Un titiritero de la Justicia, nuevo embajador de EE.UU.

Por Emiliano Guido*

El juez texano Edward Prado, un republicano moderado, es el nuevo embajador estadounidense en Argentina. De esa manera, la Administración Trump coloca, finalmente, a una persona de su confianza al frente de la misión diplomática en Buenos Aires, una silla vacante desde hace 14 meses. El magistrado Prado, de buen vínculo con el ministro Germán Garavano y algunos jueces de Comodoro Py, promete darle “visado” a la reforma penal de Cambiemos y ensamblar el trabajo de las agencias cooperación estadounidenses en el tema prioritario que el jefe de la Casa Blanca ha delegado a su par argentino: el cerco político regional contra Venezuela.

Los agentes de la DEA (agencia antinarcóticos) y el FBI asentados en Argentina podrán contar en pocos días con un embajador de su confianza para compartir comentarios elogiosos a favor de Donald Trump. Es conocido que la filiación política del personal de ambas dependencias suele estar volcada hacia el Partido Republicano. De hecho, la última persona a cargo de la sede diplomática de la Avenida Colombia, el demócrata Noah Mamet, montó en cólera al ver la alegría de sus coterráneos durante la cena de gala que brindó en la Embajada la noche de la imprevista victoria electoral de Trump. Tal fue la tirria de Mamet que ordenó al personal de ceremonial apagar los televisores donde los empresarios y políticos argentinos invitados se iban anoticiando del triunfo del hombre de jopo anaranjado.

El hombre delegado por el ex Jefe de Estado Barack Obama hizo las valijas, finalmente, el 20 de enero del año pasado. Desde entonces la señorial y recoleta casa diplomática del barrio de Palermo fue direccionada por Tom Cooney, quién oficio como Encargado de Negocios. En el futuro Cooney será Ministro Consejero, número dos en el organigrama. Pero, ese interregno ha llegado a su fin. Luego de un tramite exprés en el Senado norteamericano, la celeridad parlamentaria se debió a que es un magistrado es respetado por todo el arco político del Capitolio, el juez texano Edward Prado aterrizará dentro de pocos días en Ezeiza para ocupar la silla privilegiada de Washington en su cabildeo permanente ante las élites políticas y empresarias argentinas.

Prado llegará al país acompañado, solamente, con su esposa. A los setenta años sus hijos transitan, obviamente, la middle age y ya tienen su vida hecha en Estados Unidos. El resto del cuerpo diplomático de carrera lo espera para trabajar con los brazos abiertos y los mecanismos de influencia ya enraizados en la capital argentina. Prado tampoco necesita traductor. Habla perfectamente el idioma español. Menos requiere de una guía turística. El nuevo embajador conoce Buenos Aires, Salta, Neuquén y Tierra del Fuego, donde brindó disertaciones académicas en tópicos judiciales que el Departamento de Estado considera prioritario exportar para moldear los sistemas jurídicos de la región: el sistema acusatorio y el juicio por jurados.

De esa manera, desde el año 2002, Prado cultivó relaciones con miembros de la extinta usina de ideas jurídicas del PRO conocida como Justicia en Cambio, un grupo integrado en su momento por el ministro de Justicia Germán Garavano, la jueza de la Corte Suprema Elena Highton y Santiago Otamendi, actual representante argentino ante el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI). Naturalmente, apenas conocida la llegada de Prado, Garavano tendió la alfombra roja con fuertes elogios hacia su persona: “Recibimos con mucho beneplácito este nombramiento y creemos que va a ser de una gran ayuda a la reforma del sistema penal y de la toda la Justicia que queremos implementar”.

El politólogo argentino Joaquín Harguindey, especialista en la política de Estados Unidos y Director del Observatorio John F. Kennedy, recuerda a Nuestras Voces que: “Prado fue nominado, originalmente, por (Ronald) Reagan como juez. Es considerado un adherente a la corriente más centrista del Partido Republicano. Es decir, no es parte de los jueces más alineados con Donald Trump. Tiene fama de ser un magistrado no demasiado extremo en sus pronunciamientos. En los distritos judiciales sureños donde fue competente ha tenido fallos moderados, si puede permitirse esa calificación. Además, durante la administración de George Bush, la bancada demócrata lo propuso para ocupar un lugar en la Corte Suprema de Justicia. Eso evidencia la buena relación que tuvo y tiene con la totalidad del sistema político de su país porque posee un perfil componedor. El rápido tratamiento que tuvo en el Senado su nominación como embajador en la Argentina también demuestra el visto bueno, tanto de Demócratas y Republicanos, con la designación de Prado en Buenos Aires”.

Por otro lado, en las audiencias llevadas a cabo en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado norteamericano, que fueron comandadas por el Senador ultraconservador por el Estado de Florida Marco Rubio, Prado reforzó en su exposición su experimentado currículum en el ámbito del derecho y su defensa del Poder Judicial como garante del modelo republicano. “Sé cuán importante es el estado de derecho y cuán importante puede ser una rama judicial fuerte e independiente para un país si pretende ser una democracia sólida. Mi intención es continuar trabajando con los abogados y jueces de la Argentina para mejorar el sistema judicial y fortalecer la confianza de la gente en el sistema judicial”, soslayó Prado para beneplácito de Rubio. El ya nombrado Senador de Florida y su par demócrata Ben Cardin fueron los únicos interlocutores de Prado en un escueto diálogo con el futuro embajador que sólo incluyo tres preguntas.

Tanto Rubio como Cardin fueron al hueso en tres ítems que están subrayados con el rótulo de urgente para la Administración Trump en su vínculo con Argentina: la investigación del atentado a la AMIA, la muerte del fiscal Alberto Nisman, y la situación del “dictatorial régimen venezolano”. Naturalmente, Edward Prado se comprometió a trabajar por el esclarecimiento de los dos primeros hechos y, tras escuchar de boca de Rubio el “estratégico” rol que el presidente Macri está emprendiendo en Sudamérica contra la “dictadura venezolana”, el hombre de Texas prometió respaldar al líder de Cambiemos en su cruzada regional.

¿Será Prado un embajador más centrado en caminar pasillos judiciales que en lubricar las posiciones comerciales de las transnacionales de su país en Argentina? ¿Por qué, en definitiva, Estados Unidos promueve restarle cuotas de poder a los jueces a manos de otro proceso penal como el juicio por jurados? Sobre la segunda cuestión Harguindey sostiene que: “Supongo que el juicio por jurados y el sistema acusatorio, una herencia del derecho británico, es percibido por los EE.UU. como un camino doctrinario aconsejable para evitar el personalismo de los jueces y sus posibles arrebatos de tiranía. La visión de ellos es que un sólo magistrado no puede concentrar decisiones trascendentes en el ámbito público o privado. Prado, es conocido, ha venido a dar talleres académicos a la Argentina para promover esa corriente jurídica, de ahí que conozca al ministro Garavano y a algunos jueces. En ese sentido, a diferencia del último embajador (Noah) Mamet, que comenzó su sociabilidad de cero en el país, Prado ya tiene cultivada algo de agenda en la Argentina”

Por último, Prado será, naturalmente, la cara de su país en Argentina en un momento donde el presidente Trump ha radicalizado la política exterior hacia posiciones cada vez más unilateralistas y belicistas. El Palacio San Martín viene alineándose sin grises con Washington a nivel regional. De hecho, el gobierno de Cambiemos fue una de las administraciones más vehementes del Sur en mostrar su adhesión a las pocas convocatorias interamericanas que Trump ha desplegado al sur del Río Bravo: ya sea el tendido de un cerco político militar contra Venezuela y la conveniencia de contar a la DEA como un aliado de hierro en la guerra prohibicionista contra las drogas.

“La próxima asunción de John Bolton, un ex NeoCom de la Administración Bush y ex embajador ante la ONU, donde tuvo un perfil profundamente anti multilateralista, como nuevo Asesor de Seguridad Nacional; de Mike Pompeo, ex director de la CIA, en la Secretaria de Estado; y del conservador Larry Kudlow, como consejero económico estrella, auguran una política exterior más agresiva de Donald Trump. Los tres, Bolton, Pompeo y Kudlow, se han mostrado partidarios de ser menos tolerantes y pasar a la acción en los conflictos abiertos que tienen con Corea del Norte e Irán. El líder republicano pretende reforzar la supremacía global estadounidense desde un más ángulo aislacionista en lo comercial y con más peso unilateralista en su relación con el mundo. Es evidente que con todos esos movimientos Trump profundiza el rumbo nacionalista y conservador de su mandato”, interpreta Joaquín Harguindey.

A Edward Prado lo espera un buen recibimiento. Aparte de manejar el castellano, habla el mismo idioma político, tanto de los agentes de la DEA y la CIA que lo recibirán en la Embajada, como de los representantes políticos del país donde tendrá su nuevo hogar y trabajo.

* Periodista especializado en política internacional. Forma parte del Programa de Integración Regional y Financiamiento para el Desarrollo en Fundación SES (Argentina). Ganador del Premio José Martí (2006) otorgado por la agencia Prensa Latina.

Nuestras Voces



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *