Vacunas VIP: privilegios, hipocresía y campaña sucia

Por Adrián Murano

En un mundo tomado por la pandemia, un grupo de privilegiados tienen permiso para circular, viajar, asistir a eventos artísticos, participar de fiestas y abrazar a los seres queridos que cuenten con el certificado de inmunidad. Parece el guión de una película post apocalíptica, pero son escenas de una realidad que está a la vuelta de la esquina: Estados Unidos, varios países de Europa, Israel y Chile tienen bocetos listos de pasaportes «Covid Free» destinados a la población vacunada.

El proceso de estratificación y desigualdad económica y social que experimenta el mundo desde el triunfo del ultra capitalismo está cerca institucionalizarse, con documentos y todo. Se supone que será un periodo pasajero, hasta que la industria farmacéutica abastezca a la humanidad de la vacuna y se erradique el coronavirus. Pero cualquiera que haya visto algo de ciencia ficción puede imaginar las escenas de tensión política y social derivadas de la distribución discrecional y desigual de un bien escaso. Algunas, de hecho, ya se están viendo, como ocurrió en las últimas horas en la Argentina.

El escándalo desatado por el hallazgo de un vacunatorio VIP en el ministerio de Salud disparó una crisis que, como dice un mantra new age, puede resultar en oportunidad.

La rápida reacción del presidente Alberto Fernández al despedir al ministro responsable de distribuir dosis entre amigos y entrenados amortiguó el impacto político sobre el gobierno, pero el razonable enojo social por la vacunación de privilegio demorará en diluirse. La próxima aparición de nuevos vacunados de privilegio mantendrá en alto el indignómetro, alimentado con listas falsas y fake news, como la divulgada por medios y comunicadores del sistema durante el fin de semana, donde se mezclaban gobernadores que se inocularon para generar confianza en la vacuna -como Axel Kicillof-, con empresarios y gremialistas sin justificación razonable.

Como gesto de transparencia, en el gobierno evalúan hacer pública una base datos con todos los receptores de la vacuna . Quienes lo promueven creen que ayudaría a recobrar la fe en la campaña de vacunación. Sea con o sin difusión de listas, es indispensable que eso ocurra pronto: la falta de confianza en el sistema de reparto de vacunas puede provocar una remake de «Los juegos del hambre», en versión sanitaria, con proliferación de oferta y demanda de vacunas «bajo la mesa».

Es de esperar que la política buitre mantenga y amplifique el episodio como eje de su campaña electoral. Lógico: así como el gobierno se encomienda al éxito del programa de vacunación, la oposición irresponsable -que militó contra toda forma de cuidado- procura el fracaso del plan oficial.

El calendario le da tiempo al gobierno para corregir los protocolos y encaminar una campaña libre de privilegios y abusos. Cómo quedaron las cosas, salvo que medie un milagro económico que hoy no se vislumbra, la extensión, eficacia y pulcritud de la vacunación determinarán la performance electoral del oficialismo.

El desafío que enfrenta el gobierno argentino se replica en un mundo marcado por la desigualdad. Los dueños del poder y del dinero pretenden apropiarse de las vacunas como hacen con la renta: en exceso.

Los Estados replican a sus élites. Los países de ingresos altos tienen el 16% de la población mundial, pero actualmente cuentan con el 60% de las dosis de vacunas que se han vendido. Según un estudio de la Universidad de Duke en Estados Unidos los países más ricos han comprado ya la mayor cantidad de vacunas que se producirá este año, mientras los más pobres no tendrán dosis para administrar incluso ni a sus poblaciones más vulnerables. Como resultado, se estima que cerca del 90% de las habitantes en casi 70 países de bajos ingresos tendrán pocas posibilidades de vacunarse contra el covid-19 en 2021.

La Organización Mundial de la Salud advirtió que la forma en que se distribuyen actualmente las vacunas supone otro grave peligro de salud pública a nivel mundial. No es una novedad: en el año previo a la pandemia, la desigualdad mató a unas 100 millones de personas. En 2020, la cifra se multiplicó. La ONG Oxfam, afiliada a Naciones Unidas, estimó unos 12 mil personas muertas de hambre al día durante el 2020. Es más de los que fallecieron a diario por Covid.

La contracara del dolor por tanta muerte es la alegría de los ricos que se hicieron aún más ricos en pandemia. Los multimillonarios aumentaron su riqueza en 3,9 billones de dólares (3,21 billones de euros) entre el 18 de marzo y el 31 de diciembre de 2020, y los 10 más ricos experimentaron colectivamente un incremento de 540.000 millones de dólares (444 billones de euros), según Oxfam. En contraste con el crecimiento del hambre: ocho de las mayores empresas de alimentación y bebidas a nivel global han pagado a sus accionistas dividendos por 18 000 millones de dólares.

Es justo y razonable que la sociedad tenga tolerancia cero con los integrantes de las élites que utilizan su posición de privilegio para abastecerse de una cura que escasea. Es una hipocresía canalla pretender que la injusticia y los privilegios se reduce a un vacunatorio Vip.

El Destape