| ![]() 1945 - El Ejército Rojo ingresa triunfante en Berlín y finaliza la guerra. Solo en Stalingrado 5 millones de soviéticos, entre militares y civiles, dieron su vida en defensa del socialismo contra el nazismo. |
|
El nacimiento de la URSS
Es curioso señalar que la fecha octubre, inmortalizada por la épica revolucionara y título de la película del gran Sergei Eisenstein que define el comienzo de la Revolución Rusa en la toma del Palacio de Invierno de Petrogrado (San Petesburgo) por los bolcheviques, corresponde en realidad al 7 de noviembre. En la Rusia zarista de 1917 el 25 de octubre del calendario juliano oriental, entonces vigente y después abolido por la revolución el 1º de febrero de 1918, corresponde al 7 de noviembre de nuestro calendario gregoriano.
|
A comienzos del siglo XX Rusia vivió una serie de dificultades económicas que empujaron al Estado zarista a una lucha por el control del Pacífico, posible solución para colocar los productos y pagar créditos adeudados a franceses y belgas, por ejemplo, para el fomento de la industrialización. Tratando de evitar la expansión rusa en su zona de influencia, Japón le declaró la guerra y puso al gigantesco país en una crisis profunda, provocando desilusión, penuria y sobre todo hambre. En estas circunstancias, los partidos opositores al zar organizaron en 1905 una revolución, que no triunfó, pero que ensayó modelos de actuación para el futuro. Las tropas del zar pudieron someter a los revolucionarios que se habían organizado en comités de obreros y soldados en las grandes ciudades, que se denominaron Soviets, y que serían un sistema de organización de gran trascendencia años más tarde. Por otro lado, el zar no tuvo más remedio que demostrar su voluntad reformadora creando una asamblea consultiva, la Duma, en la que se pusieron esperanzas de que se terminara estableciendo una Constitución.
En 1914 estalló la guerra mundial y Rusia participó junto a británicos y franceses. Su papel, desde el comienzo, fue desdichado, por lo que se comenzaron a surgir críticas a la política rusa, que se sumaron a las manifestaciones por la carestía de productos de primera necesidad y las continuas levas.
Previamente al estallido revolucionario, el zar había disuelto la Duma, pero en febrero de 1917, los soviets y la prensa empujaron al pueblo a la toma del Palacio de Invierno, residencia del zar, con el apoyo de parte del ejército. El zar Nicolás II tomó la decisión de abdicar en el príncipe Lvov, que comenzó a gobernar con representantes de la Duma. Poco después Lvov fue sustituido por el socialista Kerenski, que formó un gobierno provisional en el que tomaron parte moderados y mencheviques, y quedaron excluidos los radicales y los bolcheviques. Las decisiones más importantes de este momento fueron la de seguir los pactos establecidos con Francia e Inglaterra, por lo que Rusia continuaba con sus compromisos en la Guerra Mundial; asimismo, comenzaron las reuniones para la formación de una asamblea constituyente.
Los problemas se fueron sucediendo y los soviets se convirtieron en un verdadero gobierno paralelo, que no reconocía las leyes del gobierno provisional como legítimas. Se pedía la solución de los problemas de los campesinos, se fomentaba la ocupación de las tierras, y se exigía a los empresarios mejoras laborales. Es en este momento cuando Lenin escribió las Tesis de abril en las que propone una fase nueva para la revolución, que se resume en la consigna "Paz, tierra y todo el poder a los soviets".
Las condiciones del gobierno de Kerenski cada vez eran más delicadas, puesto que los militares zaristas trataron de recuperar el poder. En este contexto se produjo el golpe de estado del general Kornilov, abortado por el gobierno, pero que tuvo una consecuencia gravísima, puesto que los bolcheviques a partir de entonces controlaron totalmente los soviets.
En octubre se reunieron los bolcheviques en un congreso, en el que se preparó la insurrección definitiva. Dirigidos por Vladimir Illich Ulianov Lenin, León Bronstein Trotski (presidente del soviet de Petrogrado) y Iósiv Vissariónovich Dzhugachvili Stalin, tomaron el Palacio de Invierno y destituyeron al gobierno provisional. Se estableció un Gobierno de Comisarios del Pueblo, dirigido por Lenin, que gobernó sobre los diferentes soviets. Trotski ocupó el puesto de Ministro de Asuntos Exteriores. Desde este puesto estableció las negociaciones con Alemania para lograr la paz.
Las primeras medidas del nuevo gobierno se resumían en la necesidad de lograr la paz, que fue negociada y firmada finalmente en Brest-Litovs. Rusia, según este documento, abandonaba la guerra y cedía parte de su territorio, ya que consideraba prioritario salvar la revolución antes que preservar la integridad territorial. Otras medidas del nuevo gobierno fueron la firma de decretos sobre la tierra que pusieron fin a la gran propiedad; las fábricas fueron controladas por los obreros; se nacionalizaron los bancos, y se organizaron elecciones para elegir una asamblea constituyente.
Las elecciones que se celebraron fueron un fracaso para los bolcheviques, por lo que éstos decidieron anularlas y redactar el propio gobierno una constitución: La Constitución de 1918. Por ella se establecía la separación del poder ejecutivo y el legislativo, a través de los siguientes órganos: Congreso de los Soviets, Comité Central o Soviet Supremo y Presidium o comisarios del pueblo. Tras la aprobación de la Constitución se iniciaba una etapa conocida como Comunismo de Guerra, puesto que se vivía una guerra civil que no terminó hasta 1921, ya que los opositores contaron con el apoyo de las tropas de los países occidentales. Fue en esta época cuando se creó el Ejército Rojo organizado por Trotski. Un año más tarde, en diciembre de 1922, se organiza una nueva forma de gobierno, la dictadura del proletariado, y Rusia adopta el nombre de Unión de República Socialistas Soviéticas.
Sobre cualquier otra consideración, primero debemos decir que la revolución de octubre verdaderamente cambió la historia.
Fuente: www.agendadereflexion.com.ar

|
El fin de la Unión Soviética - El proceso de reformas iniciado en 1985 precipitó una dinámica que terminó llevándose por delante la propia existencia del estado fundado por Lenin. En medio de una profunda crisis económica, con una población gracias a la Glasnost (transparencia) cada vez más consciente de la realidad que había caracterizado la existencia de la URSS, el nacionalismo vino a actuar como factor incontenible de disgregación del estado soviético.
El movimiento centrífugo se inició en las repúblicas bálticas, que durante el otoño de 1989 dejaron claro su intención de romper los lazos con un estado al que se habían unido a consecuencias del Pacto Molotov-Von Ribbentrop en 1939 y no por voluntad propia. Paralelamente el nacionalismo aparecía en las repúblicas caucásicas, azuzado por el enfrentamiento entre armenios y azeríes en Nagorno-Karabaj en 1988.
Cuando en febrero de 1990, Gorbachov dio un paso adelante en su perestroika renunciando al monopolio político del PCUS y convocando elecciones parcialmente pluralistas, se encontró con que en Lituania, Letonia, Estonia y Moldavia ganaban las fuerzas políticas independentistas. Lituania declaró inmediatamente su independencia, sentando un precedente para las demás repúblicas.
La desintegración de la URSS no vino, sin embargo, motivada por las reivindicaciones de los pequeños pueblos bálticos. El movimiento que definitivamente derrumbó la URSS vino precisamente de Rusia, la nación que había construido el imperio zarista, geopolíticamente antecesor del estado soviético. En mayo de 1990, Boris Yeltsin, quien había sido expulsado del PCUS en 1987, fue elegido presidente del Parlamento ruso. Desde esa posición de poder, Yeltsin impulsó medidas que precipitaron el fin de la Unión Soviética.
En julio de 1990, el XXVIII Congreso del PCUS constató la acelerada decadencia del partido que había aglutinado al estado soviética durante décadas. El propio ministro de asuntos exteriores Eduard Shevarnadze dimitió en diciembre de 1990 en protesta por lo que el veía como un inminente golpe de estado que devolvería al país a la época de Breznev.
Acorralado entre las fuerzas comunistas conservadoras que buscaban una vuelta atrás en el proceso de reformas y las fuerzas reformistas y nacionalistas, Gorbachov trató de negociar un nuevo Tratado de la Unión que reconstruyera sobre nuevas bases de mayor libertad nacional la antigua URSS. Sin embargo, los comunistas ortodoxos trataron de imponer una solución de fuerza, el 19 de agosto de 1991, Gorbachov era secuestrado en su residencia de veraneo en el Mar Negro y un grupo de comunistas de la línea dura se ponían al frente de un golpe militar. La falta de unidad en el ejército, las acciones de protestas callejeras en Moscú y el repudio internacional hicieron fracasar el golpe. Fue el momento de Borís Yeltsin, quién se puso al frente de la protesta contra el golpe en la capital del país.
El golpe militar frustrado fue como la señal de alarma que precipitó la huida precipitada de todas las repúblicas de una Unión Soviética que a nadie ya interesaba. Mientras el PCUS, el instrumento político que había aglutinado a la URSS, era prohibido.
El 1 de diciembre de 1991, el 90.3 % de los ucranianos votaron por la independencia. El 8 de ese mes, en una solución improvisada sobre la marcha, los líderes de Rusia, Ucrania y Bielorrusia, Borís Yeltsin, Leonid Kravchuk y Stanislav Shushkevich, se encontraron cerca de Brest-Litovsk y acordaron la denominada Declaración de Belovezhskaya Pusha: las tres repúblicas eslavas abandonaban la URSS y formaban una así llamada Confederación de Estados Independientes. El 21 de diciembre, en un encuentro celebrado Almá Atá, ocho de los doce repúblicas restantes de la URSS (Estonia, Letonia, Lituania y Moldavia habían optado por la independencia pura y simple) siguieron el ejemplo de Rusia, Ucrania y Bielorrusia.
Impotente y abandonado por casi todos, Gorbachov dimitió como Presidente de la URSS el día 25 de diciembre de 1991. La bandera roja soviética era arriada en el Kremlin de Moscú. La bandera rusa la sustituía. Rusia tomaba el relevo de la URSS en la escena internacional: las embajadas, el puesto permanente en el Consejo de Seguridad, el control del armamento nuclear soviético... Sin embargo, el mundo bipolar de la guerra fría había tocado a su fin. Anunciado por el presidente Bush (padre) a principios de 1991, nacía un "nuevo orden mundial".
|
El fin de la guerra fría
Las revoluciones de 1989 en la Europa oriental habían supuesto un acontecimiento histórico de múltiple resonancia. Por un lado, constituyeron el derrumbe de los estados socialistas construidos después de 1945, por otro, significaron la pérdida de la zona de influencia que la URSS había construido tras su victoria contra el nazismo: el Bloque Oriental, Europa del Este, el Pacto de Varsovia o lisa y llanamente el "imperio" soviético.
La guerra fría, el enfrentamiento que había marcado las relaciones internacionales desde el fin de la segunda guerra mundial, va a terminar de una forma que nadie se hubiera atrevido a pronosticar unos años antes, por el derrumbe y desintegración de uno de los contendientes. El fin de la guerra fría y la desaparición de la Unión Soviética son dos fenómenos paralelos que cambiaron radicalmente el mundo.
Los historiadores no se ponen de acuerdo en señalar el momento en el que la guerra fría concluyó. Veamos los principales acontecimientos diplomáticos que jalonaron los años 1989, 1990 y 1991:
Para muchos, la Cumbre de Malta entre el presidente norteamericano George Bush (padre) y Gorbachov marcó el fin de la guerra fría. Ambos líderes se reunieron en el buque Máximo Gorki fondeado en las costas de Malta el 2 y 3 de diciembre de 1989. Pocas semanas después de la caída del Muro de Berlín los dos mandatarios se reunieron para comentar los vertiginosos cambios que estaba viviendo Europa y proclamaron oficialmente el inicio de una "nueva era en las relaciones internacionales" y el fin de las tensiones que habían definido a la guerra fría. Bush afirmó su intención de ayudar a que la URSS se integrara en la comunidad internacional y pidió a los hombres de negocios norteamericanos que "ayudaran a Mijaíl Gorbachov". Este proclamó solemnemente que "el mundo terminaba una época de guerra fría (...) e iniciaba un período de paz prolongada".
Otros señalan que el fin del conflicto tuvo lugar el 21 de noviembre de 1990, cuando los EE.UU., la URSS y otros treinta estados participantes en la Conferencia para la Seguridad y la Cooperación en Europa firmaron la Carta de París, un documento que tenía como principal finalidad regular las relaciones internacionales tras el fin de la guerra fría. La Carta incluía un pacto de no agresión entre la OTAN y el Pacto de Varsovia. El presidente Bush manifestó tras firmar el documento: "Hemos cerrado un capítulo de la historia. La guerra fría ha terminado."
Sólo dos días antes se había firmado Tratado sobre Fuerzas Convencionales en Europa que suponía una fuerte reducción de tropas y armamento no nuclear en el continente. Tras entablar negociaciones en Viena en marzo de 1989, se llegó al acuerdo de que ambas superpotencias debían reducir sus tropas en Europa a 195.000 hombres cada una. Se partía de la presencia de 600.000 soldados soviéticos y 350.000 norteamericanos.
El 16 de enero de 1991 la coalición internacional dirigida por EE.UU. inició su ataque para desalojar a los invasores iraquíes de Kuwait. El apoyo soviético a las sanciones de la ONU que finalmente llevarían al desencadenamiento de la Guerra del Golfo fue acordado en la cumbre de Helsinki, celebrada el 9 de septiembre anterior entre Bush y Gorbachov. Este apoyo era un ejemplo palpable del fin del antagonismo y de la supremacía norteamericana.
El 1 de julio de 1991, tras las revoluciones de 1989 y en pleno proceso de descomposición del estados soviético, el "Tratado de amistad, cooperación y asistencia mutua" firmado en Varsovia en 1955, el Pacto de Varsovia, desapareció. La OTAN quedaba como la única gran alianza militar en el mundo.
Finalmente, el 31 de julio de 1991, Bush y Gorbachov firmaban en Moscú el Tratado START I de reducción de armas estratégicas. Este acuerdo fue rápidamente superado al año siguiente, el 16 de junio de 1992, por la firma de Bush y el nuevo líder ruso Yeltsin del Tratado START II. Los dos antiguos contendientes acordaron importantes reducciones en sus arsenales nucleares.
En un proceso enormemente rápido la URSS y los EE.UU. pusieron fin al largo enfrentamiento que habían iniciado tras el fin de la segunda guerra mundial El orden establecido en Yalta se derrumbó ante la mirada atónita del mundo en unos pocos meses.
Kiva Maidanik, un soviético guevarista crítico de Stalin
Por Néstor Kohan
Conocí a Kiva Maidanik en 2005, en la inauguración de la Escuela de Formación Política Florestan Fernandes del Movimiento Sin Tierra (MST) de Brasil. Fue una auténtica sorpresa. No sabía que iba a estar allí. Me tocó compartir un viaje sin saber que era él… Nunca lo había visto en persona. En un momento pensé: "¿Este viejo canoso no será…?"
Cuando comenzamos a conversar, le planteé inmediatamente mis discrepancias y críticas. Hablamos de Mijaíl Gorvachov y del bluf que significó la Perestroika. Kiva había apostado, infructuosamente, a desestalinizar la Unión Soviética (URSS) de la mano de Gorvachov. Se había equivocado notablemente.
Nuestro diálogo comenzó por ahí. No tuvo ningún problema en reconocer sus errores. Pacientemente me fue explicando las razones de ese fracaso. También me relató los argumentos por los cuales no se quiso sumar al nuevo PC ruso. Terminante e indignado, afirmó: "Esos no son comunistas, son nacionalistas".
A lo largo de los días que duró la Escuela las conversaciones con Kiva continuaron. Cada una era más interesante y rica que la anterior. Lamento profundamente no haberlo grabado. Kiva exponía sus relatos con lujo de detalle y obsesión de artesano perfeccionista. De su rememoración emergían y fluían fechas, nombres, lugares, datos muy precisos que la memoria no alcanza a retener como una grabadora. Era cautivante y seductor. Tenía un humor muy fino y cáustico.
Yo venía cargando con todos los prejuicios en la espalda. Había leído desde hacía años sus libros, artículos y folletos, sabía que había pertenecido al partido soviético. Lo imaginaba como un burócrata moderno y aggiornado. Nada más lejos de la realidad. Incluso, por esos días, el compañero cubano Carlos Tablada Pérez me había solicitado un prólogo para su excelente y riguroso libro El pensamiento económico del Che. Al redactarlo incluí algunos apuntes sobre los debates ocurridos en la década del ‘80 en torno al Che. Allí criticaba a Kiva Maidanik. Afortunadamente el prólogo no había salido todavía de la imprenta. Al regresar a mi país, luego de conocer personalmente a este viejo revolucionario, decidí suprimir las críticas a Kiva. Simplemente las borré. Había sido injusto y Kiva, aun con sus limitaciones y falencias, no se las merecía.
|
En varias ocasiones a lo largo de la Escuela del MST Kiva nos contaba anécdotas, debates, confrontaciones, peleas y experiencias de lucha que no siempre han sido publicadas. Invariablemente las historias de Kiva giraban en torno a las rebeliones e insurgencias de América latina, su objeto de estudio, su gran pasión, el amor de sus amores.
Ante interlocutores mucho más jóvenes que él —donde convivían salvadoreños, cubanos, argentinos, nicaragüenses y brasileños; algunos ex comandantes guerrilleros, otros sacerdotes y la mayoría simples militantes de base—, Kiva nos atrapaba explicando las distintas posiciones que habían disputado al interior del equipo soviético. El papel nefasto de la burocracia. El lugar de la KGB (a la que pertenecía, dicho sea de paso, el único biógrafo de Guevara en idioma ruso) y cómo esta institución de inteligencia había reclutado a algunos dirigentes de PPCC de América Latina (él daba nombres y apellidos precisos); más preocupados en cumplir y hacer obedecer las directivas oficiales del Estado soviético que en hacer la revolución en América Latina.
Sus relatos e historias iban in crescendo y alcanzaban el clímax cuando se refería al Che y a Fidel. Kiva era un partidario de la revolución cubana y un guevarista convencido y genuino. Sus ojitos claros le brillaban y su sonrisa generosa se le ensanchaba de repente cuando rememoraba su encuentro personal con Guevara en los años ’60 y el modo en el cual el Che increpaba a los soviéticos por no priorizar la conciencia comunista.
Cuando le regalamos un libro nuestro sobre el pensamiento del Che, él nos entregó a cambio un libro suyo que lleva en la cubierta una foto donde se lo veía más joven junto al guerrillero argentino-cubano. Le explicamos que no entendíamos una palabra de ruso y se lo devolvimos. Con una nueva sonrisa, él insistió diciendo: "Ya encontrarás a alguien que te lo traduzca". A esta altura la URSS no existía más. No estaba actuando o simulando. Su guevarismo no era fingido ni impostado, sino genuino y sentido.
Pero él no se detenía en la admiración por el Che. A pesar de haber pertenecido al Partido Comunista de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas-PCUS (que durante los años ’60 y siguientes se opuso a los destacamentos revolucionarios de América Latina en nombre de la "coexistencia pacífica" y una ilusoria "paz mundial") Kiva también defendía a la nueva izquierda revolucionaria latinoamericana, seguidora de las ideas de Guevara. La conocía de primera mano en cada uno de sus dirigentes. El viejo era una auténtica enciclopedia caminando.
Asimismo, en cada charla, nos daba información precisa de los funcionarios soviéticos que se habían encargado oficialmente de América latina y se habían opuesto con tenacidad a la lucha armada continental. En forma taxativa nos dijo: "Esos tipos no entendían nada", para luego agregar: "algunos de ellos ni siquiera sabían hablar el castellano. ¡No sabían nada de nada! ¡Eran unos carajitos [sic]!".
Probablemente, quien mejor haya definido a Kiva es Joao Pedro Stedile, dirigente del MST. Cuando en un momento Kiva no aparecía y le tocaba hablar en la Escuela ante una numerosa audiencia militante, Joao Pedro toma el micrófono y, con una ironía casi argentina, lo llama públicamente del siguiente modo: "¿Dónde está Kiva Maidanik, el compañero soviético que hace 50 años nos viene hablando mal de Stalin?". Seguramente esa fue y será la mejor definición de su pensamiento teórico y su personalidad política.
Lamentablemente, Kiva ya no está con nosotros. Acaba de fallecer. No obstante sus errores o limitaciones, Maidanik se esforzó por representar en su prolongada práctica militante el espíritu de continuidad internacionalista de la revolución bolchevique de 1917, del legado revolucionario de Lenin y sus compañeros, la herencia del heroico pueblo soviético que "invirtió" 20 (veinte) millones de muertos para derrotar a los nazis y que fue aplastado, reprimido o traicionado por diversas camadas de burócratas, oportunistas y mediocres funcionarios.
Querido compañero Kiva Maidanik ¡Hasta la victoria siempre!
Buenos Aires, 27 de diciembre de 2006.
Fuente: La Haine
Feliz dia de la Revolución... aunque no quieran
(С Днем Революции... даже если не хотите) 07/11/2005
Hoy (por ayer) es siete de noviembre y por primera vez en casi noventa años, esta fecha, no es feriado en Rusia. Por si alguno no lo sabe un dia como hoy (por ayer) de mil novecientos diecisiete tuvo lugar la Revolucion de Octubre (Октябрьская Революция). Segun el antiguo calendario fue un veinticinco de octubre. Hoy (por ayer) no solo nos quedamos sin fiesta, tampoco tuvimos una marcha.
Y hay muchas cosas interesantes que rodean esta novedad. El "Dia de la Gran Revolucion Socialista de Octubre" (День Великой Октябрьской Социалистической Революции) ya desde hacia algunos noviembres no se llamaba mas asi, habia pasado a llamarse "Dia del Acuerdo y de la Reconciliacion" (День Согласия и Примирения). Acuerdo de quien y con quien seria una buena pregunta para hacerse. Tambien habria que recordar que antes eran dos los dias de fiesta para conmemorar el magno evento: el siete y el ocho del corriente.
Hacia bastante tiempo que querian sacar esta fecha del calendario oficial (como tambien quieren sacar a Lenin (Ленин) y su mausoleo de la Plaza).
Pero que proponian a cambio? Que ofrecian en lugar del siete de noviembre? Nadie se atreveria a sacarle un feriado a los trabajadores rusos y no reemplazarselo por otro. Algun memorioso tomo la palabra y dijo:
–Se podria celebrar el dia en que por primera vez el pueblo ruso espontaneamente, de manera voluntaria, se junto uniendo fuerzas y se quito de encima el yugo polaco.
Es probable que incluso lo haya dicho como si fuera una idea nueva. Mayoria a favor y nuevo feriado. Pero la verdad es que este dia se festejaba desde mediados del siglo diecisiete (cuando la iglesia ortodoxa propuso recordar esta fecha asociandola al icono de la Virgen de Kazan (Казанской Божьей Матери) entregandole un dia del calendario oficial) hasta que llego Lenin en el año diecisiete. Por increible que hoy pueda parecernos los polacos estaban ocupando Rusia, comodamente sentados en Moscu. Habian aprovechado los conflictos internos que tenia Rusia entonces (algunos historiadores hablan de guerra civil) y tomaron el trono. En el año mil seiscientos doce los pusieron en su lugar sacandolos de su no-lugar. En estos acontecimietos se destacaron Minin y Pozharsky (Минин и Пожарский) poniendose al frente de los hechos y coordinando las acciones.
|
Sobre la fecha no pueden llegar a un acuerdo: hay una version que dice que sucedio el cuatro de noviembre (veintidos de octubre) esta fue la fecha que eligio el gobierno para poner el nuevo feriado; segun otros, en verdad, la recuperacion de Kitai-Gorod (Китай-Город) fue el primero de noviembre (diecinueve de octubre); y tambien estan quienes aceptan que la toma, efectivamente, comenzo aquel cuatro de noviembre, pero termino el siete de noviembre. Con lo cual podria no cambiarse la fecha, alcanzaria con solo modificarle, una vez mas, el nombre... fantastico. Finalmente, unos meses despues, en febrero de mil seiscientos trece, subio al trono Mikhail Romanov (Михаил Романов) inaugurando la que seria la ultima dinastia de Zares (Цари) rusos, aunque los enfrentamientos internos siguieron unos años mas. Otros, mas ironicos, dijeron que "si lo importante es armar una fiesta, mejor recordamos el mil ochocientos doce contra la Francia de Napoleon que suena mejor". Hay que darles un poco la razon: los polacos, como tiranos, le quedan un poco chicos a Rusia.
Esto es, a grandes rasgos, lo que se celebra ahora, el cuatro de noviembre, bajo el nombre de "Dia de la Unificacion del Pueblo [ruso]" (День Народного Единства). Desde este año para celebrar el feriado es necesario moverse unos metros en la Plaza Roja. Hay que alejarse del mausoleo y acercarse al monumento en honor de Minin y Pozharsky que esta ubicado delante de la iglesia de San Basilio (Василия Блаженного).
Para conmemorarlo se hicieron grandes fiestas en todos los rincones del pais, que tiene muchisimos. Algunas maneras de celebrarlo fueron muy llamativas; pero las palmas se las llevo la ciudad de Nizhni Novgorod (Нижний Новгород) donde no tuvieron mejor idea que inaugurar una estatua en agradecimiento a Minin y Pozharsky (alegando que eran de ahi) exactamente igual a la que esta en Moscu. Aunque, por las dudas, para no volar muy alto, la hicieron diez centimetros mas baja. Putin se acerco a la Plaza Roja y dejo flores delante del monumento a estos dos prohombres.
Era costumbre tambien, que el feriado del siete de noviembre fuera acompañado por la manifestacion que organizaba el Partido Comunista. Este nuevo-antiguo feriado tambien tuvo su manifestacion y una bien acorde a este nombre que le pusieron: fue una marcha nacionalista, por el centro de Moscu, organizada por grupos de derecha fascistas y neonazis en contra de los inmigrantes, de los ilegales por supuesto, no piensen mal.
Para ir cerrando veamos como fue que se recordo a la Revolucion de Octubre (que por mas que les pese fue uno de los acontecimientos mas importantes de la historia): la marcha que cada año tenia lugar el siete de noviembre empezaba en la estacion de subte Oktyabrskaya (Октябрьская), donde hay un gran monumento a Lenin, y terminaba en la plaza que esta enfrente del teatro Bolshoi (Большой), junto a la estatua de Karl Marx.
No los dejaban entrar a la Plaza Roja ultimamente ya, la cerraban.
Este año les han sacado el feriado, pero les abrieron la Plaza. Hubieron dos concentraciones en la Plaza Roja. El domingo seis el Partido Comunista Ruso trato de que no se notara mucho la humillacion de no tener mas feriado y verse obligados a marchar otro dia, con un acto en la Plaza al que fue muy poca gente si lo comparamos con las marchas de años anteriores, en las que participamos.
Y hoy (por ayer) lunes siete, sin feriado, con un escenario y decorado incluidos. Ornamentados con escudos, simbolos y enormes fotos de aquella epoca, se recordo el desfile militar del siete de noviembre de mil novecientos cuarenta y uno. Cuando las tropas nazis estaban en las cercanias de Moscu. De las personas que hace sesenta y cuatro años participaron de ese desfile aun viven en Moscu ciento doce. Y de estas ciento doce solamente cuarenta pudieron formar parte del desfile.
Fuente: www.horademoscu.blogspot.com
La deconstrucción de la esperanza
Por Manuel Vázquez Montalbán, El País, 11/99
La caída del muro de Berlin es a la vez línea y catástrofe imaginaria. Habermas se plantea si hay que aprender a fuerza de catástrofes cuando se enfrenta a la obligación de hacer un diagnóstico del siglo XX, convergente con el de Hobsbawn en La Era de los extremos: El corto siglo XX, 1917-1991. Si bien la caída del muro fue saludada como el inicio de una historia sin bipolarizaciones y sin chantajes atómicos, diez años después asistimos a algo parecido a una deconstrucción de lo tan difícilmente construido por la razón solidaria y humanista a lo largo de más de un siglo: la filosofía del desarme, la descolonización y la construcción del Estado social. Como si mediante la ingeniería genética el ave fénix del capitalismo se resignificara emergente de los cascotes del muro de Berlín, su antigua lógica reaparece maquillada de modernidad, justificando con la coartada de la globalización el desarrollo armamentista y el intervencionismo militar, las relaciones de dependencia fatales entre globalizadores y globalizados y la no función del Estado social, presentado como un lastre para la extensión de la red de poder económico y mediático que fijará un nuevo orden.
Una inteligentísima derecha que niega la división entre izquierdas y derechas, hegemoniza el discurso cultural mientras copa la parte sustancial de la red mediática global y deja la iniciativa programadora en manos de los centros de diseño económico, propiciando un economicismo determinista ciego ante el coste social y ecológico del crecimiento. Si bien el mercado aparece como el Gran Legitimador de lo bueno y lo malo y por lo tanto de lo necesario, el discurso se uniforma y se centraliza mediante la progresiva inculcación de pautas culturales regresivas en consonancia con el totalitarismo del pensamiento único neoliberal. En ocasiones se produce la aparente contradicción de que esa reforma neoliberal basada en la libertad de iniciativa frente al gregarismo estatalista debe apoyarse en un neoautoritarismo militarizado para cumplir sus objetivos de hegemonía, como ocurrió en el Chile de Pinochet. Los neoliberales tienen en Monte Peregrino su montaña sagrada, de la que descendió Hayeck en 1948 con las tablas de la ley antimarxistas y antikeynesianas, pero la derecha neoliberal autoritaria se ha apoderado del mensaje y lo ha convertido en los mandamientos canónicos de su proyecto histórico. El control economicista de la política ha dejado casi sin función a los políticos y tiende a convertir los Parlamentos nacional-estatales en simples teatros donde se desarrolla la dramaturgia de una democracia para profesionales.
Aunque al parecer el muro de Berlín sólo se desmoronó sobre el costillaje comunista, diez años después se constata la impotencia de respuesta por parte de otras izquierdas, la socialdemócrata la más importante. Al final de la década de la catarsis y la autocomplacencia, las propuestas de la Tercera Vía de Blair, Giddens y Shroeder son meros restos del naufragio keynesiano disfrazados de radicalidad de verbo y de propósitos, aunque el propio Giddens es consciente del riesgo y lo exorciza por el simple procedimiento de enunciarlo: "(...) la imagen sola no es suficiente. Debe haber algo sólido tras el montaje pues si no el público ve muy pronto lo que hay detrás de la apariencia. Si todo lo que el Nuevo Laborismo tuviera que ofrecer fuera astucia mediática, su permanencia en la escena política sería corta y su contribución a la revitalización de la socialdemocracia, limitada". La propia lógica interna de los aparatos de poder de la socialdemocracia real fuerza a ocupar el espacio del social-liberalismo para disputar la hegemonía al neoliberalismo puro y duro, pero en ningún momento de esos análisis emerge la idea de la alternativa realmente modificadora: se trata de paliar los efectos de los nuevos centros de poder factuales que al pertenecer a la galaxia de lo cosmopolita han perdido incluso el carácter inquietante que tuvieron las grandes potencias o la en otro tiempo llamada oligarquía monopolista. Sólo se asume lo lingüísticamente correcto.
Las izquierdas no reconocen enemigos, la Historia se ha quedado sin culpables, salvo en el caso de genocidas psicópatas. Nadie espera nada del futuro que no aporte la tecnología y la esperanza humanista emancipadora e igualitaria se convierte en espera no de lo bueno o lo malo, sino de lo inevitable. Es tan grave y tediosa la expectativa que será insoportable. Ésa es la gran esperanza.
El fracaso y el triunfo del neoliberalismo
Por Atilio Borón
El neoliberalismo coloca a nuestra sociedad frente a una gran paradoja. El neoliberalismo ha demostrado ser un rotundo fracaso en materia económica, pero al mismo tiempo su triunfo ideológico ha sido algo fenomenal, pocas veces visto en la historia de nuestras sociedades. Y creo que esta paradoja, esta combinación tan extraña entre fracaso económico y triunfo ideológico es lo que le da al fenómeno esta multiplicidad de características y sobretodo la dificultad de desarrollar una estrategia efectiva de ataque por parte de la de la izquierda.
¿Por qué fracaso económico?. El neoliberalismo no es una forma de desarrollo. No hay un sólo ejemplo en el mundo que atestigüe que con la forma neoliberal se puede pasar del subdesarrollo al desarrollo. Ningún país de los que hoy se han desarrollado lo hicieron siguiendo el modelo neoliberal. Uno podría decir: «Pero, ¿ y en América Latina?» Bueno tomemos en América Latina los tres o cuatro casos más importantes. El primer ensayo es el que se hizo en Chile del cual voy a hablar después; el segundo el de Bolivia, que ha fracasado rotundamente; en tercer lugar el caso mexicano. El presidente que fue el gran "modernizador" de ese México que entraba al NAFTA y de la mano de todos los ideólogos neoliberales proponía una reestructuración de la sociedad y la economía mexicana, hoy en día es prófugo internacional de la justicia, acusado por corrupción, y lo que es peor, presidió el derrumbe de la economía mexicana, un derrumbe calamitoso cuyo efectos, el famoso «efecto tequila» reverberaron en América Latina. No hay un sólo economista riguroso y competente que pueda afirmar hoy que la economía mexicana, después de doce años de reestructuración neoliberal, es una economía más sólida, más desarrollada, más competitiva, que produce mayores bienes y que ha garantizado el bienestar colectivo de los mexicanos. El experimento terminó en un fracaso rotundo. Recuerden que hace tres o cuatro años atrás las tapas de las principales revistas de la llamada «Comunidad Económica Internacional» frecuentemente mostraban el rostro sonriente de Salinas de Gortari, del Secretario de Hacienda Pedro Azpe como las grandes figuras del momento, los constructores del nuevo México. Hoy a esas personas hay que buscarlas en las páginas de Interpol y no por razones de corrupción sino porque el modelo se vino abajo, se derrumbó el peso mexicano y la economía mexicana está en una situación muy, muy mala. El caso argentino. Sabemos qué es lo que ha quedado de toda esta ilusión vendida por Cavallo y compañía. Cavallo decía siempre a sus críticos: «Estamos haciendo lo mismo que México», hasta que llegó el efecto tequila y dijo: «Argentina no es México». Hasta cinco minutos antes venía asegurando que él veraneaba con Pedro Azpe, chequeaban las informaciones e iban monitoreando el avance de estas economías hacia el desarrollo. El fracaso del experimento argentino es impresionante. Quedó un sólo elemento en pie, que es la estabilidad económica y el gran enigma es cuánto tiempo va a durar. Todo el resto, deuda externa, déficit fiscal, situación del empleo, aumento de la pobreza, superconcentración de riqueza, vulnerabilidad financiera, desindustrialización, desarticulación regional. No hay un sólo indicador presentable. Cuando Cavallo se va lo echan porque ya era absolutamente insostenible su situación. El gobierno tardó tres días en conseguir un sucesor; no había quién tomara esa papa hirviente que era la economía argentina siguiendo las recetas del neoliberalismo. Tanto es así que el presidente argentino confesó que finalmente el ministro actual es éste porque los otros no aceptaron. En un país tan exitista como éste, donde la victoria tiene muchos padres y la derrota es huérfana, es bastante sintomático que el gobierno argentino haya demorado tres días en encontrar tan brillante experimento económico. Quedaría el caso chileno que es un caso sui generis. Yo les voy a decir simplemente tres cosas sobre el caso de Chile. Chile es, de todos los países que adoptaron el modelo neoliberal, el menos neoliberal de todos, de lejos. En Chile la empresa del cobre, la corporación del cobre, que fue estatizada por el gobierno de Salvador Allende, sigue estando en manos del estado chileno a pesar de todo el argumento neoliberal que han desarrollado los economistas. Aquella empresa fundamental, ha seguido en manos del estado. En la Argentina, el equivalente hubiera sido que no se hubieran privatizado ni YPF ni las Telefónicas. En Chile no se privatizó, por muchas razones: primero porque los aportes que ingresan al tesoro chileno por las exportaciones del cobre rondan en torno a los 1700 millones de dólares por año que van directo a la caja fiscal. Es una suma mayor que los impuestos totales a las ganancias que tributan todas las empresas en Chile. Ahí tenemos un caso muy claro en donde el decálogo neoliberal del Banco Mundial, según nos dice John Williamson, uno de los primeros mandamientos privatizadores no se cumplió. Segundo elemento fundamental en el caso chileno: Chile es el único país en toda América Latina en el cual el tamaño del estado lejos de disminuir fue creciendo. El consenso de Washington dice que hay que achicar el estado, bajar el gasto público, hacer menor la proporción del gasto público sobre el total de la economía. Se cumplió al pie de la letra en todos los países. Lo vemos en México, en Bolivia, en Argentina. En Chile, no. Chile es el único país que hoy en día después de casi veinte años de gobierno neoliberal tiene una proporción de estado mayor que la que tenían antes en relación al conjunto de la economía. La Argentina, para dar una cifra muy común, bajó de un gasto público en relación al producto bruto en un orden del 33% al 26%, y sigue bajando. Brasil ha seguido bajando, en México también. Para efectos comparativos, les digo que los países europeos en su promedio, en un conjunto tienen una proporción de gasto público que fluctúa en torno al 44%, y que los países que tienen mayores servicios sociales, mayores prestaciones sociales como Suecia, la proporción del gasto público sobre el PBI es del 55%. En el otro extremo está el país más desamparado del mundo, desde el punto de vista de la prestación social, que es Gabón, en África, donde el tamaño del estado es equivalente al 3.5%. La Argentina y todo América Latina salvo Chile han ido moviéndose desde estar cerca por debajo del promedio europeo en dirección a Gabón. A eso ellos le dicen que estamos avanzando cerca del primer mundo. En realidad estamos yendo en el camino contrario; la única excepción es el caso chileno. Tercero: Chile es el único país de América Latina en donde es ilegal entrar con una valija con un millón de dólares una mañana, jugar a la Bolsa de Santiago de Chile al mediodía e irse a la noche con las ganancias a Nueva York. ¿ Qué quiere decir esto? Que tiene un mercado financiero relativamente regulado. No tanto como en Europa pero mucho más que en Argentina, donde como muchos de ustedes saben entrar con valijas llena de dólares, en la aduana de Ezeiza. Es casi un pasatiempo de la clase gobernante y es legal. También se puede en Brasil y en México. En EE.UU. cualquiera de ustedes que viaje con más de 10 mil dólares tiene que declarar eso y allí comienza la fiscalización. ¿ Cuál fue el resultado de todo esto ? Que debido a esa regulación que hace que ese flujo de capital financiero tenga que permanecer un año por lo menos en Chile y además que casi un tercio de ese flujo financiero permanece durante el tiempo de la inversión en manos del Banco Central, en Chile no hubo efecto tequila. Y no lo hubo no porque Dios fuera chileno, que es una discusión que está más allá de mi entendimiento, sino por una cuestión más simple. Porque tienen una legislación sensata que impide la locura que hay en Argentina, Brasil, México, Venezuela, etc. que es que so pretexto de la globalización el capital financiero entre en circulación sin ninguna clase de control. Entonces se cae una Bolsa mañana en Singapur y estos países caen uno tras otro siguiendo el efecto dominó. El caso chileno es uno de los casos que difícilmente pueda adjudicarse al mérito del neoliberalismo, porque tiene tres rasgos fundamentales, yo diría que son los tres mandamientos más importantes que han sido violados, más allá de que este gobierno, evidentemente, está muy lejos de haber producido los bienes y la calidad de vida que propagandiza. Ni hablemos del costo social. Pero se ve que, inclusive, en el caso chileno, el problema que hay es que el neoliberalismo como tal ha fracasado.
|
Si esto es así, ¿cuáles son los ingredientes del triunfo? Como se decía antes yo creo que lo más importante es el triunfo ideológico. El triunfo ideológico es lo más importantes, y lo preocupante porque aún si el neoliberalismo fracasa como proyecto económico, si la gente, si la sociedad, si las clases populares, no tienen elementos para descifrar ese fracaso, y esos elementos son provistos por un discurso ideológico, una propuesta ideológica, un conjunto de categorías que permitan descifrar ese resultado, la gente va a seguir pensando que el neoliberalismo funciona muy bien. Y yo creo que el triunfo del neoliberalismo ideológicamente se verifica de manera bastante clara en los siguientes aspectos. En primer lugar, en un proceso de creciente mercantilización de derechos que han venido padeciendo las sociedades latinoamericanas. Es decir, cuestiones que antes eran consideradas derechos inalienables de nuestras sociedades, de los sectores populares o de la población en general, por ejemplo, el derecho a la educación. Hoy en día se ha creado un nuevo consenso, un nuevo sentido común de que en realidad eso es un bien, no es un derecho. Yo quiero llamar la atención de que este cambio de terminología de derecho a bien no es un producto accidental, no es un accidente del lenguaje. Es toda la prédica del Banco Mundial que en los últimos veinte años ha insistido en que hay que renombrar algunas cosas en materia económica porque los nombres convencionales son nombres que confunden a la gente y hace que piensen que tienen un derecho a la educación. En realidad la educación es un bien; quien lo quiera adquirir debe estar dispuesto a pagarlo, y un Estado comprensivo estará dispuesto a decir: «Bueno, aquellos que quieran una cantidad módica de este bien, totalmente insuficiente como es la escuela primaria, el Estado se los puede regalar aunque en realidad se los cobra en impuestos. Pero los que quieran más, secundaria, universidad, postgrados, tiene que pagar porque son bienes. Como el que quiere cortarse el pelo, en una peluquería le darán el servicio, el que quiere una ropa, se la compra . Esto ha ido metiéndose en América Latina, haciéndose carne en materia de educación, de salud, de vivienda, de recreación, es decir ha habido un retroceso enorme y esta es la gran victoria del neoliberalismo: haber transformado los derechos en bienes que son ahora bienes que deben conseguirse en el mercado. En segundo lugar, la otra gran victoria ideológica ha sido la satanización del Estado. El neoliberalismo ha tenido un éxito rotundo en convencer a la gente de que el Estado es algo malo, intrínsecamente perverso y que hay que destruirlo. Acá en Argentina es un caso maravilloso. Esto surgió como producto de una campaña perfectamente orquestada por los medios de comunicación de masas con un discurso permanente, coherente, persistente, lanzado las 24 horas del día, y que a la larga terminó de convencer a la gente de que el Estado era el enemigo a destruir. Obviamente que para esto tenemos que recordar que se contó con la inestimable colaboración de una serie de gobiernos a cuál más corrupto, a cuál más despótico, e importantes sectores de la burguesía que hicieron todo lo posible para que este Estado funcionara mal, dándole entonces pábulo a la crítica en contra del Estado que se hacía y, además hay que decirlo, a la inestimable colaboración de las camarillas sindicales que en el seno del Estado o en un conjunto de sindicatos vinculados a empresas estatales fueron copartícipes de este proceso de destrucción del Estado que nos da entre otras espectacularidades folklóricas el hecho de que cuando se producen las privatizaciones en Argentina no son sólo los burgueses los que se acercan a la mesa a comprar, también vemos a dirigentes sindicales capaces de poner 20, 30, 40, 50 millones de dólares para comprar alguna parte de las empresas privatizadas. Lo cual habla de un infinito nivel de corrupción de esa camarilla sindical que lamentablemente hemos padecido en este país.
Tercer elemento, y yo creo que el más importante. Se ha dicho que el neoliberalismo se anotó un gran triunfo al convencer prácticamente a todo el mundo de que no hay otras alternativas. El neoliberalismo obtuvo un éxito rotundo en el momento que impuso a la sociedad la ideología de que no hay alternativas. Margaret Thatcher lo planteó en su primera campaña: " No hay ninguna otra alternativa: esto o el desastre; esto o el Apocalipsis". En este sentido, las sociedades latinoamericanas, y el caso argentino es bien interesante, han vivido permanentemente bajo la extorsión y el chantaje. La extorsión y el chantaje del terrorismo de Estado en la época de la dictadura y después la extorsión y el chantaje de la hiperinflación. Y es muy interesante, hace dos años en Río de Janeiro, contaba Perry Anderson que en una reunión de técnicos y expertos un economista del Banco Mundial dijo: todavía en Brasil no vamos a tener suerte en un programa de ajuste. Anderson le preguntó por qué. Y los técnicos respondieron: porque todavía el pueblo brasileño no ha sentido en carne propia el dolor lacerante de la hiperinflación. En Argentina se pudo hacer porque después de 5.000% de inflación por año, la sociedad se entrega y acepta los rigores de un programa neoliberal. Y en Brasil esto todavía no sucede. Y fíjense que es interesante después ver qué pasó con el plan real, la manera cómo el gobierno creó las condiciones para que cuatro meses antes de las elecciones presidenciales Fernando Henrique Cardoso apareciera como el salvador, el mesías que puso fin a la amenaza de la hiperinflación en Brasil. Recordemos nosotros que en el momento en que se lanza la campaña presidencial en Brasil, Lula tenía más del 40% de intención de voto y Cardoso no llegaba al 15%. Después de esta «hazaña» de derrota de la amenaza hiperinflacionaria aparece la amenaza de «si quieren detener este peligro, la única receta que hay es la receta neoliberal. Yo creo que este es el punto fundamental que hay que salir a discutir, porque si se acepta el punto de vista del neoliberalismo, que a nivel de masas está muy instalado, es evidente que no vamos a tener la capacidad de pensar en algo distinto. En ese punto es fundamental decir: vamos a ver cuál es el modelo de reemplazo, alguna propuesta para no tan sólo hacer que el esclavo se rebele contra el amo, sino que el esclavo vea que hay una cosa diferente a la esclavitud, que hay un sistema, una forma de organización social que ser puede diferente y superadora a todo aquello. De lo contrario nos va a ocurrir lo que se nota en amplios sectores de la oposición política argentina donde ante la total aceptación de este modelo neoliberal se atribuyen los problemas estructurales de este modelo a la soberbia de los dirigentes; que ahora que la oposición está más fortalecida hay que hacer que el presidente sea menos soberbio, ignorando que aquí hay una lógica de desarrollo, que este modelo está funcionando muy bien. El modelo, desde la óptica de los grandes empresarios, funciona muy bien. Ahora hay una pequeña turbulencia política porque la gente está presa de ese mal humor, pero que haya cada vez más pobres es síntoma de que el modelo funciona muy bien, que cada vez hay mayor concentración de la riqueza quiere decir que el modelo funciona, que cada vez hay mayor fragmentación regional, es porque funciona muy bien, somos cada vez más dependientes de la deuda externa, es porque funciona muy bien. Porque ese es el circuito de acumulación de los grupos dominantes. Entonces acá el tema es plantear la alternativa, porque sino vemos como después de la huelga última muchos dirigentes exhortaban al gobierno por un lado a dejar de ser soberbio, a moralizar el modelo. El modelo no se puede moralizar, tiene que funcionar así, funciona con un alto nivel de corrupción donde quiera que sea. Aquí, en la China, en Inglaterra. Entonces hay que dar un combate muy fuerte para superar este desarme ideológico de la izquierda. Ahí me permito hacer un juego de palabras, una metáfora. Muchos autores hablan de que en la década del 30 cuando el capitalismo estaba realmente asediado por una parte por la existencia de la Unión Soviética y por otra por la crisis de los fascismos y la gran recesión, algunos autores burgueses celebraron el advenimiento de Keynes, el genial economista de Cambridge, diciendo : Keynes fue el Marx de la burguesía. Probablemente nosotros estamos necesitando ahora el Keynes del proletariado. Es decir, aquel que produzca un conjunto de fórmulas concretas para ver cómo se sale de esta crisis. No tanto que vaya a reescribir los tres tomos de El Capital, sino que diga: aquí hay 20, 25 medidas que hay que hacer, son 1, 2, 3,....que fue lo que hizo Keynes en la famosa Teoría General: aquí la salida de la crisis es por el lado de la demanda, la demanda significa aumento de la intervención estatal, esto significa que tenemos que inventar una política económica, no es una empresa difícil. Sin embargo a mí lo que me alarma es ver cómo algunos compañeros de la izquierda se piensan que nosotros estamos poco menos que congénitamente incapacitados para pensar una salida al neoliberalismo. Esto creo que obedece en primer lugar a la abrumadora hegemonía ideológica del neoliberalismo. Como decía muy bien el compañero, todos tenemos algo de liberales adentro, y es cierto, hay una hegemonía tan abrumadora porque está en todos los medios, en la vida cotidiana, que es muy difícil pensar. Además cuando se entra al terreno más concreto por ejemplo de la ciencia económica, tenemos que vernos con dos supertanques del pensamiento como son el Banco Mundial y el Fondo Monetario. Ustedes piensen que el Banco Mundial tiene una legión de 7.000 economistas trabajando en Washington y en todo el mundo, que están altamente preparados, con grandes sueldos, con todas las facilidades, bancos de datos, bases bibliográficas, computadoras, información de primera agua que nosotros no podemos tener, y que están permanentemente segregando ideología, segregando fórmulas, su misión es esa. Entonces, ¿que es lo que ocurre? Acá hay muchos economistas que son críticos, y que en una charla privada son capaces de despedazar al modelo neoliberal. Pero a la hora que yo le pido que vamos a desplegar un comunicado en los diarios, una solicitada diciendo esto que hemos conversado, no lo pueden hacer porque hay una dependencia estructural. La profesión de los economistas hoy depende de la plata, del Banco Mundial y de las grandes empresas; esto tiene que ver con la crisis de las ciencias económicas, crisis aterradora no solamente en Argentina y en América Latina que es un escándalo, una vergüenza, sino también en los países europeos. Hay una crisis brutal, hay una pérdida de objetivos básicos. Aquí llegó Garys Becker que fue hace poco premio Nobel de economía. Lo trajeron por dos días a decir , que para combatir el problema del desempleo había que flexibilizar por completo el mercado de trabajo, acabar con el movimiento obrero, liquidar todas las viejas conquistas sociales. Es decir, «si los trabajadores están dispuestos a trabajar gratis o por lo menos por un dólar al mes se acaba todo el problema del desempleo». Ese es el premio Nobel. Se imaginan ustedes lo que serán los otros, que son los humildes peones. Lo que dice, en términos cotidianos, es una cretinada indefendible. Ahora, ¿por qué lo hace? Porque hay un sistema mundial de los economistas como profesión que hace que aquel economista que decida sacar la cabeza y decir: «todo esto es un sin sentido», ese tipo está desocupado por el resto de sus días. Entonces vamos a ver cómo armamos estructuras que contengan a estos compañeros, gente que tiene familia, que tiene hijos, padres que atender, que yo sé que en este momento trabajan en el Ministerio de Economía de este país, que me tiran datos por debajo de la mesa, pero también me dicen «júrame que esto no lo vas a decir en público y si lo decís, no me citás». ¿Cómo resolvemos este tema? No le podemos decir a este compañero que se inmole. Bueno, son muchos. Esto tiene que ver con un aspecto de esta hegemonía de las ideas neoliberales que es el Banco Mundial, que es el gran organismo subsidiador de investigaciones que hay en nuestros países.
En segundo lugar, el papel de los medios de comunicación.
En tercer lugar, el retraso ideológico de la izquierda. Yo creo que ahí nosotros no podemos pensar que todas las culpas son de que esta burguesía ha sido muy artera en su estrategia de dominación. Lo decía muy bien Regalado, cuando llegamos a dar con las respuestas nos cambiaron las preguntas. Tenemos que tener la respuesta más rápida. No podemos demorarnos 40 años en darnos cuenta que la planificación total de la economía no funcionaba. ¿Por qué? Porque hubo economistas marxistas, que lo venían diciendo en la Unión Soviética y fuera de ella. Que ahora descubramos eso, de que los mercados son importantes, 45 años después que Oscar Lange lo denunciara por primera vez en el debate en Polonia. Nos demoramos 50 en llegar a la respuesta. Es de esperar de que ahora no nos demoremos otros 50 en dar una respuesta porque evidentemente así nos condenamos a la obsolescencia. Y esto, ¿por qué es así? Yo creo que en general en la izquierda en América Latina, todavía sobrevive la cultura de las consignas. Es muy interesante lo que Palmiro Togliatti, que fue uno de los comunistas más lúcidos que hubo en Europa, decía: «En la lucha contra el fascismo uno de los problemas más graves que había es que los compañeros de nuestro partido son demasiados afectos a las consignas y tienen poca pasión por estudiar el fenómeno, lo novedoso realmente de la dictadura fascista». A mí me parece que eso todavía sigue pasando. Sigue sobreviviendo una cultura muy fácil, liquidamos con dos o tres grandes frases muy grandilocuentes lo que es el neoliberalismo y olvidamos algunos pequeños hechos molestos que aquí se plantearon. Por ejemplo, cómo explicar que el neoliberalismo gana elecciones. Hay que explicar eso, no es tan sencillo. El neoliberalismo acá no vino por un golpe militar. En Chile lo impuso Pinochet, acá se ganó y Menem obtuvo 49,9% de los votos en una elección diciendo: «voy a seguir el camino, voy a profundizar este camino» Y los datos revelan que entre la población desocupada aquellos que votaron por Menem llegaron al 57% . O sea que si hubieran votado sólo los desocupados en las elecciones del 14 de mayo del 95, Menem ganaba con el 57%. ¿Qué vamos a responder? Simplemente con una consigna fácil: «Falsa conciencia del lumpenaje?» No, basta de esa pavada, porque si hay un 20% de lumpenaje, este capitalismo ya es una cosa muy especial. Entonces tenemos que estudiar para ver qué es lo que pasa. Me parece que este retraso es importante.
¿Por qué digo que el tema de los medios es fundamental?. Nosotros (cuando digo nosotros digo izquierda en un sentido muy amplio) somos hijos de la cultura gutemberguiana. Somos hijos de la cultura del libro. Marx y toda la tradición marxista es la culminación de lo que podríamos llamar el iluminismo, la ciencia, la razón. Eso es bueno, y no hay nada de qué arrepentirse. Me diferencio tajantemente en esto de todos los sociólogos postmodernos o postmarxistas que hacen una crítica de la razón. Eso es una locura directamente. Creo que es muy importante recuperar esa herencia. Es cierto, somos hijos de la razón porque la razón derrotó al dogma y al oscurantismo medieval, de manera que no vamos a abandonar esas banderas, por favor. Pero al ser hijos de la razón en una época donde la razón circulaba a través de un libro, esto hace que nosotros en este momento estemos recluidos en esa cultura. Y la cultura del libro, la cultura de la palabra escrita es hoy un cultura de élite, ya no es más una cultura de masas. Este es el tema que creo que en la izquierda no estamos conectados. La cultura del libro fue la cultura de masas hace 100 años atrás, cuando los dirigentes obreros en América Latina y Europa se preocupaban por la prensa obrera, porque habían dado primero la batalla por la alfabetización universal y después para que leyeran los periódicos. Ustedes vieron los diarios obreros, socialistas y comunistas de países como Francia, Italia, Alemania. Eran el vehículo fundamental de la lucha ideológica. Hoy en día ya no es más porque la gente no lee más, leemos unos pocos. Y esto más vale que nos lo grabemos en la cabeza. Yo soy profesor y les digo: mis alumnos no leen. Tienen mucho más tiempo de contacto frente a una pantalla de televisión o de computación que frente a un libro. De manera que ahí hay un problema muy grave porque toda esta cultura gutemberguiana del libro, el panfleto y del folleto se tropieza con el hecho de que hoy en día si queremos transmitir ideas tenemos que dominar los métodos audiovisuales, el lenguaje audiovisual y sino no podemos comunicarnos o nos comunicaremos con una pequeña elite, aquellos que todavía leen. ¿Qué obrero, qué trabajador, qué estudiante de ciencias sociales hoy acomete la empresa de leer El Capital? ¿Cuántos? Vamos a ser honestos. La Facultad Ciencias de Sociales tiene 8.000 estudiantes. Probablemente habrá 100 que yo sé que han leído algo de El Capital, y no creo que lo hayan hecho mucho más allá de los primeros capítulos del tomo 1. El resto no, aun cuando sean compañeros que están totalmente compenetrados con la causa de la izquierda, que quieren el comunismo, que quieren el socialismo, que quieren superar el capitalismo. El problema es cómo nos comunicamos. Y ahí aparecen los dos o tres problemitas. En primer lugar esos medios son monopolios privados, en casi todos los países. Hay en algunos casos en Europa de combinación de monopolios privados con presencia estatal, pero en América Latina no hay nada que pueda contrarrestar el peso fenomenal que tiene, por ejemplo la Red Globo en Brasil que hizo los dos últimos presidente de ese país. Cuando digo hizo, es que los proyectó en una campaña nacional que de otra manera no se hubiera podido armar. O el peso fenomenal que tiene la Red Televisa en México que repercute en toda América Latina. Acá este conglomerado de dos o tres canales de televisión, el Canal 13 que tiene Clarín, las radios más importantes como Radio Mitre, Telefé, Editorial Atlántica y el emporio multimedio de América, son tres oligopolios que tienen un control absoluto, porque acá no tenemos canal público de televisión. Segundo obstáculo, aún cuando supongamos que nos dieran ese espacio, en general, nuestra gente está programada para funcionar con otro medio, y lo que quiero decir, para aquellos que están muy metidos en la cosa de computación, acá no es un tema de cambiar el disquete. Nosotros estamos todavía pensando de que se trata de hacer lo mismo, que cuando se escribe se habla. Y no, es un lenguaje completamente diferente. Hay un tiempo de transición en donde esta dirigencia de izquierda pueda adoptar lo que son las formas propias de la comunicación audiovisual, porque la cultura gutemberguiana es la cultura del relato, es la cultura del razonamiento profundo, el ida y vuelta, yo puedo ir, volver para atrás. La cultura más mediática es una cultura completamente diferente. No es una cultura de profundidad, es la cultura de efectos; el golpe de efecto, la palabra justa, el gesto, la mirada es lo que decide una intervención, no lo que dice. Yo he hablado mucho de esto con gente que estudia científicamente acá y en otros países. Cuando aparece alguien en la televisión, al día siguiente, ¿qué es lo que la gente recuerda? La cara. Porque después cuando le preguntan qué dijo responden: -No sé. -¿Y le gustó? -En ese momento sí. -¿Pero por qué le gustó? -No sé. Son preguntas que revelan un nivel primarísimo, rudimentario pero ese es el nivel de los medios que hoy importa. Entonces, ¿de qué manera la izquierda puede instalarse en esa cultura postgutemberguiana, o la cultura audiovisual y poder adoptar un estilo de comunicación que siga las líneas irregulares de flashes?. La comunicación televisiva es básicamente un flash. Hay que tirar una palabra justa, apropiada y nada más porque no hay tiempo de hacer un razonamiento. Allí hay un problema muy fuerte y yo creo que las dificultades que tenemos para dar ese combate ideológico son durísimos en ese terreno.
¿Tenemos esperanza? Yo creo que sí. Tenemos esperanza porque a pesar de ese diagnóstico sobre el avance ideológico del neoliberalismo es evidente que nosotros tenemos un elemento muy importante a nuestro favor y es que objetivamente tenemos la razón. Es decir, los diagnósticos nuestros son análisis verdaderos. A la larga esa verdad por gravitación va a prevalecer; pero a la larga, como decía Keynes, podemos estar todos muertos. Mientras tanto hay que ver de qué manera podemos avanzar. Yo pienso que tenemos posibilidades, tenemos buenos argumentos, tenemos buenas críticas, tenemos que empujar más en la dirección de poner en discusión una serie de aspectos que han sido dogmatizados. Tenemos que ver la manera de crear instituciones que permitan viabilizar estas propuestas transformadores que tienen un costo muy grande, como por ejemplo para los economistas que se atrevan a decir estas cosas. Y yo creo que si ésto se hace en el momento en que la balanza de la correlación de fuerzas se vaya inclinando hacia la izquierda, hacia la crítica al neoliberalismo, que es algo que ya empieza a advertirse en algunos países europeos en movimiento muy lento, ahí tenemos que tener la propuesta a mano porque sino esa oportunidad se va a desperdiciar.
Atilio Borón es coordinador del centro de investigaciones EURAL (Europa- América Latina)
Fuente: www.nodo50.org/americalibre
¿Otro mundo o muchos mundos?
Por Luis Mattini
Después de la catástrofe con los implosión de la URSS en 1989, la izquierda afín al ex movimiento comunista internacional quedó anonadada y paralizada por lo menos por una década. Cierto es que a todos nos conmovió hasta los tuétanos sobre todo por lo imprevisto y porque a pesar de sus graves defectos, de algún modo creíamos que aquel socialismo real era un enfermo curable. La izquierda opositora, aquella que se inspira en el movimiento engendrado por Trotsky y una seguidilla de variantes, cantó victoria a lo Pirrio. Desaparecía el más grande escollo para la marcha hacia un "socialismo científico" sin las "perversiones" stalinistas. Polonia era el ejemplo para el trotskismo, China para el maoísmo. Los comunistas argentinos, huérfanos de la guía exterior, no fueron capaces de mirar hacia adentro, y viraron sorpresivamente hacia Cuba, olvidando que Fidel había sido tachado de "demócrata pequeño burgués" y el Che de gran aventurero. La Habana remplazó a Moscú y ahora las cartillas de catecismo de Marta Hanecker reemplazaron a los manuales de la Academia de Ciencias. Por ellas nos enteramos que "el stalinismo no es el leninismo".
Las causas de la implosión de la URSS fueron adjudicadas a la omnipotencia del imperialismo y a la traición de los dirigentes soviéticos. En el mejor de los casos a las erróneas políticas económicas. Los economistas marxistas parecían desconocer que la Unión Soviética fue , hasta la década del setenta, después de Japón, la economía mayor crecimiento, a pesar que habían soportado la guerra que destruyó 1700 ciudades y 70 000 aldeas, más unos veinte millones de muertos soviéticos. Además se largaron a la carrera espacial con notable éxito y despilfarro de fuerzas productivas. Esa vilipendiada industria soviética era capaz de producir un fusil AKA sin rival en su época, poner un robot en la luna, hacer aterrizar los astronautas en un espacio acotado dentro de su territorio y al mismo tiempo sus hojas de afeitar no servían ni para tusar caballos. Asimismo emularon al capitalismo en la depredación del Medio Ambiente, no tanto por necesidades económicas como por soberbia científica.
Lo que quiero señalar es que ni la omnipotencia imperial, ni traiciones internas ni falta de capacidad productiva fueron las causas principales del derrumbe.
Por otro lado, liberado de la contención stalinista, tampoco el movimiento obrero mundial se volcó la revolución como pensaban los trotskistas. Para colmo de males los chinos, olvidando la sutileza atribuida a los orientales, ni siquiera disimularon con glasnot ni perestroica, directamente se asumieron como una competitiva potencia capitalista gobernada por el partido comunista. Con la sentencia "no importa el color del gato sino que cace ratones" modernizaron, industrializaron, se insertaron en el mercado mundial a costa de las penurias de sus campesinos. Vietnam, después de haber vencido tres imperios en una de las guerras de liberación más notables de la historia, no pudo construir un estado económicamente independiente y próspero como soñaba Ho Chi Mihn. Por el contrario, a los veinte años de la caída de Saigón, sus políticas económicas no se diferenciaron sustancialmente de las de nuestro ministro Cavallo. ¿Europa del este? Cumplió con ácido humor húngaro, su larga marcha hacia el capitalismo.
En ese contexto mundial fueron pasando los años del señoreo del menemismo. La izquierda diciendo lo mismo de siempre. El Che, muerto y no peligroso, fue santificado en el bronce, una manera de rematarlo por las dudas, y el experto norteamericano James Petras pasó a ser el custodio de la moral revolucionaria de los latinoamericanos. El llamado "progresismo" empezó a tomar cada vez mayor distancia del "eurocentrismo" para aproximase al…"americanocentrismo". Los Estados Unidos pasaron a ser modelo pese a todo. Desde luego, criticando su carácter imperialista, pero el sentimiento fue algo así como decir: "Lo malo es que son imperialistas, porque fuera de eso, es la sociedad democrática y de las oportunidades para todo el mundo". Algunos lo comparaban con la Atenas del siglo IV, iluminadores de cultura frente a la "decadencia" de la vieja Europa y la supuesta pobreza material, espiritual e intelectual de nuestros países, sin ver su rápida transformación en el Estado teocrático terrorista. El bíblico peligro amarillo se transformó en peligro islámico. La sociología y las "ciencias políticas" estadounidenses, con algunas pinceladas de Habemas y retoques hegelianos, fue la fuente de inspiración de la manga de "asesores" del FREPASO en donde la "gestión" reemplazó a la política, con el agravante de ser una de las peores gestiones de que se tenga memoria. Con una papa en la boca hablaban de "la era del conocimiento" ocultando el tamaño de sus orejas con la vestimenta de moda. La imagen tomó el lugar de las ideas, las que pasaron a ser monopolio de cuatro o cinco profesores de filosofía, devenidos por arte de un periodismo asombrosamente ignorante en "filósofos".
El turquito Menem había convencido a todos, amigos y opositores, de sus ojos celestes y la marcha hacia el primer mundo.
Sin embargo, desde el lado profundo de los pueblos se buscaban no sólo explicaciones a lo que había pasado sino nuevos caminos. Cuando Irak ocupó Kuwait y los estadounidenses usaron el pretexto para atacar a Sadam, un grupo de sobrevivientes de la izquierda de los setenta que habíamos roto con formas orgánicas desarrollamos nuevas experiencias, sostuvimos que correspondía oponerse a la guerra, por la guerra en sí misma, exigiendo la paz, no sólo el no a la agresión norteamericana sino también el retiro de Sadam de Kuwait. Desde luego éramos un grupo muy pequeño y apenas si alguien nos escuchó, pero allí donde nos conocieron, nos trataron poco menos que de traidores a los "intereses del proletariado mundial", intereses representados en ese momento por Sadam, quien dicho sea de paso, liquidaba kurdos y comunistas al mejor estilo de Chan Kai Sek, aunque en lugar de usar las calderas de las locomotoras, empleaba las armas químicas brindadas por los EE.UU. Gran parte de la izquierda se guiaba por ese concepto campeón del maniqueísmo "el enemigo de mi enemigo es mi amigo"
Agotada esa experiencia que se completó en una revista que supo llamarse XX-XXI y que no pasó de unos pocos números, empecé a trabajar con los jóvenes que constituyeron el grupo llamado "El Mate" y que publicaban la revista "De mano en mano". Desde esa práctica fuimos elaborando hipótesis y revisando las teorías . Por otro lado con Miguel Benasayag, viejo militante del PRT que reside en París trabajábamos en la misma dirección. En el ínterin nacía el neozapatismo que obró como un excelente incentivo. Poco después el grupo El Mate organizó las "Cátedras Che Guevara" las que, en los casos que mantuvieron la autonomía de los partidos, fueron laboratorios de pensamiento critico y creador. Esta nueva generación evitaba fundir al Che en el bronce, lo revivía en una nueva práctica social en la que surgía la modalidad de lucha popular que empezó llamándose fogoneros, para generalizarse como el nombre de piqueteros.
Hicimos relecturas del marxismo clásico, revisamos sobre todo el pensamiento latinoamericano, abrevamos también en corrientes más discutidas, tanto la escuela e Francfort, como filósofos franceses difíciles de digerir, tomamos algunas cosas y descartamos las más, seguimos los trabajos de Negri, con quien tenemos una relación polémica. Compartimos o discutimos con otros grupos que empezaban a proliferar, "La mesa de los sueños"; "Retruco", La corriente "Mariategui", la Cátedra libre de Derechos Humanos, la revista "Acontecimiento", etc. Pero el incentivo principal estaba dado por lo que ocurría en lo que hoy algunos llaman "la izquierda social", ese movimiento que se abría paso a fuerza de cortes de ruta y la creación de experiencias autónomas en todo el país.
Una de las primeras hipótesis fue el cuestinamiento a la teoría del poder. Para las nuevas generaciones, ha sido quizás más fácil, pero para quien esto escribe, que había participado en la construcción y desarrollo de una de las organizaciones que más seriamente tuvo en el país un planteo y una práctica de toma del poder, en el cual pusimos el cuerpo y el alma, tal cuestionamiento no podía ser menos que desgarrante. Y lo fue, debo admitirlo, treinta años de militancia en un mismo sentido no se sacuden alegremente. Sostengo, por experiencia propia, que se necesita más coraje para esto que para asaltar cuarteles y comisarías.
Empezamos a comprender el poder como algo más que la estructura coercitiva del aparato del estado, entenderlo como una relación social, un entretejido en el cual todos tenemos parte.
En segundo lugar cuestionar la teoría de la toma del poder como modo de cambiar la sociedad. Si el poder es esencialmente una relación social, algo más inasible que el aparato coercitivo del estado, en realidad el poder no es "tomable", a lo sumo lo que se toma el aparato del estado. Revisando la vieja expresión, se puede "tomar" el gobierno, no el poder.
En tercer lugar la critica al partido. El partido leninista (y todo partido lleva su marca) fue el más formidable aparato para la toma del poder, es decir para la captura del aparato del estado. Por lo tanto si no nos proponemos tomar ese aparato, no necesitamos el partido. No sólo no es necesario, sino que aquellas virtudes como máquina político-militar para el asalto al poder, se transforman en una estructura castradora de la creatividad colectiva que busca la emancipación por otras vías.
En cuarto lugar cuestionamos el papel del sujeto como algo predeterminado por la historia, por su supuesta ubicación material en la sociedad. El sujeto no nace, se hace, podríamos decir. ¿Que eso no es novedad? ¿Que siempre hubo corrientes criticas de un marxismo mecanicista, determinista? Es verdad, sólo que intentamos recuperarlas en su totalidad incorporando prácticas que habían sido desestimadas y descalificadas por "no proletarias".
En quinto lugar una reconsideracion de la subjetividad, rescatando conceptos como la pasión y el deseo, que exceden en mucho la estrecha fórmula "factor subjetivo" como expresión de la simple conciencia. El mito moderno de la "conciencia", condición necesaria, pero absolutamente insuficiente, pone en tela de juicio toda consideración pedagógica, todo sistema educativo y además, es lo que explicaría la pasividad de la izquierda tradicional en la década del sesenta y el setenta. ¿Puede pensarse que a esa izquierda le faltaba conciencia?
En sexto lugar los cambios en las estructuras de las clases sociales, la desindutrializacion que dispersa al obrero fabril y proletariza a la gran masa de la sociedad. El fin de la "cultura chimenea". El concepto de lucha de clases no desaparece, por el contrario sigue siendo un fuerte asidero teórico como base material cualquier teoría de emancipación , pero cambian radicalmente sus características.
En sexto lugar el papel de las vanguardias. Relativizada la idea de la toma del poder, se diluye la necesidad de una vanguardia permanente, se puede empezar a hablar de muchas y ninguna vanguardia y cada una en situación.
En séptimo lugar el concepto de situación, muy desarrollado por Miguel Benasayag, que intenta salir de la trampa de la subordinación de la parte al todo. Esto significa que cada lucha tiene su nudo en la rebelión contra la injusticia en concreto, dentro de la situación y en independencia de una supuesta "estrategia" o "destino final". Puede coincidir con determinada "estrategia", pero su núcleo, está en la propia situación. Significa también invertir la visión "progresista", que ubicaba al comunismo al final del camino. El comunismo recobra su carácter libertario como punto de partida y no de llegada.
En octavo lugar la cuestión del pensamiento y en ella una crítica a la teoría del conocimiento de la modernidad adoptada por el marxismo oficial. Diferenciación entre conocer y pensar, relatividad el papel del cerebro en favor de todo el cuerpo y fijar los límites de la razón "cerebral".
Por último, y sin agotar el asunto, el verdadero contenido de subversión, radicalidad, libertad, que implica un universo muchísimo más amplio que luchar sólo contra la plusvalía. Esto significa replantearse la categoría "revolucionario" como una especie de identidad adquirida sólo por un enunciado: "yo soy revolucionario", para ubicarla en el acto de rebeldía y de real subversión. Dicho de otra manera, ubicarla en el acto y no en la declamación. Consecuentemente, la rebeldía excede en mucho a la clase obrera, se extiende a otros protagonistas sociales, los cuales, en los hechos, han demostrado que la más de las veces han estado por delante de la clase obrera industrial, sujeta a la disciplina fabril y el sindicalismo o a la espera de que el partido señale cuál es el momento de alzarse.
Estas y muchas otras cosas fuimos discutiendo, experimentando, confrontando con las experiencias de los protagonistas, con nuestra propia práctica social, intercambiando con otros grupos del país y de diversos países, escribiendo en revistas de poca circulación, algunos libros, en fin puede hablarse de una década fructífera dentro de la "década perdida" del menemismo, perdida para los intelectuales clásicos que quedaron sin Dios con las caídas.
En 1999 publiqué parte de estas conclusiones en un libro "La política como subversión" No se trata de un trabajo completo ni mucho menos. Apenas las primeras conclusiones e interrogantes de lo que he resumido más arriba, con mucho de mi coleto anterior, es decir con cierto ajuste de cuentas con un pasado más lejano.
Dos años después me topé con los borradores de lo que luego seria el libro de John Holloway "Cómo cambiar al mundo sin tomar el poder" Leía con asombro cómo este intelectual británico radicado en México, había llegado a conclusiones similares a las nuestras y, por lo menos en mi caso, por vías distintas y sin contacto entre nosotros. Confieso mi ignorancia, no sabía que existiera John Holloway. En efecto, si bien hay matices y algunas diferencias importantes, sobre tofo en la propuesta política, podría decirse que el libro de Holloway brinda sólida conceptualidad teórica a mis sonambulismos experimentales. En octubre de 2001 nos encontramos en la presentación del libro "Contrapoder", organizada por el Colectivo Situaciones y ambos constatamos la coincidencia. Quizás convenga mencionar que "Contrapoder" es una polémica del Colectivo Situaciones y otros amigos, entre ellos el propio Holloway, con Antonio Negri en la cual yo participo. Recordar también que todavía no había llegado el libro "Imperio", de Negri y Hard, que levantó tanta polvareda.
Los hechos del 19 y 20 de diciembre de 2001 - en los que participé como uno más entre mis vecinos - venían a confirmar parte de las hipótesis conque trabajamos los últimos diez años. Sólo como tendencia, como indicación que empezábamos a apuntar bien. Pero, lejos de quedarnos con la clásica "comprobación práctica" vimos que los acontecimientos abrían nuevos y más complejos interrogantes. Estamos en buen camino, pero muy retrasados con respecto a la riqueza rupturista de los hechos.
Mientras tanto la izquierda clásica, la que desde 1946, por lo menos, viene perdiendo el tren en nuestro país, la que había quedado anonadada por la caída del muro de Berlín, la que se sintió "traicionada" por los camaradas soviéticos, la que en innumerables viajes y estadías a veces por años haciendo cursos en Moscú, no había tenido la menor sensibilidad para ver lo que estaba pasando, creyó, cree, que ha llegado su hora. Bienvenido que sea así, que esa valiosa fuerza militante se ponga de una vez por todas a trabajar en serio por la emancipación. Pero, desgraciadamente, sus "intelectuales orgánicos" en vez de revisar a fondo, constatando con esta nueva realidad, las teorías acumuladas en miles de tomos marxistas, parecen regresar a lo más oscuro de la era del dogmatismo, llámese este stalinista, maoista o trotskista. El rasgo más saliente es la condena a todo intento de pensamiento y otorgar el título de "intelectuales" (como pensadores) a divulgadores del dogma a veces poniéndolos al lado de los reales pensadores.
No se trata, desde luego, de establecer comparaciones de magnitud, sino de diferenciar entre aquellos que intentan pensar de los divulgadores (o peor aún "traductores") de un saber cristalizado, que ahora vienen a descubrir y enseñarnos a nosotros, los guevaristas, que nacimos luchando contra el stalinismo,… que el "stalinismo no es el leninismo". Pero , más allá de irritarnos por la pedantería de esta divulgadora, lo grave es que semejante aserto implica tomar al leninismo como algo puro, sagrado, no pasible de crítica. De la misma forma actuaba Kausky en "defensa del marxismo" contra el leninismo. El pensamiento que surge de experiencias como las del zapatismo o los MTD de Solano, por sólo nombrar algunos, es mucho más rico que toda la obra de Kausky, arquetipo del divulgador. Por supuesto, esta izquierda no rescata a Kausky, sólo porque aquel fue calificado por su discípulo, Lenin, como "renegado", pero parece no advertir los cientos de Kauskys que se reproducen con un verbo revolucionario.
Como estos divulgadores autollamados "intelectuales orgánicos", aún jactándose de ser muy "dialécticos", siempre han visto las cosas desde afuera, en todo sentido, desde el centro hacia la periferia, desde el todo hacia la parte, desde la estrategia hacia la táctica, desde lo universal a lo particular, desde Washington hacia el mundo, desde Buenos Aires al interior…desde el local del partido hacia la calle, desde Moscú, ahora desde La Habana, desde Pekin y hasta desde Colombia, Venezuela o Brasil, en fin, desde el cerebro hacia el cuerpo, cuando critican nuestras búsquedas, nos atribuyen "padres" que forzosamente deben venir de afuera. Ese afuera tiene que ser "el norte". Seríamos entonces, "los seguidores de intelectuales "de moda" como Holloway o Negri".
Lo divertido es que tuvieron que llegar dos libros "de afuera", "del norte" ("Cambiar al mundo sin tomar el poder" e "Imperio" ) para que estos divulgadores se enteraran que existíamos. Sospecho que no conocen ni uno de la más de la docena de libros de Miguel Benasayag, ni lo que produce el colectivo Situaciones, Jorge Cerletti, el periodista Raúl Zibechi y otros, ni que se está desarrollando un movimiento alternativo, autónomo surgido de las entrañas del país profundo y sobre todo de las nuevas generaciones. Si de "moda" quiere hablarse, precisamente fue esa lista de divulgadores que sacaban número para pegarles los que pusieron de moda a John y a Antonio.
No, señores, no somos ni hijos ni discípulos de Holloway, Negri y Hard, si bien es cierto que nos alienta su esfuerzo y sobre todo su coraje intelectual. Pero afortunadamente la tierra es una esfera y, como los caballeros de la tabla redonda, no existe cabecera de la mesa donde se siente el rey. Y nos parece natural que vengan del norte, si de geografía hablamos, porque ya en la escuela primaria habíamos aprendido que los continentes están "corridos" hacia un polo que hemos llamado norte. En ese hemisferio se encuentra Europa (donde está preso Negri) Estados Unidos (donde radica Hard) y Japón, digamos los centros del poder capitalista. Pero en el mismo hemisferio está México (país de adopción de Holloway) Venezuela, Colombia, Las Guayanas, Surinam, Panamá, Costa Rica, República Dominicana, Haití, Puerto Rico, Grenada, Jamaica, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala, Belice, Canadá, las islas del Caribe… ¡Ah! y Cuba (¿No sabía Ud. que Cuba está en el hemisferio norte, pegada a EE.UU?) Está también China, La India, Turquía, Palestina, Jordania, Israel, Argelia, Tunicia, Libia, Egipto, Sudan, Arabia Saudita, Yemen, Nigeria, Etiopía, Siria , Irán, Irak, El Chad, Mauritania, las Guineas, Marruecos, Afganistán, Pakistán, Tailandia, Vietnam, Corea, Camboya, Laos, Birmania, Nepal, Mongolia, Filipinas, Siberia, Somalia, Malasia, en fin, no he nombrado a todos, por supuesto, pero suficiente como para invitar a los lectores a echar un vistazo a un mapamundi para recordar que el hemisferio norte contiene tres veces más territorio que el sur y es inmensamente más poblado. Y más aún, en el hemisferio norte hay mucho mayor pobreza y "subdesarrollo" que en el sur. 
Norte versus Sur; Este versus Oeste; Occidente versus Oriente, Rosas o Sarmiento, tratados como si fuera River o Boca; las grandes antinomias conque nos entretuvo el siglo veinte, antinomias manipuladas por un sistema social, económico cultural y político que ha dado llamarse capitalismo y que habíamos asumido, pese a todo, como una forma superior de civilización o por lo menos como un paso ineludible hacia una civilización superior. El que esté libre de ese pecado que arroje la primera piedra. Rosas o Sarmiento, distintas vías, pero capitalismo al fin. Pregúntele a los pueblos originarios de la pampa que opinan del "Restaurador de la leyes" o del "Gran Maestro". En América Latina los únicos que tienen derecho a hablar al respecto son aquellos indígenas que resistieron primero militarmente y después culturalmente, también los los hippies, algunos locos y otros marginados. Dados los hechos, podríamos aceptar que el capitalismo fue un paso ineludible por una razón de necesidad, por aquella incapacidad de la cultura agraria medioeval europea de satisfacer las demandas del crecimiento de la población; pero otra cosa es seguir pensando que es una forma "superior" de civilización.
Hoy, iniciando el tercer milenio de la era cristiana no hay mayor barbarie que la civilización capitalista. Todavía con variantes, desde la brutalidad del Estado teocrático norteamericano, restos del estado de bienestar en Europa o el pragmatismo de los chinos. Pero el rasgo del capitalismo actual es que impone su hegemonía, su uniformidad, en todo el globo terrestre. No existe isla desierta donde refugiarse para hacer aunque más no sea una vida de bohemios. Cada metro cuadrado del globo terrestre es un sitio de lucha anticapitalista que se lleva a cabo como si estuviéramos dentro de una gigantesca cárcel en donde no hay nortes ni sures, sino pabellones, celdas, patios, corredores, celadores, guardias y en donde, a pesar de todo, en la resistencia vivimos espacios de libertad. Seguir hablando en metáforas sacadas de la geografía, "norteños", "sureños", "orientales", "occidentales" es oponer a la uniformidad capitalista otra uniformidad, una serialización que la pretenciosa razón supone más justa. No existe "otro mundo posible" porque el mundo como concepto no existe, "El mundo", como totalidad, es una abstracción, es la cárcel de lo único, una de las mayores trampas de la razón capitalista. Pensar "otro mundo", otra serialización alternativa a este, es pensar en otra cárcel porque sería seguir pensando en términos de único. Existen muchos mundos en este lugar del universo llamado La Tierra. El mundo capitalista sólo puede ser superado por muchos mundos.
Del mismo modo. a esa bien lograda expresión "pensamiento único" para definir el carácter actual del capitalismo, no se le puede oponer otro "pensamiento único" alternativo, un supuesto pensamiento único "de izquierda", sino un pensamiento diverso como diversos son los pueblos, diversas son las lenguas y diversa es la vida misma.
Fuente: www.herramienta.com.ar
"Welcome"... Trotsky
Celia Hart, Cuba, 27 de Agosto del 2005
La película alemana Good Bye Lenin carece de una dimensión. Lo sé porque viví allá, en la RDA hasta poco antes de la caída del Muro. Ese Muro estaba derribado antes de erigirse. La inmensa tragedia que constituyó el tránsito al capitalismo en la Europa del Este no puede medirse por el par de años que transcurrieron desde la vulgar y decadente perestroika hasta que vimos derribarse festinadamente las estatuas de Lenin. No se le puede decir adiós a Lenin, pues nunca se le dio la bienvenida. Tan sólo importaron una imagen, marginándolo, convirtiéndolo en un sumiso payaso de la burocracia estalinista.
Al Lenin que le trataron de decir adiós en aquella película, no era para nada representativo del iniciador del socialismo en el mundo. Aquellas estatuas estaban vacías de contenido... sospecho que también de forma.
Eso sí. No lo entenderemos mientras permanezcan ocultos en muchos sitios la vida y el pensamiento de León Trotsky. Puede ser irónico mas la única manera que podemos traer a Lenin de vuelta es entendiendo por cuáles razones fue desterrado su mejor contemporáneo. No sabremos entender lo que pasó si no comprendemos el oscuro mecanismo por el cual la casta burocrática soviética se adueñó del socialismo, traicionó la internacional, y desmontó el espíritu revolucionario del mundo.
Por supuesto nos queda una alternativa: Descubrirlo todo desde el principio, cosa que nos llevará el tiempo que es cada vez más escaso, además estaríamos rechazando información de primera mano. Es como si naufragara un barco, y el maquinista enviara notas expresas de cómo y porqué naufragó, y entonces con dosis elevadas de irresponsabilidad pretendiéramos zarpar, por los mismos mares y con las mismas intenciones sin investigar las causas de la catástrofe, enterrando como avestruces el mensaje embotellado en la arena.
Comparto con Hugo Chávez su discurso de urgencia donde, más o menos parafraseando a Federico Engels, expresa nuestra disyuntiva, la cual se balancea entre el socialismo y las cucarachas. Sí, las cucarachas, pues la barbarie sería una variante casi idílica de pensar en los días actuales, luego de calcular groseramente el numero de veces que podríamos exterminar la vida en la Tierra.
El siglo XX no ha terminado de hablar. La vicisitudes por las que pasó la práctica revolucionaria está en gran medida engavetada. Y si alguien puede hablarnos del siglo XX es precisamente León Trotsky.
Ernest Mandel lo dijo mucho mejor: "De todos los más importantes socialistas del siglo XX Trotsky fue el que más claramente reconoció las tendencias fundamentales del desarrollo y las contradicciones principales de la época, y también fue Trotsky quien formuló más claramente una adecuada estrategia emancipadora para el movimiento obrero internacional." 1
Sí, necesitamos a Lenin, mas hoy no vendrá a nosotros sin que escuchemos lo que Trotsky debe decirnos. Ellos defendieron lo mismo, tan sólo Trotsky lo sobrevivió y supo interpretar en su propia vida y con su propia muerte los poderes del exterminio del socialismo. Reto en este instante a cualquier pensador que de manera sincera pretenda interpretar la historia que no tenga que recurrir, incluso para rebatirlas, a las experiencias trotskistas. Los que las obvian, los que las pasan por alto no son verdaderos leninistas.
Dicen que sin Lenin no hay Carlos Marx útil, yo diría que sin Trotsky no hay Lenin. Todos los pensadores marxistas, sobre todo todos los marxistas verdaderamente revolucionarios son imprescindibles para entender a Carlos Marx, el cual no tenía la bola de cristal. Tan sólo le puso dirección a las ideas revolucionarias, a la filosofía y, por primera vez en la historia, los hombres haríamos concientemente el túnel hacia nuestra felicidad... globalizada.
|
Usemos el siguiente símil. El socialismo se supone ser un túnel, una vereda por donde podamos transitar. Es ese mundo que tenemos que ganar, perdiendo sólo nuestras cadenas. Pues bien: La Revolución de Octubre fue el primer intento por cavar este túnel, que nos apuntó Carlos Marx. Pero el estalinismo nos lo dinamitó por dentro. Durante su construcción fueron colocadas las dinamitas para su destrucción. Trotsky fue entonces el ingeniero que dijo donde estaban los explosivos. No hubo manera de escucharlo, y ya sabemos el fin. Tierra arrasada.
Ahora se habla muy poéticamente que el túnel que construiremos será el socialismo del siglo XXI. Sea del XXI o del XXXI, el túnel puede ser dinamitado por exactamente las mismas insuficiencias y seguiremos llenos de lágrimas esperando el socialismo del venidero siglo... Eso sí , esta vez convertidos ya en cucarachas.
La posibilidad del tránsito al socialismo es un descubrimiento científico. No es un poema, ni una manera de hablar. La única forma que tenemos de acceder a él es a través de la lucha de clases. Así de sencillo. El socialismo del siglo XXI es tan sólo porque estamos en el siglo XXI. Es casi una obviedad decirlo. El descubrimiento del origen de la explotación capitalista es una verdad científica del mismo valor y de la misma objetividad que el movimiento de traslación de la Tierra en torno al Sol. No necesitamos a Einstein para que nos explique a través de la Ley de la Relatividad General y las geodésicas, la causa por la que pasamos del verano al otoño. Newton es más que suficiente. Los resultados son idénticos y las matemáticas infinitamente más sencillas. No necesitamos entender los huecos negros, o las teorías de Hawking para colocar un satélite en órbita. Puede ser que las comunicaciones, la informática etc., hayan complicado un tanto la realidad del capitalismo moderno, pero la esencia, (el pollo del arroz con pollo) sigue siendo la misma que hace siglos atrás. No hacen falta los "economistas cuánticos" o la "matemática tensorial" para explicarnos el origen de la explotación y la depauperación del sistema capitalista en la actualidad
El llamado socialismo del siglo XXI es equivalente a decir que debemos construir un avión del siglo XXI. Pero ese avión deberá vencer la gravedad, como hizo el del siglo XX. En el siglo XXI, tal cual desde hace unos cuantos miles de millones de años, la constante G de Gravitación Universal sigue siendo la misma que calculó Newton (G = 6,7 x 10-11 m3 / Kg . s2 ). Coincido que debemos fabricar aviones más cómodos, rápidos y seguros, pues las exigencias del siglo XXI difieren de las del siglo XX, pero la razón última de una pieza que deba vencer la gravedad es la misma. Haciendo un parangón pudiéramos decir que nuestro avión que trató de vencer la gravedad en 1917 tomó altura y se estrelló contra la superficie terrestre. Mas nos vale buscar las causas antes de tanto discurso futurista, pues por mucho siglo XXI que haya, G sigue invariante. Del siglo XIX al XXI las razones primigenias de la explotación capitalistas son las mismas: La expropiación del trabajo. Entonces sólo hay una manera de transitar "del reino de la necesidad al reino de la libertad". Basta ya de caracolear, que cada instante de tiempo está en nuestra contra.
El avión se nos cayó y creemos ahora que por tener computadoras, celulares o INTERNET, éste podrá desafiar la gravedad sin tener en cuenta G ¡No señor! La gravedad seguirá siendo la misma hasta que colapse el planeta. Más nos vale apurarnos, dejarnos de retórica y asumir de una buena vez que el enemigo sigue siendo el mismo. Tal vez más vulgar, guerrerista y peligroso, pero el mismo. Apurémonos, eso sí, en saber quiénes somos nosotros.
Y entonces ¿por qué León Trotsky? No es obstinación por una figura histórica como muchos me acusan. Es tan sólo porque este hombre tiene muchas pistas de la caja negra de aquel avión que quiso hacer despegar la historia.
Hoy hace 65 años que León Trotsky fue asesinado de la manera más grotesca. 65 años después nos salpica todavía aquella sangre. Debió bastar aquel asesinato para extinguir el derecho del Kremlin a pretender alguna vez monopolizar y acuñar el pensamiento socialista, pero lo siguió haciendo y a estas alturas está convertido en estatua de sal. Con la medalla de la Estrella Roja de Ramón Mercader se acuñaba, entre vítores secretos y cobardes, la defunción del socialismo verdadero. Ese asesinato constituyó uno de los actos de terrorismo de estado más perversos en la historia, pues el glorioso Octubre del 1917 se suicidó aquel 20 de agosto.
Mercader después de cumplir la condena en México estuvo en Cuba. No me entero todavía con quién se reunió, ni por dónde caminó, ni siquiera si pudo mirar de frente las palmas de Martí, ni las cenizas de Mella. Murió en Cuba, por más que me cueste aceptarlo, el hombre que tuvo en sus manos, sin él imaginarlo, la misión de tratar de desaparecer la izquierda de las ideas del socialismo... estuvo en los 60, en esos años luminosos del Che Guevara... Me parece que es absolutamente imposible.
Por supuesto, el camino de la supervivencia ideológica de la revolución cubana no tiene nada que ver con Mercader, la GPU y el estalinismo. Todo lo contrario, lo que hace sobrevivir a mi revolución ha sido precisamente el espíritu de León Trotsky, aunque paradójicamente no lo sepamos, porque ha estado oculto en los pliegues de la memoria histórica.
La verdad es testaruda y se abre paso como el agua lenta , pero constante e indetenible... Hay un canal misterioso en la revolución cubana que nace con el Partido Revolucionario Cubano, se funde con Mella, después con lo más radical del movimiento 26 de Julio, culminando de manera sublime en el Che Guevara. El canal del compromiso irrestricto de clase y del internacionalismo. Allí, silencioso, desconocido y difamado anda León Trotsky con pícara sonrisa. ¿Por qué durante muchos años le han prohibido a Trotsky relacionarse con la revolución cubana? Nunca lo he podido saber, porque si alguna revolución ha sido radical e interminable ha sido la nuestra, si alguien apeló por las revoluciones radicales e interminables fue sin dudas León Trotsky. Tal vez Martí no se equivocó cuando dijo que en política lo real es lo que no se ve. 
De Julio Antonio Mella tendremos que hablar mucho, mucho más en otro momento y analizar con más profundidad su labor en México. Entre otros contamos con los trabajos excelentes de Olivia Gall 2 y Alejandro Gálvez Cancino 3 donde de manera absolutamente clara y precisa y con una carga documental excelente analizan la labor comunista de Mella en ese período. Al margen de que Mella citara a Trotsky una vez que regresara de la URSS y pudiera conocer los objetivos de la Oposición de Izquierda a través de Andrés Nin, (asesinado, para variar, por la GPU en la guerra civil española), o que le escribiera a un camarada en el libro La plataforma de la Oposición: "Para Alberto Martínez con el objeto de rearmar el comunismo. Julio Antonio Mella" 2. su trotskismo declarado no es lo que más debe importarnos. Mucho más trascendentes fueron sus posiciones radicales en México. De hecho y por su consecuencia política "los trotskistas consideran a Mella como el iniciador de la corriente que más tarde conformó la Oposición de Izquierda en el partido Comunista Mexicano 3 a decir de la historiadora Olivia Gall.
¡Y fue Julio Antonio Mella quien nos introdujo en el camino del socialismo en Cuba! Quien tendió ese puente hermoso entre Martí y el bolchevismo, quien fundió nuestro mejor pasado reciente, con el reciente futuro del mundo. Y a pesar de lo que se pueda decir, por más que algunos quieran enjaularlo en una patética bandera patriotera y le asignen un discurso escaso, es este Mella valiente, vigoroso, polémico ¡Y nunca otro! el primer comunista cubano.
El estalinismo que contagiamos después y que de alguna manera tuvo relevancia por unos años en la revolución socialista es eso no más... un virus contagioso, a pesar del cual y no sin batallas logró sobrevivir el ideal del socialismo, porque éstas estaban en la esencia misma del proceso revolucionario. Los partidos estalinistas no contribuyeron ideológicamente a nuestro proceso, ni cuando echaron a Mella del partido, ni cuando pactaron con Machado, ni en muchas otras ocasiones ¡Gracias a Dios!
Por ahí andan algunos camaradas trotskistas con mucho que contarnos, fieles a la revolución socialista.... y agradecidos por haber sido ayudados y escuchados por otro marxista consecuente que engalana junto a Mella el logotipo de la Unión de Jóvenes Comunistas de Cuba: El Che.
Y es precisamente al Che al que quiero invitar, con todo y su estrella en la frente a dar esta bienvenida a León Trotsky en el 65 aniversario de su asesinato. El Che Guevara, símbolo del comunismo más radical, también llegó a instrumentar un trotskismo que no conocía. Y es tan sólo porque las verdades teóricas de Trotsky tienen la misma constancia que el valor de G, la constante de Gravitación Universal. El Che llegó a muchas de las tesis del pensamiento de Trotsky por su propia cuenta, sin saberlo nunca... sin que se lo dejaran saber.
Les expondré un par de ejemplos con los cuales empecé a descubrir una comunión secreta entre ambos: El Che Guevara fue de todos los revolucionarios que ha existido el que mejor entendió los principios de la revolución permanente...
A tal punto que murió por tratar de defender sus principios. Pero no tan sólo por morir llevando a la práctica estas tesis, sino también por arribar intelectualmente a sus esencias: Por ser el 65 Aniversario del asesinato de León Trotsky me permito repetir los tres aspectos de la revolución permanente.
Primer aspecto "La teoría de la Revolución Permanente resucitada en 1905, declaró la guerra a estas ideas demostrando que los objetivos democráticos de las naciones burguesas atrasadas, conducían en nuestra época, a la dictadura del proletariado, y que ésta ponía a la orden del día las reivindicaciones socialistas" 4.
El Che fue terminante en eso. Déjenme decirlo en voz de Néstor Kohan: "Él (el Che) en ningún momento acepta que en América latina (y en el mundo diría yo) las tareas consistan en construir una "revolución nacional", "democrática", "progresista", o un capitalismo con rostro humano, que deje para el día de mañana el socialismo. Plantea de una manera tajante, muy polémica, que si no se plantea a la revolución socialista, eso es caricatura de revolución, que a la larga termina en fracaso o en tragedia, como pasó tantas veces" 5.
Son dos planteamientos idénticos. Los países subdesarrollados no tienen por qué razón esperar que un inglés o alemán decidan organizarse para hacer la revolución. Es más, el propio Trotsky mencionó en el Manifiesto de la Conferencia de Emergencia de la Cuarta Internacional, de mayo de 1940 "…la perspectiva de la revolución permanente no significa en ningún caso que los países atrasados deban esperar la señal de los países avanzados, ni que los pueblos coloniales deban esperar pacientemente a que el proletariado de los centros metropolitanos los libere. ¡Ayúdate a ti mismo!
El segundo aspecto de la teoría, caracteriza ya a la revolución socialista como tal. A lo largo de un período de duración indefinida y de una lucha interna constante van transformándose todas las relaciones sociales. La sociedad sufre un proceso de metamorfosis (...) Este proceso conserva forzosamente un carácter político (...). Las revoluciones de la economía, de la técnica, de la ciencia, la familia, (...) se desenvuelven en una compleja acción recíproca que no permite a la sociedad alcanzar el equilibrio 4.
Y dijo el Che en El Socialismo y el hombre en Cuba: "En este período de la construcción del socialismo podemos ver el hombre nuevo que va naciendo. Su imagen no está todavía acabada, no podría estarlo nunca ya que el proceso marcha paralelo al desarrollo de formas económicas nuevas" 6. Según el Che "el único descanso de los revolucionarios es la tumba".
El tercer aspecto: es el internacional. Dijo Trotsky: "Este aspecto de la teoría de la revolución permanente es consecuencia inevitable del estado actual de la economía y de la estructura social de la humanidad, únicamente un reflejo teórico. El internacionalismo no es un principio abstracto, sino únicamente un reflejo teórico y político del carácter mundial de la economía (...) La revolución socialista comienza dentro de las fronteras nacionales; pero no puede contenerse en ellas. La contención de la revolución proletaria dentro de un régimen nacional no puede ser más que un régimen transitorio, aunque sea prolongado, como lo demuestra la experiencia de la Unión Soviética. Sin embargo, con la existencia de una dictadura del proletariado, las contradicciones interiores y exteriores crecen paralelamente a sus éxitos. De continuar aislado el Estado proletario caería tarde o temprano, víctima de dichas contradicciones (...)" 4
Dijo el Che refiriéndose a los revolucionarios: "Si su afán de revolucionario se embota cuando las tareas más apremiantes se ven realizadas a escala local y se olvida el internacionalismo proletario, la revolución que dirige deja de ser una fuerza impulsora y se sume en una cómoda modorra, aprovechada por nuestros enemigos irreconciliables, el imperialismo, que gana terreno. El internacionalismo es un deber, pero también es una necesidad revolucionaria" 6.
No voy a detenerme demasiado. Si alguien luchó por hacer cada vez más socialista la revolución cubana fue el Che. El Che se lanzó a la construcción del socialismo en una tierra atrasada y profundizó día a día su carácter socialista... y lo abandonó todo en nombre de la revolución mundial. No conozco otro que haya hecho lo mismo. No creo que haya habido mayor fidelidad a las tesis de la revolución permanente. Si las condiciones en Bolivia eran o no eran propicias... es tema para otro análisis y no el de la revolución permanente. Podemos criticarle que fue un revolucionario demasiado permanente o demasiado consecuente.
Y otro aspecto que con las debidas diferencias de circunstancias acercan el pensamiento de Trotsky al del Che es, sin dudas, la decidida opción por la economía planificada. Es cierto que Trotsky optó al principio por la NEP en el joven estado soviético, dada las terribles condiciones económicas del llamado Comunismo de Guerra. Pero después, casi desde el comienzo, Trotsky criticó este estado de cosas. Sostuvo como nos dice Isaac Deutscher "que con la transición a la NEP, la necesidad de planificar se había hecho más urgente (...) Precisamente porque el país volvía a vivir bajo una economía de mercado debía tratar de controlar el mercado y prepararse para ejercer su control. Volvió a platear la demanda del Plan único, sin el cual era imposible racionalizar la producción, concentrar los recursos en la industria pesada y establecer el equilibrio entre los diversos sectores de la economía" 7
|
Las posiciones del Che a favor del plan y su proverbial animadversión a la NEP son harto conocidas. De hecho el Che insistía que Lenin de haber tenido tiempo la hubiera reconsiderado. Y no sólo al plan: El Che se pronunció en sus últimos años sobre la democracia socialista. Escribió Michael Löwy en Rebelión: "Sabemos que en los últimos dos años de su vida Ernesto Guevara avanzó mucho en su toma de distancia hacia el paradigma soviético (...) Entre estos documentos se encuentra una crítica radical al Manual de Economía Política de la Academia de Ciencias de la URSS, redactado en 1966 (...) Una de ellas es muy interesante, porque demuestra que en sus últimas reflexiones políticas Guevara se acercaba a la idea de la democracia socialista". 8
Ahí está el Che, sin haber estudiado suficientemente a León Trotsky, acuñando las tesis trotskistas más consecuentes. Quizás nunca lo supo, pero no importa. Eso indica solamente que esas tesis son verdad y a su vez le otorga, paradójicamente, mucha más fuerza y vigor al pensamiento de Trotsky. En 1965 el Che le escribe a Armando Hart estando en Tanzania acerca de sus convicciones para el estudio de la filosofía marxista. En el apartado VII le dice "y debería estar tu amigo Trotsky, que existió y escribió según parece". 9
Podrán imaginarse entonces lo poco que conocía sobre el fundador del Ejército Rojo. Sin embargo pudiera parecer que en su último año pudo acercarse bastante a su literatura. Juan León Ferrer, un compañero trotskista que trabajaba en el Ministerio de Industrias me lo ha comentado. El Che recibía además el periódico de su organización y fue el Che quien lo sacó de la cárcel después de su regreso de África. El compañero Roberto Acosta, ya fallecido, tuvo gran camaradería con Guevara. Según Juan León Ferrer durante las zafras azucareras debatían estos temas. Este camarada sostiene que el Che se había leído La Revolución Permanente y es sabido que a Bolivia marchó con La Historia de la Revolución Rusa. en su mochila de combate. Y así podríamos poner muchos más ejemplos donde de alguna manera estos dos revolucionarios ejemplares encendían la luz por la misma ruta.
Los dos dirigieron a un ejército y a un naciente estado socialista de manera brillante y exitosa, asumiendo a Carlos Marx desde el estribo del caballo; los dos fueron ideólogos revolucionarios que tomaron el poder e intentaron profundizar sus procesos revolucionarios manteniéndose fieles a Lenin y Fidel respectivamente, reclinados, eso sí, a la izquierda de ambos. Por representar el ideal más acabado del internacionalismo y la consecuencia revolucionaria, fueron los dos brutalmente asesinados.
Ernesto Guevara me hizo trotskista. Cuando tuve acceso a Trotsky, muy tarde para mi gusto, me di cuenta que muchas de esas cosas... ya me las había dicho desde niña el Che. Al leer sus primeras páginas confirmé aquello que tantas veces sentí en sus textos: que la revolución no tiene nada que ver la idiosincrasia nacional. Y que, por esto, en el socialismo no tenían espacio los pronombres "nuestro " o vuestro", que la teoría revolucionaria , al igual que las leyes de la física tenía el mismo idioma universal. Que tal como señalara Armando Hart en otra época: "Nuestra lucha no es solamente por Cuba, sino por todos los trabajadores y explotados del mundo. Nuestras fronteras son morales. Nuestros límites son de clase" 10
Lo que más reconozco en Trotsky es eso... la manera de hablar, la pasión que me despiertan todavía sus discursos. Fue lo mismo que me conquistó del Che Guevara. Por eso milito en su ejército y en el del Che sin traicionar a ninguno. Ambos esgrimen con la misma verdad de luz la palabra, el fusil y el corazón.
Camaradas: Alcancemos de una vez nuestra mayoría de edad. Son demasiadas las injusticias de la explotación; demasiada grande la evidencia de la única solución; y son ya demasiados nuestros muertos. León Trotsky nos vuelve a convocar a la lucha ¡Démosle la bienvenida sin trámite alguno! Su anfitrión es el Che Guevara y los pueblos de América Latina que claman por el socialismo. Trotsky ganó de forma dramática la partida teórica. Armemos nuestros movimientos revolucionarios sin dilación con confianza. Trotsky y el Che están en nuestro partido. Sacudamos de una buena vez el árbol desenmascarando a los nuevos reformistas que no dejan avanzar a la revolución bolivariana que está llamada a ser la punta de lanza, el primer peldaño de una revolución continental sin precedentes.
Recordemos una vez más que el Sol, las estrellas... y la gravedad terrestre son nuestros aliados.
¡Proletarios de todos los países uníos!
Notas
1.Ernest Mandel Trotsky as alternative. Verso, 1995
2.Alejandro Gálvez Cancino. Julio Antonio Mella. Un marxista revolucionario. Crítica de la Economía Política, 1986
3.Olivia Gall. Trotsky en México. Colección Problemas de México, 1991
4.León Trotsky. La revolución permanente. Fundación Federico Engels.
5.Ernesto Guevara . El socialismo y el hombre en Cuba. Marcha, Montevideo, 1965.
6.Néstor Kohan. Ernesto Che Guevara. Otro mundo es posible. Editorial Nuestramérica, 2003.
7.Isac Deutscher. El profeta desarmado. Ediciones ERA,1968.
8.Michael Löwy. Ni calco ni copia: Che Guevara en búsqueda de un nuevo socialismo. Rebelión, 5 de Agosto de 2002
9.Ernesto Guevara. Carta dirigida a Armando Hart en 1965. Contracorriente, 1997. Ver ref.5, pág159.
10.Armando Hart Saludo del CC del PCC al XXIII Congreso del PCUS. Política internacional de la Revolución cubana, editora política, 1966.
Fuente: El Militante
La desaparición de la URSS bajo la óptica de Abraham, Gilbert, González, 0szlak y Sevares
El derrumbe del régimen soviético no implica el fin de la Historia ni de las ideologías
Nota del 19 del 09 de 1991
IVANA COSTA
La desaparición de la Unión Soviética como tal establece el límite histórico del siglo XX. Desde una perspectiva filosófica, estos últimos acontecimientos definen al siglo; y los pensadores argentinos coinciden en que el derrumbe al que todos asistimos (por primera vez un sistema cae frente a las pantallas de la TV) no justifica hablar de Fin de las Ideologías, ni, menos aún, de la Historia. Pero no es la primera vez que la caída de un régimen, se interpreta como el Fin de la Historia. No hay gran novedad en la polémica sentencia de Francis Fukuyama, el funcionario que se ocupaba de sovietología dentro del Departamento de Estado norteamericano hasta que, hace dos años, anunció que aquel momento había llegado. Sólo que esta vez la profesía no advierte s