Una Soberanía Celeste, Terrestre y Marítima

Reflexiones a 200 años de la toma de posesión de las Malvinas por las Provincias Unidas.

Por Facundo Di Vincenzo[1]

Introducción

Comencemos con un altercado, ocurrido en algún salón de Buenos Aires allá por 1948:

«-Creo que mister no ha entendido bien –empezó a decir- para nosotros Inglaterra no es el extranjero.»

-¡Ah, ah! –sonrió mister Crisholm complacido-. ¿Qué cosa es entonces?

-¡Inglaterra es el enemigo! –le respondió Bernini en son de trompeta.

Fue la señal de asalto. Samuel Tesler se adelantó de pronto hasta mister Crisholm, y tras una profunda reverencia le anunció solenmemente:

-Delenda est Britannia! [En latín: ¡Destruir a Gran Bretaña!]

-Les rechazamos dos invasiones –Trono Del Solar-, pero nos han vencido en la tercera: la de la esterlina.

Rojo como un gallo de pelea mister Crisholm tendió su puño a los insurgentes.

-¡Nadie puede negar la visión civilizatoria de Inglaterra! –carraspeó- ¿Quién se atreve a negarla?

-¡Yo! –Dijo el filósofo [Samuel Tesler]-. Históricamente hablando, Inglaterra sigue como en los tiempos de Roma. Nunca se deja civilizar del todo, rebelde como es a la línea tradicional y al orden eterno. ¡Y esos bárbaros envueltos en elegantes casimires pretenden civilizar a hombres que tienen cuarenta siglos de metafísica en la sangre!»[2]

El párrafo corresponde al libro Adán Buenosayres (1948) de Leopoldo Marechal (Villa Crespo, 1900-1970). La animosidad con Inglaterra antes y después de aquel entrevero ha sufrido alteraciones, cambios y transformaciones pero permanece. Una parte del territorio argentino sigue siendo ocupada ilegalmente por Inglaterra y el reclamo por esas tierras se encuentra vigente.

Como señala José Luis Muñoz Azpiri en su obra Historia completa de las Malvinas (de tres voluminosos tomos[3]), más allá de las metafísicas y valerosas argumentaciones del filósofo villacrepense Samuel Tesler, tras la Revolución de Mayo las Islas Malvinas pasaron a pertenecer a las Provincias Unidas del Rio de la Plata.

Parafraseando al poeta Leopoldo Marechal, la Soberanía terrestre y marítima (física, jurídica, legal) y la celeste (metafísica y natural) sobre las Islas Malvinas se fusionan el 6 de noviembre de 1820 cuando el Coronel David Jewett (Connecticut, 1772-Rio de Janeiro, 1842) al servicio desde 1815 de las Provincias Unidas del Río de la Plata, llega con la fragata «La Heroína» a Puerto Soledad para tomar posesión de las Islas en nombre del Gobierno de esas Provincias Unidas.

Jewett mando a izar la bandera celeste y blanca en tierras malvinenses y emitió distintos comunicados para los pobladores como así también para los cazadores de lobos marinos y de ballenas que usualmente llegaban a las Islas. Los textos informaban que de ahora en más quedaba prohibida la caza y pesca en la jurisdicción de las islas a los buques extranjeros[4]. Además, distribuyó una circular a los barcos estacionados en las proximidades, en la que se aludía a la formalización del traspaso de la Soberanía del Virreinato del Río de la Plata a las Provincias Unidas[5].

La Soberanía Celeste

La historia de las Islas Malvinas fue abordada en múltiples estudios, por mencionar tan sólo algunos, están los primeros trabajos como la Colección de documentos relativos a las historia de las Islas Malvinas desarrollada por el Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad de Buenos Aires (1857) los libros de Paul Groussac, Les Isles Maluines (1910), de Antonio Gómez Langenheim, Elementos para la historia de nuestras Islas Malvinas (1939), de Ricardo Caillet Bois, Una tierra argentina: las Islas Malvinas. Ensayo basado en una nueva y desconocida documentación (1948) y el más completo que he encontrado hasta la fecha de José Luis Muñoz Azpiri, Historia completa de las Malvinas 3 volúmenes.

En estos trabajos se mencionan diferentes teorías sobre el descubrimiento europeo de las Islas Malvinas y más-menos, acuerdan en que los europeos divisan las Islas a mediados del siglo XVI. La fecha que contiene mayor documentación, y en este sentido fundamento, es la referencia del navegante, comerciante, explorador florentino Américo Vespucio (1554-1512), quien en uno de sus viajes por los mares del sur (abril de 1502) habla de ellas. En una carta a Piero Soderini, fechada en Lisboa a 4 de septiembre de 1504 y denominada «Lettera di Amerigo Vespucci delle isole nuovamente trovate in quatro suoi viaggi», el navegante relata: «Este día se levantó en el mar una tormenta tan recia que nos hizo amainar del todo nuestras velas y corrimos a palo seco […] En medio de esta tormenta avistamos el día 7 de Abril una nueva tierra de la cual recorrimos cerca de 20 leguas encontrando la costa brava, y no vimos en ella puerto alguno ni gente, creo porque era el frío tan intenso que ninguno de la flota se podía remediar ni soportarlo.» Otros viajeros y navegantes también mencionan las Islas, como el portugués Esteban Gómez, integrante de la expedición de Hernando de Magallanes, quien las divisa en 1520 y el Obispo de Plascencia que las menciona en 1540 a bordo de la nave «Incógnita».

Si bien en estos testimonios se hace alusión, como en el caso de Américo Vespucio, a que las Islas no estaban habitadas, los estudios de ADN realizados entre 2009 – 2010 por un equipo científico dirigido por Graham J. Slater de la Universidad de California en Los Ángeles, confirman lo que intuyeron los gauchos malvinenses: que el aguará guazú o «perro de los Yámanas» fue uno de los primeros habitantes de las Islas[6]. Ahora bien, ¿Qué nos dice este hallazgo? Una de las teorías sobre los primeros habitantes humanos de las Islas se apoya en la hipótesis de que habían sido habitadas por los nativos del continente, se hablaba de la existencia del «zorro-lobo de Malvinas», en realidad se trata del guará o perro de los nativos patagónicos, un animal doméstico de la comunidad de los Yámanas, pueblo que habitó el archipiélago fueguino antes de la llegada del «hombre blanco».

Los investigadores de la historia de los pueblos nativos del sur como Raúl Mandrini y Carlos Pedro Vairo, señalan que el modo de vida de este pueblo fue el nómada, desplazándose en canoas, utilizada para la caza, recolección y pesca con una larga tradición en estas actividades. Estos estudios hablan de que sus antecesores recorrían las islas y demás canales del sur (desde el Canal de Beagle hasta el Cabo de Hornos) desde hace 6000 años A.P. En la actualidad los descendientes de los Yámanas forman la comunidad indígena Yagan Paiakoala, ubicada en Ushuaia.

Ahora bien, me interesa destacar que estas excavaciones fortalecieron lo narrado por los gauchos malvinenses, quienes llamaron a esta especie guará o «perro de los indios». Otros hallazgos, de puntas de flechas en Lafonia (en la parte sur de la Isla Soledad) y restos de canoas antiguas, reforzaron esa teoría[7]. Además se hallaron algunas evidencias ambiguas de la presencia de madera, pese a que las islas no tenían árboles a la llegada de los europeos.

Más allá de todos estos indicios que hablan de una serie de elementos anteriores a 1820 que ligan a la historia de las Islas y con las del continente, hay otros elementos que encadenan a los territorios y sus habitantes.

Los datos extraídos por documentos, fuentes, hallazgos arqueológicos, como las marcas presentes aún en las Islas: los corrals de piedra, demuestran que el indio y el gaucho, numen y sustancia de la nacionalidad argentina, se hacen presentes en las Malvinas antes del 1800. Gauchos, indios y algunos esclavos negros son llevados para que realicen diferentes trabajos en las Islas a partir de 1766, momento en el cual el Rey español Carlos III creo por medio de una real cédula la Gobernación de las Islas Malvinas.

Especialmente quiero señalar que todos estos trabajadores ya tenían una relación particular, emotiva y sentimental con el paisaje. El suelo de las islas como el del continente mantiene las mismas características de infinitud, inmensidad y profundidad. El filósofo Carlos Astrada (Córdoba, 1894-1970) la define: «La extensión ilimitada, como paisaje originario y, a la vez, como escenario y elemento constitutivo del mito, he aquí nuestra Esfinge, la Esfinge frente a la cual está el hombre argentino, el gaucho.»[8] Para Astrada si uno imagin una imagen humana en las tierras australes esa imagen es la del gaucho y la del indio, afirma, son los habitantes naturales de un lugar que, parafraseando al poeta Rainer Maria Rilke[9], parece limitar con la eternidad. Escribe Astrada: «La Pampa, con sus horizontes en fuga, nos está diciendo, en diversas formas inarticuladas, que se refunden en una sola nota obsesionante: ¡O decifras mi secreto o te devoro»![10] Ese plano metafísico del paisaje en el continente y en las islas, dan un dimensión espiritual que se encuentra ligada indisolublemente con los seres que mejor lo interpretaron y respetaron con su errático ambular, el gaucho y el indio.

Cuando me refiero a una Soberanía Celeste, ¿uno está hablando de magia? ¿de poesía? ¿es algo ficcional? ¿es una entelequia? De ninguna manera. La Cosmovisión liberal que impero en las republiquetas que emergieron tras vencer en las guerras civiles a los líderes que expresaban las tradiciones y costumbres de los seres de estas tierras (Federales, Rosistas, cristianos e indígenas) legitimaron sus sangrientas victorias con constituciones de letras muertas. La razón (impura) turbia y exclusiva, que escribió la Constitución liberal de 1853. Luego, se sucedieron más de 60 años de elecciones fraudulentas, arregladas y violentas, en donde primó la exclusión de las mayorías de los ámbitos de decisión política. Afirmaba uno de sus mayores exponentes, Domingo Faustino Sarmiento, «Un pueblo ignorante [la mayoría a los ojos de sanjuanino] siempre votara por Rosas».

Lo cierto es que siempre convivieron (y conviven) más de una Cosmovisión, aunque dos de ellas son las más preponderantes en nuestra historia. Una Cosmovisión Liberal (eurocéntrica) y una Cosmovisión Nacional, esta última que emana de los habitantes que trabajaron el suelo. En este sentido, la Cosmovisión Nacional se encuentra arraigada en el trabajo, y por tanto, es social y colectiva, ya que el trabajo es una actividad humana que se realiza con otros, para un nosotros y/o para otros. El trabajo es una acción natural de los humanos, un comportamiento que es propio de nuestra especie como animales gregarios. El humano no puede sobrevivir sólo, nace con otros que lo ayudan a vivir en estas tierras.

En resumen, encuentro que de los primeros trabajadores que llegaron a las islas allá por el 1700 emana el sustrato Nacional que llega hasta nuestros días. En su texto, La Comunidad Organizada, Juan Domingo Perón, escribe: «Lo que caracteriza a las comunidades sanas y vigorosas es el grado de sus individualidades y el sentido con que se disponen a engendrar lo colectivo. A este sentido de comunidad se llega desde abajo, no desde arriba; se alcanza por el equilibrio, no por la imposición. […] Esta comunidad que persigue fines espirituales y materiales, que tiende a superarse, que anhela mejorar y ser más justa, más buena y más feliz, en la que el individuo puede realizarse y realizarla simultáneamente, dará al hombre futuro la bienvenida desde su alta torre con la noble convicción de Spinoza: sentimos, experimentamos, que somos eternos.»[11]

Otra condición de la Cosmovisión Nacional es su naturaleza pacífica, diferente a la Cosmovisión Liberal: belicista, mercantil y usurpadora. Como señala el poema fundacional de la nacionalidad argentina, El Martín Fierro de José Hernández: «El trabajar es la ley / porque es preciso alquirir / no se espongan a sufrir / una triste situación: / sangra mucho el corazón / del que tiene que pedir»[12]. Los gauchos asumen la acción del trabajo como parte de la naturaleza humana, que Hernández valoriza una y otra vez en su poema, en otro pasaje escribe: «debe trabajar el hombre / para ganarse el pan.», en otras palabras, la adquisición de bienes se logra por el trabajo, que al mismo tiempo, tiene que ser justo y reconocido por el patrón. Para Hernández la paz entre los hombres se rompe cuando el gaucho sufre injusticias, como le ha ocurrido a Martín Fierro, de ahí la desconfianza por la ley, escribe Hernández: «La ley es para todos / pero sólo al pobre la rige». De allí que la lucha de los pueblos se expresa con un halo de justicia y sea enunciada generalmente como «lucha por la liberación Nacional». El pacifismo económico de la Cosmovisión Liberal (OTAN) desconoce todo esto porque para las potencias del Atlántico Norte cesarán todas las guerras cuando se inaugure la era del perfecto libre cambio. De allí que filósofos como Carlos Astrada[13] o Alekxandr Dugin[14], aludan a un tipo de pacifismo imperialista y mercantil, en donde se pasa de una guerra por necesidades (guerra como medio de alimentación) a otro modo de guerra, por poder político y motivación económica, es decir, no hay necesidades sino búsquedas de mayores ganancias. Para la Cosmovisión Liberal de la OTAN la guerra es un medio para adquirir más mercancías, no es fundamental para adquirir bienes el trabajo como señalaba Martín Fierro, sino que en esta Cosmovisión, el robo y la ocupación de lo ajeno son acciones naturalizadas. Escribe Astrada: «La forma particular del imperialismo mercantilista anglosajón, ya perimido, cuya garra predatoria, que se hizo sentir durante el siglo XIX, alcanzó también hasta nosotros, arrebatándonos las Malvinas y dejándonos esa herida, hasta ahora abierta, en el flanco Atlántico de la Patria.»[15]

No es un hecho fortuito ni casual, que los gauchos de Malvinas, portadores del sustrato y numen Nacional, sean quienes en 1833 resistan la embestida anglosajona. Aparentemente por el mal trato y las malas condiciones instauradas en la Islas luego de la ocupación sajona, el entrerriano Rivero encabezó un alzamiento con los gauchos José María Luna, Juan Brasido, Luciano Flores, Manuel Godoy, Felipe Salazar, Manuel González y Latorre. Algunos historiadores, como José María Rosa[16] y Hugo Chumbita[17], señalan que Rivero izó la bandera Nacional (Rosa) y que durante la rebelión retiraron del mástil del Puerto Soledad la bandera británica (Chumbita).

La Soberanía terrestre y marítima

Cuando los españoles llegan a las tierras del Sur de América por el 1530, ya diferentes bulas papales le habían concedido el derecho de dominio, claro está, siempre y cuando cumplan con la tarea de evangelizar a sus pobladores. Las bulas Inter Caetera y Dudum si Quidem de 1493 le adjudicaban a la Corona española «todas aquellas islas y tierras firmes, encontradas y que se encuentren, descubiertas y que se descubran hacia el mediodía», fijada en una línea a cien leguas de las islas Azores. Las islas Malvinas, avistadas por primera vez en la expedición de Magallanes, fueron incluidas en las zonas aludidas por las bulas. A pesar de ello, son los franceses los que primero quieren establecerse en las Islas. Tras los reclamos de la corona española, se logra que se retiren los galos de las Malvinas[18], queda sin embargo el nombre, según Paul Groussac y Muñoz Azpiri, el término Malvinas, surge aparentemente de una deformación. Los colonizadores franceses provenían de Saint Malo, por eso las llamaron Les Isles Maluines.

En varios trabajos el historiador y Oficial Naval Militar Argentino, Laurio Destefani (Junín, 1924-2017), demuestra que es hacia 1766 cuando se nombran las primeras autoridades de la corona española en las Islas. El primero de ellos fue el Capitán de navío Felipe Ruiz Puente, primer Gobernador de las Malvinas. Le sigue una larga lista de Gobernadores españoles, treinta y dos: Domingo Echauri (1773-1774), Francisco Gil de Lemos y Taboada (1774-1777), Ramón de Carassa y Souza (1777-1779), Salvador Medina y Juan (1779-1781), Jacinto Mariano del Carmen Altolaguirre (1781-1783), Fulgencio D. Montemayor (1783-1784), Agustín de Figueroa (1784-1785), Ramón de Clairac y Villalonga (1785-1786), Pedro de Mesa y Castro (1786-1787), Ramón de Clairac y Villalonga (1787-1788), Pedro de Mesa y Castro (1788-1789), Ramón de Clairac y Villalonga (1789-1790), Juan José de Elizlade y Ustariz (1790-1791), Pedro Pablo Sanguineto (1791-1792), Juan José de Elizalde y Ustariz (1792-1793), Pedro Pablo Sanguineto (1793-1794), José de Aldana y Ortega (1794-1795), Pedro Pablo Sanguineto (1795-1796), José Aldana y Ortega (1796-1797), Luis Medina y Torres (1797-1798), Francisco Xavier de Viana y Alzaibar (1798-1799), Luis Medina y Torres (1799-1800), Francisco Xavier de Viana y Alzaíbar (1800-1801), Ramón Fernández y Villegas (1801-1802), Bernardo de Bonavía (1802-1803), Antonio Leal de Ibarra y Oxinando (18033-1804), Bernardo de Bonavía (1804-1805), Antonio Leal de Ibarra y Oxinando (1805-1806), Bernardo de Bonavía (1806-1807), Gerardo Bordas (1808-1810) y Pablo Guillén Martínez (1810-1811).[19]

Tras la Revolución de Mayo de 1810, los gobiernos de las Provincias Unidas del Rio de la Plata, como ha ocurrido desde la época de los Romanos, consideraron el derecho de Uti possidetis iure. Este derecho afirma que las antiguas posesiones coloniales pasaban a ser parte del territorio de las naciones independizadas. Luego, la continuación del dominio, por la tradición de los títulos jurídicos de España en favor de las Provincias Unidas, otorgaba el derecho a disponer administrar y gobernar a todas las Islas del Atlántico Sur.

Las guerras de la independencia obstaculizaron la posibilidad de controlar de una mejor forma estos territorios australes aunque no imposibilitaron que patriotas como Manuel Belgrano o José de San Martín aludan a las Islas Malvinas en sus cartas y directivas. Belgrano en 1811 las menciona al momento de delimitar los espacios sobre los cuales las Provincias Unidas tenían Soberanía. San Martín en 1816 envió una carta a Buenos Aires para solicitar que los prisioneros extranjeros que cumplan condenas en Puerto Soledad sean enviados a prestar servicio al Ejército de los Andes.

La tentativa de ejercer un mayor control sobre las islas enviando autoridades desde el continente se complejiza por la lucha contra España y por las guerras entre Buenos Aires y las Provincias, que estallan ni bien se expande la iniciativa centralista de algunos de los revolucionarios porteños. Como señala Tulio Halperin Donghi[20], la Revolución se encadena con la guerra en el Rio de la Plata y esta situación produce transformaciones en todos los ámbitos posibles.

Comerciantes y agentes británicos aprovechan las dos rupturas, primero la de los lazos de mercantiles entre las colonias de América y España, luego, la interrupción de los vínculos de Buenos Aires y el litoral con las otras regiones americanas, relaciones que en más de 200 años habían posibilitado la producción, circulación y distribución de productos americanos a lo largo y ancho del continente[21]generando uno de los desarrollos regionales más dinámicos de nuestra historia. Propiciando estas transformaciones de la estructuración económica en las Provincias Unidas del Rio de la Plata, los comerciantes e intermediarios porteños abren las puertas al libre mercado, que hacia el 1800 no era otra cosa que promover un desarrollo dependiente –semi colonial- de los potencias de ultramar, más precisamente de Gran Bretaña.

Como se ha señalado, durante la época colonial, la madre Patria, España, mantuvo el control de las Islas Malvinas con una secuencia de 32 gobernadores. La Revolución y sus guerras más la apertura de los puertos y mares del sur propiciada por los porteños, complican la Soberanía de las Islas. Se multiplican las embarcaciones extranjeras que arriban a sus costas, principalmente anglosajones, británicos y estadounidenses, que llegan con su Cosmovisión liberal: roban, usurpan y explotan ilegalmente los recursos de las Islas del Sur. Se cazan ballenas y focas, se roban bienes de los lugareños. Buenos Aires vivía en 1820[22], como afirma Juan Manuel de Rosas, «vagando de Revolución en Revolución», sin embargo, hacia mediados de aquel tormentoso año, el Gobernador Martín Rodríguez puede atender el tema de las fechorías cometidas por los anglosajones nombrando a David Jewett como «Comisionado por el Supremo Gobierno de las Provincia Unidas del Rio de la Plata para tomar posesión de las Islas en nombre de país a que éstas pertenecen por ley natural.»[23

David Jewett había llegado al Río de la Plata tiempo después de la Revolución de Mayo. Formaba parte de la Marina estadounidense y como otros tantos hombres de mar, fue removido de su cargo tras la victoria norteamericana sobre los británicos en una Reforma militar que buscaba recortar los presupuestos de guerra.[24] Quizás Jewett era afín a las emancipaciones de los pueblos americanos, quizás buscaba un horizonte mejor para su desarrollo profesional, lo cierto es que desde 1815 forma parte de la Marina de las Provincias Unidas, y en Octubre de 1820 llega a la Bahía de la Anunciación, arribando a las Islas en los primeros días de Noviembre al mando de la fragata Heroína. Una vez en las Islas escribe Jewett:

«Señor, tengo el honor de informarle que he llegado a este puerto comísionado por el Supremo Gobierno de las Provincias Unidas de Sud América para tomar posesión de las islas en nombre del país a que éstas pertenecen por la Ley Natural. Al desempeñar esta misión deseo proceder con la mayor corrección y cortesía para con todas naciones amigas; uno de los objetos de mi cometido es evitar la destrucción de las fuentes de recursos necesarios para los buques de paso, que, en recalada forzosa, arriban a las islas, y hacer de modo que puedan aprovisionarse con los mínimos gastos y molestias, dado que los propósitos de Usted no están en pugna y en competencia con estas instituciones y en la creencia de que una entrevista personal resultará de provecho para ambos, invito a usted a visitarme a bordo de mi barco, donde me será grato brindarle acomodo mientras le plazca; he de agradecerle – a sí mismo – que tenga a bien, en lo que esté a su alcance, hacer extensiva mi invitación a cualquier otro súbdito británico que se hallare en estas inmediaciones; tengo el honor de suscribirme señor, su más atento y seguro servidor. (David Jewett. Coronel de la Marina de las Provincias Unidas de Sudamérica y comandante de la Fragata del Estado Heroína, en Puerto Soledad, Noviembre 2 de 1820.)»[25]

En el viaje varios hombres de la tripulación mueren de escorbuto y otros tantos están en muy mal estado, el único biógrafo de Jewett que he encontrado, José Antonio Da Fonseca, habla que de 200 hombres que zarparon de Buenos Aires en la Heroína unos 80 estaban enfermos o muertos al llegar a las islas. La tripulación contaba con algunos gauchos, esclavos y extranjeros de diversas nacionalidades que formaban parte de una iniciativa de la gobernación de Buenos Aires para instalar una población criolla en el Puerto Soledad. El marino y explorador británico James Wadell dejo un testimonio de las primeras acciones desarrolladas por Jewett en las Malvinas:

«Me dijo que su objetivo era tomar posesión de las islas Falkland [Malvinas] para su gobierno, y que todo lo necesario para un asentamiento sería obtenido de Buenos Ayres en cuanto pudiese adquirir un cúter, de los cuales había varios entre las islas. Sin embargo, resultaba evidente que su principal objetivo era avituallar a su tripulación […]. Cuando el barco partió de Buenos Ayres hacía ocho meses, la dotación constaba de 200 hombres: en estos momentos tenían no más de 30 marineros y 40 soldados en condiciones de cumplir con sus tareas; 50 habían sido puestos a bordo de una nave capturada, de modo que unos 80 estaban enfermos o habían muerto de escorbuto […]. Tomó posesión formal de las islas en nombre del gobierno patriótico de Buenos Ayres, leyó una proclama bajo su bandera, izada sobre las ruinas del fuente, y disparó una salva de veintiún cañonazos. En esta ocasión, todos los oficiales vestían uniforme de gala, que es exactamente el mismo que nuestra armada lo cual combinaba mal con el estado ruinoso del barco; pero él fue lo suficientemente sagaz para calcular el efecto de esta parada sobre las mentes de los patrones de barcos que estaban en las islas.»[26]

Evidentemente, Jewett intento impresionar y persuadir a los más de quince buques anglosajones apostados en las islas, demostrando que de ahora en más no podían seguir cometiendo los delitos y demás aberraciones sobre la fauna de los mares del Sur. Wedell señala que luego de la toma de posesión, Jewett lideró un desfile militar «con silbatos y tambores»[27], y se repartió una circular redactada en español y en ingles a todos los marinos extranjeros en donde, entre otras prohibiciones, se restringía la caza de ballenas y lobos a los marinos extranjeros en las Islas. Weddell consideró a Jewett un líder «inteligente» que supo calcular el efecto de ese desfile en las mentes de los capitanes de los barcos que estaban en las islas, en su mayoría ingleses y norteamericanos, ya que temían ser robados o capturados por las vejaciones realizadas anteriormente.

David Jewett fue el primer Comandante Militar de las Islas Malvinas para ejercer la Soberanía terrestre y marítima sobre un territorio que por ley natural y metafísica (por Soberanía Celeste) pertenecía a las Provincias Unidas del Río de la Plata

En este punto, es imprescindible remarcar la línea de continuidad que enlaza a la Soberanía ejercida por la Madre Patria España con sus 32 gobernadores y la Soberanía de las Provincias Unidas ejercida tras la Revolución de Mayo por el derecho que ejercen las naciones occidentales desde los tiempos romanos llamado de Utis possidetis iure. En este sentido es indispensable desenmascarar la operación de desmalvinización que se ejerce cuando se intenta vilipendiar y denigrar a nuestra tradición hispánica. Muñoz Azpiri en su monumental obra sobre la historia de las Malvinas deja una reflexión al respecto, dice: «No consideramos a la historia de España como una indefinida sucesión de decadencias ni aplicamos a su estudio un criterio calamitoso que impusieron las pautas iluministas y obedecieron con tal ceguedad los hispanoamericanos», luego agrega: «Debemos dejar de continuar utilizando módulos ideológicos herrumbrados, fruto de otras latitudes y otros intereses.»[28]

Jewett fue reemplazado como primer administrador del territorio siete meses después de la toma de posesión en mayo de 1821, por Guillermo Masón, de origen inglés, quién permaneció un mes. Manson también tomó el mando de la Heroína. Tres años más tarde, la Gobernación de Buenos Aires nombraba gobernador de las islas a Pablo Areguatí, de origen guaraní.

Post Data: Nuestra Filosofía y la Causa Malvinas. Kusch, Buela, de Anquin, Dugin y Caturelli

Como en otras ocasiones de nuestra historia la mayoría de los intelectuales y académicos de las universidades argentinas le dieron la espalda al pueblo y sus causas soberanas.[29] A pesar de ello, desde que se ha producido la usurpación ilícita e ilegítima de las Islas del Atlántico Sur por parte del Imperialismo Británico, un puñado de nuestros filósofos han explorado temas vinculados al espacio marítimo, la lucha entre una Cosmovisión Liberal y otra Cosmovisión Hispanoamericana, el espíritu inmanente nuestroamericano en las Islas y demás temáticas nucleadas en torno a lo que suele entenderse como «Causa Malvinas».

El filósofo, antropólogo y pensador Nacional, Rodolfo Kusch (Buenos Aires, 1922-1979) en su libro: Geocultura del hombre americano de 1976, afirma:

«Es curioso que el mar no haya constituido un problema para la cultura Argentina. Las menciones que se hacen del mar durante la colonia son en general de un tipo centralizante. Se trata de defender la colonia de las invasiones y entonces había que tomar las medidas del caso. Pocas veces se hacen concesiones para la explotación del mar propiamente dicho, o para ejercer sobre él un dominio. Esto hace pensar que hay dos formas de referirse al mar, una se refiere a su condición de simple lugar de fácil acceso, y la otra es tomarlo en sí mismo como un ente explotable o de instrumento de Soberanía.»[30]

El filósofo y pensador Nacional Alberto Buela (Buenos Aires, 1946) en 1984 es invitado por el Colloque National du Gruopement et d´etudes pour la Civilisation Europeenne dictado en el Palacio de los Congresos de Versailles. Su exposición la cierra con estas palabras:

«Por el contrario, si entendemos por Occidente el concepto que engloba los rasgos: 1) alienación lingüística, 2) reemplazo del pensamiento reflexivo por la gnosis, 3) perdida de los meritos de la persona en el anonimato igualitarista, 4) disolución del mensaje cristiano de salvación en un mensaje puramente social, y 5) participación activa en el poder de Oriente; nosotros estamos entonces, en tanto hispanoamericanos contra Occidente porque el Occidente no es otra cosa que nuestra propia guillotina. Y de ello podemos ofrecer un testimonio irrefutable: La guerra de Malvinas.»[31

El filósofo Nimio de Anquin (Córdoba, 1886-1979), en varios de sus trabajos[32] indago las formas ocultas del Imperialismo ejercido por las potencias del Atlántico Norte sobre las demás naciones del planeta, en uno de los pocos trabajos publicados escribe:

«Recojámonos en nuestro hogar y cuidemos allí el fuego sagrado de nuestra historia real, es decir, de la historia nuestra desmitificada de todas las adherencias liberales. Convenzámonos que no hay otra posibilidad de amistad que la que podamos hallar en nuestros connacionales, en nuestros padres, en nuestros hijos, en nuestras mujeres, en todos aquellos ligados a nuestra sangre y a nuestra tierra bendita. No aceptemos «a priori» la mano que pueda tendernos el poderoso, pues es nuestro enemigo natural. Pero administremos bien nuestra desconfianza, tanto exterior como interiormente. Seamos implacables con los traidores a la Patria, que es el delito mayor del hombre contra la comunidad que integra.»[33]

En varias oportunidades el filósofo Alekxandr Dugin (Moscú, 1962), ha tratado el tema de la Causa Malvinas, su compromiso por el tema y sus visitas al País, lo han constituido como un pensador Nacional, en el sentido que lo entienden autores como Leopoldo Marechal[34] o Manuel Ugarte[35], quienes sostienen que un pensador Nacional es aquel que quiere y hace querer a nuestra tierra y ello no tiene tanto que ver con el lugar de nacimiento. En una conferencia dictada por Dugin en la Escuela Superior de Guerra Conjunta de las Fuerzas Armadas Argentina afirmaba el filósofo:

«El Continentalismo, la idea de que América del Sur representa una Civilización propia, una Civilización distinta con sus propios intereses estratégicos. Esto es Soberanía Geopolítica en potencia. Para realizarla, es necesario comprender ambos modelos: ¿Es posible seguir la línea atlantista, británica y norteamericana cuando toda la historia la América del Sur muestra una lucha para, precisamente, liberarse de este atlantismo? Toda la historia Argentina es una guerra euroasiática en algún sentido. Hasta la disputa por las Malvinas es una guerra continental, porque el poder colonizador marítimo de Inglaterra ha ocupado las Islas Argentinas, que forman parte del espacio terrestre continental argentino, que es parte integral del mismo.»[36

Tras la legítima recuperación de las Islas lograda el 2 de abril de 1982 son unos pocos los que alzan la voz y la pluma para sostener y apoyar la Causa Malvinas. El filósofo Alberto Caturelli (Córdoba, 1927-2016) es uno de ellos. En 1982 escribe un texto que se publicara luego en 1984 con el título de: «El Pensamiento originario de Hispanoamérica y el simbolismo de Malvinas.» En ese trabajo escribe Caturelli:

«La rebelde Argentina que ha sabido resistir tantas veces la agresión espiritual y material de Albión, de Leviatán y de Gog, el 2 de abril de 1982 se atrevió, en nombre del derecho aniquilado en la reunión de Harmagedón de exigir lo que ha sido siempre suyo; y también ha sabido del dolor lacerante del 14 de junio. Este dolor de lo que está pendiente, es más fructífero de lo que muchos imaginan y las Malvinas se han convertido en el símbolo de toda Iberoamérica. […] Signo de la resistencia de Hispanoamérica a las fuerzas de los Imperios secularistas del orbe y símbolo de la unidad de nuestros pueblos.»

Luego agrega:

«El combatiente argentino que dijo que sus camaradas muertos allá quedaron , señalo algo profundo que es lo que nos ha hecho pensar. En el suelo criollo y bajo los mantos nevados, quedaron los huesos que se fundían con la tierra. Y los huesos, a la vez, simbolizan lo más recóndito y el último sostén de nuestra carne. […] Allí deben quedar siempre. Huesos asumidos por el Verbo que se hizo carne y habitó en nosotros; huesos vivificados por el espíritu en el cual se encendía la luz de nuestro pensar originario.»[37]

[1]Profesor de Historia – Universidad de Buenos Aires, Doctorando en Historia– Universidad del Salvador, Especialista en Pensamiento Nacional y Latinoamericano – Universidad Nacional de Lanús, Docente e Investigador del Centro de Estudios de Integración Latinoamericana «Manuel Ugarte», del Instituto de Problemas Nacionales y del Instituto de Cultura y Comunicación. Columnista del Programa Radial, Malvinas Causa Central, Megafón FM 92.1, Universidad Nacional de Lanús.

[2] MARECHAL, LEOPOLDO, Adán Buenosayres [1948], Buenos Aires, Six Barral, 2010, p. 137

[3] El trabajo más completo y minucioso a la fecha que he encontrado sobre la historia de las Islas Malvinas: MUÑOZ AZPIRI, JOSÉ LUIS, Historia completa de las Malvinas [3 volúmenes], Buenos Aires, Editorial Oriente, 1966.

[4] WEDELL, JAMES, A Voyage Towards the South Pole, Londres, Longman, Rees, Orme, Brown and Green, 1827.

[5] DA FONSECA, JOSÉ ANTONIO, David Jewett. Una biografía para la historia de las Malvinas, Buenos Aires, Sudamericana-Planeta, 1985.

[6] SLATER, GRAHAM & SLATER, «Evolutionary history of the Falklands wolf», Los Angeles, Current biology, 2009.

[7] FIELDGATE, BARRIE, The Captain’s Steward: Falklands, 1982, Londres, Hardcover, 2007.

[8] ASTRADA, CARLOS, El mito Gaucho, Buenos Aires, Ediciones Cruz del Sur, 1964, p. 58.

[9] RILKE, RAINER MARÍA, Obra Poética, Buenos Aires, Efece editor, 1980.

[10] Ibídem.

[11] PERÓN, JUAN DOMINGO, La Comunidad Organizada [1949], Buenos Aires, Adrifer Libros, 2001, p. 174.

[12] HERNÁNDEZ, JOSÉ, Martín Fierro [1872], Buenos Aires, Editorial Ciorda, 1968, p. 235.

[13] ASTRADA, CARLOS, El mito Gaucho, Buenos Aires, Buenos Aires, Ediciones Cruz del Sur, 1964; Metafísica de la Pampa, Buenos Aires, Ediciones Biblioteca Nacional, 2007.

[14] DUGIN, ALEKSANDR, Geopolítica Existencial. Conferencias en Argentina, Buenos Aires, Nomos, 2018; Logos Argentino. Metafísica de la Cruz del Sur, Buenos Aires, Nomos, 2019.

[15] ASTRADA, CARLOS, «Sociología de la guerra y filosofía de la Paz», Universidad Nacional de Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras, Instituto de Filosofía, Serie Ensayos, Nº 1, Buenos Aires, 1948.

[16] ROSA, JOSÉ MARÍA, Historia del Revisionismo y otros ensayos, Buenos Aires, Merlín, 1968.

[17]CHUMBITA, HUGO, «El Gaucho Rivero en Malvinas», en Jinetes rebeldes. Historia del Bandolerismo social en Argentina, Buenos Aires, Colihue, 2013.

[18]CAILLET – BOIS, RICARDO, Una tierra argentina. Las Islas Malvinas. Ensayo basado sobre una documentación nueva y desconocida, Buenos Aires, Peuser, 1948.

[19] DESTEFANI, LAURIO, Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur ante el conflcito con Gran Bretaña, Buenos Aires, Agentina, 1982.

[20] HALPERIN DONGHI, TULIO, Revolución y guerra. Formación de una elite dirigente en la Argentina criolla [1972], Buenos Aires, Siglo XXI, 2014.

[21]IRGOIN, MARÍA ALEJANDRA y SCHMIDT, ROBERTO (ed.), La desintegración de la economía colonial. Comercio, moneda en el interior del espacio colonial (1800-1860), Buenos Aires, Biblos, 2003.

[22] PÉREZ, JOAQUIN, Historia de los primeros gobernadores de la Provincia de Buenos Aires. El año XX desde el punto de vista político – social, La Plata, Publicaciones del Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires, 1950.

[23] LORENZ, FEDERICO, Todo lo que necesitas saber sobre Malvinas, Buenos Aires, Paidós, 2014.

[24] DA FONSECA, JOSÉ ANTONIO, David Jewett. Una biografía para la historia de las Malvinas, op., cit.

[25] Documento extraído del libro: HOFFMANN, FRITZ y HOFFMANN, OLGA, Soberanía en disputa: Las Malvinas/Falklands, 1493-1982, Buenos Aires, Instituto de Publicaciones Navales, 1992.

[26] LORENZ, FEDERICO, Todo lo que necesitas saber sobre Malvinas, op., cit., p. 50.

[27] WEDELL, JAMES, A Voyage Towards the South Pole, op., cit.

[28] MUÑOZ AZPIRI, JOSÉ LUIS, Historia completa de las Malvinas, Tomo 1, op., cit., p. 39.

[29] Para comprender el profundidad este problema se recomienda la lectura: RECALDE, ARITZ, Intelectuales, Peronismo y Universidad, Buenos Aires, Punto de Encuentro, 2016.

[30] KUSCH, RODOLFO, Geocultura del hombre americano, Buenos Aires, Fernando García Cambeiro, 1976, p. 61.

[31] BUELA, ALBERTO, El sentido de América (seis ensayos en busca de nuestra identidad), Buenos Aires, Theoria, 1990, p. 50.

[32] Pocos son los trabajos que se han llevado a cabo en torno a esté filósofo Nacional, es recomendable el artículo de SCIVOLI, MAURO, «El liberalismo de Nimio de Anquin», en Revista Movimiento, Buenos Aires, 24 de agosto de 2020: http://www.revistamovimiento.com/tag/mauro-scivoli/

[33] DE ANQUIN, NIMIO, Escritos políticos, Santa Fe, Instituto Leopoldo Lugones, 1972, p. 127.

[34] MARECHAL, LEOPOLDO, Heptamenón [1966], Buenos Aires, Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1966.

[35] UGARTE MANUEL, La Nación Latinoamericana [Selección de textos], Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1978

[36] DUGIN, ALEKXANDR, Geopolítica Existencial. Conferencias en Argentina, Buenos Aires, Nomos, 2018, p. 31.

[37] CATURELLI, ALBERTO, «El pensamiento originario de Hispanoamérica y el simbolismo de las Malvinas, Revista Verbo, Madrid, 3er Trimestre, 1984, pp. 1246-1247.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *