Un gobierno de la negación

Por José Pablo Feinmann

John Ford (imagen), en uno de sus mejores films, ‘El hombre que mató a Liberty Balance’, de comienzos de los sesenta, con John Wayne y James Stewart, y varios de sus magníficos secundarios como Lee Marvin, Edmond O´Brien, John Carradine, Vera Miles y Andy Devine, presenta a tres periodistas de New York que le hacen un reportaje al senador Stewart. Al final, uno pregunta al otro:

–¿Qué vas a imprimir?

–En el Oeste se dice: cuando la leyenda sea más fuerte que el hecho, imprima la leyenda.

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Cuando la negación del hecho sea mayor que éste, hay que aceptar como verdad la negación. Es una versión del famoso apotegma nietzscheano “No hay hechos, hay interpretaciones”.

El Gobierno parece decidido a apelar a este recurso. Por ejemplo: si hay inflación, negará que la haya. Si hay despidos, los negará. Si hay cierre de pequeñas y medianas empresas, negará que los haya. Hasta una meta-fuente del Gobierno como la ex esposa del funcionario Darío Lopérfido negará las cifras consagradas del Holocausto. Es un gesto de amor post-divorcio. Sucede que Lopérfido tuvo un problema de cifras sobre el genocidio argentino y entonces hay que demostrar que todo genocidio ha hecho mal las cuentas. Aquí está, pues, su ex para defenderlo y afirmar que también el Holocausto extravió sus números. ¡Meterse en un tema tan espinoso por amor a un ex! Donde hubo fuego, arden cenizas. Que también pueden leerse como una amistad perdurable.

La famosa jueza Servini de Cubría acaba de negar al peronismo, interviniéndolo. La maniobra es claramente funcional al gobierno. Se trata de desprestigiar al peronismo. Echar sombras a la oposición. Si se ha creado un arco opositor, y si su eje es el peronismo, y si el eje del eje es CFK ya se tiene el dibujo de la oposición que el Gobierno quiere quebrar por medio de una justicia adicta. Y también de un poder mediático más que adicto, propio. Es un poder muy poderoso, valga la redundancia, pero sucede que la redundancia es precisamente redundante pues el poder del Gobierno es mucho más que político, es también judicial y mediático, además de legislativo y ejecutivo. Ese poder se encuadra en lo que Heidegger llama “el señorío de los otros”. Bajo ese señorío vivimos hasta el agobio. El único que no se puede imponer compulsivamente es el poder de los economistas. Porque no pueden decretar que los precios no suban, que los sueldos bajen, que las jubilaciones aumenten. Pueden negarlo, sí. Y eso hacen. Pueden decir que sus contrarios mienten. También lo hacen. Y así siguen aumentando su poder.

A través del poder mediático consiguen volver creíbles sus falsedades. Total, ya no hay falsedades. Imprima la leyenda. La leyenda es lo que “se dice”. Ya John Ford lo sabía. Era una de las leyes del Oeste.

Es un Gobierno de la negación. Desde este punto de vista es hegeliano. Toda negatividad es afirmación de sí mismo. Tengo que negar lo que me niega para afirmarme. Si se dice que hay inflación, eso niega mi buena gobernabilidad en el plano económico. Tengo que negar eso. No hay inflación. Aquí me afirmo a mí mismo. Así, el Gobierno, antes que posmoderno, es dialéctico y hegeliano. Negando lo que me niega me afirmo a mí mismo. Luego lo publico abrumadoramente, lo vuelvo en leyenda y lo publico a través de mi poder mediático adicto. Aquí me transformo en posmoderno. Hay que apelar a todos los recursos.

No bien uno abre un libro del filósofo de moda se encuentra con las citas que hay que citar, con los libros que hay que leer y hasta con el tamaño que debe tener la mercancía a comercializar. Hagan la prueba. Abran un libro (que será pequeño) del surcoreano Byung-Chul Han. De inmediato, una cita de Nietzsche. Y si es –la cita– de Consideraciones intempestivas. Y si es de la Nº 2, todo cerrará perfecto. Vivimos todavía los tiempos de la agresión a la Historia. Nietzsche sigue de moda. Las intempestivas también. Y sobre todo la Nº 2. Ya está. Ya se tiene pasaje de posmoderno, algo que todavía vende. Los libros de Byung-Chul Han tienen de todo. Son breves, pero contienen mucho. Como el macrismo. Sólo le faltan los globos. Pero sus tapas son muy coloridas. El neo-liberalismo sonríe y baila a lo largo y ancho del mundo. Si lo necesita a Hegel, lo usará. Pues niega lo que no gusta de sí mismo. Y a otra cosa.

15/04/18 P/12

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