien estaba a cargo del sumario que se inició después de la fuga.' Quiroga declaró que él no había decidido incomunicar a los reclusos del penal, "de modo que los abogados pueden visitar a sus defendidos normalmente
* Esa cámara, conocida como "carnarón" en la jerga de la época, fue uno de los tribunales especiales creados por el gobierno militar violando la Constitución.
". Pero la prohibición siguió en pie sin que nadie diera explicaciones. A las 20, Amaya fue detenido y puesto a disposición del Poder Ejecutivo. No saldría de la cárcel sino después de cien días.
* A las 22, el mismo 16 de agosto, los abogados Ortega Peña, Duhalde y González Garland procuraron arrancar al juez Quiroga una orden que permitiera la asistencia de médicos y defensores cuando los diecinueve detenidos en la base aeronaval fueran interrogados. Quiroga desestimó la petición.
* En la mañana del 17 de agosto, el partido Justicialista envió un telegrama al ministro del interior, Arturo Mor Roig: "Reclamamos respeto derechos humanos presos políticos unidad carcelaria Rawson responsabilizándolo por su integridad física amenazada por medidas de represión".
* El ministro, que siempre había negado la existencia de presos políticos en la Argentina y que descreía de las torturas a pesar de las evidencias, envió esta respuesta: "Requiero se sirvan precisar a qué medidas concretas de represión se hace referencia y cuáles son las amenazas a la integridad física y derechos humanos con relación a los responsables de los sucesos de la víspera en Rawson y Trelew. El poder ejecutivo nacional no acepta que mediante acción psicológica se pretenda presentar a los protagonistas del luctuoso suceso como víctimas. Firmado: Arturo Mor Roig, ministro del Interior".
* El gobierno militar de Alejandro Agustín Lanusse reclamó en Chile la detención preventiva de los diez combatientes que habían pedido asilo, antes de que se iniciara el proceso de extradición. El canciller chileno Clodomiro Almeyda manifestó que su país consideraría el caso de acuerdo con sus leyes nacionales y con los tratados en común con la Argentina. Las agrupaciones chilenas de izquierda se movilizaron en Santiago para que Salvador Allende concediera un salvoconducto -a falta de asilo político- para que los fugitivos salieran rumbo a Cuba.
*
El lunes 21, ciento cuarenta soldados de gendarmería llegaron
a Rawson para reforzar la vigilancia del penal. La mitad
de ellos tomó posición en los extremos de los pabellones,
con armas largas; la otra mitad patrullaba el patio exterior
y las salidas. Según un oficial del Ejército, "hay versiones
de que se trama un nuevo intento de evasión". Uno de los
guardiacárceles explicó que los refuerzos llegaron para
"prevenir posibles alteraciones del orden en el penal".
* A las seis de la tarde de ese lunes, el comandante de la zona de emergencia, general Eduardo Ignacio Betti, difundió el bando militar N' 1. Su texto: "El que incurra en actitudes que perturben la normal convivencia, el orden y la tranquilidad públicos, será reprimido con la sanción de arresto, salvo que el hecho constituya una infracción más grave, en cuyo caso será juzgado según corresponda. La sanción de arresto será aplicada por orden irrecurrible, y se cumplirá en el lugar que se determine, conforme con las disposiciones del caso para esta zona de emergencia. El presente bando regirá desde las 14 del día de la fecha, 21 de agosto".
* En la edición N° 499 del semanario Primera Plana que comenzó a distribuirse la noche de ese lunes, se publicó una declaración del teniente coronel Muñoz, jefe de operaciones de las tropas regulares que actuaban en Chubut: "Estoy desilusionado -dijo en el aeropuerto de Trelew, luego de la rendición de los fugitivos-. Veníamos a liquidarlos a todos y están vivos. Si se hubieran animado a disparar un tiro, no dejábamos ni a uno. Pero se rindieron, los muy cobardes". Otro oficial, que comandaba a un grupo de quinientos efectivos entrenados para la lucha antiguerrilla, dijo (según la versión de Primera Plana): "Esperábamos una resistencia feroz, pero son unos patoteros. No pelean, son cagones".
* El mismo
lunes 2 1, desde las 11. 10 de la mañana, la junta de comandantes
que gobernaba la Argentina se reunió en la Casa Rosada.
Asistieron Alejandro Agustín_Lanusse, presidente de la nación
y jefe del ejército; Carlos Alberto Rey, comandante en jefe
de la fuerza aérea; Guído Natal Coda, comandante en jefe
de la armada; Ezequiel Martínez, secretario de la junta;
Rafael Panullo, secretario general de la presidencia, y
-Arturo Mor Roig, ministro de Interior, poco después
del mediodía, el lenguaje de la reunión asumió una rigidez
militar. Se incorporaron entonces José Rafael Herrera, jefe
del estado mayor general del ejército,y Hermes Quijada,
jefe del estado mayor conjunto. Antes de la una de la tarde,
el canciller Eduardo McLoughlin -un brigadier- conferenció
en otro salón con el general chileno Sepúlveda y con el
embajador Ramón Huidobro sobre los diez fugitivos que habían
pedido asilo en Santiago; allí se enteró de que el gobierno
socialista, cediendo a las movilizaciones internas, les
entregaría salvoconductos para viajar a La Habana o a Argel.
El domingo 27 de agosto,
el diario La Nación contaría que, durante el diálogo, "McLoughlin
rechazó, en nombre de Lanuse, el pedido del el presidente
chileno Salvador Allende de que se lo dejara actuar en función
de la situación interna de su país. McLough1in adelantó
al embajador Huidobro que causaría un profundo desagrado
al gobierno argentino cualquier decisión chilena que se
apartara de las normas jurídicas en vigor, advirtiéndole
que también el gobierno argentino tenía razones de política
interna para insistir en la posición en la cual se había
situado".
Los informes periodísticos
sobre la reunión militar del mediodía y el parte oficial
coinciden en los nombres, en los objetivos de la conversación,
en los horarios: Quijada llegó a las 13.40 para "dar cuenta
de los recientes sucesos en Rawson y Trelew"; McLoughlin
entró una hora más tarde y refirió los pormenores de su
entrevista con Huidobro.
Según conjeturó el matutino
Crónica en su edición de agosto 22, la primera parte de
la asamblea fue destinada a analizar la ley de enmiendas
a la Constitución, que unificaría los mandatos e impondría
la elección directa de presidente y vice. El resto del
tiempo se habló de la represión.
* Poco antes de la medianoche, en la sala de periodistas de la casa de gobierno, los corresponsales analizaron las decisiones que quizás había tomado la junta de comandantes en jefe. Enumeraron las confidencias que habían recogido después de las reuniones militares de la última semana (el 16 en el despacho de Lanusse, el jueves en Olivos y el 18 en la llamada Sala de Situación), evaluaron el escarmiento que jefes de las tres armas querían imponer a los guerrilleros y los diversos castigos de los que se habría hablado. Al terminar la ronda de especulaciones, un corresponsal inglés dijo en voz alta: "Esta noche los matan a todos".
* Como contarían
más tarde los sobrevivientes de la matanza, el trato que
recibieron en la base fue "en parte razonable y en parte
irrazonable". Los despertaban a gritos, varias veces durante
la noche, y les ordenaban quedarse cuerpo a tierra, desnudos
o vestidos, en un patiecito que daba a las oficinas. Dos
grados tres décimas fue la mínima del 16 de agosto; uno
bajo cero hubo el 22, a las tres de la madrugada.
Comían de a uno por
turno, o de a dos, apuntados por una doble hilera de soldados
que tenían orden de disparar al menor movimiento inusual.
"¡Si seremos boludos! -admitió durante uno de los almuerzos
el teniente de corbeta Roberto Guillermo Bravo-. En lugar
de matarlos estamos engordándolos."
Iban al baño de a uno,
con las manos en la nuca, atravesando también la doble hilera
y con un centinela detrás que les apuntaba a la cabeza.
'la próxima vez no va a haber negociación -los desafiaba
el capitán Sosa. Los vamos a cagar a tiros, sin tantos miramientos".
Pero esas humillaciones
-dirá después Gustavo Peralta- eran poca cosa para un grupo
de guerrilleros que no había flaqueado ante la picana eléctrica,
los cadenazos, los simulacros de fusilamiento, la sed y
las asfixias en agua del inodoro.
Forzados al silencio,
oirían al viento ir y venir por la meseta yerma, reptando
entre los molles y los calafates espinosos, o el chillido
de algún ratón de campo aplastado por las camionetas que
pasaban. Sabían que toda fuga era imposible, que no podrían
siquiera pensar en ella hasta que no los sacaran de esa
guarnición con novecientos hombres en estado de alerta y
dos kilómetros de campo por cubrir hasta la carretera Madryn-Trelew.
Ni soñar, compañero.
Toda la historia de
la semana final cabe en unos pocos planos: el de las comidas,
el de los interrogatorios, el de la matanza. Se supone que
los mudaron algunas veces de calabozo, que Pujadas estuvo
junto a Ulla una tarde y la mitad de una noche, en la primera
celda de la derecha; que María Angélica Sabelli y Susana
la Gorda Lesgart compartieron durante un par de días la
última celda de la izquierda. Pero esos detalles ya no importan.
Sólo sirven para reconstruir la parte más opaca de la historia,
los movimientos sin sentido que tan a menudo son en la vida
de los seres humanos el preludio de la muerte.
El 22 de
agosto a las 3.30 de la madrugada los 19 prisioneros de
la base Almirante Zar fueron acribillados, por una patrulla
a cargo del capitán de corbeta Luis Emilio Sosa, y del teniente
Roberto Bravo. Entre los muertos estaban la mujer de
Santucho y Clarisa Lea Place. El gobierno explicó que se
había tratado de un intento de fuga. Los tres sobrevivientes
de la masacre lo desmintieron. El presidente Lanusse asumió,
como comandante en jefe, la responsabilidad de lo actuado
por la Marina. La versión oficial la difundió el jefe del
Estado Mayor Conjunto, contralmirante Hermes.
La noche del 22, el
gobierno sancionó la ley 19797 que prohibía la difusión
de informaciones sobre o de organizaciones guerrilleras.
En los días sucesivos, hubo manifestaciones en las principales
ciudades de la Argentina. Y más de 60 bombas fueron colocadas
en protesta por la matanza.
Peronistas, radicales,
intransigentes, socialistas, comunistas, trotskistas y democristianos,
condenaron al gobierno. Perón calificó a las muertes de
"asesinatos". La opinión pública descreyó de la versión
oficial. El 25 de agosto la CGT declaró un paro activo de
14 horas. Se prohibieron los velatorios públicos de los
guerrilleros ejecutados. El comisario de la Policía Federal
Alberto Villar desocupó con tanquetas la sede del Partido
Justicialista en la Capital Federal, donde se velaba a algunos
de los "combatientes", como los llamaban sus compañeros
de lucha, que fueron enterrados luego clandestinamente.
Ana Villareal fue sepultada en el cementerio de Boulogne.
Lanusse envió emisarios
a Chile para solicitar la extradición de los guerrilleros
prófugos. Intentaba juzgarlos como delincuentes comunes.
Allende tenía dos opciones: poner a los evadidos a disposición
de lajusticia chilena por el delito de piratería aérea,
en cuyo caso la Corte Suprema debía ocuparse del pedido
de extradición del gobierno argentino, o concederles el
asilo y un salvoconducto para viajar a Cuba como solicitaban
los guerrilleros. Allende, en principio, no descartaba la
primera alternativa porque estaba convencido de que la Corte
de ninguna manera podía considerarlos delincuentes comunes.
De todos modos, encomendó al asesor jurídico de la presidencia,
Juan Bustos, que les comunicara que él nunca los devolvería
a las autoridades argentinas. En las principales ciudades
de Chile se realizaron manifestaciones populares convocadas
por el Partido Socialista y el MIR para exigir al gobierno
de Allende que se les otorgara a los prisioneros el salvoconducto
a Cuba.04)
El abogado Duhalde y su colega Gustavo Roca fueron testigos privilegiados de lo sucedido en Chile y de la decisión final de Allende de permitir la salida de los guerrilleros hacia Cuba. En l990, Duhalde revelará detalles inéditos del episodio:
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MILONGA DEL FUSILADO
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"El mismo día
15 de agosto, al enterarnos de la fuga, dieciséis abogados
viajamos a Rawson. Fuimos, entre otros, Raúl Radizani Goñi,
Rodolfo Mattarollo, Carlos González Garland, Rodolfo Ortega
Peña y Pedro Galín. No pudimos tomar el avión porque los
pasajes estaban reservados para el gobierno. Alquilamos
dos remises para que nos llevaran. Nos pararon en todos
los puestos policiales desde Bahía Blanca. Cuando llegamos
la muerte se respiraba en el ambiente, estaba muy pesado.
En seguida nos hospedamos en el mismo hotel que el juez
Jorge Quiroga, quien intervenía en los hechos e integraba
la Cámara Federal conocida como el Camarón, algunos de cuyos
jueces tenían denuncias entre otros, de presenciar las torturas
a los detenidos y tomarles declaración en esas condiciones.
Pero él se negó a vernos. Esa misma madrugada presentamos
un habeas corpus tirándoselo por debajo de la puerta de
su habitación. El 16 de agosto Rawson era como un territorio
ocupado. Tampoco pudimos entrar a la base naval Almirante
Zar. Se nos unieron Mario Amaya e Hipólito Solar¡ Yrigoyen,
radicales y abogados del lugar. No pudimos trabajar. Tuve
el presentimiento de que la muerte rondaba sobre los prisioneros.
Mario Amaya es detenido; intentamos realizar u na conferencia
de prensa en su estudio de Trelew pero media hora antes
de la hora convenida lo volaron de un bombazo.
"Regresamos a Buenos
Aires Con la certeza de que debíamos denunciar lo que después,
trágicamente, sucedería. La situación de los presos en Chile,
además, era muy difícil, así que nos dividimos las tareas.
Ortega Peña permaneció en Buenos Aires para ocuparse de
las defensas; Jorge Yampar, que años después será asesor
del ministro del Interior Julio Mera Figueroa durante la
presidencia de Carlos Menem, le envía un telegrama al ministro
del Interior de Lanusse, Arturo Mor Roig, diciéndole que
ante el peligro que corrían las vidas de los prisioneros
en la base de la Marina, lo responsabilizaba de lo que pudiera
pasarles. Un telegrama histórico, porque no es que la muerte
fue casual sino que se advirtió que se mataría a los prisioneros.
Vuela de otro bombazo, en Buenos Aires, la gremial de abogados
donde Ortega Peña debía dar una conferencia de prensa.
"En la mañana del 22
de agosto partimos hacia Chile Mario Amaya, Gustavo Roca
y yo. El que nunca supo por qué venía y después se arrepintió
toda su vidafue Andrés López Acoto, del Partido Socialista.
Los abogados del Partido Comunista argentino se negaron
a ir. En Ezeiza nos enteramos, pero muy confusamente, de
lo que estaba pasando en Trelew. Recién en Chile, mientras
íbamos en un taxi al Palacio de La Moneda, supimos de la
masacre de los prisioneros, y los nombres de los muertos.
Nosotros llegábamos para ir a ver a unos prisioneros y,
en cambio, más que en defensores nos convertimos en portadores
de la noticia del asesinato de la mujer de Santucho y de
la compañera de Vaca Narvaja. Al resto de losfugados debíamos
comunicarles el asesinato de sus mejores amigos.
"Antes de verlos, marchamos a dejar
nuestros equipajes en un hotel, hondamente preocupados por
la situación y por tener que darles noticias tan tremendas.
Cuando bajamos al hall del hotel nos estaba esperando un
personaje singular, que en esos años
estaba por la Argentina: Raymond Molinier, conocido en la
IV Internacional como 'Marcos', hijo de un banquero francés
que un buen día se había llevado los dineros de su padre
y se había incorporado al trotskismo. Molinier llegó a ser
secretario de Trotsky y estaba casado con la alemana Elizabeth
Kesselman, con quien vivía en Monte Grande. Ella fue asesinada
por las FFAA en 1976. El viejo, que toda su vida fue un
gran conspirador, acercándose con disimulo nos dice: 'ustedes
están sentados sobre un polvorín, es algo muy peligroso
lo que hacen. Por eso me alojé en una habitación al lado
de la de ustedes.
Cualquier cosa me llaman.
