Al «Pájaro Loco» el paro general le rompió un ala

El gobierno del fascista Milei vive su primera y grave crisis

Por Sergio Ortiz

El «gomerazo» vino de abajo

El paro general del 24 de enero, a 45 días de asumido el gobierno de Javier Milei, impactó fuerte en la estructura y la política de este, que hasta entonces venía a la ofensiva con el empuje de su victoria en el balotaje, más la presunción hiper ignorante de quien se considera «el primer presidente libertario del mundo». La jornada de lucha fue convocada por la CGT y acompañada por las dos CTA, la dirigida por Hugo Yasky y la de «Cachorro» Godoy, además de una constelación de gremios, movimientos piqueteros, sociales, culturales, humanitarios, feministas, ambientales y, último pero no menos importante, por los partidos políticos de la izquierda. Estos son generalmente ignorados cuando no demonizados por la cúpula cegetista de Azopardo 802, pero ahora son «los compañeros de la izquierda», dixit Héctor Daer en su discurso desde el palco del 24.

La ministra de Inseguridad, Patricia Bullrich, y el lenguaraz presidencial Manuel Adorni, mintieron con que el paro había tenido una adhesión del 0,49 por ciento y que en Plaza Congreso había unas 30.000 o 40.000 personas, menos de la mitad de lo que estimaba la Policía Federal «Argentina» que sigue las órdenes de la ministra. Las fotografías y drones mostraban una multitud, más cercana a las 300.000 personas que estimaban los convocantes, y si se contabiliza todo el país, a aproximadamente 1.3 millón. Esas muchedumbres a lo largo de la Argentina, más el acatamiento al paro en sí, mayor en la industria que en el comercio y los servicios, fueron una estocada muy afilada a la papada que Milei quiere ocultar a la hora de las fotos.

Y fue tan fuerte el golpe recibido por el gobierno, que ese paro general disparó sus internas. Pruebas al canto. Despidieron al ministro de Infraestructura, Guillermo Ferraro, al que ahora presentan como «renunciante por cuestiones personales», aunque el cesante aún no tuvo tiempo de escribir esas dos líneas. Esta cesantía tuvo bastante repercusión pública, mucho más que los 7.500 despidos de trabajadores en el Estado y la anunciada baja de 27.000 bajas en los Planes Potenciar, como parte del ajuste en el sector público, que será mucho mayor.

La otra muestra de la crisis desatada adentro de la secta gobernante fueron sus tropiezos en los plenarios de las tres comisiones de Diputados que empezaron a tratar la «ley ómnibus». Incluso la «oposición amigable» no se bancaba la privatización de YPF, el aumento de las retenciones, el nuevo ajuste contra los jubilados, los impuestos a los bienes personales y a los mayores ingresos, y otros ítems, además de los 6 artículos laborales frenados por los recursos presentados ante la justicia por la CGT y otros gremios. Los tironeos no acabaron con la votación en la madrugada del miércoles del dictamen de mayoría entre los diputados de LLA y la «oposición» (entre comillas), pues entre los 55 firmantes había una mayoría de 34 con objeciones a varios de los 664 artículos. Y para embarrarla más, se supo que los operadores del gobierno, incluso algunos que no tienen cargo formal alguno, como Federico Sturzenegger, anduvieron rosqueando fuera del Congreso, en vivienda de Recoleta y bar top de la zona, como antes lo hicieron en el Hotel Savoy, modificando parte del dictamen firmado en Diputados.

Eso llevó a denuncias políticas y penales, a polémicas de oficialistas y algunos de sus aliados más íntimos hasta la previa al escándalo, por caso con Miguel Pichetto, quien cuestionó a Luis Caputo por no haber tenido el coraje de haber concurrido al plenario a defender el proyecto.

Para los sectores populares fue muy positivo saber de esas peleas que debilitan al presidente. Un gran líder revolucionario fallecido hace exactamente cien años, V. I. Lenin, dijo que «cuando dos ladrones se pelean sale ganando la gente honrada».

Era en la calle

Cuando Milei ganó y asumió con anuncios de un ajuste en shock, plasmado en la «ley ómnibus» y el DNU 70/2023, se abrió una discusión política al interior del vasto y a veces enajenado campo popular. La dirigencia política que expresaba hasta el 10 de diciembre al gobierno de Unión por la Patria, o sea Alberto Fernández, Cristina Kirchner y Sergio Massa, más el grueso de sus bloques parlamentarios, de sus gobernadores y sindicalistas, etc, no dijeron ni mu. Con los huesos rotos por la derrota, deprimidos y en medio de una gran crisis política, enmudecieron. Uno se fue a Madrid, otra al Calafate y el otro se borró pero antes aconsejó a sus amigos de la CGT que no hicieran el paro del 24 de enero porque era «muy apresurado».

Los sectores más derechistas del peronismo y Unión por la Patria, entraron en negociación con el gobierno de Milei. Y empezaron las primeras traiciones, como la del gobernador de Tucumán, Osvaldo Jaldo, ordenando a uno de sus diputados que votara el dictamen «Ómnibus» (así votarán ese legislador y otros dos colegas tucumanos cuando el proyecto llegue a la Cámara). También el gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, abandonó el barco seudo patriota con sus diputados, entre ellos dos que entraron como UxP. El mandatario cordobés, Martín Llaryora, también alienta que los legisladores por Córdoba voten ese engendro.

Cada uno esgrime razones económicas de sus distritos: la industria del azúcar en Tucumán, los fondos para la Caja de Jubilaciones de Córdoba y así de seguido. Siempre las traiciones quieren ser justificadas, pero no dejan de ser traiciones por más que uno de los «leales», como Leandro Santoro, se oponga a sancionar a los tres tránsfugas tucumanos diciendo, como declaró a C5N, que «en algún momento los vamos a necesitar». ¿Será que los van a necesitar? ¿O será que los traidores serán un montón?

El impacto del paro general demostró que el escenario principal, no único, de la real oposición al gobierno del ajuste está en las calles y la acción de los trabajadores y sectores populares. Eso no niega el valor de los discursos de diputados y referentes populares en las reuniones del plenario de las tres comisiones. Ahí se escucharon denuncias muy fuertes de Myriam Bregman y «Chipi» Castillo del FITU, Julia Strada de UxP, el abogado ambientalista Enrique Viale, Beverly Keene de la Autoconvocatoria por la Suspensión del Pago de la Deuda Externa, científicos como Alberto Kornblihtt, el titular de la Federación de Inquilinos, Gervasio Muñoz, y la titular de Abuelas de Plaza de Mayo Estela de Carlotto, entre muchas voces críticas del proyecto mileísta-fondomonetarista. Fueron muy didácticas y pedagógicas las intervenciones que señalaron con nombre y apellido a los grupos monopólicos que se favorecerán con cada uno de los capítulos. Obviamente fueron sus redactores.

El 24/1 mostró que el «Protocolo Antipiquetes» que lleva el nombre de su progenitora, Bullrich, no pudo ser aplicado. Las multitudes no cabían en las veredas ni querían caminar sobre esas angostas baldosas. Bajaron a la calle, que es su lugar en el mundo capitalista dependiente para protestar a favor de sus derechos.

La movilización del 24/1 fue multitudinaria.

Ala rota pero aún vuela

El proyecto de Milei sufrió una derrota parcial pero aún no está derrotado y se requerirán muchos esfuerzos y paros generales, articulados como un plan de lucha, para que se vistan de luto los FF (Fachos Fondomonetaristas). Fue un gran paso que el ministro de Economía, Caputo, tuviera que anunciar el retiro del capítulo fiscal de la «ley ómnibus», que involucraba cinco cuestiones importantes: aumento de las retenciones, fórmula de movilidad jubilatoria, blanqueo, la moratoria e impuestos a bienes personales, más el impuesto a los altos ingresos, que estaba en un proyecto por separado.

Ese capítulo omitido apuntaba a engrosar los ingresos del fisco, al efecto de cumplir con las metas acordadas con el FMI y asegurar el pago de la deuda externa. Además de los pagos de intereses al Fondo y los bonistas privados, desde mediados de 2024 se sumarán las amortizaciones de capital con bonistas como BlackRock, según se pactó en agosto de 2020. El objetivo irrenunciable de Milei y Caputo es llegar este año al déficit cero, reduciendo el «rojo» actual en 5 puntos del PBI.

Salta a la vista que si se retrasa un mayor ingreso fiscal pasa a tener más preponderancia el achicamiento del gasto público, para acercarse a ese idealizado «déficit cero». Y esa poda significa menores pagos a los empleados públicos y planes sociales, más ajuste a las deprimidas jubilaciones, menos subsidios a las tarifas, menos transferencias a las provincias, bajos presupuestos para Salud y Educación, y más paralización de la obra pública. De por sí el Presupuesto 2024 es una cáscara vacía porque es el mismo, prorrogado, de 2023, sin contemplar la inflación que fue del 211 por ciento. Es un ajuste brutal, como provocó Milei siendo candidato, y se reafirmó en su entrevista con Kristalina Georgieva durante su lamentable periplo por el Foro de Davos. Luego fue ratificado con sus ataques a los gobernadores y su maldición de que los dejaría «sin un peso», lo que terminó de empiojar la negociación sobre la «ley ómnibus». Hablando del papelón en Davos, decirle a la crema del capitalismo mundial que está ganada por el socialismo fue una provocación de diferente grado que haber acusado al presidente colombiano Gustavo Petro de ser un «comunista asesino».

Mientras avanza el ajuste contra los sectores populares, estos son golpeados por la inflación, que terminó 2023 en la pole position mundial, superando a El Líbano y Venezuela. En diciembre fue del 25,5 por ciento y se cree que en enero andará por el 25 y cifra similar en febrero. Esto hará más triste el inicio de clases en marzo, con los aumentos previstos para esa fecha, nuevas subas de tarifas y transporte, los precios por las nubes de los pocos alquileres ofrecidos y posiblemente otra devaluación, etc.

Algún economista ensobrado ha pronosticado que la inflación bajará desde enero. Muy dudoso. Podría bajar algo en febrero, pero eso, de verificarse, no supondrá alivio para las espaldas populares. Es que si amaina un poquito la remarcación de precios, en paralelo irá en aumento la recesión, con todos los males ya conocidos: mayor desempleo, caída de salarios y jubilaciones, más precarización laboral, menos actividad económica, cierres de Pymes y comercios, menos recaudación, etc. O sea, si hubiera un poco menos de inflación, eso será «compensado» con creces por una mayor recesión. Que no se vanaglorien los FF de eventuales bajas de inflación, que por ahora no existen. Los datos conocidos son de terror: los medicamentos aumentaron en 2023 el 319 por ciento, o sea mucho más que el Índice de Precios al Consumidor informado por el INDEC. Si Milei quiere presentar una futura baja de inflación y ocultar la recesión en aumento, junto con la pérdida de soberanía nacional por mayor deuda externa y privatizaciones, no hará más que acentuar su parecido ideológico con su admirado Domingo Cavallo y la infame década de entrega menemista.

El gobierno dio un paso atrás, golpeado por el paro general y los cacerolazos y protestas de sectores sociales, que sembraron la división en la «oposición amigable». Los más de 500 artículos de la «ley ómnibus» que subsisten implican que la misma ha perdido un brazo pero su columna vertebral sigue entera, sobre todo por la delegación de facultades extraordinarias al presidente. De ese modo, este podría dictar nuevos decretos para lograr los objetivos podados del proyecto de ley.

Como dijo el inolvidable Agustín Tosco, «la lucha continúa». El «Pájaro Loco» tiene quebrada un ala; con nuevos paros y plan de lucha, hay que romperle la otra, para que caiga.

Fuente: https://plsergio.wixsite.com