Un sistema inalterable

Hay que discutir no solo personas, sino sistemas. El sistema cambia y hace ajustes, para que nada cambie

Por Catalina de Elía

Imagen: Stornelli y Rodríguez, todo depende del paraguas que los cubra

“El sistema no castiga a sus hombres: los premia. No encarcela a sus verdugos: los mantiene” – “Quién mató a Rosendo”, Rodolfo Walsh.

El espectáculo derivado de los affaires que rodean a Comodoro Py es difícil de explicar. Se agudizó un proceso que viene de lejos y nadie sabe a ciencia cierta cuándo y cómo va a seguir.

Sin embargo, llama la atención que dentro de ese sistema formado por jueces, fiscales, abogados, empresarios, espías, dirigentes políticos y aventureros de todo tipo haya quienes caen en desgracia y quienes se mantienen en sus lugares, pese a que no existan diferencias relevantes entre ellos.

Las sospechas de sobornos, tráficos de influencias, favores y amiguismos son de larga data. No obstante, las fracturas de estos últimos días son parciales, arbitrarias y en cierto punto antojadizas, porque selectivamente las lámparas de alumbrado se posaron en los casos del juez Luis Rodríguez y del fiscal Carlos Stornelli.

Centenares de hipótesis, relaciones, referencias e interpretaciones circulan en derredor de dos casos que tienen algunos puntos de contacto pero que, en general, muestran de un modo literal y sin metáforas que en la arena judicial se juegan muchas más cosas que las previstas por la Constitución, y que no siempre son compatibles con la ley.

Además, más allá de la intensidad actual, el aparato judicial nos ofrece crisis recurrentes. Lo hace cada vez con más frecuencia. La salida de los jueces Freiler y Ballestero, los traslados de jueces para integrar “adecuadamente” la Cámara Federal y los tribunales orales para juzgar la corrupción K, la crisis por la presidencia de la Corte Suprema, las maniobras del Ejecutivo y de la Justicia para acoplar el cronograma electoral con el avance de las causas, las presiones a los funcionarios judiciales independientes, las maniobras en el Consejo de la Magistratura, constituyen indicadores de una gran crisis.

Pero el sistema no cambia. Hay nombres que salen y nombres que entran, pero si borramos las marcas del DNI los productos de la justicia son similares. Esto significa que lo que hay que discutir no son solo personas, sino sistemas. Mi intuición es que el sistema cambia y hace ajustes, para que nada cambie.

Los biólogos chilenos Humberto Maturana y Francisco Varela crearon un concepto que fue importado por las Ciencias Sociales y que guía mi intuición: la autopoiesis. La definieron como uno de los rasgos característicos de los seres vivos. Los sistemas autopoiéticos constituyen una red de operaciones que reproducen el sistema. Le dan vida. Lo conservan y lo reproducen.

Para hacerlo, crean o destruyen elementos de ese sistema como respuesta a perturbaciones del medio ambiente. Pueden cambiar muchos componentes, pero la identidad del sistema permanece inalterable en el tiempo. El sistema permanece con vida gracias a la autopoiesis y ello le permite soportar el paso del tiempo sin modificarse significativamente en su esencia.

Algo de esto ocurre con el sistema institucional de la Argentina y con la Justicia en particular. Hace tiempo que las instituciones dejaron de servir al pueblo. Hace tiempo que la representación política representa intereses diversos a los de la Nación. Y también hace tiempo que hay muchos cambios, pero que lo único que no cambia es el sistema.

El sistema elige algunos elementos para afrontar tormentas del medio ambiente. Puede ser un juez, un fiscal, un abogado, un ex funcionario si el entorno se siente asfixiado por la corrupción. Puede ser un funcionario honesto que no captó los intereses del régimen.

Lo que hay que tener presente es que, más allá de los ruidos, el sistema permanece inalterable.

El Cohete a la Luna

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