Un acierto de Macri

Por Martín Kohan

Hay macristas en desacuerdo con el viaje de Macri a Europa, en desacuerdo con lo que haga en circunstancias como las actuales. Lo expresaron en las redes y, por lo que vi, recibieron entre las respuestas una andanada recriminatoria de maltratos varios (incluso la asignación de esa letra que tienen como la más oprobiosa, la más insultante, la más agraviante, la letra de la que no se vuelve). Da la impresión de que, entre los declamados defensores del respeto al que piensa distinto, hay unos cuantos que sólo admiten al que pienso distinto si piensa distinto igual que ellos. Pero si aparece alguno que piensa distinto distinto que ellos, se alteran, se ofuscan, se violentan, se ofenden y ofenden, pasan pronto a la agresión.

Yo por mi parte considero en cambio que la gestión de Mauricio Macri fue más bien calamitosa, y discrepo con su ideología política diría que en todos sus puntos. No obstante, encuentro inobjetable este viajecito a Europa que hace: inobjetable el hotel saladito que eligió para pasar un par de días en París, inobjetables las playas que eligió para poner en práctica ese oxímoron colosal que se llama “cuarentena libre”, inobjetable el momento que eligió para subirse a ese avión de Air France que ni sabíamos que existía, inobjetable la justificación laboral (aunque con esta palabra dudo) de esos apremiantes asuntos de la FIFA que es preciso abordar en Zurich.

Los macristas que criticaron a Macri lo hicieron porque cuentan con él, porque lo quieren activamente al frente de la oposición al actual gobierno. Y sienten que con este viaje, por inoportuno, expresa una negligencia tal, una tan desafectada deserción, que no pueden sino sentirse defraudados. Yo pienso, por el contrario, que al irse así sin más, a París y después a la playa, Macri está afianzando su liderazgo como cabeza visible (no sé si la palabra es cabeza, tampoco sé si es visible) de Juntos por el Cambio. No lo veo como un desistimiento, sino como un modo de hacer política; el más suyo, por otra parte, el más reconocible, el que más la sienta. ¿No gobernó acaso así? Gobernó a lo Isidorito Cañones, con un optimismo obtuso de necio cabeza fresca, con el aire ausente de un bon vivant distendido que no parecía enterarse de nada, un poco lejos y un poco en babia, un poco vago y un poco difuso, a la espera de que las cosas se fueran arreglando sin saberse muy bien cómo, con su propia vida arreglada y las de los otros en veremos o estropeadas.

Esa imagen de frivolidad y despilfarro (gastando el dinero que otro ganó) seduce a muchos macristas, les parece un ideal de vida (por eso están seguros de que las críticas no se deben sino a un sentimiento de envidia) y confían en que esa misma felicidad, por el hecho mismo de existir, va a poner las cosas en su lugar (las va a mantener en su lugar: las va a conservar). La despreocupación existencial de Macri durante su gobierno fue sentida por sus seguidores como una prueba fehaciente de que no había que preocuparse. Pues bien, se trata ahora de eso mismo. Y el dolce far niente tan propio de Macri en gestión (mostración continua de su necesidad de descansar, pero descansar de un esfuerzo que, en cambio, nunca se veía) era asimismo sentido como una invitación a la distensión. Pues bien, se trata ahora de eso mismo. El gesto suyo de desentenderse les transmitía esa confianza, y funcionaba sin más requisito que el de no enterarse demasiado de lo que estaba pasando. Él se iba a La Angostura, o a ver a Kiss, o a jugar al golf; así también ahora se va a París, se va a la playa. A los retiros espirituales que practicaba periódicamente el PRO, les agregaba su especialidad en retiros materiales. Supo hacer de esa inacción una forma de acción política (¿no fue acaso por entonces que el verbo “descansar” adquirió una rara acepción activa: descansar a alguien?). Su viaje a Europa corresponde a esa misma línea; por eso, cuanto más lánguido se muestre, mejor funcionará para sus seguidores. Que entienden más que bien el propósito de su viaje y hablan por eso de “su libertad”, de “su derecho”, de “su plata”; las coartadas habituales para sostener el requisito fundamental de esa política: que los demás sencillamente no importen.

Buenos Aires, 3 de agosto de 2020

*Escritor. Licenciado y doctor en Letras por la Universidad Nacional de Buenos Aires.

La Tecl@ Eñe Revista Digital de Cultura y Política
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