Un corazón en llamas

ZONA LITERARIA | EL TEXTO DE LA SEMANA

Por Washington Cucurto

¡Basta no me den mas bola! Que acá en el supermercado hay cosas bellas. Y nada será mas bello que reponer en un supermercado. Mirá esas niñas cortando fiambre, miren esos depostadores de carne, tan toros y machos e hinchas toditos de San Lorenzo, cómo siendo tan lindos pueden ser hinchas fanáticos de San Lorenzo. Si son es porque saben. El único que no sabe nada soy yo, yo soy un veleta, un perdido, un árabe en la Cordillera, Hitler en el Once, un fisureitor. Vengan pasen a mi supermercado, ven estos grandes contenedores de madera, ¡llenos de manzanas! Vamos a tirarnos a nadar un rato en manzanas de Cipoletti, quién será el dueño de las manzañas Moño Azul de este país. ¡Oh Changarín Musculo, las cortaste vos? Pasen al dock no tengan miedo, pasen al maravilloso mundo del supermercadismo mundial, todo es abundante, de la mejor calidad, todo es regalado, vienen los alimentos de las quintas más hermosas del norte del país, Jujuy, Tucuman, Salta… Y para allá, detrás de esa franja blanca, comienza el dock, prohibido pasar a nadie que no sea del sector. Esta el imperioso sector de electrodomésticos, miren esos televisores parecen cines, miren esos lavarropas parecen mujeres perfectas, miren que increíbles esos aparatos de música, parecen naves espaciales. ¡Este el mundo de los parecidos y las apariencias! Parezcamos lo que no somos y desaparezcamos en el ser!

De madrugada antes que todos vengan, podemos encender estos aparatos modernos todos a la vez y poner la FM del Bronco y rompemos con cumbia. ¡Olviden las penas y los compromisos, están en un supermercado, la excelencia motriz de la aburrida vida de la humanidad en el siglo XXI y. ¡Qué coños hacemos tantos negritos entre las cosas más caras! ¡Pos, eso es el capitalismo cruel, esa es la década del 90, en un país perdido en el sur de Sudamérica! Sudamérica termina en Caracas, Venezuela, pa abajo no hay nada. ¿Y Chile? Chile es una sucursal de Estados Unidos, gracias a Dios existe esa bendita cordillera que nos separa. ¡Eso, güevon de mierda, hubieras echo Patito, le hubieras vendido los tomates a los chilenos! Repongamos ese palet lleno de bolsas de papas que mañana sale de ofertas, llevemosla al medio del salón, vaciemos esa góndola y en su lugar mandemos negras papas. Este es mi compañero Adrián Frascarelli la persona mas disciplinada que conocí en mi vida. Le encanta Silvio Rodriguez y alguna vez estudió publicidad. Ahora es repositor estrella en el super. Yo nunca seré repositor estrella, porque corrí por los pasillos con un cuchillo a Domingo Gonzáles… ¡Ya basta de nuestra incursión en el super!, a no recordar más cosas viejas como si nos hubiéramos muerto. ¡Vamos a la bailanta!

Salgo a las 23 horas, la noche estrellada, nerudiana, pero mas que nerudiana, Miriamlinda, Me enamoro de ella, de sus luces, cerca del río, en Salguero, a la altura de Libertador, es una preciosura subir a la terraza de esos rascacielos, pegar un saltito y agarrarlas con una mano y guardarlas en los bolsillos, bajo los grandes árboles me quedo mirándolas, explosivas, lujuriosas en el oscuro cielo de la noche ribereña. Me pica la mano y la abro de golpe y un montonazo de estrellitas salen volando como pájaritos y se desintegran contra las ramas de los árboles y las antenas de televisión; una o dos se salvan, rompen todos los obstaculos del mundo moderno y van volando super alto hasta la cama, la piezucha donde duerme mi amor bailantero. ¡Estrellas de mí, despiertenlá ya, y diganlé que voy pal baile! ¡Ahí la voy a ver aunque no la conozca!

