Un ganador y una oposición

Por Luis Bruschtein

Imagen: Leandro Teysseire

Es histórico: las primeras elecciones de medio término son favorables a los oficialismos. Hace menos de dos años, que ese electorado llevó al gobierno a los representantes de Cambiemos y sería muy extraño y hasta poco razonable, que ese acto cambiara de sentido en tan poco tiempo. Desde la recuperación de la democracia, hace 33 años, el único que perdió las elecciones de medio término fue el radical Fernando de la Rúa. Es difícil que un mandato se cambie a los dos años de haberlo otorgado y en general el electorado lo entiende de esa manera, más allá de los odios y grietas con que se presentan estas elecciones. Tiene su chiste que los votos respaldaron esta vez a la fuerza que lleva en su seno a los colaboradores del único presidente que perdió las elecciones de medio término.

Son menos de dos años, durante los cuales el gobierno fue dosificando las medidas más truculentas y cuidando mucho su imagen para llegar en buenas condiciones a estas elecciones. El resultado confirma que alcanzó esa meta. Este gobierno le ha dado mucha importancia a su imagen, a la que trabajó con mucho cuidado en los medios, ya sean los tradicionales o las redes sociales. Poco después de asumir cuadruplicó el gasto en publicidad en relación con lo que devengaba el gobierno anterior, que gastaba cuatro veces menos. Y distribuye esa fortuna con abierto favoritismo político al punto que achicó al máximo los espacios críticos. Contó además con el respaldo invalorable de los grandes medios de comunicación que actuaron con eficiencia para cubrir los primeros síntomas de malestar que fueron despertando con el aumento de la inflación y de las tarifas. La idea de que “estamos dispuestos a hacer este sacrificio para después favorecernos” prevaleció en gran parte de los electores que consideran estos dos años como un sacrificio necesario para recoger los frutos después de ese plazo de gracia.

El electorado mostró que tiene disposición al sacrificio, pero también una expectativa que se ve aumentada por el esfuerzo que se le exige. El voto otorga un poder y reclama una responsabilidad. Pero las primeras medidas del gobierno que ha salido fortalecido de estas elecciones serán otra vez de sacrificio para el ciudadano común, incluyendo a quienes los respaldaron con sus votos, sin que se avisten por ningún lado los beneficios que se esperan.

El altísimo nivel de endeudamiento ya no se puede mantener para tapar el altísimo déficit creado por las políticas de desfinanciamiento del Estado que aplicó Cambiemos. Los organismos financieros internacionales advirtieron al gobierno que la velocidad de endeudamiento ya entró en zona de riesgo. Aún cuando tenga todavía mucho margen, estos organismos advierten que la velocidad y el volumen de la deuda se pueden convertir en un problema estructural de la economía.

Cuando se achica la recaudación del Estado, para un gobierno neoliberal como el de Cambiemos la única vía es tomar deuda o achicar al Estado. Si además le dicen que tiene que frenar el ritmo de endeudamiento, lo que se viene es inevitable: más tarifazos, despidos, caídas de programas sociales y recortes, a los que se sumará la reducción drástica del presupuesto que provocarán los pagos de la inmensa deuda que se tomó. No hay misterio, ni exageración. No hay ninguna posibilidad de que este gobierno tome un camino diferente al ajuste con el consecuente impacto depresivo que tendrá sobre el trabajo, los salarios, el consumo, la industria, el comercio y la actividad económica en general. Habrá intentos de neutralizar esos efectos con obra pública y manteniendo el endeudamiento aunque en un nivel más atenuado, pero el golpe será muy fuerte en el bolsillo de la mayoría de la sociedad, que no verá los famosos beneficios que le han prometido y por los cuales Cambiemos logró que lo favorecieran con sus votos.

La pregunta es entonces, hasta cuándo se mantendrá esa disposición al sacrificio por parte del electorado de Cambiemos, que está votando a una fuerza cuyas políticas le han empeorado su calidad de vida. Será el interrogante que se abre para el 2019.

El resultado en la provincia de Buenos Aires estuvo en consonancia con lo que se podía esperar después de las PASO: la cantera de donde podía sacar sus nuevos votos Cambiemos, que era el massismo, era mucho más grande que el randazismo, potencial “proveedor” de votos a Unidad Ciudadana. Si se toman en cuenta los gastos de campaña, la fórmula Kirchner-Taiana fue la cuarta, muy atrás del gasto de Cambiemos, del massismo e inclusive del randazismo. Con todos los medios corporativos, gráficos y audiovisuales en contra y con gran parte del Partido Judicial colaborando con la campaña electoral del macrismo, el resultado que logró la ex presidenta la mantiene en un lugar altamente competitivo.

Los medios oficialistas quisieron mostrar estas elecciones como definitivas. Los opinadores del macrismo, auguraron que sería el fin de la carrera política de Cristina Kirchner. Y si bien la lógica tradicionalmente oficialista de las elecciones de medio término le dió el triunfo a Cambiemos, mantuvo a Cristina Kirchner en un nivel altamente competitivo al tiempo que arrasaba con cualquiera de los otros dirigentes que intentaban reemplazarla como cabeza de la oposición.

El resultado planteó el respaldo para los próximos dos años al gobierno de Mauricio Macri. También demostró que ese voto no va para “macristas críticos”, como los dirigentes del PJ cordobés, Juan Schiaretti y José Manuel de la Sota, o el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey. Donde también arrasó el voto a Cambiemos fue en la fuerza de Sergio Massa. El fenómeno de estas elecciones se verificó a dos puntas: el voto identificó al único oficialismo –que es Cambiemos– y a la fuerza de oposición más clara, la que por lejos más convoca desde la oposición a Cambiemos, que ha sido Unidad Ciudadana, con Cristina Kirchner y Jorge Taiana.

Las elecciones tuvieron un efecto ordenador también en el campo de la oposición. El “macrismo crítico” o la tercera vía no convocan desde el oficialismo ni desde la oposición y el espacio que les queda es muy reducido como para encabezar nada. Schiaretti, De la Sota y Urtubey tendrán que definir hacia donde dirigirán sus alianzas para mantener sus provincias en el futuro. Y cualquier alianza que hagan será en situación minoritaria a nivel nacional y con concesiones a nivel provincial. Si Massa obtuvo este magro resultado en una elección legislativa, es difícil que lo aumente en una presidencial, cuando el voto se concentra, como será la próxima elección en 2019. Todos estos proyectos de liderazgos nacionales que despuntaron en el peronismo durante estos dos años, quedaron muy atrás de Cristina Kirchner que logró un lugar competitivo y de liderazgo en la oposición. Y a partir de octubre, la oposición pasará a tener un rol más protagónico que en los dos años que pasaron, al mismo tiempo que se irá agotando la expectativa de mejora que hubo ayer en el voto oficialista.

23/10/17 P/12