Abismos de la ultraderecha

Por John Saxe-Fernández

Imagen: Explotaciones de litio en el norte argentino, un bocado apetecible para las corporaciones internacionales.

El escenario no puede ser más grave: la guerra en Medio Oriente continúa deteriorando el panorama mundial, mientras se confirma que el año 2023 ha sido el más caliente en los registros históricos del planeta, preludio negativo para el futuro inmediato.

En este contexto, la COP28, con absoluta ausencia en sus conclusiones de los impactos de la guerra y la carrera armamentista, logra imponer cabilderos mediante una «transiciónenergética» ad hoc a los interesescorporativos.

Stella Svampa y Breno Bringel se refieren a formas de «colonialismo energético», donde la transición energética es «pieza central de un nuevo consenso capitalista, impulsado principalmente por grandes empresas, fundaciones y gobiernos del Norte Global y países emergentes hacia energías supuestamente ‘limpias’, presionando cada vez más al Sur Global en la búsqueda de energías renovables» (Nueva Sociedad, Núm. 306, julio de 2023).

En un bien documentado artículo sobre «Las fronteras latinoamericanas del litio», Bruno Fornillo (UBA) señala cómo «la guerra interimperial y la crisis ecológica aumentan la presión que ejercen corporaciones y países centrales sobre los recursos y bienes comunes del Sur Global expandiendo las fronteras extractivas».

Siendo el litio parte de los minerales cuya explotación a gran escala es necesaria para avanzar en la descarbonización, «el ‘triángulo del litio’ da paso a una cantera litífera latinoamericana» (¿reserva para EU?), donde las estrategias varían entre garantizar la renta corporativa o crear empresas públicas».

Pero no sólo nuestra región es «reserva central de hierro, níquel, plomo, estaño, molibdeno, cobre, plata y litio, que junto con el petróleo y el gas, se vislumbran sustanciales para resguardar la «seguridad energética», sino que las mayores reservas mundiales de litio están en nuestra región.

Bolivia (21 millones de toneladas y cuenta con industria estatal litífera), Argentina (20 millones, siendo el único país que no lo ha declarado como recurso estratégico lo que deja al país a merced de grandes intereses extranjeros), Chile (11 millones, donde, oh sorpresa, desde la dictadura de Pinochet se estableció el carácter estratégico del litio); en México el gobierno de López Obrador lo declaró recurso estratégico el año pasado y en Perú esa declaratoria nacionalista se fue junto con el destituido Pedro Castillo. Al tiempo que se dan estas definiciones, se profundiza el acaparamiento de los bienes comunes claves para la supervivencia: agua, bosques y aire limpio, lo que convierte la transición energética en el núcleo central de acumulación e innovación del capital, consolidando la fisonomía del «capitalismo verde», lo que llamamos «acumulación por desfosilización» (Fornillo, Nueva sociedad, Núm. 306, julio de 2023).

Cuando más consensos y políticas públicas se necesitan, cuando se clama por la regulación de gases de efecto invernadero (GEI), por una agenda que atienda las graves desigualdades sociales, que detenga las olas migratorias, cuando se requiere de más Estado, el ascenso de la extrema derecha neoliberal a ultranza y negacionista en cuestiones climáticas, y de violación masiva de derechos humanos en las pasadas dictaduras (Brasil y Argentina) y sin ninguna empatía social, agrava esta situación. En ese contexto el ascenso del «libertario» Javier Milei se enmarca en un cuadro mucho más oscuro, pues no sólo instrumenta «un plan de guerra contra la clase trabajadora», como dice Katz, sino que » aporta un sostén latinoamericano al nuevo curso de la ultraderecha» (Katz, lahaine.org 28/12/23).

Estas derechas radicales llegan con el camino pavimentado por los gobiernos neoliberales anteriores y su agenda privatizadora a ultranza, que Bolsonaro en Brasil asumió plenamente alcanzando a la Amazonia y a Eletrobrás, la mayor empresa de electricidad de América Latina; En Ecuador, sin tanta alharaca como la de Milei, el gobierno empresarial de Daniel Noboa concluye el proceso de privatización del sector energético ecuatoriano, iniciado por su antecesor el banquero Guillermo Lasso, quien siguiendo la condicionalidad acreedora del FMI congeló todo recurso publico llevando al sector eléctrico a un punto de venta.

Entre los cientos de medidas propuestas por Milei para desregularlo todo y debilitar al Estado al punto de extinción y cuyo negacionismo respecto de la urgencia climática lo lleva a poner en riesgo recursos de vida, la Ley de Pesca ha puesto en pie de lucha por la soberanía a todas las provincias pesqueras, en defensa del litoral argentino contra la licitación internacional de permisos de pesca dentro de la zona de exclusión económica de 200 millas, algo que sólo permiten los países que no tienen industria ni naviera ni pesquera. Para Axel Kicillof, gobernador de la provincia de Buenos Aires, sería la depredación del recurso y un triple desastre: económico, social ambiental y geopolítico (Prensa Alternativa, 9/01/2024).

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La Jornada