Un juicio de mentira

Por Hector Timerman

Timerman desde su casa. “Primero fue mi padre, detenido y torturado por la dictadura cívico militar. Hoy la pesadilla se reedita”. Ayer, Ronald Noble –quien fue Secretario General de Interpol durante 14 años– desmintió públicamente al juez Claudio Bonadío que lleva la causa por encubrimiento a raíz de la denuncia del fiscal Alberto Nisman. Bonadío acusó a Noble de haber complotado conmigo para levantar las alertas rojas emitidas por dicha organización policial. Alertas rojas impuestas por Interpol a solicitud de Argentina, y que implican el arresto de cinco ciudadanos iraníes imputados de ser autores del atentado a la AMIA.

La osadía del juez Bonadío apoyada desde la tapa del diario Clarín y la desmentida de Ronald Noble muestran que sí, hay un límite inclusive para Clarín y un juez que se siente dueño de vidas en un rincón del mundo. Siempre existe ese límite, que el propio Bonadío, en este caso, no se atreve a cruzar: pedirle a Interpol que detenga a quien durante muchos años fue la máxima autoridad policial internacional. Al igual que durante el Macartismo, cuando se encarceló a varios personajes menores y terminó derrumbándose al intentar acusar al Ejército estadounidense de estar manejados por comunistas. Un ejército que volvía victorioso de la Segunda Guerra y la guerra de Corea y contaba con la admiración de su pueblo. Macarthy termina siendo víctima de sus propias mentiras. Bonadío también construye sobre mentiras y al igual que otros famosos mentirosos, necesita mentiras más grandes para ir sustentando la mentira original hasta que la desmentida de alguien prestigioso muestra la verdadera cara del Juez.

Lo que comienza con la validación de una inexistente reunión en Aleppo entre los cancilleres de Irán y Argentina para encubrir a los presuntos responsables del atentado a la AMIA, continúa con el falaz argumento de que el texto del Memorando fue elaborado por Irán y aceptado por Argentina. Sigue diciendo que los legisladores nacionales convierten en ley el memorando engañados por el Poder Ejecutivo, continúa con un acuerdo entre Argentina e Interpol para que caigan las alertas rojas. Lo que no puede explicar Bonadío es por qué si todos hicimos lo que quería Irán, éste país no aprobó la puesta en marcha del Memorando. Tampoco puede explicar por qué si Ronald Noble fue parte del encubrimiento, no le dictó al ex secretario de Interpol la prisión preventiva como hizo con otros supuestos partícipes del complot.

A una acusación sin sentido le suma la grave denuncia de establecer que Irán y Argentina están en guerra desde hace 23 años. Así puede mentirosamente construir la calificación de la conducta por la cual nos acusa como “traición a la patria”. Y así seguirá mintiendo, buscando cumplir con los deseos de varios grupos que han utilizado a la Causa Amia para obtener logros que nada tienen que ver con los intereses geopolíticos de la Argentina y mucho menos con el reclamo de justicia de los familiares y de la sociedad.

Escribo estas líneas en mi casa, dado que Bonadío dictó mi detención domiciliaria debido al sufrimiento de una enfermedad terminal. Como hace más de 40 años, mi familia tiene que afrontar esta situación espantosa. Primero fue mi padre, detenido y torturado por la dictadura cívico militar. Hoy la pesadilla se reedita. Y aun así, no puedo dejar de pensar en quienes están en estas horas sufriendo también una prisión ilegitima, ilegal y arbitraria en peores condiciones que las mías. Pienso en las familias de todos los que somos víctimas de un poder judicial que ha perdido el decoro.

Ayer dijo Roland K. Noble: “Un reporte tendencioso del Juez Bonadío no puede cambiar la verdad: Argentina o Timerman nunca requirieron a INTERPOL dar de baja las notificaciones rojas!”

¿Hasta dónde llegarán las mentiras necesarias para condenarnos?

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