Universidad y Peronismo

Por Santiago Gamba*

La universidad y el peronismo nunca se llevaron bien. El canon del peronismo nunca estuvo de acuerdo con ella: ni Hernández Arregui que criticaba la autonomía, ni Arturo Jauretche que criticaba su falta de comprensión nacional.

Esto sucede porque la Universidad, en especial la Universidad de Buenos Aires, siempre fue reaccionaria. A todos los grandes movimientos populares que tuvo el país, la Universidad se opuso. Quizás por una cuestión genética, ya que fue fundada por el liberal don Bernardino Rivadavia. Comprenden la teoría pero no la práctica y algunos no comprenden ni la teoría.

La razón principal es porque ven siempre hacia afuera y no hacia adentro y los que dicen mirar hacia adentro no ven más profundo que la puerta de la Universidad que deambulan. Por otra parte, el académico es aquel que fundamenta el poderío de la Oligarquía. En la lógica del ser y el parecer, el académico quiere ser la Oligarquía pero no puede ni por status, ni por dinero, entonces se conforma con el supuesto prestigio del conocimiento y de ahí enarbola su pathos de la distancia. La Oligarquía por su parte, feliz, le deja este prestigio mientras ella sigue haciendo sus negocios; total, este le da el fundamento de su opresión al final del día. Y con retórica adecuada y elegante.

Así, académicos y estudiantes (que no son más que académicos en potencia), ambos piensan que la burbuja en la que viven es la realidad (los más bobos), o bien que repercuten en ella (los más lúcidos). Pero ninguna de ellas es cierta, ya que la realidad es una y el hombre de nuestro pueblo no se preocupa por lo que dice un fulano que habla innumerables lenguas, menos la de nuestra tierra. Porque el hombre de nuestro pueblo debe trabajar para no morirse.

Pero dejemos por un momento a los estudiantes bobos y pasemos a los lúcidos que son más peligrosos porque asumen como propias, banderas que nos son cercanas. Veamos así que cosa creen qué es el pueblo. Para empezar, creen que ellos son integrantes de este; luego, como accedieron a la pobreza desde los libros, pero nunca la han padecido, se imaginan que pueden saber qué es la pobreza y sentir al pobre. Realizan algo así como un ejercicio de purificación: tocan a un pobre para estar más tranquilo con su conciencia, y una vez purificados, se van a su casa a tomar mates; porque el pobre es pobre y de ahí no lo saca nadie. Ellos, por supuesto, no naturalizan los problemas estructurales como otros (que dicen: hay pobres y siempre va a haber), sino que los naturalizan en tanto utopistas que creen que primero hay que tomar el poder para realizar algo.

“El mundo viene evolucionando y los hombres creen que son ellos los que lo hacen evolucionar. Son unos angelitos. Ellos son el producto de la evolución, pero no la causa. El mundo evoluciona por factores de determinismo y fatalismo histórico. Hay muchos factores que no los controlan los hombres, lo único que éstos hacen, cuando se les presenta esa evolución, es fabricar una montura para poder cabalgar en ella y seguirla” decía Perón. Una cosa es la historia y otra la Historia (con mayúscula). La primera es la sucesión de hechos en el tiempo, la segunda surge de tanto en tanto y aparece en momentos excepcionales, cuando surgen a la par, conductores excepcionales. Es en estos momentos en que se deja de discutir la forma, para discutir el fondo; es decir, se discute el poder real y efectivo.

Con la Historia (con mayúscula) surgen los conductores decíamos, pero estos los elige el pueblo. El pueblo, es un pueblo histórico, es el mismo que el de las milicias de 1806 y 1807, los patricios del 24 de mayo de 1810, los orilleros del 5 y 6 de abril de 1811, las montoneras federales, los gauchos matreros, los indios de los malones, el compadrito del arrabal, el migrante interno, el descamisado, el desaparecido; el trabajador. Del pueblo emana la fuerza vital de la Nación, de los conductores y de los hombres. El pueblo moldea al conductor y no a la inversa y por eso el pueblo conduce. Porque por medio de este, Dios, otorga la gracia a quienes lo merecen. Porque así como del “silencio del desierto emanan los profetas” y de la “pausa en la acción sucede la oración”; es del interior que nace la fuerza vital: del anima hacia afuera, de la tierra hacia el exterior, de la periferia (que es el interior) hacia el centro (que por ser el núcleo urbano es lo externo). Los trabajadores, por su parte, son la molécula materializada del pueblo, son aquellos que salen de su casa desconociendo si volverán con un trabajo o si volverán de alguna manera, son los números del sistema, son los desconocidos de siempre, los desprovistos de toda voz, los famélicos de carne, los explotados, los marginados; los “anawin”. Además, cualquiera no puede ser parte del pueblo, sólo puede contentarse con abrazar su causa, incorporarse a sus luchas y entregar su vida por él; pero sólo si el pueblo se lo permite.