Pero necesito urgentemente una entrevista con Robi. Partimos
para la cárcel, Gustavo Roca y yo. Encontramos a los Presos
hechos casi una jauría. Aparte de que les resultaba difícil
entender que los tuvieran presos dado el régimen socialista,
estaban exasperados porque les habían sacado la radio y
porque alguien les había dicho algo de lo que había sucedido.
"Estaban en un gran
salón del primer piso, con rejas en las ventanas y una larga
mesa. Algunos estaban parados. Me acuerdo de que Robi estaba
sentado a la cabecera de esa mesa. Yo les digo que había
habido una masacre de presos y termino diciendo los nombres
de los muertos. Ahí cada uno reaccionó de manera diferente.
Los más impulsivos, como Fernández Palmeiro o Gorriarán,
gritaban, maldecían. Robi puso sus brazos cruzados sobre
la mesa, apoyó la cara y quedó así por más de dos horas.
No pronunció una sola palabra. Quedó como petrificado mientras
a su alrededor los gritos llenaban el cuarto. Fue una escena
desgarradora y aún hoy no sé qué fue más conmovedor: si
el llanto y los gritos, o el silencio petrificado de Santucho.
"A partir de ese momento
iniciamos una delicada gestión en dos direcciones: por un
lado los cubanos, y por otro el gobierno de Allende. Luego
de dos días, en la mañana del 25 de agosto, la secretaria
de Allende nos llamó a Roca y a mí para invitarnos a almorzar.
Cuando llegamos a La Moneda nos sorprendimos porque el almuerzo
era con todo el gabinete. Era una mesa larga y solemne,
como todas en esas ocasiones. Allende presidía la reunión.
Nos dice que quiere que asistamos porque cada uno de sus
ministros expondrá sobre la tesis de extradición o de encarcelamiento
en Chile. La ronda la comenzó Clodomiro Almeyda explicando
las dificultades serias que planteaba la situación para
las relaciones bilaterales con Argentina, y aun con el resto
de los gobiernos vecinos como Bolivia y Brasil. A suposición
se sumaron todos los ministros, unos veinte, con una tibia
diferenciación de Tomic y una decidida defensa en favor
de la libertad de los guerrilleros, la única, del secretario
del Tesoro, Antonio Novoa Montreal.
"La comida ya había
terminado y pensamos que las cartas estaban echadas. Tomó
la palabra Allende, y dijo: "Chile no es un portaviones
para que se lo use como base de operaciones. Chile es un
país capitalista con un gobierno socialista y nuestra situación
es realmente dificil Repitió, haciéndolos propios, todos
los argumentos de sus ministros. Nosotros nos hundíamos
cada vez más en las sillas. De pronto, Allende dijo: 'La
disyuntiva es entre devolverlos o dejarlos presos...'. Hubo
un segundo de silencio que Allende rompió con un puñetazo
sobre la mesa: 'Pero éste es un gobierno socialista, mierda,
así que esta noche se van para La Habana'. No podíamos creer
lo que escuchábamos; corrimos a realizar las gestiones con
Cuba para que volaran esa misma noche. Una vez tomada la
decisión, Allende nos solicitó tres cosas: que consiguiéramos
una declaración de Perón condenando la masacre de Trelew
y a favor de la liberación; también una declaración de condena
a la masacre de los partidos políticos argentinos y de la
CGT. La tercera, que nos costó bastante conseguir, era que
Vaca Narvaja se quitara el uniforme del Ejército argentino
que aún tenía puesto. Cumplimos con todo. Ellos viajaron
esa noche a Cuba, dejaron las armas y el uniforme que llevaba
Vaca Narvaja para que fueran devueltos al gobierno argentino.
Lo único que se llevaron fue una enorme llave, del penal
de Rawson, que luego le regalaron a Fidel Castro. Esa fue
la historia íntima de Trelew. Santucho nunca creyó que el
gobierno peronista podía liberar a los presos. Decía: Nosotros
somos enemigos estratégicos, nosotros cuestionamos el sistema,
el poder. No nos van a largar'. Era como una obstinada cuestión
de principios que no le dejaba ver los matices. Sentía que
si los dejaban en libertad les rebajaban la categoría de
enemigos fatales."
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Horas se podría estar contando esta historia |
Antes de partir
para La Habana, Santucho recibió la visita de Beatriz Allende,
hija mayor del presidente chileno, quien se había iniciado
en las lides políticas en la Juventud Socialista y se sentía
orgullosa de haber sido una de las primeras integrantes
de las redes de apoyo al Che en Chile, entre 1966 y 1967.
-Mi padre te envía su
pistola, pa' que te defendai. Lamenta mucho lo de tu compañera.
Dice que no comparte el camino que elegiste para Chile,
pero que jamás te olvides de ser fiel a tus ideas. Y que
te abraza. Beatriz
-Gracias. Dile a tu
padre que lo respeto por su honestidad, su valentía. Y que
deseo que el pueblo chileno pueda derrotar a los momios
y al imperialismo. Defenderemos a Chile donde quiera que
estemos -contestó Santucho.
La misma noche del 25,
dos horas antes de embarcarse en el avión de línea de Cubana
que lo llevaría en vuelo directo a La Habana, Santucho habló
con sus tres hijas, sus padres y su hermano Julio, que esperaban
la llamada en un departamento de la calle Cangallo al 4000
en Buenos Aires. Quería explicarles personalmente a cada
una de sus hijas la muerte de su madre. Estaba desesperado
por la pérdida, pero con la tozudez del dolor volcada sobre
la obsesión de continuar la lucha. La matanza, interpretaba,
era la mayor muestra de agonía de la dictadura. Había que
apretar el acelerador para terminar de voltearla.
Los diez guerrilleros
aterrizaron en el aeropuerto José Martí en la madrugada
del 26 de agosto. Los esperaban honores protocolares del
Partido Comunista de Cuba y manifestaciones populares en
su homenaje.
En una improvisada conferencia
de prensa, Santucho, Osatinsky y Vaca Narvaja dieron, por
primera vez desde la fuga, su opinión sobre la masacre de
Trelew. La consideraban una "salvaje y desesperada respuesta
de la dictadura" a los reclamos populares. Reafirmaban,
con la consigna "la sangre derramada no será negociada"
que seguirían en la lucha "hasta la victoria final" y que
"la unidad de los revolucionarios, sellada con sangre en
Trelew" sería el legado a conservar por las organizaciones
armadas. Santucho agregó: "El ERP, las FAR y Montoneros
han demostrado que los muros de ninguna prisión, ni ningún
asesinato salvaje del régimen,pueden detener el deseo de
los revolucionarios de reunirse nuevamente con su pueblo,
de volver a la lucha contra la dictadura y el imperialismo
por una patria libre y socialista-.
El grupo permaneció
en Cuba hasta la primera semana de noviembre de 1972, partió
de allí escalonadamente hacia distintos destinos en Europa
y retornó después a la Argentina. En el curso de los dos
meses, según las crónicas públicas de la prensa cubana,
los guerrilleros visitaron la isla y participaron en las
brigadas de trabajos voluntarios habituales en la Cuba revolucionaria.
Durante el verano de 1991 en La Habana, el periodista de
Radio Reloj, Amable Amador, SO, barbero antes de la revolución
socialista, periodista de la revista Juventud Rebelde y
dirigente sindical, recordaría así al contingente guerrillero:
"Yo estaba al firente
de la microbrigada de trabajo voluntario de la revista Juventud
Rebelde, en Alamar, un barrio de La Habana donde estábamos
construyendo un edificio para los trabajadores de la revista.
De repente llegó una guagüita con un contingente de argentinos.
Me habían avisado de que era un grupo muy especial. Si mal
no recuerdo, se habían fugado recientemente de una cárcel
y no podíamos hacerles preguntas impertinentes ni permitir
a los periodistas que les tomaran fotos, porque ellos pensaban
continuar la lucha en su país. Esos días, principios de
setiembre de 1972, había estado Silvio Rodríguez trabajando
con nosotros y cantándonos, y recuerdo que Santucho y Osatinsky
se habían aprendido de memoria esa canción de Silvio que
se llama 'Si tengo un hermano".
|
|
"Santucho tenía
un humor estupendo, y no me equivoco cuando digo que se
distinguía de los otros argentinos. A pesar de que yo quería
darle trabajos suaves, él insistía en cargar bloques de
cemento, o ser el primero en descargar camiones con materiales
de construcción. Ibamos al comedor y no quería ser el primero:
le cedía el puesto a otro. En el grupo era como un imán.
La atracción se centraba en él, era sin duda el principal
dirigente, aunque también Marcos Osatinsky se le parecía.
Trabajábamos de siete de la mañana a siete de la tarde.
En las siestas, que desde que ellos estaban no dormíamos,
Santucho parloteaba con nosotros. Era un devoto del Che,
y sentía cierto orgullo infantil de que hubiera sido argentino.
Era un americanista convencido, y soñaba mucho con una latinoamérica
como Cuba, y nos ilustraba mucho sobre la situación de la
Argentina, que nosotros conocíamos poco entonces. Tenía,
también, una curiosidad desmesurada por todo. Quería aprovechar
su estadía con nosotros, que no duró más de veinte días,
para aprender lo que pudiera del oficio de albañil y de
electricista. Su complexión era robusta y estaba sano, a
diferencia de Fernando Vaca Narvaja que tenía una pierna
fracturada -si mal no recuerdo- y lo teníamos enderezando
clavos. Han pasado dieciocho años y se han borrado muchos
detalles, pero sí recuerdo que era tan discreto que se hablaba
de su mujer, asesinada en Trelew, y se sumía en un silencio
doloroso. Su muerte nos conmovió. Era el hombre noble del
grupo. Y aunque en su vida de revolucionario haya hecho
cosas dolorosas -cuántos de nosotros hemos tenido que tomar
el fusil en nuestra vida nos parecía injusto que un ser
tan generoso tuviera que morir."
Por el secreto que rodeó
la permanencia del grupo en la isla --quedan apenas algunas
fotos y reportajes que fueron reproducidos por la revista
Bohemia- sólo se sabe que Santucho se entrevistó esa vez
-la única con Fidel Castro. Que escuchó una vastísima exposición
sobre la historia de la revolución cubana, y que habló en
escasas oportunidades, como era su costumbre, para explicar
su estrategia y tácticas políticas. Ya entonces Castro no
simpatizaba con el cerrado antiperonismo del PRT, aunque
respetaba las convicciones de Santucho y, sobre todo, su
indomable visión guevarista. Esta tesitura de Fidel---que
signará la historia de las relaciones con Santucho- pudo
tener varias explicaciones: una, que los cubanos imaginaban
semejanzas entre el Movimiento 26 de Julio y el movimiento
peronista; otra, que Cuba y Argentina no mantenían relaciones
diplomáticas desde el derrocamiento de Frondizi, cuando
el gobierno argentino se había sumado al bloqueo dispuesto
por la OEA a petición de EEUU, y Castro tenía la promesa
de Perón de que, en caso de volver al poder, se normalizarían
las relaciones bilaterales.
Para la elaboración
de este resumen se utilizó material de los libros "Todo
o Nada" de la periodista María Seone y de la recopilación
hecha por Daniel De Santis "A vencer o morir" Tomo 1 y 2.
Fuente: La Fogata

Entrevista a
Agustín Tosco, Diario El Mundo,
viernes 24 de agosto de 1973
-¿Puede usted relatarnos sintéticamente qué pasó el 22 de
agosto de 1972 en el Penal de Rawson?
-Desde el 15 de agosto, día de la evasión, vivíamos en un
clima de gran ansiedad. Habíamos sido reagrupados en pabellones
distintos a los que ocupábamos en aquella fecha, y aislados
rigurosamente en cada una de las celdas individuales. La
puerta de la celda era maciza, con algunos agujeros de un
centímetro de diámetro, que hacían de mirilla para los celadores
que nos observaban y controlaban constantemente. Una especie
de pequeña ventana, con barrotes cruzados, semejante a una
claraboya sin vidrios, colocada sobre la puerta, nos permitía
mirar directamente a algunos compañeros, a los ubicados
en las cinco o seis celdas de enfrente; para ello debíamos
subirnos a la cabecera de la cama y estar en posición muy
incómoda. Pero lo hacíamos con entusiasmo, pues eso nos
permitía contactarnos de alguna manera, plantearnos los
interrogantes que la situación de incomunicación nos obligaba,
e ir trasmitiendo las opiniones con el lenguaje mudo de
la mano, en lo que ya éramos expertos. Dados los cuarenta
y cinco metros de longitud del pabellón y las dos series
de veintiún celdas a cada costado del mismo, la retrasmisión
se iba haciendo en forma de zigzag hasta completar la totalidad.
Nuestra preocupación mayor era la suerte corrida por los
compañeros que se habían fugado. Muchos de los prisioneros
pertenecían a organizaciones armadas y otros no; es decir,
los que nos encontrábamos en el pabellón. Más a todos nos
embargaba una serie inquietud pues la noche del 15 de agosto,
habíamos escuchado por radio que todavía en ese entonces
se nos permitía tener, que habían sido apresados en el Aeropuerto
de Trelew; que se les había dado garantías de reintegrarlos
al Penal; que estaban en marcha hacia el mismo, en una columna
que encabezaban Pujadas, el juez Godoy, el Dr. Amaya y miembros
de las fuerzas de represión. La noche del 15 de agosto,
en la que permaneció tomado interiormente el Penal, escuchamos
las emisoras de Chile, donde se daba cuenta del secuestro
del avión, y que en él viajaban Santucho, Osatinsky, Vaca
Narvaja, Gorriarán, Quieto y Mena. Pero el 16 de agosto
a la mañana, que se nos incomunicó, no sabíamos casi nada
de los diecinueve restantes.
Teníamos la posibilidad de informarnos muy precariamente
por dos vías: en la guardia los celadores solían escuchar
los informativos y todos hacíamos un profundo silencio para
tratar de pescar algo; el contacto con algunos celadores
más "flexibles". Cuando nos abrían la puerta para ir al
baño o cuando nos traían la comida, también podía damos
una "pista".
Antes del mediodía del 22 de agosto, algunos compañeros
comenzaron a transmitir con el lenguaje mudo que parecía
que tres prisioneros que estaban en la Base Naval de Trelew
habían sido asesinados. Una gran angustia experimentó todo
el pabellón. Por la mañana habían requisado en forma muy
dura -ellos ya sabían lo acontecido en la madrugada- y propinaron
golpes de puño a varios, además de hacernos correr desnudos
desde el baño a cada una de las celdas. Habíamos gritado
y protestado con toda nuestra fuerza.
A medida que lográbamos noticias, precarias todas, iba aumentando
el número de muertos. Decían que Pujadas había intentado
apoderarse de la ametralladora de un guardia, que se había
generalizado un tiroteo y que habían , caído todos. A las
17 horas estaba prácticamente confirmado que habían sido
muerto los diecinueve compañeros en la Base Aeronaval.
Fueron horas de intenso dramatismo. Todos estábamos encaramados
y tomados de los barrotes cruzados de la ventana de la celda
hacia el interior del Pabellón. Había rostros enmudecidos.
Otros lloraban con profundo dolor y rabia. Algunos gritaban
y daban vivas a cada uno de los caídos y a las organizaciones
guerrilleras, a la clase obrera, a la revolución y a la
Patria.
A la noche se preparó un homenaje simultáneo en los seis
pabellones ocupados por los presos políticos y sociales.
Espontáneamente cada uno relataba aspectos de la vida, las
convicciones, la personalidad de los caídos, hasta completarlos
a todos. Posteriormente hablaron varios enjuiciando y condenando
el alevoso crimen y fijando la responsabilidad en la Dictadura
y el sistema. Luego a voz de cuello se gritó el nombre de
cada uno y cada vez se respondía en forma vibrante y unánime:
¡Presente! ¡Hasta la victoria siempre!
Se entonaron colectivamente las distintas marchas partidarias.
Todo quedó en silencio. Los guardias ordenaron acostarse.
Esa noche nadie durmió. El recuerdo de los mártires caídos,
la imágen de cada uno, el heroico ejemplo de cada uno, llenaba
la imaginación, hacía estremecer los sentimientos y daba
una pauta más del duro y glorioso camino revolucionario
que recorren la Clase Obrera y el Pueblo hasta su total
y definitiva liberación.
Discurso del Cro. Agustín Tosco a poco de ser liberado,
denunciando la masacre de Trelew
LIBERADO POR LA LUCHA DEL PUEBLO
Queridos compañeros y compañeras:
Quiero expresar en primer término el profundo reconocimiento
a esta solidaridad combatiente de la gloriosa Córdoba, del
glorioso Cordobazo. Después de prácticamente un año y medio
de prisión en las cárceles de la Dictadura vengo aquí como
trabajador, como revolucionario, como argentino a ratificar
ante todos ustedes el compromiso de continuar, hasta las
últimas consecuencias la lucha por la Liberación Nacional
y social de Argentina. Quiero agradecer profundamente esta
solidaridad. La solidaridad de Córdoba, la solidaridad de
Rawson y Trelew, la solidaridad de toda la clase obrera
que me ha arrancado a mí de las garras de la dictadura,
como antes ha arrancado a otros compañeros y como arrancará
hasta el último prisionero. Quiero aquí como ha sido norma
de, conducta militante rendir un gran homenaje a todos los
Compañeros caídos en esta heroica lucha por la Liberación
Nacional y Social.
Yo vengo de una cárcel que ha sido rebautizada por los prisioneros
políticos y sociales a la cual denominamos Campo de Concentración
22 de Agosto. Y tengo la obligación de trabajador de repudiar
un hecho que costó la vida de compañeras y compañeros que
compartían la prisión, que nos conocíamos, que hablábamos
de los comunes ideales. La Dictadura que impera en nuestra
Patria aprobó legalmente la pena de muerte. Pero no espera
a cubrir ese disfraz legal; ha masacrado a lo largo y a
lo ancho de todo el país a los hijos del Pueblo que luchan
sin distinciones y sin discriminaciones.
Yo quiero nombrar aquí, corno una gran recordación a los
compañeros:
Clarisa Lea Place
Susana Lesgart
María
Angélica Sabelli
Ana María Villarreal de Santucho
Carlos Astudillo
Pedro Bonnet
Eduardo Capello
Alberto del Rey
Mario Emilio Delfino
Alfredo Khon
José Ricardo Mena
Miguel Angel Polti
Mariano Pujadas
Humberto Suárez
Humberto Toschi
Alejandro Ulla
PRESENTES: HASTA LA VICTORIA SIEMPRE
Dictadura ha descargado toda su furia y los compañeros que
aún se encuentran detenidos en el Campo de Concentración
de Rawson están sometidos a un régimen de opresión y represión
incalificable. Nosotros queremos denunciar aquí, una vez
más, como lo hicimos en Trelew y Rawson, como lo hicimos
ayer en Buenos Aires, que el régimen que impera en la cárcel,
es un régimen que atenta contra los más elementales derechos
humanos. El castigo de reclusión bajo celda cerrada, la
prohibición de todo medio de información como diarios, revistas
o radio y la construcción de un locutorio enrejado de típica
contextura medieval impide el ejercicio mínimo de la defensa
pues son dos rejas que separan un espacio de más de un metro
y detrás de una reja está el abogado o está el familiar
y detrás de la otra reja está el prisionero que ha sido
trasladado desde esta celda cerrada, con cadenas, hasta
ese locutorio. Denunciamos también la falta de atención
mes¡- ea. Durante 30 días la requisa del penal, el personal
penitenciario golpeó y trató de humillar a los prisioneros;
nos llevaban al baño, nos hacían desvestir, nos hacían correr
desnudos por el pabellón y luego nos "encanutaban" de nuevo,
usando un término propio del penal. Pero la actitud de todos
los compañeros del penal no es de temor y menos de sometimiento.
Se enfrentó a gritos toda esta serie de atropellos, se denunciaron
en la precaria medida de las posibilidades. Y hoy yo vengo
desde la cárcel, a denunciar públicamente toda esta serie
de atropellos para conseguir de inmediato que se normalice
la situación del penal, pues esa situación es verdaderamente
insoportable.
Sabemos que la Clase Obrera, que los sectores populares
democráticos, revolucionarios, antimperialistas, antioligárquicos
de nuestro pueblo, han de lograr que se vuelva aun régimen
mínimo de consideración humana dentro del penal. - Transcurridos
los 30 días del castigo pudimos obtener algunas entrevistas
con el Interventor del Penal, el Cte. Mayor de Gendarmería
Juan Ramón López Carballo.
Y le planteamos la necesidad de resolver en forma urgente
esos problemas. El dijo que sólo podía resolver los problemas
accesorios y que la resolución de reclusión bajo celda cerrada,
la incomunicación de toda noticia, el problema del locutorio,
dijo que esas eran disposiciones de la Junta de Comandantes
en Jefe, del Servicio Penitenciario Federal, y en ese aspecto
él no tenía posibilidades de hacerlo. Algunas cuestiones
accesorias se han logrado ante el reiterado planteo,, ante
la reiterada protesta de los Compañeros detenidos, pero
lo fundamental no está logrado y desde el Penal sabemos
que la lucha fundamental está en el seno del Pueblo y aquí
debemos una vez más comprometernos para que de inmediato
se resuelva este problema y para que también con una acción
más poderosa de todos los sectores unidos de nuestro Pueblo
arranquemos a todos esos prisioneros de la Dictadura. Allí
hay muchos compañeros aún en prisión.
Yo traigo un saludo de los que estaban en mi pabellón particularmente
de Martín Federico, de Curuchet y de otros compañeros. Les
puedo decir que todos tienen una moral muy alta, que tienen
un espíritu de lucha que no va a ser afectado por esta situación
penosa por la cual se atraviesa, y también quiero destacar
aquí en nuestro enjuiciamiento a la política ultrarreaccionaria
de la dictadura, que ellos nos llevaron allí para aislarnos
de todo contacto popular, para tratar de impedir que recibiéramos
esa inmensa solidaridad, pero la población de Trelew y de
Rawson se ha convertido en una porción de nuestra Patria,
en una porción patagónica que vibra de solidaridad; y el
régimen ha castigado también la solidaridad; el compañero
Dr. Mario Abel Amaya , abogado de varios compañeros, apoderado
de otros, hombre afectado en su salud, que permanentemente
acercaba su solidaridad, su aporte para la solución de los
problemas de los compañeros ha sido detenido, puesto a disposición
del Poder Ejecutivo y remitido al penal de Devoto por ejercer
esa solidaridad combatiente. Amaya es el abogado de la solidaridad,
es la solidaridad reprimida por la dictadura y Amaya merece
también, como todos los demás, que lo arranquemos de la
cárcel.
Fuente: www.elhistoriador.com.ar

Entrevista
a Agustín Tosco
"Agustín Tosco: El Cautiverio de un guerrrero"
Revista Primera Plana , 20 de Junio de 1972 (cárcel de Rawson)
Desde el locutorio del penal de Rawson, el lunes 12, Agustín
Tosco, dirigente sindical cordobés (detenido el 28 de abril
del año pasado a disposición del Poder Ejecutivo), contestó
este reportaje cuyo formulario le fue entregado por su abogado
defensor, Hipólito Solari Yrigoyen, a pedido de PRIMERA
PLANA.
|
El Grupo Moncada popularizó el alegre "Chamamé a Cuba", cuya letra -según cuenta la periodista Ana María Radaelli- es obra colectiva de los presos políticos de Trelew. Aquí interpretado por Soledad Bravo. |
PRIMERA PLANA: ¿Cómo define
usted la tendencia que representa dentro del panorama gremial
cordobés?
AGUSTÍN TOSCO: Los Gremios Independientes de Córdoba constituyen
un importante grupo de Sindicatos, no embanderados partidariamente,
pero con una clara política de unidad combativa dentro del
movimiento obrero.
Sostienen que el sindicalismo no es sólo un medio de reivindicación
económico-social de la clase obrera, sino que debe constituir
una palanca política principal, en coincidencia con los
demás sectores populares, para la liberación nacional y
social argentina. Dentro de ese concepto han votado y sostienen
la consigna fundamental aprobada por la Regional Córdoba
de la CGT de llevar adelante "la lucha antiimperialista
hacia el socialismo". Adhieren a la Comisión Nacional Intersindical
y definen una básica identificación con la CGT de los Argentinos
y los Gremios Peronistas Combativos, de acuerdo a lo fijado
por los Programas de La Falda y Huerta Grande, el Manifiesto
del 1° de Mayo y el Documento de Octubre.
P.P.: ¿Merece una autocrítica el proceso Sitrac-Sitram?
¿Cuál sería?
A.T.: Si correspondiera una autocrítica ella debería ser
formulada por los respectivos gremios.
Considero como centro del problema la incalificable agresión
de que fueron objeto los trabajadores del Sitrac-Sitram,
tanto en el campo laboral como en el institucional, al ser
disueltos los Sindicatos y despedidos cientos de militantes,
delegados y dirigentes. Además del encarcelamiento que padecen
diez de ellos y sus asesores letrados.
Corresponde reclamar enérgicamente el respeto al derecho
de sindicalización según lo decidan las propias bases; la
reincorporación de los cesantes y la libertad de los detenidos.
P.P.: ¿Qué experiencia ha extraído de su cautiverio junto
a Raimundo Ongaro?
A.T.: Desde el 14 de mayo de 1971 hasta el 7 de enero de
1972, estuve encarcelado con el compañero Raimundo Ongaro,
juntos, pero totalmente aislados de todo contacto con los
demás detenidos, en el último entrepiso de una planta del
Penal de Villa Devoto.
Nos unió una gran solidaridad humana, y preciso es destacar
la constante entereza y espíritu de lucha de Ongaro.
En el aspecto político sindical, lo esencial se dio en la
coincidencia de promover, alentar y trabajar por la unidad
combativa de la clase obrera y los sectores populares, enfrentando
a todo tipo de participacionismo y colaboracionismo con
el régimen.
P.P.: ¿Cuál debe ser, a su juicio, la misión del sindicalismo?
A.T.: En todo el país, que como el nuestro, lucha por su
liberación nacional y social, el sindicalismo debe cumplir
fundamentalmente la doble función que marca el proceso de
la clase obrera y el pueblo.
Por lo tanto le corresponde encarar la reivindicación consecuente
de los derechos económicos, sociales, políticos y culturales
de los trabajadores y simultáneamente sumar los máximos
esfuerzos desde su terreno específico para que políticamente
el poder sea ejercido por el Pueblo.
P.P.: ¿Qué opinión le merece el sindicalismo peronista combativo?
A.T.: Al definir que existen importantes coincidencias básicas
entre nuestra orientación y la de los Gremios Peronistas
Combativos, destacamos una valoración positiva de la actividad
y los objetivos que se este nucleamiento obrero en su permanente
accionar por los derechos sindicales y populares.
P.P.: ¿Cómo ve Agustín Tosco, desde la cárcel, la convocatoria
de Alejandro Lanusse a un Gran acuerdo Nacional?
A.T.: Desde el mismo momento que se dio a publicidad el
denominado Gran Acuerdo Nacional, lo denunciamos como un
claro propósito continuista del actual régimen usurpador;
como un intento mal disimulado de pretender entrampar al
Pueblo argentino en una supuesta salida institucional que
sirviera a los objetivos de la oligarquía y del imperialismo;
como un sinuoso plan para montar una gran farsa electoral
para dar una imagen de un consentimiento popular, a lo que
el Pueblo no sólo no elige sino que rechaza terminantemente.
El GAN es un aparatoso gigante con pies de barro. Tanto
como cayeron las mentiras y ficciones de las anteriores
etapas de la mal llamada Revolución Argentina ante la poderosa
verdad del Pueblo, así también sucederá con el GAN. Absolutamente
nada de lo que surja de la mentalidad conservadora reaccionaria
de los detentadores del poder puede conjugarse con la voluntad
soberana de los argentinos.
Tan es así, que el 31 de mayo desde San Nicolás, Alejandro
Lanusse se ha visto obligado a desnudar hasta las entrañas
del GAN: pactar a espaldas del Pueblo y al pie de la Dictadura;
imponer la "acuerdocracia" y enterrar el "juego limpio"
que tan siquiera se recordó; convenir, no ya sólo las características
y contenido del continuismo, sino hasta... ¡su filosofía!.
Ni el general Agustín P. Justo había llegado a tanto en
sus pretensiones.
El discurso del 31 de mayo constituye así una referencia
mistificadora de la historia, de las ideas políticas, de
la lucha de nuestro Pueblo y de sus genuinas aspiraciones.
Además, con sus sofismas discursivos, Lanusse pretende fabricar
realidades que no son otras que las que interesan sostener
a las minorías explotadoras y a los grandes monopolios internacionales.
La verdad de nuestra historia es que el Pueblo, con sus
pronunciamientos, movilizaciones y luchas, determinará inexorablemente
que su voluntad de Justicia Social, Soberanía Popular y
Liberación Nacional sea respetada. Así sucederá, más allá
de las tutorías, los grandes acuerdos o los golpes de estado,
como variantes reiterativas de un sistema y un régimen en
irreversible decadencia.
P.P.: El Ministro Mor Roig, en declaraciones periodísticas,
ha minimizado el problema de la tortura en el país. ¿Coincide
usted con esa apreciación?
A.T.: Bajo ningún punto de vista. Mor Roig trara de descargar
su inoperancia como Ministro político del régimen, desmintiendo
o minimizando lo que es la dramática realidad de una constante
y probada violación a los más elementales derechos humanos
en argentina, hasta el grado de la barbarie organizada para
la tortura a muchos prisioneros políticos y sociales –hombres
y mujeres- de nuestro Pueblo.
P.P.: ¿Considera usted correcta la permanencia de Mor Roig
en el Ministerio político a esta altura del proceso de "institucionalización"
A.T.: Nunca consideré correcta la permanencia en el Gobierno
de ningún funcionario de la dictadura. Lo único correcto
es que todos los que ejerzan las principales funciones en
el Estado sean expresión de la libre y soberana voluntad
de los argentinos.
P.P.: ¿Qué piensa usted de la coincidencia La Hora del Pueblo"
A.T.: La Hora del Pueblo padece del pecado original de creer
que la Dictadura permitiría un ejercicio más o menos libre
de la llamada democracia representativa; de allí colaboró
para un desenlace en esos términos.
El discurso de Lanusse del 31 de mayo ha terminado con los
sueños de la Hora del Pueblo. Ahora ésta deberá probar definitivamente
la consistencia de su propia identidad o su dependencia
de los planes continuistas.
P.P.: Se le atribuyeron simpatías hacia el Encuentro Nacional
de los Argentinos. ¿Cuál es su punto de vista?
A.T.: Así es. Comparto los lineamientos, la acción y los
objetivos del Encuentro Nacional de los Argentinos.
P.P.: ¿Cómo vislumbra usted el camino hacia el socialismo
nacional?
A.T.: El camino de todos los pueblos hacia el socialismo
lleva intrínsecas las características nacionales de cada
país.
Resultaría aventurado señalar un camino específico y esquemático.
Sí hay un ancho camino por el que transitan simultáneamente
todas las fuerzas que luchan en todas las escenas de la
vida nacional para erradicar un sistema de opresión, injusticias
y miseria y construir una nueva sociedad, más justa y más
humana. La unidad de esas fuerzas será un factor de aceleración
del proceso histórico, con el cumplimiento de las etapas
intermedias que deben recorrerse y con el aprovechamiento
de las coyunturas favorables, cualesquiera que fueren, compatibles
con el objetivo fundamental trazado.
P.P.: Sobre la propuesta de Perón en vistas a un Frente
Cívico de Liberación Nacional hay muchas interpretaciones
y distorsiones. Pero ateniéndose a lo que el propio Perón
ha definido, no se trata de una estructura orgánica sino
de una coincidencia de hecho que se concreta a dos niveles:
uno, superestructural, con las cúspides de los partidos
y organismos populares; y otro infraestructural, a nivel
de bases, mediante las mesas de trabajo y la movilización
de masas, ambos teniendo como objetivo revolucionario la
toma del poder por parte del Pueblo, ya sea a través de
las elecciones (si es posible) o a través de otras vías,
si el camino comicial es cerrado por el fraude y la trampa.
Así definido, ¿qué opina usted del Frente Cívico?
A.T.: Siempre he expuesto y sostenido con vehemencia que
sólo la unidad de acción programática en los puntos fundamentales,
e instrumentalmente orgánica de las fuerzas políticas populares,
sin discriminaciones y sin la pérdida de la individualidad
partidaria, será el factor fundamental para que el Pueblo
acceda al poder, se consolide en el mismo y materialice
las transformaciones de contenido revolucionario que son
de urgencia para nuestro tiempo.
Tengo entendido que sobre eso se trabaja y espero que sus
resultados sean fructíferos.
Mientras tanto, la lucha debe continuar. Trabajadores, estudiantes,
profesionales, sacerdotes, campesinos, entidades económicas
nacionales, hombres y mujeres de toda condición y militancia,
no renunciarán a su compromiso histórico de producir los
hechos determinantes de un profundo cambio en las condiciones
económicas, sociales y políticas actuales, con o sin formalismos
electorales.
P.P.: ¿No cree usted que resistirse a una opción política
concreta a nivel nacional colocará a su tendencia, tarde
o temprano, en el callejón sin salida de un aislacionismo
estéril?
A.T.: Nuestra lucha ni la opción de la unidad de las fuerzas
políticas populares, tal como lo expresé precedentemente,
de ninguna manera puede colocarnos en un aislamiento estéril:
porque la unidad y la lucha están en la conciencia y el
corazón del Pueblo.
¿Qué otra cosa expresarían entonces la infinidad de movilizaciones
populares masivas protagonizadas heroicamente en los últimos
años?
¿Y la de tantos hombres y mujeres argentinos que por su
militancia popular y revolucionaria responden con su libertad
o con su sangre por esos mismos ideales comunes?
Allí estuvieron y están todos los que, sin distinciones
partidarias, luchan efectivamente por la liberación del
Pueblo y la Patria.
Aquí, los que estamos en la cárcel, ratificamos nuestras
posiciones manteniéndolas indeclinablemente, con el pleno
optimismo que la causa popular y liberadora triunfará.

Habla
el padre de Mariano Pujadas
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desclasificado
Mariano nació el 14 de junio de 1948 en Barcelona, catalán
por los cuatro costados y a fines de 1953 emigró a la Argentina
con toda la familia.
Al año siguiente empezó a ir a la escuela nacional Nro 55
de Guiñazu, ingresando a 3er grado, pues a pesar de tener
seis años solamente se hallaba en ese nivel por haber asistido
a la escuela en Barcelona. Durante sus años de escuela y
después en el colegio nacional de Monserrat fue acusando
una faceta característica de su personalidad: su genio alegre,
su "ángel" como diría un gitano, que le ganaba amigos por
doquier. Excelente alumno en matemáticas y ciencias físico-naturales,
con innata facilidad para los idiomas Fue becado por el
intercambio estudiantil del rotary, graduándose en el colegio
de agricultura de la Universidad de Nebraska. Su año de
permanencia en Curtis, viviendo con varias familias, sirvió
de mucho para afinar su escala de valores y madurar su juicio.
Como siempre dejo un estela de simpatía y afecto: a los
pocos días de su fusilamiento casi ochos años después de
su estadía en Curtis, recibíamos sentidas cartas de condiscípulos
y profesores suyos, y entre ellas la del juez Floy Hecht
en cuya casa vivió varios meses, en la que decía que conociendo
a mariano estaba seguro de que había muerto defendiendo
una causa de justicia y libertad.
Paso del Monserrat a la Universidad Católica, en la facultad
de agronomía, y sin que ello le impidiera ser un excelente
alumno siempre encontraba tiempo no solo para ayudar en
la actividad de la familia, sino también de preocuparse
de los problemas estudiantiles. Sus numerosos viajes hacia
el norte de la provincia especialmente practicando estudio
y análisis de suelos le pusieron en contacto con las zonas
mas pobres, despertando en él una afán de justicia y la
amarga certeza de que no se podría hacer nada de provecho
para remediar los males que tenia ocasión de palpar, sin
un cambio fundamental de estructuras, en lo económico y
en lo social.
Así se fue plasmando la personalidad de Mariano, el idealista
que no vacilaba en darse por entero con alegría e inmensa
cordialidad frente a sus semejantes y también el muchacho
transformándose en hombre con un juicio sereno y ecuánime,
con una voluntad férrea para seguir en una lucha dura y
riesgosa buscando alcanzar mejor bienestar y mayor justicia
para un pueblo con el que se había integrado y sentido absolutamente
suyo.
Del Cordobazo a la fría madrugada del 22 de agosto en Trelew
con los años de militancia tan intensamente vividos, se
concreta la transformación de nuestro Mariano en el "Gaita",
como cariñosamente lo llamaban sus compañeros. Prófugo desde
la Calera, es detenido en junio del 71 en Córdoba y tras
pocos meses de estar en Encausados, forma parte del primer
grupo de presos políticos llevados a Rawson: de allí habría
de volver a su casa en la noche de un 23 de agosto en un
ataúd gentilmente proporcionado por la Armada.
Fue entonces cuando empezamos a comprender la exacta dimensión
alcanzada por Mariano y no a causa de su papel protagónico
en el aeropuerto de Trelew, sino al ver la cantidad de gente
para nosotros desconocida, pueblo, "pueblo", de alpargata
rotosa y pollera deshilachada que sin intimidarse por la
presencia de carros de asalto en las inmediaciones de la
casa, entraban silenciosos con ojos húmedos a dar el ultimo
adiós al muchacho guerrillero que por ellos había ofrendado
su vida mirando su rostro exangüe pero sereno y sonriente,
y tocando la bandera de su patria de adopción que cubría
el féretro, cruzada con una leyenda que él llevaba grabada
a balazos en el pecho: MONTONEROS. Esa misma palabra que
un hermano, con un clavo, grabo en el revoque fresco que
tapa el nicho, hasta donde lo llevaron a pulso sus compañeros
en un mediodía soleado d e agosto.
Hermosos son todos los recuerdos que conservamos de Mariano,
y creo que todos los que lo conocieron, por siempre tendrán
presente el maravilloso don de esa sonrisa que siempre se
dibujaba en sus labios, su entereza, su serenidad y su espíritu
de conciliación y justicia.
Para muchos de nosotros es mas que un ejemplo un recuerdo:
antes Mariano estaba con nosotros, ahora esta en nosotros,
pues lo llevamos en nuestra mente, en nuestra sangre, en
nuestro corazón.
El papá de Mariano autor de esta nota se llamaba José Maria
conjuntamente con su esposa Josefa y dos de sus hijos: Madre
y hermanos de Mariano respectivamente, fueron asesinados
por fuerzas parapoliciales y paramilitares el 14 de agosto
de 1975 en Córdoba. Los sacaron a todos de la misma casa
mientras dormían, los arrojaron a un pozo de ocho metros
de profundidad, los ametrallaron y luego sobre sus cuerpos
exánimes arrojaron explosivos.
[Del libro "CAMPANA DE PALO" de Roberto Baschetti]

Trelew
22 de agosto: Verdad, Memoria, Justicia
Por Enrique
Gil Ibarra
Casi se han cumplido 35 años de la masacre de Trelew. El
22 de agosto de 1972 fueron fusilados a mansalva, en la
Base Almirante Zar de esta ciudad, 19 militantes de distintas
organizaciones político militares, que se habían rendido
a fuerzas de la Marina en el Aeropuerto, con la condición
de que se respetaran sus vidas. La promesa no se cumplió.
Sólo tres de ellos sobrevivieron, y fueron muertos, secuestrados
o desparecidos algunos años más tarde, durante la siguiente
dictadura militar.
Este 22 de agosto, 35 años después, inauguraremos el Centro
Cultural por la Memoria del Aeropuerto Viejo de Trelew,
en homenaje a esos compañeros.
Fueron para los habitantes de la ciudad, largos años de
lucha, de preservación del recuerdo, de debates.
Hay varios tipos de memoria. Existe aquella memoria edulcorada
que en realidad es una añagaza del olvido: "Guardemos el
recuerdo allí, bien encerrado, y que jamás se salga".
Hay también de la otra, la complaciente, que se conforma
con un día al año, con una flor, un discurso y una lágrima.
Por suerte, también existe otra: la que comprende que la
memoria no es pasado; que es presente y que será futuro.
Que lo que hagamos hoy es un camino que no termina con nosotros,
porque tampoco lo empezamos.
Esa masacre, que es considerada internacionalmente como
la primera manifestación del Terrorismo de Estado en Argentina,
no puede guardarse en un Museo. Quisimos que fuera, y lo
será, memoria viva.
Por eso un Centro Cultural. Porque la comunidad no vive
de recuerdos, sino de accionares. De nuevas expresiones,
formas distintas de decir las mismas cosas.
Tenemos que aprender -ya para siempre- que la Memoria, la
Verdad y la Justicia se defienden y se mantienen luchando,
todos los días. Y transmitir ese conocimiento a nuestros
hijos, a nuestros hermanos, también a nuestros padres.
Aunque no se comparan con lo que vino después, esos años
de principios de la década del 70 no fueron fáciles. Era
el comienzo de una ruta de esperanza, que se reveló fallida.
Y aunque todos sabemos que el tiempo puede endulzar la mayoría
de los recuerdos, algunos, como esta masacre, no pueden
ser endulzados. A lo sumo, se hacen más entrañables, más
propios.
Sabemos que para muchos, los fusilados en Trelew no pasan
de ser subversivos o –injustamente- terroristas. Para otros,
entre los que me cuento, son parte de nuestra vida, de nuestra
historia, de nuestra Patria.
Vendrá a la ciudad mucha gente, muchos compañeros de todos
los puntos del país. Familiares de los 16 compañeros muertos,
ex-presos del penal de Rawson, organismos de derechos humanos,
HIJOS, madres y abuelas de Plaza de Mayo, estudiantes, etc.
Todos han esperado largo tiempo. El sobrino de Pujadas,
que también se llama Mariano. La prima de Susana. Alicia,
la esposa de Bonet, que viene desde Francia. La mamá de
Capello, que con sus años a cuestas, su sonrisa y su abrazo
cariñoso, no falta cada año.
Porque aunque a algunos no les guste, seguimos estando aquí.
Conversando con amigos de la ciudad, algunos me manifestaron
estar cansados de que nuestro pueblo fuera conocido como
"la ciudad de la Masacre". Pero el pasado no puede cambarse
y negarlo, es necio e infructuoso.
Trelew será siempre la ciudad de la masacre.
Pero desde el 22 de agosto del 2007, 35 años después, podremos
orgullosamente adjuntarle otro calificativo: Trelew: ciudad
de la Memoria.
http://elhendrix.com.ar
http://elhendrix.blogspot.com

Acto
de JP y Montoneros por el primer aniversario de la masacre,
Estadio Atlanta
Por Edgardo Imas
imased@yahoo.com
22 de agosto de 1973
[Imagen:
Haidar y Camps saludando a la multitud en el estadio el
22/08/73]
Con seguridad la oportunidad en que más gente hubo en el
Gran León, superando incluso al acto de proclamación de
la candidatura de Héctor Cámpora en febrero de ese mismo
año, y al que organizaron la Juventud Peronista (JP) y Montoneros
en marzo de 1974.
Cámpora y Solano Lima habían renunciado, y el presidente
interino era Raúl Lastiri, presidente de la Cámara de Diputados.
Juan Domingo Perón estaba de regreso en el país y se postulaba
para presidente de la Nación en las elecciones llamadas
para el 23 de septiembre. La fórmula la completaba su controvertida
esposa, Isabel Perón, sobre quien circulaban versiones de
que renunciaría, algo que entusiasmaba a los sectores juveniles
que se congregaron en Villa Crespo esa noche invernal de
aquel emblemático 1973. Es más, especulaban con que el doctor
Taiana la sustituiría en la postulación y que el derechista
y oscuro ministro de Bienestar Social, José López Rega,
sería designado embajador en Europa.
Se calcula que casi 50.000 personas asistieron y colmaron
y debordaron la capacidad de la platea, las tribunas y sus
pasillos, el campo de juego y las calles aledañas al estadio.
La convocatoria había estado a cargo de la JP y Montoneros
-que ya habían absorbido a las Fuerzas Armadas Revolucionarias
(FAR)-, para homenajear a los dieciséis presos políticos
que habían sido asesinados un año atrás en la base aeronaval
Almirante Zar, en Trelew (Chubut). También se evocaba el
22.° aniversario del renunciamiento de Evita a la vicepresidencia
de la Nación, once meses antes de su muerte y se recordaba
al obrero metalúrgico Felipe Vallese, secuestrado y desaparecido
el 23 de agosto de 1962. Este sector de la juventud ya había
realizado un acto en ocasión de la campaña electoral para
los comicios de marzo en la cancha de Argentinos Juniors.
En el llamamiento al mitin la JP Regional I llamaba a respetar
la única consigna central del acto: "Patria sí, colonia
no" y aconsejaba "impedir una superposición de consignas
que a lo único que conduce es a la confusión y al desgaste
de la gente".
El palco fue decorado con una larga cinta roja y negra de
la JP y dos grandes fotos de Juan Domingo Perón y Evita.
Los militantes de las columnas de las Regionales de la JP,
la Juventud Universitaria Peronista (JUP), la Juventud Trabajadora
Peronista (JTP), la Unión de Estudiantes Secundarios (UES),
portaban carteles con leyendas como "Perón, Evita, la patria
socialista", "Perón presidente, Evita presente", "A un combatiente
no se lo llora, se lo reemplaza" y "Murieron para que el
pueblo viva". (Ver cantitos)
El ambiente era festivo y con mucho fervor militante. Luego
de que se cantaron el Himno Nacional y la Marcha Peronista,
se hizo un minuto de silencio por los caídos en la lucha
y por Evita, mientras en una pantalla se proyectaban escenas
del Cabildo Abierto del justicialismo realizado el 22 de
agosto de 1951. Por los caídos en el bombardeo a Plaza de
Mayo en 1955, los fusilados de 1956, los asesinados en Trelew
y Ezeiza, hubo una oración a cargo del sacerdote tercermundista
Jorge Goñi. Más tarde, un grupo de militantes quemó una
bandera norteamericana en el centro de la cancha, a la vez
que ésta era recorrida por otros pertenecientes al Frente
de Lisiados Peronistas, con sus sillas de rueda. Entre otros,
por la zona del palco se pudo ver al ex secretario del Movimiento
Nacional Justicialista, Juan Manuel Abal Medina; el sacerdote
Carlos Mugica; los dirigentes de la Junta Coordinadora Nacional
del radicalismo, Marcelo Stubrin y Enrique "Coti" Nosiglia;
dos de los tres sobrevivientes de la masacre de Trelew,
Ricardo Haidar y Alberto Camps -ambos fueron detenidos-desaparecidos
en la última dictadura militar-; varios familiares de los
caídos en la ciudad patagónica, y la madre de Juan Pablo
Maestre, trabajador bibliotecario secuestrado y asesinado
dos años antes.
Los primeros oradores fueron Lidia Laferrère, madre del
guerrillero Manuel Belloni, muerto en el Delta; Mario Marzocca,
de la JTP; Alberto Camps, sobreviviente de los sucesos de
Trelew, y Roberto Vidaña, diputado nacional por la provincia
de Córdoba.
Continuó en el uso de la palabra Juan Carlos Añón, que habló
por las Regionales de la JP en lugar de Dante Gullo, ausente
por razones de salud. El dirigente juvenil afirmó que "nosotros
no somos ni infiltrados ni troscos ni bichos colorados.
Lo único colorado que tenemos es nuestra sangre de peronistas
leales a Perón". Y añadió: "La candidatura de Isabel abre
fisuras en el frente del 11 de marzo y no es la figura más
representativa de 18 años de lucha", admitió, mientras los
militantes cantaban: "No rompan más las bolas, Evita hay
una sola".
El multitudinario acto fue cerrado por Mario Eduardo Firmenich,
quien afirmó que "no tiene sentido la alianza de clases
si el proceso no es conducido por trabajadores. Pero no
sucede eso porque en la CGT hay cuatro burócratas que no
representan ni a su abuela". Los asistentes repudiaron mediante
gritos hostiles al secretario general de la CGT, José Ignacio
Rucci, que fue asesinado un mes más tarde.
Firmenich criticó la integración de la fórmula justicialista
para los cercanos comicios. No obstante, convocó a "votar
masivamente por Perón y a una intensa campaña barrio por
barrio, manzana por manzana".
El acto transcurrió sin incidentes, mientras en la plaza
del Congreso otro acto de menor concurrencia organizado
por sectores de izquierda no peronista (PRT-ERP) terminó
con enfrentamientos con la policía y varios detenidos.
Fuente: www.sentimientobohemio.com.ar
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