El 130 no llega más. No aguanto, meto la mano en el bolsillo, cuento los billetes y lo poco que tengo separo: cinco mangos para el baile, diez para dos birras. Y diez para el taxi, llego justo. Paro un taxi y vuelo. El taxista me pregunta a dónde vamos. ¡A casa, al super Bronco! Qué clase de tachero sos que no reconocés al rey de la cumbia y dónde puede ir el rey de la cumbia si no es a su palacio, el barrio de la sagrada Constitución! Me encanta volar en taxi por Libertador, atravesar Retiro; salud Torrecita de los ingleses, salud reloj rosado dando la hora, es lo único que me saca la ansiedad de llegar al Bronco, me acuerdo de la foto de Evita, en auto y atrás la Torre, dame suerte Kavannagh, siempre pienso un día parar el taxi y sentarme en plena madrugada, internarme por la plaza San Martin, pero siempre me gana la desesperación de llegar rápido al baile. Las grúas del Puerto, la casa Rosada, el parque Lezama, subimos por Caseros y ya está la autopista. ¡Que linda sos Buenos Aires, qué lindo recorrerte en taxi un viernes a las doce de la noche! ¡Si me muriera lo unico que pediría es una noche en taxi por Baires! Sentado en el asiento de atrás fumando, es la felicidad de mi vida. Por Caseros ya asoman unas tickicitas pal baile, con sus polleritas a colores, sus risas sonsas que son la música de mi vida. Tickicitas preciosas, suban que las llevo. ¡Buenas noches, bailanteras de mi vida! ¡Las veo adentro de la bailanta! Oh, y en la esquina qué veo, Dios Diablo, la Autopista del Sur al costado la Basílica de Sagrada Constitución y atrás aparece como una nave espacial, un satélite que nos mandan los yanquis, las luces increíbles del Bronco bailable. Escuchen qué ruido aturdidor, escuchen esos tambores, esos bombos peronistas, es mi corazón… Doblemos por Lima, le digo al tachero. Hasta acá llego, me dice. Bueno, le digo, si sos miedoso, sos miedoso. Le pago lo que marca el reloj. Bajo y respiro el aire suave de Constitucion. A los metros me encuentro con una ticki bailantera, nos ponemos a hablar, un poquito le digo una pavadita en guaraní. Entramos juntos, pero hay tanta gente que la pierdo. Otra vez la libertad total, otra vez el caudaloso y rosado mar del Callao… otra vez el Malecón de la música, la transpiración y el amor… Oh, pero a quien encuentro yo esta noche de calorcito en Buenos Aires, si seré tarrudo, me gano el Loto, el gordo de Navidad todo junto, ahí viene caminando en un dos piernas hacia mí, con los brazos en alto, llamándome Norberto, Norbertito querido, mi niño mimado, el minimo xuxa, mi reyecito de la hermana República del Paraguay. Me abraza y me besa en la boca delante de todos. Y yo, eh, güeeey, aminorá que hay Videlas acá. Mando mis prejuicios a la mierda, le doy un beso chuponazo que le parto los labios. Ay, el amor, el amore, que cosa increíble, bailemos, bailemos… Y me agarra de la mano y salimos a la pista. Baile, baile, baile. Karla, Aceituna, Gilda, Karicia, Aventura, Luciérnaga, Kalama Tropical, Los Prisioneros del Amor, Malagata, Ráfaga, Banda Dinamita, Katunga, Volcán, Grupo Diversión, Los del Bohío, lo mejor de la cumbia santafesina y seguimos girando y girando. Peluche, Los Mirlos, El Cuarteto Imperial. Y corremos a la barra. ¿Las cinco, las seis, las siete de la mañana? Sí, sí, cualquier hora es buena porque estoy con el muchachito de mi corazón, el rey de la bailanta, el ilegal para las leyes argentinas que mi corazón y mi vida legalizan ya. ¿Vamos a desayunar a la Central?, le digo, ya transpirados y cansados. Él, super cariñoso, se me prende del cuello y me da un beso. ¡Salimos a la calle a resfriarnos, a mojarnos, que la lluvia nos moje la cara, el traje, los zapatos, los compac, la cumbia. Oh, pricipingo, quiero morirme con vos debajo de la lluvia, empapémonos, bañémonos y miremos el cielo y que vengan a nosotros, la gripe, la pulmonía, murámonos de una pulmonía bajo el agua, vayamos afuera ya, a mojarnos, a resfriarnos hasta las tetas, oh, pricipingo de mi alma, dulce azucena mojada por la lluvia, vamos afuera a caminar debajo de la lluvia… Mira, mira esos misteriosos pétalos, levantarse, mirarnos en medio de la Plaza Constitución, miralos, atentamente como se mira a una hormiga recorrer un largo sendero…

Salimos con mi Principingo, mi kuerareyecito del Chaco Paraguayo. ¡Felicidad total! Las calles llenas de guainas y parejas peleándose por su desparejidad o por amor o alcohol. Y sí íbamos y el niño se cae de bruces, se desmaya y comienza a soltar espuma por la boca. Me desespero, grito, no hay ambulancia. Que ambulancia puede haber en la noche vacía y sin almas de Constitución? Qué ambulancia, qué médico y qué clinica como la gente puede haber en este mundo del demonio, este sótano de ratas y piojos sin perdón que grita a aullidos de dolor que se acabe todo, man, qué se hunda todo en las aguas grises del mugroso océano Atlántico, que no sé qué bostas hace tan calmo, tan sin fuerza, y no nos tapa de una buena vez. Y no sé que trolo carajo hacemos nosotros ensuciando el aire, cagando el suelo, arruinando todo lo que se cruza por nuestra pingüe existencia. Se me murió nomás el borrego como en manos de desalmados unitarios, pero ni tan siquiera, en el grisoso ánimo de un grupo de borrachines reventados. Qué destino niño, mejor hubiera sido no haber nacido nunca, mejor hubiera sido que te robaran una pareja de milicos, ay, paraguayito de mi corazón, qué final dando vueltas por la calesita de fuego de la muerte… En Sudamerica, en Buenos Aires morimos en la calle como perros, apagados cual pasacassetes robados por un ladrón de la noche. La calle es nuestra tumba, man, por eso nos emborrachan y nos meten cumbia hasta por el culo pa acabar de una vez por todas con esta raza inferior que se procrea y procrea sin parar. Pertenecemos a la plaga, a la parche peste putrefacta que no se termina nunca. Somos subhumanos todos. La cumbia no es nuestra música, es el arma amable y dulce de nuestros exterminadores. Paraguayito mío, te vas solo de la vida y nadie hace nada para impedirlo. Por lo menos, compañero encontraste quien te acune en el momento final. Los otros perros tambalean despacio con los acordeones de la cumbia sonándoles en sus cerebros muertos. ¡Esto es un campo de exterminio! Tu cuerpo se enfría y para ganarle al hielo, te estampo el último beso en la boca, un beso mojado y seco, qué locura! Mojados y secos. Te apoyo sobre el filo de la puerta. En esas pasa una parejita, ella tiene una rosa en la mano. Se la saco de un manotazo, perdón mi amor, y se la apoyo a mi paraguayito en el pecho y me voy lagrimeando. Me doy vuelta y veo que la zángana arranca la flor de su pecho. La cumbia no parará nunca y ni que hablar de nosotros.

Alcohol y sexo, sexalcól, el mundo no existiría sin ellos. El futuro, el pasado ni el progreso ni las grandes potencias existirían sin sexo, sin alcohol, ¿qué vaso se toma el piloto antes de lanzar la bomba? ¡Una Condorina bien helada, man! ¡Qué se baja el loco que controla el satélite antes de lanzar un misil! ¡Una Condorina super fría, man!. Sin el sexo no existe la vida, el sexo es el futuro, el sexo arruina y justifica la vida, alcohólsex pa este mundo que se incendia, sexo y alcohol son las bases de la humanidad. Rebobino a mil los cables podridos de mi cabeza. ¡Ya está! Soy de nuevo joven, puedo cargar una góndola de papas de 300 kilos en 15 minutos. Puedo seguir a todas las siervas hasta el infinito. Acá estoy con mi amigo Domingo Gonzáles en las oficinas de Job Services, la agencia de contratación eventual que me metió en el supermercadismo, que me esclavizó a Carrefour. Mi memoria es rápida como un tiro y ya estamos unos meses adelante en Carrefour, sucursal Salguero, comiendo en la cámara de productos frescos. “Terminantemente prohibido comer”. Comer es robarle a la empresa. Y acá viene Domingo, mírenlo, escúchenlo matándose de la risa entre las grandes pilas de cajones de La Serenísima, escuchen su risa totalmente liberadora, atrevida, rebelde. La verdad láctea. Calor infernal, hirviente. Techos de lata del dock del supermercado. Ahi viene mi amigo y enemigo a la vez, Domingo Gonzáles, hirviente e hilarante. ¡Hilaridad! ¡Hilaridad, hilamierdad del Carrefour Salguero! Viene de la rotisería! ¿De donde más? Y trae debajo de su pechera una cantidad irresistible de supremas de pollo canjeadas por bolsitas de kinotos y frutillas. Escuchamos su risa y dejamos de acomodar el dock. Como un batallón cubrimos nuestros puestos. Tyson y Patito van a campanear a las puertas de acceso al dock. Chorizo abre la puerta de la camara de la verdulería, y ya está Soruco adentro haciendo un escondite donde guardar el preciado tesoro. Yo entro detrás de Domingo. Salta y se mata de la risa. Se frota las manos como una gigantesca mosca verde y nos dice: ¡ji, ji, ji, lechuguita, tomate, salamines! Todos corremos a buscar esos ingredientes del manjar inolvidable. Tyson chico hace campana en la puerta de la cámara. Y comemos supremas con jamón, queso, tomate… Los signos suspensivos suspenden… qué sirva pa algo la grámática por lo menos acá, ahora, en Carrefour… los puntitos silencian el ruido de nuestras mandíbulas, el crack, crack,crack, del pan flauta destrozándose en nuestros dientes… aparecen los puntitos y el silencio… es total… nadie vio ni escuchó nada… sil… s… Nos turnamos y comemos todos… Domingo sale y nos dice: Tiren todo, no dejen nada en la cámara. A las diez de la mañana, comiendo como reyes, lo más caro, lo mas concheto de las empresas argentinas, aquellas delicias y porquerías hechas para bocas chetas y que en la calle jamás podríamos comer… Después… fuimos a desayunar media hora. Yo me quedé unos minutos acomodando unos carteles de oferta y ayudando a las chicas a etiquetar bolsitas de ajo. Quería subir con Miriam más que nada. Agarré un cartel y atravesé el salón de verduras y fui hasta la góndola de frutas a colocar el cartel cuando al momento la veo a ella. Sí, tan linda, tan natural, eligiendo unas manzanas. Alejandra Sancona, la mujer mas suave que conocí en mi vida. Pero a ella me la guardo para otra historia.

(De: Hasta quitarle Panamá a los yanquis, Emecé, 2010)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *