¡Viva «el viejo» Cháves!

Por Juan Godoy

La historia de los pueblos está cargada de personajes que, si bien no ocupan los primeros lugares en las decisiones políticas o la primera plana de los diarios o los noticieros, la forjan y la engrandecen con sus acciones desinteresadas. Afortunadamente varios se han dedicado con la paciencia de la araña a tejer esas historias que construyen nuestra identidad y cimentan la conciencia nacional en pos de la emancipación de la Patria. Uno de esos personajes patriotas es Horacio Ireneo Cháves que queremos recordar en estas líneas.

Horacio Cháves nace en el apogeo de la Argentina semi-colonial, el 1° de abril de 1908. A los 19 años hace el ingreso a la Escuela de Suboficiales del Ejército. En un año se gradúa como cabo de la Escuela de Suboficiales del Ejército, y se radica en la ciudad de La Plata. Mientras permanece en el ejército no tiene actividades militantes, no obstante entronca con la tradición sanmartiniana y va forjando su espíritu patriota. Su carrera la desarrolla en el Regimiento 7 de Infantería de La Plata. Finalmente, ésta termina cuando se retira con el grado de Suboficial Mayor del Ejército Argentino en el año 1947.

Como sabemos los años del peronismo son los del fortalecimiento de los trabajadores y sus organizaciones gremiales, constituyéndose éstas como la columna vertebral donde se asienta la Revolución Nacional Justicialista. De esta forma, ya retirado del Ejército, se afilia a la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN), cuyo primer afiliado recordamos es el General Perón. La afiliación de Cháves viene dada porque por entonces trabajaba como empleado en el Departamento Central de Policía y en Obras Sanitarias del Parque San Martín.

El 55 va a ser un año trascendental para nuestro país en tanto la Revolución Nacional va a quedar inconclusa por el golpe de estado, y también lo es en la vida de Cháves, donde va a mostrar arrojo, valentía y patriotismo, ya que si bien estaba retirado de la fuerza cuando se produce el criminal bombardeo sobre la población civil que estaba en la Plaza de Mayo y sus adyacencias el 16 de junio de 1955 dejando aproximadamente 400 muertos, se presenta en el Regimiento Nº 7 donde había desarrollado su carrera para luchar contra los golpistas defendiendo al gobierno constitucional de Juan Domingo Perón, y participa en Punta Indio en la recuperación de la base aeronaval. Cuando tres meses más tarde, el 16 de septiembre, se produce el golpe del estado contra el gobierno peronista, se presenta nuevamente y toma la base naval de Río Santiago en defensa del gobierno.

Comienzan los años de las persecuciones, encarcelamientos, torturas, fusilamientos, proscripción del peronismo, el decreto 4161, etc. pero también la heroica resistencia de los trabajadores peronistas a la revancha clasista y el intento de restauración del país semi-colonial. Esa resistencia que se manifiesta con panfletos, flores de no me olvides en la solapa, tiza y carbón, «Perón Vuelve» en las paredes, un «viva Perón» en la noche desafiando el decreto de Aramburu-Rojas, el trabajo a desgano, el panfleto, las publicaciones periódicas con denuncias de las entregas de la patria, los volantes, bombas caseras y también conspiraciones de civiles, oficiales y suboficiales, entre otras formas. Cháves participa en forma comprometida y profunda en estos años de resistencia.

En relación a esta última es la referencia importante con respecto a Cháves, ya que participa activamente en el levantamiento de junio de 1956 liderado por Valle y Tanco. Son los militares patriotas que toman la senda de lo nacional. La actuación de Horacio es nuevamente en La Plata en la toma del Regimiento Nº 7 junto a un importante grupo de suboficiales, acompañados de aproximadamente unos mil civiles. En ese regimiento actúa también Delfor Díaz, quien era cercano al Teniente Coronel Oscar Lorenzo Cogorno que es el que lidera la toma del Regimiento, y termina fusilado cruelmente en la misma ciudad.

La estrategia para la toma del regimiento se produce desde adentro por un grupo de Suboficiales que habían saltado la pared y juntado con otro grupo que estaba en el interior (resulta importante aquí la actuación como cómplice de un Sub-Oficial de guardia: Di Grazia), entre estos Suboficiales esta Cháves que actúa con una ametralladora de plástico. La toma fracasa por lo que el Teniente Coronel Cogorno da la orden de retirada, y Horacio Cháves cumple un rol central en la misma, ya que permanece resistiendo con una ametralladora pesada Colt, no obstante la ametralladora se le traba y finalmente lo detienen.

Cháves se salva afortunadamente de los fusilamientos, pero no va a poder salvarse de la cárcel. El recorrido va a ser largo e inhumano. Primero va a estar preso en la cárcel de Olmos, luego pasa al penal de Magdalena, es de este último que va a intentar una fuga, a fines del mismo año 56, con un grupo de compañeros entre los que estaban el Suboficial Baglione, y el Oficial Zabala, pero Cháves no puede huir ya que por un conflicto con un guardia lo habían encerrado en un calabozo (los otros sí se fugan y se refugian en la Embajada de Brasil). Como castigo por este hecho, a comienzos del otro año, es trasladado al Penal de de Río Gallegos. En esa cárcel estaba preso entonces John William Cooke y varios presos políticos más. Al mes de estar allí, se produce la conocida fuga «cinematográfica» de seis militantes peronistas hacia Chile, entre los que están El «Bebe» Cooke, Guillermo Kelly, Jorge Antonio, y Héctor Cámpora. Horacio no participa en esa fuga. Sin embargo, va a sufrir castigo por la misma. Esta vez lo trasladan al penal de Rawson del que varios años después (1972), se produce otra espectacular fuga (parcial), que termina en la masacre de Trelew el 22 de agosto del mismo año, la violencia oligárquica baña con sangre la lucha del pueblo argentino una y otra vez a la largo de la historia.
Por su parte, Cháves permanece un año más preso en Rawson, hasta que por error lo dejan libre. La cuestión radica en que es juzgado dos veces por el mismo hecho, en la justicia militar y la civil. La justicia Civil en la época de la Constituyente del ’57 lo deja libre, pero la condena en la justicia militar continua. En las cárceles, al igual que muchos otros compañeros de la resistencia peronista (varios testimonios refieren a que la cárcel paradójicamente constituyó una gran escuela de formación política), anuda relación con militantes, ya sea de las fuerzas armadas como trabajadores. Durante la presidencia de Arturo Frondizi, cuando la aplicación de la represión bajo el Plan CONINTES (Conmoción Interna del Estado), vuelve a ser detenido, y es ferozmente torturado. Finalmente es liberado. En total pasa cuatro años y medio preso por su condición de peronista revolucionario.

Por esos años, Cháves militante empedernido por la causa popular, ocupa también el importante cargo de Secretario General del Partido Justicialista de La Plata en 1972 (hasta que se nombra un interventor), donde establece una relación muy buena y fluida tanto con los sindicatos, como con los sectores juveniles de los ’70. Ese año, el 17 de noviembre, recordamos se produce la vuelta de Perón a la Patria, día lluvioso y de control sobre las multitudes populares que no opacan la alegría de la vuelta del líder luego de muchos años en el exilio, Cháves es uno de los que encabeza la columna de la Juventud Peronista de La Plata.

Cinco meses antes de morir, desde la Revista Militancia (dirigida por Ortega Peña y Duhalde), escribe una nota titulada «Luchamos para levantar las tres banderas, no para ensuciarlas», reivindicando la tradición revolucionaria del peronismo, y sosteniendo allí que: «durante 38 años LUCHE Y LUCHAMOS TODOS los que defendimos las banderas del justicialismo y exigimos y conseguimos el regreso a la Patria del Líder, el Teniente General Juan Domingo Perón. No fue la bondad del nefasto régimen gorila, sino la LUCHA POPULAR, que comenzó el mismo 16 de septiembre (…) Por una patria Justa, Libre y Soberana. Perón o muerte. Por el socialismo nacional. Viva la Patria».

Cuando la muerte del General Perón el 1º de julio de 1974, Horacio Cháves da un discurso en el que hace un llamado a no detener la lucha, y a seguir bregando por la organización del movimiento nacional que logre la definitiva emancipación. No obstante, los tiempos se acortan, comienza a avanzar el accionar de la Triple A, y el golpe de estado contra el gobierno de Isabel para «voltear las chimeneas que levantó Perón» como la misma caracterizó certeramente. En fin, la planificación de un modelo que rompa con los logros de la Revolución Nacional Justicialista, y diagrame un modelo semi-colonial, y de miseria para las mayorías populares.

Ese funesto año 74 en que mueren, entre otros, Perón, Jauretche, Hernández Arregui, es asesinado Rodolfo Ortega Peña, que Jorge Abelardo Ramos sintetiza llamándolo «el año de la peste», también va a ser fatídico para Cháves. El miércoles 7 de agosto mientras está llegando a su casa, es secuestrado por una patota de la Triple A junto a uno de sus hijos (había tenido once), Rolando Cháves (de 34 años), también peronista pero sin una militancia orgánica. Los dos fueron vilmente acribillados.

El cuerpo sin vida de Horacio, por entonces de 66 años, lo dejan en la vereda de un local de la Juventud Peronista (JP). Ese día la nefasta y criminal Triple A había ido a buscar a otro de sus hijos, Gonzalo Leónidas que por entonces militaba en la Juventud Trabajadora Peronista (JTP), y en Montoneros, a una casa de Los Hornos a las 7 de la tarde, y no lo había encontrado, ya que hacía tres meses que ya no vivía ahí. Esos días, específicamente entre el 6 y el 7 de agosto, también son secuestrados y asesinados en La Plata, Carlos Pierini del sindicato de petróleo, y un joven militante de la Juventud Peronista, Luis Macor. La triple A se adjudicó los asesinatos en un comunicado.

El Sub-Oficial Delfor Díaz, compañero y amigo muy cercano de Horacio afirma en la Revista La Causa Peronista unos días más tarde que «claro que estaba seguro (Horacio Cháves) de la victoria final. Era un hombre con convicciones muy firmes. Y era muy valiente. Desde hace tiempo que lo venían amenazando de muerte. Pero él se reía. Decía que ya estaba regalado. Si me tenía que haber fusilado Aramburu. Me salvé de milagro. Así que estoy regalado. Era un tipazo este Cháves».

Al otro día de los asesinatos, el jueves 8 de agosto, son velados sus restos y los de su hijo largas horas en la sede de la Asociación de Trabajadores de la Universidad de La Plata (ATULP), cuyo Secretario General era por entonces Ernesto «Semilla» Ramírez quien va a ser asesinado años después (1977), durante la dictadura genocida. El velatorio de Horacio y Rolando Cháves debe ser a cajón cerrado por los disparos que habían sufrido, y son despedidos por una multitud que se nuclea en calle 44 (entre 9 y 10), masticando bronca y bajo el acecho de la policía (que finalmente decide retirarse). En el frente de la columna que camina hora y media hacia el cementerio se desplegaba una gran bandera con la leyenda Montoneros.

Su hijo Gonzalo Leónidas, también militante peronista como ya indicamos, recuerda que «en el año ’78, yo estaba viviendo en clandestinidad en la casa de un compañero en el Conurbano y vine a La Plata. Yo no pisaba nunca esta ciudad porque me conocía todo el mundo, pero esa vez vine por una necesidad extrema. Al día siguiente me levanté muy temprano y salí cuando estaba amaneciendo, y cuando iba cruzando una plaza, un tipo me gritó: «¡Viva el viejo Cháves, carajo!» Nunca vi un homenaje más fuerte que ese que en plena dictadura militar le hizo un trabajador del municipio que estaba haciendo arreglos en la plaza». Varios años más tarde, también se le rinde homenaje cuando por una ordenanza del Municipio de La Plata (Nº 10.129, del 16 de agosto de 2006), se le puso nombre en Octubre de 2012 a una parte de una calle de dicha ciudad. Es la Avenida 53, entre 20 y 23. Ese era el barrio donde vivía Cháves, y esa calle se topa con la plaza donde se encuentra el Regimiento 7 que fuera sublevado por él.
Queda otra huella imborrable de la historia del peronismo y de la patria de los que lucharon y luchan por la causa nacional y del pueblo, establecer la conexión de esas luchas (que vale decir, es lo que quiere impedir la oligarquía), resulta fundamental para la re/construcción de la conciencia nacional, porque como decía Scalabrini Ortíz «somos un episodio en la larga lucha por la liberación integral del país. Si caemos, otros nos sustituirán. Nada se pierde del todo. La memoria de los pueblos tiene recovecos muy recónditos. Todo noble gesto nuestro va a enriquecer el subsuelo espiritual de la patria, en el que sin saberlo se nutrirán y templarán las generaciones venideras, tal como nosotros nos confortamos con los actos generosos y desconocidos de los argentinos que nos precedieron».

Bibliografía
Baschetti, Roberto. (s.f.). Militantes del peronismo revolucionario uno por uno. Disponible en http://www.robertobaschetti.com/biografia/c/207.html
Entrevista a Horacio Cháves (h.) por Liliana Díaz. Revista 2016, Nº 18. Mayo 2008.
Entrevista a Horacio Cháves (h.) por Pablo Roesler, Diario Tiempo Argentino. 20 de octubre de 2012
Jaramillo, Ana. (comp.). Forjando una Nación. Scalabrini Ortíz y Jauretche en la revista Qué sucedió en siete días. Buenos Aires: EDUNLa.
Levenson, Gregorio y Jauretche, Ernesto. (1998). Héroes. Historias de la argentina revolucionaria. Buenos Aires: Ed. del Pensamiento Nacional.
Revista La Causa Peronista. Año 1 Nº 6. Martes 13 de agosto de 1974.
Revista Militancia. Año 2. Nº 38. 28 de marzo de 1974.

Publicado originalmente en Revista Movimiento Nº 16. Septiembre 2019

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