Sin embargo, los dotorcitos de la academia al no entender esto, creen que el pueblo en tanto conjunto de individuos que habitan un espacio determinado, se puede equivocar y de ahí que haya que ayudarlo a entender las cosas; y así nació la Ilustración. Pero además, piensan que por leer libros eso trae conocimiento, el que más conoce o el más apto y que logre disputar un cargo será quién conducirá; y así nació la Vanguardia. El pueblo no se equivoca, por más que actúe diferente a uno, porque está en contacto con la tierra y por ende con la realidad, el que se equivoca es el que se cree culto que de tanto leer termina pensando que la realidad es el libro; tampoco es que no conozca, porque por medio del pueblo se expresa Dios.

“Es mejor que aprender mucho, el aprender cosas güenas” dijo un profeta. Pero éstas, sólo se conocen armonizando los libros como quien dice, con la realidad.

Ahora, momento: si la Historia no surge sino de a momentos, ¿Qué hay que hacer? ¿Resignarse a la espera? El problema de los dotorcitos es que en tanto ateos no creen en algo mas allá de la vida y tampoco entienden que aunque uno muera, otro va a seguir vivo, viviendo uno en el recuerdo de aquel; porque en el hijo existe el padre y en el nieto el abuelo; pero si es que lo recuerdan y de eso también tienen miedo, porque a uno lo recuerdan sólo cuando realizó algún acto ¡Amen que se muevan los universitarios!

“Mejor que decir es hacer, mejor que prometer es realizar”, decía Perón siguiendo a Cristo quién dijo: “Operibus Creditus” (“creed a las obras” si no queréis creerme a mi). El discurso es sucedido a la acción, no la acción al discurso; el ámbito lógico no tiene el mismo status que el Ontológico ¡Pobre los académicos, por eso escriben tanto! Si le quitan las palabras ¡Qué les queda! ¡Si acciones no hacen nunca!

Ahora, en cuanto a la resignación. El amor cristiano es un amor activo y la tolerancia tolera a aquel porque participa de la vida de Dios, pero eso no hace que uno le deje hacer cualquier cosa. El fin del peronismo es social, no político. Lo social es “ad aeternum”, mientras lo político así como viene se va; y de nuevo esto es lo que nos diferencia de la izquierda: mientras aquella cree que hay que tomar el gobierno, luego cambiar el régimen y por último tomar el poder para cambiar el Estado y recién ahí, que la gente en una de esas viva feliz; el peronismo, el verdadero, realiza acciones sociales para que los trabajadores vivan bien ahora, en el presente. Pero como no creemos en la Iglesia invisible calvinista, las acciones sociales se realizan a través de algo real y ese real son los sindicatos. Por eso el sindicalismo, aún en los tiempos en que no hay Historia, sabe quién es el enemigo real; porque lucha todos los días frente a él. Porque la tarea sindical radica en solucionar la vida a sus trabajadores todos los días: ya sea desde un mal despido, a una falta de pago, lo que sea, y ahí radica la verdadera gesta revolucionaria del peronismo. Porque mientras uno dice cuando tomemos el poder, estaremos mejor; el otro le pregunta qué problema tiene y se lo soluciona. Si alguien tiene hambre, se le da un plato de sopa, no se le pregunta por qué tiene hambre y le dice que si se hace peronista va a dejar de hacerlo; eso es marxismo y además es estupidez. ¡Dios nos libre de aquellos que confunden lo político con lo social y se embanderan en nuestros principios! Desconociendo, olvidando o ignorando que Perón, no empezó haciendo política sino sindicalismo.

Alguien me refutó alguna vez que Perón realizó acciones desde un cargo en la Secretaría de Trabajo y Previsión. Pero ese cargo no lo buscó Perón, como no buscó ser presidente, como tampoco generó ese momento histórico; porque los hombres no controlan la historia. De lo contrario, cualquiera se levanta un día, se toma un mate y arma una revolución: así lo creyó Miranda y cuando desembarcó con la flota inglesa en las costas venezolanas lo sacaron a escobazos de vuelta a ultramar. Porque aquí aparece una ley de la historia: los que quieren no pueden y los que no quieren pueden y así como ni Perón ni Rosas quisieron el gobierno y terminaron disputando el poder; los que quieren tener el poder y conducirlo, además de ser soberbios llenos de vicios, son ignorantes que se quedan en el olvido.

Pero no hay vuelta que darle, los dotorcitos no entienden esto, porque piensan en la política con minúscula, las políticas de aparato o de comité, y mientras piensan como tomar el poder la gente se muere de hambre.

Finalizando, hasta que los motores de la Historia comiencen a funcionar nuevamente, cosa que no falta tanto, hay que formarse en las creencias de uno, en la verdadera creencia, no en la que dicen que es la verdadera, porque: “el hombre puede superar cualquier contingencia y cualquier mudanza si se haya armado de una verdad solida, para toda la vida”, como decía Perón. Pero hay que realizar esto en sus ratos libres, porque el resto del día hay que dedicarse a ayudar al pueblo, pero de nuevo, esto sólo se hace a través de los sindicatos porque nuestro fin es social no político. Si usted lo hace no se preocupe, siga así, aunque hablen los dotorcitos con tono francés, ruso o inglés ¡Qué Importa! ¡El Quijote de tanto leer se le quemó la cabeza! Que hablen aquellos…que el pueblo sabe a quién otorgarle la gracia, porque por medio de este se expresa Dios.

*Historiador

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