Una nueva oportunidad

Por Sandra Raggio*

El proceso de desafectación del inmueble donde funcionó el CCD (Centro Clandestino de Detención) Pozo de Quilmes se dio en un contexto político donde los derechos humanos y la memoria fueron fuertemente atacados en su legitimidad desde señalarlos como “curros” hasta acusaciones falaces con sentido negacionista. Sin embargo, fue un proceso exitoso, porque se asentó desde su inicio en una construcción colectiva que tuvo la capacidad de incorporar en su dinámica la lógica de las instituciones estatales y avanzar en la puesta en marcha de un nuevo espacio público como es un Sitio de Memoria.

El “Pozo”, desde su desafectación parcial, comenzó a ser habitado por los sobrevivientes, los familiares, las organizaciones, las nuevas generaciones. Protagonistas todos del proceso de resignificación, de subversión del sentido de lo antes habitado, tanto en sus tiempos de centro clandestino como en su función de detención en democracia. La desafectación total abre otra etapa, que coincide con el cambio político en el contexto, con lo cual las ideas en borrador, los proyectos imaginados en tantos intercambios podrán ir concretándose. En breve se inicia el juicio por los crímenes de lesa humanidad ocurridos allí, lo cual será una nueva oportunidad para instalar en la comunidad quilmeña el debate sobre el pasado y con él, lo que queremos del porvenir.

* Directora general de la Comisión Provincial por la Memoria

 

El horror dejó de ser un bache

Por Emilce Moler*

Celebro, junto a todos los compañeres que hicieron posible que este lugar sórdido se recupere para un espacio de Vida y Memoria. Este sitio es la síntesis de luchas, compromiso, militancia, de todos los que no nos resignamos a que nos pisoteen la historia.

Fueron años de contar, testificar, participar de distintos actos, firmar petitorios para que este Pozo del Dolor, sea un lugar de Memoria. Nos dolía la naturalización del olvido de este sitio. Volvimos a levantar nuestras voces cuando, con horror, escuchamos decir que este centro clandestino era un “bache”.

Y ante esa ofensa yo recordé en un acto mi paso por este lugar en 1976. No sabía dónde estaba. Subí escalaras caracol, con miedo, vendada, manos atadas, temblorosa, sin saber mi destino final, ni el inmediato.

Fue impactante cuando volví, en el año 2019, junto a ex detenidos, luchadores populares y jóvenes ávidos de conocer este período de nuestra historia. Subir las mismas escaleras, tocar las paredes descascaradas de las celdas, los barrotes, pasillos, baños con letrinas, lugar inhabitable.

Como nos dice León Gieco: “Todo está guardado en la memoria”. Y hoy también todo está para que se visite, para que sea un testimonio de la historia en nuestro presente y en especial para nuestro futuro.

Aún siento las ausencias del Pozo de Quilmes. Por ellos, para evitar negacionismos, construyamos este espacio que será de Memoria, Verdad y Justicia.

* Sobreviviente de La noche de los Lápices

16/03/20 P/12

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